diumenge, 13 de març del 2022

En marcha la exhumación de una nueva fosa de represaliados por el franquismo en Manzanares.

 https://www.manzanares.es/actualidad/noticias/marcha-exhumacion-nueva-fosa-represaliados-franquismo


A cargo de un equipo de la Universidad Complutense


Se espera recuperar los restos de trece hombres fusilados en el verano de 1940

Esta semana han dado comienzo en el cementerio de Manzanares los trabajos 

de exhumación de una nueva fosa común de represaliados por el franquismo. 

Se llevan a cabo por un equipo de la Universidad Complutense de Madrid gracias 

a un convenio suscrito por el Ayuntamiento de Manzanares y el Gobierno de 

Castilla-La Mancha.

Actualidad Municipal
10-03-2022
Las autoridades han visitado los trabajos de exhumación














El Director General de Coordinación y Planificación de la Junta de Comunidades de 

Castilla-La Mancha, Julio García, y el alcalde de Manzanares, Julián Nieva, 

han visitado en el cementerio municipal los trabajos de exhumación de trece 

nuevas víctimas de la represión franquista. Han comenzado esta semana y los 

realiza un equipo de la Universidad Complutense de Madrid formado por 

las arqueólogas y antropólogas forenses Ester Montero, Sofía Rodríguez e 

Inés Pérez y por la restauradora de bienes culturales Isabel Angulo.


Los trabajos se coordinan desde el proyecto ‘Mapas de Memoria’, cuya psicóloga 

social, María Avendaño, se encarga de contactar con familiares de estas víctimas 

con el fin de elaborar los correspondientes árboles genealógicos y conseguir 

muestras de ADN que permitan identificar los restos y poder entregarlos a 

sus familias y dignificarlos.


“Poco a poco, conseguimos devolver a sus familias los restos de personas que

 fueron asesinadas en fosas como esta y tenemos el compromiso de seguir

 trabajando para darles sepultura digna con el desarrollo de estas políticas 

de reparación y justicia”, ha declarado el Director General Coordinación y 

Planificación de Castilla-La Mancha, Julio García.


En esta ocasión, y gracias al convenio suscrito por el Ayuntamiento de 

Manzanares con la Vicepresidencia del Gobierno de Castilla-La Mancha,

 se interviene en la fosa 1 de la fila 6,  en la que se espera recuperar los

 restos de trece hombres que fueron fusilados entre el 9 de julio y el 17

 de agosto de 1940. Alrededor hay otras fosas comunes con cerca de 

trescientas víctimas. El objetivo municipal es continuar con el resto de

 fosas hasta exhumar todos los restos de quienes pagaron con su vida

 la represión franquista.

“Firmaremos los convenios que sean necesarios para, en el menor 

tiempo posible, dignificar a los 288 hombres que hay en estas fosas”, 

ha anunciado Julián Nieva. Se trata, según el alcalde, de dar cumplimiento 

a una ley del Estado y al derecho que tienen las familias de recuperar 

los restos de quienes fueron asesinados por su forma de pensar. 

“Es una responsabilidad con la Historia”, ha añadido tras expresar su 

agradecimiento al Gobierno Regional y al equipo que se encarga de la exhumación.


Mausoleo para las víctimas

Además, y dentro de este compromiso de reparación, el Ayuntamiento 

de Manzanares ha construido un mausoleo en el que las familias que

 lo deseen podrán depositar los restos que se recuperen en las 

diferentes exhumaciones, que quedarán así identificados y dignificados. 

Está en la antigua zona de extramuros, junto al lugar en el que en mayo 

del año pasado se realizaron las primeras exhumaciones de fosas comunes 

en las que se recuperaron los restos de una treintena de represaliados.


Autoridades y componentes del equipo de exhumación
Trabajos a cargo del equipo de arqueólogas y antropólogas

'La gran evasión española', así fue la mayor fuga (fallida) de los presos republicanos en el Franquismo.

 https://cadenaser.com/2022/03/09/la-gran-evasion-espanola-asi-fue-la-mayor-fuga-fallida-de-los-presos-republicanos-en-el-franquismo/


El periodista Alejandro Torrús publica 'La gran evasión española', sobre la fuga de 795 presos del fuerte de San Cristóbal en plena Guerra Civil


El periodista Alejandro Torrús / cedida

Detrás de toda prisión franquista había una red de mujeres detrás. Es una de las premisas que descubre La gran evasión española, un libro escrito por el periodista Alejandro Torrús y publicado por Sine que non. Torrús se ha dedicado durante años a contar la Memoria Democrática en nuestro país y a rescatar historias que han caído en el olvido y que habla de una resistencia republicana frente al fascismo durante la Guerra Civil. En este libro, que evita ser un ensaño histórico, se acerca a un hecho poco conocido, una de las mayores fugas europeas de una prisión. Ocurrió en 1938, en el Fuerte de San Cristóbal en Navarra, en plena contienda.

Alrededor de 2.500 hombres se amontonaban en las brigadas del penal. Entre los reclusos había presos políticos y prisioneros de guerra que vivían en condiciones infrahumanas y bajo permanente amenaza de tortura o ejecución. El hambre fue el detonante de una fuga que enroló a 795 presos. Solo tres lograron llegar a la frontera y salir vivos de aquel horror. Esta gran evasión republicana no fue una fuga improvisada y provocó un enorme impacto en las autoridades franquistas que vio hundido su honor, de alguna manera.

La gran evasión española es un relato global, que cuenta esa espectacular fuga, la masacre, la recuperación en nuestros días de los cuerpos de los fusilados y también la vida dentro de las prisiones y la resistencia de esas mujeres fuera. El autor ya advierte en la introducción al lector que no sostiene un libro de historia, sino uno de "vidas humanas", un ejercicio de divulgación ue narra las memorias de los prisioneros y sus familias, así como el esfuerzo de estas últimas por desenterrar los cuerpos de los ejecutados como conejos en medio del monte y arrojados a fosas comunes.


Has trabajado bastante tiempo con temas de Memoria Democrática y has elegido esta fuga de presos, una de las mayores de Europa para analizar en este libro, ¿por qué te centraste en ella?


La gran fuga del fuerte de San Cristóbal es un acontecimiento que sucedió durante la Guerra y que llevaba siguiendo en mi trabajo periodístico en 2013 cuando tuve conocimiento de la fuga y de las labores del gobierno de Navarra por exhumar a las víctimas. Me parecía que era un acontecimiento que retrata a la perfección el olvido que ha sufrido la Guerra Civil española. En un acontecimiento tan apasionante como la toma de un fuerte, la salida de 795 prisioneros en una búsqueda épica de la frontera a la que finalmente llegan tres, nos permite comprobar que no sabemos nada del pasado. Ni siquiera aquello que se ha podido vender de manera comercial, se ha conseguido dar a conocer y ya menos sacar orgullo de la lucha de unos republicanos por la libertad.


¿Por qué las fugas de presos son de los episodios de los que menos se conoce?


Hay un dato curioso, las víctimas del franquismo que sufrieron cárcel y represión, y se ve a lo largo de muchas de las biografías, es que al salir no querían hablar de lo que habían vivido. Querían guardar silencio. Se juntan dos censuras. Por un lado, la censura franquista que obviamente no quería airear las vergüenzas de la retaguardia de la España franquista, como que un grupo de presos republicanos protagonizara una fuga en uno de los fuertes más seguros del país, con la censura de las víctimas de no querer revivir el tormento y el dolor y no heredar a sus hijos todo ese dolor que tenían dentro. Está el caso de una de las tres personas que consiguen llegar a la frontera, que consigue rehacer su vida en México y que no le cuenta nunca a su hija lo que ha sido. Es la hija la que después viendo documentos descubre todo. Se juntan esas dos cosas, censura de la dictadura con la autocensura de la víctima, que trata de encerrar el dolor en un solo corazón y que la herida no atraviese a toda la familia.


Dices en la introducción que esto no es un libro de historia sino de vidas humanas, ¿hasta qué punto hemos olvidado, al hablar de memoria, el potencial político de lo íntimo?


Para mí es una obsesión. Cada vez que abordo una historia que tiene que ver con la Guerra Civil, con la dictadura, con la represión, no reducir el relato al número de cuerpos exhumados, porque es una manera de borrar de la historia los nombres de estas personas y sus vidas. Cada uno de los cuerpos que tenemos en cunetas tiene una biografía, tiene unos padres, unos hijos y unos motivos por los que acabaron en las cunetas. No contar esos motivos era darle la victoria al régimen franquista incluso en la exhumación de los cuerpos. Al escribir esta fuga, el reto era ese también. Los número pueden hacer chiquititos a los protagonistas que participaron, pero era recuperar su nombres, el de sus padres, su historia de lucha, su historia de vida, de militancia. Eso es una tarea que todavía tenemos que hacer como sociedad democrática, el conocer los motivos por los que miles de españoles sufrieron represión y muerte.


¿Ha sido complejo llegar a la documentación, a los testimonios?


Había libros y trabajos de investigación maravillosos, que ya habían hecho grandes libros de investigación. Cada uno de ellos centrados en una parte del proceso, la fuga, la parte previa o la función de las mujeres. Por eso mi objetivo era hacer un relato de relatos, aunar todo eso y en un libro que no fuera de ensayo o memoria, sino en un lenguaje que fuera interesante para el gran público. Intentar llegar al lector o lectora que no iría a una librería a comprar un libro de la Guerra Civil.


Una de las cosas que más llama la atención del relato es que gran número de presos que no quiso huir, que no se sumó a la fuga...


Tenemos que tener en cuenta que la fuga no está organizada ni por 795 presos ni por los 12 que había. Las autoridades franquistas señalan que son 30 los presos que están dentro de la organización de la fuga. Hay otras investigaciones que cifran en 50. Sigue siendo un número muy pequeño. El resto de los presos no sabían qué pasaba, oían ruidos, pero nada más. Hasta que se da el grito de “¡Las puertas están abiertas el que quiera salir que salga!” Ante ese grito hay muchos presos que quieren salir fuera para ver qué está pasando, si es que ha terminado la guerra, si se los llevan o qué. Muchos salen y ven el caos, muchos gritando que hay que ir a Francia, y en ese momento deben decidir. O irse al monte a buscar la frontera que no saben dónde se ubica, o quedarse a esperar que acabe su condena. Hubo presos que pensaron que la supervivencia era más fácil saliendo de ese fuerte y otros, de forma igual de legítima que el resto, que pensaron que la mejor manera de sobrevivir y volver con sus familias era quedarse dentro.


Hablas del hambre como la gran arma de Franco para ganar la guerra, como el motor de esta fuga del Fuerte de San Cristóbal, ¿fue también el hambre lo que aplacó la resistencia?


La idea que subyace es que el hambre fue el gas de las cárceles de Franco. El gas lo utilizó Hitler contra los judíos y el hambre Franco contra la población española. En los testimonios de los supervivientes hablaban de que en una semana a lo mejor habían comido doce o trece garbanzos. Cuando masticaban hablaban de cómo los insectos crujían en la boca porque ya llegaba todo en mal estado. Había días y días de privación de agua y solo bebían las gotas de agua de humedad del penal. Hablaban de muertos que se quedaban días y días allí hasta que podían sacarlos. Estar preso en el fuerte de San Cristóbal era un lento camino hacia la muerte por la situación de higiene y malos tratos. Este hambre que la inmensa mayoría cita como motivo para salir de allí se trasladó al resto de la población en una durísima posguerra y también a toda la sociedad.


Algo que de alguna manera sigue vigente hoy...


Todos nuestros abuelos, bisabuelos o padres nos han recordado el abuelo que se pasaba. Incluso cuando ha habido quejas sobre condiciones laborales o salarios, ese abuelo siempre decía que no había que quejarse con el hambre que se pasó en la guerra. Ese hambre también fue anestesia durante una dictadura terrible donde no se quería volver a atrás. Era una eterna huida hacia adelante porque lo que había atrás era represión, violencia y hambre.


Otro dato curioso es la cantidad de presos anarquistas que están encerrados como presos comunes


Es importante tener en cuenta que cuando el frente Popular gana las elecciones en el 36 lo hace con una promesa de Amnistía de aquellos presos que tenían condena por los intentos de revolución del 34. Quién quedaba preso entonces, pues aquellos que habían hecho robos, secuestros, asaltos. Eran los anarquistas, por su manera de entender la acción sindical y política, quiénes los hacían. Las autoridades republicanas les dieron la amnistía. Son presos que pasan todo ese tiempo en prisión. De hecho, este penal, en el año 34 recibe muchos anarquistas.


Detrás de toda cárcel franquista hay una red de mujeres, señalas en el libro, ¿quizá se ha valorado poco el trabajo de las mujeres en la resistencia?


La red de mujeres acreedor del fuerte de San Cristóbal está investigada por Amaia Kowasch, que es una investigadora navarra. Lo que muestra es que en cualquier centro de represión franquista cualquier preso no estaba solo. Jamás. Ya fuera por ideas políticas o por familia, había alrededor de la cárcel una red de mujeres dispuesta a organizarse y llevar alimentos, prendas de ropa, libros para meterlos en prisión. Cuando uno investiga un caso concreto, sucede esto. Sucede en todas partes. Que nos hayamos olvidado de esta parte de la resistencia y la represión, porque muchas de las mujeres eran amenazas, expulsadas del pueblo o del mercado, significa que hasta en el intento de memoria democrática hemos pecado de una memoria patriarcal. Yo me he encontrado con ejemplos de una familia que me contaba toda la historia de su abuelo en el fuerte y luego mostrarle una foto de la abuela y que me dijera que no sabía quién era. Muestra que hemos tratado al varón como un héroe porque estaba en prisión y a la mujer, probablemente la artífice de que él saliera de la cárcel, la hemos olvidado. Tenemos que recuperar la memoria de todos y todas.


Leyendo La gran evasión española es imposible no pensar en que es un hecho muy cinematográfico, ¿por qué crees que el cine español no se ha fijado tanto en este tipo de acontecimientos de nuestra historia?


Es una pregunta complicada porque por un lado está el tópico de una película más de la guerra civil, pero no son tantas y eso se demuestra en el nivel de desconocimiento que hay sobre este acontecimiento bélico. En líneas generales, cuando se ha tratado en la pantalla, hemos vivido una revictimización de las víctimas y una exaltación del sinsentido de la guerra y pocas veces se ha puesto el foco en los motivos por los que esos hombres y mujeres eran reprimidos. Eso lo vemos también en el relato de las familias. Una de las frases que más me he encontrado es que digan que a su abuelo, su padre, su marido lo mataron por nada. Luego preguntabas y era profesor, estaba en el sindicato, era activista. Eso no es hacer nada. Eso es hacer mucho y lo mataron por eso. No es que lo mataran por que eran muy malos, era una lucha de ideas, de poder y por el modelo de país que se buscaba. Es importante reivindicar esas ideas que llevaron a la muerte a miles de ciudadanos.

Camposancos, la puerta del infierno: el campo de concentración sobre el que Franco articuló su aparato represor

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La Fundación 10 de Marzo publica "A porta do inferno", de José Antonio Uris y Víctor Santidrián, sobre el antiguo colegio de jesuitas por el que pasaron entre 5.000 y 6.000 prisioneros de guerra entre julio del 36 y septiembre del 41


11/3/22 Fachada del colegio de los jesuitas que albergó el campo de concentración de Camposancos en A Guarda
Fachada del colegio de los jesuitas que albergó el campo de concentración de Camposancos en A Guarda.  Carlos Hernández / LOS CAMPOSDECONCENTRACIONDEFRANCO.ES

El aparato represor que el franquismo puso en marcha durante la guerra y sostuvo durante la postguerra tuvo su origen en un antiguo colegio de los jesuitas reconvertido en campo de concentración donde se torturaba y asesinaba a los republicanos que caían en manos de los fascistas. Por Camposancos, en el municipio pontevedrés de A Guarda, pasaron entre 5.000 y 6.000 prisioneros de guerra entre 1936 y 1941.

La Fundación 10 de Marzo acaba de publicar A porta do inferno, de José Antonio Uris Guisantes y Víctor Santidrián Arias, una investigación histórica que reconstruye el origen de Camposancos y su relevancia en la configuración de la represión fascista en España.

La Guerra Civil apenas duró unos meses en Galicia, donde los sublevados en seguida se hicieron con el poder sobre todo el territorio. Pero eso no quiere decir que no hubiera represión. Al contrario, hubo un auténtico exterminio de defensores de la República, y Camposancos fue uno de los principales centros de esa operación.

El 27 de julio de 1936, nueve días después del golpe, las tropas de Franco llegaron a A Guarda, a dos kilómetros de la frontera portuguesa, depusieron al alcalde -Brasilino Álvarez Sobrino, fusilado poco después en la vecina localidad de Tui- y empezaron a detener y a pasear a ciudadanos de toda la comarca.

"Los primeros en estrenar Camposancos fueron los republicanos guardeses", cuenta José Antonio Uris, quien explica que los militares se dieron cuenta de que el colegio de los jesuitas que la República había expropiado a la orden, tras ordenar su disolución en 1932, "era el lugar ideal" para instalar un campo de concentración a donde llevar en masa a los prisioneros que iban haciendo a medida que avanzaban en el frente norte.

11/3/22 Memorial en homenaje a 49 de los fusilados tras consejos de guerra en Camposancos
Memorial en homenaje a 49 de los fusilados tras consejos de guerra en Camposancos.  Carlos Hernández / LOSCAMPOSDECONCENTRACIONDEFRANCO.ES

"Tenía capacidad para 680 personas pero llegó a albergar más de 1.200. Algunas fuentes dicen que llegó a haber más de 3.000, pero no parece real. Cualquiera que conozca el lugar verá que es imposible", añade Uris.

En un principio el recinto recibió el título oficial de Campo de Concentración, aunque posteriormente fue rebautizado como Prisión Habilitada de Presos y Presentados -los detenidos que se presentaban voluntariamente ante las autoridades sin delitos de sangre-.

Las primeras remesas de prisioneros de fuera de Galicia llegan a Camposancos en octubre de 1937, tras desembarcar del Aritzatxu, un buque prisión que llevaba presos asturianos y cántabros, entre ellos unas 160 mujeres, hasta Baiona, desde donde fueron trasladados en camiones al campo.

Camposancos contaba con tres patios. En el primero, según Uris, se obligaba a los prisioneros a formar, a cantar el Cara al sol con el brazo en alto y a dar vivas a Franco, a escuchar misa y hacer guardias frente a la bandera rojigualda. En el segundo se instalaron las jaulas para condenados a muerte -"los tenían como a perros", dice Uris- y en el tercero, las cocinas bajo unos galpones y el acuertalamiento del Séptimo Batallón del Regimiento de Infantería Mérida número 35 con base en Vigo.

Los presos dormían hacinados en celdas comunes plagadas de piojos, chinches y garrapatas, recibían constantes palizas y maltratos y aunque la comida no era de las peores -leche por la mañana y lentejas o berzas con patatas para comer o cenar- algunos de ellos murieron de hambre.

Lo más terrible era lo que los reclusos acabaron denominando "el torreón de tortura", donde se les interrogaba bajo tormento para extraerles información,  clasificarlos y decidir su situación penal y su destino final.

11/3/22 Nota informativa sobre el encargo de ataúdes -'cajas de pobres'- para fusilados en el campo de concentración
Nota informativa sobre el encargo de ataúdes -"cajas de pobres"- para fusilados en el campo de concentración.

Tal fue el número de presos a los que se destinó a consejos de guerra que Franco decidió que era más rentable juzgarlos allí, por lo que ordenó el traslado a Camposancos del Tribunal Militar Permanente número 1 de Gijón, cuyo presidente era el siniestro Luis Vicente Sasiain, que acabaría siendo presidente del Real Club Celta de Vigo.

Sólo entre junio y octubre de 1938 fueron juzgados en Camposancos 513 prisioneros, en juicios sumarísimos de una hora de duración media y con hasta veinte reos por vista. Se decretaron 191 penas de muerte, 83 de cadena perpetua, 115 de veinte años de prisión, cincuenta de quince años, seis de doce años, una de nueve, dos de seis y 36 absoluciones.

De las 191 sentencias capitales, se ejecutaron 155. Las primeras al poco de empezar los juicios. El 2 de junio fueron fusilados 31 republicanos, y el 20 de julio, otros dieciocho. Sus cuerpos están enterrados en "cajas de pobres" en una fosa común junto a las tapias del cementerio de Xestás.

Las ráfagas de ametralladora atronaban al pueblo, y aunque eran otra manera de mantener aterrorizada a la población -también se dieron paseos y ejecuciones extrajudiciales, como en la mayoría de localidades de Galicia-, los responsables del campo decidieron trasladar a los prisioneros a otras zonas para ejecutar allí los fusilamientos.

Las ejecuciones siguieron en meses posteriores:34fusilados  en A Sangriña, 33 en Tui, 28 en Pontevedra, 29 en Forte do Castro, ocho en la isla de San Simón, siete en Celanova...

11/3/22 Listado de campos y número de presos en ellos en marzo y abril de 1938 a cargo de la Inspección de Campos de Concentración y Prisioneros de Guerra
Listado de campos y número de presos en ellos en marzo y abril de 1938 a cargo de la Inspección de Campos de Concentración y Prisioneros de Guerra.

Según Víctor Santidrián, "Camposancos fue el inicio del sistema represivo del franquismo y se fue consolidando como campo de concentración y redistribución de prisioneros a medida que iba cayendo el frente norte" y el franquismo iba configurando su aparato carcelario y fundando nuevos campos en otras zonas del Estado.

Según la documentación que ofrece el libro de Uris y Santidrián, a 1 de abril de 1938 había en las zonas ocupadas por el ejército fascista 36 campos de concentración con más de 49.000 prisioneros registrados oficialmente. Otras fuentes hablan de hasta 110.000 prisioneros apenas un mes después. Tras la ofensiva de Cataluña, los expertos calculan que alrededor de 350.000 personas estaban confinadas en campos, prisiones e instalaciones para batallones de trabajadores forzados.

Camposancos cerró oficialmente en 1941, aunque según José Antonio Uris hubo presos que siguieron allí al servicio de los jesuitas, a los que Franco devolvió las instalaciones. También cuenta que durante la Transición el Gobierno de Adolfo Suárez concedió a la orden ayudas para rehabilitar el recinto, que fueron empleadas en picar y derribar las paredes del lugar para borrar de ellas los mensajes y nombres grabados por los prisioneros en las paredes y los vestigios de lo que allí sucedió.

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Inauguración del monumento a los fusilados de Camposancos en la fosa de Xestás, el 15 de agosto de 1986.

El listado del censo de quienes pasaron por el antiguo colegio ocupa 53 páginas en el libro de Uris y Santidrián. Uris se emociona al recordar a uno de ellos, Manuel Domínguez Pacheco, Taxota, quien también investigó sobre el campo.

Uris, Domínguez Pacheco y otros grupo de personas, entre ellas Dolores Domínguez Pacheco e Isaura Gómez, empezaron en 1974 a saltar los muros del cementerio de Xestás para homenajear cada año a los fusilados allí y, por extensión, a todas las víctimas de Camposancos y, en general, de la represión franquista. En 1984 fundaron la Comisión Ciudadana Pro-Fosa Común, y el 15 de agosto de 1986 inauguraron un monumento en su honor.

Camposancos está hoy en ruinas y sus patios, devorados por la maleza. Hace unos años estuvo a punto de ser objeto de una millonaria operación urbanística que no fructificó. Hoy no hay nada en el lugar que indique a quien pasa por allí que fue uno de los centros del horror del fascismo en España.