dijous, 16 de març del 2023

El terror fascista en la Sevilla de 1936

 https://www.publico.es/culturas/terror-fascista-sevilla-1936.html

La represión tras el golpe es el escenario de 'Crisanta', la última novela negra de Juan Ramón Biedma, donde el horror real está infiltrado por la amenaza de lo sobrenatural.


Francisco Franco, Gonzalo Queipo de Llano y el cardenal Eustaquio Ilundáin.
Francisco Franco, Gonzalo Queipo de Llano y el cardenal Eustaquio Ilundáin.  Archivo

Revolotean por sus páginas los fantasmas de la guerra civil, pero también otros espectros menos tangibles. Una Sevilla macabra, marcada a sangre y fuego por la represión fascista, y una Sevilla sobrenatural, que remite a los estudiosos de los fenómenos paranormales. Un barco real que es cárcel y una casa maldita que embruja. En la penumbra de una calleja, Crisanta, una mujer que contrabandea con el expolio de utilería religiosa y sueña con hallar un tríptico endemoniado de Jan Van Eyck, su valioso pasaporte hacia la libertad.

"Me interesaba desenterrar el concepto de Sevilla en la retaguardia, un momento histórico muy olvidado. La sublevación militar triunfa rápidamente y, de pronto, se convierte en el cuartel, en el hospital y en el centro de abastecimiento de toda España. Una ciudad que de día vive de forma apacible y de noche se sume en el terror de la depuración", explica Juan Ramón Biedma (Sevilla, 1962), Premio Hammett por El imán y la brújula y Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones por El sonido de tu cabello.

Desde los juicios sumarísimos y las sentencias de muerte hasta los paseos nocturnos —coches fúnebres que hacen guardia ante los domicilios de los condenados— y los fusilamientos en las tapias. "No hay cárcel para tanto preso", apunta Biedma, quien ha barnizado su última novela —negra, como todas​​— de parapsicología, ingrediente que combina con otro miedo que sí se puede tocar, que huele y mancha, cuyo rastro permanece desleído en la zanja y en el paredón, "que termina minando la relación de todo el mundo".

La protagonista da título al libro, Crisanta (Alianza), ​​mujer fea que —parafraseando al autor— vuelve locos a todos los hombres y a la mayoría de las mujeres, un personaje que a finales de octubre de 1936 lucha por la supervivencia en una Sevilla plagada por seres despreciables, como Manuel Díaz Criado, delegado militar gubernativo para Andalucía y Extremadura, sanguinaria mano derecha de Gonzalo Queipo de Llano: "El mayor villano que ha aparecido en mis libros".

En la novela, Criado se apellida Mayordomo.

Sí, pero es un trasunto de Criado. En la novela altero algunos aspectos de su biografía, aunque su boceto está tomado casi al natural. Fue un tipejo que llegaba borracho a la comisaría y firmaba decenas de sentencias de muerte diarias. Las quería de un solo folio para no perder tiempo estudiándolas. Las firmaba y continuaba con los amigotes de juerga, que en algunos casos finalizaba de madrugada con los fusilamientos que él mismo había organizado: el número final de sus francachelas.

El escritor Juan Ramón Biedma, autor de la novela 'Crisanta'.
El escritor Juan Ramón Biedma, autor de la novela 'Crisanta'.  Alianza Editorial

De repente, una casa embrujada.

Es una metáfora pertinente para mostrar un momento histórico en el que la muerte es la gran protagonista de esta tierra.

Incluso un barco prisión, en este caso real, puede ser terrorífico y fantasmagórico.

En el proceso de documentación, me he ido encontrando con figuras que, pese a ser absolutamente reales, tienen un componente novelesco que buscaba, porque esta es una obra de ficción. El vapor ​​Cabo Carvoeiro atracado en el muelle de las Delicias, atestado de presos republicanos; el parque de María Luisa transformado en un campamento donde se alojaban las tropas marroquíes, a las que no se consideraba dignas de ocupar los hoteles de lujo que se destinaban a las fuerzas alemanas e italianas que colaboraron con los golpistas; cines convertidos en lugares de confinamiento, o casas aparentemente normales que esconden centros de tortura son escenarios verdaderamente fantasmagóricos. Pese a la certeza de que existieron, llega un momento en el que no está muy claro si pertenecen al mundo de la ficción…

Si bien en la novela se entremezclan lo real y lo sobrenatural, lo científico y lo mágico, ¿en el fondo ha querido hablar sobre el mal?

El mal es una constante en mi obra, por el que siento una enorme fascinación. Es el resquicio por el que nos podemos asomar a lo más auténtico del ser humano. Frente a las frases tan manidas de que el bien resiste frente al mal o de que todo es una escala de grises, creo firmemente que hay destellos de mal puro perfectamente destilado, que dice mucho de todos nosotros. El mal ya aparecía en otras novelas, pero en este caso he podido analizarlo a través de un personaje histórico: Manuel Díaz Criado.

Látigo de una Sevilla donde el objetivo era la aniquilación del enemigo republicano.

Ellos la llamaban "limpieza social" y fue llevada a cabo en dos frentes distintos. Por una parte, el medio urbano, a través de la represión policial, judicial y clandestina. Por otra, el medio rural, donde la purga terrible fue desempeñada por los caballistas, escuadras formadas por los caciques y sus criados, sin olvidar al cura del pueblo para bendecir los asesinatos de los rojos refugiados en la campiña y en la sierra.

Gonzalo Queipo de Llano, en Sevilla.
Gonzalo Queipo de Llano, en Sevilla.  Fototeca Municipal de Sevilla

Al comienzo de la novela también se anuncia la matanza de Badajoz, con el general Yagüe al frente, así como las violaciones y los saqueos a cargo de las tropas moras.

Efectivamente ["No se podía andar por las aceras de tanto muerto", le cuenta un testigo de la masacre a Crisanta. "Los moros se pasaban por la bayoneta y, a veces por la churra, a las mujeres y a los niños, a cualquiera, sobre todo si podían afanarle lo más mínimo. Sus legionarios lo adoran. Al general Yagüe, digo"].

En Sevilla, en cambio, el golpe fue menos cruento. Entre comillas, porque en los días iniciales también hubo resistencia en el barrio de Triana. Una carnicería, con los muertos tirados en las aceras para dar ejemplo a la ciudadanía. En general no hubo una batalla prolongada calle por calle, pero hablamos de un país que había saltado en pedazos y donde los militares habían transformado el mundo en una pesadilla. Y eso se traslucía, porque los nacionales movilizaban a los quintos y las familias se veían obligadas a quedarse sin sus hijos, quienes en la mayoría de los casos iban a la guerra sin tener ni idea de que estaban defendiendo al bando golpista.


Para enmarcar ese escenario de represión, hay varias subtramas: del esoterismo al asesinato de niños. Y, en medio de la locura, Crisanta, quien busca un cuadro para canjear por un billete de avión que le permita huir del país.

Quería plasmar ese terrorífico escenario real y mostrar rincones sepultados en la memoria, lo que ha generado una gran sorpresa entre muchos lectores que han conocido cómo eran sus propios barrios y lo que sucedió en ellos no hace tantas décadas. Una vez trazado el escenario, tocaba armar una novela, porque no estamos ante un manual de historia. Y, para ello, necesitaba vidas, algunas ficticias y otras tomadas al natural, caso del gobernador civil republicano, José María Varela Rendueles, autor de la autobiografía Rebelión en Sevilla: memorias de su gobernador rebelde.

Así, en la novela planteo un complot para liberarlo, que ejerce de acelerante del resto de los personajes: desde un antiguo capellán de la Legión, quien sigue caminando por pura inercia fatalista, hasta un grupo de estudiosos de lo sobrenatural, que recogen una tradición sevillana y ofrecen el contrapunto, con su forma de trabajar rigurosa y científica, de otra realidad caótica y anclada en el pasado.

La historia real del campo de concentración franquista en el que se basa 'Las noches de Tefía'

https://www.lasexta.com/series/historia-real-campo-concentracion-franquista-que-basa-noches-tefia_20230311640b2ae735808d0001c4dc0d.html

La serie de Miguel del Arco se inspira en un cruel episodio real de nuestra historia, la persecución a los homosexuales durante el franquismo. 'Las noches de Tefía' se presenta en Málaga antes de su próximo estreno en ATRESplayer PREMIUM.

 EN BREVE

 

'Las noches de Tefía', la nueva serie original de ATRESplayer PREMIUM que previsiblemente llegará antes de verano, muestra una deshonrosa realidad que lamentablemente no está tan lejos en nuestra historia. En los últimos años, España ha sido pionera en el reconocimiento de los derechos y libertades del colectivo LGTBIQ+ desde la aprobación de la ley del matrimonio igualitario en 2005 hasta la reciente ley trans, pero hace no tanto tiempo esto no era así.

La homosexualidad estuvo penalizada en España hasta 1978, recién estrenada la democracia, y no fue hasta 1995 cuando dejó de considerarse una peligrosidad social con la aprobación del Código Penal. Solo cinco años antes, en 1990, la Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad de su lista de enfermedades y problemas de salud. Unos cambios legales que poco a poco han ido acompañando la evolución de la sociedad con respecto a la diversidad sexual, en un siglo marcado por la represión y la lucha LGTBIQ+.

Las décadas de la represión de los 50 y 60

La percepción social hacia la homosexualidad venía marcada por años de represión y de persecución por ser considerada una conducta reprobable. Una persecución que se remonta en nuestro país a tiempos de Alfonso XIII cuando en 1928 el Código Penal contemplaba multas de "1.000 a 10.000 pesetas e inhabilitación para cargos públicos de 6 a 12 años" para el que "habitualmente o con escándalo cometiera actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo". A pesar que que durante la Segunda República este precepto fue derogado, no hubo una protección específica para un colectivo que sufría el rechazo y la violencia de gran parte de la sociedad.

Durante la guerra, y después en la dictadura franquista la situación fue mucho peor y en la memoria histórica permanece el cruel asesinato del poeta García Lorca y detrás de él de tantas otras personas cuya conducta excediera, a ojos del régimen y de la Iglesia, de lo que se consideraba una conducta tolerable. Y así se modificó en 1954 la ley de 1933 de vagos y maleantes para incluir la homosexualidad como conducta peligrosa y equiparando a quien la practicase con delincuentes, proxenetas o personas con problemas de salud mental. Y para quienes fueran detenidos bajo esta norma se determinaron medidas como el internamiento en "centros de trabajo" o "colonias agrícolas", la prohibición de residir en determinados lugares y la obligación de declarar el domicilio para ser vigilados.

En este contexto se enmarca la trama de 'Las noches de Tefía' que nos traslada a la década entre 1954 y 1966 a uno de esos campos de trabajo, la conocida como Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, situada en una zona desértica de la isla de Fuerteventura. Era el nombre eufemístico de un auténtico campo de concentración franquista que esconde una historia desconocida de nuestra historia a pesar de que años después hemos conocido testimonios de quienes pasaron por allí y que hablan del "sufrimiento y el horror que vivieron" sometidos a durísimos trabajos físicos y palizas: "Palo que va, palo que viene", tal y como aseguraba en 2018 un expreso.

Un expreso del campo concentración de Tefía, el Auschwitz para homosexuales de España: "Nos tenían todo el día haciendo gimnasia y cantando el 'Cara al Sol'"

La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía era un antiguo cuartel de la Legión que también había sido aeródromo durante la guerra civil y se abrió a primeros de febrero de 1954 para recluir a un centenar de homosexuales, junto a delincuentes comunes y presos políticos. Las duras condiciones según los testimonios de expresos incluían trabajos forzados como el picado de piedra y una durísima rutina que incluía sanciones violentas por cualquier infracción de las normas. Quienes pasaron por el centro también destacaron el hambre que experimentaron durante sus estancias. Aún así, parece ser que las condiciones más duras tuvieron lugar en una primera etapa y que después, al parecer, el cambio de director propició unas condiciones de encierro más llevaderas. El que fuera considerado un auténtico campo de concentración franquista fue clausurado en julio de 1966 por el bajo número de reclusos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Colonia_Agr%C3%ADcola_Penitenciaria_de_Tef%C3%ADa

Fabián Salvioli, relator de la ONU: “Quien no entiende el dolor de las víctimas del franquismo no es buena persona”

 https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/fabian-salvioli-relator-onu-no-entiende-dolor-victimas-franquismo-no-buena-persona_128_10021022.html

Fabián Salvioli en la entrevista con elDiario.es.


El argentino Fabián Salvioli, Relator Especial de Naciones Unidas para la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición, está en España estos días. En concreto, ha venido a Mallorca a conocer de primera mano el trabajo que está haciendo el Govern balear en materia de memoria democrática, que es un ejemplo, según los expertos, a nivel nacional. Este profesor en Derecho Internacional (La Plata, 1963) fue presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y también de Amnistía Internacional en Argentina, entre otros destacados cargos.

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Es un hombre que cumple la imagen de alguien que trabaja para la ONU: seriedad, rigor y coherencia. Se nota que hay respuestas que tiene automatizadas, pero las dice sin perder contundencia. No divaga mucho y es directo. A veces parece que se le enciende la mirada de algo que no es rabia, pero sí un profundo desacuerdo, con aquellos que se lavan las manos con el dolor ajeno. Toda esa seriedad no esconde la empatía y esperanza para con las víctimas, del país que sean. Hablamos con él este jueves al atardecer, en un restaurante delante del Consolat del Mar, sede de la Presidencia balear.

En una entrevista dijo que hacía falta que la memoria histórica fuera una política de Estado. ¿Ya estamos en ese punto?

A nivel nacional se han dado pasos que me parecen valiosos. El principal ha sido poder poner arriba de la mesa de debate estas cuestiones. Eso es invalorable. Finalmente, se adoptó una ley de Memoria Democrática. Esa ley tiene puntos muy, muy buenos. Algunos otros debieron incluirse. Pero es un buen comienzo. Un comienzo debido fundamentalmente a las víctimas, a las familias de las víctimas. Ya han pasado muchos años y el dolor de esas familias, lejos de disminuir, aumentó con la impunidad, con el destrato, con la negación, con el intento absurdo de establecer una política de olvido forzado. Entonces son pasos auspiciosos. No soy tan optimista como para pensar que es una política de Estado porque todavía no parece embarcarse en todas las facciones políticas de España. Y debería, porque las víctimas son las víctimas, independientemente de colores políticos o de simpatías y antipatías y de quiénes sean los perpetradores. En España y en todo el mundo.

La ley de Memoria Democrática no ha contado con el voto favorable de la derecha. Se acercan elecciones generales, previstas para finales de año. ¿Cree que si la derecha formara gobierno podríamos retroceder en esta materia?

Bueno, en ese caso estaríamos en presencia de un problema grave. Pero no yo, sino España. Porque uno de los principios que rigen en materia de derechos humanos (dentro de las obligaciones internacionales asumidas por el Estado) es el de no regresividad. Sería penoso que se retrocediera en ese sentido y generaría nuevos espacios de responsabilidad internacional de España frente a la comunidad internacional.

Tendría consecuencias.

Indudablemente. No hace falta ser Nostradamus para decir que en ese caso los órganos internacionales actuarían y llamaría la atención a España. Pero, además, España podría recibir casos a nivel internacional en contra que tendrían la responsabilidad internacional del Estado. Y aunque eso no suceda, es que las víctimas merecen justicia. Es una cuestión de sentido común. 

¿Le preocupa que no se haya derogado aún la Ley de Amnistía

Sí, me preocupa. Porque indudablemente el Poder Judicial de este país no ha querido interpretar debidamente la Ley de Amnistía, para dejar en claro que los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra no están amparados por esa legislación. Indudablemente, el texto de la ley alcanza para eso. Pero como el Poder Judicial no lo ha sabido interpretar, hay que decírselo claramente a través de una legislación que así lo establece.

¿Sería uno de los puntos que le falta a la ley?

Es uno de los puntos que le falta a la ley, sí.

Ha destacado en otras ocasiones que también ha faltado una Comisión de la Verdad.

Sí, de hecho, debe establecerse una Comisión de la Verdad. A España le ha faltado esto. Y esto no reemplaza a los otros pilares. La Comisión de la Verdad permite establecer una verdad general sobre lo acontecido. Es una herramienta muy valiosa para después llevar adelante un proceso debido.

¿Cómo se construye una verdad oficial justa?

Primero con integrantes del cuerpo que sean efectivamente intachables. Segundo, con los estándares de derechos humanos. Aquí lo que se investigan son violaciones a los derechos humanos que han sido cometidas, en este caso tanto durante la Guerra Civil como luego durante la dictadura de Franco. Tercero, obviamente, evitando que el relato sea justificativo de esa violación de derechos humanos. Cuarto, con plena participación de las víctimas en ese proceso. Y, cinco, con una metodología técnica seria que permita llevar adelante una investigación de forma científicamente comprobable.

¿En algún momento podremos llegar a decir que se ha cerrado la herida?

No. Pero sí debemos hacer todos los esfuerzos para acercarnos lo más posible a eso. Cuando ha habido violaciones masivas, sistemáticas y radicales a los derechos, y además una impunidad que atravesó cuatro décadas y un maltrato a las víctimas y a sus familias durante generaciones, es imposible pensar que eso algún día va a ser así. Pero lo que sí se puede es hacer todo lo posible por cumplir con lo debido. De esa manera, la sociedad estará mejor, las víctimas estarán mejor y sus familiares estarán mejor. Y al menos se sentirá que el Estado ha hecho lo correcto.

No podremos decir nunca que se ha cerrado la herida, pero sí debemos hacer todos los esfuerzos para acercarnos lo más posible a eso

El dolor se transmite de generación en generación. ¿Pero disminuye con el tiempo?

El dolor se transmite de generación en generación y el paso del tiempo lo aumenta, no lo disminuye. Y el dolor es actual, no del pasado. Los hechos tuvieron origen en el pasado, pero el dolor es actual y se le inflige por la omisión de políticas de Estado debidas a las víctimas del franquismo, en este caso. Es decir, las víctimas en este momento son las que descienden de quienes sufrieron aquellas violaciones de derechos humanos originarias. Son víctimas de un trato inhumano y degradante, de un trato cruel por parte del Estado. Y eso debe cesar. Basta observar cómo nietos y nietas plantean la necesidad de saber qué ha sucedido. Y bueno, por supuesto, mucho más aún de quienes tienen a sus familiares sin identificar en una cuneta, sin poder darles una sepultura digna y poder entonces iniciar el cierre de un círculo. Esto no es difícil de entender. Es muy sencillo. Quien no lo entiende no es buena persona.

El dolor se transmite de generación en generación y el paso del tiempo lo aumenta, no lo disminuye. Y el dolor es actual, no del pasado

O tiene las manos manchadas.

Aunque no tenga las manos manchadas, quien no lo entiende es mala persona.

¿Usted cree que sería importante para el proceso investigar las grandes fortunas que se generaron gracias a la dictadura?

Tiene que haber un vínculo muy claro para poder avanzar en esas cuestiones. Hay algunos ejemplos en algunos países, fundamentalmente con lo que ha tenido que ver con el régimen nazi, que han investigado. Pero eso debe hacerse con suficiente cautela, a efectos de no entender que cualquier cosa que sucedió de desarrollo durante 40 años se ha debido a fortunas mal ávidas por culpa del régimen dictatorial. A menos que haya un vínculo muy claro y directo, este conviene ser prudente. Sin embargo, en caso de que lo haya, hay que avanzar.

¿Qué expectativas tiene de su visita a las Illes Balears?

Tengo las mejores expectativas. Se nota que hay un trabajo serio, responsable, como política de Estado, lo cual también es muy valioso. Pero, por supuesto, quiero ver cómo se implementa en la práctica.

Hace poco se abrió la Oficina de Atención a las víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista en Balears, una iniciativa pionera en el Estado.

La oficina de atención a las víctimas es un espacio fundamental. Un paso más para cerrar efectivamente esas heridas de manera genuina y no a través del olvido forzado. Es muy importante y un buen indicativo. Requiere un acompañamiento psicosocial efectivo y esto forma parte de lo que se llama medidas de rehabilitación que son debidas a las víctimas. 

Porque abrir fosas, a pesar de ser urgente y lo más visible, no es suficiente.

​Es muy importante para las víctimas, y para las familias es esencial, realmente esencial. Y hay que darle a ese trabajo todo el apoyo. Una de las grandes virtudes de la nueva Ley Nacional de Memoria Democrática es no dejar que eso sea una cuestión de iniciativa privada, sino que el Estado hace lo que debe hacer. Balears es un ejemplo en esta materia, pero por supuesto que con eso no alcanza. Un proceso de justicia transicional, como es debido y conforme a los estándares internacionales, tiene cinco pilares: verdad, justicia, reparaciones, medidas para que los hechos no se repitan (con educación, etc.) y memoria. Si alguno de esos pilares falta, el proceso se incrementa. 

¿Qué pasa con la gente que dice que todo esto no es justicia, sino venganza?

Que tienen un concepto errado de la justicia y de la venganza. Precisamente, si la justicia es lo contrario de la venganza, la venganza sería esperar en la puerta de la casa de un torturador para luego ejecutarlo de un tiro. Y las víctimas y las familias de las víctimas, en ese sentido, han sido en todo el mundo y también en España muy dignas. Nunca han hecho eso. Es una perversión decir que buscar justicia es buscar venganza. Porque precisamente lo contrario de la venganza es la aplicación de la justicia. Totalmente.

Es una perversión decir que buscar justicia es buscar venganza. Porque precisamente lo contrario de la venganza es la aplicación de la justicia. La venganza sería esperar en la puerta de la casa de un torturador para luego ejecutarlo de un tiro

¿En qué momento se encuentra Argentina en lo que se refiere a la memoria democrática? 

Argentina ha tenido un proceso de memoria, verdad y justicia bastante valioso en términos de política integral. Los años de impunidad, digamos, en los cuales no se pudo avanzar en el enjuiciamiento de personas responsables, han hecho perder un tiempo muy valioso en ese sentido. Pero en términos globales se puede decir que Argentina ha hecho bastante a nivel de Estado. Con sus más y sus menos en las distintas épocas y dependiendo también de los gobiernos. 

¿Qué ha supuesto el éxito de la película “Argentina 1985”?

La película no es un documental y, por ende, representa el plano de la ficción basada en hechos reales. Pero es bastante fidedigna, digamos. En ese sentido, puede discutirse si alguien tuvo que estar más presente o menos, o cómo se trata a determinada figura o no, pero son cuestiones secundarias. El valor pedagógico para las generaciones más jóvenes que tiene esta película no la tienen mil conferencias que yo dicte en cualquier lado.

El valor pedagógico para las generaciones más jóvenes que tiene la película 'Argentina 1985' no la tienen mil conferencias que yo dicte en cualquier lado

¿Hay alguna particularidad en las víctimas del franquismo que no vea en las de otros países?

Ninguna. [Hace una pausa] Las víctimas, en todos lados, tienen la misma mirada. Muestran el dolor. Muestran mucha dignidad todo el tiempo que esperan. Y muestran una esperanza en que las cosas avancen, que se haga justicia. Esto le hace muy bien a la sociedad en general. Y merecen todo el acompañamiento. Da igual que hayan sido víctimas de un gobierno fascista o que hayan sido víctimas de un gobierno comunista. Las víctimas merecen todo el acompañamiento y todo el respeto. Y no sólo por una cuestión humanitaria. Es una obligación jurídica de los Estados.