Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme..... "Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
dissabte, 18 de juliol del 2026
¿Qué queda aún por explorar de la guerra civil española?: tres posibles futuros
julio 18, 2026
En Conversación sobre la Historia llevamos años encabezando las publicaciones con la frase: “El silencio no detiene la ocupación y el genocidio de Gaza”. Gaza sigue siendo nuestra más amarga causa de duelo en el momento presente. Hoy es 18 de julio y hay algo que al recordar la España de hace 90 años nos hace preguntarnos por el presente en Gaza: ¿qué juicio harán los historiadores, en particular los palestinos, cuando estudien en el futuro los archivos y, inevitablemente, la sombra de la inhibición de hoy de las democracias se extienda para siempre sobre nuestra historia? La Guerra de Gaza, como se ha dado en denominar, hace un par de semanas que superó la duración de la Guerra Civil o Guerra de España. En ambos casos estamos hablando de aproximadamente 1.000 días.
Aquellos 1.000 días de hace 90 años no fueron el fruto de un accidente, entendiendo accidente como el devenir inesperado de un mal diseñado y accidentado Golpe de Estado. Está “moderna hipótesis blanda” sobre el origen accidental de la Guerra Civil se olvida de dos interrogantes históricos: Primero, si fue una hecho accidental ¿cómo es que desde el minuto uno se extendió un “terror de Estado … africanista”? Segundo, ¿es accidental montar en menos de diez días el primer gran puente aéreo militar de la historia para trasladar un total de 23.400 soldados del Ejército de África en aviones de Lufthansa bajo las siglas de la recién creada compañía HISMA (Hispano-Marroquí de Transportes)?
El texto que hoy aportamos de Jaume Claret hace un breve repaso a las ultimas aportaciones historiográficas y divulgativas sobre la Guerra Civil. Aportaciones que de una u otra forma van profundizando precisamente en los dos problemas historiográficos antes indicados. Así, nuestra Guerra Civil cada vez es menos “nuestra y civil”, y cada vez es más la puerta de entrada a la Segunda Guerra Mundial, de ahí que la denominación de Guerra de España esté ganando cada vez más crédito. Por otro lado, las huellas arqueológicas y las cicatrices sociales muestran un terror demasiado sistemático, premeditado y persistente como para haber sido fruto de un mal digerido golpe de Estado fracasado.
Jaume Claret
Universitat Oberta de Catalunya
La bibliografía sobre la guerra civil española no es infinita. Y aunque es frecuente oír lo contrario, tampoco podemos considerarla desproporcionada respecto a otros acontecimientos históricos. Basta ver los listados de novedades sobre el Imperio romano o la Segunda Guerra Mundial para comparar.
Se produce entonces una doble paradoja. Por un lado, resulta casi imposible estar al corriente de lo publicado sobre la contienda española. Como calculaba recientemente el historiador Joan Esculies, en los últimos veinte años –y sin tener en cuenta artículos científicos y tesis doctorales, ni la divulgación multiplataforma—, se habrán publicado unas 5.000 obras en las principales lenguas.
Entre ellas se encuentran novedades recientes y valiosas. La guerre d’Espagne 1936-1939, a cargo de tres referentes del nuevo hispanismo francés (Mercedes Yusta, François Godicheau y Pierre Salmon) sitúa el conflicto en su dimensión internacional, integra las últimas aportaciones de la academia –en la línea del congreso internacional “Anatomie du franquisme” celebrado en Toulouse en marzo de 2024— y logra una escritura unitaria y fluida de buena divulgación. Por su parte, en La guerra civil española. Una historia global conviven aportes colectivos yuxtapuestos para dibujar el actual estado de las investigaciones. Esta estructura de “minuto y resultado” permite también la consulta puntual y facilita la puesta al día para cuestiones concretas. Y la versión cómic de España partida en dos revisita el libro homónimo de Julián Casanova de la mano del guionista Miguel Casanova y el dibujante Carles Esquembre. Estos últimos esquivan la simple traslación a viñetas y construyen un artefacto narrativo con entidad propia, logrando que la erudición fluya mediante metáforas visuales y elipsis
No obstante, y a pesar de esta continua publicación, todavía quedan vías a explorar.

La historia militar
Sin ánimo de exhaustividad y con el sesgo inevitable a toda selección, destacaría tres ámbitos de futuro especialmente sugerentes.
El primero quizás sea el más obvio –y, de hecho, ya formaba parte de un artículo similar escrito hace cuatro años–: la historia militar del conflicto. Algunos avances se han realizado, pues diferentes investigadores formados en la UAB y crecidos en torno a la Revista Universitaria de Historia Militar han publicado aportaciones relevantes.
Entre ellas se encuentra Cruzados sin gloria de Miguel Alonso Ibarra, que comprende todo el conflicto desde el punto de vista bélico. Así, abre el campo para futuros trabajos que incidan en el armamento usado –desde las redes de contrabando hasta el uso de la Guerra de España como terreno de experimentación militar, pasando por formatos todavía inexplorados como las infografías o, poco explotados, como la cartografía–.
También posibilita posteriores investigaciones sobre las condiciones materiales de la guerra (véase el singular trabajo de Oriol Riart a partir de dietarios de soldados) o en frentes todavía marginales para el gran público como el de la defensa pasiva, el intento de desembarco republicano en Mallorca (objetivo del reciente Una isla brutalizada) o episodios concretos como el desenlace de la guerra en Madrid.
Por su parte, Hasta su total exterminio de Arnau Fernández Pasalodos y Verdugos del 36 de David Alegre Lorenz se centran en el ejercicio de la violencia, su diversidad y su crueldad. El primero lo hace sobre las actuaciones antipartisanas, es decir, la neutralización de movimientos de resistencia por parte de las fuerzas militares no regulares –el maquis, en España–; mientras que el segundo se interesa por los perpetradores, tanto planificadores como ejecutores. Esto último nunca es sencillo ni, sobre todo, inofensivo, pues a menudo genera denuncias por parte de los familiares (como pudo comprobar el historiador Juan Antonio Ríos Carratalá a raíz de sus trabajos sobre el poeta Miguel Hernández.).
Además, el acceso documental sigue siendo complejo, ya sea por la escasa documentación referida a Falange y la necesidad de recurrir a archivos personales como el de José Luis Arrese, o por la poca colaboración desde la Iglesia que obliga al encaje de bolillos.

Los estudios sobre la violencia
En este sentido, y ya entrando en el segundo ámbito de futuro, los estudios sobre violencia se habían centrado hasta hace poco en la contabilización de las víctimas y, posteriormente, en su identificación. Esto último incluía desde el rescate de sus biografías hasta la recuperación de sus restos mortales.
Quizás Valencia sea uno de los epicentros de estas actuaciones y, en especial, el cementerio de Paterna. Allí, entre abril de 1939 y diciembre de 1956, se fusilaron 2.238 personas y, entre 2005 y 2024 dichas fosas fueron excavadas. De esta actuación, además de la dignificación de las víctimas y del retorno a sus familiares, surgieron dos exposiciones excepcionales: “Arqueologia de la Memòria. Les fosses de Paterna” y “2.238. Paterna, lloc de perpetració i memòria”.
Pero también se han generado publicaciones más allá de las estrictamente académicas, como el maravilloso cómic El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrassa o la novela Ingrata patria mía sobre Joan B. Peset Aleixandre, rector de la Universitat de València, médico prestigioso y ciudadano comprometido asesinado por el franquismo.
Sin olvidar a las víctimas, los estudios sobre violencia están evolucionando hacia otras formas de ejercerla, como son el expolio patrimonial, económico o incluso el científico. Como en todo acontecimiento bélico, para muchos la guerra fue la ocasión para hacerse con su particular botín, generó profundos cambios en el tejido industrial y comercial, y facilitó los abusos de todo tipo.
Abrir este melón obliga a comprobar la propiedad de ciertos fondos –como ya han empezado a hacer el Museo del Prado o el MNAC–, plantea la posible reclamación de indemnizaciones o del retorno patrimonial y, sobre todo, cuestiona nuestra mirada sobre la guerra, la postguerra y la Transición. Así, la primera se nos aparece como una guerra también económica y de rapiña, la segunda como un expolio hacia los vencidos a favor de los vencedores (particulares e institucionales) y la tercera como un conjunto de actuaciones de ocultación.

De la colaboración con otros
Y el tercer ámbito surge de la colaboración de la historia con otras disciplinas. Porque de la alineación de conocimientos y herramientas siempre pueden surgir nuevas perspectivas e interpretaciones que enriquezcan nuestra mirada.
Lo hemos visto recientemente con las aportaciones realizadas desde la arqueología en País en ruinas, desde la genética para comprender los efectos del hambre (como ya sugiere Miguel Ángel del Arco) o desde la antropología como hace Alfonso Villalta para plantear nuevas preguntas a los archivos. Si estas sinergias se incrementan en el futuro, también lo hará nuestro conocimiento.
La guerra civil española permanece como el gran parteaguas de la historia contemporánea de nuestro país. Aunque el paso del tiempo diversificará el interés de los historiadores hacia otros acontecimientos más recientes (el segundo franquismo, la Transición, el 23F, el felipismo, etc.), cada nueva generación tenderá a revisitarla, ya sea con la excusa del aniversario, ya sea a raíz de la incorporación de nuevas perspectivas o nuevos archivos.
Esos futuros libros serán también evidencias de la evolución de la propia sociedad pues, como dejó escrito Benedetto Croce, “toda historia es historia contemporánea”. Es decir, como nos recuerda el escritor y editor estadounidense Frank Cogliano, “las preocupaciones actuales influyen en las preguntas que le hacemos al pasado”.
Fuente: Versión ampliada de The Conversation 1 de julio de 2026
Portada: Edificios destruidos por os efectos de la guerra civil (foto: BNE)
Ilustraciones: The Conversation
Una sentencia ordena restituir los nombres franquistas de cinco calles de Ciudad Real
La resolución del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha considera que los personajes que designaban a estas vías no participaron “activamente” en la sublevación militar o en la posterior dictadura


Una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (TSJCM) ordena al Ayuntamiento de Ciudad Real (PP) a restituir los nombres de cinco calles modificados en 2021 por la exalcaldesa socialista Pilar Zamora para cumplir con la ley de Memoria Histórica. La resolución estima parcialmente el recurso presentado por Luis Juan Blázquez, exedil y presidente provincial de Vox, contra el acuerdo plenario que aprobó el cambio de denominación de nueve vías del callejero con referencias a episodios o personas relacionadas con la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. La decisión afecta a cinco calles con nombres propios y excluye las relativas a emplazamientos o acontecimientos alusivos a la contienda. El TSJCM basa parte de su motivación en la jurisprudencia del Tribunal Supremo, que apunta a la existencia de “un vínculo claro” entre la mención de una persona y su “significación favorable a la guerra o la sublevación” para la retirada de este tipo de símbolos.
El fallo de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJCM insta a restituir su antiguo nombre a las calles Pasaje de la Pandorga, Manuel Herrera Piña, Irene Villa, Plaza Gloria Fuertes y grupo Adolfo Suárez, que volverán a llamarse, respectivamente, Pasaje Gutiérrez Ortega, calle José María Aparicio Arce, calle Gregorio Sánchez-Puerta, Plaza de Fernando Merry del Val y García Zapata; y grupo de viviendas Vicente Galiana. La sentencia considera que “ninguno” de estos personajes “participó activamente o de manera relevante en la sublevación, en la Guerra Civil o en la represión de la dictadura”, pero sí mantiene los cambios en cuatro vías referidas a batallas o ubicaciones concretas: Belchite por Emilia Pardo Bazán, Brunete por María Zambrano, Santa María de la Cabeza por Sara Montiel, y Simancas por Miguel Ángel Blanco. Según el TSJCM, la existencia de estas cuatro placas sí constituye “un supuesto de exaltación” de la Guerra Civil contemplado en la norma.
La ya extinta Mesa de la Memoria Histórica de Ciudad Real, integrada por expertos, técnicos y representantes políticos, propuso en 2016 el cambio de estas calles por el pasado franquista de sus protagonistas. Tres de esos personajes —José Gutiérrez Ortega, Gregorio Sánchez-Puerta y Vicente Galiana Utrilla— fueron, según este comité de expertos, destacados falangistas. Gutiérrez Ortega dirigió Patria —uno de los medios impresos referentes para la dictadura— y recibió diversas condecoraciones del régimen, y Galiana Utrilla, asesinado en Madrid en 1936, fue, según este órgano, “una figura utilizada propagandísticamente por el franquismo manchego”. De José María Aparicio destacaron su etapa como procurador en las Cortes franquistas y su papel como jefe provincial del Movimiento en Zamora y Málaga. A Gregorio Sánchez-Puerta, procurador también de las Cortes franquistas y delegado nacional de Personal del Movimiento, lo definieron como “falangista de primera hora”.
La sentencia señala que la inclusión de “breves referencias bibliográficas” no basta para aplicar el artículo 15.1 de la Ley de Memoria Histórica y considera que “la titularidad de un determinado cargo o la pertenencia a un determinado partido o grupo no puede conllevar, per se, la retirada de la calle dada a un personaje”. Para la Sala, “ninguno de los personajes a los que se les ha retirado la calle participó activamente o de manera relevante en la sublevación militar, en la Guerra Civil o en la represión de la dictadura”. La decisión, explica, ha de basarse en elementos objetivos que, según los magistrados, no quedaron acreditados. La resolución, a la que ha tenido acceso este periódico, apela, además, a la jurisprudencia del Supremo, que en julio de 2025 ordenó al Ayuntamiento de Madrid restituir las placas de Largo Caballero e Indalecio Prieto en Madrid, retiradas de la capital cinco años antes tras un acuerdo de PP, Ciudadanos y Vox.
La Sala indica que las palabras “exterminio a los oponentes” atribuidas por los expertos a Gutiérrez Ortega deben ser valoradas con “el mismo rasero” que el Tribunal Supremo hizo en su sentencia de las manifestaciones de Largo Caballero. “Si sus palabras quedaban encuadradas en una época concreta, lo mismo cabe decir de la genérica e imprecisa referencia hecha a manifestaciones del señor Gutiérrez Ortega”, señala el TSJCM. El PP, que junto a Vox se opuso al cambio de denominación de estas calles, gobierna el Ayuntamiento de Ciudad Real en solitario tras la ruptura con Vox en 2025. Su portavoz municipal, Guillermo Arroyo, acusa a la exalcaldesa socialista, Pilar Zamora, de actuar de manera “sectaria”. Zamora, senadora actualmente por el PSOE, pide al alcalde, Francisco Cañizares, y al PP provincial que recurran la sentencia. “Defender la democracia y homenajear a quienes han luchado por ella no puede ser considerado sectarismo político”, asegura.En declaraciones a la Cadena SER Ciudad Real, Isidro Sánchez, historiador y miembro de la antigua Mesa de la Memoria Histórica de Ciudad Real, descarta valorar los aspectos jurídicos de la sentencia, pero sí subraya la vinculación con el franquismo de los personajes que volverán a dar nombre a estas calles. “El franquismo tuvo varias fases. La primera es la fascista, luego vino la del nacionalcatolicismo y después la del desarrollismo. Estas personas son de la época del fascismo. Desde Aparicio Arce, más templado, al fascismo mucho más duro de Gutiérrez Ortega. El más recalcitrante y más radical fue este periodista, que escribió en Lanza —periódico de la Diputación de Ciudad Real del que Gutiérrez Ortega fue director— que había que eliminar a las personas que fueran contra el franquismo. “Sin entrar en consideraciones jurídicas, a mí esta sentencia me parece una aberración, una vuelta al pasado”, resume
La comisaría de Via Laietana de Barcelona es declarada Lugar de Memoria Democrática
El reconocimiento del valor memorial de la antigua sede de la Brigada Político-Social en Barcelona, principal centro de la represión franquista, responde a una reivindicación histórica.

Madrid--Actualizado a
El edificio situado en el número 43 de Via Laietana de Barcelona, actual sede de la Jefatura Superior de Policía de Catalunya, ha sido declarado Lugar de Memoria Democrática. Así lo recoge el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicado este viernes, que destaca que el inmueble fue el "epicentro" de la represión durante la dictadura franquista, al haber sido sede de la Brigada Político-Social, encargada de perseguir a la disidencia política.
La resolución del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática responde a una "reivindicación histórica" que reconoce del valor memorial del inmueble, expresada a lo largo del tiempo por distintas vías, tanto institucionales como de la sociedad civil, señala el BOE.
El texto recuerda que por este lugar pasaron disidentes políticos de todo tipo, así como personas "injustamente" consideradas por el régimen como fuente de "peligrosidad social", y que fueron detenidos y torturados por luchar por la libertad y resistencia frente al fascismo.
Por ello, considera "fundamental" garantizar que los hechos acaecidos en este lugar permanezcan en la memoria colectiva para contribuir al reconocimiento institucional de las víctimas, a la dignificación de su sufrimiento y al fortalecimiento de los valores democráticos que inspiran el orden constitucional.
La resolución, adoptada en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática, señala que esta declaración constituye un "acto de justicia y reparación" para todas las personas que sufrieron detenciones arbitrarias, torturas o la muerte defendiendo la libertad y los derechos fundamentales.
