dimecres, 9 de setembre del 2026

El Supremo alienta la conspiranoia del PP y Vox de fraude electoral y suspende el voto a 500.000 españoles

 https://www.infolibre.es/politica/supremo-alienta-conspiranoia-pp-vox-fraude-electoral-suspende-voto-500-000-espanoles_1_2235998.html

La Sala de lo Contencioso pone en duda la adquisición de la nacionalidad de los descendientes de exiliados por el franquismo

Un juez atiende a su teléfono móvil durante un acto.

Se trata de una decisión que cuestiona la aplicación de una ley –la de Memoria Democrática de 2022, que permitió optar a la nacionalidad española a hijos y nietos de exiliados del franquismo– y el ejercicio de un derecho fundamental de rango constitucional como es el derecho al voto. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha dado la razón a Vox y obviado a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado y ha decidido suspender provisionalmente la prerrogativa de votar a más de medio millón de españoles que han accedido en los últimos cuatro años a la nacionalidad por ser descendientes de ciudadanos que tuvieron que abandonar el país por persecución política durante la Guerra Civil y los años más duros de la dictadura. La resolución de la sección cuarta de esa Sala da alas a la teoría de la conspiración esparcida por el PP y Vox que acusan al Gobierno de intentar con esa norma una suerte de pucherazo en las próximas citas electorales. La suspensión del derecho al voto estará vigente hasta que el tribunal dicte sentencia.

Los recursos de Vox y los habituales querulantes contra el Gobierno de Iustitia Europa se presentan contra una resolución de la Junta Electoral Central (JEC) del pasado 16 de julio que denegó varios escritos presentados ante ese organismo que ponían en duda la concesión de la nacionalidad a través de la ley de memoria democrática a esas personas, así como su inscripción en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA). La JEC rechazó las reclamaciones recordando que carece de competencias para decidir sobre la nacionalidad y que la Constitución reconoce el derecho de sufragio a todos los españoles en sus artículos 13.2 y 23. Ambos colectivos ultraconservadores llevaron esa decisión al Supremo y reclamaron la suspensión cautelar –mientras se decide sobre el fondo del asunto– de la inscripción en el censo de esas personas y la de su participación en procesos electorales en caso de que ya constaran en él. Y lo han conseguido.

Lo que el Supremo pone en cuestión en su resolución es una Instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública del Ministerio de Presidencia y Justicia que contenía las directrices que se debían seguir para la concesión de la nacionalidad a los descendientes de los represaliados. Entre las diversas formas de demostrar la condición de exiliado de los padres o los abuelos, la norma recogía la presunción de esa condición "respecto de todos los españoles que salieron de España entre el 18 de julio de 1936 [fecha de la sublevación franquista] y el 31 de diciembre de 1955". La decisión de la Sala deja sin efecto esa presunción y exige, para poder ejercer el voto, una certificación de los registros de cada consulado en la que se acredite la "condición de nacidos fuera de España, de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente hubieran sido españoles y que hubieran sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de creencia o de orientación de identidad sexual y que hubieran perdido o renunciado a la nacionalidad española".

Se trata de una decisión sorprendente porque esa misma presunción estaba vigente desde 2008, poco después de que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) sacara adelante la primera ley de memoria histórica en 2007. Esa norma era menos restrictiva que la actual en la concesión de nacionalidades a descendientes de represaliados. Su disposición adicional séptima daba la opción a obtenerla a "las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español". Para los descendientes de segundo grado, sin embargo, sí exigía que el ancestro fuera exiliado. Podían acceder a ella "los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio". Con la actual ley de memoria democrática, vigente desde hace cuatro años, es necesaria la condición de exiliado también en el caso de los hijos.

La instrucción del ministerio que explicaba en 2008 cómo conseguir el pasaporte español con la ley de memoria de Zapatero –al igual que que la vigente a la que el Supremo resta ahora validez para acceder al censo o votar en caso de estar ya inscrito en él– presumía exiliado a "todos los españoles que salieron de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955", las mismas fechas. Nadie, sin embargo, apreció en ese momento que la ley o la instrucción que la desarrollaba pudiera constituir un riesgo o una estrategia de los socialistas para maquinar un fraude electoral. Ahora sí.

Hasta el pasado junio más de 540.000 personas habían obtenido la ciudadanía acogiéndose al procedimiento de la nueva ley y las solicitudes superan 1,2 millones. Según la resolución del Supremo –de la que solo se ha adelantado el fallo y se desconocen los razonamientos– ninguno de ellos podrá, por ahora, votar. La medida suspende el sufragio, pero no pone en duda –al menos sobre el papel– la nacionalidad de estas personas, que son españoles a todos los efectos. El artículo 23.1 de la Constitución establece que "los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal", un derecho que el artículo 13.2 atribuye a "los españoles". El 68.5 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) establece que "son electores y elegibles todos los españoles que estén en pleno uso de sus derechos políticos. La ley reconocerá y el Estado facilitará el ejercicio del derecho de sufragio a los españoles que se encuentren fuera del territorio de España".

La decisión judicial se produce después de que PP y Vox airearan la conspiración de que la nueva ley de memoria buscaba en realidad un pucherazo electoral. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, llegó a decir al inicio del verano que la ley de memoria democrática del Gobierno de Sánchez era "ingeniería electoral" con la única intención de "fabricar nuevos votantes a través de la nacionalidad y el pasaporte". "Como con los votantes actuales no le salen las cuentas, va a ver si fabricando votantes le salen las cuentas", dijo el líder del PP del presidente del Gobierno. En realidad, según fuentes gubernamentales, se trata de un nuevo bulo. La incidencia electoral de los españoles en el extranjero es prácticamente nula. Su participación en los comicios suele ser muy baja, de en torno al 10% en las últimas generales, en las que parte de esos votos sirvieron para arrebatar en el último momento un escaño en Madrid al PSOE y atribuírselo al PP.

Según fuentes del Ejecutivo, la mayoría de estas personas que se han acogido a este proceso no pretenden adquirir la nacionalidad para participar en las elecciones (tampoco es el objetivo de la Ley de Memoria Democrática). Quieren ser españoles por razones emocionales o de justicia y reparación por el sufrimiento de sus mayores hace 80 años. Pero gracias a la decisión adoptada por el Supremo este martes y por lo menos hasta que haya sentencia, tendrán un estatus cuando menos exótico: seguirán siendo españoles aunque, como tales, no gozarán de todos sus derechos. El Alto Tribunal ha decidido, por razones que todavía se desconocen, que, por ahora, no podrán votar agitando las patrañas sobre un supuesto fraude electoral. Como Isabel Díaz Ayuso o como Donald Trump que, sin embargo, jamás cuestionan la validez de sus victorias electorales.

Más sobre este tema

dimarts, 8 de setembre del 2026

QUAN LA POR VA CAMINAR PELS CARRERS DE LLÍRIA (VALÈNCIA)

 La repressió a Llíria

44m 
QUAN LA POR VA CAMINAR PELS CARRERS DE LLÍRIA
Els afusellaments, les presons i el terror de la repressió franquista en la societat lliriana.
--------------------------------------------------------------------------
Hi ha xifres que no haurien de ser mai només xifres. A Llíria, 113 persones van ser afusellades al cementeri entre abril i novembre de 1939, en els primers mesos de la dictadura franquista. La majoria procedien de Llíria i de diferents pobles del Camp de Túria. Darrere d'aquell número hi havia homes i dones, pares, fills, germans, companys, llauradors, jornalers, obrers, persones amb una vida, una família i uns projectes que van quedar brutalment interromputs.
Però parlar dels 113 afusellats és parlar també de molts més. És parlar de les seues famílies. Dels seus veïns. Dels qui van veure passar les saques pels carrers. Dels qui esperaven davant de les presons. Dels qui sabien que aquella nit podia ser l'última dels seus familiars. I és parlar, sobretot, d'una societat sencera sobre la qual es va instal·lar una paraula que costa molt quantificar, però que ho explica gairebé tot: "POR".
La guerra havia acabat. Però per a moltes famílies de Llíria la violència no havia acabat amb la derrota de la República. Ara començava una altra etapa. Una etapa de persecució, empresonaments, judicis militars, condemnes i afusellaments. Una etapa en què el vencedor no sols volia guanyar la guerra, sinó també imposar un nou ordre polític i social mitjançant la repressió.
Podem imaginar els carrers de Llíria d'aquells primers mesos de 1939. Un poble que intentava reprendre la vida mentre encara tenia massa morts, massa ferides i massa preguntes sense resposta.
Pels mateixos carrers passaven els presos, alguns sabien on els conduïen, altres potser encara conservaven una mínima esperança.
Darrere quedaven les famílies, observant, esperant, intentant saber què estava passant.
Les anomenades «saques» constituïen un dels moments més terribles d'aquella repressió. Els presos eren trets de les presons i conduïts al cementeri, on serien executats,no era una mort llunyana, era una mort que travessava els carrers,una mort que podia ser vista,una mort que arribava fins a les cases.
I és difícil pensar que aquell recorregut no tinguera també una funció exemplaritzant: que la població sabera què podia passar-li a qui haguera sigut considerat enemic del nou règim.
La repressió necessitava víctimes, però també necessitava testimonis. La por funciona millor quan és visible.
LLÍRIA, PRESÓ I TRIBUNAL
La repressió no es limitava al cementeri.
-------------------------------------------------------------------------
Llíria, com a cap de partit judicial, es va convertir en un important centre de la maquinària repressiva franquista. Hi havia diferents espais d'empresonament i es van celebrar consells de guerra en les dependències municipals.
La Presó Habilitada del Remei va arribar a acollir més de 1.500 presos en els primers anys de la dictadura. Imagineu una ciutat on centenars de persones estan empresonades. Imagineu les famílies esperant notícies. Imagineu mares, dones, fills o germans intentant saber si el seu familiar continuava viu, si seria jutjat, si tornaria a casa o si acabaria al cementeri.
I imagineu també els qui sabien que qualsevol denúncia, qualsevol acusació o qualsevol antecedent polític podia convertir-se en una condemna.
Els consells de guerra intentaven revestir de legalitat aquella repressió. Però la pregunta que ens hem de fer hui és si podem parlar realment de justícia quan els acusats no disposaven de les garanties pròpies d'un procés judicial democràtic i quan les sentències de mort podien basar-se en acusacions polítiques, testimonis interessats o responsabilitats atribuïdes sense les garanties que avui considerem imprescindibles.
La resposta, des de la perspectiva dels drets humans i de la democràcia, és evident. La justícia no pot ser una eina de venjança del vencedor. Darrere de cada condemna hi havia una família
Potser és aquesta la part de la història que més ens costa imaginar.
No és difícil comptar 113 persones afusellades, el difícil és imaginar els últims dies, les últimes converses d'estes persones, les seues últimes mirades, i sobretot les famílies esperant.
Què podia sentir una dona quan li comunicaven que el seu marit havia sigut condemnat a mort? Què podia sentir una mare quan sabia que el seu fill estava empresonat i que podia ser executat? Què passava dins d'una casa quan els xiquets preguntaven pel pare i els adults no sabien què contestar? I què sentien els familiars quan descobrien que aquella persona que estimaven havia sigut executada?
No tenim totes les respostes.
Però sabem una cosa: el dolor no va morir al cementeri, va tornar a les cases,va entrar en les famílies, i en molts casos va quedar amagat durant dècades. Perquè després de la mort venia el silenci, un silenci que, en moltes famílies, es va transmetre de pares a fills.
Entre les històries de la repressió a Llíria apareixen també dos casos especialment colpidors.
--Concepción Aduá Estellés va ser afusellada al cementeri de Llíria el 3 de juny de 1939. Estava embarassada.
--Salvadora Civera Alcaide, també embarassada, va ser assassinada posteriorment, junt amb Francisca Fabra Adrià.
Són històries diferents dins d'un mateix període repressiu, però compartixen una característica impossible d'ignorar: la violència va arribar fins a les dones i fins i tot va colpejar dones embarassades.
Quan llegim estos casos des de la distància dels anys, correm el risc de convertir-los en dades, no ho són, són persones. I recordar-les significa retornar-los, almenys simbòlicament, allò que la repressió els va voler llevar: la seua condició de persones amb una història pròpia.
UNA SOCIETAT OBLIGADA A CALLAR
-------------------------------------------------------------------------
La repressió no buscava únicament castigar aquells que havien sigut republicans, sindicalistes, militants d'esquerres o simplement considerats desafectes al nou règim. També pretenia transformar la societat. I per transformar una societat calia controlar-la.
El missatge era senzill i terrible: això és el que passa quan desafies el poder. I la societat va aprendre, va aprendre a callar, a no preguntar, a no parlar massa, a no recordar en veu alta, a protegir els seus fills, a ocultar fotografies, a guardar documents, a pronunciar determinats noms només dins de casa.
La "POR" pot convertir-se en una herència. No passa necessàriament de manera conscient. Però passa.
Passa quan una família decideix no parlar del iaio,quan una fotografia desapareix d'un calaix, quan un xiquet creix sense saber per què a casa no es pot mencionar un determinat nom, quan una història queda enterrada perquè recordar-la podia ser perillós.
EL CEMENTERI COM ESPAI DE MEMÒRIA
------------------------------------------------------------
Hui podem caminar pel cementeri de Llíria sense sentir els trets. Però allí estan els morts i també hi ha una part de la història del nostre poble.
Aquelles persones no van morir lluny de nosaltres, van morir ací, en este poble, en esta comarca. En un espai que forma part de la nostra memòria col·lectiva.
Per això recuperar esta història no significa tornar al passat. Significa impedir que el passat siga esborrat.
La memòria democràtica no busca culpables entre els qui avui viuen. No busca venjança. No pretén reobrir una guerra.
Busca una cosa molt més senzilla: saber què va passar, posar nom als morts, conéixer les seues històries, recuperar els espais de la repressió, reconéixer el patiment de les famílies, i transmetre a les noves generacions que una democràcia no es construeix oblidant les víctimes.
QUÈ ENS DIU HUI AQUELLA HISTÒRIA?
-----------------------------------------------------
Potser la pregunta més important no és què va passar l'any 1939. La pregunta és: què fem nosaltres hui amb allò que va passar?
Una societat madura no té por de mirar la seua història, al contrari, la mira de front, la investiga, la documenta, la discutix, i aprén d'ella. Perquè el problema no és recordar que una societat va ser capaç de permetre la repressió, els empresonaments i els afusellaments.
La qüestió seria pensar que estes coses no poden tornar a passar mai. La democràcia necessita memòria perquè necessita ciutadans conscients del valor de la llibertat. I la llibertat no és una paraula abstracta.
Per a aquelles 113 persones, la llibertat era poder tornar a casa. Per a les seues famílies, era poder abraçar-los. Per als qui van sobreviure, era poder parlar sense por. I per a nosaltres, hui, és també tindre la capacitat de recordar-los sense por.
LLÍRIA TÉ UNA HISTÒRIA QUE MEREIX SER CONEGUDA
--------------------------------------------------------------------------
No només la història dels grans edificis, de la música, de les festes o dels personatges il·lustres.
També la història dels qui van patir, dels qui van perdre, dels qui van callar, dels qui van esperar, dels qui van ser conduïts al cementeri. I dels qui, durant molts anys, van continuar vivint amb una absència a casa.
Per això, quan parlem dels 113 afusellats a Llíria, no hauríem de dir simplement que van morir 113 persones, hauríem de dir que 113 vides van ser arrabassades a una comunitat, i que amb elles van quedar ferides moltes altres vides.
Perquè aquell dia no va morir només una persona, va morir també una família. I amb cada família, una part del poble.
Recordar-los és tornar-los a posar al lloc que mai haurien d'haver perdut: en la història de Llíria.
I potser esta és la millor manera de derrotar definitivament la "POR" que durant tants anys va caminar pels nostres carrers: cal pronunciar els seus noms, recordar les seues vides, i no permetre mai més, que el silenci siga més fort que la memòria.
(Miquel Fernàndez i Saragossà)





dilluns, 7 de setembre del 2026

Violadas, rapadas y fusiladas en la Comunitat Valenciana: lo que no se ha contado de la represión franquista contra las mujeres

 https://www.levante-emv.com/opinion/2026/09/07/violadas-rapadas-fusiladas-comunitat-valenciana-represion-franquista-133910671.html

La entrada de las tropas franquistas por el interior de Castelló en junio de 1938 supuso el inicio de un duro retroceso en los derechos de las mujeres, que sufrieron abusos de todo tipo, silenciados por décadas de miedo y castigo.

Vicenta-Rosa Ferreres Soriano, La Ferrera, de Benicarló, la primera mujer fusilada en la C. Valenciana, el 4 de junio de 1938.

Vicenta-Rosa Ferreres Soriano, La Ferrera, de Benicarló, la primera mujer fusilada en la C. Valenciana, el 4 de junio de 1938. / Fotografia del archivo del autor facilitada por sus descendientes.

Y se abalanzó sobre ella y, a pesar de los esfuerzos que esta hacía para oponerse, logró efectuar el acto del coito sin que la declarante pudiera impedirlo.

L.V.I., de 46 años y vecina del pueblo de Villarroya de los Pinares, tuvo que volver a recordar ante el secretario judicial la denigrante y traumática violación a la que fue sometida por Abdelkader Ben Salam, soldado de 27 años del Tercer Tabor de la Mehal-la del Rif número 5. Uno de tantos de los temidos por su salvajismo y arrojo en la lucha, los “Moros de Franco”. Fue su marido, V.C.T., de 51 años, quien acudió a la Guardia Civil a denunciar el abuso sexual. Era mayo de 1938 y la zona de Teruel y el norte de la provincia de Castelló estaban plagados de soldados sublevados. La sociedad fue ocupada, posesionada, asfixiada por el hedor del viento de la guerra que alteró sus vidas. El 15 de abril de 1938 —curiosamente, Viernes Santo—, los rebeldes llegaron al Mediterráneo y dividieron el territorio republicano en dos: Catalunya quedó aislada de Valencia, se ocupó el norte de la provincia por Vinaròs y Benicarló y parte de Tarragona. La guerra se decantaba hacia el lado del fascismo.

En la lucha bélica, la vida se mide cortamente y la guerra de 1936 a 1939 no fue menos. Fue una guerra de ocupación, una guerra total que movilizó todos los medios posibles con fines bélicos y afectó a toda la población. Ningún habitante de la España de 1936 pudo quedarse al margen del conflicto. Indirecta o directamente, los paisanos de esa nación que se resquebrajaba desde el golpe de Estado del 17-18 de julio de 1936 se vieron impactados por las violentas salpicaduras de la asonada militar y el posterior conflicto.

La cotidianeidad se militarizó y lo castrense fue la regla represiva del Nuevo Estado franquista. El ejército, el pilar base sobre el que alzar la Nueva España.

Soldados, legionarios, regulares, mutilados, desfiles, aire marcial… Las pocas gentes que se quedaron en los municipios se atemorizaron cuando vieron las chilabas, los turbantes, las barbas, los pendientes, las pieles morenas, los capotes, los tatuajes y los fusiles entrando en sus pueblos, ocupando su espacio, su cotidianeidad. Lo exótico se mezclaba con lo salvaje, con la violencia, con lo inquietante. El miedo a lo nunca visto y la curiosidad ante aquellos que ahora eran los Salvadores de la Patria.

Mientras la derecha local se vanagloriaba con los mandos militares en la plaza, donde se entonaban himnos y se realizaba un Te Deum, algunos lugareños, aunque tuvieran alguna identificación, tenían pavor. Francisco Centelles se asomó a la ventana de su casa el 15 de abril de 1938, cuando las tropas ocuparon Sant Jordi. Su hija, Teresa, que contaba con cuatro años, se acordaba de las “Trinxes dels moros i de les cartutxeres”. Fue avistado por un soldado y obligado a abrir la puerta de su domicilio y a salir a la calle con toda la familia. Un soldado regular armado cogió a su pequeña de cuatro años en brazos. Él nada pudo hacer. Lo siguió de lejos; tenía miedo y padecía por lo que le pudiera pasar a su pequeña, que iba cogida de “les trinxes” del regular. Cruzaron todo el pueblo y, a la salida, la dejó en el suelo y le dio una galleta. El soldado se giró y vio al padre fundirse en un abrazo con su pequeña Teresa, que se abalanzó sobre él entre sollozos.

Peor suerte corrieron otras niñas o mujeres, como L.V.I. La pareja vivía en la caseta de peones camineros de la carretera que va de Teruel a Cantavieja, zona infestada de soldados. Su marido corrió a denunciar la violación ocurrida el día anterior. En su casa se presentó un moro sobre las 20 horas pidiendo comida y reposo, “a lo que por temor aceptó”, y le dieron de comer y alojamiento durante la noche. A la mañana siguiente, él y sus hijas se fueron a trabajar al campo y la mujer se quedó sola. El soldado “se abalanzó sobre ella diciéndole que si no lo quería que la mataba” y sucedió el desagradable y asqueroso acto. El violador se marchó rápidamente. Después, ella, llorando, fue a casa de los vecinos “porque tenía miedo de continuar sola en la casilla”. Aunque fue procesado por un tribunal militar por un delito de violación, el militar fue absuelto. Impune. Este es tan solo un ejemplo más entre otros casos repugnantes, como los asesinatos en Portell de Morella de una madre y una hija tras ser violadas, otra violación en Morella u otra en la misma capital castellonense.

El control sobre las vidas y los cuerpos

La dictadura franquista se asentó sobre la represión y la impunidad de sus criminales, con la posición y la posesión de sus personas, y supuso un profundo retroceso en los derechos de las mujeres. El régimen, de carácter misógino, patriarcal y androcéntrico, las relegó a un papel pasivo y limitó severamente su actuación. Hablando claro, eran un cero a la izquierda de la sociedad. Solo tenían la función de criar y engendrar hijos para la Nueva España Imperial. El franquismo, con el respaldo de la Iglesia y de la Sección Femenina de Falange, promovió un modelo de mujer doméstica, católica, obediente, sumisa y dedicada al matrimonio y a la maternidad. El marido concentraba buena parte de la autoridad legal sobre ellas, mientras el régimen difundía el ideal del «Ángel del Hogar».

Tras la derrota de la República, el 1 de abril de 1939, las nuevas autoridades franquistas, concienzudamente, emprendieron la desarticulación de los avances logrados durante el periodo democrático en materia de libertades y derechos, así como el aniquilamiento de sus precursores o promotores. Una regresión meteórica entre el colectivo femenino de la que todavía, actualmente, queda un poso sociológico en muchas actitudes masculinas.

La Segunda República impulsó un amplio proceso de modernización y democratización de España. A través de ambiciosas reformas y de una nueva Constitución, promovió derechos laborales y sociales, la libertad religiosa y, por primera vez, la igualdad de género, no sin hacer frente a las limitaciones y trabas de los poderes tradicionales. Sacó a España de ese atraso que vivía con monarquías corruptas y elitistas, hoy herederas de esos tiempos. La República fue una escuela de ciudadanía y de razonamiento y convirtió al colectivo femenino en ciudadanas plenas, política y socialmente hablando.

A casi 2.000 mujeres se les imputaron acciones. Si tenemos en cuenta las poblaciones de Castelló a finales de 1930, estaríamos hablando de que en todos y cada uno de los municipios se procesó sumariamente a unas siete mujeres. A 1.075 mujeres se eleva la represión jurídico-militar contra las mujeres de la provincia de Castelló. En pseudojuicios sumarios, auténticas farsas y esperpentos jurídicos, fueron acusadas de delitos delirantes como reírse de los muertos, encabezar manifestaciones, insultar o faltar al orden. Con un grado de machismo supremo y con la moralidad como vara de medir los delitos, su comportamiento, su actitud, sus relaciones o sus amistades fueron punibles. Lo privado pasó a ser político.

No obstante, fueron muchas más las vejadas, humilladas, rapadas, violadas, agredidas y sometidas. Sus nombres raramente aparecen en la documentación y muchos han quedado recluidos en las ya ancianas mentes de esos niños que vieron con sus propios ojos las barbaridades de los franquistas. Duros y trágicos testimonios que van aflorando.

Ellas habían traspasado sus límites: la puerta y la ventana de su casa. Eran las rojas, las vencidas, las infames, las abyectas. La dictadura elaboró un discurso en el que los vencidos eran inhumanos y las mujeres, monstruosas, intolerantes, histéricas, sádicas, antinaturales, masculinas, sin atributos maternales, etc. Una definición delirante legitimada por las pseudoinvestigaciones de Antonio Vallejo-Nájera, con la que se consagró una dictadura que, como tal, fue una violencia contra la feminidad.

Cementerio de Castelló.

Cementerio de Castelló. / Narcís Tena Sales.

En las entradas de los pueblos, cuando llegaba el autocar o los primeros carros, una comitiva de bienvenida de vencedores empezaba a apedrearlas, a escupirlas, a maltratarlas. Tirones de pelo, puntapiés en sus partes, pellizcos, apaleamientos… y el rapado. Muchas mujeres fueron rapadas y paseadas cuando llegaron al municipio: Vilavella, Benlloc, Cinctorres, Forcall, Borriol, Borriana, la Jana, Traiguera, etc. Incluso en Albocàsser, a la mujer de un preso —que sería fusilado en 1942 en Castelló— la Guardia Civil la arrojó por las escaleras de su casa, provocándole un parto prematuro con la criatura llena de pus. La represión y la venganza empezaban sin compasión.

La primera mujer fusilada en la Comunitat Valenciana

En la provincia de Castelló, tres mujeres fueron fusiladas: Vicenta-Rosa Ferreres Soriano, La Ferrera, de Benicarló, el Baix Maestrat, el 4 de junio de 1938, con 46 años, convirtiéndose en la primera mujer fusilada por sentencia militar de la provincia y del País Valencià; Elisa Ull Marí, La Ratà, con 26 años en Borriana, la Plana Baixa, el 25 de agosto de 1939; y Dolores Nebot Morte, La Coles, con 33 años l’Alcora, l’Alcalatén, el 15 de abril de 1940. No descartamos más muertas. Sus desgraciados fusilamientos las han convertido en un símbolo y en la memoria permanente que todavía las recuerda y homenajea. Lamentablemente, sus restos no se han localizado. Es muy complicado.

Los de Elisa Ull y Dolores Nebot reposan en el osario católico del Cementerio de Castelló. De los de Vicenta-Rosa no se sabe exactamente dónde se encuentran. Es prácticamente imposible conocer la ubicación exacta en el cementerio de Benicarló e incluso se llegó a afirmar que la fusilaron y la lanzaron al barranco junto al cementerio. No lo sabemos. Sí que sabemos que sus hijos estuvieron presentes cuando la fusilaban, cuando la mataron, cuando la sangre manó. Sus hijos estaban. La mayor tenía 19 años y la menor, 10.

Los niños quedaron solos y desamparados porque el padre y los hermanos mayores huyeron y a la madre la asesinaron. El último recuerdo: el asesinato. Traumas. Actualmente, la familia piensa que sus restos se encuentran dentro de las cuatro paredes del cementerio de Benicarló, pero no sabemos dónde. No localizaremos sus restos, pero devolvemos su recuerdo y su memoria y la perpetuaremos en la conciencia. Si hoy se las recuerda, se las recordará siempre.

Rafael Melià Vallés i Vicenta Rosa Ferreres Soriano.

Rafael Melià Vallès y Vicenta Rosa Ferreres Soriano, 'La Ferrera', pocos años después de casarse en 1912. / L-EMV

1936 todavía mira con prepotencia en 2026. Noventa años del derrumbe de una de las experiencias democráticas más avanzadas de Europa en aquel convulso primer tercio del siglo XX, hay quiénes celebran aquella fecha. Nosotros lo recordamos, en cambio, no la olvidamos, nunca la hemos olvidado. Es imposible olvidar aquel fatídico día que condenó al país al ostracismo de las noches, a lo que nunca nadie pensaba que iba a llegar. Como anota el erudito filósofo Reyes Mate, «el deber de la memoria es tomar al acontecimiento impensable como lo que da que pensar». Debemos repensar los hechos, que el conocimiento, lo que produce el razonamiento, nunca imaginó que llegarían tan lejos. El antídoto es la memoria: el deber de la memoria. El deber de recordar contra el peligro de la deshumanización que, de trágico recuerdo y actualidad, se está produciendo en nuestro mundo del avanzado y moderno siglo XXI.

Décadas de silencio y desinterés

En los tiempos que corren, «donde negras tormentas agitan los aires», son fundamentales el saber, la razón, el conocimiento y el reconocimiento del pasado más trágico que ha conocido la historia de nuestro país. Saber para reflexionar y reflexionar para saber, para saber mejor, sin mentiras ni discursos tabernarios. Con documentación y rigor, los historiadores hemos demostrado y seguimos demostrando que, en su propio seno, fue una violencia directa contra la libertad y la democracia plena.

Quiero recordar un testimonio que me impactó emocionalmente cuando entrevisté a Severino López Vidal. Su padre, Tomas, de Sant Jordi, fue fusilado en Castelló y su madre, Josefa, sufrió un largo periplo carcelario. Él, con más de 80 años, mientras hablábamos cómodamente en el comedor de su casa, me dijo al terminar nuestra conversación: “Narcís, en 80 anys eres l’única persona que m’ha preguntat per mon pare”. Silencio.

Este es el reflejo de cómo la dictadura tuvo ese poder sobre la muerte y el recuerdo. Del memoricidio, del poder de la necropolítica.

Otro caso que ejemplifica la presencia del miedo, aún 90 años después, es el testimonio de una mujer que muestra cómo, en las zonas rurales y aisladas de las montañas de Castelló. En la psicología de sus paisanos todavía permanece aquella sensación de inseguridad que vivían. Herederos de esa angustia, tal y como me transmitió: “Les dones tenien temor, algo voltant per fora de casa…”. “Això és un sinvivir: Els homens anaven a per tot, ¿vale?”.

Honor y Memoria.

  • Narcís Tena Sales es investigador doctorando en la Universitat de València-Institut Universitari d’Estudis de les Dones y ultima su tesis doctoral sobre la represión franquista contra las mujeres en la provincia de Castelló