dimecres, 10 de febrer del 2016

La dimensión internacional de la Guerra Civil española. Eduardo Montagut Contreras.


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La historiografía sobre la guerra civil ha planteado la dimensión internacional de la misma bajo dos enfoques diferentes. En primer lugar, la guerra civil se contemplaría como un prólogo de la Segunda Guerra Mundial, al ser un enfrentamiento en el que participaron las tres ideologías predominantes: democracia, fascismo y comunismo. Por otro lado, la guerra estaría considerada como un conflicto marginal en Europa, que despertó un interés secundario entre las grandes potencias de la época. En todo caso, es indiscutible que la intervención extranjera fue de suma importancia en el desarrollo de la guerra civil.

Memoria Histórica | Eduardo Montagut Contreras | 05-02-2016 |  facebook yahoo twitter Versión para imprimir de este documento
La historiografía sobre la guerra civil ha planteado la dimensión internacional de la misma bajo dos enfoques diferentes. En primer lugar, la guerra civil se contemplaría como un prólogo de la Segunda Guerra Mundial, al ser un enfrentamiento en el que participaron las tres ideologías predominantes: democracia, fascismo y comunismo. Por otro lado, la guerra estaría considerada como un conflicto marginal en Europa, que despertó un interés secundario entre las grandes potencias de la época. En todo caso, es indiscutible que la intervención extranjera fue de suma importancia en el desarrollo de la guerra civil.
Los países que ayudaron de forma directa a los militares sublevados fueron los que mantenían regímenes fascistas o similares: Alemania, Italia y Portugal. La Alemania nazi ofreció la ayuda más determinante y de más calidad, con la participación de la Legión Cóndor de aviación, vital para el desarrollo de la guerra y responsable directa del bombardeo de Guernica. Pero Hitler también contribuyó al triunfo de Franco gracias a una importante ayuda económica. La Italia fascista ofreció una ayuda aún mayor que la alemana, aunque menos eficaz. Por un lado, se envió el CTV (Corpo Truppe Volontarie) de tierra, y por otro lado, la marina italiana colaboró con la franquista. La aportación portuguesa fue menor: envío de voluntarios y ayuda diplomática. Una mención aparte merece la postura del Vaticano, importante desde el punto de vista diplomático. El papa Pío XI reconoció de hecho el nuevo régimen franquista en el año 1937. Estas ayudas fueron determinantes en el triunfo de Franco. Si estas intervenciones el desarrollo de la guerra no hubiera sido el mismo para los sublevados.
La República, como régimen democrático y legítimo de la nación, presumiblemente debería haber podido disponer de la ayuda de las democracias occidentales, que, a su vez, vivían bajo la amenaza de la expansión y del belicismo de las potencias fascistas. Pero el temor a desencadenar una nueva guerra inclinó a las democracias a desentenderse del conflicto europeo. Los únicos países que apoyaron a la República fueron la Unión Soviética y México. La ayuda soviética fue la más importante. Se inició en octubre de 1936 y se mantuvo constante a lo largo del conflicto, con aportación de hombres y material armamentístico. La cuestión del pago de esta ayuda ha sido uno de los temas más controvertidos de la historia contemporánea española, ya que se hizo mediante el depósito en Moscú de las reservas de oro del Banco de España. El régimen franquista denunció, después de la guerra, la apropiación de los rusos del oro español, mientras que, según algunos estudios, el valor económico de la ayuda soviética había sido muy superior al de lo depositado.
El gobierno mexicano, presidido por Lázaro Cárdenas, muy identificado con el régimen republicano español, proporcionó armas, alimentos y apoyo diplomático, aunque la ayuda fue muy inferior a la soviética. Donde sí se destacaría México sería en la acogida a los exiliados españoles al terminar la contienda.
Debe destacarse, por último, la participación de las Brigadas Internacionales, en cuya creación tuvo especial intervención la Unión Soviética y los comunistas. Se trataba de cuerpos de voluntarios, unos 60.000, de más de sesenta nacionalidades, y que se dirigieron a defender a la República y en solidaridad con la izquierda española.
La Sociedad de Naciones manifestó, como en otras ocasiones, una evidente inoperancia en el caso de la guerra civil española. Recordemos que dicha institución estaba viviendo una profunda crisis en los años treinta con el auge del fascismo. La República intentó que la Sociedad de Naciones interviniera contra Alemania e Italia por su participación directa en la guerra. Hubo que esperar a más de un año para que se aprobase una resolución en este sentido pero que, al final, no se aplicó.
Por otro lado, Francia y Gran Bretaña elaboraron un documento por el que se prohibía en ambos países la venta de todo tipo de material con destino a España, un compromiso al que se adhirieron, con matices, algunos otros países. Fue el punto de partida para la creación del Comité de No Intervención, con sede en Londres. La intención de sus promotores era evitar que el conflicto se internacionalizase por el apoyo de fuerzas extranjeras pero, además, intentar ayudar indirectamente a la República evitando la entrega de armas a los sublevados. Pero su labor fue un completo fracaso. Prueba de ello es que hasta se adhirieron Italia y Alemania y no dejaron de apoyar abiertamente a Franco.
En relación con la actuación de las democracias occidentales con respecto a la guerra civil, habría que afirmar que fue ambigua y con matices. La Francia gobernada por el Frente Popular bajo la presidencia de Léon Blum fue la más proclive a la República de las tres democracias. Al principio, decidió intervenir en apoyo del gobierno republicano pero las presiones británicas y las divergencias internas llevaron a Francia a suspender muy pronto la venta de armas a España. Por eso decidió impulsar la creación del Comité de No Intervención. Al final, Francia fue el país de acogida y asilo de dirigentes republicanos y de miles de españoles que huían de las tropas de Franco.
Por su parte, Gran Bretaña siguió una política encaminada a evitar que un conflicto local se pudiera transformar en una guerra mundial. Defendió la neutralidad pero llegó a firmar un acuerdo con Mussolini en 1938 por el cual admitía la presencia de tropas italianas en España, en aras de una política de intentar separar Roma de Berlín.
Estados Unidos evaluó la guerra civil española desde otro punto de vista. No tanto como una amenaza del fascismo sino como una prueba del avance del comunismo. Aunque fue neutral había más afinidad oficial con los sublevados. El gobierno norteamericano estableció una política semejante a la británica de no intervención pero grandes multinacionales como la Ford, General Motors o Texaco ayudaron a los sublevados. En contraposición, un grupo destacado de brigadistas internacionales estuvo compuesto por norteamericanos.