divendres, 6 d’abril de 2018

"La Batalla de Teruel", una visión de la guerra civil que rompe los clichés

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El turolense David Alegre presenta este viernes un nuevo punto de vista sobre el conflicto bélico
Miguel Ángel Artigas

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David Alegre es el autor de La Batalla de Teruel, ensayo publicado por La Esfera de los Libros que se presenta este viernes. M. A.
David Alegre es el autor de La Batalla de Teruel, ensayo publicado por La Esfera de los Libros que se presenta este viernes. M. A.
El ensayo La Batalla de Teruel. Guerra total en España (La Esfera de los Libros), del turolense David Alegre, no pretende cambiar los acontecimientos históricos conocidos sobre el paso de la guerra civil por Teruel aportando fuentes documentales inéditas o desclasificadas, pero tampoco se conforma con ser un libro más sobre ese episodio del conflicto. 
Lo que aporta la obra de David Alegre, un historiador joven de la escuela de la Nueva Historia Militar cuya senda abrió en los años 70 John Keegan (The face of battle) y que en nuestro país está ganando importancia gracias a nombres como Xosé Manoel Núñez Seixas (Cámara de invierno, sobre la División Azul), Javier Rodrigo (La guerra fascista sobre la intervención italiana en España), Miguel Alonso, Fran Leyra o el propio David Alegre, es ofrecer una nueva visión que se echaba de menos en la historiografía oficial bélica española. 
Una nueva visión de la guerra civil que no la describe como una sucesión de fechas y movimientos tácticos y estratégicos observados desde fuera como si de una partida de ajedrez se tratara, ni que se quede en las historias y casuísticas particulares y anecdóticas con afan generalizador, sino que integre la mayor parte de elementos en un relato no simplificador que ofrezca al lector una lectura lo más tridimensional posible de un fenómeno tan poliédrico como la guerra. 
“Paradójicamente sabemos mucho de la represión o la violencia en la guerra civil o de lo que pasó en la retaguardia, pero no se ha escrito apenas nada sobre el frente de batalla hasta que llegaron los primeros estudios de James Matthews, que sin embargo tienen algunas deficiencia que tienen que subsanarse”, explica Alegre. 
Aspectos como la historia ambiental, la historia de género, la relación entre civiles y militares, el día a día en el frente, la alimentación, las operaciones de intendencia, los factores psicológicos que hacen que un soldado soporte el combate o deje de hacerlo son algunos de los aspectos centrales de la obra de turolense. Y sobre todo el concepto de Guerra Total, que en la batalla de Teruel alcanzó su máximo exponente durante la guerra civil, con una serie de elementos definitorios que David Alegre desglosa en doce capítulos que van desde los prolegómenos de la batalla hasta la posguerra de una región devastada. 
La batalla de Teruel será presentado a partir de las 18.30 horas de este viernes, en el salón de actos del Museo Provincial de Teruel, en un acto en el que participará el presidente de la asociación Pozos de Caudé, Francisco Sánchez, además del propio autor.
La obra cuenta con el testimonio oral de varios supervivientes de la guerra de ambos bandos, además de abundante documentación del Archivo General de la Administración y del Archivo General Militar de Ávila, además de las memorias de varios ex combatientes a través de sus diarios. “Los testimonios orales son un eje central del libro porque de alguna forma la obra es un homenaje a nuestros pueblos, a una cultura rural que sufrió terriblemente una guerra que permeó todos los aspectos de la vida y que luego tuvo la responsabilidad de reconstruir la vida en un territorio destruido y empobrecido”, afirma el autor. “Es difícil trabajar con este tipo de testimonios porque tantos años después todavía hay miedos y reparos, porque mucha gente aprendió que hablar solo podía darle problemas. Pero este libro no tendría sentido sin la pluralidad que dan estos testimonios”.
Clichés
La obra rompe con numerosos clichés que han dominado la historiografía oficial hasta ahora. Desde el que sostiene que en los años treinta la conflictividad en España era tal que una guerra era inevitable -”Eso es falso y responde a una concepción capitalina. Los problemas que había en Barcelona o Madrid no tenían reflejo en Galicia o Aragón, y no eran tan distintos a los que tenían lugar en otras ciudades del mundo. El golpe de Estado fue el elemento que rompió el equilibrio y que fue marco propiciatorio para la explosión de violencia, que no fue estrictamente política”, dice Alegre al respecto– hasta el de la guerra como gesta heróica o como elemento (deseable) modelador de la historia y las sociedades: “La nueva historia militar, donde yo me enmarco, trata de demostrar que no son válidas las visiones arcaicas y legitimadoras de la guerra, que consideran lo militar como la máxima expresión del hombre, la guerra como motor del cambio, como madre de todas las cosas o como elemento positivo en muchos casos”. Alegre afirma tajante que “la guerra no es nada de eso. La guerra es un desastre insoportable para el ser humano, su sombra es alargadísima y tiene consecuencias terribles para las comunidades humanas durante muchos años después de que termine, y deja una serie de taras físicas y psicológicas en la población que determinan el futuro”. 
Guerra total
De esa hipoteca para el futuro que supuso para Teruel su famosa batalla se ocupa David Alegre en el último capítulo del libro, aunque antes desglosa los hechos ocurridos desde la tensa espera hasta el 22 de febrero de 1938, pasando por la guerra al civil de la ofensiva republicana, los retos logísticos de la controfensiva sublevada, la lucha en los reductos resistentes, la ofensiva de Alfambra y el golpe final del ejército franquista, entre otros hitos. 
Pero el historiador hace especial hincapié en las características que permiten definir la Batalla de Teruel como primer y máximo ejemplo de guerra total en España. “Hablamos de guerra total cuando todos los recursos sociales, económicos, humanos, culturales y de todo tipo se invierten en la destrucción total del enemigo. Cuando se persigue una rendición incondicional, cuando se borran las fronteras entre lo civil y lo militar y la guerra permea absolutamente todos los aspectos de la vida cotidiana para todo el mundo”, explica. 
En ese contexto la responsabilidad de la población civil para sostener a los combatientes reunidos en Teruel entre diciembre de 1937 y febrero de 1938 fue desmedida. La incapacidad para dar cobijo, alimento y unas condiciones de salubridad mínimas a los combatientes esa analizada en La batalla de Teruel, en la medida que significó  para los civiles y militares  “unas condiciones absolutamente miserables”. 
A este respecto Alegre también desmitifica el cliché de que el hombre se adapta a la guerra. “No se adapta. Es imposible hacerlo. De hecho los psiquiatras estadounidenses saben muy bien que a los 25 días de combate un ser humano quiebra y desarrolla numerosos problemas y enfermedades. Y tras un año en el frente nadie, ni los los políticamente más convencidos, piensa en otra cosa que no sea en volver a casa. El mito de las causas justas y el heroísmo guerrero es un invento posterior a la guerra que responde a la simple supervivencia del combatiente”. 
En ese sentido, los Estados Mayores de Europa y América siguieron atentamente la Batalla de Teruel porque, tras la Primera Guerra Mundial, era un banco de pruebas de lo que significaría la guerra total en el siglo XX. “Muchos países sacaron conclusiones sobre utilización de armamento, artillería o aviación. En este sentido la Batalla de Teruel fue el más experimental de los episodos de la guerra civil, que ya fue experimental de por sí”. 
David Alegre sostiene además que los hechos ocurridos entre diciembre del 37 y febrero del 38 fueron “los más decisivos de la contienda”. “Lo que empezó como una maniobra de distracción de la República, se tornó en una guerra en la que los dos bandos se jugaban todo su prestigio. Por eso ambos pusieron toda la carne en el asador y movilizaron muchas de sus reservas en Teruel, lo que también contribuyó a que se tornara en una guerra total”. 
La guerra de verdad
Pero el historiador turolense insiste además en poner frente al lector una visión de la guerra que responda no solo a la realidad estratégica de los hechos documentados, sino también a la realidad táctica sobre el terreno. “Es absurdo describir una batalla como una serie de unidades que toman una posición y luego otra, que se coordinan con la artillería o la aviación, que funciona como una máquina bien engrasada... eso no existe, porque un ejército de masas es un monstruo incontrolable y en una guerra total se rompen todas las reglas”. En Teruel hubo numerosísimos casos de fuego amigo, de muertes por ordenes mal interpretadas y de situaciones que, lejos de responder a una estrategia calculada, fueron “auténticas chapuzas”. Desde el pánico que se generó durante el relevo de la 11 División de Lister en la defensa republicana de Teruel, que llevó a que la mayor parte de las unidades abandonaran sus posiciones y dejaran franca la ciudad durante la tarde-noche del 31 de diciembre, a la propia reacción de Varela y las tropas franquistas, que en lugar de contactar con los resistentes de Teruel y tomar ese día la ciudad casi sin resistencia, esperaron al día siguiente, “seguramente movidos por el hecho de que simbólicamente era mucho mejor reconquistarla el 1 de enero y hacerse las fotos de día sobre las ruinas”, dando tiempo a recuperarse la defensa y alargando la batalla casi dos meses más. 
El libro, que se dirige a un público general y no necesariamente experto en la guerra civil, “aunque quien tenga mucho bagaje lo disfrutará igual”, asegura Alegre, no presume de buscar la objetividad aséptica, “entre otras cosas porque la objetividad en historia es imposible”. Alegre opina que “si alguien presenta su relato histórico como objetivo, realmente está escondiendo algo”, y que lo que debe de hacer un historiador es “ser honesto, decir quién es, cómo piensa y por qué opina que es importante pensar así”. 
“En este caso”, aclara Alegre, “se trata simplemente de mostrar, a través de testimonios y documentación, el rostro absolutamente miserable de la guerra. No tiene nada de heróico, la guerra es miseria y destrucción y ha sido irreparable en muchos lugares. Seguramente el problema de despoblación que vive Teruel existiría de todos modos, porque se da en otros puntos de Europa, pero estoy convencido de que la guerra civil lo aceleró mucho”.
El autor
El doctor en Historia Contemporánea Comparada, Política y Social David Alegre nació en 1988 de forma anecdótica en Zaragoza por deseo de su madre calandina, y pasó sus primeros años en Mas de las Matas, donde su padre ejerció de profesor. Vivió en Teruel hasta los 18 años, marchó a Zaragoza a estudiar Historia y de allí a la Universidad Autónoma de Barcelona a realizar un máster y su tesis doctoral, sobre una perspectiva comparada y transnacional de la experiencia de los voluntarios belgas, franceses y españoles que marcharon a combatir contra la Unión Soviética en unidades del Eje. Desde 2014 es coeditor de la Revista Universitaria de Historia Militar y ha publicado diversos trabajos sobre la identidad del combatiente, la experiencia de guerra y el fascismo, si bien La Batalla de Teruel (La Esfera de los Libros) es su primer libro publicado como tal.




"La batalla de Teruel acabó convirtiendo la guerra civil en una guerra total"

El historiador aragonés David Alegre Lorenz publica un libro que ofrece una visión inédita sobre el episodio bélico, al que califica como ‘el Stalingrado español’.

Tras la toma de Teruel por las tropas de Franco, los militares volvieron a colocar el popular Torico en su plaza.Martínez Gascón/heraldo

"La historia militar convencional aborda el estudio de cualquier guerra de manera aséptica, como si todo lo que sucedió fuera parte de una maquinaria engrasada que funcionaba a la perfección. Pero, en realidad, la guerra siempre es sucia y miserable, está llena de errores humanos y retos logísticos". Con este planteamiento abordó David Alegre Lorenz el estudio de la batalla de Teruel, un episodio decisivo en la guerra civil española. Ahora acaba de publicar ‘La batalla de Teruel’. Guerra total en España’ (La Esfera de los Libros), que se presenta el viernes, 6 de abril, a las 18.30 en el Museo de Teruel. No es, pese a sus más de 500 páginas y la abundancia de datos novedosos, el libro ‘definitivo’ sobre ese episodio.
"Ninguno lo es –reconoce–. Buscaba ofrecer una visión diferente desde las perspectivas más avanzadas de la nueva historia militar, pero también he dejado puertas abiertas para otros historiadores. Quería ofrecer una visión social de esa batalla, integrar en el relato el mayor número de voces y pueblos, desde Calamocha a Villastar; de Alfambra a Gea de Albarracín". Para Alegre, lo que hace importante a la batalla de Teruel es que "en ella, la guerra civil española se convierte en guerra total. Es el momento en el que los dos bandos se plantean la rendición incondicional del enemigo como única salida y emplean para ello todos los medios a su alcance. Es un punto de inflexión en la evolución de la guerra, y un momento en el que se difumina la frontera entre soldados y civiles".
Teruel fue la única capital de provincia que fue conquistada por las tropas republicanas tras duros combates, que se recrudecieron con la contraofensiva posterior del Ejército de Franco. Entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 la ciudad y sus alrededores se tiñeron de sangre en una batalla de desgaste. El camino estaba abierto desde los combates de la segunda mitad de enero, y el 22 de febrero la ciudad de Teruel volvía a manos de Franco. "Curiosamente, la batalla se convirtió en decisiva sin buscarlo, porque en realidad era una maniobra del ejército republicano para distraer a los sublevados en su carrera hacia Madrid –señala el historiador–. Tenía que ir acompañada de otra maniobra similar en Extremadura, pero esta última no llegó a realizarse, y la batalla de Teruel se convirtió en decisiva".
Durante el asedio republicano las tropas franquistas estuvieron a punto de entrar en la ciudad en auxilio de quienes se habían sublevado y resistían en un par de reductos, pero retrasaron la entrada por razones propagandísticas (querían hacerla coincidir con el día de Año Nuevo), y eso dio oportunidades al bando republicano para reorganizarse. Una nevada histórica paralizó al bando rebelde. Y las condiciones que se generaron convirtieron la situación en lo que el historiador denomina ‘el Stalingrado de la guerra civil española’. "Desde un punto de vista militar –señala–, Teruel representó lo que pudo suponer Stalingrado en el Frente Oriental en la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos fue definitivo, no tanto por los soldados o el armamento empleado como por las consecuencias militares y la trascendencia político-mediática, ya que las dos ciudades se erigieron en el símbolo de la determinación de los contendientes por vencer a cualquier precio".
Al combate en alpargatas
A su juicio, sin la batalla no se entiende la derrota republicana. "En 1936 España era un país pobre. La guerra civil no hubiera durado tanto si no hubiera sido por la ayuda extranjera, y cuando llegó la batalla de Teruel ya estaba claro que la República no podía vencer la guerra, sólo aspiraba a ganar tiempo para esperar integrar el conflicto en una guerra europea. Pero allí se vieron las caras 100.000 combatientes por un lado y otros 100.000 por el otro, luchando en el peor invierno del siglo y muchos de ellos equipados con alpargatas. Tuvieron que combatir en condiciones miserables. Para reconquistar la ciudad, Franco, al que algunos historiadores pintan como estúpido y no lo era, puso toda la carne en el asador para defender su imagen de líder invicto y la de su ejército siempre victorioso. Y barrió al ejército republicano durante la batalla por una superioridad de medios materiales. A partir de ese momento era cuestión de tiempo que la República claudicara. Faltaban efectivos y formación militar, y la moral de sus tropas estaba hundida".
El libro aborda la batalla de Teruel desde el punto de vista militar pero, también y sobre todo, desde la perspectiva social. Por eso va más allá del final de las operaciones militares. "La sombra de la guerra civil es alargadísima en la provincia de Teruel –subraya David Alegre–. Hay que verla en el alto número de suicidios, en los niños y recogedores de chatarra que fueron víctimas de las municiones abandonadas, en las numerosas mujeres solteras embarazadas... La provincia quedó partida en dos, muchos pueblos fueron desgarrados para siempre. La estructura económica quedó devastada. Cuando la gente volvió a los pueblos se encontró con que tenía que empezar de cero, poniendo piedras en mitad de las habitaciones para poder sentarse, porque toda la madera, hasta las molduras de las puertas, había sido utilizada por las tropas para calentarse".
El libro, en definitiva, "rinde homenaje a la gente de los pueblos y su modo de vida, a esa mayoría silenciosa de voces que ya no tendrán cabida en ninguna historia y que salieron adelante con todo en contra y en medio del trauma".