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José Pérez Ibáñez nació en la capital de La Costera el 19 de febrero de 1912, aunque creció en Barcelona, ciudad a la que la familia se trasladó poco después.
Conocido como «el Valencia», participó en un intento de atentado contra el dictador en 1948.

José Pérez, a la izquierda del todo, en 1936 en Barcelona. Junto a él están Ricardo Sanz, García Oliver o Gregorio Jover, entre otros. / Archivo C. A
Carlos Arruñada
Domingo 12 de septiembre de 1948, cientos de personas se reúnen en la Bahía de la Concha de San Sebastián para disfrutar de las tradicionales regatas que desde 1879 se celebran los dos primeros domingos de septiembre. Entre ellas se encuentra el dictador Francisco Franco.
Mientras en el agua Fuenterrabía y Pedreña compiten por el primer puesto, en el aire se desarrolla otra acción que pasa desapercibida para muchas personas. Dos aviones del Ejército del Aire se acercan a una avioneta que acaba de comenzar a sobrevolar la bahía, le hacen señas para que le sigan, tras unos segundos la avioneta da media vuelta y regresa por donde ha venido. Nadie lo sabe, pero aquella avioneta tenía un objetivo muy claro. Matar a Franco. A bordo viajaban tres hombres cargados con un arsenal de explosivos robados a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, eran el piloto Primitivo Pérez Gómez de Los Santos, Salamanca; Antonio Ortíz Ramírez de Barcelona y «el Valencia». José Pérez Ibáñez nació en la capital de La Costera el 19 de febrero de 1912, aunque creció en Barcelona, ciudad a la que la familia se trasladó poco después. En la ciudad condal trabajó como obrero y se involucró en el movimiento anarcosindicalista. Su convicción política era fuerte y en enero de 1933 participó en la insurrección anarquista llevada a cabo tras la masacre de Casas Viejas, tras la cual fue detenido. A final de ese año se constituyó el grupo Nosotros, el cual estuvo integrado, entre otros, por Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Juan García Oliver y Ricardo Sanz García y del que José también fue miembro. Este grupo fue fundamental para la reorganización y orientación de la CNT catalana antes del inicio de la Guerra Civil Española.
Con el inicio del conflicto fue miembro del Comité de Defensa Confederal de Cataluña, participó en el asalto a la cárcel de mujeres del Paralelo y encabezó la Sección IX de las Patrullas de Control, con la que consiguió evitar que las tropas del cuartel de la avenida Icaria se pudieran juntar con las del cuartel de Atarazanas. Tras esto viajó a Valencia, junto con 40 hombres, para apoyar a los anarquistas de la ciudad del Turia. No malinterpretamos al personaje, José fue un radical que participó activamente en la represión republicana durante aquellos primeros meses de la Guerra Civil, señalándose que sus hombres cometieron muchos atropellos, desde el robo de dinero hasta la detención y asesinato de religiosos.
Tras la disolución del grupo Nosotros, se unió a la Columna «Los Aguiluchos» con la que participaría en los primeros meses de la guerra combatiendo en Aragón. Tras la militarización de la columna, José decidió abandonarla por estar en contra de ello, aunque continuó combatiendo llegando a ser comisario político en la Compañía de Tren Divisionaria en 1937. Tras el final de la guerra se exilió en Francia donde desaparece y no sabemos nada de él hasta 1948. Resulta curioso esto, pues parece poco probable que una persona con el historial de José pudiera vivir en la Francia ocupada por los nazis sin llevar a cabo ningún acto de resistencia. Tras el final de la contienda mundial, en 1948, entró en contacto con un grupo de anarquistas exiliados a través de la amistad que tenía con Antonio Ortíz Ramírez.

José Pérez Ibáñez, en una imagen de 1937. / Archivo C. A
Ortíz se había reunido en agosto en Toulouse con Laureano Cerrada Santos, un anarquista que se dedicaba a la falsificación y que le presentó la descabellada idea de atentar contra Franco. El plan de Cerrada era relativamente simple, hacerse con una avioneta, modificarla para convertirla en un bombardero casero y aprovechar la presencia del dictador en San Sebastián para caer en picado sobre el yate donde estuviera y matarlo antes de que alguién pudiera evitarlo. El plan fue cogiendo forma, adquirieron una avioneta Nord 1202/II Norécrin II, la modificaron y el 12 de septiembre de 1948 la cargaron con explosivos que se habían robado de un almacén alemán durante la guerra. Despegaron desde Dax, una localidad francesa a poco más de una hora en coche de San Sebastián y se dirigieron a la ciudad. Al acercarse a la bahía, José y Antonio comenzaron a quitar el seguro de los explosivos.
Sin embargo al llegar a su objetivo los tres tripulantes se dieron cuenta de que quizá llevar a cabo el plan no iba a ser nada fácil. El plan planteaba la presencia de muchas avionetas civiles sobrevolando la bahía para ver las regatas desde un punto de vista diferente, estas les servirían de protección para pasar inadvertidos hasta que pudieran caer sobre el barco donde se encontrase Franco. Sin embargo, aquel día las únicas aeronaves que volaban en el cielo de San Sebastián eran del Ejército del Aire y por si fuera poco, en el agua habían embarcaciones armadas que sin duda dispararían a la menor señal de peligro. Mientras sobrevolaban la bahía pensando qué hacer, dos cazas se acercaron a ellos y les hicieron señales con las alas.
Tras unos instantes de incertidumbre, los hombres finalmente decidieron dar la vuelta y regresar a Francia. Lanzaron los explosivos que habían preparado al mar y aterrizaron nuevamente en Dax. Tras informar a sus compañeros, el grupo decidió volver a intentarlo, solo que esta vez bombardearían durante la noche el Palacio de Aiete, residencia de Franco durante aquellas jornadas. Un ataque que tampoco se llevó a cabo debido a que llovió y la pista quedó totalmente embarrada e inutilizable. Tras este nuevo contratiempo el grupo decidió no volver a intentarlo, Franco se había marchado por lo que la avioneta se ocultó y se disolvieron. El aparato quedó oculto hasta febrero de 1951 cuando fue encontrado por las autoridades francesas.Alfonso Muñoz, funcionario de la Seguridad Social: 'Tener hijos...
El protagonista de esta historia se marchó junto a Antonio Ortíz a Saverdun, donde abrieron un aserradero en el que trabajaron hasta su jubilación. Se casó con Isabel Luna Ardanuy con la que tuvo dos hijos y falleció el 15 de marzo de 1992 en su domicilio del número 3 de la calle Stade. Quien sabe cómo podría haber cambiado la historia de España si aquellos tres hombres, hubieran podido llevar a cabo su atentado contra el dictador. Esta historia permaneció en el olvido hasta que en 1993 fue recuperada por Antonio Téllez Solá en el libro «Historia de un atentado aéreo contra el general Franco».
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