La presidenta de la asociación SOS Bebés Robados Huelva, Esperanza Ornedo, explica a elcierredigital.com que el caso de 14 bebés sustraídos a sus familias hace más de 40 años "está cerca de resolverse". Asimismo, ha detallado el 'modus operandi' de los médicos y matronas de la época era sustraer recién nacidos, tanto para venderlos como para regalarlos"
España desde la posguerra hasta la entrada de los 2000, se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para que se formase el conocido como escándalo de los bebés robados. La asociación SOS Bebés Robados calcula que la sustracción sistemática de recién nacidos en territorio nacional podría alcanzar los 300.000 casos. Una de las comunidades autónomas más afectadas es Andalucía, donde se registran cerca de 10.000 denuncias. Concretamente, Huelva destaca con unos 200 casos y concentra uno de los mayores procedimientos judiciales documentados hasta la fecha.
La presidenta de SOS Bebés Robados en la provincia onubense es Esperanza Ornedo Mulero vivió esta situación en primera persona cuando a su madre, con 18 años, le arrebataron a su hija. Para dar continuidad a esta lucha, desde 2011 representa a unas 200 familias afectadas, radicadas principalmente en Huelva. En declaraciones a elcierredigital.com, Ornedo explica el funcionamiento actual de la entidad, la situación legal de los procesos y el modus operandi empleado en la sustracción de recién nacidos en España.
Un caso de 14 bebés robados, a punto de resolverse
En la actualidad, Esperanza Ornedo se encuentra a la espera de los resultados del análisis de los restos exhumados de 14 bebés. Según las investigaciones, "estos recién nacidos, en vez de morir durante el parto, podrían haber sido vendidos o regalados a otros matrimonios".
"La actuación se realizó en las fosas comunes del cementerio de La Soledad, en Huelva. Esta intervención se ejecutó al amparo de la Ley de Memoria Democrática —que abarca casos acaecidos hasta enero de 1982— y contó con la autorización previa de la Junta de Andalucía. Para la excavación las fosas comunes se abrieron dos metros a la larga, unos a la izquierda y otro a la derecha. Estos recobecos fueron señalizados por cinco familias y se lograron rescatar los esqueletos completos de 14 bebés gracias al excelente nivel de conservación del terreno", detalla Ornedo.

Posteriormente, se procedió a la toma masiva de muestras genéticas. Según explica la presidenta de la asociación, "los restos de los 14 recién nacidos exhumados permanecen custodiados en el laboratorio de la Universidad de Granada. Estas muestras se cotejarán tanto con las cinco familias promotoras de la exhumación como con los perfiles genéticos obtenidos de 200 familias durante las seis jornadas de recogida de ADN organizadas por la entidad". En este sentido, Ornedo afirma que "los resultados son inminentes y se harán públicos en el propio cementerio junto a los familiares".
'Modus operandi' de las redes de sustracción de bebés
Esperanza Ornedo explica que, "en la época de mayor actividad de este entramado, los captores buscaban preferentemente el perfil de madres jóvenes y primerizas debido a su inexperiencia e inocencia". Asimismo, señala que "otro de los colectivos vulnerables eran las madres de familias numerosas, con el pretexto del elevado número de hijos que ya tenían a su cargo".
"En el caso de los partos gemelares, la excusa habitual consistía en afirmar que uno de los dos neonatos había fallecido", sostiene Ornedo.
Como responsables directas de estos robos, la portavoz señala "al personal médico, matronas y otras monjas que residían íntegramente en el hospital".

En las décadas de los 80 y 90, la gestión de la mayoría de centros de salud estaba vinculada a órdenes eclesiásticas. Para engañar a las parturientas, Ornedo indica que "se alegaban excusas inverosímiles, como atribuir el fallecimiento del bebé al consumo de fruta por parte de la madre durante el embarazo o declarar que bebés de entre 5 y 6 kilos no habían logrado sobrevivir, aun cuando la madre no presentaba puntos de sutura".
Tras los engaños iniciales, Ornedo expone que "tanto las monjas como estas tramas de colaboración incurrían en la manipulación sistemática de documentos". “Se tramitaban certificados de aborto ficticios para gestaciones ya acabadas”, explica.
En uno de los casos investigados que aborda, originado en 2001, se llegó a expedir un certificado de entierro en una "fosa común" que había desaparecido formalmente del cementerio en 1990.
Los enterramientos falsos constituían otra de las coartadas habituales. La presidenta de la entidad explica que, "tras sustraer a un recién nacido los cedían a otras madres a cambio de dinero o por favores personales. Posteriormente se notificaba a los padres biológicos el fallecimiento de su hijo. Para evitar que la familia exigiera ver el cuerpo o abrir el ataúd, se recurría a engaños recurrentes como afirmar que el cadáver "iba a los pies de un adulto". Se justificaba así, históricamente, por razones de espacio o beneficencia, que el supuesto cuerpo del bebé se colocara dentro de la caja de un adulto fallecido el mismo día.
Una vez consumado el robo, los menores eran vendidos o entregados a familias adineradas y pudientes. "Para simular que la compradora había dado a luz, se llegaban a intercambiar papeleras con restos biológicos entre las habitaciones de las parturientas dentro del propio centro sanitario. Posteriormente, las veías salir del Hospital como si nada hubiese pasado", asegura la presidenta de la Asociación.
El caso personal de Esperanza Ornedo y otras historias clave
El caso personal de Esperanza Ornedo fue el detonante que impulsó su lucha contra el entramado de los bebés robados, una causa en la que numerosos expedientes continúan aún sin resolver. Su historia comenzó el 23 de marzo de 1968, cuando a su madre, que apenas tenía 18 años, le sustrajeron a su primera hija en el centro hospitalario.
"A mi padre no le permitieron entrar y mi madre tuvo que dar a luz en una camilla en mitad de un pasillo, hasta que una matrona la trasladó a una habitación donde terminó el parto. Ella vio perfectamente a la niña viva, moviéndose, grande y con mucho pelo. Sin embargo, se la llevaron envuelta en una sábana y, a las pocas horas, un hombre con bata blanca se presentó en la habitación para decirle, sin más explicaciones, que la bebé había fallecido", explica Ornedo.
Posteriormente, su padre exigió ver el cuerpo en el depósito del hospital. Sin embargo, la portavoz señala que "únicamente le mostraron un bulto envuelto en vendas que apenas pesaba". Además, le denegaron las tijeras para abrir el envoltorio alegando que "se le estropearía la cara", al tiempo que le engañaron al sostener que los recién nacidos fallecidos no se enterraban en ataúdes propios, sino a los pies de un adulto fallecido ese mismo día.
Tiempo después, tras seguir de cerca las pesquisas sobre el caso, la familia descubrió que en la documentación oficial sobre el fallecimiento de su hermana figuraba que el ginecólogo había atendido un "aborto de seis meses" e indicaba que el cuerpo se hallaba en una fosa común. "Años más tarde, cuando acudí al cementerio a revisar el registro de inhumaciones de 1968, descubrí sorprendida que estaban transcribiendo los libros a mano con tinta reciente", concluye la presidenta de la asociación.

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