El Winnipeg y Pablo Neruda.

¿Sabías que un poeta chileno sacó de los campos de Francia a más de 2.000 republicanos españoles en un solo barco?
Pauillac, cerca de Burdeos, 4 de agosto de 1939. En el muelle espera un carguero francés llamado Winnipeg. Suben familias enteras con maletas atadas con cuerdas, hombres que llevan meses durmiendo sobre la arena, niños que no saben dónde está Chile. Desde el muelle, un hombre alto los mira embarcar: Pablo Neruda.
Unos meses antes, tras la caída de Cataluña, cerca de medio millón de personas habían cruzado los Pirineos en lo que se llamó la Retirada. Francia las internó en campos improvisados en las playas, como Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien o Le Barcarès: alambradas, frío, hambre y enfermedades.
En Chile gobernaba el Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda, que aceptó acoger a refugiados españoles. La misión recayó en Neruda, nombrado cónsul para la inmigración española en París. El viaje lo pagó el SERE, el organismo de ayuda a los refugiados creado por el Gobierno republicano en el exilio. Chile pedía trabajadores: pescadores, mineros, obreros textiles, técnicos, agricultores.
La travesía duró alrededor de un mes y cruzó el canal de Panamá. A comienzos de septiembre, el Winnipeg entró en Valparaíso con, según las fuentes, entre unos 2.000 y 2.500 pasajeros. Entre ellos iba un niño de 12 años, José Balmes, que sería uno de los grandes pintores de Chile; la joven Roser Bru, también futura pintora; y el ingeniero Víctor Pey, que vivió hasta los 103 años.
Lo que muchos ignoran... es la fecha. El Winnipeg llegó a Chile justo cuando estallaba la Segunda Guerra Mundial. Para quienes se quedaron en Francia, la puerta se cerraba: muchos acabaron en compañías de trabajo y, tras la derrota francesa de 1940, miles de republicanos fueron deportados a campos nazis como Mauthausen. Tampoco fue sencillo elegir quién subía a bordo: los partidos del exilio propusieron listas y los criterios de selección siguen debatiéndose. Neruda dejó escrito en sus memorias que la crítica podía borrar toda su poesía, pero que «este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie».
Hoy, miles de chilenos descienden de aquellos pasajeros. Balmes recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas de Chile en 1999 y Roser Bru en 2015. El Winnipeg sigue siendo, a ambos lados del océano, el símbolo de un exilio que encontró dónde empezar de nuevo, y un recuerdo de los miles que no tuvieron esa suerte.
¿Sabías que el Winnipeg llegó a Chile justo cuando estallaba la Segunda Guerra Mundial? 
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada