El ayuntamiento y la diputación financian una construcción que acogerá los restos exhumados de víctimas de Sueca, Cullera, Tavernes, Oliva o Gandia, entre otras localidades
Los trabajos, que concluirán este mes, incluyen la restauración de las lápidas originales y un espacio para ofrendas

El concejal de Memoria Histórica, Sergi Tomàs, junto a las obras del panteón que se construye en el cementerio. / Levante-EMV

Sueca no quiere que el olvido sea la última palabra. Los trabajos para levantar un panteón de la memoria histórica en el lugar exacto donde durante décadas se ocultó la fosa común del Cementerio Municipal avanzan a buen ritmo y estarán concluidos este mismo mes de octubre. La construcción, que cuenta con un presupuesto total de 46.486,34 euros —37.189,07 financiados por el área de Memoria Democrática de la Diputación de Valencia y 9.297,27 aportados por el ayuntamiento—, servirá para enterrar adecuadamente a las personas fusiladas y represaliadas durante la Guerra Civil y la posguerra.
El concejal de Memoria Democrática, Sergi Tomàs, ha explicado que el panteón consistirá en tres bloques de nichos de pequeñas dimensiones con capacidad para albergar, una vez concluyan los estudios de identificación genética que se realizan en Madrid. «Las familias decidirán después si prefieren que permanezcan aquí o, en su caso, llevárselos a sus lugares de origen, como Tavernes, Gandia u Oliva. El panteón podrá contener también restos de víctimas de Sueca que han permanecido en otras fosas comunes», ha señalado Tomàs.
La construcción estará cubierta, dispondrá de dos accesos abiertos, un banco y una zona para realizar ofrendas o depositar escritos, y conservará las lápidas originales que en su día se instalaron en la fosa común, tras someterlas a una restauración previa. Para el edil, este espacio supondrá «un lugar de justicia y de dignidad, un espacio de reparación hecho a medida del recuerdo que merecen las personas que fueron fusiladas y sus familias».
¿Quién está en la fosa común de Sueca?
La fosa común del cementerio de Sueca contiene los restos de 54 hombres asesinados entre mayo y julio de 1939, recién terminada la Guerra Civil. Se trata de agricultores, albañiles, carpinteros, barberos, pastores, molineros, chóferes y un estudiante de 19 años, en su mayoría vecinos de la comarca de la Ribera Baixa.
La nómina de víctimas es un mapa del dolor de toda una comarca. De Sueca eran, entre otros, Francisco Saavedra Rodríguez, Estanislao Pedralva Martí, Asensio Escrivá Escrivá, Salvador Campillo Ribes, Miguel García Pascual, Joaquín Serrano Serra, José Royo Llopis y José Orti Ballester. Pero junto a ellos fueron enterrados hombres de Tavernes de la Valldigna —como Juan Bautista Franco Escrihuela, Vicente San Antonio Cardona y Emilio Benavent Escandell—, de Gandia —Vicente Noguera Tomás—, de Oliva —como José Ramón Camps Barber y Manuel Mestres Barreres—, de Cullera —Pablo Castelló Sabater—, de Carcaixent, Almussafes, Riola, El Perelló, Xeraco y también de València.
Los cuerpos fueron exhumados entre julio y octubre de 2023 por la empresa especializada ArqueoAntro, en una intervención impulsada por la Associació per a la Recuperació de la Memòria Històrica de la Ribera Baixa. Se recuperaron los 54 cuerpos documentados, en dos fosas: una con las víctimas de las sacas de mayo y junio, mayoritariamente suecanas, y otra bautizada como «Els forasters», con los fusilados en julio, provenientes de otras poblaciones.
Un espacio para la memoria
El alcalde de Sueca, Julián Sáez, ha subrayado el compromiso del consistorio con esta causa: «Desde el primer día, el actual gobierno municipal ha luchado firmemente para saldar una deuda histórica de nuestro pueblo con los represaliados y sus familias. Gracias a la colaboración entre la Diputación y el Ayuntamiento conseguiremos dar un descanso digno a quien sufrió la represión y ofreceremos a sus descendientes un lugar donde poder recordarlos con solemnidad».
La deuda se remonta a más de ocho décadas. El panteón no solo cierra un círculo administrativo; cierra una herida que las familias de los fusilados han llevado en silencio durante demasiado tiempo. «En una democracia sólida, todo esto ya tendría que estar zanjado», lamentaba Jesús Alonso, presidente de la asociación memorialista de la Ribera Baixa.
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