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dijous, 19 de febrer del 2009

La banca y el desempleo.Vicenç Navarro.

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La banca y el desempleo

19 Feb 2009

VICENÇ NAVARRO

Ha sido una constante en la historia de nuestra democracia que, cuando el desempleo aumenta en España, la comunidad bancaria, dirigida por el Banco de España, lo atribuye siempre a las supuestas rigideces del mercado de trabajo, consecuencia del excesivo proteccionismo promovido por los sindicatos.

De ahí que fuera predecible que al aumentar el desempleo en España (mayor que en cualquier otro país de la Unión Europea) haya habido una respuesta del gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez (conocido por su pensamiento económico liberal), que ha centrado sus recetas de cómo resolver la crisis de empleo en la necesidad de flexibilizar todavía más el mercado de trabajo. Estas declaraciones han contrastado con un silencio ensordecedor sobre la enorme responsabilidad que la banca ha tenido en la crisis financiera y económica del país, causa mayor del elevado desempleo. Veamos los datos.

Durante la década y media siguiente a la transición, dos de los hechos que llamaban más la atención eran el elevado precio del dinero que prestaba la banca (uno de los más altos en la Comunidad Europea) y la exuberancia de sus beneficios –la tasa de beneficios netos de la banca española fue casi tres veces mayor que la tasa de beneficios netos de la francesa, casi el doble que la alemana, más de cuatro veces que la belga, casi el doble de la italiana, casi tres veces mayor que la holandesa y casi el doble de la británica (ver La economía política de la banca española en Navarro, V., Globalización económica, poder político y estado del bienestar, Ariel Económica, 2000)–. Tales beneficios no se basaban en su mayor eficiencia, sino en un comportamiento oligopolístico, resultado de unas políticas de Estado altamente proteccionistas de la banca española, la cual se opuso exitosamente a la apertura del sector bancario al capital extranjero.
Como consecuencia de ello, el coste de pedir el dinero a la banca por parte del empresariado español era el más elevado de Europa. El empresariado de la manufactura en España tenía que pagar casi el doble que el empresario de la manufactura en EEUU y más del doble que el empresariado japonés. Ello explica, en parte, las enormes dificultades que experimentó la manufactura, con la consiguiente destrucción de empleo y elevado crecimiento del desempleo. Este fue uno de los orígenes de la desindustrialización de España y del establecimiento de una economía especulativa basada en el matrimonio banca-industria inmobiliaria. Como bien dijo entonces el Financial Times (15-03-1991), “durante los años expansivos de la economía española, se vio un gran crecimiento en las inversiones financieras que en su mayor parte derivaron hacia actividades de tipo especulativo –principalmente hipotecario– en lugar del incremento del tejido productivo”. No podía haberse escrito más claro. Estas políticas fueron bendecidas por el Banco de España con la aprobación de los sucesivos gobiernos españoles. Este complejo banca-inmobiliarias y empresas constructoras ha sido el eje del crecimiento económico de España desde entonces.

El mundo empresarial de la manufactura y de los servicios intentó compensar la enorme carestía del dinero prestado por la Banca mediante la reducción de los salarios, intento exitoso, puesto que el crecimiento anual real salarial por persona trabajadora creció durante aquel periodo sólo un 1,8% comparado con el promedio de la UE-15, que fue de 5,2%.El elevado coste del dinero implicaba también una peseta sobrevalorada que dificultaba las exportaciones españolas. El origen de la elevada negatividad de la balanza del comercio exterior se basa precisamente en aquel hecho. La entrada de España en la zona euro ha eliminado esta situación, pero tal entrada se ha realizado (en la década de los años noventa) de manera beneficiosa a la banca y a costa de un gran sacrificio de la población asalariada y de un considerable subdesarrollo de nuestro Estado del Bienestar. Como he demostrado en otro lugar (El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, Anagrama, 2006), la reducción del déficit del presupuesto del Estado (exigido por el Pacto de Estabilidad) se hizo a costa de que los recursos que durante los años ochenta iban a corregir el enorme retraso del gasto público social de España se gastaran en los años noventa en reducir el déficit del presupuesto del Estado de manera tal que, cuando las cuentas del Estado se equilibraron (para alcanzar incluso más tarde un superávit), el déficit social de España, medido por la diferencia del gasto público social por habitante entre España y la UE-15 (el grupo de países de desarrollo económico más semejante al nuestro) había aumentado considerablemente. Esto quiere decir que nosotros gastamos cada vez menos (en términos proporcionales) en nuestras escuelas, en nuestros servicios sanitarios, en nuestra vivienda social y en nuestras pensiones que el promedio de países de la UE-15.

La integración monetaria se hizo a costa de nuestro Estado del Bienestar. Y también a costa de una reducción de la masa salarial (porcentaje que las rentas del trabajo representan de toda la renta nacional). Ello ha ido acompañado de un incremento exuberante de las rentas del capital y muy en especial de las rentas de la banca, la cual continúa siendo una de las que muestran beneficios mayores en el mundo.

Ahora bien, la burbuja inmobiliaria (estimulada por el comportamiento especulativo del complejo banca-inmobiliaria) explotó. La mitad del desempleo creado se debe al colapso de la construcción sostenido por aquel complejo. Es más, el pánico creado en la banca ha determinado también la dificultad de conseguir crédito, causa mayor de la recesión y de la destrucción de empleo, atribuida por el gobernador del Banco de España (como era de esperar) a una inexistente rigidez del mercado laboral.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de España
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Distracción masiva . JUAN-JOSÉ LÓPEZ BURNIOL

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Distracción masiva

Paul Krugman tiene dos virtudes: claridad y habilidad para interrelacionar política y economía, dando a aquélla -cuando procede- el carácter de factor determinante de una situación. Así lo demuestra en Después de Bush, libro de 2007 en el que plantea una cuestión referida a Estados Unidos: si es la desigualdad económica la que lleva a la radicalización política, o es la radicalización política la que trae consigo la desigualdad económica. Parte de una doble constatación: de que, en la década de 1980, concluyó la evolución -iniciada con el New Deal- que convirtió a Estados Unidos en un país de clases medias, en el que las diferencias entre los dos principales partidos no eran grandes; y de que, desde entonces, han aumentado las desigualdades sociales, pues, mientras una minoría medraba, la mayoría de los estadounidenses progresaba poco, al mismo tiempo que crecía la polarización, en la medida en que los políticos adoptaban posiciones cada vez más extremas a lo largo del eje derecha-izquierda. Lo que ha llevado a la situación actual, en la que la desigualdad de ingresos es tan elevada como en los años veinte, y los niveles de confrontación política son mayores que nunca.

Paul Krugman

Raza, patria y religión llevan a muchos trabajadores a votar en contra de sus intereses objetivos

Para el pensamiento conservador, este proceso se explica por el hecho de que fuerzas impersonales del mercado -el cambio tecnológico y la globalización- han provocado que la distribución de ingresos sea cada vez más desigual, con una élite minoritaria destacándose del resto de la población; lo que ha determinado que el Partido Republicano haya escogido velar por los intereses de este grupo emergente que financia sus campañas. En consecuencia, se ha abierto una brecha entre ambos partidos, por la cual el Republicano se ha convertido en el partido de los ganadores, mientras que el Demócrata pasaba a representar a quienes se habían quedado atrás.
Para Krugman, en cambio, ha sucedido lo contrario: la radicalización política ha sido la causa del incremento de la desigualdad. Así, en los setenta, extremistas de derecha decididos a acabar con los logros del New Deal se hicieron con el Partido Republicano, provocando la ruptura con los demócratas, quienes se convirtieron en los verdaderos conservadores, en cuanto que garantes de la igualdad. El poder adquirido por la derecha dura envalentonó a los empresarios, que lanzaron un ataque contra el movimiento sindical, para reducir su capacidad negociadora. Y en este marco se diluyeron los controles sociales y políticos que limitaban los galopantes emolumentos de los directores de empresas, y se redujeron los impuestos sobre los ingresos más elevados, promoviendo la desigualdad económica.

Sea como fuere, lo cierto es que los republicanos se hicieron con el poder desde 1980 hasta la llegada de Obama a la Casa Blanca, con el solo paréntesis de Clinton. Lo que plantea una cuestión: ¿qué dieron los republicanos a muchos de sus electores para que éstos, siendo pobres, les votasen en contra de sus propios intereses? O, dicho de otra manera, ¿qué tuvieron que hacer para alejar a los trabajadores de raza blanca del amplio grupo de votantes que había prestado su apoyo al New Deal?

La respuesta incluye diversas acciones que Krugman etiqueta como "armas de distracción masiva": 1. Remover la cuestión racial apelando al impulso segregacionista vivo en los Estados del Sur, con el pretexto de que la ampliación de los derechos sociales beneficia a los negros en perjuicio de los blancos. 2. Insistir en que la seguridad nacional es mayor cuando está en manos de los firmes patriotas republicanos, en vez de las de los débiles liberales demócratas. 3. Destacar la superioridad moral de los valores religiosos defendidos por los republicanos frente al relativismo ético atribuido a los demócratas. Raza, patria y religión. Buena tríada.

Esta deliberada "distracción" de parte del electorado, que le impulsa a votar en sentido contrario a sus intereses, no es exclusiva de Estados Unidos. También se da aquí. Así, para el Partido Popular la perenne apelación tremendista a la unidad de España -"España se quiebra"- cumple una función aglutinadora, que amplía el ámbito de los que serían sus votantes naturales por razón de intereses. Y, para el Partido Socialista, idéntica función expansiva desarrolla su sostenida revisión de la memoria histórica y su impostada invocación a la laicidad del Estado.

Son maniobras de distracción de los auténticos problemas, que quedan aplazados y sustituidos en el diario debate político por estas cuestiones, bajo las que ambos partidos enmascaran su auténtico objetivo: la lucha por el poder, con olvido de las reformas estructurales que exigen los intereses generales. Ambos partidos van a la suya. Son en esto, como en tantas cosas, iguales. Con olvido, también ambos, de que -como dijo Roosevelt tras la crisis de 1929- "siempre hemos sabido que buscar el propio interés ignorando el de los demás era malo moralmente; ahora también sabemos que lo es económicamente". Pronto tendremos ocasión de comprobarlo.

Juan-José López Burniol, notario, es miembro de Ciutadans pel Canvi.
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