dilluns, 25 de novembre del 2013

Indignación por las palabras de Rafael Hernando contra las víctimas del franquismo

http://www.lasexta.com/noticias/nacional/indignacion-palabras-rafael-hernando-victimas-franquismo_2013112400042.html


EN UNA ENTREVISTA EN TELEVISIÓN


Indignación por las palabras hirientes del portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, en televisión. Dijo que las familias de víctimas del franquismo sólo se acuerdan de ellos cuando hay subvenciones. La coordinadora que apoya la querella argentina contra los crímenes del franquismo pide una rectificación pública o su dimisión.

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Video: laSexta.com
laSexta.com  |  Madrid  | Actualizado el 24/11/2013 a las 14:44 horas
El portavoz adjunto del Partido Popular concedió una entrevista a 13 TV en la que habló sobre las víctimas del franquismo. En su declaración aseguró que las familias de las víctimas del régimen franquista, sólo se acuerdan de ellos cuando hay subvenciones.
La polémica estaba servida y las reacciones no se han hecho esperar. La indignación se ha apoderado de muchas de las víctimas. La coordiandora de la querella contra los crímenes del régimen ha pedido su dimisión.

diumenge, 24 de novembre del 2013

Las leyes de Franco para oficializar el miedo


http://www.publico.es/484494/las-leyes-de-franco-para-oficializar-el-miedo

La arquitectura jurídica y legal del franquismo penaba acciones de índole política y perseguía institucionalizar el miedo y la opresión.

PATRICIA CAMPELO Madrid 24/11/2013 08:36 Actualizado: 24/11/2013 17:37

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Portada del Bando de Guerra de julio del 36, primera norma de la España franquista.

Portada del Bando de Guerra de julio del 36, primera norma de la España franquista.

Una manifestación "no autorizada" o que se desarrollara fuera de los límites "permitidos por la autoridad" podía versa sancionada con una multa de hasta 500.000 pesetas en la España de 1959, según la Ley de Orden Público publicada en el BOE del 31 de julio de ese año.
Esta norma fue el germen del Tribunal de Orden Público (TOP) -institución que comenzó su actividad hace 50 años, en diciembre de 1963- y penaba con dureza cualquier actividad "perturbadora del orden público" fomentada por asociaciones y particulares, entre otras. El concepto de actos contrarios a dicho orden era amplio e incluía los paros colectivos en empresas, cualquier iniciativa que provocara tumultos en la vía pública, desobedecer a las autoridades y las manifestaciones ilegales o que produjeran violencia, entre otros, tal y como se expone en el artículo dos de la ley.
La Ley de Orden Público contemplaba multas de hasta un millón de pesetas
Asimismo, otorgaba competencias a la "autoridad gubernativa y sus agentes", es decir, a los gobernadores civiles y fuerzas de seguridad franquistas para detener a quienes cometiesen o tan sólo intentaran cometer cualquier acto considerado contrario al orden público. Irrumpir en un domicilio sin orden judicial era un proceso rutinario. De hecho, esta normativa dio cobertura legal a las prácticas sistemáticas que la policía utilizaba desde hacía tiempo y se convirtió en un instrumento de la dictadura que posibilitaba la militarización del orden público.
"Fuera de contexto, la ley de Orden Público podría no parecer tan terrible, pero su aplicación lo fue, porque se daba en un régimen opresivo", explica el historiador Manuel Álvaro Dueñas aPúblico. "La propia naturaleza del franquismo es un sustancialmente represiva", matiza. Prueba de ello eran las astronómicas cuantías de las multas que, en el caso de la citada norma, variaban según la autoridad que las impusiese y la entidad territorial donde se cometieran los hechos. Es decir, un alcalde podía sancionar por importes de entre 250 y 5.000 pesetas en función del número de habitantes del municipio. En localidades de 10.000 vecinos, por ejemplo, se podían llegar a abonar 500 pesetas. En el caso de los gobernadores civiles, las cuantías de las multas llegaban a las 25.000 pesetas. Hasta 100.000 si la sanción provenía del ministro de Gobernación y 500.000 si la imponía el Consejo de Ministros. Estos importes, además, podían verse incrementados en un 50% en caso de antecedentes policiales o penales. Eran sanciones administrativas que se aplicaban arbitrariamente, dejando bajo el control de la Guardia Civil, de la policía y de los gobernadores civiles a todo desafecto al franquismo.

Una ley para oficializar el miedo

En febrero de 1939, un mes antes de que Franco proclamara en Burgos su victoria en la Guerra Civil tras el golpe de estado que dio contra la Segunda República, las autoridades franquistas consolidaban el terreno legal que iba a regir, con dureza y crueldad, la vida de los españoles durante los próximos años.
La Ley de Responsabilidades Políticas prohibió todos los partidos políticos y criminalizó de manera retroactiva comportamientos que eran legales en el momento en que se había cometido -durante los años de la Segunda República-. "Esa ley se concibió como un mecanismo represivo, dirigido a castigar y neutralizar al enemigo", subraya Álvaro Dueñas. La responsabilidad política se extendía desde 1934 y abarcaba tanto a quienes se opusieran a los militares sublevados como a quien mostrara "pasividad grave" al respecto.
En 1942, como consecuencia del ingente número de denuncias, el tribunal de responsabilidades políticas se colapsó
Dicha norma posibilitaba la creación de procedimientos para la imposición de sanciones, y constituyó la rama legal del expolio económico de los vencidos. Pero su finalidad era la perpetuación del miedo como sistema de represión, y no la recaudación de bienes. Prueba de ello es que en 1942, como consecuencia del ingente número de denuncias en tramitación, el tribunal de responsabilidades políticas se colapsó, y se decidió declarar insolventes a las personas que no tuvieran bienes que incautar, sobreseyendo sus expedientes. Un año antes, la subsecretaría de Presidencia, con Carrero Blanco a la cabeza, realizó una encuesta entre tribunales regionales y juzgados de responsabilidades políticas para conocer el número de expedientes en tramitación. En el verano de 1941, se publicaron los resultados con cerca de150.000 expedientes y otros 100.000 en espera de iniciarse.
En 1945 se decretó la no apertura de nuevos expedientes, pero los antiguos continuaron su tramitación hasta mediados de los años 60, según un estudio de la Universidad de Castilla La Mancha publicado en 2007.
La legislación oprimía fundamentalmente a las mujeres 
El entramado jurídico y legal del franquismo comenzó en el propio Bando de Guerra, publicado en julio de 1936 y en vigor hasta 1948 con el pretexto de hacer frente a la guerrilla antifranquista. Con el posterior decreto 108 de septiembre de 1936, la junta de defensa nacional confiscó los bienes de los partidos políticos y comenzó la depuración de los funcionarios al servicio de la Segunda República. La ley para el empleo público, de agosto de 1939, reservaba el 80% de las plazas para oficiales, excombatientes, huérfanos y demás personas vinculadas a las ideas de los sublevados, según el estudio de la universidad manchega. 
"También se anularon las reformas republicanas más avanzadas nada más comenzar la guerra, como los matrimonios civiles y el divorcio", apunta Álvaro Dueñas. "Era una legislación que oprimía fundamentalmente a las mujeres", añade.

Juicios militares para delitos de contrabando

En un estado militarizado, hasta los delitos relacionados con el mercado negro rendían cuentas en juicios sumarísismos. Es el caso de los bienes y alimentos que se introducían en las ciudades de estraperlo, como consecuencia del estricto régimen de racionamiento. "La ley asimilaba el mercado negro a la rebelión militar, pero lo importante es cómo se aplicó:"Acabaron siendo juzgados los pequeños extraperlistas, pero nunca aquellos que hicieron grandes fortunas con el contrabando", detalla Álvaro Dueñas.
Con especial dureza se aplicaron también las leyes que perseguían la masonería y el comunismo (1940), la del bandidaje y terrorismo de 1947 y la de rebelión militar de 1943. Las dos últimas motivaron la gran mayoría de penas de muerte y años de cárcel. 

Machado en Valencia

Machado en Valencia

JOSÉ RAMÓN Villanueva Herrero 24/11/2013

El 24 de noviembre de 1936 llegaba a Valencia Antonio Machado, evacuado de Madrid por el Gobierno de la República y en la capital levantina residió hasta abril de 1938, fecha en que se trasladó a Barcelona. El poeta, apesadumbrado por una guerra fratricida, une a su profunda tristeza su precario estado de salud pues, como dijo Alberti, "su poesía y su persona habían sido tocadas de aquella ancha herida sin fin que había de llevarle poco después hasta su muerte". Pese a ello, su obra poética de este período es militante: defiende en sus versos el ideal republicano, elogia a la URSS, a Líster y al Quinto Regimiento, critica con dureza a la Italia fascista y la Alemania nazi.
Machado, aquel viejo republicano que había izado la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia el 14 de abril de 1931, siente "estupor" por las consecuencias del golpe militar ("la militarada") que le sorprendió en Madrid y se emociona recordando la defensa popular de la capital, pues "aquello fue la heroica barrera que segó en flor la marcha triunfal de la bárbara bestia" (entrevista en Fragua social, 19-XII-1936). Percibe como nadie el sentir del pueblo leal, del que está al lado de la República y así se lo escribió en abril de 1937 a David Vigodsky: "En España lo mejor es el pueblo (...) En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva".
Machado, en su etapa valenciana, al igual que otros intelectuales antifascistas, firmó diversos documentos a favor de la República, entre ellos, el Manifiesto de profesores y artistas españoles apelando a la conciencia del mundo (febrero 1937) en el que, de forma premonitoria, se decía que "la guerra de España puede ser, en efecto, el prólogo sangriento de una guerra mundial de proporciones incalculables" o el de Los intelectuales de España por la victoria total del pueblo (marzo 1938). En diversos escritos, dejó patente su firme antifascismo: califica a los franquistas de "traidores", siervos de Italia y Alemania que han perdido la condición de españoles ya que "de ningún modo podemos considerar como españoles a quienes decidieron vender a España, no sabemos por cuantos denarios" y define al fascismo como "la fuerza de la incultura". Reclama la unidad de todas las fuerzas antifascistas "puesto que todas nuestras energías deben de concentrarse en un fin único: aplastar al fascismo". A este objetivo, convoca también a los jóvenes: en una alocución dirigida a los estudiantes republicanos les insta al compromiso político ya que "los estudiantes deben de hacer política, si no, la política se hará contra ellos", una aseveración de absoluta vigencia. También destacaba repetidamente el papel que deben desempeñar los intelectuales, los cuales deben de estar siempre al lado del pueblo. Así lo hizo García Lorca y, al saber de su asesinato, escribió dolorido que "se ha perpetrado el crimen más estúpido y condenable" con el poeta granadino.
En relación a la guerra, son frecuentes sus elogios a la heroica defensa de Madrid y al Ejército Popular. También denuncia la brutalidad fascista: de este modo, envió un texto al Congreso de la Paz a celebrar en París expresando "su airada protesta contra los bombardeos aéreos de las ciudades abiertas", que califica de "crímenes abominables" y de "lesa humanidad", texto escrito a la luz de una vela mientras "estas mismas aborrecibles bombas están cayendo sobre nuestro techo". Especialmente contundente fue Machado contra la intervención nazi en España. Por boca del personaje de Juan de Mairena, su alter ego literario, hizo mención de forma premonitoria a la guerra mundial que se avecina y también a su resultado: "Alemania no ganará, pero Europa perderá la paz y, con ella, la hegemonía del mundo" y en otro texto intuye el Holocausto al aludir a "la afanosa búsqueda" de los laboratorios alemanes "de la fórmula química definitiva, que permita al puro germano extender el empleo de los venenos insecticidas al exterminio de todas las razas humanas inferiores", algo que, poco después, se convirtió tristemente en una dramática y oprobiosa realidad.
Machado criticó la inhibición de las democracias occidentales ante la desesperada situación de la República española acosada por los fascismos: reprocha la hipocresía de Francia e Inglaterra y también del Pacto de No Intervención, ("la iniquidad más grande que registra la historia") y la ineficacia de la Sociedad de Naciones. En contraste, Machado agradece el apoyo a la España leal de México y, sobre todo, de la URSS: los textos valencianos de Machado están plagados de frases de admiración hacia "la Gran República de los Soviets", país en el que, como dirá en un poema, "desde que roto el báculo y el cetro / empuña el martillo y la guadaña".
Pero la suerte de la República estaba echada, también la suya. En una entrevista que le realizó Pascual Plá en agosto de 1937, reflejaba ya su desánimo ante un previsible exilio: "cuando pienso en un posible destierro, en otra tierra que no sea esta atormentada tierra de España, mi corazón se turba de pesadumbre. Tengo la certeza de que el extranjero significará para mí la muerte". Y así fue: Machado murió, desnudo de equipaje, como su célebre verso, un 22 de febrero de 1939 en el pueblecito francés de Colliure. El poeta no pudo cumplir su deseo, aquel que un día escribió en Valencia, el de "no cerrar los ojos antes de ver el triunfo de la causa popular, la causa común a toda humanidad progresiva". Este fue el firme compromiso Antonio Machado Ruiz, de aquel viejo y coherente republicano, de aquel insigne poeta siempre presente en la memoria colectiva. Fundación Bernardo Aladrén-UGT Aragón

Yo luché en la Segunda Guerra Mundial


http://www.andalucesdiario.es/gente/de-normandia-a-leningrado-yo-luche-en-la-segunda-guerra-mundial/


“Coño, pues me fui a Rusia. Pensaba que no podía ser peor que la cárcel. Pero me equivoqué”

“Soy un viejo duro”, dice Manuel Mendoza, dándose palmetazos en las rodillas. Manuel, la cara huesuda, la nariz afilada, una ligera sonrisa de satisfacción, habla en la salita de su casa, con el bastón en un lateral de la silla, la gorra en el otro, la tele encendida y muda. “Se está muriendo todo el mundo”, constata, con un punto de orgullo. Tuerce la boca en un gesto ambiguo, un gesto que significa “es una pena”, pero también “yo sigo aquí”. Luego arranca una lista infinita de nombres y motes, ancianos de Puerto Serrano (Cádiz), ya fallecidos, y termina con un “a mí no me gustan los entierros” que puede o no esconder un sarcasmo.
“Un viejo duro”, repite. A sus 94 años, Manuel tiene que serlo para seguir por aquí, “dando guerra”, con el único lastre de algunos achaques menores. “Me falla la memoria”, se queja. “Y me duelen los huesos por el frío que pasé en Rusia”. Es difícil que al abuelo aún le pesen los 40 grados bajo cero que padeció en el cerco de Leningrado, pero a Manuel nadie se atreve a llevarle la contraria. No es difícil entender por qué.
Manuel Mendoza participó en el cerco de Leningrado con la División Azul. // D. P.
Manuel Mendoza participó en el cerco de Leningrado con la División Azul. // D. P.
El otro veterano, Miguel Ramira, también es un hombre duro. Tiene 93 años y siete balazos en el cuerpo. Las cicatrices le suben por el pecho hasta el cuello. Los proyectiles le dibujaron una cremallera en diagonal y le dejaron una especie de costura punteada. Las heridas, dice, son “un recuerdo de la bahía de Narvik”. Tiene otros: el mareo en las barcazas, la costa en llamas, el reflejo del cañoneo sobre el mar de Noruega.
EN LAS FILAS DEL EJÉRCITO ALIADO
En realidad, Miguel Ramira no se llama Miguel Ramira. Tiene una teoría particular al respecto. “Cuando empieza una guerra, todo puede cambiar: incluso tu nombre”. Es lo que el historiador Eduardo Pons Prades bautizó como “la entropía bélica”, personalizada en la peripecia de Miguel. El 18 de julio de 1936, él era un pastor de Grazalema (Cádiz) preocupado por que la calima marroquí no subiera y le secara los pastos y al poco tiempo se descubrió intentando que no se le salieran las tripas sobre la cubierta de un buque extranjero, a miles de kilómetros de su casa. Hasta el invierno del 39, su historia es la de una lucha en retirada permanente. Peleó con los guerrilleros republicanos en la Sierra de Ronda, se replegó hasta Málaga y Valencia adscrito a la 31 brigada mixta, y después en el Ebro, con el mítico cuerpo 12 del Ejército. Más tarde, sufrió la derrota: Barcelona, La Junquera y un campo de internamiento en Perpignan. Allí murió Miguel Ramírez y nació Miguel Ramira, justo cuando el hambre y la amenaza latente de la deportación le hicieron alistarse en la Legión Francesa bajo el paraguas de otra identidad. Un funcionario apuntó mal su apellido y Miguel decidió no corregirlo y aceptar el trueque: un nuevo nombre a cambio de seguir peleando. En sus documentos actuales aún figura así.
Un funcionario apuntó mal su apellido y Miguel decidió no corregirlo y aceptar el trueque: un nuevo nombre a cambio de seguir peleando
A Miguel no se le escapa que los republicanos enrolados en la Legión Francesa, con el chantaje explícito del regreso forzoso al otro lado de los Pirineos, estaban allí para ser carne de cañón. Su entrenamiento en Orán no fue un paseo. Algunos oficiales franceses los miraban con recelo, como una comitiva extraña de espectros derrotados, inútiles para la batalla. “Olvidaban que teníamos muchos más motivos que ellos para enfrentarnos a Alemania”. Gernika, la Cóndor, los blindados de Madrid. “Además -explica Ramira-, cualquiera de nosotros llevaba tres años de guerra encima”. La mayoría de los superiores, tácticos novatos y chicos de academia que sospechaban del carácter anárquico y supuestamente indisciplinado de los exiliados españoles, no había entrado jamás en combate.
El gaditano Miguel Ramira, en la fila más alta, es el tercero por la izquierda en la foto oficial de la Spanish Company, realizada poco antes del Día D.
El gaditano Miguel Ramira, en la fila más alta, es el tercero por la izquierda en la foto oficial de la Spanish Company, realizada poco antes del Día D.
El 12 de mayo de 1940 se produjo el primer desembarco aliado de fuerzas bajo fuego enemigo de la Segunda Guerra Mundial. “Al final sólo les sirvió como prueba”. La Wehrmacht había ocupado Noruega en abril. En el puerto de Narvik, un fondeadero natural escoltado de montañas (“una pesadilla para cualquier atacante”) cargaba el hierro sueco que surtía las fábricas del III Reich. “La única manera de tomarlo era con una de esas operaciones anfibias de las que todo el mundo hablaba, pero que nadie había probado nunca”.
“Olvidaban que teníamos muchos más motivos que ellos para enfrentarnos a Alemania”. Gernika, la Cóndor, los blindados de Madrid
Los cuerpos expedicionarios británico y francés decidieron intentarlo. A los españoles de la 13 Semibrigada les tocó ejercer la vanguardia en el asalto. Allí, a los pocos metros de abandonar la barcaza, fue donde lo ametrallaron. Lo evacuaron de urgencia hasta Escocia. Cuando le dieron el alta, los aliados le pagaron la entrega con la opción de vivir en un estadio de carreras para galgos, hacinado con otros miles de refugiados europeos. En la pantalla del cine de Shepherd Bush escuchó a Winston Churchill gritar aquello de que en el mundo se libraba una cruzada entre el bien y el mal. El 28 de agosto, apenas repuesto de sus heridas, se alistó en el Regimiento Real de la Reina. “Esta vez di el paso de forma voluntaria”, explica. Sentía, “modestamente”, que no podía hacer otra cosa.
Con el Regimiento luchó en el Lejano Oriente, hasta que lo transfirieron a la Compañía Número Uno del Cuerpo de Pioneros (la ‘Spanish Company’). Haciendo guardias en Bournemouth, en abril del 44, descubrió las maniobras que los aliados hacían en New Forest. El ensayo general del Día D. Se preguntó si le tocaría participar en la toma de Francia. Pensó que sí. Acertó. Desembarcó en Normandía poco después del asalto, pero, por suerte, esta vez no sufrió la primera línea. Tensó alambradas y construyó puentes.
EN EL BANDO ALEMÁN
La memoria rusa de Manuel Mendoza es un puzzle de piezas cojas, desordenadas, que a veces encajan y otras veces no y que obligan a una entrevista absurda, llena de lagunas y de reiteraciones. Manuel se agota y pierde el hilo constantemente, se empeña en un discurso circular y deslavazado por el que asoman, de vez en cuando, detalles estremecedores.
Recuerda, por ejemplo, que participó en el cerco de Leningrado (del que se cumplen ahora 70 años), adscrito al Regimiento de artillería de la División Azul, bajo mando del coronel Badillo. Pero no sabe si lo recuerda porque sí o porque alguien se molestó en explicárselo después, le apuntaló los detalles que a él ya se le escapaban, las banderas, las fechas, los frentes, las posiciones de su batallón. Sabe que estuvo en la Blau Division junto, al menos, otros dos paisanos de su pueblo, uno de los cuales confirma la historia con un mutis involuntario y lejano: el seco testimonio de su nombre, esculpido en una de las lápidas del cementerio alemán de Novgorod. “Pitera”, dice el anciano, refiriéndose a su compañero por el mote. “Allí se cargaron a Pitera”.
Manuel explica, a su forma, que no todos en la División eran falangistas o militares obsesionados con frenar en los Urales el poder soviético. También había parias, muertos de hambre, conversos enrolados para lavar su culpa, impostores dispuestos en cambiar de trinchera y, sobre todo, tipos con mala suerte, tipos duros o cabezones como Manuelque no supieron guardar las formas y acabaron rellenando los llamados “cupos sucios”, muleros, ‘mataliendres’ o enterradores. “Yo terminé en Rusia porque metí la pata dos veces”, cuenta el abuelo. 
“Coño, pues me fui a Rusia”, resume Manuel. “Pensaba que aquello no podía ser peor que la cárcel”, aclara. “Pero me equivoqué”
La primera. Pocos días después del levantamiento, Manuel, un adolescente ajeno a la política por falta de voluntad y de cultura, se dirige a Puerto Serrano desde el cortijo en el que guarda cerdos a cambio de un jornal miserable. Una patrulla de falangistas de El Coronil le da el alto y le pide el salvoconducto. Manuel carece de documentación alguna, pero se empeña en continuar. La patrulla le regala una paliza de muerte. Manuel no olvida la afrenta. Año y medio después, ya reclutado a la fuerza por el bando nacional, pide un servicio voluntario en El Coronil. En su primera noche en el pueblo, se emborracha. En todos los bares pregunta por un cabo de Falange al que está buscando “para devolverle un favor”.  La Guardia Civil lo detiene y lo manda al calabozo por gritar amenazas de muerte.
La segunda. Manuel, con el historial sembrado de fugas e insubordinaciones, ejerce de guarda en el Penal de El Puerto. Un capitán, (“el capitán Terry”, dice) le afea que se dedique a despiojar a los presos, algunos de los cuales eran conocidos de la Sierra. El capitán lo llama vago y le ordena que saque brillo a las letrinas. Después, “para asegurarse” de que los baños están limpios, pretende que Mendoza bese el borde de un retrete. Manuel se niega. Terry intenta obligarlo por la fuerza, lo coge por el cuello, le dobla un brazo y le baja la cabeza hasta el agua del váter, pero, en mitad de la refriega, el soldado se revuelve y propina un mordisco al capitán. Le arranca una oreja. Tras el Consejo de Guerra, un Coronel, extraoficialmente, le da dos opciones: o cumple diez años de cárcel o se enrola voluntario para ir a Rusia. “Coño, pues me fui a Rusia”, resume Manuel. “Pensaba que aquello no podía ser peor que la cárcel”, aclara. “Pero me equivoqué”.
CADÁVERES POR TODAS PARTES
Dice Mendoza que algunas noches todavía se acuerda del frío que hacía en la estepa y le entra la tiritera. El frío es la única constante de una narración incoherente, sembrada de inconcreciones y saltos en el tiempo. En el invierno del 42, la División sufrió temperaturas de 40 grados bajo cero.Los españoles, de entrada, tenían más bajas por congelación que por fuego de combate.“Hacía tanto frío que yo me pasaba el día bebiendo aguardiente”, reconoce el anciano, sonrisa en ristre. “O metido entre las bestias”. “Soldados rojos vi pocos”, admite. “Pero muertos… muertos sí que vi. Muchos muertos. De los nuestros”.
Cuando llegó al Frente, el oficial responsable de asignar las tareas no tardó en apreciar que Manuel tenía buena mano con los animales. Le asignó una recua de yeguas y mulos que servía para variar la posición de los cañones. “Con tanta nieve y tanto barro, eran más fiables que los coches. Y se congelaban menos”. Así que el recluta, en retaguardia, pasaba frío, movía piezas de artillería, bebía aguardiente y dormitaba entre las bestias, hasta que los rusos se cansaron de jugar al gato y al ratón y, en pleno invierno, decidieron romper el frente.
En retaguardia, pasaba frío, movía piezas de artillería, bebía aguardiente y dormitaba entre las bestias, hasta que los rusos se cansaron de jugar al gato y al ratón y decidieron romper el frente
Es posible que lo que Mendoza vivió de cerca fuera la resaca del contraataque ruso de febrero del 43, una acción a la desesperada que causó a los españoles 1.121 muertos, 1.035 heridos y 300 capturados en 24 horas. “Recuerdo el jaleo en la tropa, aunque nosotros no estábamos en primera línea. Y los bombardeos que destrozaron el frente y mataron a Pitera”. “Sí, lo recuerdo”, insiste el anciano, satisfecho consigo mismo, aunque es incapaz de aproximar una fecha. También recuerda perfectamente la noche en que su oficial al mando lo condenó a una pesadilla de por vida.
En el desembarco de Normandía tomaron parte numerosas compañías adscritas a los ejércitos norteamericano y francés. // A. G.
En el desembarco de Normandía tomaron parte numerosas compañías adscritas a los ejércitos norteamericano y francés. // AG.
Durante todo el día, las bombas rusas habían hecho trizas las posiciones españolas. “El oficial me ordenó que cogiera un carro en cuanto se pusiera el sol, me acercara al frente y lo cargara de muertos, con cuidado por si quedaba algún español vivo. No querían que fuéramos en camión para no hacer ruido”.
El carro de Manuel cruzó dos veces el trecho de nieve que separaba el campamento del campo de batalla. De vez en cuando, las bengalas rusas iluminaban el llano helado que bordeaba la periferia de la ciudad, y entonces Manuel y su compañero se daban cuenta de la magnitud del empeño:“Había cadáveres por todas partes, medio enterrados en la nieve”. Nada se movía. Nadie se quejaba. Nadie pedía ayuda. El frío se había encargado de rematar a los heridos.
“El oficial me miró de arriba abajo y me dijo: ‘Ve a lavarte, Mendoza, que pareces un carnicero’”
Manuel y su compañero descargaron en la morgue el último carro de soldados muertos (después supo que milagrosamente alguno aún respiraba) y terminaron el servicio al amanecer. Agotado, cubierto de sangre y de barro, el anciano recuerda que se acercó a ver a su oficial. “Le pedí un permiso largo porque había cogido un poquito de asco”, dice. Ahora, cuando lo cuenta, no sonríe. En el argot de la trinchera, “coger asco” significaba entrar en shock, en fase paranoica o depresiva. “El oficial me miró de arriba abajo y me dijo: ‘Ve a lavarte, Mendoza, que pareces un carnicero’”.
LA ÚLTIMA BATALLA DE RAMIRA Y MENDOZA
Antes de ser desmovilizado, en 1946, Miguel Ramira perdió la última batalla. El alto mando aliado decidió que con Berlín era suficiente. Los miles de españoles que luchaban bajo todas sus banderas asistieron con estupor a la renuncia de Yalta. “Primero Hitler”, nos decían. “Después, Franco”. “Nos engañaron”. “Yo estaba y estoy en contra de todas las dictaduras, sean del color que sean”. Hoy, residente en Londres y viudo de una vizcaína, hija de republicanos como él, a Miguel le cabe el orgullo de haber contribuido (con su sangre) a liberar al mundo de un monstruo. También de que la historia comience, poco a poco, a reconocerle su gesta. El investigador francés George Blond escribe sobre el soldado Ramira y sus compañeros: “Muchos oficiales los habían mirado con desconfianza, llamándolos despectivamente ‘los rojos’ y lamentándose de que estuvieran en Noruega. Sin embargo, después destacaron en sus informes que ‘se habían batido como leones’ en las escarpadas sierras de Narvik”. Quinientas lápidas nevadas y grises, perdidas en un pequeño cementerio nórdico, dan fe de que así lo hicieron.
Manuel Mendoza no guarda ningún recuerdo físico de aquellos días. “¿Para qué?”. Insinúa que se desprendió de todos (incluyendo un reloj de pared que logró en el asalto a una mansión vacía y que se empeñó en traer a España) tras la muerte de Franco, por pura precaución o por miedo. De los otros, de los que dan frío, sí conserva unos cuantos. Recuerdos duros como él. Imágenes que, sobre todo de noche, le asaltan la memoria. Por ejemplo: rostros congelados, la tumba de Pitera o la oreja rota del capitán Terry. Y los muertos. “Muchos muertos. De los nuestros. Allí nadie se movía. De eso sí que me acuerdo: allí no se movía nadie”.

Buenos Aires recupera la memoria de las prisioneras del franquismo


http://www.publico.es/internacional/484370/buenos-aires-recupera-la-memoria-de-las-prisioneras-del-franquismo



El Instituto Espacio para la Memoria recuerda a las defensoras de la democracia española cion un recorrido fotográfico por escenas de cárceles de mujeres, documentos penitenciarios, artículos de prensa y cartas históricas

NEREA GONZÁLEZ (EFE) Buenos Aires 23/11/2013 09:50 Actualizado: 23/11/2013 10:10

Presas republicanas en la cárcel madrileña de Ventas.M. Á. M.

Presas republicanas en la cárcel madrileña de Ventas.M. Á. M.

Junto a los defensores de la República durante la Guerra Civil Española (1936-1939), hubo también "defensoras" que murieron por la democracia, se exiliaron o acabaron encarceladas en un fragmento de historia, a veces olvidado, que Buenos Aires rescata desde este sábado en la exposición "Presas de Franco".
La muestra es un recorrido fotográfico por escenas de cárceles de mujeres, documentos penitenciarios, artículos de prensa y cartas del Archivo Histórico del Partido Comunista y de la Fundación de Investigaciones Marxistas -ambos instituciones españolas- cedidos a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, con el auspicio del Instituto Espacio para la Memoria.
"Es una reivindicación histórica de lo que fueron las luchadoras y las presas, de las vivencias, del trabajo esclavo...", explicó a Efe Liliana Belforte, integrante del Espacio para la Memoria.
Miles de kilómetros y varias décadas separan las vidas de estas mujeres Y Argentina, país en el que la lucha por la memoria de los reprimidos durante el franquismo está de plena actualidad al haberse convertido en el primero en admitir una querella por los crímenes cometidos durante aquellos años.
"Es una reivindicación histórica de lo que fueron las luchadoras y las presas""Las presas tuvieron las consecuencias más traumáticas que se puedan sentir cuando se aplica el terrorismo de Estado, las violaciones más elementales de las condiciones de vida", destacó Belforte.
"Tuvieron niños, hubo trabajo esclavo, hubo un ensañamiento que tiene que ver con una concepción fascista que tuvo el régimen de Franco", continuó.
Algunos de esos relatos pueden leerse en una carta expuesta y escrita por Irene Falcón, secretaria de la Unión de Mujeres Españolas, en París en septiembre de 1946.
Dirigida a la Federación Democrática Internacional de Mujeres, en ella se narra la situación de varias militantes que han sido capturadas: encarcelamientos, traslados penitenciarios, torturas con cuchillos y corrientes eléctricas, etc.
"Esta muestra documental dimensiona lo que tuvieron que vivir, por su doble condición de mujeres y militantes", apuntó la colaboradora de la muestra que se puede visitar en el Museo de la Emigración Gallega en la Argentina (MEGA) de Buenos Aires.
"Tuvieron niños, hubo trabajo esclavo, hubo un ensañamiento que tiene que ver con una concepción fascista que tuvo el régimen de Franco"En las fotos, imágenes de penitenciarías de mujeres como la de Barcelona o la de Ventas (Madrid), de reclusas formando en los patios carcelarios y rostros de niños haciendo el saludo fascista durante alguna de las escasas oportunidades en que podían visitar a sus madres presas.
"Cada una de estas fotos remite y forma parte, de una historia que debe ser contada y debe ser divulgada", recalcó la integrante de Espacio por la Memoria.
Tras la Guerra, el discurso de la dictadura no tuvo piedad con las mujeres del bando contrario, como demuestra el artículo "El rencor de las mujeres feas", escrito por José Vicente Puente para el diario Arriba en mayo de 1939.
En él se describe a "las rojas" como "pedantillas de querer y no poder" o "bajas, patizambas sin el gran tesoro de una vida interior".
"Si lo ponemos en contexto, es parte de la producción de sentido del franquismo, a través de los medios de comunicación", apuntó Belforte.
"Cada una de estas fotos remite y forma parte, de una historia que debe ser contada"Y esto le llegaba a cualquier ciudadano español que no tenia la oportunidad de ver, porque desconocía lo que estaba pasando en otras partes del país con las desapariciones, los asesinatos... y sobre todo con la situación de las cárceles", agregó.
Tampoco puede faltar un homenaje a uno de los grandes símbolos de la lucha femenina en defensa de la República: una foto de la placa dedicada a las "Trece rosas" y los expedientes penitenciarios de algunas de ellas recuerdan el sacrificio de este grupo de mujeres fusiladas en 1939.

L'Associació Memòria de Mallorca (MdM) forma part de la comissió d’organitzacions que viatjaran a la República Argentina el proper dia 28 de novembre.

Companyes i companys, 

L'Associació Memòria de Mallorca (MdM) forma part de la comissió d’organitzacions (unes 50 entitats) que viatjaran a la República Argentina el proper dia 28 de novembre. El motiu d'aquest viatge és activar les querelles contra els crims franquistes que instrueix actualment a Buenos Aires la jutgessa María Servini de Cubría. 

Fa prop d'un mes, la jutgessa citada va dictar ordres internacionals de detenció contra coneguts torturadors franquistes. En lloc de ser detinguts immediatament i posats a disposició judicial, com procedeix legalment conforme al Tractat d'Extradició i assistència Judicial en matèria penal, subscrit entre Espanya i Argentina, la Fiscalia de l’Estat va intervenir per a impedir aquestes detencions, donant així continuïtat a la conducta de les autoritats espanyoles de protecció als repressors franquistes.

Fins i tot el Comitè de Drets Humans de l’ONU recentment ha fet públic que Espanya incompleix les seves obligacions en matèria de Desaparicions Forçades, instant el Govern de l'Estat a col•laborar amb la Justícia Universal, concretament amb la causa instruïda a l’Argentina, i a no posar traves ni dilatar-ne el procés.

S'han presentat un total de 170 querelles a tot l'Estat, de les quals 30 són querelles mallorquines. Representam per tant una part important d'aquest procés, i no podem deixar passar l'ocasió de xerrar directament amb la jutgessa que l’instrueix. Enregistrarem tot el procés en vídeo per a l’Arxiu de l’Associació i en un futur servirà per la realització d’un documental. 


Pensam que la lluita contra la impunitat del franquisme no afecta únicament les víctimes directes de la repressió i les seves famílies, sinó i també tota la societat democràtica de la nostra comunitat.

Com bé sabeu, Memòria de Mallorca és una entitat sense afany de lucre, que es manté amb aportacions dels socis i sòcies i amb la tasca voluntària dels i de les que hi treballem. Memòria de Mallorca assumeix les despeses inicials de la causa (viatges i estància), però ens quedarem pràcticament sense recursos per altres projectes que oferim gratuïtament.

Per recuperar part de les despeses volem posar en marxa un conjunt d’iniciatives, concerts, teatre, etc, de les que vos anirem informant. 


També podeu participar amb una aportació voluntària al compte de Memòria de Mallorca a la Caixa de Colonya, al número:
0004 2056 49 4102006399

Gràcies per endavant.
Salut, coratge i resistència!
Associació Memòria de Mallorca