diumenge, 27 de maig del 2018

Sin letrinas ni barracones: presos políticos en el campo de concentración de Torremolinos.


http://www.publico.es/sociedad/memoria-publica-letrinas-barracones-presos-politicos-campo-concentracion-torremolinos.html



Más de 4.000 presos esclavos realizaron la primera terminal de pasajeros del aeropuerto de Málaga en 1939. El expediente de Francisco Navarro Méndez, inédito hasta el momento, revela a 'Público' una prueba irrefutable de la existencia de presos sometidos a trabajos forzados en condiciones inhumanas durante el Franquismo en este espacio.

Imagen histórica del campo de concentración de Torremolinos en el que el régimen franquista hacinó a los presos en un infierno al aire libre.
La feroz represión no solo se vivía silenciada en las cárceles franquistas. Las desconocidas colonias penitenciarias maquilladas bajo campos de concentración hacinaban a miles de presos. Más de cuatro mil de ellos fueron recluidos en condiciones inhumanas en el municipio malagueño de Torremolinos a partir de marzo de 1938.
"Aquello fue un espacio infernal completamente al aire libre". Carlos Blanco es vecino e investigador. Sabe de lo que habla. Ha recogido demasiados testimonios demoledores de aquel lugar que se ubicaría hoy en la Casa de la Cultura, junto al muro sur del campo de fútbol de Pozuelo y muy próximo al Palacio de Congresos y Exposiciones de Torremolinos. "Los vecinos recuerdan la alambrada baja de aproximadamente un metro y medio, pero con alambres de espinos para que no fuera posible saltar, ya que en cada trecho había un soldado dispuesto a disparar", aclara a Público
Los datos registran cómo el Campo de Concentración de Prisioneros y Evadidos de Torremolinos, así reza su sello, llegó a concentrar a 4.494 presos en abril de 1939. Las condiciones de vida eran pésimas y el día a día se convertía en una auténtica tortura. "Por la mañana se formaba a golpe de corneta. Al mediodía recibían como única comida una lata de sardinas y al anochecer se realizaba el recuento". El suelo del campo era durante muchos días un auténtico campo de fango. "El terreno se embarraba, se encharcaba. Miles de presos se mojaban irremediablemente porque no había un lugar donde guarecerse".
Recuerdos como los de Conchi Quintana o Ana María Márquez atestiguan cómo su familia iba a dar de comer a los presos del campo. Ana relata que lo hacían a escondidas y entre los alambres de espino. "Muchas veces, al día siguiente algunos hombres ya no estaban. Nunca se supo más de ellos".

Condiciones infrahumanas de vida al aire libre

Presupuesto del Ministerio de Defensa en 1939 para los presos del campo de Torremolinos.
La agonía era continua en un campo donde el gasto medio por preso era de 1,60 pesetas diarias, sufragado por el Ministerio de Defensa Nacional. Otro momento verdaderamente dramático era cuando algunos de estos presos, procedentes en su mayoría de la provincia de Málaga, aunque había también de otros puntos de España, eran llamados por los altavoces del campo. "Muchos sabían que al día siguiente no iban a volver a verse", aclara Blanco.
Carlos destaca que "tampoco había servicios médicos, de forma que muchas personas murieron de enfermedad y de las lamentables condiciones que allí se daban".
En zanjas abiertas hacían sus necesidades, cubriéndose cuando se llenaban y cavando otras nuevas. Una alberca servía para regar las tierras del cortijo del Moro que había en los alrededores del campo, sin posibilidad de lavarse. Aquel escaparate humano que se vivía a la intemperie era dantesco, vigilado por escuadras de jóvenes falangistas armados. Sólo por la noche, ante la falta de luz eléctrica, se reforzaba la vigilancia.

Ocultación sistemática de la trágica realidad

El desconocimiento casi general en la ciudad de Torremolinos de esta dolorosa realidad es "fruto de la ocultación sistemática de la política represiva de la dictadura" y de sus herederos. Un aspecto agravado por la presencia en el Ayuntamiento como alcalde de uno de aquellos representantes del régimen: Pedro Fernández Montes, Consejero Local del Movimiento en 1971.
Fernández Montes, regidor desde 1995 hasta 2015 por el Partido Popular, ha intentado desmentir a la opinión pública cualquier prueba de aquella historia. "Allí no hubo un campo de internamiento, no de concentración", argumenta. 
Las autoridades locales no han querido dar a conocer cómo la construcción de la primera terminal del aeropuerto de pasajeros de Málaga se llevó a cabo con mano de obra esclava. Tras la reanudación de los vuelos en 1938 y tras alcanzar un cierto grado de estabilidad social y económica, el Ayuntamiento de Málaga planteó una solicitud a la Jefatura de Infraestructura del Aire para iniciar la construcción de la primera estación de viajeros.
En junio de 1939 se aprobaba la compra de terrenos colindantes a la zona que circundaba el aeropuerto. El presupuesto de 169.034 pesetas fue muy elevado para ser plena posguerra, gracias al entonces alcalde Luis Gutiérrez Soto. La elevada cantidad obligaría al uso de mano de obra barata, para lo que se recurrió a los casi 4.000 presos políticos que, en esa fecha, se encontraban hacinados en el campo de concentración de Torremolinos.

Un expediente inédito: el de Francisco Navarro, fusilado

Las dificultades de acceso a la información sobre este recinto no han dejado en el olvido los escasos expedientes que se conservan de presos que pasaron por el campo, como fue el caso de Francisco Navarro Méndez, inédito hasta el momento. El investigador Manuel Llolet revela a Público cómo este expediente, hallado en el Juzgado Togado Militar Territorial número 23 de Almería, con claras referencias al campo de concentración, fue ocultado a la entrada del registro del gobierno local. "Poco querían saber ni conocer de los vecinos que habían estado internos", añade a Público.
Navarro es descrito en su indagatoria como un varón de 38 años, procedente de Alozaina, casado y con dos hijos. El expediente militar detalla sus rasgos personales: tipo alto y delgado, entradas en la frente, pelo rubio y ojos azules. La Justicia Militar lo inculpa por su pertenencia al sindicato de la CNT desde 1931.La sentencia firmada el 20 de septiembre de 1939 afirma que Navarro “participó activamente durante la dominación roja, participando en cuantos hechos y barbarie allí se cometieron”.
En su declaración ante el juez, Francisco Navarro es identificado con "su huella dactilar de su mano derecha por no saber firmar"
Este cenetista sería condenado por un delito de rebelión militar y se le imputa el presunto asesinato de una vecina de ideología derechista, Doña Ana del Río Gómez.
La escasa biografía de Navarro que revela el expediente sí deja entrever cómo al finalizar la guerra se trasladaría hasta Almería para seguir combatiendo en el frente. El juez manifiesta que su intento de salida hacia Extremadura, implantado ya el régimen, hizo que fuera capturado e internado en el campo de concentración de Torremolinos, desconociendo la fecha.
En su declaración ante el juez, Francisco Navarro es identificado con "su huella dactilar de su mano derecha por no saber firmar":
Huellas con las que rubrica Francisco Navarro su declaración ante el juez.
Los últimos papeles dentro del amplio documento muestran un trágico final. Navarro fue fusilado el 8 de noviembre de 1940. Manuel Lloret indaga, entre conjeturas, cómo Francisco Navarro podía haber permanecido en el campo hasta finales de 1939, fecha en la que se decreta el cierre del campo. Luego no se sabe más de su paradero.
La penúltima hoja confirma su enterramiento en el antiguo cementerio de San Rafael de la ciudad de Málaga donde fueron sepultados más de 4.000 cadáveres, de los que se llegaron a exhumar 2.840 cuerpos en el año 2009. El juez municipal que registró su fallecimiento fue Enrique Huelin, como reza el escrito cedido a Público:
Documento que certifica la muerte de Francisco Navarro en 1940.
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El castigo de llamarse Libertad en el franquismo y no renunciar a tu nombre

https://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/precio-llamarse-Libertad-franquismo-renunciar_0_775173407.html

“Me llamo Libertad porque mis padres me lo pusieron. Jamás renuncié a mi nombre, pese a los problemas que me acarreó a lo largo de 40 años de dictadura”. Este es el relato de Libertad González, hija del alcalde socialista de Zafra asesinado en 1939.
Es el testimonio vivo de las otras víctimas del franquismo: las familias de las personas ajusticiadas. Condenadas al ostracismo, despojadas de todas sus pertenencias.
Les arrebataron hasta su nombre. José González Barrero tuvo tres hijos: España, República y Libertad. A ella el régimen la bautizó como Rosario. Así ha estado inscrita en el registro civil hasta 2016, cuando recuperó oficialmente el nombre con el que siempre se identificó. Consiguió que en su DNI pusiera Libertad. 

Represión a las familias

Es la única superviviente de los tres hermanos. A sus 85 años habla de una vida marcada por el golpe que supuso la ejecución de su padre. “Eras represaliado no solo porque mataran a tu ser querido. También mataron la vida que estabas empezando a vivir. Es una historia negra de España, es una pena que se ocultara durante tantos años”. 
Destaca que su padre era un hombre bueno, “al que querían hasta las personas de derechas. Asesinado sólo por ser favorable a la República”.  “Nunca he sentido vergüenza ni miedo de hablar de mi padre. Al contrario, me siento muy orgullosa de ser hija de quien soy. Nunca me acobardé con Franco, ¿cómo iba hacerlo ahora?”.
Un detalle de la portada del libro dedicado a Libertad González
Un detalle de la portada del libro dedicado a Libertad González
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadurapresentó este jueves en la Diputación de Badajoz el libro  "Memoria de libertad", de Cayetano Ibarra.
La memoria, la vida personal y los acontecimientos de su padre conforman el libro dedicado a Libertad, una de las precursoras del movimiento por la recuperación de la memoria histórica en la región. Tras regresar de Madrid y establecerse en Zafra abanderó la lucha por dignificar la figura “de todas aquellas personas que habían luchado por la libertad y la democracia”. “Señores, la República fue la democracia en España, es cuando comenzaron a ser demócratas los españoles”.
“Casi que sigo pensando que no merecía la pena escribir mis memorias, porque yo no dejo de ser una hija más de los malos momentos españoles. Soy una más de la historia negra que hubo en este país”.

La ley del silencio

José González Barrero regentaba el hotel Cabañas del municipio, y la familia tenía una vida cómoda. Con su ejecución se vieron despojados de todo. “Nos quitaron todo: la casa, el negocio, el dinero. Todo intervenido porque mi padre era republicano”.
Su madre se quedó viuda y sin un hogar para darles refugio. Una mujer a la que cierran todas las puertas, que tiene que sacarles adelante con todo en su contra. Y con figuras franquistas empeñadas en que su devenir siguiera siendo negro.
Destaca que la situación era mala para el 90 por ciento de los españoles, “pero la de mi familia fue devastadora. Vivimos bajo unas míseras condiciones”. Recuerda una España gris, con una sociedad que ‘estaba hecha una pena'. “Todo era pecado, la rigidez era el modo de vida. Yo siempre he sido rebelde y he huido de todo aquello que no me gustaba. Se vivía muy mal en todos los sentidos”.
Tras un periodo en Fregenal de la Sierra, en casa de su abuela materna, la familia se desplaza a Madrid, donde siguen estando marcados. Se les niega el acceso a la educación. “Cuando mi madre solicitaba una plaza lo primero que le preguntaban era que dónde residía en el año 36. Al regresar a la escuela, dos días más tarde, ya no había plaza para mí. La historia se repetía de colegio en colegio”.
Es una dinámica que les acompaña siempre. En sus idas y venidas a Extremadura y la capital española. Tras una nueva estancia en Fregenal, Libertad se establece de manera definitiva a Madrid con 17 años. Comenzaba una nueva vida bajo el peso de plomo de la dictadura, en unos años marcados por el silencio y una calma social fingida.
“Había terror y miedo, seguían los fusilamientos. Las cárceles seguían llenas de presos políticos. Las reglas sociales estaban muy claras”. “Yo no estaba adaptada a la época. Mis ideas no se adaptaban en absoluto a toda esa mediocridad. Me traían sin cuidado las repercusiones. Yo vivía a mi aire”.
Se refiere a una juventud española coartada, donde las ansias de rebeldía se topaban de frente con el nacional catolicismo. “Recuerdo que cuando tomaba un aperitivo con mi novio y una cerveza tenía que decir en casa que no había cenado. Estaba muy mal visto que una ‘señorita’ hiciera cosas así".
Imagen actual de Libertad en la presentación del libro en la Diputación de Badajoz
Imagen actual de Libertad en la presentación del libro en la Diputación de Badajoz
Con la búsqueda de trabajo siguieron los problemas. Oficialmente se llamaba Rosario, pero siempre tuvo presente su nombre. No dudaba en rectificar, en dejar claro que era Libertad. Algo que le costó varios quebraderos de cabeza.
Entrados los años 60 logró un trabajo en el hotel Palace de Madrid para hacer facturas de la ropa planchada a los clientes. “Antes de entrar dije mi nombre, Libertad. Me quedé sin trabajo”. La situación se repitió más veces.
Tiene muy claro los motivos: “La guerra no había terminado en el 39 como decían. Es mentira. Continuó con nosotros, arrebatándonos nuestra identidad. No terminó hasta bien pasada la muerte del dictador. Las represalias continuaban y puedo dar buena fe”.
Pasaron los años.  Siempre trabajó como dependienta, en una tienda de discos y de juguetes. También estuvo en un conocido restaurante. “Y así fuimos saliendo del paso, sobreviviendo”. 
La muerte del dictador le pilló en Madrid con su marido. "No te creas que el ambiente fue de alegría, porque cinco días antes de morir firmó sentencias de muerte”. “Las cárceles seguían llenas, el miedo continuaba. Por un lado estaba contenta. Por otro lado tenía un sentimiento de pena. Franco no había muerto como yo hubiera querido: juzgado por sus crímenes". "Deseaba que se sentara en un banquillo ante un juez y fuera castigado por sus crímenes. Murió hecho una pena, pero en su casa... perdón, en la casa de todos los españoles, de la que se adueñó".
Imagen de los trabajos de la fosa común de Arroyo de San Serván
Imagen de los trabajos de la fosa común de Arroyo de San Serván / ARMHEX

Recuperación de la memoria histórica

Cuando regresa a Zafra, en el 2.000, se une al movimiento incipiente que reclamaba verdad y justicia para las víctimas del franquismo. Comenzaron a trabajar "para dignificar a las personas que dieron la vida por la República. La figura de mi padre y la de las casi 200 personas asesinadas en Zafra".
Tiene claro que no se ha hecho justicia. “Todavía no he sacado a mi padre de donde lo tiraron para enterrarlo con mi madre”. “Yo soy una de las privilegiadas, porque en la plaza en la que vivo está el busto de mi padre. Pero eso no paga el mal que nos hicieron. Cuando llegó la democracia no hubo un homenaje a quienes dieron su vida por la democracia en 1936. Continuó el silencio, igual que en la dictadura. Sigo aquí, estoy bien y sigo trabajando para rememorar la figura de las víctimas del franquismo”.
Critica que buena parte del trabajo, que correspondía a las administraciones, ha sido asumido por el movimiento civil. Por las asociaciones. “Mira al gobierno central y su completo silencio. Sin dotar de presupuesto la memoria histórica. Estamos hablando de recuperar el cadáver de nuestros padres, de nuestros hermanos”.
Desecha aquellos argumentos que afirman que hablar de memoria histórica es reabrir heridas. "Le digo yo a todas las personas que hacen esta afirmación. Le digo a Rajoy que las heridas siguen abiertas desde que pasó todo. Sacar los huesos de una cuneta es cerrar las heridas".
"Hasta que no encuentras a tu ser querido, como me pasa a mí, no se cerrarán. ¿Por qué no me ayudan a localizar a mi padre? No sé dónde está. Las heridas siguen sin cerrarse. Yo me voy al otro mundo sin cerrarla".
“Cuando abrieron las fosas del campo de concentración de Castuera la imagen era aterradora. Con cuerpos amontonados, con las manos atadas a la espalda con alambres, unos boca arriba y otros a la inversa. Unidos, unos con otros… Siguen tirados en cunetas. ¿Cuándo vendrá la justicia? Yo ya no la veré. Pero estaría bien”.

'Verdugos impunes', la foto fija de los crímenes del franquismo

https://www.eldiario.es/andalucia/Verdugos-impunes-foto-crimenes-franquismo_0_772723247.html


El franquismo nació de una guerra y acabó matando. Franco construyó un país ‘atado y bien atado’ a la violación sistemática de los derechos humanos. Pero los crímenes y su impunidad no son un problema de ayer, sino “de la democracia”, como dicen los autores del libro Verdugos impunes. Porque el aparato represivo alcanzó los últimos estertores de la dictadura y filtró sangre hasta los primeros pasos de la Transición. Y muchas víctimas "siguen vivas".
La violencia fue una constante del régimen y la obra pone negro sobre blanco los hechos históricos que atestiguan los atentados continuados contra la sociedad española. Entre cejas, siempre, estuvo el movimiento obrero. Y el franquismo lo hizo creando estructuras estatales con finalidad represiva, modificando la legislación vigente y con la colaboración de las fuerzas policiales, clases dirigente y el estamento eclesiástico.
Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos (Editorial Pasado & Presente) es una suerte de memoria pericial que surge de la petición de la Coordinadora de Apoyo a la  Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo (CeAQUA) de cara a la presentación de nuevas querellas contra los delitos del franquismo que siguen impunes.
La “idea central” del proyecto “es que el franquismo fue un régimen que de manera sistémica, estructural, violó los derechos humanos”, explica José Babiano,coautor junto a Gutmaro GómezJavier Tébar y Antonio Míguez. Creando, además, “un catálogo de víctimas y de violaciones muy amplio” que van “desde la tortura o los fusilamientos sin juicio al robo de bebés o violaciones de mujeres como botín de guerra”, añade.
Presentación en Sevilla de 'Verdugos impunes'. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Presentación en Sevilla de 'Verdugos impunes'. | J.M.B.

De la represión militar al TOP

Verdugos impunes hace “un recorrido cronológico de todos esos fenómenos multifacéticos de la represión”, ratifica Tébar a eldiario.es Andalucía durante la presentación del libro en la Fundación Estudios Sindicales y Cooperación de CCOO, donde los autores estuvieron acompañados de la periodista Alicia Almárcegui,del Centro de Estudios Andaluces. 
Por eso, la aportación “abarca desde el inicio de la guerra hasta la finalización del propio régimen, introduciéndose incluso en los años de la Transición”. Un “informe pericial de contexto” sobre una represión dual, de carácter militar y civil a través del Tribunal de Orden Público (TOP). “Contamos una historia del franquismo desde el punto de vista de los derechos humanos”, dice Babiano.
¿Y por qué, pese a los evidentes crímenes contra la humanidad, España permite esos ‘verdugos impunes’? “Porque el Estado no se ha enfrentado a ese pasado, como en otros países, y por eso pervive, no se ha clausurado”, apunta Javier Tébar. “Es un país que todavía no ha afrontado ese tema, no es un problema de la Transición sino de la democracia, de hoy, es un expediente que está abierto, no se trata de revivir nada”, opina José Babiano. La pregunta siguiente es por qué España ignora su propio pasado con la impunidad como “cultura política”, como define Babiano.

Las víctimas “no quieren venganza”

Y en esa lucha contra la impunidad entra la Memoria Histórica. “La gente que se querella no quiere venganza, quiere justicia”, dicen. “Las víctimas buscan verdad, justicia y reparación, que son principios de Naciones Unidas, no es una cosa de locos españoles que quieren remover algo”, aporta José Babiano. Recomendaciones que España desoye de manera reincidente.
'Verdugos impunes'. | JUAN MIGUEL BAQUERO
'Verdugos impunes'. | J.M.B.
La Querella Argentina, por ejemplo, “es un producto de la necesidad, de las peticiones de la sociedad, surge de ahí, no de una querella antigua y esa idea de ‘eso hay que olvidarlo’, no, surge de un problema de hoy”, indica Javier Tébar. Los crímenes y su impunidad no son cosa del pasado. “Hay muchas víctimas vivas, como torturados, bebés robados y sus familias, presos…”, añaden.
De ahí la génesis de Verdugos impunes de la mano de la Coordinadora de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo. “El primer documento de tipo técnico está hecho para adjuntar a la querella y presentarlo en el juzgado”, según Babiano. Los coautores hacen después un ejercicio: “cambiar formalmente el texto para convertirlo en un libro y llegar a un público más amplio que pueda conocer qué fue el franquismo y las violaciones de derechos humanos”.
Contar cómo el “aparato de represión inicial de origen y naturaleza militar” evoluciona, como el propio país, aunque la violencia de Estado “se prolonga durante todo el régimen”. Cómo la “persecución sistemática de grupos sociales, de adversarios políticos y sociales a través de prácticas genocidas” arranca de una particularidad del franquismo: “su propio origen en la guerra”. Y cómo el terror muta atado a un “nacionalcatolicismo reaccionario y represivo” que alcanza un paradigma “en el tratamiento radicalmente patriarcal con las mujeres”.

On cherche Un sculpteur pour Ay Carmela. Buscamos un escultor para Ay Carmela.




L'association Ay Carmela recherche parmi les enfants de réfugiés espagnols, un sculpteur pour réaliser une œuvre en mémoire des travailleurs forcés républicains espagnols de la base sous-marine de Bordeaux.
La asociación Ay Carmela busca entre los niños de refugiados españoles a un escultor para realizar una obra en memòria de los trabajadores forzados republicanos españoles de la base submarina de Burdeos.

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Estefanía Langarita, investigadora “La represión económica franquista sigue oculta”


https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/represion-economica-franquista-sigue-oculta_0_775522593.html


'El reparto del botín. Represión económica en Huesca' es el título de la conferencia que ha impartido en Huesca la historiadora Estefanía Langarita (Zaragoza, 1983), dentro del ciclo 'Huesca, 1938-1978. Guerra, dictadura, democracia. La obligación de conocer (nos)'. Langarita presentaba las conclusiones de 'Pagar las culpas. La represión económica en Aragón', una investigación de Nacho Moreno, Irene Murillo y la propia Langarita, dentro del proyecto del gobierno de Aragón 'Amarga Memoria', coordinado por los profesores de la Universidad de Zaragoza Julián Casanova y Ángela Cenarro. Como resultado de la investigación, se concluyó que 13.422 personas fueron víctimas de la represión económica en Aragón.
¿Cree que se ha restado importancia a la represión económica franquista?
La represión económica practicada por el ejército golpista y la dictadura franquista sigue estando oculta. En los últimos cinco o diez años, sí ha habido bastantes investigaciones, ha habido resultados en Aragón y en otras comunidades y se está avanzando mucho. Pero todavía es un tema desconocido en el debate público. Estoy convencida de que hay personas que desconocen que sus padres o sus abuelos perdieron bienes, tuvieron que pagar multas económicas... Por eso, es necesario seguir difundiendo los resultados.
¿Por qué cree que está oculta, frente a la información sobre las represiones físicas o las cárceles, que sí se ha difundido más?
Porque esa es la represión más descarnada, la que más queda en el imaginario: las muertes físicas, los fusilamientos, los asesinatos... Es comprensible y lógico que, en principio, en los primeros años 80 y 90, la atención se pusiera en los desaparecidos, fusilados... La investigación va avanzando y se va ampliando el foco de análisis porque la dictadura franquista impuso numerosos mecanismos punitivos y represivos: uno de ellos fue, por supuesto, la represión física, pero impuso más. Por ejemplo, hubo una  represión contra las mujeres con características muy específicas. Dentro de la trama punitiva de la represión económica, englobamos las multas, las incautaciones, los trabajos forzados, la purga política de cuerpos de funcionarios, maestros, correos... La represión económica tiene muchas vertientes.
¿Qué importancia tuvo la represión económica en la Guerra Civil y en la dictadura?
Desde el momento en que se produce el golpe de Estado, se producen detenciones, registros, torturas, asesinatos... A la vez que se producen estos asesinatos, sin ningún tipo de sumario, hubo también saqueos y pillajes. Fue desde las primeras jornadas, durante la etapa de terror caliente. Conforme avanza la guerra y los golpistas van ganando posiciones, se van a dotar de un marco normativo, contrario a cualquier garantía jurídica y procesal, por supuesto. En primer lugar, en septiembre del 36 se promulga el decreto 108, que declara fuera de la ley todas las agrupaciones y sindicatos del frente popular y ordena la incautación de todos sus bienes. Después, en enero de 1937, se promulga una ley que crea las comisiones provinciales de incautación de bienes. El colofón es que poco antes de acabar la guerra, en febrero de 1939, se promulga la llamada “Ley de responsabilidades políticas”, que imponía a quienes se habían opuesto al movimiento nacional sanciones económicas, además de otras penas accesorias como la inhabilitación laboral o el destierro. Por tanto, hay todo un recorrido para que los sublevados se amparen en un marco normativo, aunque sea completamente contrario a cualquier garantía y aunque conculque cualquier principio de un Estado de derecho. Fue un instrumento para el expolio institucional de los vencidos.
Además de empobrecer a los vencidos, ¿este expolio pudo ser incluso decisivo para la Guerra Civil y para el mantenimiento del régimen?
La ley de responsabilidades políticas no fue decisiva a nivel recaudatorio. En Aragón, sumando todos los montantes de las multas, se alcanzaron los 20 millones y medio de pesetas, pero sólo se recaudó alrededor del 20% de esa cantidad. ¿Qué quiere decir esto? Investigando los procedimientos judiciales, vemos que las multas recaen sobre todo en el pueblo llano, en sectores populares, en los obreros... muchos apenas tenían bienes, con lo que no podían afrontar una multa. Los efectos no contables de la represión sí son muy duraderos, porque ser procesado por este tribunal de responsabilidades políticas te señalaba como enemigo del régimen. Pensemos en pueblos pequeños con el ambiente opresivo y asfixiante de posguerra. Pues bien, allí, en ese procedimiento, las autoridades locales, es decir, el cura, el alcalde, el jefe local de Falange y la Guardia Civil declaraban sobre tus antecedentes políticos y sociales y también llamaban a declarar a tres vecinos de probada adhesión al régimen. No cuesta imaginar la situación en la que quedaban las personas encausadas por esta ley de responsabilidades políticas: se veían señaladas, estigmatizadas y sometidas a un enjuiciamiento de sus actos y de sus actividades políticas previas: sobre si habían militado en partidos, en sindicatos, incluso en los informes aparecía si no iban a misa... Era un control absoluto. Entiendo que es un arma para la desposesión, pero también sirve para el control social y para el castigo colectivo de los vencidos. Con todo, también fue un instrumento de recaudación: una multa de 150 pesetas es aparentemente pequeña, pero no olvidemos que en esos años podía suponer un mes de jornal para una familia corriente. Además, la voluntad represiva se refleja en que se juzgaba in absentia, con lo que se imponían multas a personas que estaban en el exilio, en prisión, desaparecidas o fusiladas. En esos casos, la pena recaía en sus familiares, con lo que eran las viudas, en muchos casos con hijos menores a su cargo, quienes tenían que hacerse responsables de esa multa y pagarla.
¿Qué pasaba cuando alguien no podía pagar?
Eso también da medida de lo que significó la dictadura. El juez podía ordenar el embargo de los bienes y su venta en pública subasta. Los bienes se subastaban a un precio muy por debajo de su valor real de mercado, a veces a precios irrisorios, y a esas subastas concurrían vecinos leales al franquismo. Por eso, hablamos de reparto del botín. De todas formas, a veces tenemos la imagen de una sociedad en blanco y negro, sobre todo, en la posguerra. Sin embargo, estos expedientes de responsabilidades políticas también son muy interesantes para ver la historia social desde abajo, a ras de suelo, en pequeñas localidades. Permiten comprobar cómo se van reestructurando las relaciones de poder en la posguerra: con el reparto del botín, con recompensas por los servicios prestados durante la guerra... pero también con vecinos que ayudan a las personas represaliadas, dando testimonios favorables, ayudando al pago de las multas... Hay muchos matices, sobre todo en pequeñas localidades. Allí, hubo redes de apoyo, de solidaridad vecinal, dentro de un contexto muy represivo, de libertades completamente cercenadas. En las ciudades, esas redes se diluyen más, prende más el anonimato.
¿Hasta cuándo se llevó a cabo esta represión económica?
Esta ley se promulgó en el año 39, como comentaba, y se mantiene en vigor hasta el 45. Tiene una reforma en el año 42 porque el afán represivo y de castigo era tan grande que pronto esos tribunales de responsabilidad política se vieron completamente desbordados por la avalancha de expedientes. Son los años más duros de la posguerra española.
A partir de entonces, ¿ya no hubo multas?
No, y ya hemos comentado que en Aragón no se llegaron a recaudar las cuantías que se habían impuesto. Ese instrumento ya había quedado, digamos, amortizado. La represión económica ya había cumplido sus objetivos principales.