dijous, 28 de gener del 2021

la liberación de auschwitz: rescatados del infierno nazi.

 https://historia.nationalgeographic.com.es/a/liberacion-auschwitz-rescatados-infierno_16215?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=trafico&utm_term=enlace_modulos



Temas / Segunda Guerra Mundial

EL HOLOCAUSTO

El nombre de Auschwitz representa en la actualidad la barbarie y la depravación máxima en la que puede caer el ser humano. Las imborrables imágenes que salieron a la luz tras la liberación de este campo de exterminio nazi por el Ejército Rojo sólo nos permiten atisbar la superficie de un infierno terrible que los supervivientes no han dejado de pedir que nunca se olvide para que no se repita jamás.



Foto: Cordon Press

Aquel 27 de enero de 1945 fue especialmente frío. Eran casi las tres de la tarde cuando una avanzadilla de la 332º división de infantería del Ejército Rojo se topaba con una enorme verja donde, en lo alto, se podía leer Arbeit Macht Frei (el trabajo os hará libres). Ante ellos se abría el mayor campo de exterminio construido por los nazis en Polonia: Auschwitz. Aquella fecha ha quedado inmortalizada a nivel mundial como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

TARDE PARA MUCHOS

Auschwitz era un gigantesco complejo compuesto por tres campos de prisioneros: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (campo de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (campo de trabajo), además de otros campos satélites. Cuando los soviéticos hicieron su entrada allí, la mayoría de los guardias ya había huido, anticipándose a las consecuencias que traería la llegada del avance del Ejército Rojo después de su victoria meses atrás en el transcurso de la Operación Bagration, que representó la liberación de toda la Unión Soviética ocupada por los nazis y dio paso a la ofensiva de los rusos en Polonia, hasta llegar finalmente a Alemania. "Estuve en Auschwitz. Vi todo con mis propios ojos. Te amo ahora aún más. Por favor, no pierdas la calma: esto no va a volver a pasar, mamá. Nosotros nos vamos a asegurar de ello", escribió Vladimir Brylev, soldado del Ejército Rojo, en un carta a su madre. Cuando los soldados soviéticos entraron en Auschwitz, los recibió un hedor insoportable. Frente a ellos, sólo vieron montones de zapatos, algunas personas en condiciones infrahumanas vagando sin rumbo, cadáveres en el suelo y niños atemorizados en barracones gritando "¡No somos judíos!".

Tomada a finales de junio de 1944 por la unidades de reconocimiento de los Aliados, esta imagen aérea muestra la magnitud de los campos de trabajo, concentración y exterminio del complejo de Auschwitz-Birkenau. A la derecha (el norte) se puede ver el curso del río Vístula.

Foto: Cordon Press

En ese momento quedaban 2.819 prisioneros en Auschwitz. Pero para muchos la liberación llegó tarde. Centenares de presos, demasiado débiles, murieron en sus camas o hacinados en los barracones. Para los soldados fue muy difícil establecer un vínculo de confianza con ellos y hacerles comprender que pertenecían al ejército soviético y estaban allí para liberarles. Ivan Martynushkin, uno de los soldados de la avanzadilla contó: "Al principio había cautela, por nuestra parte y por la de ellos. Pero luego se dieron cuenta de quiénes éramos y empezaron a darnos la bienvenida, a mostrar que sabían que no debían temer, que no éramos guardias ni alemanes".

para saber más

Rudolf Höss, "el animal de Auschwitz"

Rudolf Höss, "el animal de Auschwitz"

Leer artículo



LA INDUSTRIA DE LA MUERTE

Los soldados soviéticos que llegaron al campo aquel 27 de enero de 1945 encontraron 370.000 trajes de hombre, 837.000 vestidos de mujer, 44.000 pares de zapatos y 7,7 toneladas de cabello humano, que, según cálculos de la época, corresponderían a unas 140.000 personas. Se calcula que 1,3 millones de personas fueron enviadas a Auschwitz entre 1940 y 1945, y al menos 1,1 millones fueron asesinadas allí según los datos del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto. Se calcula que durante la guerra, en todos los campos de concentración y de exterminio seis millones de personas fueron asesinadas por los nazis por el mero hecho de ser judías, mientras que once millones más murieron por pertenecer a otras minorías, incluidos civiles y soldados soviéticos y polacos capturados en combate.

Desde su apertura en 1940 hasta su liberación en 1945, se calcula que fueron enviadas a Auschwitz 1,3 millones de personas. Llegaban tras un terrible viaje en tren que podía durar días y que en la mayoría de ocasiones hacían sin agua, comida y soportando gélidas temperaturas.

Foto: Cordon Press

Se calcula que 1,3 millones de personas fueron enviadas a Auschwitz entre 1940 y 1945, y al menos 1,1 millones fueron asesinadas allí.

Primo Levi, el gran pensador judío del Holocausto, que estuvo preso en Auschwitz III-Monowitz, señalaba que Auschwitz representó "la industrialización de la muerte a una escala inimaginable". La vida humana no significaba nada más que un número tatuado sobre el brazo de una persona indefensa que sólo estaba a la espera de ser enviada a la "ducha", donde las víctimas eran rociadas con gas tóxico para, a continuación, ser llevadas a los hornos crematorios y, desde allí, a las fosas comunes. Aquella aniquilación planificada contemplaba asimismo experimentos genéticos y la práctica de la eugenesia (un sistema de perfeccionamiento de la especie humana mediante el criterio racista de selección). El oro de las dentaduras de las víctimas fue fundido para engrosar las reservas del Reich, e incluso las cenizas de los muertos fueron recicladas como fertilizantes.

para saber más



COBERTURA MEDIÁTICA

V. Letnikov, uno de los soldados soviéticos que llegaron al campo días después, lo describió así en una carta enviada a su esposa: "Ayer examinamos un campo de exterminio para 120.000 prisioneros. Postes de dos metros de alto con alambrada electrificada encierran al campo. Además, los alemanes pusieron minas en todos lados. Hay torres de vigilancia con guardias armados y ametralladoras cada 50 metros. No muy lejos de las barracas hay un crematorio. ¿Puedes imaginar cuántas personas deben haber quemado los alemanes ahí? Al lado de este crematorio destruido, hay huesos, huesos y pilas de zapatos que llegan a varios metros de altura. Hay zapatos de niños en la pila. El horror es total, imposible de describir". A pesar de que los soldados soviéticos ya habían sufrido en primera persona de lo que era capaz la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas, y en especial las temidas SS, famosas por sus masacres de civiles en Ucrania y otros territorios, no estaban preparados para lo que tuvieron que ver en Auschwitz.

Así inspeccionaban los soldados rusos en marzo de 1945 las enormes pilas de objetos personales que encontraron en Auschwitz tras su liberación. Muchos de los soldados explicaban que ésta era una de las imágenes que más les había impactado.

Foto: Cordon Press

Al lado de este crematorio destruido, hay huesos, huesos y pilas de zapatos que llegan a varios metros de altura. Hay zapatos de niños en la pila. El horror es total, imposible de describir, escribió un soldado soviético a su esposa.

A pesar de que otros campos ya habían sido desmantelados y parcialmente destruidos por los nazis en su huida, el hecho de encontrar prisioneros vivos en ese terrible estado, cientos de cadáveres apilados y la evidencia de un plan bien organizado de extermino era algo inimaginable y quedó marcado a fuego en las mentes de todos aquellos soldados que no conocían la existencia de esos centros de exterminio. Pero al contrario de la prensa británica y estadounidense, que publicaron rápidamente la noticia de la liberación, en la Unión Soviética este acontecimiento no tuvo la misma cobertura; sólo Pravda, el periódico oficial del Partido Comunista, informó meses después de la liberación del campo, aunque sin mencionar la presencia de judíos.

para saber más




RECORDAR PARA NO REPETIR

Existen muchos testimonios de primera mano que relatan el horror que presenciaron los soldados rusos que liberaron Auschwitz. Por ejemplo, el corresponsal de guerra Konstantin Simonov dijo a sus editores en Moscú que su mente todavía se negaba a creer lo que había visto y les advirtió de que ellos estaban a punto de ver algo "inmenso, aterrador e incomprensible"; asimismo, el coronel Georgy Elisavetsky dijo que al recordar las imágenes del campo, "la sangre se me hiela de sólo pensarlo". Por su parte Anatoly Shapiro, comandante del regimiento 1085°, declaró: "Había visto mucho en esta guerra. Había visto a gente inocente morir, gente colgada, incluidos niños, gente quemada, pero no estaba preparado para lo que vi en Auschwitz". Vassily Petrenko, general del ejército soviético, escribió: "Yo, que había visto gente morir a diario, quedé estupefacto ante el odio indescriptible de los nazis hacia los prisioneros, que se habían convertido en esqueletos. Había leído sobre el tratamiento de los nazis para con los judíos en varios folletos, pero no había nada allí sobre el tratamiento que tenían con las mujeres, los niños y los ancianos. Fue en Auschwitz donde me enteré del destino que habían sufrido los judíos".

La imagen sobre estas líneas muestra la puerta de acceso a uno de los hospitales improvisados por el Ejército Rojo tras descubrir la inesperada necesidad de ayuda de los presos que encontraron con vida en enero de 1945.

Foto: Cordon Press

Había visto mucho en esta guerra. Había visto a gente inocente morir, gente colgada, incluidos niños, gente quemada, pero no estaba preparado para Auschwitz, dijo Anatoly Shapiro, comandante del regimiento 1085°.

A pesar de que liberar Auschwitz en principio no se encontraba entre los objetivos del Ejército Rojo, la liberación del campo se produjo cuando los rusos avanzaban en persecución del ejército alemán. Rápidamente se prestó atención médica a aquellos que la necesitaban y se construyó, con ayuda de la Cruz Roja polaca, un hospital de campaña para tratar a los prisioneros más graves, según explica Dan Stone, catedrático de Historia Moderna y Director del Instituto de Investigación del Holocausto en Royal Holloway, en su libro The Liberation of the Camps: The end of the Holocaust and its Aftermath (La liberación de los campos: el fin del Holocausto y sus secuelas). Los primeros meses, mientras se combatía muy cerca de allí y los suministros escaseaban, fueron muy duros. Muchos de los enfermos, especialmente aquellos que padecían tuberculosis y otras enfermedades graves, perdieron la vida.

Poco antes de la rendición de Alemania, y con la llegada de la primavera, la situación se estabilizó y la mayoría de los supervivientes fueron trasladados a barracones para que pudieran recuperarse. De hecho, más allá de la falta de cobertura mediática ofrecida por la Unión Soviética, el Ejército Rojo se aseguró de registrar con el máximo detalle posible la magnitud de la barbarie nazi. Por eso, gran parte de lo que hoy sabemos sobre el horror de lo sucedido en Auschwitz es gracias a este ingente trabajo de documentación.

dimecres, 27 de gener del 2021

El historiador Francisco Espinosa reúne 60 expedientes militares que detallan el terror impuesto en Extremadura durante la Guerra Civil.

https://elpais.com/cultura/2021-01-26/la-represion-franquista-en-badajoz-a-ras-de-suelo.html?event_log=oklogin&o=CABEP&prod=REG 


La represión franquista en Badajoz, a ras de suelo


Entrega de una bandera nacional en un acto de Falange de Badajoz, durante la Guerra Civil.
Entrega de una bandera nacional en un acto de Falange de Badajoz, durante la Guerra Civil.

Lejos de los personajes históricos, las grandes batallas o los importantes desplazamientos de tropas durante la Guerra Civil, el historiador Francisco Espinosa ha querido mostrar “la historia a ras de suelo, el día a día”, dice por teléfono. Lo que le sucedió a la gente anónima de la provincia de Badajoz —en la que él nació— durante los primeros meses de la contienda, cuando, tras la ocupación de las tropas franquistas, se desató la represión contra todo el que fuera sospechoso de rojo. Espinosa ha reunido en Por la sagrada causa nacional (Crítica) 60 casos del millar de expedientes, cada uno de al menos 80 páginas, que empezó a consultar hace más de veinte años en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla. “Es una documentación que ofrece una dimensión de la guerra que no se ha abordado”, añade. Con ese material ha publicado un libro sobre pequeñas historias en una veintena de localidades, que no por ello dejan de ser terribles, contienen asesinatos, robos y abusos sobre los que muestra cómo habitualmente se hizo la vista gorda “en juicios pantomimas”.

Espinosa señala que en un primer momento de la lucha se aplicaron en la provincia pacense “los bandos de guerra, que permitían todo, incluso la eliminación de la gente, una represión brutal que fue común para la España occidental, las zonas que cayeron en los primeros meses”. El estudio de Espinosa ofrece como novedad que saca a la luz “nombres tanto de los vencidos como de los que formaron parte del aparato represivo”. Entre los primeros, Facunda Gaspar, viuda del zapatero de 60 años Casimiro Madera, al que se llevaron de su casa “junto con otros detenidos, golpeándolos con las culatas de los fusiles”. En el expediente, iniciado tras presentar Gaspar la denuncia, se aporta un informe médico, su propia declaración, las de testigos para elaborar un relato, con la frialdad del lenguaje procesal, que concluye que a Madera le dispararon en la cabeza, en San Vicente de Alcántara, el 27 de julio de 1936. Un año después se sobreseyó la causa porque se consideraba que la muerte era fruto de un combate.

Investigador de la Segunda República y la represión tras el golpe militar, Espinosa (Villafranca de los Barros, 66 años) conoce el terreno, ha publicado, entre otras obras, La justicia de Queipo (2000), La columna de la muerte (2003), sobre el avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz, y La primavera del Frente Popular (2007). Según sus cálculos y los de otros estudios que ha consultado, las víctimas mortales “que eran de derechas sumaron unas 1.500” en los primeros compases de la guerra, mientras que “por la represión de los sublevados y los grupos que tomaron el poder, hasta 1944, las de izquierdas llegaron a 13.000”. Además, fue coordinador científico del proyecto Todos los Nombres, una gran base de datos en Internet, promovida por la CGT, de represaliados en Andalucía, Extremadura y Norte de África. Esta base tiene como fin recuperar el recuerdo de “cientos de familias que desconocen la suerte de sus seres queridos” y utilizan su web para “preguntar sobre paraderos o circunstancias concretas que conciernen a personas con nombre y apellidos”.

Documentos destruidos

En estos últimos hechos tuvieron un papel protagonista, por un lado, “la Legión, los Regulares y los soldados marroquíes, porque iban en cabeza de las tropas y una vez tomado un pueblo se les dejaba unas horas para hacer lo que quisieran, matar y robar”. Después, los militares delegaban el orden en la Guardia Civil, las derechas del pueblo y las milicias falangistas, “que fueron el brazo ejecutor del propio Ejército”. El historiador afirma que en Falange se permitió, con este fin, el ingreso en sus filas de “numerosos ladrones, asesinos y delincuentes comunes”. Con el tiempo, paradójicamente, se convirtieron en un remedo de chivo expiatorio por parte del régimen: “Con la derrota de Alemania e Italia en la guerra mundial, se redujo su poder. Muchos se quitaron la camisa azul y las oligarquías prefirieron culpar a Falange de los desmanes porque ya no se veía a falangistas”. Una responsabilidad diluida, aunque el historiador entresaca algunos personajes siniestros, como Manuel Gómez Cantos, capitán de la Guardia Civil, nombrado delegado de Orden Público en Badajoz, o el nazi Ernest Moerl, instructor de milicias de Falange, un tipo violento y bebedor, que se dedicaba a recaudar dinero para la causa.

En cualquier caso, las nuevas autoridades judiciales “blindaban a estas personas por muy mal que hubieran actuado” debido a sus acciones de guerra en el bando franquista. Una cuestión que aún hoy es difícil de investigar para los historiadores por un hecho que apunta Espinosa: “En 1977, durante la Transición, siendo Rodolfo Martín Villa ministro de la Gobernación, ordenó la destrucción de los archivos provinciales del Movimiento”.

Tras los primeros meses de “gran matanza”, hasta finales del 36, buena parte de la provincia de Badajoz “quedó ya en una situación de posguerra, se ocupa el poder y se forma la base sobre la que se construye la autoridad franquista”. Además, ayudaron factores que llevaron al bando de Franco “a dar un barniz a la represión de cara al exterior a partir de 1937”. Mantener los apoyos de Alemania, Italia y Portugal, por un lado, y por otro informes propios que advirtieron de que “había que usar a los prisioneros y presos de forma útil, porque el nuevo régimen podía quedarse sin mano de obra, y las prisiones estaban atiborradas”. Se creó entonces “una maquinaria judicial, con consejos de guerra sumarísimos que, aunque a un ritmo menor, siguió matando a gente que había tenido un papel notorio en la República”. Una situación de horror que solo se atenuó con la derrota de los fascismos.

[Recuerdo y Dignidad] Nueva información sobre los sorianos deportados a campos de concentración nazis.

 Desde hoy, día de las víctimas del Holocausto, es visible en la web de Recuerdo y Dignidad:

El IES Antonio Machado se convertirá en custodio de la memoria del deportado Emilio Serrano en un acto que sepodrá ver online hoy a las 12.05 en el siguiente enlace:
La colocación de las 22 stolpersteine, un ciclo de conferencias y diversos actos se darán, en función de las condiciones, a lo largo de este 2021
Nota de prensa:
Texto de la nota:
Hoy miércoles 27 de enero de 2019 se cumplen 76 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz a manos del ejército ruso. Ese día se fijó en 2005 por la Asamblea de Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Coincidiendo con tal efeméride, en el año en el que se cumplen 82 del exilio de más de medio millón de españoles a causa de la victoria de las fuerzas del fascismo europeas en España, la Asociación Recuerdo y Dignidad publica en su página web un segundo estudio sobre los sorianos deportados a campos de concentración y exterminio nazis.
La investigación está disponible en el siguiente enlace:
En este segundo artículo se amplía información obtenida de los distintos archivos nacionales e internacionales que a los que ha ido teniendo acceso la Asociación Recuerdo y Dignidad. Ya se trabaja en un tercero que incluirá las historias más personales de los deportados y la tradución de las fichas de los campos de concentración.
Esta mañana, a las 12:05, también el IES Antonio Machado de la capital soriana realizará un acto de Memoria convirtiéndose en custodio de la historia de Emilio Serrano Giménez, que podrá seguirse desde el siguiente enlace:
La ceremonia consistirá en la entrega de un diploma en el que el Instituto de Educación Secundaria de la capital soriana se compromete a conservar la memoria de este agredeño que cursó sus estudios en dicho centro y conservar y mantener su stolperstein. El resto de stolpersteine y la memoria de los otros 21 deportados serán conservadas por otros tantos estudiantes.
Es el tercer año que la ASRD y el IES Antonio Machado colaboran de manera activa. Por el Salón Rojo del centro han pasado los nietos de Francisco Romero Carrasco junto a Gervasio Sánchez y Conchi Cejudo en la grabación del programa Vidas Enterradas de la cadena SER y Nicolás Sánchez Albornoz dentro de la XIII Semana de la Memoria Histórica y de los Derechos >Humanos Giulia Tamayo. La Asociación soriana se brinda a colaborar con otros institutos de la provincia, pudiendo realizar conferencias, exposiciones…
A lo largo de 2021 se colocarán en la plaza del Vergel de la capital las 22 losetas de la memoria dedicadas a los deportados sorianos.
Así mismo se llevará a cabo un ciclo de conferencias sobre esta temática
La asociación memorialista soriana está tratando de localizar a las familias de los sorianos deportados para hacer un reconocimiento y acto de memoria en recuerdo de las víctimas de los campos de exterminio nazis.
El proyecto stolpersteine forma parte del convenio Soria Ciudad con Memoria, suscrito en agosto del pasado 2020 entre la Asociación Recuerdo y Dignidad y el Ayuntamiento de Soria.
Desde el inicio de la Guerra Civil, más de 400.000 españoles cruzaron la frontera francesa huyendo del fascismo. Entre ellos estaban 22 sorianos. Naturales de varios lugares de la provincia y con situaciones familiares diversas. Sus edades comprendían desde los 19 a los 51 años. Huyeron del horror buscando la libertad y encontraron, para su sorpresa, una situación de tremendo desorden en el país vecino. Una vez en Francia fueron amontonados en campos de refugiados y su única alternativa fue la incorporación a las CTE dependientes del ejército.
Tras la ocupación alemana de Francia (1940) muchos españoles de las CTE habían sido emplazados en zonas fronterizas, por lo que muchos no pudieron hacer frente al avance alemán, encontrando la muerte o la reclusión en stalags, y de ahí a los campos de concentración y exterminio.
En total, y tal y como dábamos a conocer hace dos años, se sabe que 22 sorianos que sufrieron el horror nazi de los KZ. En un principio se contabilizaban 23, pero un error histórico atribuía a Ernesto Susagna a Almenar de Soria, cuando en realidad nació en Almenar, provincia de Lleida.
Los sorianos llegaron a los campos de concentración por los tres principales “caminos”:
-Españoles de las Compañías de Trabajadores Españoles del Ejército Francés, que eran enviados a campos de prisioneros de guerra y luego al campo de Mauthausen.
-El tristemente famoso Convoy 927 en agosto 1940
-Y la deportación política de 1944
La media de edad de los sorianos capturados por los nazis era de 31 años. Fueron encerrados en un total de 9 campos de concentración. La mayor parte en Mauthausen. Por allí pasaron un total de 16. De ellos 10 murieron en Gusen, uno en el propio Mauthausen y 4 soportarían las durezas del campo hasta ser liberado el 5 de mayo de 1945 por las tropas de Estados Unidos.
En total 12 sorianos fueron asesinados en los KZ nazis., 7 fueron liberados y de 3 solo consta su desaparición pero las fuentes consultadas principalmente en Alemania, nos llevan a pensar que fueron asesinados.
En cuanto al soriano a cuya familia busca el ITS (International Tracing Service, Servicio Internacional de Rastreo) para devolverle los efectos personales custodiados en el campo de Neuengamme, como publicamos en 2019, se llama Vicente Borjabad Tarancón, si no Vicente Borjabad Alguacil. Este vecino de Matamala de Almazán ha resultado ser una caja de sorpresas, perteneciendo a la resistencia contra los nazis en Francia. En próximas fechas se publicará un artículo especial sobre Vicente. También tiene su artículo el agredeño Emilio Serrano, escrito por el profesor del IES Antonio Machado Javier Martínez Romera.
Diecisiete sorianos fueron deportados al campo de concentración de Mauthausen: Balbino Rincón Peñalba (Torremocha de Ayllón), Virginio Martínez Montes (Magaña), Rufino Martínez Aylagas (Cubo de la Sierra), Emilio Serrano Giménez (Ágreda), Emeterio Vesperinas Íñigo (Morales), Alberto Martínez Manso (Burgo de Osma), Santiago Romero Llorente (Burgo de Osma), Ciro Redondo Gómez (Taniñe), Miguel Martínez Fraile (Arcos de Jalón), Jacinto Miguel Mostajo (Medinaceli), Víctor Martínez Crespo (Rebollar), Paulino Sáez Aguilera (San Esteban de Gormaz), Mariano Pastor García (Soria), Damián Gañán Rejas (Fuentecambrón), Antonio Rodrigalvarez Jodra (Utrilla), Julio Tomás Ortiz (San Esteban de Gormaz) y Domingo Riaguas Alonso (Alcozar).
Muchos de ellos pudieron coincidir en el convoy que les llevó al campo en condiciones de hacinamiento e insalubridad. De los diecisiete, cuatro de ellos lograron ser liberados por las tropas estadounidenses. Once de ellos fueron trasladados al subcampo de Gusen, de los cuales 10 fueron asesinados allí. Otro fue trasladado al campo de Dachau y Alberto Martínez Manso fue asesinado en el mismo Mauthausen a los cuatro meses de su reclusión. Por último, Antonio Rodrigalvarez fue asesinado en la cámara de gas del castillo de Hartheim, cercano a Gusen.
Dachau fue otro de los campos en los que hubo deportados sorianos: Emilio Serrano Giménez y Cándido Cabrerizo Alonso (Alcozar). Del primero desconocemos su final, el segundo consiguió ver la liberación del campo de Kempten.
Algunos de estos sorianos también participaron en la Resistencia francesa a la ocupación nazi, como fue el caso de Vicente Borjabad Alguacil (Matute de Almazán), quién fue deportado a Neuengamme y a Sandbotel, de donde fue liberado. En Neuengamme también fue preso Martín Tello Isla (Ólvega), pero no coincidirían en el campo porque Martín fue trasladado a Sachsenhausen
Agustín García Ostriz (Matalebreras) fue deportado a Buchenwald, quién llegaría al campo junto a otros 232 españoles. En el convoy que lo trasladó desde Compiegne coincidió con Agustín Gimeno Escalada (Soria), quien tras estar recluido un mes en Buchenwald fue deportado al campo de Flossenburg y de ahí a Janowitz, donde era el único español.

dimarts, 26 de gener del 2021

La asociación Feministas de Pueblo recuerda a las mujeres represaliadas por el franquismo.

 https://elsemanaldelamancha.com/art/36775/la-asociacion-feministas-de-pueblo-recuerda-a-las-mujeres-represaliadas-por-el-franquismo


Lunes, 25 de Enero de 2021

Con la colaboración de la experta Mª Dolores Martín-Consuegra Martín-Fontecha, doctora en Antropología


Para participar en la reunión virtual prevista el jueves, hay que solicitar inscripción en el mail clm@feministasdepueblo.org

La asociación Feministas de Pueblo está dedicando el mes de enero a recordar a las mujeres represaliadas por la dictadura franquista, mujeres que fueron degradadas y humilladas por sus ideas, y cuya memoria todavía hoy no recibe la atención que debiera, dadas las dimensiones y la gravedad de los hechos sufridos.

 

Con la intención de contribuir a reducir el olvido en el que yacen sepultadas, la asociación Feministas de Pueblo ha contado con la colaboración de una experta en la investigación sobre la represión de las mujeres durante el franquismo, la doctora en antropología Mª Dolores Martín-Consuegra Martín-Fontecha. Su participación en las actividades de la Asociación es doble: ha escrito, por un lado, el artículo que a continuación se reproduce, titulado “Memorias sobre la feminización de la represión franquista en Castilla-La Mancha”, y, por otro lado, va a intervenir como invitada principal en el conversatorio que tendrá lugar el próximo jueves, 28 de enero, a propósito del corto Levántate el mandil y del documental Prohibido recordar. Cualquiera puede participar en la reunión virtual si solicita su inscripción a través del correo electrónico clm@feministasdepueblo.org

 

 

MEMORIAS SOBRE LA FEMINIZACIÓN DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN CASTILLA-LA MANCHA

 

¿Cuántas veces nos hemos planteado qué tipo de vida tuvieron nuestras abuelas y abuelos? ¿A cuántos de nosotros nos han interesado realmente los relatos biográficos que nos fueron transmitidos? ¿Es la memoria un hecho puramente individual o biológico, o se encuentra mediada por las condiciones históricas y culturales que nos rodean? Estas preguntas son necesarias si queremos conocer la realidad vivida por nuestras antecesoras y antecesores, porque para hablar de la feminización de la represión franquista, es preciso hablar de memoria y desmemoria, de víctimas y verdugos, de vergüenza y de honor, pero sobre todo, es preciso hacerlo de  silencios. De sus silencios y también de los nuestros.

 

Hace tan sólo tres años y medio desconocía que en Herencia, mi pueblo, y por extensión en todo el territorio español y en parte del europeo de la posguerra, muchas mujeres fueron rapadas y   obligadas a tomar aceite de ricino. La finalidad, no era otra que incrementar la humillación pública de los vencidos, utilizando para ello el cuerpo de las mujeres de su familia. En Herencia, durante casi una década, se violó y se rapó a un número indeterminado de mujeres, dejándoles únicamente un minúsculo mechón de pelo recogido con una cinta roja. Con un cartel colgado del cuello, todos aquellos, que por entonces sabían hacerlo, pudieron leer: “peladas por putas”. Desfilaban defecando por el efecto del aceite de ricino, detrás de la banda de música y delante de sus vecinos. De vez en cuando, una voz las interpelaba: ¿por qué vais rapadas?; a lo que ellas debían responder: por putas. Los hombres, las mujeres y también algunos niños y niñas, las insultaban y les tiraban piedras. Muchos de ellos lo hicieron como lo hiciera en el film de José Luis Cuerda: La lengua de las mariposas, aquél pequeño alumno que le lanzaba piedras a su querido maestro recién detenido. Lo hicieron por miedo a ser ellos mismos también represaliados.

 

Si bien a mediados de la década de los 50, estas humillaciones públicas pasaron a ser simplemente un vestigio, en parte debido a la resolución que incorporaba a España al sistema de las Naciones Unidas, continuaron las violaciones y también la prostitución forzada para sortear el hambre, y más concretamente, para sortear la muerte por hambre. Una forma habitual de morir, que se prolongó hasta la firma de los Acuerdos de Defensa Militar con los Estados Unidos y con la puesta en marcha del denominado Plan Marshall. Un hambre, hay que recordar, irregularmente distribuida, al afectar mayoritariamente a las familias de los vencidos y a las personas más pobres del pueblo. Al final de la década de los 50 y comienzos de la de los 60, el hambre seguía dando lugar a la prostitución forzada y las violaciones no dejaron de producirse.

 

Debajo de la alfombra de la historia, se encontraban ocultos unos acontecimientos que yo desconocía, pero que me habían determinado psíquicamente sin yo saberlo. La misoginia en la que crecí y el blanco y negro de la atmósfera social en la que me crie, fueron fruto también de estos crímenes. Unos crímenes cuyo rastro fue deliberadamente borrado de la historia local. Parecía que ellas nunca hubieran existido, que no hubieran nacido en el pueblo. Era como si “aquello" no hubiera sucedido nunca. Estas torturas, diseñadas específicamente contra las mujeres, pretendieron y lo consiguieron, castigarlas por su condición política, pero sobre todo, humillarlas también por su condición femenina. Todas ellas se vieron obligadas a guardar silencio en relación a las agresiones que sufrieron. A ello contribuyó, en parte, que los crímenes sexuales tuvieran implicaciones en el honor de la familia, uno de los motivos por el que se protegió a los criminales, mientras que a ellas se les usurpó la condición de víctimas. Otros están relacionados con los mecanismos represores de la dictadura y con sus secuelas posteriores en relación con la memoria de las víctimas. Unas víctimas que se vieron obligadas a convivir con el dolor, sin que nadie las reparara o las dignificara. Para que se comprenda mejor lo que afirmo, es preciso volver la mirada a la plaza del pueblo; a la de cualquiera que se quiera imaginar, y después de sentarse en uno de sus bancos, pensar que esto pudo haberle sucedido a alguna de nuestras bisabuelas, abuelas, y quién sabe si también a nuestra propia madre; porque esto pasó. Y pasó durante más de una década en el pueblo de Herencia, en Alcázar de San Juan, en Camuñas, en Campo de Criptana, en Alhambra, en Villafranca de los Caballeros, en Puerto Lápice, en Arenas de San Juan, en Madridejos, en Consuegra, en La Solana, en Lillo, en La Guardia, en Tembleque, y en muchos otros pueblos de la geografía española.

 

En las entrevistas realizadas he podido comprobar, que este sufrimiento silenciado provocó en las víctimas un intenso impacto emocional que dificultó la elaboración del dolor psíquico. Dificultades que se han manifestado de diferente forma a lo largo de sus vidas. Estos secretos y fantasmas familiares, sí tienen que ver con todos nosotros. En realidad afectan a toda la sociedad. Estas experiencias traumáticas, imposibles de metabolizar al no poder ser transformadas en dolor hablado y reconocido, se consolidaron en heridas crónicas que dieron lugar a enfermedades físicas y psicológicas, expresadas principalmente en forma de ansiedad y depresión. Estas palabras que no pudieron ser dichas y estas lágrimas furtivas de nuestras antecesoras, afectaron a la historia familiar de varias generaciones, haciendo que los descendientes, que la sociedad entera, nos hayamos visto obligados a cargar con una historia de dolor que nos ha influido y determinado psíquicamente (Valverde Cl, 2014). Efectivamente, este grito silenciado de nuestras antecesoras está influyendo en la salud mental intrafamiliar de varias generaciones, porque al producirse una cronificación del shock post-traumático, se ha producido a su vez, una transmisión transgeneracional del trauma.

 

Después de haberlas escuchado, decidí dejar las líneas de investigación por las que estaba transitando en ese momento y dedicarme, inicialmente con la financiación del Instituto de la Mujer, a recuperar sus memorias. Lo hice porque no podía convertirme en cómplice añadiendo más silencio al silencio. Por ello fue que las escuché, recogí su palabra y la difundí. El resultado ha sido el corto: Levántate el mándil y el documental: Sacar a la luz. Memoria de las rapadas. Con independencia de los proyectos audiovisuales, se han dado conferencias sobre el tema en el Centro de Estudios Humanos y Sociales del CSIC, y en numerosas universidades de la geografía española; además, se han impartido cursos y establecido redes de colaboración, tanto con universidades nacionales, como internacionales. Nunca es tarde para escuchar sus memorias.

 

Mª Dolores Martín-Consuegra Martín Fontecha (Doctora en antropología y socia de Feministas de Pueblo)

diumenge, 24 de gener del 2021

Historia, memoria, esperanza. Ángel Viñas.

 https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2021/01/23/historia_memoria_esperanza_115310_1042.html


  • No cabe desarrollar una memoria democrática si no se recupera la historia y el recuerdo que la dictadura distorsionó u ocultó
  • Franco fue una rémora para España y presidió una represión sistémica que llevó a las fosas, a la prisión, a la desesperanza o al exilio a lo más granado de varias generaciones

  • Este artículo está publicado en el número de enero de tintaLibre, a la venta en quioscos. Puedes suscribirte a la revista en papel aquí o leer online todos sus contenidos aquí

Publicada el 24/01/2021 a las 06:00
Parcela en Villafranco del Guadalquivir (Sevilla), donada como regalo a Franco en 1956.

Parcela en Villafranco del Guadalquivir (Sevilla), donada como regalo a Franco en 1956. 

EFE

Empieza el año con la posibilidad de acorralar la pandemia y comenzar la obra de reconstrucción material, moral y política que este país necesita desesperadamente. Material, porque la economía y el empleo han sufrido un bajón tan fortísimo que ha acogotado cuando no hundido a los más débiles, que son la mayoría. Moral, porque ha destrozado esperanzas individuales y colectivas, así como proyectos para sacar a España del atolladero al que la ha conducido la descarnada lucha por el poder. Política, porque con unos nuevos Presupuestos adaptados a la realidad presente cabe pensar que amaine, quizás, el reciente pasado de antropofagia. En esta legislatura no cortocircuitada va a debatirse el proyecto de Ley de Memoria Democrática. Como mero historiador de archivo, desearía confiar en que no se repitiese la escandalera de 2004-2007.

Se atribuye a Winston Churchill el bon mot de que los países balcánicos generaban más historia que la que podían consumir. ¿Es tal noción aplicable al extremo occidental europeo? Hemos vuelto a darnos trastazos con nuestra historia, su interpretación y la reflexión ética y moral sobre el período 1936-1975. Recientemente se ha conocido un chat privado en el que algunos militares jubilados y cargados de condecoraciones se lamentaron acerca de la imposibilidad de fusilar a la mitad de la población española. Más sangrientos aun que sus equivalentes de 1935-1936. 

Desde 1975 multitud de historiadores españoles y extranjeros, desde los que acaban de hacer sus másteres a los que ya estamos al final de carrera, hemos tratado de esclarecer las circunstancias que condujeron a la República, la Guerra Civil y la dictadura. Por muy diversos que sean sus puntos de vista científicos, culturales o ideológicos, no son demasiados los que hayan creído que la secuencia obedeció a un castigo de la providencia porque nuestros antecesores (o una parte de ellos, según diferentes cosmovisiones) fueron intrínsecamente perversos o idiotas. También se ha aludido a otras circunstancias, más acordes con una época como la de nuestros días que no alienta tentaciones escatológicas. Lamentablemente, los archivos en donde quedan las huellas del quehacer pasado han tardado mucho, demasiado, en abrirse. Afortunadamente, poco a poco han ido haciéndolo (no, que yo sepa, durante el mandato de don Mariano Rajoy). 

Hoy sabemos que fue mentira mucho de lo que se contó durante la dictadura (y cuyas derivaciones parece que memorizaron numerosos cuadros de mando, ya jubilados, en las FAS, Fuerzas Armadas Españolas, y en la FNFF, Fundación Nacional Francisco Franco). Por ejemplo: en la primera mitad de los años treinta España no se encaminaba hacia una dictadura comunista. Tampoco en la Guerra Civil hubo el menor peligro de que se alineara con la URSS. Quienes todavía lo creen (incluso algunos distinguidos historiadores extranjeros que, por pudor, no identificaré) no han puesto jamás sus impolutas manos en los archivos relevantes. 

Represión sistémica

Franco no fue el superhombre que salvó a España de caer en el abismo de la revolución. Ni el titán que la sacó del hambre y de la postración económica, social y moral en que se hallaba a finales de los cincuenta. Fue, por el contrario, la rémora que impidió que España ocupara el lugar que le correspondía junto con vencedores y vencidos de la previa contienda global. Y fue también quien presidió una represión sistémica que llevó a las fosas, a la prisión, a la desesperanza o al exilio a lo más granado de varias generaciones. 

Si la tediosa búsqueda en archivos permite llegar a tales conclusiones, ¿por qué no abrirlos del todo? ¿Por qué no enfrentarnos de una vez con un pasado nada rutilante y sí tenebroso? ¿O es que vamos a tomar como palabras de Evangelio los exabruptos de Vox, de algunos ilustres miembros del PP y de la FNFF, o los artículos con los que nos deleitan periódicos y publicaciones digitales en las que pululan nombres de quienes apenas se conoce el menor trabajo historiográfico serio?

¿Y qué decir de la educación de las jóvenes generaciones? En otros países de la Europa occidental, que han pasado incluso por etapas más duras que España, los chicos y chicas hoy ciudadanos votan en elecciones a las derechas, al centro o a las izquierdas. No se han visto ni se ven expuestos respecto a Hitler, Mussolini, Pétain, Mussert, Degrelle, Quisling, Salazar, etc., al tipo de fervor que entre nosotros sigue despertando en ciertos sectores Franco, “el sublime”.

¿Por qué no recuperar, en cambio, algo de lo que sí deberíamos sentirnos orgullosos y que ya comparten otros europeos? ¿Quiénes lucharon contra el fascismo y sostuvieron el combate ante la indolencia de las democracias? No lo hicieron los austríacos. Tampoco los checoslovacos. Sí lo hicieron los chinos, los etíopes y los españoles republicanos. 

No cabe desarrollar una memoria democrática si no se recupera la historia y el recuerdo que la dictadura distorsionó u ocultó. Y menos aun si continúan dejándose en el olvido a las víctimas de una represión inmisericorde planeada con argumentos espurios y falaces desde antes del 18 de julio. Hay, con todo, motivos para la esperanza: el reentierro de Franco, la recuperación del pazo de Meirás, el reciente homenaje a Manuel Azaña, las leyes memoriales de varias Comunidades Autónomas.

Queda otro tramo difícil. Estemos atentos a los debates que suscitará el proyecto de Ley de Memoria Democrática. En ellos se retratará imborrablemente para la historia la clase política e intelectual española de hoy. También, por supuesto, lo harán aquellos medios que mantienen actitudes de combate defendiendo las supuestas glorias de quienes sostuvieron la dictadura. Todos se verán abocados a buscar argumentos no fascistoides. Veremos los que exhiban el PP, Ciudadanos, Vox y sus influencers en las redes sociales. Los examinarán con lupa, impertérritos, los historiadores y analistas futuros. En paralelo, ¿se abordará por fin la eliminación de la Ley de Secretos Oficiales de 1968 y su sustitución por otra acorde con las necesidades del sistema democrático? ¿Dónde está escrito que para construir el porvenir haya que seguir teniendo un miedo cerval a abordar el pasado? ¿Acaso no es cierta la evangélica afirmación de que la verdad nos hace libres?

*Angel Viñas (Madrid, 1941) es economista, diplomático e historiador especialista en el franquismo y la República española. Su última obra publicada es ‘¿Quién quiso la guerra civil?’ (Crítica, 2019).

*Este artículo está publicado en el número de enero de tintaLibre, a la venta en quioscos. Puedes suscribirte a la revista en papel aquí o leer 'online' todos sus contenidos aquí