dissabte, 30 de març del 2019

Franco y Hitler en Hendaya.- AFPFranco y Hitler en Hendaya.- AFP Así financió Franco la Guerra Civil o las deudas de España con Hitler y Mussolini

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La Guerra Civil supuso, por una parte, el final de las reservas de oro del Banco de España, que habían quedado en manos de la República y, por otra, la creación de una enorme deuda por parte de los ejércitos comandados por Franco que, tras la victoria del 1 de abril de 1939, pasó a ser de todos los españoles.
ALEJANDRO TORRÚS
28 MARZO, 2019
Nadie luchó gratis. No lo hizo la URSS por la República y tampoco los aliados fascistas y nazis de la España de Franco. Alemania e Italia fueron claves en la victoria militar de los golpistas del 18 de julio de 1936 y no dudaron en pasar la minuta al general Franco una vez conquistado el poder. Y es que ni la España republicana ni los golpistas del 18 de julio tenían los recursos suficientes para hacer frente a un conflicto que se prolongaría durante  casi tres años.
Por tanto, la Guerra Civil supuso, por una parte, el final de las reservas de oro del Banco de España, que habían quedado en manos de la República y, por otra, la creación de una enorme deuda por parte de los ejércitos comandados por Franco que, tras la victoria del 1 de abril de 1939, pasó a ser una deuda de todos los españoles.
El investigador y empresario José Ángel Sánchez Asiaín escribió en la obra La financiación de la Guerra Civil española, Premio Nacional de Historia en 2013, que una de las principales conclusiones de su exhaustivo estudio de las finanzas de la República y del Gobierno de Burgos fue que la “la República pagó el coste de la Guerra Civil con cargo al ahorro que los españoles habían acumulado en el pasado”, mientras que Franco “lo financió con el ahorro futuro”. “Con lo que los españoles se iban a ver obligados a dejar de consumir en los años sucesivos para satisfacer esa deuda de guerra”, proseguía Sánchez Asiaín, que falleció en 2016.
El historiador Ángel Viñas publicó ya en 1979 que la deuda de la España de Franco con la Italia fascista y la Alemania nazi oscilaba entre 5.239 millones a los 6.018 millones de pesetas de la época, lo que suponía alrededor de 700 millones de dólares, pese a que el gobierno franquista se había limitado a señalar en 1949 que la factura se limitaba a algo menos de 1.200 millones de pesetas. La parte más importante de esta deuda correspondía a la Italia fascista, la potencia que más recursos puso para la victoria de las tropas de Franco.
Sin embargo, Italia no fue la principal favorecida por los militares sublevados. En varias ocasiones responsables italianos afearon a los españoles que la Alemania nazi se estaba llevando la mejor parte de los recursos minerales españoles. Y es que los nazis no dieron ninguna facilidad a los franquistas. Ayudaban, sí. Y pasaron factura por todo. Incluso por los servicios de la Legión Cóndor o por los daños que los alemanes pudieron sufrir durante el conflicto. Hubo un tiempo, de hecho, a partir del acuerdo entre España y Alemania de 1941, que los alemanes podían comprar gratis en España: minerales, aceite, naranjas… y todo sin dejar una sola divisa en el Estado español. Así es la guerra y así son las finanzas.
Sin embargo, a pesar de que tanto la URSS como la Alemania nazi y la Italia fascista apoyaron con material bélico a los dos contendientes en la guerra de España, estas ayudas no son comparables ni en términos cuantitativos ni cualitativos. Así lo expresa el historiador Ángel Viñas en Las armas y el oro (Pasado & Presente) donde señala que “los dictadores fascistas dirigieron a Franco un chorro constante de armamento (con frecuencia muy moderno, aunque a veces un tanto superado) y de personal” constituyendo en términos financieros una cantidad total mayor “al total de las reservas del Banco de España que la República invirtió en hacer frente a los gastos bélicos y no bélicos exteriores”.
Asimismo, la importancia de la ayuda nazi y fascista para Franco fue vital. Por un motivo lógico: fue rápida. Una vez fracasado el golpe de Estado, el intento de sublevación del Ejército podría haber sido sofocado por las autoridades republicanas. Sin embargo, las democracias europeas dieron la espalda a la República, mientras que Alemania e Italia no dudaron en prestar una ayuda más que decisiva a Franco y los suyos.
“La conclusión es inescapable. El máximo del respaldo exterior recibido por Franco, expresado en términos monetarios, superó ampliamente, muy ampliamente a decir verdad, el total de reservas de oro del Banco de España en julio de 1936, cifradas en unos 715 millones de dólares. Los 991,5 millones de dólares se refieren, obviamente, a las ayudas financieras más o menos identificadas y cuantificadas”, escribe Ángel Viñas.
Por su parte, la República vio cómo los grandes bancos extranjeros se negaron a conceder créditos y que prácticamente solo Francia, de una manera modesta, y México comerciaron con el gobierno republicano. Por lo que su única fuente de financiación fueron las 638 toneladas de oro fino disponibles en Madrid a 18 de julio de 1936. De esta cantidad, más de dos terceras partes se enviaron a Rusia y fueron adquiridos por el Gosbank. La mayor parte del tercio restante se vendió en Francia. En conjunto la República ingresó más de 600 millones de dólares’, escribe el autor.
La investigación de Ángel Viñas al respecto confirmó que la República había gastado absolutamente todo el oro disponible, por lo que en la URSS, primero, y después en Rusia, no quedaba ni un lingote español. Su investigación concluía que en Rusia no quedaba oro español, que los rusos no parece que estafaran a España, pero que cobraron por todos los servicios y que el oro se vendió en Moscú, pero sólo una parte se gastó en la URSS, en la medida en la que millones de dólares se transfirieron a París.
Importe del respaldo exterior obtenido por Franco en millones de dólares.- EL ORO Y LAS ARMAS (ÁNGEL VIÑAS)
Importe del respaldo exterior obtenido por Franco en millones de dólares.- EL ORO Y LAS ARMAS (ÁNGEL VIÑAS)

A continuación, Público selecciona una lista de los principales financiadores del golpe de Estado y del ejército franquista durante la Guerra Civil.

Juan March

El banquero y contrabandista Juan March
El banquero y contrabandista Juan March
El banquero y contrabandista Juan March, cuya familia sigue disponiendo de una amplia fortuna, era el hombre más rico e influyente de la España de 1936 y no tuvo ningún reparo en financiar todo tipo de acciones para socavar la República. Primero, alentando la ‘conspiración’. Después, facilitando medios para que la rebelión fuera una realidad en 1936 y,  posteriormente, siendo generoso con su dinero, especialmente en los primeros momentos, a la hora de financiar la compra de todo tipo de material de guerra.
Hoy día todavía es imposible cuantificar cuánto dinero puso March a disposición de los militares sublevados. Lo dice el propio Ángel Viñas, que lo deja como una de las incógnitas a resolver por los historiadores del presente. Las especulaciones y tribulaciones de historiadores y periodistas, no obstante, han oscilado entre los mil millones de pesetas a las 15 millones de libras esterlinas más la financiación de buena parte de la intervención italiana en Mallorca.
De cualquier modo, sí está claro que ya March en los primeros días del golpe de Estado puso a disposición del general Mola 600 millones de pesetas de la época a través de una cartera de Valores. Así, tampoco dudó en financiar el alquiler del avión inglés que llevó a Franco de Canarias a Marruecos y en avalar cuantos créditos fueran necesarios para la causa franquista, no sin establecer unos intereses beneficiosos para él y sus socios.
El banquero, asegura la obra galardonada con el Premio Nacional de Historia de 2013, también se ocupó de dar solución a una cuestión de tanta importancia para un conflicto militar como el suministro y financiación del petróleo que utilizó el llamado ‘Gobierno de Burgos’. March ofreció las garantías suficientes a la empresa norteamericana Texaco para financiar los primeros envíos de petróleo a los sublevados, que dejaron de suministrar petróleo a la República, a pesar de los acuerdos firmados por ésta. El autor, además, añade: “No está documentado pero parece también claro que España recibió petróleo de Portugal siendo también March el financiador de esas compras”.
El dinero de Juan March también sirvió para sufragar las escuálidas arcas de Falange. El propio José Antonio Primo Rivera había afirmado en 1934 que “uno de los primeros actos del Gobierno de la Falange será colgar al multimillonario contrabandista Juan March”. Sin embargo, 1936 el dinero de March ya fluía en las arcas de los falangistas, primero a disgusto de José Antonio y después con su aprobación.
Asimismo, el banquero Juan March realizó depósitos bancarios que sirvieron a los franquistas. Según ha cifrado
Sánchez Asiaín, estos depósitos tendrían al menos un valor actual de 18.500 millones de euros.

Portugal

Imagen de 1940 del jefe de estado portugués Antonio de Oliveira Salazar (3ra R) con el dictador español Francisco Franco (C) AFP
Imagen de 1940 del jefe de estado portugués Antonio de Oliveira Salazar (3ra R) con el dictador español Francisco Franco (C)
AFP
“La ayuda del Gobierno de Portugal a la sublevación fue realmente importante y generosa. Aunque, dada la limitación de recursos que Portugal disponía, esa ayuda fue en su volumen y regularidad, muy inferior a la ayuda prestada por italianos y alemanes”, escribió Sánchez Asiaín.  No obstante, el investigador también asegura que esta ayuda fue “muy oportuna y notablemente eficaz”, especialmente durante las críticas primeras semanas cuando parecía que el golpe de Estado iba a fracasar.
Así, el gobierno portugués puso a disposición de los militares golpistas todo tipo de recursos financieros, créditos por parte de bancos portugueses, pero también una amplia protección política y diplomática: “Queda constancia de que en 1937 y desde el Banco Espíritu Santo de Lisboa, se comunicaba a 37 representantes diplomáticos españoles que les remitían unas determinadas cantidades económicas”.
También ayudó Portugal en el suministro de armas al bando rebelde. Portugal, de hecho, se convirtió en el receptor formal de armas por cuenta de Franco. Durante aquellos años, el país luso pasó a ocupar la tercera posición en la lista de clientes de la industria bélica alemana y el primer europeo. Asimismo, el territorio portugués se convirtió en la retaguardia de apoyo logístico ya que servía de comunicación de la zona en manos de los militares golpistas, que había quedado partida en dos tras el fallido golpe de Estado.

Navarra.

En 1936, Navarra gozaba de un régimen foral que otorgaba a la Diputación Foral el control económico y fiscal de ese territorio. A partir de esa especial situación de su Hacienda Pública, la Diputación Foral de Navarra mantuvo una “importante, generosa y constante ayuda institucional a los sublevados”. Sirve como ejemplo que solamente tres días después del golpe de Estado la Diputación Foral ya había hecho un llamamiento a los navarros aplaudiendo “su patriotismo al sumarse a la causa del movimiento salvador en defensa de la religión, la paz material y nuestras libertades forales”, tomando medidas inmediatas para “el buen funcionamiento de la sociedad navarra al servicio de la guerra”.
El 24 de julio el propio general Mola dio orden a la Diputación para que le habilitara un crédito por dos millones de pesetas para hacer frente a los gastos originados por “el movimiento emprendido para salvar a España”. Este crédito, de hecho, sería posteriormente liquidado sin ser abonado. La Diputación también llamó a todos aquellos que “disfrutaban de una posición económica desahogada” a realizar una contribución a la causa.
En suma, todos los impuestos de guerra que creó la Diputación de Navarra sirvieron para recaudar 13.942.813 pesetas que fueron puestos a disposición de la ‘causa nacional’. Este dinero sirvió para, entre otras cosas, adquirir aviones para la defensa de Pamplona, cancelar el crédito a Mola, poner un coche blindado a disposición de Franco, motocicletas para el general Varela, una pensión de 1.840 pesetas a las hijas de Mola para gastos educativos o el pago de la factura de 4.700 pesetas presentada por el Colegio de Arquitectos vasco-navarro por confección del proyecto del chalet para la viuda del General Mola.

Los carlistas.

Otra importante fuente de financiación de los sublevados fueron los donativos que hizo un grupo muy selecto de carlistas, económicamente bien situados, entre los que pueden citarse Joaquín Baleztena, Miguel María Zozaya y Fernando Contreras. Pero lo que constituyó una excepcional fuente de financiación, explica Sánchez Asiaín, fue el sistema regular de cuotas que los carlistas tenían establecidos desde 1934, de acuerdo con el cual todos los afiliados debían pagar al ‘Tesoro de la Tradición’ una suma, ‘por lo menos igual a la pagada en imposición directa al Estado’.

Francesc Cambó.

El político catalán, cofundador y líder de la Liga Regionalista, descrito por Romanones como ‘el mejor político del siglo XX’, ayudó a recaudar en el extranjero 410 millones de pesetas para financiar la sublevación de los militares golpistas. Asimismo, avaló o ayudó a conseguir créditos que pudieron ascender a 35 millones de dólares.

Italia.

El cuñado de Franco, Serrano Súñer, el dictador Franco y el dictador italiano, Benito Mussolini, en una imagen tomada en 1941.- AFP
El cuñado de Franco, Serrano Súñer, el dictador Franco y el dictador italiano, Benito Mussolini, en una imagen tomada en 1941.- AFP
Escribe Ángel Viñas que hoy por hoy, toda toda referencia a las bases materiales iniciales del conflicto debe partir de la constatación de que Mussolini se había comprometido a ayudar a la sublevación contra la República desde por lo menos marzo de 1934. Así, el 1 de julio de 1936 conspiradores monárquicos suscribieron cuatro contratos con la Società Idrovolante Alta Italia (SIAI) en los que se detalló la futura ayuda fascista.
Su composición, la sabia distribución entre aviones de bombardeo, transporte, cazas e hidroaviones, la minuciosa descripción del municionamiento, material de apoyo (motores, gasolina etilada, sistemas de puntería, etc.) y piezas de repuesto muestran las funciones que la apalabrada ayuda debía cumplir: dar un empujón decisivo o cuasi-decisivo a la sublevación, poner a los sublevados en condiciones de hacer frente a la destartalada aviación gubernamental y permitirles transportar fácilmente tropas de un lado a otro.
“En cuanto el 25 de julio se clarificó en Roma que la sublevación era la promovida y anticipada por los monárquicos radicalizados, Mussolini echó toda la carne en el asador”, escribe Viñas.
El país transalpino aportó cerca de 80.000 italianos combatientes, de los que casi 4.000 murieron; 762 aviones, alrededor de 6.600 cañones, morteros y ametralladoras, 157 tanques, cientos de miles de fusiles, y millones de proyectiles y cartuchos. Más allá de la cuantiosa ayuda militar que Italia destinó a España en forma de aviones Savoia y cazas Fiat, armas y militares de las que, especialmente el historiador Viñas ha dado buena cuenta, cabe destacar la ayuda financiera.
En este sentido, y una vez acabada la guerra, representantes italianos y españoles, valoraron que el total del crédito que Italia había puesto a disposición de los golpistas ascendía a 6.926 millones de liras. No obstante, el Gobierno italiano, mucho más generoso que el alemán, propuso fijar en 5.000 millones de liras la deuda total del Gobierno español por suministro de material de guerra de todas clases y diferentes gastos hechos hasta el 31 de diciembre de 1939. El resto quedaba condonado.

Alemania.

El proceso oficial de petición de ayuda de los sublevados a Alemania comenzó el 21 de julio de 1936 cuando Franco, tratando de llegar a Hitler de la forma más directa posible y rápida, recibió a Johannes Bernhard, del que se sabía que estaba en condiciones de contactar con facilidad, y sin trámites administrativos, con el propio Hitler. Antes del golpe, hubo contactos con Alemania pero no hay base documental suficiente como para poder afirmar que fructificaron.
Cuando la petición de ayuda llegó a Hitler, los ministros del Aire, Goering, y de Guerra, Blomberg, animaron a Hitler a prestar ayuda e involucrarse en la operación tanto ‘por simpatía hacia sus planteamientos anticomunistas, como para utilizar el conflicto español como un laboratorio para mejorar las técnicas de los ejércitos alemanes’. Goering también recordó a Hitler que, a cambio de los aviones, Alemania podría obtener de España los minerales que tanto necesitaba.
De tal manera que la intervención alemana en la Guerra Civil española, dice el autor, no puede entenderse sin tener en cuenta la política de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de minerales aplicados a las necesidades de la guerra. Sobre esta base, los rebeldes firmaron con Hitler el 20 de marzo de 1937 un Protocolo de Amistad. Las operaciones entre ambos países durante la guerra fueron múltiples, todas con ‘olvido sistemático’ de las opiniones españolas imponiéndose en todo momento el deseo alemán.
Una parte considerable de la deuda que España contrajo con Alemania fue pagadas por compensación, es decir, con exportaciones españolas a Alemania, sobre todo de minerales. Una vez terminada la guerra Alemania fijó la deuda en 372 millones de marcos, incluyendo el coste de la Legión Cóndor, que los alemanes cifraron en 99 millones de marcos. No obstante, la dictadura de Franco y la de Hitler jamás llegaron a un acuerdo para calcular el importe de la deuda aunque sí que encontraron una solución política de entendimiento mutuo para demorar el problema firmado en 1941 que permitía a los alemanes hacer compras en España sin pagar su importe. ‘Y minerales, aceite y naranjas, entre otras cosas, fueron enviados a Alemania sin generar divisas para la economía española’.
Valoración de la ayuda prestada por la Alemania de Hitler en marzo de 1939. LAS ARMAS Y EL ORO (ÁNGEL VIÑAS)
Valoración de la ayuda prestada por la Alemania de Hitler en marzo de 1939. LAS ARMAS Y EL ORO (ÁNGEL VIÑAS)

Protectorado de España en Marruecos

Las tropas franquistas utilizaron el protectorado de España en Marruecos para abastecerse de tropas. No hay que olvidar que allí empezó la sublevación el 17 de julio de 1936. Destaca el historiador Ángel Viñas que los franquistas “captaron indígenas a marchas forzadas: del 24 al 29 de julio de 1936 se reclutaron 1.693. El 11 de agosto ya ascendían a 5.308 y a finales de este mes a 9.712. Aunque en Marruecos permaneció una guarnición, lo que Franco necesitaba con urgencia era efectivos que apoyaran su marcha hacia Madrid”.
“Sobre los efectivos totales marroquíes las estimaciones son muy dispares, según los criterios. Dejando de lado cifras delirantes, y poco justificadas, las más recientes se sitúan en torno a los 80.000 hombres”, sentencia el historiador.

Sociedade Geral de Comércio, Industria e Transportes Limitada.

Este holding de empresas portugués dispuso de un crédito de hasta un límite de 175.000 libras esterlinas para los golpistas el 8 de agosto de 1936 con un interés del 5,5% anual.

Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Dispuso un crédito de un millón de dólares, ampliado en 200.000 dólares más. Fue otorgado el 22 octubre de 1936. Sin intereses.

Kleinwort, Sons & Co.

El banco inglés otorgó un crédito de 800.000 libras con una remuneración del 4% anual el 15 de septiembre de 1937. Apenas un mes después, la misma entidad concedió otro crédito de hasta 1.500.000 libras esterlinas con un interés del 3% anual.

Société de Banque Suisse.

Concedió otro crédito de hasta un millón de libras esterlinas el 20 de octubre de 1938.

Caixa Geral de Depósitos.

La entidad bancaria portuguesa concedió un crédito hasta el límite de 50 millones de escudos portugueses el 28 de febrero de 1939 con un interés del 4% anual.

Consorcio bancos italianos.

Independientemente de la ayuda prestada por el Estado italiano, un consorcio de bancos italianos que presidía el Banco de Italia, con la colaboración de los bancos Hispano Americano y Español de Crédito, puso a disposición de los sublevados un crédito de hasta 125 millones de liras el 20 de noviembre de 1937, alcanzando un total de 300 millones de liras en 1939.

Tomasa y la memoria de las rojas.

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Imagen de febrero de 1939 que muestra a una mujer y su hijo que llegaron a Francia en el col de Perthus después de huir de España, donde las tropas nacionalistas del general Franco ganaron la guerra civil. STF / AFP
OPINIÓN


ANDREA MOMOITIO
29 MARZO, 2019
Tomasa Cuevas compraría su magnetófono en alguna tienda de pequeños electrodomésticos. Recorrió con él todo el Estado español buscando testimonios de resistencia, recogiendo voces de mujeres que habían estado encerradas durante la dictadura franquista. Su trabajo, que guarda las historias de más de 300 presas, marcó un antes y un después en la historiografía. De viva voz, ahí estaban las presas, ahí estaban las mujeres. No siempre hacen falta excusas y, a pesar de los materiales tan valiosos que Tomasa Cuevas puso a disposición de la historia, todavía no conocemos con exactitud qué pasó con las mujeres en la franquismo. Qué quiso Franco de nosotras y qué hicimos nosotras para evitarlo. Dicen que en torno a la dictadura se ha construido un muro de silencio, que resulta muy difícil derribar.
Para ganar una guerra tienes que conquistar pueblo a pueblo a tu enemigo. Tienes que conquistar sus tierras, sus recursos naturales y conquistar a sus mujeres. La guerra, el arte de matar, es un asunto de caballeros. Las mujeres hemos sido excepciones: honrosas y avergonzantes, según la ocasión, según qué guerra. Triunfan algunos de ellos y perdemos casi todas nosotras. Franco ganó un país derrotado y quiso reconstruirlo a su imagen y semejanza: pequeño, violento y acomplejado; machista, recalcitrante, avergonzado de su pasado y cerrado, a cal y canto, a cualquier futuro. Así juega el fascismo. También ahora.
El régimen franquista invisibilizó cualquier evidencia de sexualidad, de gozo, de cuerpos, de disfrute en libertad; trató de borrar del mapa todas las resistencias y se esforzó por relegar a las mujeres al ámbito del hogar. Eso sí, la dictadura española no inventó nada nuevo. Esa dicotomía, tan promocionada durante el franquismo, de mujeres putas y santas, de buenas y malas, esas con las que te casas y a las que te follas a escondidas no es, ni muchísimo menos, patrimonio español. Esa figura de mujer ángel del hogar tiene mucho de burguesía anglosajona, pero la Sección Femenina heredó un país pobre y la pobreza no casa bien con esos roles de género delicados que trataban de promover.
Es fácil encontrar en internet un anuncio de coñac Soberano que resume a la perfección con qué mujeres soñaba Franco, pero ¿cuántas familias españolas compraban coñac? Las mujeres que podían ser delicadas preferían que fueran otras, brutas y pobres, las que atendieran a sus maridos. El ángel del hogar, siempre dispuesto a servir a su esposo, funcionó bien como ideal, que no conocieron ninguna de las miles de mujeres que tuvieron que trabajar como Franco decía que solo tienen que trabajar los hombres. La división sexual del trabajo nunca ha sido tal para las pobres, que han visto cómo el trabajo se multiplicaba para ellas sin parar.
El franquismo justificó la existencia de mujeres descarriadas, rojas y rebeldes, asegurando que no sabían lo que hacían, pero castigando sus errores como si fueran premeditados. Para la dictadura, que creía que las mujeres españolas eran devotas por naturaleza, aquellas que buscaban su propio destino estaban, por lo menos, poseídas por el mismísimo demonio. Todas ellas, las que habían formado parte activa de la resistencia y las que mantenían alguna relación con hombres militantes, fueron encarceladas en prisiones insalubres.
En Málaga, por ejemplo, el penal conocido como ‘Caserón de la Goleta’  acogió –qué verbo tan generoso para algo así– a más 4000 presas. A pesar de las condiciones a las que estaban sometidas, siempre dignas, se pusieron en huelga de hambre para denunciar la falta de higiene  de la alimentación que recibían. Ganaron aquella pequeña batalla y desde entonces empezaron a limpiar las patatas y algunas verduras. Qué cabrones.
Mientras, fuera de prisión, la vida seguía con cierto desdén al ritmo que marcaba el franquismo. La dictadura fue tan larga que, incluso, cambió el ideal de feminidad que proponían desde el poder. Las mujeres de la posguerra dejaron paso a otras que se subieron al cargo del consumismo que promovían los medios de comunicación en los setenta. En el imaginario social se construía la imagen de una nueva mujer mientras ninguna –igual que pasa ahora– se parecía del todo a los modelos impuestos. ‘La mujer’ esa de la que hablan los medios nunca se ha parecido mucho a nosotras.
La reforma del Código Civil de 1958, por ejemplo, supuso un cierto avance en algunas materias. La comunidad internacional miraba con cierto recelo las situación de las mujeres en España y el dictador decidió dar pequeños pasos. A partir de entonces y, en pleno auge del consumismo setentero, comienza a construirse en España un modelo de mujer que debe aunar lo mejor de la tradición con lo mejorcito de la modernidad que podía asumir el dictador. Ese arquetipo, el de la superwoman, es uno de los más habituales hoy. Ni la cultura ni la economía pueden permitirse ya que las mujeres nos dediquemos en exclusiva al hogar, así que hoy sufrimos las consecuencias de la doble y triple jornada laboral. Algunas, claro. Otras todavía tienen todavía en la mesilla una campanita para llamar al servicio. Es mucho lo que tenemos que celebrar algunas mujeres, pero en nuestros cuerpos, todavía, queda mucho franquismo. A ver si conseguimos, al menos, exhumarlo de ahí.

El saqueo de Franco (y los Franco).

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Franco pronuncia un discurso durante la ceremonia de inauguración del Valle de los Caídos en 1959.

La propaganda oficial cultivó el mito de un Generalísimo austero y alejado del dinero. La realidad es muy diferente. El dictador multiplicó su fortuna gracias a la victoria del bando nacional y a cuarenta años de operaciones financieras más bien turbias
JONATHAN MARTÍNEZ
29 MARZO, 2019
El 30 de agosto de 2017, 19 activistas del BNG franquearon los muros del pazo coruñés de Meirás, accedieron a la Torre da Quimera y desplegaron una pancarta en la que se podía leer “Franquismo nunca máis”. Un año más tarde, el juzgado de Betanzos los llamó a declarar. La Fundación Francisco Franco y la propia familia del dictador reclamaban 13 años de prisión por supuestos delitos de violación de morada con intimidación, atentado contra el honor, daños y odio. Lo cierto es que la ocupación del pazo y el proceso judicial pusieron en el centro del debate el dudoso patrimonio de los Franco. De hecho, aquella protesta sirvió para recordar que el Pazo de Meirás había sido adquirido en 1938 mediante recaudaciones forzosas y sustracciones de los salarios. En plena guerra civil, en un clima de represalia contra cualquier forma de disidencia, la Junta Provincial pro Pazo del Caudillo se paseó casa por casa en busca de “aportaciones voluntarias”.
Se cumplen 80 años del fin de la Guerra Civil y ninguno de los sucesivos gobiernos que han pasado por La Moncloa han sido capaces de poner en cuestión el origen de la fortuna de los Franco. El litigio de Meirás es un caso más dentro de una larga nómina de empresas y posesiones inmuebles que solo pudieron ser adquiridas mediante la extorsión y la fuerza. La Transición, que acaba de cumplir cuarenta años, no solo extendió un manto de impunidad sobre los crímenes franquistas. También blindó las fortunas de su clase dirigente. Mientras tanto, Chile ha emprendido un movimiento para recuperar el patrimonio expoliado durante el régimen militar. En junio de 2018, la Corte Suprema mandó decomisar bienes y propiedades de Augusto Pinochet por un valor de 1,6 millones de dólares. El escándalo estaba servido desde que en 2004 se conoció que el dictador había mantenido al menos 127 cuentas bancarias en el extranjero. Se calcula que el patrimonio oculto en el Banco Riggs ascendía a 27 millones de dólares.
El rápido enriquecimiento de Francisco Franco comienza con un salario que se fijó en 50.000 pesetas mensuales al finalizar la guerra y que fue ascendiendo con el paso de los años. Los últimos documentos revelan que en 1975 el dictador ingresaba 600.000 pesetas como Jefe de Estado y un sobresueldo de 154.710 pesetas como Capitán General y Generalísimo de los Ejércitos. Su nómina era unas veinte veces superior a la de un funcionario. En cualquier caso, Franco ya disponía de un generoso estipendio durante la Segunda República. En 1935, el joven oficial cobraba 2.430 pesetas mensuales como jefe del Estado Mayor Central del Ejército. El salario equivaldría a 5.262 euros de nuestros días. Sin embargo, la mayoría de las riquezas de la familia Franco no tienen que ver con ingresos regulares sino con apropiaciones, donaciones y maniobras que en un sistema democrático hubieran terminado en los tribunales.
Es difícil cuantificar el patrimonio de la familia Franco. El periodista Mariano Sánchez Soler, autor de Los Franco S.A., recuerda que las estimaciones rondan los 120 millones de euros. Sin embargo, otras hipótesis más atrevidas apuntan a 600 millones. Hablamos de un extensa red de fincas y sociedades mercantiles. Buena parte de sus ganancias tienen que ver con la explotación de su patrimonio inmobiliario. Fincas que fueron arrebatadas durante la dictadura terminaron adquiriendo con los años un valor disparatado. Gracias a la venta de sus propiedades, la familia ha ido disponiendo de liquidez cada vez que lo ha necesitado. El año pasado, los Franco sacaron al mercado el Pazo de Meirás por 8 millones de euros. En A Coruña aún mantienen en propiedad la Casa Cornide, un lujoso palacete que fue de titularidad pública y que pasó a las manos del Caudillo gracias a una red de corrupción urdida durante la dictadura. Así lo demuestran los investigadores Carlos Babío y Manuel Pérez Lorenzo en su obra Meirás. Un pazo. Un caudillo. Un expolio.
Poco después de que una inmobiliaria de lujo ofertara el Pazo de Meirás, la finca asturiana de La Piniella salió a la venta por cinco millones de euros. Aún es posible consultar en la web de Idealista el anuncio del palacete donde el dictador se retiraba a pescar salmones. Entre todas las operaciones especulativas protagonizadas por el clan Franco, hay una especialmente significativa. En 1951, el Caudillo adquirió por 13 millones de pesetas una finca de 9,8 millones de metros cuadrados en Arroyomolinos, Madrid. En julio de 2000, lo herederos firmaron un acuerdo con el alcalde del municipio, el popular Juan Verlarde, que permitió recalificar 3,3 millones de metros cuadrados para la construcción de 2.700 viviendas, un centro comercial y dos polígonos industriales. La maniobra podría haber reportado a la familia alrededor de 35 millones de euros. Para entonces, los Franco ya habían amortizado muchas otras propiedades. En 1988, por ejemplo, se embolsaron 320 millones de pesetas por el Palacio del Canto del Pico de Torrelodones, una finca que el conde de las Almenas había donado al dictador en 1937.
La propaganda oficial cultivó el mito de un Generalísimo austero y alejado del dinero. La realidad es muy diferente. Francisco Franco multiplicó su fortuna gracias a la victoria del bando nacional y a cuarenta años de operaciones financieras más bien turbias. En 1940, una vez acabada la guerra, el Caudillo ingresó 7,5 millones de pesetas por la venta de 600 toneladas de café donadas por el dictador brasileño Getúlio Vargas. El historiador Ángel Viñas, autor de La otra cara del Caudillo, entiende la operación como una maniobra de lucro privado a partir de un producto que había sido destinado a la población civil. La cantidad ingresada es elevadísima en una época de carestía como la posguerra, cuando el café era un valioso material de contrabando. En las cuentas de Franco aparece otro ingreso llamativo. Durante un tiempo indeterminado, la Compañía Telefónica Nacional entregó al Generalísimo un donativo mensual de 10.000 pesetas. El equivalente a unos 11.000 euros. La fortuna del tirano sumaba en 1940 una cifra equiparable a 400 millones de euros de nuestros días. Entre otras corruptelas, una porción de los donativos destinados al bando sublevado habían terminado en sus bolsillos.
El 29 de diciembre de 2017, moría en su casa del barrio de Salamanca de Madrid la hija única del dictador. Carmen Franco, viuda del marqués de Villaverde, dejaba siete hijos y veinticinco entradas en el Registro de la Propiedad. Hasta antes de morir, había sido la administradora única de Fiolasa, que por entonces contaba con un activo superior a los 20 millones de euros. Los siete nietos de Franco han sabido sacar partido de su ventaja. “He vivido toda mi vida sin trabajar”, decía en Telecinco Carmen Martínez-Bordiú. Francis Franco, por su parte, participa en una veintena de sociedades. Por ahí están otras empresas como Caspe, Promociones del Suroeste o Arroyo de La Moraleja. El año pasado, la sociedad Cauce fue condenada a pagar dos millones de euros Hacienda. También el año pasado se conoció que la mercantil Montecopel se había acogido a la amnistía fiscal de Montoro para regularizar 7,5 millones. En los órganos de dirección de Sargo Consulting se repiten hasta siete veces los apellidos Franco y Martínez Bordiú. Una por cada hermano. Existe un inmenso holding familiar que nació en el palacio de El Pardo y que engorda todavía hoy gracias a las rentas de una guerra ganada.
El pasado mes de febrero, la justicia avaló que la familia Franco siga reteniendo dos estatuas del Pórtico de Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. Las dos figuras del Mestre Mateo habían desaparecido de la casa consistorial durante una visita del Generalísimo a la ciudad en 1954. A pesar del contratiempo, el Ayuntamiento de Santiago no quiere darse por vencido. La batalla continúa también en Meirás, donde el historiador Carlos Babío se expone a un juicio por calumnias contra los herederos del dictador. El expolio de la familia Franco sigue siendo, todavía hoy, una de las heridas mal cerradas de una Transición tejida a medida de los vencedores. Al margen del combate legal, han existido en los últimos años algunos hallazgos documentales que al menos ha permitido desmontar algunos mitos. Ni Franco fue un gobernante austero ni su familia se enriqueció de forma lícita.