dimarts, 30 d’agost del 2022

"Aquí fusilaron a mi padre, pero todo el pueblo dice que lo quemaron vivo".

 https://www.publico.es/politica/fusilaron-mi-padre-pueblo-dice-quemaron-vivo.html


Esta semana comenzó a exhumarse la primera fosa con represaliados republicanos de la Guerra Civil de la Comunidad de Madrid. El padre de Benita Navacerrada fue enterrado en el cementerio de Colmenar Viejo junto a un centenar de personas.


Benita Navacerrada sostiene un cartel con la foto de su padre junto a la fosa común del cementerio parroquial de Colmenar Viejo (Madrid), donde fue enterrado con decenas de republicanos fusilados en 1939.
Benita Navacerrada sostiene un cartel con la foto de su padre junto a la fosa común del cementerio parroquial de Colmenar Viejo (Madrid), donde fue enterrado con decenas de republicanos fusilados en 1939. — Jairo Vargas

Desde hace cuatro días, Benita Navacerrada López no se despega de la barandilla del cementerio parroquial de Colmenar Viejo. Lleva 83 años esperando, siempre con la boca chica, casi cerrada hasta no hace tanto. Nunca pensó que lo vería, que viviría lo suficiente. Por eso llega cada día desde San Sebastián de los Reyes, a 25 kilómetros, despliega su asiento bajo una sombrilla y sigue aguardando, junto a alguno de sus hijos, hipnotizada por el ruido de piquetas y azadas. Quizás tropiecen con los restos de su padre antes de que la tierra vuelva sepultar la memoria hasta una nueva subvención del Gobierno.

Lo fusilaron aquí al lado, dice, ni a cien metros, frente a la tapia del camposanto, ya enfoscada, pintada y repintada de inocente blanco. Pero ni así esconde los balazos donde anidan las arañas desde 1939. Si se rascara la pared y se levanta el suelo saldrían los proyectiles, dice uno de los arqueólogos que estarán removiendo la mitad de la fosa común hasta el 31 de agosto. El dinero del Gobierno no da para más: 22.900 euros para la primera fase de la exhumación es lo que ha conseguido la Asociación Comisión de la Verdad de San Sebastián de los Reyes (ACVSSR), que junto a la sociedad de antropología forense Aranzadi han logrado abrir la primera fosa de represaliados de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid.

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En realidad, afirma Luis Pérez Lara, presidente de ACVSSR, hasta aquí se ha llegado tras convencer a una plataforma de siete ayuntamientos encabezada por el de San Sebastián de los Reyes (PSOE). Con diferentes colores políticos, desde el PP a Ciudadanos y con mayor o menor compromiso avalaron un proyecto que no ha había recibido fondos públicos en otras ocasiones pese a su buena puntuación en los concursos. "Son todos los consistorios que tienen fusilados aquí salvo el de Fuencarral- El Pardo, cuyo alcalde no ha querido ni hablar con nosotros", apostilla Pérez Lara.

Después llegó "la batalla más dura que he librado", dice entre risas. Convencer al párroco de Colmenar para que diera por escrito el permiso para excavar en el cementerio. "Se desentendía y me remitió al Arzobispado. Después de mucho insistir lo conseguimos, porque esto ya es ley y no pueden negarse a que los busquemos", incide.

107 fusilados y una fusilada

Fueron muchos, al menos 108. Una mujer y 107 hombres, que se sepa. Republicanos, militantes de UGT, del PSOE, de la CNT, comunistas, milicianos y vecinos de varios pueblos de la sierra de Madrid. Todos rojos, todos "criminales"; lo dicen los papeles de los consejos de guerra sumarísimos.

Uno de los cuatro esqueletos hallados en la fosa del cementerio parroquial de Colmenar Viejo, con impacto de bala en mandíbula y cráneo, según los arqueólogos.
Uno de los cuatro esqueletos hallados en la fosa del cementerio parroquial de Colmenar Viejo, con impacto de bala en mandíbula y cráneo, según los arqueólogos. — Jairo Vargas

Benita solo tenía siete años, pero era hija de rojos, y "qué significa rojo", preguntaba ella cuando sus compañeras de escuela la señalaban, se reían de sus ropas andrajosas, de sus alpargatas rotas, de su cara sucia. Lo recuerda todo, porque ella y sus hermanos se quedaron solos en el mundo. Ahora tiene 90 años y aún le duelen las burlas, el maltrato, el hambre y la miseria de los hijos de la España que perdió la guerra.

El padre de Benita fundó UGT en  su pueblo y dirigió la comisión de fincas incautadas durante la guerra

Cada palada de tierra la siente como una pequeña victoria; ella, tan hija de vencidos. Ilusionada pero también temerosa del pinchazo cuando encuentren, si encuentran, los huesos de su padre, Facundo Navacerrada Perdiguero. Lo dice el cartel que Benita sostiene con su foto, sentada entre las tumbas que sí llevan nombre y apellidos sobre el mármol labrado de la lápida. El de su padre solo está en algún papel y desde 2018, también en el cartel de un memorial con los nombres de los 108 represaliados en este pueblo.

Facundo era natural de San Sebastián de los Reyes, fundador local de la UGT en 1936, presidente de la colectividad de campesinos Pablo Iglesias, presidente de la comisión de fincas incautadas a terratenientes y miembro del consejo revolucionario que se instauró en el pueblo tras el golpe fascista de 1936. La Guardia Civil llegó de noche, ella lo recuerda. Estaba en casa de su abuela materna. A su madre ya la habían llevado presa, "antes que a mi padre. Por roja, por mujer de rojo. Era analfabeta. Estuvo tres años en la cárcel y seis meses desterrada en un convento del País Vasco", dice. La prendieron y los echaron, "los fascistas nos quitaron todo y nos dejaron en la calle". Eran cinco hermanos, la mayor tenía 15 años en aquel entonces. Su tío, el hermano de su padre —"pudiente, falangista", lo describe—, hacía guardia en la casa para que no escapara.

"Pero mi padre decía que no iba a pasarle nada, que no había matado a nadie. Él se presentó voluntario en el Ayuntamiento. Cuando volvió del frente no sabía lo que estaba pasando en el pueblo", recuerda Benita. La Benemérita llegó, lo montaron en un camión y lo llevaron a Colmenar Viejo, a la escuela que construyó el Gobierno de la República, convertida en cárcel improvisada. Benita nunca volvió a habar con su tío ni con los hijos de su tío. "No somos familia", zanja. Dos meses después, el 24 de mayo, fusilaron a Facundo.

Eso dicen los papeles, pero no es lo que dice todo el pueblo. "A mi padre le dieron una muerte muy cruel". Benita traga saliva. No es la primera vez que lo cuenta, se sabe el relato de memoria, de memoria sucia que aún nadie ha remozado. Los ojos se le empañan y la voz se retuerce y entonces lo dice: "Lo quemaron. Lo ataron a un camión, le echaron gasolina y le pendieron fuego". Se contaba entre susurros porque así tenía que ser, pero lo contaban todos. "A tu padre lo quemaron vivo", se lo han dicho siempre, sabe hasta quién facilitó la gasolina para que la llevaran de San Sebastián a Colmenar. Por eso su hermana no encontraba su cadáver entre los fusilados cuando fue al cementerio a buscarlo, antes de que los echaran a la fosa. "Y por eso yo pienso que va a salir muy poco de mi padre si sale algo", dice. "Lo liquidaron porque estorbaba en el mundo, en su mundo". Y desde entonces silencio y tierra y silencio y rabia contenida. La macabra venganza contra quien orquestó la expropiación de tierras a los adinerados merece, como mínimo, ser confirmada, opina Benita.

Un segundo cráneo con un puente de oro en la dentadura, aún por confirmar si es de unos de los fusilados en Colmenar Viejo en 1939.
Un segundo cráneo con un puente de oro en la dentadura, aún por confirmar si es de unos de los fusilados en Colmenar Viejo en 1939. — Jairo Vargas

El primer esqueleto apareció el miércoles, a metro y medio de profundidad. Tras picar el hormigón y retirar el mallazo afloraron osamentas de bebés, seguramente sin bautizar. Fémures dispersos, restos también de algún animal y porquería propia de vertedero. El lugar ahora se encuentra intramuros del cementerio viejo del pueblo, pero no fue siempre así. Durante años fue un osario anexo al camposanto donde inhumar a los muertos no cristianos, a gente que se había suicidado, a quien sus familias no podían costear un entierro digno o donde, simplemente, se echaban con los años los huesos de quien no tenía una tumba pagada a perpetuidad.

Allí fueron arrojados los cuerpos de unas 90 personas poco después de ser asesinadas. Los fusilaron en varias tandas, cada semana, todos los días menos los domingos, hasta que acabaron con todos lo condenados. Se cree que 18 descansan en lo que llaman el paseo, uno de los antiguos caminos de entrada junto a un muro que ya no existe. No llega a metro y medio de anchura. Los testimonios dicen que apilaron a los muertos en tres niveles de altura sobre los que han caminado durante ocho décadas quienes podían poner flores a tumbas con foto y nombre. Dicen que en esa fosa estrecha y alargada están los que se confesaron por la noche. Al alba los mataron. Pero esa hoyada se abrirá más tarde, en otra fase, con más burocracia y con una subvención de la ya nueva Ley de Memoria Democrática, confía el presidente de la ACVSSR, que matiza que las nueva legislación garantiza la continuidad de los proyectos, aunque vayan despacio.

Herida de bala en cráneo y mandíbula

El cuerpo que asomó primero presentaba a primera vista un orificio de bala en mandíbula y cráneo, aunque aún hay que confirmarlo en el laboratorio, explica a pie de zanja Almudena García-Rubio, osteoarqueóloga de Aranzadi y directora de la exhumación. Esos huesos, de alguien cercano a los 25 años, dieron un vuelco al corazón de Esther Mateo Cabrero, de 55 años, también de San Sebastián de los Reyes, zona cero de la represión franquista en el norte de Madrid.

Tres de sus familiares fueron ejecutados en esas tapias en 1939. Uno de ellos tenía 23 años cuando murió. "Fue de los últimos que fusilaron, por eso pienso que puede ser él, porque ha aparecido el primero y por la edad; son pocos los veinteañeros", detalla. Se refiere a Cipriano Mateo Hernández, fusilado el 29 de noviembre de 1939, acusado de "realizar guardias armadas y participar en los arrestos domiciliarios a las órdenes del Comité revolucionario" creado en el municipio tras el alzamiento del 18 de julio del 36. 

"Mi padre no superó el asesinato de mi abuelo. Raparon a su madre y tuvo que dejar el colegio"

Cipriano era tío de Manuel Mateo López, abuelo de Esther, jornalero y albañil, afiliado a la UGT y al PSOE y nombrado alcalde del pueblo en el 37, hasta que dimitió para volver al frente en el 38. Pasó siete meses en la cárcel antes de que lo fusilaran, el 22 de octubre de 1939. Era domingo, incide la nieta. Ni eso respetaron. "En su carta de despedida a la familia decía que lamentaba irse sin haber comprado una bicicleta a sus hijos, como les prometió. Quizás por eso mi padre compró una bici a mis hermanos y la tuvo siempre colgada en casa", recuerda Esther.

"Mi padre murió hace más de 20 años. Siempre vivió frustrado y enfadado. Nunca superó el asesinato de su padre y lo que vino después. Tuvo que dejar la escuela, a su madre le raparon la cabeza, a él lo tiraron a un pozo... Siempre dijo que al día siguiente de que lo mataran llegó el documento que le conmutaba la pena por 30 años de prisión", añade. Quizás alguien tenía prisa por matarlo, deducen. Esta exhumación no solo cierra las heridas, "remueve muchas cosas dentro. Genera sensaciones extrañas. No paré de llorar cuando apareció este esqueleto. Estaba muy trista una semana antes de que empezaran a escavar", apostilla.

Personal de Aranzadi extrae los huesos de un cuerpo que se cree que fue fusilado en Colmenar viejo en 1939 y enterrado junto a más de 80 en el cementerio parroquial.
Personal de Aranzadi extrae los huesos de un cuerpo que se cree que fue fusilado en Colmenar viejo en 1939 y enterrado junto a más de 80 en el cementerio parroquial.

El jueves, las paletas daban con otros tres cuerpos. Todos parecen yacer en ataúdes que la tierra se ha tragado, algo con lo que no se contaba. Uno tiene un puente de oro en la dentadura. Hay sorpresas, claro. Hay zonas vacías donde se pensaba que habría multitud de cuerpos apilados. Los expertos aún no pueden explicarlo, pero falta otra parte del mismo osario que no podrá desenterrarse hasta el próximo proyecto.

La información previa es vaga, rumores, comentarios o testimonios de quienes aún tenían miedo de hablar, incluso ya entrada la Transición. De familiares que también pasaron por la cárcel y el destierro, por el señalamiento diario, madres y hermanas que cada Día de Todos los Santos arrojaban flores de plástico desde la tapia, con cuidado de que no se les viera, explica el antropólogo Roberto Fernández Suárez, autor de la investigación que ha documentado los juicios, las condenas y las ejecuciones de este pueblo y la época convulsa del norte de Madrid tras el golpe.

"Colmenar era cabeza de partido judicial de varios pueblos de la sierra", comenta. Por eso trajeron hasta aquí a los detenidos y los juzgaron y fusilaron. En su libro, La sierra convulsa, deja constancia de ejecutados de San Sebastián de los Reyes, Colmenar Viejo, Soto del Real, Manzanares El Real, Miraflores de la Sierra, El Molar, Moralzarzal, Fuencarral y Hortaleza, que entonces era pueblo y no un distrito de la capital. Junto a la ACVSSR localizaron a algunos familiares, hasta 25, que querían recuperar los restos, darles el reconocimiento y la sepultura que les negó el régimen, y empezaron a diseñar este proyecto. No habrá justicia ni reparación, pero al menos quedará la verdad por escrito y con exactitud. Algunos familiares podrán enterrar a sus muertos, con otros quizás se haga un memorial. Todo está por ver.

Luis Sanz, vecino de San Sebastián de los Reyes, acuda al cementerio de Colmenar Viejo a dejar una muerta de ADN. Su tío fue fusilado en 1939 y quizás esté enterrado en esta fosa.
Luis Sanz, vecino de San Sebastián de los Reyes, acuda al cementerio de Colmenar Viejo a dejar una muerta de ADN. Su tío fue fusilado en 1939 y quizás esté enterrado en esta fosa. — Jairo Vargas

"Yo ni siquiera sabía que había fusilados de San Sebastián de los Reyes enterrados aquí", comenta Luis Sanz. Ha venido a dejar una muestra de ADN que se cotejará con el de los restos que salgan. "Me enteré por la televisión y me acordé de mi madre. Ella lloraba muchas veces por su hermano, pero yo no sé mucho. Nací en el 45", dice. Su tío, Agapito López García, no está en los listados sobre personas sometidas a consejo de guerra tras la victoria franquista que la plataforma ha documentado, aunque saben que no han podido acceder a todos.

Pero hay familias que no esperaron, que nunca imaginaron que un día alguien podría remover esa tierra, buscar los huesos, ponerles nombre. Había que dejar pasar aún unos años desde que murió Franco, asegurarse de que la democracia venía para quedarse, y solo entonces algunos colocaron una lápida de piedra sobre la fosa.

Un botón y una hebilla hallados junto a los huesos de exhumados en el cementerio de Colmenar Viejo.
Un botón y una hebilla hallados junto a los huesos de exhumados en el cementerio de Colmenar Viejo.

El trabajo lo hizo Pedro Sedano, de 72 años. A finales de los 80 puso los ladrillos que luego se cubrirían con piedra pulida. Debajo, explica, hay restos de cuatro o cinco fusilados, aunque no puede precisar. "Mi suegra siempre tuvo mucho miedo. Mataron a su hijo, a mi cuñado. Ella estuvo cuatro años en la cárcel de las 13 rosas. Luego la desterraron a València. Cuando pudo volver la señalaban", expone. "Estaba cansada de venir aquí y quitar porquería de la fosa. Lo habló con otras familias y se hizo esta tumba con todos los permisos", dice. En algún momento habrá que quitarla si se quiere identificar a quien yace bajo ella, "pero todos tienen que estar de acuerdo, y hay quien dice que no se puede desvestir a un muerto para vestir a otro", añade. Ya se verá. Este pedazo de tierra apenas ha empezado a hablar.

Primera restitución de arte incautado por el franquismo a una familia.

 https://www.eldiario.es/cultura/arte/primera-restitucion-arte-incautado-franquismo-familia_1_9274129.html


'Retrato de caballero', de Frans Pourbus el Joven, y 'Retrato de la reina María Cristina de Borbón', de Vicente López, dos obras incautadas por el franquismo

Peio H. Riaño


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La Abogacía General del Estado emitió el pasado mes de junio un informe y dictamen que animaba al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo a devolver a los herederos del empresario naviero Ramón de la Sota y Aburto (1887-1978) dos cuadros que decoraban las paredes del Parador de Almagro desde no se sabe cuánto tiempo. El Retrato de caballero, de Frans Pourbus el Joven, y el Retrato de la reina María Cristina de Borbón, de Vicente López, forman parte de una colección privada que sumaba unas 300 obras de arte antes de la caída del País Vasco en manos del ejército franquista. La familia explica a este periódico que a lo largo del franquismo lograron recuperar menos de 250 piezas. La importancia de esta reclamación extrajudicial es que es la primera restitución que tiene lugar de arte incautado por el franquismo.

España pelea para no devolver un Pissarro robado por los nazis

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Tres años después de la muerte de Ramón de la Sota (1857-1936), el Tribunal de Responsabilidades Políticas le condenó a pagar una multa de 100 millones de pesetas por “conspiración para la rebelión militar”. Sus bienes fueron embargados, entre ellos la flota al completo de sus compañías: 40 barcos que se habían utilizado para evacuar Bilbao ante la llegada de los franquistas. La multa la heredó su hijo, el político y financiero vizcaíno Ramón de la Sota y Aburto, que murió en el exilio. La herencia de la multa seguía activa una vez fallecido el bisabuelo de Ramón de la Sota, quien nos manda el recibo del pago a Hacienda de más de 62 millones de pesetas. La fecha del pago es lo que más sorprende: 1982. Era el importe pendiente de la multa impuesta por el franquismo contra Ramón por sus ideas políticas, que la democracia quería cobrar. Su crimen fue ser nacionalista.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presentará este viernes las dos piezas, que la familia deja en depósito durante dos años en la institución que dirige Miguel Zugaza. A la presentación acudirá la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. “Nunca hemos dejado de buscar las piezas incautadas y perdidas de la colección de mi bisabuelo. Por eso la reparación moral de estos bienes es tan importante, más allá de lo material”, señala Ramón de la Sota a este periódico. Cree que hay muchas familias en la misma situación que la suya y que el Estado debería realizar un inventario de bienes incautados durante el franquismo para comprobar si han llegado a su propiedad de manera lícita o no.

Miles de obras desaparecidas

Arturo Colorado es el investigador que ha descubierto que en la devolución del patrimonio artístico nacional hubo miles de desvíos en las entregas a sus legítimos dueños. En su libro Arte, botín de guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista (Cátedra), Arturo Colorado demuestra cómo durante la guerra y la posguerra españolas se produjo el mayor movimiento de obras de arte, de diáspora y desubicación de la historia de España. Con la explosión revolucionaria, que supuso la quema de iglesias y ocupación de palacios, el Gobierno de la República puso en marcha una política de incautación, depósito y evacuación de las obras más importantes. Entre ellas, medio millar de piezas del Museo del Prado y otras tantas de Palacio Real. El Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, organismo creado en 1938, fue el responsable de las devoluciones. Pero con la dictadura esas devoluciones se ven alteradas.

De muchas el paradero sigue siendo hoy desconocido. Colorado ha catalogado desde 2015 un total de 15.700 obras de arte para saber qué hizo el franquismo con las piezas que la República incautó para salvaguardarlas de su destrucción. La conclusión es que 7.657 obras fueron entregadas a sus legítimos propietarios, pero 6.228 no. Es decir, casi el 40% del tesoro artístico nacional protegido no fue devuelto a sus dueños por el franquismo. Es una situación que no se ha reparado. El Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional del franquismo mandó a los museos 2.854 de las obras requisadas (un 19,7%), a organismos 1.929 (un 29,3%), a la Iglesia 1.288 (un 19,5%) y a colecciones privadas 534 obras (un 3,7%). Colorado también señala unas 600 piezas de las que no existe constancia documental de su destino.

Casi 40 museos españoles exponen obra robada por el franquismo. Esa es una de las conclusiones de las investigaciones de Arturo Colorado. Los museos españoles tienen una tarea pendiente ocho décadas después del final de la Guerra Civil: reconstruir la procedencia de las obras que fueron incautadas durante la Segunda República y no fueron entregadas a sus dueños por el franquismo. El franquismo no culminó la tarea.

De los 37 museos agraciados por las entregas de obras en depósito, el Museo Nacional de Artes Decorativas (525 piezas) y el actual Museo del Romanticismo (311), en Madrid, fueron especialmente mimados por el franquismo. Ambas instituciones fueron convertidas por el régimen en iconos de las artes populares y de las tradiciones creativas del pueblo español y tuvieron un tratamiento privilegiado en la recepción de numerosas piezas. Según Colorado, sabían la procedencia de la mayoría de las requisadas, pero no las entregaron a sus dueños. El mismo Museo del Prado contiene, según sus cálculos, “dos docenas” de obras de arte robadas por el franquismo, aunque en el museo no tienen constancia de esta situación.

Una posesión ilegítima

El caso de Ramón de la Sota echó a andar en 2018, cuando un miembro de la familia de De la Sota se cruzó con un cuadro que se parecía al de su antepasado, en una exposición temporal organizada por la Fundación Mapfre. Era un préstamo del Parador de Almagro y figuraba como propiedad de Paradores, organismo adscrito a la Secretaría de Estado de Turismo. La familia contrató los servicios de los abogados Rafael Mateu y Patricia Fernández Lorenzo, del bufete Ramón y Cajal. Para los letrados es un hecho importante por el cambio en el criterio de la Administración. Hasta ahora si el poseedor actuaba como si fuera el dueño, la posesión estaba legitimada. El Código Civil permite que se adquiera por usucapión la propiedad por posesión de la cosa.

La Administración ha reconocido, en un proceso que no ha sido sencillo, que este depósito es irregular y que por ello no reconocen la usucapión. Patricia Fernández Lorenzo, abogada y doctora en historia, se ha encargado de peinar los archivos de la familia y de la Administración para encontrar los papeles que demostraran que esos cuadros son los que buscan la familia, que fueron incautados y que los herederos son los legítimos propietarios. Cuenta que se les perdió la pista en los años cuarenta y que en 1996 volvieron a salir a la luz cuando sucede la transferencia del Ministerio de Industria a Paradores, para decorar los edificios.

“En este caso, además, la Abogacía ha tenido en cuenta que los cuadros estaban en Almagro, no en Bilbao o cerca. La familia no podía saber de su existencia aunque se expusieran en público. También se ha valorado que la familia haya insistido en la búsqueda desde hace años. Es insólito que se hayan valorado las circunstancias concretas, el contexto en el que sucedió la incautación y los años posteriores”, explica Patricia Fernández Lorenzo. En la resolución del caso ha sido determinante la cantidad de documentación aportada por la familia y sus abogados. Como explica Ramón Mateu, la Administración ha sido favorable en la devolución, “pero no ha sido fácil”. Aunque la solución ha evitado los tribunales.

Dos raseros

Por un lado, la Administración actúa para reparar a las víctimas de la incautación franquista de esta manera pero, por otro, se niega a la devolución de un Pissarro robado por los nazis y expuesto en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Calle Saint-Honoré por la tarde, efecto de lluvia es una obra realizada en 1897 por el pintor impresionista y es propiedad del Estado español desde 1993, cuando compró por 350 millones de dólares al barón Thyssen los 775 cuadros de su colección. Los cuadros están adscritos a la Fundación Thyssen, responsable de gestionar el museo con dinero público, y desde hace 22 años el Estado español se mantiene en litigio contra la familia de los propietarios legítimos, los herederos de Lilly Cassirer.

“Esto es un tributo que hacemos a mi bisabuelo, que no pactó jamás con el régimen y se mantuvo fiel a sus ideas”, explica Ramón de la Sota. Pero también es un hecho que generará nuevas reclamaciones, avanzan los abogados. La Administración española tiene pendiente revisar la trasera de las pinturas que descansan en sus colecciones, que decoran sus edificios y descubrir si son propiedad de terceros para ejecutar su devolución. Hasta el momento no hay jurisprudencia sobre materia de bienes incautados ilegítimamente, pero a partir de hoy ya existe un criterio oficial. La familia De la Sota reclama una implicación en la restitución de estas obras incautadas y no devueltas para tutelar el rescate y no dejar a solas a las víctimas.

diumenge, 28 d’agost del 2022

En Navarra no hubo frente de guerra

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Aclaremos el entuerto terminológico empezando por definir lo que se entiende por frente de guerra.




El revisionismo histórico sigue al acecho. Lo que no extraña. Nunca se fue dicha lacra que empaña la aproximación analítica a ciertos hechos relacionados con Navarra durante la Guerra Civil. Incluso, se dice, ahora, que en Navarra sí hubo frente de guerra.

Lo sostienen quienes defienden una memoria equidistante con relación a la responsabilidad criminal de los hechos ocurridos en 1936, y que, mayormente, son herederos ideológicos de alguno de los partidos políticos que llenaron de sangre los pueblos de Navarra.

Aclaremos el entuerto terminológico empezando por definir lo que se entiende por frente de guerra. Según la jerga militar, en un conflicto armado es una frontera reivindicada por fuerzas opuestas. Lo contrario es la retaguardia. Frente de combate o de batalla es el que ocupa una de las unidades componentes del ejército en el orden del combate y lucha contra el otro a brazo partido con todo tipo de armamento. Así que no parece que este frente de guerra tuviera jamás lugar en Navarra.

Digámoslo claramente. Quienes han defendido con mayor entusiasmo y fuerza testimonial que Navarra nunca fue un frente de guerra fueron, precisamente, los carlistas de El Pensamiento Navarro, los falangistas de Arriba España y los conservaduros de Diario de Navarra, cuyas hemerotecas nunca reconocieron la existencia de un frente de guerra navarro.

Así que, a quienes habría que reconvenir por sostener que en Navarra no hubo frente de guerra, tendrían que ser los directores y periodistas de esos periódicos por afirmar sin desmayo que Navarra jamás fue un frente bélico.

Primero. En las crónicas de guerra reproducidas en esos periódicos se escribirá "frente del Ebro", "frente de Navafría", "frente de Guadalajara". Más específicamente, tales crónicas vendrán remarcadas por el epígrafe: "De nuestro corresponsal en el frente". Frente cuya ubicación jamás hará referencia a una merindad de Navarra.

Segundo. En los partes de guerra, como boletines oficiales que eran del gobierno golpista de Burgos, Navarra jamás brillará como tal frente. En esos partes, se hablará de los "frentes de batalla", "frente de campaña", "frente de Aragón". Nunca "frente de Caparroso, ni de Tudela, ni de Pamplona, ni de Milagro". Y ello a pesar de que en estas localidades hubo cientos de asesinatos perpetrados por carlistas y falangistas. Sin duda, que a este "frente de guerra", caso de serlo, habría que buscarle otro nombre más específico. Pues es raro que en un frente de guerra solo mueran soldados de un único bando.

Tercero. Las cartas que escriben los soldados navarros a sus familiares las firman "en el frente de guerra", o soldados que "están en la guerra". Como dicen los periódicos señalados, "luchando fuera de nuestra querida Navarra por Dios y por la Patria, y a la que pronto volverán, tras vencer a la horda marxista". En Arriba España hay una sección titulada Correo del Frente. En el cancionero de la guerra y, una de las canciones más populares decía:

Si me quieres escribir

Ya sabes mi paradero

En el frente de batalla, primera línea de fuego

En el frente de batalla, primera línea de fuego

Pero, qué casualidad, ninguna de esas cartas las remiten desde Berbinzana, Sartaguda o Arguedas.

Cuarto. A medida que van muriendo los soldados navarros que luchan contra "los rojos ateos", los periódicos aludidos crearán en sus páginas un epígrafe titulado nuestros mártires en el frente. Nunca dirán que tales mártires fueran muertos o asesinados en Lodosa, Valtierra, Villafranca o en Cascante.

Quinto. Cuando los directores de los periódicos de Arriba España (Yzurdiaga), El Pensamiento Navarro (L. Sanz) y Diario de Navarra (Garcilaso) escriben sobre la guerra son conscientes de estar haciéndolo en un despacho, no en una tienda de campaña de combate, sino lejos del bombardeo y de las trincheras. Lo que escriben vendrá encuadrado en una sección titulada En la retaguardia, y ello para hablar "de lo que pasa en el frente de guerra" que no está aquí, sino allí.

Sexto. En las esquelas que se reproducen los soldados navarros muertos en la contienda, de forma invariable se dirá que cada uno de ellos "murió en el frente", que "murió gloriosamente en el frente", que "dio su vida en el frente", o que "fue muerto en campaña". Nunca se dirá que murieron en la retaguardia de Mélida, Artajona, Marcilla.

Séptimo. Cuando se producen los bombardeos de Pamplona, Lumbier y Tudela, lo más llamativo del discurso de los dirigentes carlistas y falangistas no es que califiquen el hecho como una canallada, que lo era, sino en especial porque "se han bombardeado ciudades que no están en el frente de batalla". Diario de Navarra hablaría de "los asesinados ayer a mansalva por un aviador de la horda sanguinaria en una ciudad abierta, lejos del frente de guerra". Y si lo dice el Diario...

Octavo. Probablemente, el argumento más contundente de que Navarra no fue un frente de guerra lo confirmaría el comunicado de la Junta Regional Carlista firmado por su jefe Joaquín Baleztena cuando dijo que "los carlistas, soldados, hijos, nietos y biznietos de soldados, no ven enemigos más que en el campo de batalla. Por consiguiente, ningún movilizado voluntario, ni afiliado a nuestra Comunión debe ejercer actos de violencia, así como evitar se cometan en su presencia" (El Pensamiento Navarro, el 24 de julio de 1936).

En este sentido, estaría bien saber qué "campo de batalla" o "frente de guerra" fue el de Valcardera, adonde el 23 de agosto de 1936 fueron conducidos 53 presos de la cárcel de Pamplona y, a continuación, asesinados 52 de ellos (uno consiguió escapar). Si esto es a lo que se llama "frente de guerra", entonces toca callar. Pero nos tememos que el jefe de la Junta Regional Carlista no se refería a un campo de batalla donde una masa de 52 hombres indefensos fueron abatidos por un pelotón armado de carlistas y falangistas tras haberlos sacado de la cárcel, es decir, sin ni siquiera haberlos hecho prisioneros en un campo de batalla, ese al que, se supone, se refería el jefe carlista.

A estas horas, caso de que estas 52 personas hubieran muerto en el frente de guerra y no asesinadas, nadie hablaría de los crímenes de Valcardera. Lo que explicaría muy bien la diferencia existente entre un frente de guerra y una retaguardia asesina.

Víctor Moreno, José Ramón Urtasun, Orreaga Oskotz, Pablo Ibáñez, Clemente Bernad, Carolina Martínez, Carlos Martínez, Jesús Arbizu, Txema Aranaz, del Ateneo Basilio Lacort