dijous, 13 d’agost del 2026

Las mujeres que el franquismo encerró sin delito: cinco libros para descubrir el Patronato de Protección a la Mujer

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Miles de niñas y jóvenes fueron internadas durante décadas por apartarse de la moral impuesta. El Patronato sobrevivió a Franco y no desapareció hasta 1985; en 2026, el Estado ha empezado a reconocer oficialmente a sus víctimas


Jóvenes internas del Patronato de Protección a la Mujer durante el franquismo - RTVE / Archivo histórico


Durante décadas, miles de niñas y jóvenes españolas quedaron bajo la tutela de una institución capaz de intervenir en algunos de los aspectos más íntimos de sus vidas. No era necesario haber cometido un delito ni haber recibido una condena judicial. Bastaba con que su comportamiento fuera considerado contrario a la moral dominante, que existiera un conflicto familiar, que hubieran mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, que se hubieran quedado embarazadas o que fueran señaladas como jóvenes necesitadas de “protección”.

El organismo encargado de ejercer ese control fue el Patronato de Protección a la Mujer, una institución reorganizada por la dictadura franquista en 1941, dependiente del Ministerio de Justicia y con Carmen Polo de Franco como presidenta de honor. Bajo la idea de proteger y reeducar a las mujeres consideradas en situación de “riesgo moral”, desarrolló una extensa red de centros por toda España y convirtió durante más de cuatro décadas la conducta y la sexualidad femeninas en asuntos susceptibles de vigilancia e intervención institucional.

Muchas de las jóvenes que quedaron bajo su tutela fueron internadas en reformatorios, colegios, hogares, maternidades o talleres gestionados en buena medida por congregaciones religiosas. Las investigaciones históricas y los testimonios reunidos durante los últimos años han documentado situaciones de aislamiento, disciplina estricta, adoctrinamiento religioso, trabajos no remunerados, castigos físicos y psicológicos y presiones sufridas por algunas jóvenes embarazadas en relación con el destino de sus hijos.

Sin embargo, pese a la magnitud y duración de aquella estructura, el Patronato continúa siendo para buena parte de la sociedad uno de los episodios menos conocidos de la represión ejercida específicamente sobre las mujeres durante el franquismo. Su historia ha ido emergiendo lentamente gracias al trabajo de supervivientes, historiadoras y periodistas que durante años han buscado expedientes, localizado antiguos centros y reconstruido las vidas de quienes pasaron por ellos.

En 2026, esa memoria ha adquirido además una renovada actualidad. El Gobierno reconoció el pasado marzo oficialmente a 53 víctimas del Patronato e inició el procedimiento para declarar esta institución, entendida como patrimonio inmaterial, Lugar de Memoria Democrática. Más de cuarenta años después de su desaparición, el Estado comienza así a incorporar a sus políticas públicas de memoria una historia que durante mucho tiempo permaneció fundamentalmente en los testimonios de sus supervivientes y en los trabajos de quienes decidieron investigarla.

Cinco libros permiten acercarse hoy a aquella realidad desde perspectivas diferentes y complementarias.

Una institución para vigilar la moral femenina

Para comprender el Patronato es necesario situarlo dentro de una concepción mucho más amplia de cuál debía ser el papel de las mujeres en la sociedad franquista. La dictadura no se limitó a restringir sus derechos políticos, laborales o jurídicos, sino que desarrolló un modelo femenino estrechamente relacionado con la obediencia familiar, la religión católica, el matrimonio y la maternidad.

Dentro de ese proyecto, la sexualidad femenina adquirió una especial importancia. Aquellas jóvenes que se alejaban del comportamiento considerado correcto podían ser calificadas como descarriadas, rebeldes o moralmente peligrosas y quedar sometidas a mecanismos de vigilancia y corrección.

Uno de los trabajos más completos para entender cómo se articuló aquella estructura es Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), de la historiadora Carmen Guillén Lorente, publicado por Crítica en 2026.

Guillén lleva años investigando específicamente el Patronato y realizó la primera tesis doctoral dedicada de forma monográfica a esta institución. Su libro permite observarla desde dentro de la propia administración franquista y reconstruir la relación entre el Estado, la Iglesia y las numerosas órdenes religiosas que participaron en la gestión de los centros.

Su principal aportación consiste en demostrar que lo sucedido no puede explicarse únicamente como una sucesión de abusos cometidos en determinados reformatorios. Detrás existía una estructura institucional con normas, autoridades, expedientes y procedimientos administrativos que respondían a una determinada concepción de la mujer y de la moral pública.

Redimir y adoctrinar resulta por ello una buena puerta de entrada para cualquier lector que quiera descubrir el Patronato. Antes de conocer las historias particulares de quienes fueron internadas, el libro permite comprender cómo fue posible construir un sistema capaz de intervenir durante décadas en la vida de miles de jóvenes.

Las mujeres que comenzaron a romper el silencio

La recuperación de esta historia, sin embargo, no nació únicamente de las investigaciones académicas. Mucho antes de que el Patronato comenzara a recibir una mayor atención institucional, algunas de las mujeres que habían pasado por sus centros empezaron a contar lo que habían vivido.

Entre ellas se encuentra Consuelo García del Cid Guerra, internada durante su adolescencia y posteriormente convertida en una de las principales voces en la recuperación de la memoria de las antiguas internas. En 2012 publicó Las desterradas hijas de Eva, uno de los primeros libros que acercaron esta realidad a un público más amplio.

La obra reconstruye el funcionamiento de distintos establecimientos vinculados al Patronato y recupera las experiencias de mujeres que habían permanecido durante décadas prácticamente ausentes del relato público sobre el franquismo. A través de testimonios y documentación, García del Cid dirige la atención hacia la vida cotidiana dentro de los centros y hacia las consecuencias que aquellos internamientos tuvieron sobre quienes los sufrieron.

Su aportación resulta especialmente importante porque añade algo que los documentos administrativos difícilmente pueden reflejar: la experiencia personal de sentirse vigilada, castigada o privada de libertad sin comprender por qué una conducta que no constituía ningún delito había provocado semejante respuesta.

La trayectoria de García del Cid permite además observar cuánto ha cambiado el reconocimiento público de estas mujeres. Después de años dedicados a denunciar y documentar lo sucedido, el pasado mes de marzo fue una de las representantes de las víctimas que tomó la palabra en el acto de reconocimiento celebrado por el Gobierno en Madrid.

El recorrido entre ambos momentos resume en buena medida la evolución de esta memoria: primero estuvieron las supervivientes que decidieron hablar; décadas después comenzó a llegar el reconocimiento institucional.

Seguir el rastro del Patronato por las ciudades españolas

Otra de las dificultades para conocer el verdadero alcance de la institución reside en la dispersión de sus archivos y en el carácter territorial de su funcionamiento. El Patronato no era únicamente un organismo ubicado en Madrid, sino una extensa red de juntas provinciales y establecimientos repartidos por diferentes puntos del país.

Las periodistas Marta García Carbonell y María Palau Galdón investigaron precisamente ese despliegue en Indignas hijas de su Patria. Crónicas del Patronato de Protección a la Mujer en el País Valencià, publicado en 2023 por la Institució Alfons el Magnànim.

Su trabajo combina periodismo de investigación, documentación histórica y testimonios para reconstruir el funcionamiento del Patronato en territorio valenciano. Al reducir la escala y seguir su huella sobre lugares concretos, la institución deja de presentarse como una estructura abstracta y adquiere una dimensión mucho más cercana.

Aparecen entonces los edificios en los que permanecieron las internas, las congregaciones responsables de determinados centros, los expedientes que decidían el destino de las jóvenes y las familias que, en algunos casos, participaron también en el proceso que terminaba conduciéndolas hasta ellos.

El libro muestra asimismo las dificultades que todavía existen para investigar esta historia. La documentación del Patronato quedó dispersa entre diferentes archivos y administraciones, mientras que determinadas fuentes siguen siendo complicadas de localizar o consultar. Reconstruir lo sucedido implica, por tanto, unir fragmentos documentales y testimonios que durante décadas permanecieron separados.

Ese trabajo permite devolver nombres, lugares y biografías a una historia que durante demasiado tiempo fue explicada únicamente mediante categorías administrativas como “protegidas”, “descarriadas” o “mujeres en riesgo moral”.

Una muerte ocurrida cuando España ya era una democracia

La investigación de Marta García Carbonell y María Palau Galdón encontró posteriormente una historia que obliga a mirar el Patronato desde una perspectiva todavía más incómoda. Junto con Esther López Barceló, ambas periodistas publicaron en abril de 2026 Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato, editado por Libros del K.O.

El libro reconstruye la vida y la muerte de Inmaculada Valderrama Morato, una adolescente de 14 años que falleció en septiembre de 1983 después de precipitarse desde un tercer piso del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, en San Fernando de Henares, donde se encontraba internada.

La fecha convierte su caso en algo especialmente significativo. Inmaculada no murió en los primeros años de la dictadura ni durante la posguerra, sino en 1983, cuando España llevaba casi cinco años bajo la Constitución de 1978 y había celebrado ya varias elecciones democráticas.

Su historia permite cuestionar una división demasiado sencilla entre dictadura y democracia. Las instituciones políticas habían cambiado, pero determinadas estructuras heredadas del franquismo continuaban funcionando. El Patronato seguía existiendo y todavía pasarían dos años hasta su desaparición formal.

Las autoras reconstruyen la identidad de Inmaculada, investigan las circunstancias de su muerte y recuperan una historia que durante décadas apenas había tenido presencia pública. Al hacerlo, el libro amplía también el debate sobre el Patronato: ya no se trata únicamente de analizar cómo pudo funcionar durante la dictadura, sino de preguntarse por qué una institución creada para controlar la moral femenina sobrevivió tantos años después de la muerte de Franco.

Esa continuidad constituye uno de los elementos más sorprendentes de toda su historia. El dictador murió en 1975, las primeras elecciones democráticas se celebraron en 1977 y la Constitución fue aprobada en 1978, pero el Patronato no desapareció definitivamente hasta 1985.

Comprender la sociedad que hizo posible el Patronato

Las historias de las internas explican qué ocurrió dentro de los centros, pero para comprender por qué una institución semejante pudo existir durante más de cuatro décadas resulta necesario observar también la sociedad que la sostuvo.

Eso es precisamente lo que permite hacer Mujer, moral y franquismo. Del velo al bikini, de la historiadora Lucía Prieto Borrego, publicado en 2018 por la Universidad de Málaga.

A través del estudio de las políticas de control social desarrolladas durante la dictadura y, particularmente, del funcionamiento del Patronato en Málaga entre 1941 y 1971, Prieto Borrego muestra cómo la intervención sobre las mujeres trascendió la finalidad oficialmente relacionada con la prostitución.

La institución actuó también sobre comportamientos que simplemente se alejaban de la moral sexual y familiar defendida por el nacionalcatolicismo. Esa ampliación resulta fundamental para comprender el Patronato, porque demuestra que su función no consistía exclusivamente en intervenir ante determinadas situaciones de marginalidad, sino también en establecer cuáles eran los límites de una conducta femenina considerada aceptable.

El libro sitúa así al Patronato dentro de un sistema mucho más amplio de control social. El modelo de mujer promovido por el franquismo no era únicamente un ideal difundido desde la educación, la Iglesia o los discursos oficiales. Existían también estructuras capaces de intervenir sobre aquellas que se apartaban de él.

Leído junto a los testimonios y las investigaciones sobre los reformatorios, el trabajo de Prieto Borrego permite comprender que detrás de cada expediente existía una determinada concepción política de la familia, la sexualidad y el lugar que debían ocupar las mujeres en la sociedad.

Una historia que España empieza ahora a reconocer

La publicación de estos libros ha contribuido a reconstruir una historia que durante décadas permaneció fragmentada entre archivos, recuerdos familiares y testimonios de antiguas internas. Cada uno aborda el Patronato desde un lugar diferente, pero juntos permiten comprender la dimensión de un sistema que combinó control administrativo, moral religiosa y disciplina social.

Carmen Guillén Lorente explica su estructura institucional; Consuelo García del Cid introduce la experiencia de quienes pasaron por sus centros; Marta García Carbonell y María Palau Galdón reconstruyen su funcionamiento sobre el territorio; junto a Esther López Barceló recuperan una muerte ocurrida en plena democracia; y Lucía Prieto Borrego permite entender el modelo social y moral que hizo posible aquella institución.

La recuperación de esta memoria ha adquirido en 2026 una importancia especial. El Estado ha reconocido oficialmente a 53 víctimas, ha abierto una investigación específica sobre las vulneraciones de derechos sufridas en aquellos centros y mantiene en marcha el procedimiento para declarar al Patronato de Protección a la Mujer Lugar de Memoria Democrática.

El reconocimiento llega más de cuatro décadas después de que el organismo fuera suprimido. Entre 1985, año de su desaparición, y 2026, año en el que el Estado ha comenzado a reconocer públicamente a algunas de sus víctimas, han transcurrido 41 años.

Durante buena parte de ese tiempo fueron las propias mujeres, las investigadoras y las periodistas quienes conservaron y reconstruyeron esta historia. Los cinco libros que hoy permiten acercarse al Patronato son también el resultado de esa batalla contra el olvido y una forma de entender hasta qué punto la represión sobre las mujeres durante el franquismo penetró mucho más allá de las cárceles políticas.

Porque conocer el Patronato de Protección a la Mujer no significa únicamente descubrir qué ocurrió detrás de los muros de unos reformatorios. Significa comprender cómo durante décadas el Estado asumió la capacidad de decidir qué comportamientos convertían a una mujer en alguien que debía ser vigilada, apartada de su entorno y corregida, y por qué una historia de semejante dimensión ha necesitado tanto tiempo para ocupar un lugar en la memoria democrática española.