dissabte, 5 de setembre del 2026

Una fosa común, seis víctimas asturianas y noventa años de espera por la Justicia

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La Fiscalía logra que seis asturianos exhumados de la fosa de La Caridad sean declarados víctimas de la Guerra Civil; el procedimiento nació alrededor de Luz, Mercedes y Maura Ferrer


Una imagen de la fosa de La Caridad, donde fueron exhumados los seis asturianos víctimas de la Guerra Civil.
Soraya Pérez

Han tenido que pasar noventa años para que un documento judicial deje por escrito lo que durante décadas permaneció enterrado junto a sus cuerpos. Luz, Mercedes y Maura Ferrer fueron víctimas de la Guerra Civil. No murieron en combate. Fueron detenidas sin posibilidad de defenderse y fusiladas en septiembre de 1936. Ahora, la Justicia reconoce oficialmente aquella realidad.

Seis asturianos y sus familiares vivos más próximos han sido declarados víctimas de la Guerra Civil, conforme a la Ley de Memoria Democrática, a petición de la Fiscalía del Principado de Asturias. La decisión se recoge en cuatro autos independientes dictados por el Tribunal de Instancia de Castropol.

Detrás del reconocimiento hay un trabajo en el que han participado la Fiscalía, la Dirección General de Memoria Democrática y la Universidad de Oviedo. El fiscal delegado de Memoria Democrática en Asturias, Javier Marqués Ouviaño, solicitó el pasado julio que los seis asturianos cuyos cuerpos habían sido exhumados de la fosa común del cementerio de La Caridad, en El Franco, fueran reconocidos como víctimas y que quedara consignada la realidad de sus muertes: fueron ejecutados de manera «violenta y arbitraria».

Pero el procedimiento tiene tres nombres que sobresalen entre todos los demás: Luz, Mercedes y Maura Ferrer. Sobre las tres hermanas pivotó el inicio de las actuaciones y, en su caso, la Fiscalía pidió que se tuviera en cuenta además su condición de mujeres y su orientación ideológica.

Tres hermanas, una misma fosa

La historia de las Ferrer llevaba décadas esperando este reconocimiento. Eran naturales de Otur, en Valdés, e hijas de una familia vinculada al sindicalismo. Luz tenía 21 años; Mercedes, 20, y Maura apenas 18. Había una cuarta hermana, de solo 14 años, que sobrevivió por ser menor de edad.

Su padre, Manuel Ferrer, era sindicalista y presidente del sindicato de artes gráficas de Luarca. Cuando sus tres hijas fueron asesinadas, los hombres de la familia se encontraban fuera de casa. Una de las hipótesis planteadas en las investigaciones sobre su muerte es que las jóvenes sufrieron lo que se conoce como «represión por delegación»: castigar a unas personas por la actividad o las ideas políticas de sus familiares.

La documentación que ahora ha servido para el procedimiento judicial aporta más detalles sobre lo ocurrido. Las hermanas fueron acusadas de «incitar a los soldados a que no disparasen contra el pueblo, a que tiraran contra los jefes y así se acabara la guerra». Tras ello fueron encerradas, sin posibilidad de defenderse, y posteriormente fusiladas. La Fiscalía señala además que existe la sospecha de que pudieron sufrir agresiones sexuales antes de morir.

Era el 1 de septiembre de 1936. Sus cuerpos terminaron en la fosa común del cementerio de La Caridad. Durante décadas, allí permanecieron sus restos mientras la historia de las tres jóvenes se transmitía dentro de una familia que nunca dejó de buscarlas.

Una búsqueda que abrió otra puerta

La recuperación de las hermanas Ferrer, en diciembre de 2024, terminó sirviendo, además, para sacar del anonimato a otras víctimas. La localización de sus restos permitió averiguar la identidad de otros tres hombres enterrados en la misma fosa. Según recoge la Fiscalía, los tres fueron víctimas de vulneraciones de las normas internacionales de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario: fueron agredidos, ejecutados de forma arbitraria y violenta y arrojados posteriormente a la fosa común de La Caridad.

Son, por tanto, seis víctimas y seis historias que ahora reciben un reconocimiento que llega nueve décadas después de aquellos hechos. También alcanza a sus familiares vivos más próximos, igualmente declarados víctimas en los términos contemplados por la Ley de Memoria Democrática.

En el caso de las Ferrer, el reconocimiento cierra al menos una parte de una historia que comenzó con tres muchachas sacadas de su casa en los primeros meses de la Guerra Civil y continuó durante generaciones. Su hermana pequeña sobrevivió, pero tuvo que convivir el resto de su vida con la ausencia de Luz, Mercedes y Maura y con el recuerdo de lo sucedido.

Durante décadas fueron tres nombres dentro de una fosa común. Después llegaron la investigación, la excavación y la recuperación de los restos. Y ahora también queda constancia judicial de cómo murieron.