La Asociación por la Memoria Histórica de Arucas organiza un recorrido por los edificios del casco histórico que tuvieron un papel relevante durante esta oscura época
Turistas y locales paseaban despreocupados durante la mañana de este domingo por las tranquilas calles aruquenses. Algunos disfrutaban de un refrigerio en las terrazas de las cafeterías y restaurantes del casco histórico, huyendo del calor del penúltimo día de agosto. La Plaza de la Constitución se convirtió en el punto de encuentro de decenas de personas que acudieron a la ruta organizada por la con motivo de la celebración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. El objetivo del recorrido fue dar a conocer el papel que tuvieron durante la Guerra Civil y el franquismo algunos de los edificios que forman parte de la vida cotidiana de los vecinos de la localidad.
La jornada comenzó con un mensaje de la presidenta de la AMHA, Pino Sosa, quien tras ochenta años de búsqueda, pudo encontrar el cadáver de su padre en los pozos de Arucas, ya que fue víctima del régimen. Sosa animó a los jóvenes a conocer la cruda historia de la localidad y aclaró que aún existen cientos de personas desaparecidas a raíz de los horrores acaecidos durante aquella etapa de horror y represión. El jurista Eduardo Hernández y la antropóloga María Pérez fueron los encargados de arrojar luz sobre la historia de las edificaciones más significativas del casco a lo largo del trayecto.
El cañonazo a la Casa Consistorial
La primera parada de la ruta fue la Casa Consistorial, que se encuentra en la propia Plaza de la Constitución. Según explicaron los guías del trayecto, el 19 de julio de 1936, el bando sublevado trató de tomar el pueblo y colocaron una pieza de artillería junto al edificio, que actualmente conserva la cicatriz que le dejó el disparo de un cañonazo en plena fachada. Aquel día consiguieron hacerse con el control de la zona y la única víctima mortal que resultó de aquel cruento enfrentamiento fue José Carlos Gómez Viera, el panadero del pueblo.

Imagen de los asistentes del recorrido en la Plaza de la Constitución, frente a la Casa Consistorial. / José Carlos Guerra
Centros de detención y tortura
A escasos 100 metros de la plaza se encuentra el número 7 de la calle Francisco Gourié, que fue una de las sedes de la Falange en Arucas. Tanto esta señorial edificación, como el número 11 de la misma vía, fueron utilizados como centros de detención y tortura. Según explicaron Eduardo y María, varios testimonios de la tradición oral afirman que cuando se escuchaba música a un volumen elevado en el interior de estos inmuebles, los habitantes del pueblo sabían que una persona estaba siendo martirizada en aquel momento. Con el paso de los años, el número 11 de esta calle se transformó en el casino del pueblo, que era frecuentado por la clase pudiente de la zona.

El guía Eduardo Hernández explicando la historia del número 7 de la calle Francisco Gourié. / José Carlos Guerra Mansito
"La Gota de Leche" es el nombre que recibía el edificio en el que se repartían las cartillas de racionamiento
En el número 9 de la calle Calvo Sotelo se encuentra el edificio conocido como "La Gota de Leche". Inicialmente, el lugar pertenecía a la Federación Obrera de Arucas y era el punto de encuentro para los trabajadores de distintos sectores, pero fue ilegalizado durante el franquismo. El inmueble recibe su nombre porque era el sitio donde se repartía este producto lácteo entre las familias que no tenían qué comer, especialmente entre las mujeres con niños, debido a que muchos de los hombres en edad de trabajar habían desaparecido. Según contó María, las personas mayores del pueblo recuerdan que cuando llegaba una mujer acusada de ser roja, la forzaban a volver a hacer la cola desde el principio para recibir el alimento. Posteriormente, el edificio se utilizó para regular las cartillas de racionamiento. No obstante, debido a que la cantidad recibida era escasa, muchas personas se vieron obligadas a recurrir al estraperlo para completar sus dietas.
Cultura y masonería
En contraposición al casino de Arucas, que era el lugar en el que se reunía la población más adinerada, la edificación de la Sociedad Atlántida era el lugar en el que la clase trabajadora desarrollaba actividades culturales. Se trata de un inmueble en el que, según explicó Eduardo, se han encontrado varios símbolos masónicos en espejos y cristaleras. El jurista afirmó que varios masones se dedicaban a educar y alfabetizar a los ciudadanos que no habían tenido la oportunidad de recibir formación académica.
La Casa del Niño
Lo que hoy en día es la sede de las Escuelas Artísticas Municipales de Arucas, antaño fue conocida como "La Casa Del niño". El número 38 de la calle Marqueses sirvió como hogar de acogida para huérfanos y niños a los que sus familias no podían dar sustento. Los guías de la ruta afirmaron que el lugar era en realidad un centro de adoctrinamiento en el que los infantes eran tratados con severidad e instruidos en la fe católica y la ideología franquista.
Sacerdotes y listas negras
La icónica parroquia de San Juan Bautista, también jugó un papel fundamental en la Guerra Civil. En una de las torres de la iglesia se apostó una ametralladora utilizada para reprimir al bando republicano. El cura del templo en aquel momento, Francisco Hidalgo, era conocido por participar en la elaboración de las "listas negras" en las que se incluía el nombre de las personas que debían ser perseguidas y castigadas por ser contrarias al régimen. José Déniz, el sacerdote de Cardones, era la antítesis de Hidalgo, pues al enterarse de quiénes serían los damnificados, corría a avisarlos para que pudieran esconderse de los efectivos de la Falange.
El bando sublevado colocó una ametralladora en una de las torres de la icónica iglesia
Sección femenina y Policía Municipal
El recorrido culminó en la calle León y Castillo. El edificio ubicado en el número 14 fue la primera sede de la Falange en el pueblo y, a la postre, se convirtió en el de la Sección Femenina. Esta organización tenía el objetivo de adoctrinar a las mujeres en los valores del régimen y del catolicismo para enseñarlas a ser sumisas amas de casa. En la misma vía, lo que hoy es la Oficina de Turismo, antaño fue la Comisaría de la Policía Municipal.
Con esta ruta, los miembros de la AMHA quisieron recordar a las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura y reivindicar que se trata de un problema que sigue vigente hoy en día a causa de las decenas de conflictos activos.

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