La asociación de memoria histórica de Llagostera presenta un estudio “inédito” que ubica a las víctimas cruzando datos de archivo
La Associació per a la Recuperació de la Memòria Històrica de Llagostera hace un llamamiento público para localizar a los familiares de las 510 personas fusiladas por el franquismo entre 1939 y 1945 enterradas en el cementerio viejo de Girona y reclamar la apertura de las fosas comunes.
La presidenta de la asociación, Teresa Mur, ha detallado que han pedido colaboración a los ayuntamientos de la demarcación para poder encontrar a los descendientes y aunar esfuerzos para conseguir que se recuperen los restos, se identifiquen por el ADN y se devuelvan los restos para hacer entierros “dignos” a las víctimas.
También presentaron un estudio “inédito” elaborado por Joan Roura que, cruzando datos de archivo, hace “un supuesto” sobre la ubicación de las víctimas en las fosas.
La asociación subraya que han pasado 87 años desde las primeras ejecuciones y muchos de los hijos de las víctimas han muerto ya sin haber podido recuperar los cuerpos de sus familiares y darles sepultura a los nichos familiares. “Vamos tarde, no, vamos tardísimo”, ha lamentado Teresa Mur.
Por eso, la asociación hace un llamamiento público para encontrar a los descendientes de los fusilados y conseguir que se abran las fosas. “Somos la última generación con conciencia de nuestros abuelos y de nuestros padres que vivieron la posguerra. Y somos los que podemos devolver a los fusilados a casa”, ha afirmado.
Mur ha advertido que el paso del tiempo juega en contra de las familias y que, de no actuar, muchas víctimas pueden acabar cayendo en el olvido. “Muchos hijos ya no están, se han ido con el pesar de no haber llevado los restos de sus padres a los nichos familiares para poder reponer juntos”, ha explicado. Para la presidenta de la entidad, recuperar los cuerpos no es sólo una cuestión de memoria histórica, sino también una forma de cerrar un duelo que se ha transmitido de generación en generación.
Joan Ventura, miembro de la asociación, recordó que la entidad nació en 2008, aunque los primeros pasos se remontan a 2002, a raíz de la investigación que impulsó Eugenia Riera Gurnés sobre el fusilamiento de su abuelo, Eugeni Gurnés, que fue alcalde de Ll. Ahora, la entidad ha intensificado los esfuerzos por localizar a los familiares de los 510 represaliados que constan en los registros del cementerio de Girona.
Para ello, Mur ha elaborado una relación de las víctimas a partir de la documentación del Archivo Municipal de Girona, que recoge los nombres y apellidos de los fusilados, el lugar de nacimiento y residencia, la edad, el oficio y las referencias de los sumarios y expedientes penitenciarios. Con esta información, la Asociación se ha dirigido a los ayuntamientos de los municipios de origen o residencia de los represaliados para pedirles ayuda a la hora de encontrar a los descendientes.
Según la información de la entidad, las víctimas procedían de unos 150 municipios de la demarcación. Hasta ahora, han conseguido contactar con 78 familiares, algunos de los cuales están interesados en recuperar los restos, aunque la búsqueda sigue abierta. “Es un proceso complicado y doloroso”, ha reconocido Mur.
El objetivo de la asociación es disponer de una relación de familiares para sumar fuerzas a la hora de exigir la apertura de la fosa y ayudarles a realizar las pruebas genéticas necesarias para identificar los restos. Mur ha explicado que también les asesoran para inscribirse en el censo de personas desaparecidas de la Generalitat y tramitar las muestras de ADN, especialmente en el caso de personas mayores que tienen dificultades para realizar las gestiones telemáticas.
Cuatro fosas y un estudio “inédito”
Paralelamente a la búsqueda de familiares, la Asociación ha presentado un estudio elaborado por Joan Roura que intenta reconstruir la distribución de los entierros en las cuatro fosas comunes del cementerio viejo de Girona. El trabajo “inédito” combina la información de los archivos municipal y diocesano con testimonios de familiares que habían podido identificar el lugar donde se enterraron sus antepasados. Roura ha insistido en que la reconstrucción es una hipótesis y que no permite asegurar dónde se encuentra cada víctima.
Los diagramas reproducen a escala las cuatro fosas, identificadas con las letras A, B, C y D, situadas a ambos lados del paseo central del cementerio. Según ha explicado Roura, cada una tendría entre 30 y 32 metros de largo y entre 2 y 2,5 metros de ancho. El estudio parte de la hipótesis de que los cuerpos se enterraron en tres niveles superpuestos y reconstruye cronológicamente cómo se podrían haber ido ocupando los diferentes espacios.
A partir de este cálculo y de la documentación disponible, Roura considera que ha podido situar de forma aproximada una parte importante de las víctimas. El trabajo también incorpora a los testigos de familias que, durante décadas, han ido a llevar flores al lugar donde creían que reponían a sus parientes. Roura recordó que, tras los fusilamientos, algunos familiares iban al cementerio y preguntaban a los sepultureros dónde habían sepultado a sus seres queridos. Aquella información se transmitió a las siguientes generaciones y ahora ha servido para orientar la reconstrucción.
Roura, que tiene el abuelo enterrado en una de las fosas, ha explicado que estas referencias familiares, cruzadas con las fechas de los fusilamientos, permiten reconstruir la secuencia de los entierros. El estudio se ha entregado a la Dirección General de Memoria Democrática de la Generalitat para que lo tenga en los trabajos técnicos.
Hasta 69 fusilados en un solo día
La documentación recogida por la Asociación también permite seguir el alcance de la represión franquista en las comarcas gerundenses. Las primeras ejecuciones que constan en la relación son del 8 de marzo de 1939, antes de que terminara oficialmente la Guerra Civil. Entre ese día y el 28 de marzo, fusilaron a 36 personas.
Los fusilamientos se intensificaron durante los siguientes meses. Según los datos expuestos por la entidad, el 25 de abril de 1939 ejecutaron a 28 personas; los días 11 y 12 de mayo, 40 cada uno, y el 28 de julio llegaron a asesinar a 69 víctimas en un solo día.
La Asociación calcula que las dos primeras fosas se llenaron entre finales de 1939 y principios de 1940 y que, a partir de entonces, los entierros continuaron en las otras dos. Sin embargo, Roura ha advertido que esta cronología es aproximada y que todavía no se puede determinar con exactitud cuando se dejó de utilizar cada uno de los espacios. La última ejecución documentada fue el 19 de enero de 1945, pocos meses antes de la muerte del dictador.
A la espera de un estudio
Sin embargo, la apertura de las fosas aún no tiene fecha. Teresa Mur ha explicado que la Dirección General de Memoria Democrática de la Generalitat ha encargado un estudio técnico de viabilidad al arqueólogo forense René Pacheco para analizar sobre el terreno las posibilidades de intervenir en el cementerio.
Mur ha explicado que, de momento, no han obtenido ningún compromiso concreto de apertura y que la Generalitat les ha trasladado que espera las conclusiones del estudio técnico antes de tomar decisiones. La presidenta ha reconocido que una intervención de estas características es compleja, pero defiende que existe suficiente información para justificarla.
Más allá de los estudios y de los trámites administrativos, Mur ha insistido en que la principal preocupación de la Asociación es el tiempo que sigue pasando. Por eso, ha hecho un llamamiento a los descendientes que todavía no han sido localizados para que se pongan en contacto con la entidad a través del correo memoriahistoricallagostera@gmail.com, tanto si quieren iniciar los trámites del ADN como si, de momento, sólo quieren recibir información sobre el proceso.

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