Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Uno de los objetivos del proyecto este año en Madrid era localizar la trinchera de comunicación que une el Asilo de Santa Cristina con la retaguardia franquista. Es la que aparece marcada con una A en la imagen superior. Se trata de una trinchera de enorme valor simbólico, porque por ella caminaron los oficiales franquistas y republicanos que escenificaron la rendición de Madrid el 28 de marzo de 1939. Parecía un trabajo fácil. Tenemos planos y fotos aéreas de la época. Hemos localizado ya en el terreno el edificio cuadrado que aparece en las fotos junto a la trinchera. Solo nos hacía falta la pala excavadora.
Y este año nos la podíamos permitir. Así que nos trajimos una miniretro. Empezamos a retirar la tierra siguiendo la orientación de la trinchera tal y como se ve en las fotografías aéreas. Pero no dio mucho resultado. Sacamos más y más tierra estéril. Decidimos por lo tanto cambiar de estrategia y tajar la trinchera transversalmente.
Y entonces parecía como que íbamos a tener suerte. Dimos con una zanja rellena de gran cantidad de ladrillos procedentes del asilo. En la parte inferior de la posible zanja encontramos una masa de hierro oxidado.
Que resultó ser un proyectil rompedor de 77 m. Está completo, pero sin carga. Al tratar de definir la posible trinchera en planta, sin embargo, nos dimos cuenta de que no continuaba. Se trataba simplemente de un echado de escombros de la inmediata posguerra.
El secreto placer de destrozar la Complutense (con autorización).
No quedaba más remedio que continuar bajando. Así que bajamos. Mucho. A los dos metros y medio de profundidad seguíamos sin trinchera, pero encontramos algo.
Nada muy espectacular por ahora: a casi tres metros de profundidad los rellenos de arena estéril con los que se selló toda la zona en la posguerra dan paso a un nivel horizontal con manchas de quemado... y restos de la Guerra Civil (suelas, trozos de metal, vidrio). Es una superficie de la época, más profunda que muchos yacimientos paleolíticos de hace decenas de miles de años. Y nos puede dar sorpresas. Esperamos poder contarlas en breve.
Benito Reola Hermosilla nació en 1903 en el cuartel de la Guardia Civil de Urizaharra (Peña Cerrada), pueblo de Araba. Huérfano muy joven, con 18 años se sumó a la guerra de África, con 21 años ingresó en la guardia civil, que le destinó a Oviedo y después a Agurain (Salvatierra). Reola estaba destinado en Euskadi al producirse el golpe de estado y se incorporó a la lucha antifascista desde el principio, llegando a Mayor de Milicias por su valía y capacidad de mando probada, había estado en la Escuela Popular de Guerra y tenía formación y experiencia militar, y supo estar con sus hombres en el Frente desde los primeros días. El lehendakari Aguirre le puso al frente de una de las 2 Brigadas expedicionarias vascas que acudieron en ayuda de Asturias: Una la mandó el mítico mayor Candido Saseta (ANV), la otra, el mayor Reola.
La brigada del Comandante del Euzko Gudarostea Cándido Saseta, con los batallones Amayur, ANV Nº 2 Eusko Indarra y el UGT Nº 2 Indalecio Prieto combatió para cortar el corredor de Grado, los gudaris atacaron con decisión, poniendo en grave peligro al enemigo, pero no lograron sus propósitos faltos de armas pesadas y de apoyo y Saseta murió en combate. La brigada vasca al mando de Reola estaba compuesta por los batallones Rusia, Perezagua y CNT N.º 3 Isaac Puente. Combatió en el sector de San Claudio tomando al asalto el pico del Pando cortando el pasillo que unía a los sitiados en Oviedo con Grado mantuviendo las posiciones cuanto pudieron donde estaban las columnas gallegas franquistas.
Allí Reola resultó gravemente herido en el pecho en marzo de 1937 y fuer evacuado a Bilbao. Se reincorporó al ejército, y la retirada Republicana desde Vizcaya a Santoña le cogió de comandante de la Escuela Popular de Guerra de esa localidad en el momento en el que los nacionalistas vascos apostaron por el histórico Pacto de Santoña. Reola, comunista, se posicionó contrario al pacto. Según Martxelo Álvarez de Ahaztuak (1936-1977), Reola tuvo el valor de ser un militar fiel a la voluntad popular, al gobierno de la República frente a las consideraciones de posibilismo político manejadas por el Gobierno vasco en la rendición del pacto de Santoña.
Tras su negativa a rendirse, Reola se retiró desde Santander hacia Asturias salvando así a numerosos combatientes. Infatigable organizador, formó un batallón con fuerzas de Infanteria de Marina y marineros de los barcos de la Armada que estaban bloqueados o habían sido hundidos. En septiembre de 1937, Benito Reola al mando de una exigua Brigada nucleada en torno al Batallón de Marina, defendió el sector de Peñas Blancas en uno de los flancos del Mazuco en las montañas al este de Asturias, clave para cortar el paso a las tropas franquistas.
Reola y sus marinos combatieron hasta la caída del frente asturiano en octubre de 1937 y con ello la desaparición del Frente Norte, manteniéndose en la resistencia en Asturias y León, resistiendo 12 días ataque tras ataque sometidos a constantes bombardeos de aviación y artillería, unos de los combates más duros y sangrientos del frente norte, 16 batallones enemigos contra el equivalente a uno solo. Los testimonios de la dureza del combate y del alto precio que los requetes y falangistas tuvieron que pagar están recogidos en los diarios de marcha de los tercios y banderas intervinientes. Aplastados por las bombas de aviación, agotados suministros y municiones, los supervivientes se retiraron; la casi totalidad de la unidad había sucumbido.
Reola desapareció a finales de octubre. No estaba entre los que se retiraron en barco, no se tuvo noticia de que hubiera caído prisionero, estaba desaparecido. Su esposa nunca recibió noticia alguna y moriría sin saber que le había ocurrido. A finales de octubre de 1937, en las montañas de Pola de Gordón se le perdió la pista. Tras retirarse no alcanzaron las lineas propias, sobrevivieron algunas semanas en terreno enemigo. En noviembre de 1937 Benito y su camarada fueron capturados y asesinados por disparos en la cabeza, y arrojados en una cuneta en el pueblo leonés de Cuadros. El cuerpo de Reola llevaba consigo completa documentación y fotografías. Los 2 cuerpos fueron transportados al cementerio en un carro y enterrados en una fosa común del cementerio local. Reola no pudo volver a ver a su familia.
Su paradero había sido ignorado, pero el colectivo Ahaztuak y sus familiares dieron a conocer lo ocurrido con él, concluyendo que Reola “ha dejado de ser un desaparecido para pasar a ser una más de las víctimas de la brutal represión franquista”. El colectivo Ahaztuak ha rendido homenaje en un acto en recuerdo y homenaje a Benito Reola Hermosilla, el militar vasco de los batallones Meabe (JSU) y Jesús Larrañaga Churruca(PC), que comandara una de las dos Brigadas Vascas enviadas por el lehendakari José Antonio Aguirre a luchar contra los fascistas en suelo asturiano en 1937. Miembros del Parlamento de Asturias han acudido para tributar el agradecimiento del pueblo asturiano a Benito Reola y por extensión a todos los vascos, gudaris y milicianos”.
El bilbaíno Iñaki Tamayo Reola, nieto de aquel a quien mataron el 1 de noviembre de 1937 y apareció en una cuneta junto a un miliciano: “Queremos que Benito Reola sea reconocido como víctima vasca del franquismo. Nuestro abuelo fue una víctima vasca de una relevancia militar a la de Saseta”. Benito Reola Hermosilla fue un gudari valiente, honrado, un hombre de la cabeza a los pies. guardia civil, veterano soldado de la guerra de África, antifascista, patriota identificado plenamente con la República y con su Euskadi natal, comunista en su ideal por un mundo mejor, unió todo aquello que amaba. Descansa en paz hermano. No te hemos olvidado, ni a ti ni a ninguno de tus camaradas.
Viva la República, FIRMAD por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE
El dictador Francisco Franco inaugura el Sanatorio Militar del Generalísimo, en la sierra madrileña, en 1949.EFE
Un día de 2010, la historiadora Rosa Ballester se encontraba husmeando en los archivos de la Organización Mundial de la Salud en la ciudad suiza de Ginebra, en busca de informes antiguos sobre la poliomielitis en España. De pronto, entre la montaña de papeles descoloridos, apareció un documento de 43 páginas mecanografiadas en francés, con el título Informe sobre la organización de los servicios sanitarios en España. Misión efectuada entre el 28 de septiembre y el 15 de diciembre de 1967 por el doctor Fraser Brockington. Ballester se quedó con la boca abierta.
“Nadie conocía la existencia de este informe”, recuerda ahora. “Brockington inventó la medicina social y fue una de las grandes figuras de la salud pública en el siglo XX. Y nos descubrió las vergüenzas”, relata la investigadora, de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Brockington, que había sido catedrático de Medicina en la Universidad de Manchester, visitó España durante casi tres meses como consultor de la OMS y logró un acceso inédito a los despachos que manejaban la sanidad franquista. Su diagnóstico, una bofetada a la propaganda de la dictadura, ve ahora la luz por primera vez, más de medio siglo después de ser redactado.
“Básicamente no existen consultas para protección de la infancia más que en las capitales de provincia”, denunciaba Brockington
El informe de 1967 denunciaba multitud de carencias. “Básicamente no existen consultas de especialidad ni consultas para cuidado prenatal, protección de la infancia, enfermedades venéreas y enfermedades pediátricas más que en las capitales de provincia”, sostenía Brockington. El médico también constataba “el fracaso de la Escuela Nacional de Sanidad en lo que respecta a la formación y a la investigación en Salud Pública” y alertaba del “desierto estadístico” que impedía conocer el estado real de la sanidad en España. “Los principios de la medicina social y preventiva”, escribía, “brillan por su ausencia”.
El denominado Informe Brockington deja claro que el estado de la sanidad española era “peor que el de muchos otros países en vías de desarrollo”, según subraya el historiador Esteban Rodríguez Ocaña, que acaba de publicar la traducción del documento en la revista especializada Gaceta Sanitaria. El expediente firmado por el médico británico era demoledor. Criticaba que Franco todavía no hubiese creado a esas alturas un Ministerio de Sanidad y que mantuviese descuartizadas las competencias en diferentes ministerios: la Dirección General de Sanidad pertenecía al Ministerio de Gobernación, pero la salud escolar dependía del Ministerio de Educación, los hospitales de la Seguridad Social se desarrollaban bajo la jurisdicción del Ministerio de Trabajo y la higiene ambiental recaía en los ministerios de Vivienda y Obras Públicas.
Fraser Brockington, en 1952.NPG
Era un caos con “efectos desastrosos”, según advirtió Brockington en 1967. “El escalón central se esfuerza poco o nada por coordinar su política. No existe un diálogo habitual entre los distintos ministerios”, alertaba. “Urge con premura resolver esta situación”.
Rodríguez Ocaña ha estudiado el origen de este embrollo organizativo. Tras el fin de la guerra civil en 1939, las facciones del bando ganador pelearon por repartirse el poder. Los militares católicos se hicieron con el Ministerio de la Gobernación y su Dirección General de Sanidad. Los falangistas, por su parte, se quedaron con el Ministerio de Trabajo y con el Instituto Nacional de Previsión, desde el que continuaron el programa de seguros sociales diseñado durante la República. El seguro obligatorio de enfermedad se aprobó en 1942, dejando fuera a la gran mayoría de los trabajadores del campo y a los desempleados. Con esta cobertura sanitaria, "el trabajador ya no sería un pobre que debería acogerse a la Beneficencia pública y vivir el rubor de ser hospitalizado entre mendigos, sino que sería un soldado a quien la sanidad de su ejército de paz atiende cuando ha sido baja en el servicio", aseguró en 1944 el ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco.
El estado de la sanidad española era “peor que el de muchos otros países en vías de desarrollo”, según el historiador Esteban Rodríguez Ocaña
“La propaganda insiste en que el seguro de enfermedad lo inventó Franco, pero la ley del seguro de enfermedad estaba en julio de 1936 admitida en las Cortes. No se la inventaron los franquistas. Ya había fake news entonces”, explica Rodríguez Ocaña, de la Universidad de Granada. Tras el seguro de enfermedad se aprobaron el de vejez e invalidez, en 1947; el de desempleo, en 1961; y todos ellos se unificaron en un sistema de seguridad social en 1963, según relata Rodríguez Ocaña en su libro Salud pública en España. De la Edad Media al siglo XXI.
Otros expertos ya han mostrado que la propaganda franquista no coincidía con la realidad, como constató Brockington en 1967. “Los hechos no encajan con el interés mediático mostrado por la dictadura hacia el problema sanitario”, señalan la historiadora Jerònia Pons y la economista Margarita Vilar en su libro El seguro de salud privado y público en España. Su análisis en perspectiva histórica, publicado en 2014. “La partida de presupuestos destinados a la Dirección General de Sanidad como porcentaje del presupuesto total del Estado permaneció estancada entre 1943 (1,05%) y 1958 (1,02%)”, apuntan las autoras.
Primera página del 'Informe Brockington'.ESTEBAN RODRÍGUEZ OCAÑA
“Las recomendaciones de Brockington se quedaron en un cajón”, lamenta Rodríguez Ocaña. En 1936, el Ministerio de Sanidad era una bandera enarbolada por la República. La anarquista Federica Montseny había cogido las riendas del gabinete, convirtiéndose en la primera mujer ministra de un Gobierno español. Pero todo desapareció con la guerra civil. El Ministerio de Sanidad no se recuperó hasta 1977, dos años después de la muerte del dictador.
Durante su estancia en España, Brockington dispuso de un despacho en la Dirección General de Sanidad, en Madrid. Desde allí, viajó por varias provincias españolas para obtener información de primera mano. En su informe, el experto también denunciaba el pluriempleo de los médicos españoles. Rodríguez Ocaña ha encontrado unas notas autobiográficas en los archivos de la Universidad de Manchester en las que Brockington recuerda asombrado que el director de la Escuela Nacional de Sanidad, Valentín Matilla, compaginaba su empleo con otros 16 cargos. “Esa no era manera de trabajar”, sentencia el historiador.
Brockington alertó del “desierto estadístico” que impedía conocer el estado real de la sanidad en España
Rodríguez Ocaña y Ballester sí reconocen algunas mejoras llevadas a cabo por el régimen franquista, como la erradicación de la malaria y la disminución de la mortalidad infantil. Antes de la guerra civil, entre 1930 y 1934, de cada 1.000 nacidos vivos morían 120 niños antes de cumplir un año, frente a los 80 de Francia. El número fue cayendo durante la dictadura, llegando a 70 en 1950 (52 en Francia) y a 28 en 1970 (15 en Francia), según los estudios de la socióloga Rosa Gómez Redondo.
Ballester pone el foco en el “desierto estadístico” que confirmó Brockington. “Ni siquiera había estadísticas. ¿Cómo iban a actuar las autoridades?”, reflexiona Rosa Ballester. “En el caso de la polio, había niños pequeños que quedaban paralíticos o no podían respirar. Cuando algunos de los gerifaltes españoles acudían a congresos internacionales presumían de contar con respiradores, los llamados pulmones de acero, en todas las provincias, pero cuando venían los observadores de la OMS veían que había tan pocos aparatos que los médicos tenían que elegir qué niño moría y cuál vivía”.
“Los niños y niñas de Bañuelos no habían visto nunca el mar y, en enero de 1936, su maestro los animó para que lo imaginasen y lo describiesen. El resultado fue un cuaderno monográfico sobre la inmensidad azul. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo». Así es como se imaginaba el mar uno de los niños de este pueblecito de Burgos. Las descripciones se repetían: «El mar será...», «El mar será...».
El maestro Antoni Benaiges, que revolucionó su escuela dando la palabra a sus alumnos con la ayuda de la imprenta Freinet, les prometió que irían a Mont-roig del Camp, a casa de su familia, para verlo por primera vez y así poder decir: «El mar es...», «El mar es...».
Pero el sueño de aquellas criaturas y la promesa del maestro quedaron truncados para siempre el 18 de julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil.”
Esta novela relata la historia de una promesa que no se pudo cumplir lleva por título: El mar será...
Frente a la política de olvido y de banalización del fascismo: Memoria democrática y republicana.
Ven el día 19 de julio a la inauguración de la exposición en el Museu Marítim de Barcelona:
Aquesta és la història d’una promesa que no es va poder complir, la que va fer un mestre als seus alumnes. El mestre era Antoni Benaiges. Els alumnes eren els nens i nenes de l’escola rural de Bañuelos de Bureba, un poble de la província de Burgos. La promesa la va fer un dia d’hivern de l’any 1936. Els va prometre el mar...(Francesc Escribano).
Exposició sobre Antoni Benaiges, mestre republicà de Mont-roig del Camp, que seguía les tècniques pedagògiques de Célestin Freinet. La metodologia de treball consistia a editar a l’escola unes petites publicacions o 'quaderns' a partir dels dibuixos i els textos lliures que feien els nens i nenes, i que eren un reflex de la seva manera de viure i d’entendre el món: sobre la família, les amistats, la població, els paisatges, les festes, les excursions, els viatges, els jocs, el folklore... La impremta, doncs, passava a tenir un paper essencial a l’aula: era l’instrument que permetia materialitzar, copsar, veure i tocar tot el que s’aprenia. Els quaderns de Bañuelos de Bureba eren el Gestos i el Recreo.
Ben aviat les pràctiques educatives de Benaiges van entrar en conflicte amb algunes famílies i els poders fàctics locals. Els nens i nenes de Bañuelos no havien vist mai el mar i el gener de 1936 el mestre els va animar a imaginar-lo i a descriure’l. El resultat va ser el quadern 'El mar. Visión de unos niños que no lo han visto nunca'. A més el mestre va prometre als nens i nenes que a l'estiu anirien a veure el mar i els convidà a la seva casa familiar. Però el 19 de juliol d'aquell any, mentre preparava el viatge dels seus alumnes cap a Mont-roig, va ser detingut, torturat i executat.
L'exposició, organitzada en col·laboració amb el Memorial Democràtic de Catalunya, vol retre homenatge a la comunitat de mestres de la República i al llibret que un dia, els infants d'una escola de Castella, varen escriure tot imaginant-se el mar.