La defensa considera que los funcionarios de la prisión de València, donde Busquets pasó 15 años encarcelado, perpetraron delitos de lesa humanidad, que son imprescriptibles.
De muy joven se unió a la guerrilla antifranquista, hasta que fue detenido y condenado a muerte en 1949, aunque finalmente se le conmontó por 30 años de reclusión, de los que cumpliría más de 20.

Barcelona--Actualizado a
La infatigable lucha del maqui Joan Busquets, el último guerrillero libertario vivo, escribe una nueva página. El histórico militante vuelve a reclamar justicia por los crímenes franquistas a la edad de 98 años. Ahora Busquets suma una nueva querella y denuncia penalmente a los funcionarios de la cárcel valenciana de San Miguel de los Reyes por tortura y por omisión en la administración de tratamiento médico después de que se rompiera el fémur. Estuvo 15 años en la cárcel valenciana. Las secuelas relata que le duraron casi 50 años. "La herida me supuró desde 1954 hasta los años 2000 y, al salir de la cárcel la Seguridad Social me dijo que no era apto para trabajar", relata Busquets.
Lo ha anunciado este viernes, en una rueda de prensa en la sede de la CGT Catalunya, en Barcelona, acompañado de su abogado, Raúl Maíllo. El letrado considera que esa "negación de auxilio" y el conjunto de los hechos ocurridos en el penal de València, donde le obligaban a realizar trabajos forzados sin salario, constituyen un "crimen de lesa humanidad" porque la finalidad era "perseguir al adversario político". El abogado es consciente de que algunos de los funcionarios podrían no seguir en vida, pero tampoco existe la certeza de que hayan muerto, y exige que se haga una investigación penal. Por lo tanto, consideran que sólo el hecho de que se abriera una investigación ya sería una "victoria".
Durante la rueda de prensa Malíllo también ha actualizado en qué situación se encuentra la anterior demanda interpuesta ante el Estado español. En 2024, dos años después de que se aprobara la Ley de Memoria Democrática, pidieron que el Estado reconociera a Busquets como guerrillero antifranquista, y reclamaron una indemnización de un millón de euros por los 20 años que estuvo encarcelado. Este 2026 el Congreso de los Diputados incorporó una reforma de la Ley de Memoria Democrática que introducía explícitamente el derecho a indemnización para las personas muertas o con lesiones incapacitantes en defensa de la democracia. El abogado ha explicado que, aunque mantienen viva la reclamación inicial, han incorporado también la vía que les permite la reforma de la ley, aunque las indemnizaciones sean, a priori, menores. "La persecución no fue simbólica, y por tanto las reparaciones no pueden ser simbólicas", considera el abogado, para explicar porque mantienen las dos vías abiertas.
"Nada podrá pagar el sufrimiento vivido durante décadas en la cárcel", considera Busquets. Sin embargo, el guerrillero antifranquista explica que la cifra de la reclamación patrimonial también tiene un objetivo que no es exactamente por el propio lucro. "Quiero crear un museo a la memoria de todos aquellos que lucharon contra Franco y perdieron su vida, la salud y que sufrieron un trauma del que no se han recuperado en su vida", destaca Busquets.
Una de las críticas que hizo el luchador antifranquista en el pasado es la falta de reconocimiento que tuvo por parte de algunos gobiernos. Décadas atrás, por ejemplo, envió cartas a Felipe González, cuando era el presidente del Gobierno español, y José Montilla, cuando estaba al frente de la Generalitat, para reclamar una pensión y un reconocimiento a los guerrilleros antifranquistas. Ninguna de las cartas recibió respuesta, un hecho que evidencia cómo su lucha ha sido una de las grandes silenciadas por la democracia española.
Una vida de documental
La larga lucha de Joan Busquets por la justicia y la libertad permite entender mejor esta iniciativa del antiguo maqui a sus 98 años. Los 20 años que pasó encerrado en cárceles franquistas -entre 1949 y 1969- le produjo secuelas físicas y psicológicas. Además de sufrir torturas, también perdió su juventud, ya que fue encarcelado con 21 años y no salió hasta los 41. Ahora su testimonio también ha quedado grabado en un documental que se estrena este viernes. En el largometraje el guerrillero recorre en primera persona su vida de lucha y represión.
Hijo de militantes de la CNT, el guerrillero antifranquista huyó a Toulouse (Francia) después de haber militado también en el mismo sindicato. En la ciudad se cruzó con gran cantidad de exiliados de tendencias políticas diversas; anarquistas, comunistas y socialistas. Allí entró en contacto con Marcel·lí Massana, un mítico maqui de la comarca del berguedà. "Le planteé bajar con él", recordaba este viernes Busquets. Fue entonces cuando se unió durante un año a su grupo guerrillero, donde también coincidiría con Ramon Vila Capdevila, alias Caracremada, conocido en la resistencia francesa.
En unos años de posguerra donde la represión franquista era durísima, el grupo se dedicaba a hacer incursiones en Catalunya para intentar sabotear y desprestigiar la dictadura. Una de las acciones que Busquets considera que tuvieron "mayor incidencia" es la que se produjo en Sabadell, en 1949, cuando el grupo tiró al suelo más de una cuarentena de torres de alta tensión eléctrica e inhabilitó un kilómetro de vía de tren. Cuatro meses más tarde Busquets era detenido en Barcelona y conducido a la jefatura de la Via Laietana. "Allí sufrí la tortura del sueño", rememora Busquets. Sufrió la crudeza de las torturas del comisario Antonio Juan Creix, uno de los principales responsables de la Brigada Político-Social de la capital catalana durante décadas. "Venían durante la madrugada y me despertaban a bofetadas cada noche", relata.
Tras un consejo de guerra, Busquets fue condenado a muerte, junto con sus compañeros, pero en su caso su pena fue conmutada por 30 años de cárcel -de los que cumpliría 20 y seis días-, sin saber por qué fue así. Sus compañeros sí fueron ejecutados.
El guerrillero pasó sus primeros 15 años en la cárcel de San Miguel de los Reyes, en València, y los últimos cinco en el penal de Burgos. En València es donde sufrió la mayoría de los maltratos. "Para los funcionarios la represión era un juego, entre ellos se decían que el que menos castigos aplicara pagaba ese día la ronda de bebida", recuerda. Intentó escaparse en varias ocasiones. En una de ellas sufrió una caída en la que se rompería el fémur. Es este el caso que ahora han denunciado por omisión de ayuda. Lo dejaron tirado en el suelo de la celda durante una semana, sin ninguna atención médica. "El director de la prisión se me quería quitar de encima", critica Busquets. Finalmente, le permitieron ir a un hospital donde lo operó un médico, pero las secuelas que le quedaron ya fueron casi de por vida.
Busquets recuperó la libertad en los últimos compases de la dictadura, seis años antes de la muerte de Franco. Entonces volvió a marchar a Francia, donde obtuvo el estatus de refugiado político.
Afincado en Francia desde hace más de cinco décadas, la lucha -contra la dictadura, las desigualdades y por un mundo más justo- ha marcado su vida y tiene claro que quiere que sea así hasta el final.


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