dimarts, 16 d’abril del 2024

La cárcel de Valdenoceda: el infierno en la tierra durante la dictadura de Franco

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El penal de El penal de Valdenoceda en Las Merindades albergó durante siete años (1938-1945) a más de tres mil presos republicanos que malvivieron y algunos murieron en condiciones infrahumandenoceda en Las Merindades albergó durante siete años (1938-1945) a más de tres mil presos republicanos que malvivieron y algunos murieron en condiciones infrahuman

Durante la dictadura franquista, en un rincón remoto de Burgos, la prisión de Valdenoceda emergió como uno de los lugares más desoladores y brutales para los presos políticos de España. Originalmente una fábrica de sedas, este lugar fue transformado en 1938 en un penal de castigo donde se encerraba a aquellos considerados enemigos del régimen. Su historia es un escalofriante recordatorio de la crueldad humana y un testimonio del sufrimiento extremo soportado por los prisioneros, entre ellos, Jesús Cantón Márquez, un dedicado miembro sindicalista de UGT y AS y político socialista de Puertollano, Ciudad Real.

Jesús, como muchos otros, fue víctima de una brutal represión que no buscaba justicia sino sometimiento y castigo. Su vida y su lucha fueron abruptamente silenciadas dentro de los muros fríos de Valdenoceda, donde finalmente falleció en 1941 debido a las atroces condiciones de vida que allí imperaban. La historia de Jesús no es única, pero su recuerdo y el de otros como él son mantenidos vivos por la Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en el Penal de Valdenoceda, que ha luchado incansablemente por recuperar la memoria y la dignidad de los caídos.
La vida en Valdenoceda era un calvario diario. El hacinamiento era crítico; una prisión diseñada para menos de 300 personas llegó a contener a casi 1.600 almas. Las raciones de comida eran escasas y de calidad deplorable; un caldo aguado con una alubia podrida y, en las mejores ocasiones, media sardina y un pequeño trozo de chocolate constituían el único alimento del día. Las enfermedades, como la tuberculosis y diversas epidemias, proliferaban en un entorno donde la desnutrición y la falta de higiene eran la norma, no la excepción.

Castigos físicos brutales

Los castigos físicos eran comunes y brutales. Los prisioneros que no seguían las normas con precisión militar eran frecuentemente enviados a celdas de castigo, situadas en los sótanos inundables por el cercano canal del Ebro.


En estas celdas frías y húmedas, los presos debían permanecer de pie, con agua hasta el cuello, sin posibilidad de descanso o sueño. El frío intenso y las nevadas eran constantes en invierno, y los prisioneros, provistos solo de delgadas mantas, debían agruparse para darse calor y sobrevivir a la noche.


Los testimonios recopilados por la asociación hablan de la omnipresencia de los chinches y otros insectos que invadían los cuerpos debilitados de los presos, dejándolos aún más vulnerables a enfermedades. La falta de medicamentos y atención médica adecuada convertía cualquier enfermedad en una sentencia de muerte. Los cuerpos de los fallecidos eran enterrados por sus compañeros en fosas comunes, a menudo en ataúdes improvisados con los escasos materiales disponibles.


La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en el Penal de Valdenoceda ha trabajado arduamente para identificar y exhumar los restos de los presos, ofreciendo algo de cierre a las familias que durante décadas han vivido con la incertidumbre y el dolor de no saber qué fue de sus seres queridos. A través de estos esfuerzos, han logrado recuperar y documentar las historias de muchos de los que pasaron por este infierno terrenal, asegurando que su sufrimiento y sacrificio no sean olvidados.













TODOS LOS MUERTOS DE VALDENOCEDA.