dijous, 27 d’agost del 2026

Los primeros fusilados de Magoi: se cumplen 90 años de las primeras ejecuciones en Lugo en 1936

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Las tres víctimas, José María Fernández, Jaime Fernández y Antonio Freije, permanecieron en el anonimato durante décadas, pero un trabajo del historiador Miguel Freire rescata su recuerdo

Los primeros fusilados oficiales tras el estallido de la Guerra Civil española se registraron en el Protectorado de Marruecos el 17 de julio de 1936, coincidiendo con las primeras horas del golpe de Estado. Tan solo unas semanas más tarde, el 27 agosto, los militares golpistas llevaron a cabo las primeras ejecuciones en Lugo por sentencia del Consejo de Guerra.

Este jueves se cumplirán 90 años de aquellas muertes, que tuvieron como escenario el solar en el que actualmente se ubica la comandancia de la Guardia Civil, justo a espaldas del antiguo cementerio de Magoi, convertido años después en el Gran Hotel Lugo. Un trabajo del investigador Miguel Freire —de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica— rescata la figura de estos tres civiles que, a pesar de permanecer durante décadas en el anonimato, forman parte de la historia lucense.

Uno de ellos, José María Fernández Rodríguez, era natural de la localidad coruñesa de Ares, hizo el servicio militar y en octubre de 1933 se instaló en Lugo con su mujer escocesa, Isabelle Innes. Sus padres, José María y Damiana, residían en el aquel momento en Cuba, donde trabajaban en empresas de tabaco.


La vida de Pepe, como lo conocían sus allegados, era una vida tranquila y estable. Trabajaba de contable en la farmacia de Cardero, que estaba ubicada en el número 17 de la Plaza de la República, lo que hoy es el fondo de la Praza Maior. También trabajaba como empleado de banca en la ciudad y dirigía un programa en la radio local, donde además enseñaba inglés los sábados por la tarde. Su mujer Isabelle también era profesora de inglés. 

La pareja tuvo una hija, Daisy, que en 1936 tenía dos años. Ese verano, vinieron a visitarlos desde Liverpool la madre y la hermana de Isabelle —Maggie y Daisy Grant—, quienes permanecieron en la ciudad hasta el 17 de julio, cuando regresaron a su país en el vapor Órbita, que salía desde A Coruña. Justo al día siguiente de su partida estalló en España el golpe de estado. 

Denuncia falsa

Cuenta el historiador Miguel Freire que el 20 de julio, José Fernández Rodríguez fue detenido y llevado a la cárcel por una falsa denuncia de la Falange lucense y dos días más tarde fue acusado de "rebelión armada, traición y daños con explosivos". Fue sometido a un consejo de guerra y sentenciado a muerte.

Su mujer lo visitó en la cárcel en dos ocasiones, pero se vio obligada a huir de España y el 17 de agosto embarcó desde Vigo hasta Southampton, con su pequeña Daisy en brazos y embarazada de  nuevo. Diez días después, a las seis de la mañana del 27 de agosto, Pepe fue fusilado. Tenía 44 años y ya no pudo conocer a su segunda hija, Joyce, que nació mes y medio después de su muerte.

La familia de Pepe nunca olvidó su historia y hace tan solo tres años, en septiembre de 2023, su nieto, John Price viajó desde Estonia hasta Lugo para conocer dónde había vivido su abuelo, aunque no pudo dejar flores en su tumba al haber desaparecido el antiguo cementerio de Magoi.

En la farmacia de Cardero, donde trabajaba José Fernández también sufrieron represalias el farmacéutico Antonio Cardero Veloso — que había sido gobernador en Córdoba, masón y directivo del denominado Partido Republicano Radical— y el auxiliar de farmacia Alberto Cardero Marión, directivo del Partido Comunista de España  (PCE).

El primero fue sancionado por responsabilidades políticas y tuvo que exiliarse en México. El segundo corrió peor suerte. Fue condenado a muerte por el Consejo de Guerra y fue fusilado en Lugo el 13 de febrero de 1937 junto a otras cinco personas del municipio de A Pontenova, entre las que se encontraban el farmacéutico Ángel Pérez Gándaras y el médico José Torviso Bermúdez.

Trasladados

Otro de los fusilados, Jaime Fernández Alonso, era natural de Nonide, un pequeña aldea de Santa Eulalia de Oscos, en Asturias. Era labrador y estaba casado con Carmen Pérez, con quien tuvo una hija, Rosario, que nació el 20 de abril de 1936. Justo cuatro meses después de que su pequeña llegara al mundo fue arrestado y acusado de "rebelión militar", por haber volado presuntamente el puente de Mazonovo, que unía las localidades de Vegadeo (Asturias) y A Fonsagrada. 

Fue sometido a un consejo de guerra y condenado a pena de muerte, sin tener derecho a ser defendido de las acusaciones vertidas en su contra. Jaime Fernández fue trasladado a Lugo, permaneció siete días en prisión y también fue fusilado a las seis de la mañana del 27 de agosto, dejando huérfana a su hija con tan solo cuatro meses de vida.

El otro ejecutado, Antonio Freije Freije, era de la misma aldea que Jaime Fernández. Era teniente de alcalde de Santalla y también fue acusado de volar el puente de Mazonovo para evitar que llegaran las fuerzas golpistas desde Lugo a través de A Fonsagrada.

Fue detenido en Santalla el 10 de agosto y también lo trasladaron a Lugo, donde fue ejecutado 17 días después, dejando cinco hijos huérfanos. Su familia no supo nada más de él. No recibieron ninguna información, tan solo una multa de 10.000 pesetas después de su ejecución. Cuatro décadas después, en 1982, sus allegados se enteraron de su fusilamiento al ver un reportaje en la prensa.

Los cuerpos de los tres primeros fusilados en la capital lucense al estallar la Guerra Civil española no pudieron ser recuperados por sus familias, pero el trabajo de Miguel Freire permite al menos recuperar su historia y una parte del pasado de Lugo.