La arqueóloga Alba Delgado recuerda que las catas realizadas en 2013 confirmaron enterramientos en San Lorenzo y reclama avanzar en una intervención integral que permita localizar e identificar a las víctimas
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Cementerio de San Lorenzo de Ronda
El hallazgo de siete víctimas de la represión en una fosa común del cementerio de Arriate ha vuelto a dirigir la mirada hacia el cementerio de San Lorenzo de Ronda. Allí, distintas investigaciones históricas, testimonios familiares y trabajos arqueológicos sitúan varios espacios de enterramiento relacionados con la Guerra Civil y la represión posterior, con una estimación documental que ronda las 1.600 víctimas.
La arqueóloga Alba Delgado ha explicado en Hoy por Hoy Ronda y Comarca que no puede hablarse de una única fosa. Una de las zonas se encuentra en el patio 4, donde ya se realizaron trabajos arqueológicos en 2013, mientras que los testimonios apuntan también a la existencia de un conjunto de cuatro fosas en el actual patio 5.
Aquella intervención de 2013 incluyó alrededor de 24 catas arqueológicas y permitió pasar de los testimonios orales y documentales a contar con evidencias físicas de la existencia de los enterramientos. Los trabajos localizaron restos óseos vinculados a víctimas de la represión, aunque no se acometió entonces una exhumación integral ni estudios antropológicos de los cuerpos.
La cifra exacta de personas enterradas continúa sin conocerse. Delgado apunta a una estimación documental de alrededor de 1.600 víctimas, una cantidad que coincide con las 1.607 personas que aparecen documentadas históricamente en relación con las fosas rondeñas. Ya en 2013 los trabajos de indagación y delimitación promovidos en San Lorenzo verificaron arqueológicamente la existencia de fosas comunes en el cementerio.
Una intervención pendiente desde hace años
Pese a estas evidencias, más de una década después no se ha realizado una excavación completa de las fosas. Delgado considera que para sacar adelante un proyecto de estas características deben confluir la iniciativa de investigadores y especialistas, la financiación necesaria y la implicación de las administraciones.
La arqueóloga pone como ejemplo la intervención desarrollada recientemente en Arriate, impulsada después de varios años de trabajo del historiador Ángel Medina y financiada mediante una subvención. En el caso de Ronda, sostiene que también sería necesaria la colaboración del Ayuntamiento para poner en marcha una actuación de esta magnitud.
El proceso comenzaría con un proyecto de intervención y los correspondientes permisos y ayudas. Posteriormente se realizarían estudios con georradar y nuevas catas arqueológicas en las zonas delimitadas. Cuando aparecieran restos con evidencias compatibles con víctimas de la represión, las excavaciones se ampliarían para proceder a su recuperación y estudio.
El cementerio de San Lorenzo figura además entre los Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. La catalogación autonómica reconoce la importancia del enclave dentro de la represión sufrida en Ronda tras la ocupación de la ciudad por las tropas sublevadas.
Víctimas procedentes de toda la Serranía
Las investigaciones apuntan también a que las fosas de Ronda no contienen únicamente restos de vecinos de la ciudad. La documentación existente refleja que durante la represión fueron trasladadas hasta Ronda personas procedentes de distintos municipios de la Serranía para ser ejecutadas y enterradas en San Lorenzo.
“Hay muchísimos vecinos y vecinas de toda la Serranía”, señala Delgado. La arqueóloga recuerda que parte de las víctimas de estos municipios también fueron enterradas en Málaga, por lo que cualquier proceso de identificación obligaría a cruzar información de distintas localidades.
Uno de los principales retos sería precisamente devolver un nombre a los restos que pudieran recuperarse. Para ello, Delgado considera imprescindible combinar investigación documental, testimonios familiares, estudios antropológicos y pruebas genéticas.
El tiempo, advierte, juega en contra. El ADN puede resultar determinante, pero necesita familiares con los que cotejar las muestras. “Mientras más años dejemos pasar, menos familiares directos va a haber”, ha señalado la arqueóloga, que defiende avanzar en los trabajos mientras todavía sea posible localizar descendientes de las víctimas.
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