Blog d'en Jordi Grau i Gatell d'informació sobre les atrocitats del Franquisme.....
"Las voces y las imágenes del pasado se unen con las del presente para impedir el olvido. Pero estas voces e imágenes también sirven para recordar la cobardía de los que nada hicieron cuando se cometieron crímenes atroces, los que permitieron la impunidad de los culpables y los que, ahora, continúan indiferentes ante el desamparo de las víctimas" (Baltasar Garzón).
Cómo la dictadura de Franco persiguió el catalán, el euskera y el gallego, convirtiendo el uso cotidiano de estas lenguas en un acto de resistencia política y cultural
Los pinganillos de los diputados antes de iniciar una sesión plenaria en la se aprueba el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso de los Diputados. EP.
Durante décadas, el régimen franquista emprendió una guerra silenciosa pero implacable contra la diversidad lingüística del Estado. No fue un daño colateral ni una consecuencia menor del autoritarismo: fue una política deliberada, sistemática y profundamente ideológica. Para el franquismo, la pluralidad era una amenaza. Y pocas cosas representaban mejor esa pluralidad que las lenguas cooficiales —el catalán, el euskera y el gallego— habladas por millones de personas mucho antes de que el general Franco decidiera imponer su idea estrecha y uniforme de España.
Desde el final de la Guerra Civil, la dictadura identificó la lengua castellana como el único vehículo legítimo de expresión pública. Todo lo demás fue reducido a la categoría de folclore, cuando no directamente perseguido. Las otras lenguas fueron expulsadas de la escuela, de la administración, de los tribunales, de los medios de comunicación y de la vida pública en general. No se trataba solo de promover el castellano: se trataba de erradicar cualquier otro idioma como forma de quebrar identidades colectivas y someter a los territorios considerados “periféricos”.
Hablar catalán, euskera o gallego podía acarrear sanciones, humillaciones o castigos. En las escuelas, los niños eran reprendidos por expresarse en la lengua que hablaban en casa. En algunos casos, se les colgaban carteles denigrantes o se les obligaba a pagar multas simbólicas por “hablar mal”. En la calle, los rótulos fueron castellanizados a la fuerza; los nombres propios, también. Un “Jordi” debía convertirse en “Jorge”, una “Uxía” en “Eugenia”. La lengua, ese espacio íntimo donde se construye la identidad, fue convertida en un campo de batalla.
Ante esta represión, la resistencia adoptó formas cotidianas y, precisamente por eso, profundamente políticas. Hablar la propia lengua se convirtió en un acto de desobediencia. En la cocina, en la taberna, en la fábrica, en la intimidad del hogar o en reuniones semiclandestinas, millones de personas siguieron transmitiendo su idioma a escondidas. Escribir poesía en catalán, cantar en gallego o enseñar euskera en círculos culturales era mucho más que una actividad cultural: era un desafío directo al régimen.
La dictadura comprendía bien el poder simbólico del lenguaje. Por eso lo temía. Porque una lengua no es solo un medio de comunicación, sino una manera de entender el mundo, de nombrarlo y, por tanto, de cuestionarlo. Allí donde el franquismo pretendía imponer silencio y homogeneidad, las lenguas perseguidas mantuvieron viva la memoria, la comunidad y la posibilidad de un futuro distinto.
Hoy, cuando algunos intentan blanquear el franquismo o minimizar sus abusos, conviene recordar que la represión lingüística fue una forma de violencia cotidiana, ejercida durante casi cuarenta años. Defender la diversidad lingüística no es un capricho identitario ni una concesión moderna: es una reparación histórica. Porque durante demasiado tiempo, hablar como uno era se convirtió en un acto de valentía. Y porque hubo un país entero que aprendió a resistir pronunciando sus propias palabras en voz baja, esperando el día en que pudiera volver a decirlas en libertad.
En marzo de 1939 Cartagena cae en manos del Ejército Nacional y, con la ciudad, también la base naval en la que se refugiaba lo que quedaba de flota republicana. Hubo momentos de confusión y órdenes no muy claras de Negrín sobre la actuación a seguir. A la entrada de los franquistas hay que sumar la adhesión al golpe de Casado de algunos republicanos. Así comenzó uno de los episodios más singulares del final de la Guerra Civil. El almirante Buiza decidió salvar los importantes buques de la República y mandó embarcar y poner rumbo a África el 2 de marzo. Había intentado sin éxito aceptar algún tipo de paz con Franco. En línea de combate encabezaba la marcha el crucero Cervantes, le seguían los cruceros Libertad, Méndez Núñez y los destructores Escaño, Miranda, Valdés, Gravina, Ulloa, Jorge Juan, Lepanto y Antequera, además del submarino C4. Amarrados, dañados por bombardeos, quedaron el Lazaga, el Gravina y el Sánchez Barcáiztegui.
El crucero Libertad de la flota republicana entra en el puerto de Bizerta en 1939Orient XXI
Tenían intención de llegar a la Argelia francesa. Los franceses ya estaban preparados para esta contingencia y las colonias africanas estaban fuertemente militarizadas. Tal vez los republicanos españoles esperaban que Francia los acogiera con los brazos abiertos pero el gobierno francés, aunque estaba presidido por el socialista Leon Blum, no estaba dispuesto a desairar a Franco que ya se presentaba como el vencedor de la guerra. No iba a devolver a los refugiados, pero tenía para ellos otros destinos en campos de trabajo o la posibilidad de alistarse a la Legión Extranjera. La flota llegó frente a Argel el día 6 pero las autoridades francesas le obligaron a seguir hacia Bizerta, en Túnez. Así se hizo y, el día 7 de marzo de 1939, los buques republicanos entraron en el lago de Bizerta. Hay que recordar que Túnez era protectorado francés desde 1881. Aunque tenía oficialmente un soberano, el Bey, toda la defensa militar, la política extranjera y la administración estaban bajo el control de Francia, representada por un Residente General.
Exiliados republicanos
Llegaron 4.093 personas, incluidas 21 mujeres y cuatro niños, unos 300 civiles. Tener a cuatro mil españoles derrotados en Bizerta era difícil. Ni tenían lugares donde acogerlos, ni querían su contacto con la población local. Los más conservadores entendían que iba a ser una influencia negativa para los obreros y nativos y la tendencia fue aislarlos. Mantenerlos en los buques era casi imposible más allá de los primeros días y hasta el desarme total.
Las autoridades francesas decidieron enviar a los españoles a campos de trabajo improvisados en el oeste del país
El gobierno de Franco había sido reconocido por Francia e Inglaterra el 27 de febrero de 1939 y decidió mandar al almirante Salvador Moreno a recoger la flota. El 30 de marzo, las autoridades francesas entregarían oficialmente los buques. Con las nuevas dotaciones, la flota partió de Bizerta en 4 de abril, con 2.357 de los refugiados, para arribar a Cádiz el día 6. Moreno llevaba la promesa de respetar a los marinos republicanos que no tuvieran delitos de sangre, pero los que quisieron volver fueron encerrados como prisioneros en el Marqués de Comillas y llevados al campo de concentración de Rota para pasar por tribunales militares. Algunos pasaron por la cárcel y al menos 23 fueron fusilados al grito de «Viva España, pero la nuestra». Otros pasaron a la cárcel o fueron liberados. Era muy importante en esas fechas tener un buen valedor entre los vencedores. También hubo casos como el de Luis Arbázuza –comandante del Jorge Juan– que seguramente ya formaba parte de la quinta columna franquista en la Armada republicana.
Internos asignados al transaharianoOrient XXI
El exilio fue duro como ha estudiado el hispanista tunecino Bechir Yazidi. Las autoridades francesas decidieron enviar a los españoles a campos de trabajo improvisados en el oeste del país, una zona casi desértica, con pocos habitantes, sin comodidades pero donde se habían descubierto las minas de Mehri Jebbes en Maknassi para cuya explotación la mano de obra española era de especial importancia. Otro grupo se destinó a trabajos en el pequeño pueblo de Kessserine, en las montañas limítrofes con Argelia, que quería ser revitalizada por el residente francés y se valió de los españoles. La contribución española al desarrollo de la agricultura y la construcción en esa zona fue muy grande, comenzando por el alumbramiento de aguas que era imprescindible. En esta localidad fue internado un personaje importante, David Gasca. Era muy joven entonces pero, además de marino, era ingeniero hidrógrafo y como tal fue el descubridor del agua en la zona y de varios yacimientos mineros. Trabajaría muchos años en la administración de minas de Túnez . No quiso regresar a España porque había sido el comandante del Lepanto y máximo experto en torpedos de la Armada. A él se deba la única victoria en el mar de la República: el hundimiento del Baleares. Fue el delegado de la República en el país.
Fue un tiempo de incertidumbre hasta que fueron liberados de la residencia forzosa y pudieron buscar otros trabajos en ciudades tunecinas o francesas
El trabajo era duro y el sueldo escaso pero no había otra opción. Fue un tiempo de incertidumbre hasta que fueron liberados de la residencia forzosa y pudieron buscar otros trabajos en ciudades tunecinas o francesas. En Túnez no había mucha población española y esta presencia suscitó un primer interés por estudios hispánicos y la formación de los primeros hispanistas. Por último, un grupo de refugiados más rebeldes o de moral dudosa, según las autoridades, fueron llevado a Gabbes para trabajar construyendo carreteras y trazando las líneas de ferrocarril. Con el tiempo, los españoles fueron autorizados a residir en otras ciudades donde se formaron pequeños núcleos de exiliados. Algunos pudieron ir a Francia respondiendo a la llamada de sus parientes. Otros se alistaron a la Legión Extranjera como el propio almirante Buiza al que nombraron capitán. Franco había recuperado la flota republicana.
A principios de 1939 el gobierno francés decidió desalojar los campos de internamiento y poner al servicio de su Ejército a los antiguos combatientes de la España republicana. Para ello estableció la obligación para los refugiados extranjeros de edades comprendidas entre los 20 y 48 años de proporcionar prestaciones equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses cumplían en el servicio militar obligatorio, con esta medida los reclutados inicialmente pasaron a depender del ministerio del Interior y a tener un estatus semi- militar.
A los republicanos españoles se les ofrecieron cuatro opciones: ser contratados a título individual por patronos agrícolas o industriales; o alistarse, bien en una Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE); en la Legión Extranjera, lo que suponía prestar servicios por la duración de 5 años o en los Regimientos en Marcha de Voluntarios Extranjeros (RMVE), lo que conllevaba a ofrecer los servicios por el tiempo que durara la guerra.
Los españoles conocían bien lo que era una guerra pero a pesar de ello, más de 3.000 antiguos combatientes se alistaron en la Legión Extranjera, aunque la mayoría de ellos, alrededor de unos 20.000, se decidieron por las compañías de trabajadores extranjeros.
A partir de septiembre de 1939, tras la movilización general, el enrolamiento de los extranjeros en estas unidades pasó a ser obligatorio. Para el 15 de diciembre había destinadas al ejército 102 compañías de prestatarios extranjeros (unos 25.500 hombres) que aumentaron hasta las 180 para finales de ese mes. Los españoles eran con diferencia el contingente nacional más numeroso, por lo que a menudo eran citadas en los documentos oficiales como “compañías de trabajadores españoles”.
A las desplegadas en Europa habría que añadir las doce compañías de CTE organizadas en África del Norte, dónde los republicanos españoles fueron empleados, en condiciones extremadamente penosas, para la construcción de la vía de ferrocarril entre Bouarfa (Marruecos) y Colomb-Béchar (Argelia) y en las minas de carbón de Kenadza. En abril de 1940, aproximadamente
2.500 hombres formaban parte del 8º Regimiento de Trabajadores Extranjeros repartidos entre Marruecos, Argelia y Túnez.
A finales de 1940, 55.000 exiliados trabajan en las CTE (que desde setiembre se habían convertido en Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE), sometidos a disciplina militar, muchos de ellos para escapar al internamiento inhumano en los campos de reclusión. El Ministerio de Trabajo había reclutado a otros 40.000 para colaborar directamente en la economía francesa. Pese a las consignas de las organizaciones republicanas, unos 6.000 se alistaron en los regimientos de marcha, bajo mando militar francés, y muy temprano participaron en operaciones militares.
Cada GTE estaba integrado por unos 250 hombres, los de África eran algo menores, y todos capitaneados por oficiales franceses en situación de reserva, contando con una guarnición de hombres encargados de la vigilancia.
Cuando los alemanes atacan e invaden a Francia (llegan a París el 14 de junio de 1940), empieza la desbandada, poco gloriosa, y el hundimiento del ejército francés mandado por un Estado Mayor claudicante, traidor. Abandonados, indefensos y muchas veces traicionados por los oficiales que les mandan, los españoles se encuentran en una verdadera ratonera y deben replegarse hacia el sur en condiciones desastrosas. Empieza una nueva Retirada, que llevará a 15 000 Republicanos de las CTE a caen en manos de los nazis. Miles de ellos serán los primeros deportados desde territorio francés hacia los Stalags (campos de prisioneros de guerra) y más tarde a los campos de exterminio. Los españoles de otras ocho CTE: 111º, 112º, 113º, 114º, 115º, 116º, 117º y 118º, vivieron el drama de Dunkerque, donde la mayor parte de ellos murieron defendiendo las posiciones de Bray-les-Dunes, mientras los aliados, ingleses y franceses en particular, se disputaban a tiro limpio los puestos en las embarcaciones de evacuación. Los pocos españoles que lograrían llegar a Inglaterra por sus propios medios, serían encerrados en varias cárceles, junto con prisioneros de guerra alemanes.
En un principio a los republicanos españoles los alemanes les respetaron la condición de prisioneros de guerra, tal y como se contemplaba en los convenios internacionales firmados por Alemania. Pero tal status no se mantuvo y pocos meses más tarde, cuando empezaron a ser deportados al campo de concentración de Mauthausen, ni el gobierno francés de Vichy, ni las autoridades franquistas intercedieron por ellos.
Amadeo Sinca Vendrell, encuadrado en la 23ª GTE, nunca olvidaría aquel 20 de mayo de 1940, puesto que en ese día fue apresado por las tropas que invadían Francia en las inmediaciones de Saint-dié (departamento de los Vosgos). Algunos de sus compañeros pudieron escapar cuando hicieron su aparición los alemanes, librándose de ser hechos prisioneros y probablemente de la deportación a los campos de exterminio. Los demás siguieron al mando de los oficiales franceses que los habían entregado a los nazis, iniciando una marcha carretera adelante, hacía lo desconocido…
El 14 de junio la Wehrmacht desfila en los Campos Elíseos y tres días más tarde el mariscal Pétain es proclamado jefe de gobierno. La “drôle de guerre” tiene por epílogo la firma el “armisticio” franco-alemán del 22 de junio en el que establece una “línea de demarcación” que parte el territorio francés en dos partes: la orientada al Mediterráneo denominada “Francia libre” y la que mira al Atlántico que es bautizada como “zona ocupada”. El 29 de junio el gobierno colaboracionista de Pétain se instala finalmente en Vichy y los grupos de trabajo son disueltos.
Todos los integrantes de los GTE que fueron capturados en las zonas fronterizas, partieron a marchas forzadas con dirección a Alemania. De vez en cuando, al alcanzar algún cruce de caminos, se reagrupaban con otras columnas de prisioneros españoles, ingleses o franceses que seguían la misma dirección. Hasta que llegaron a la frontera carecían de guardianes y no recibieron ningún tipo de suministro, pero a pesar de ello fueron contados los que decidieron escapar, rebasados por los alemanes ¿a dónde iban a ir? Así lo recuerda Amadeo Sinca: “después de varios días de marchas forzadas dejamos Bélgica y llegamos a territorio alemán. En un cruce de carreteras próximo a la frontera, separaron a los ingleses de nuestra columna y ya no los volvimos a ver. Allí pernoctamos en un campo provisional, donde nuestros guardianes nos permitieron descansar seis horas consecutivas. Aquel descanso excepcional fue como un bálsamo que alivió nuestros cuerpos agotados. Días más tarde, después de sufrimientos sin fin, llegamos al primer campo alemán que nos tenían asignado, cerca de un pueblo llamado Trier. Fue allí donde los españoles sufrimos las primeras y duras humillaciones de nuestro cautiverio. Aquel Stalag era inmensamente grande, siendo una prueba de ello, el que había instaladas tres enormes cocinas, las cuales no daban abasto a tantos millares de prisioneros que allí nos encontrábamos encerrados y casi amontonados”.
A Víctor Cueto Espina, no le quedó otro remedio que alistarse en un GTE. Los alemanes lo capturaron en Malo les Bains el 4 de junio de 1940 cuando trabajaba en el sistema de fortificaciones que formaban la fracasada “Línea Maginot”. Tras hacer el trayecto hasta Alemania a marchas forzadas ingresó en el Stalag XIII A, situado en la ciudad bávara de Sulzbach Rosenberg y el 11 de julio del mismo año lo trasladaron Stalag VII A, ubicado en Moosburg un der Ysar, también en Baviera.
Con el objetivo de contribuir a la economía francesa y al esfuerzo de guerra alemán, el 27 de setiembre de 1940 el gobierno títere de Pétain crea nuevas estructuras de internamiento y trabajo obligado para los integrantes de las antiguas Compañías de Trabajadores Extranjeros.
No menos de 14.000 españoles fueron puestos inmediatamente a disposición de la Todt, una organización paramilitar de la Alemania nazi creada en 1938 para emplear a los desempleados alemanes y que poco a poco se dedicará a utilizar a presos políticos para construir fortificaciones e infraestructuras en los países ocupados, enviando a miles de ellos a la zona ocupada por los nazis para construir el famoso “muro del Atlántico”.
Poco a poco los españoles retenidos empezaron a organizarse, principalmente los militantes comunistas, quienes realizan en los GTE una intensa propaganda clandestina que irá creciendo a partir de noviembre de 1942, alimentada por las victorias del Ejército de la URSS.
El nord d’Àfrica va ser l’única escapatòria per a milers de republicans que van vore en les primeres setmanes de l’any 1939 que la derrota en la Guerra Civil era inexorable. Els ports del Mediterrani, i en especial el d’Alacant, van ser l’última esperança. D’allí va salpar un 28 de març de 1939 l’últim gran barco de l’exili, l’Stanbrook, que ha passat a la història com la gesta d’un capità gal·lés, Archibald Dickson, que va desafiar els seus superiors per a salvar refugiats, que, una vegada perduda la guerra, només podien aspirar ja a salvar la vida.
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Capítol 5. Infern colonial i idealisme: el viatge de guerra en guerra dels exiliats al nord d’Àfrica
Havia caigut Catalunya, i no es podia fugir per la frontera francesa; el sud també estava ja en poder dels franquistes. En eixos dies, es calcula que uns 15.000 espanyols van arribar a les costes africanes. El Mur ha estat amb alguns dels que viatjaren en l’Stanbrook, amb els seus descendents i amb investigadors i experts que parlen d’un exili duríssim en camps de treballs forçats del règim colonial francés, on patirien tortures. Alguns moriren allí sense poder tornar mai, i en un cas, el de Vicent Mataix, els nets, dècades després, viatjaren a Bouarfa, al Marroc, per a portar les seues restes a Banyeres de Mariola. És una de les històries de reivindicació de persones que somniaren la República per a lluitar molts, després, en una nova guerra, i alliberar una França que els havia maltractat en els territoris del desert.
És l’exili més desconegut, un capítol de la història contemporània que ha de ser conegut en tota la seua extensió i que El Mur recorre fins a arribar als projectes de recuperar la memòria d’Archibald Dickson. El mateix any de la seua heroica acció va morir quan l’Stanbrook fou torpedejat per un submarí alemany.
Àudio
L'actor Josep Manuel Casany interpretant un escrit d'Albert Camus
Con frecuencia, la España del exilio me ha mostrado una gratitud desproporcionada, porque los exiliados españoles lucharon durante años, y luego aceptaron con dignidad el dolor interminable del exilio. Yo me he limitado a decir que ellos tenían razón. Y, solamente por esto, he recibido durante años la fiel, la leal amistad española que me ha ayudado a vivir. Esta amistad, aunque yo no la merezca, es el orgullo de mi vida. En realidad, es la única recompensa que puedo desear.
Aquestes paraules de l’escriptor nascut a l’Algèria colonial francesa Albert Camus, obrin la pàgina de l’Arxiu de la Democràcia de la Universitat d’Alacant, una de les iniciatives per a difondre la memòria i el coneixement d’un dels exilis més oblidats i on els republicans espanyols més van patir. Juan Martínez Leal, doctor en Història, explica aquell moment desesperat de la fugida pel port d’Alacant en l’última agonia de la guerra:
Àudio
Juan Martínez Leal: "La propia evolución de la guerra hace que cuando se corta el Mediterráneo y cae Cataluña..."
Eliane Ortega és filla i neta de republicans que s’exiliaren a Algèria en el 1939. Ella mateixa va nàixer allí i, en retornar a Espanya, un diari del seu iaio amb anotacions amb llapissera fou l’estímul per a investigar i recuperar el record dels exiliats al nord d’Àfrica. Un record que ens ha arribat justament en bona part pels escrits que deixaren i que han recuperat els descendents.
Àudio
Eliane Ortega: "Las condiciones que llegaron eran para todos malísimas..."
Eliane Ortega amb els seus pares i en la seua adolescència, amb amics. Les dos images son a Argel / Col.lecció personal Eliane Ortega
Gassó amb uniforme gala sargent-pilot, 1938 (esquerra) i Antonio i Marga, a Casablanca, 1953 (dreta)
Laura Gassó, filla de l’aviador Antonio Gassó, també ha recuperat part dels diaris de son pare. Aquest és un dels paràgrafs on s’evidencia el maltractament que patiren al desert:
Comienza a agudizarse el hambre. Cojo este diario con el fin de no comerme todo el pan, que he reducido ya a la mitad. Es imposible aguantar ¡6 horas de trabajo con un vasito de café bebido! Los indígenas que nos guardan se complacen en martirizarnos. Me entero que en la Compañía se ha leído mi partida para España… Sin embargo, me encuentro pudriéndome y debilitándome en esta maldita cárcel. ¿Por qué?
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Laura Gassó: "Quan vaig trobar el diari de mon pare, en principi no el vaig llegir..."
Vicent Garcia Devís / Beatriz Flores
El periodista i escriptor Vicent Garcia Devís té un record especial per a Olimpia Ruiz, que tenia un mes quan va embarcar en l’Stanbroock, i que viu a Alacant. Era la mes menuda del grup. També recorda amb especial carinyo a Helia i Alicia, les filles de Nazario González, passatgeres també del mític barco. La primera la va entrevistar, i eixe és el testimoni que ens queda. Les dos germanes i la mare també volgueren escriure un llibre en homenatge al pare:
Un dels casos més impactants van ser dos xiquetes, Helia i Alicia González Beltrán, de la ciutat d’Elx, que van eixir fugint. De les més xicotetes, les dos nasqueren a Elx, filles de Nazario González Monteagudo, un home d’UGT sense mes implicacions polítiques, i d’Isabel Beltrán, que varen patir l’exili republicà a Algèria sense saber exactament en què consistia allò, i també un gran exili interior. Primer estigueren en una presó, i des d’allí els van distribuir. La mare va acabar fent feines de cases; el pare, sabater, i també feien teatre pel nord d’Algèria, que era el que feien a Elx abans.
Les germanes González, de menudes, Elles foren part del grup de xiquets de l' Stanbrook. En l' altra foto, Alicia i Helia reben un homenatge a Alacant
Antonio Gassó i Nazario González foren passatgers de l’Stanbrook, un mercant que venia a arreplegar taronges i safrà, capitanejat per un jove capità, que, desobeint ordes dels seus superiors davant el drama humà que va vore a Alacant, va decidir canviar mercaderia per persones.
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Vicent Garcia DevÍs: "L’últim gran vaixell en arribar al port d’Orà amb una càrrega enorme humana va ser l’Stanbrook..."
Alicia González tenia 22 mesos quan va embarcar:
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Alicia González: "Bueno, ese señor estaba en la borda esperando que fuéramos llegando..."
Entre aquests xiquets de l’Stanbrook estava també Uka Egea. Tenia 5 anys. Ara, als 90, té ben present el record:
Uka Egea i el seu germà foren els únics xiquets del camp de treball a Argèlia / Col.lecció personal Uka Egea
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Juan Martínez Leal, historiador, és a més membre del Consell de l’Arxiu de la Democràcia de la Universitat d’Alacant, una institució que ha fet un treball molt valuós en la recuperació de la memòria històrica. Recupera així els detalls de la fugida desesperada pel port d’Alacant: “Los días 28, 29 y 30 se produce sobre Alicante una acumulación de republicanos refugiados de la última hora, de la derrota, que se concentran con la esperanza de encontrar barcos. El día 28 sale el famoso Stanbrook a las 11 noche con tres mil a bordo y practicando una política de pasarela abierta con miles de personas, familias enteras con mujeres e hijos pequeños con destino a Orán.”
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Alicia González: "La travesía fue dura, hacía frio y hubo un percance..."
L’acollida va ser desoladora: el governador d’Alger era amic de Franco. Els exiliats no foren benvinguts. Primer desembarcaren les dones i els menuts, i els hòmens hagueren d’estar vora un mes confinats dins de l’Stanbrook. Feliciano Páez-Camino es diu com son pare, un altre dels passatgers:
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El destí inesperat per a uns exiliats que buscaven comprensió i suport foren els treballs forçosos en els camps que la França colonial va muntar per a portar avant els seus projectes faraònics, com explica Laura Gassó:
El pitjor va vindre després, quan el Govern francés va traure dels calaixos el projecte decimonònic que era el Transsaharià, que era construir unes vies per a poder circular un tren des de Níger al Mediterrani. Este projecte era molt difícil d’acometre sense mà d’obra esclava o semiesclava. Quan a la fi França va decidir ocupar als interns en la línea del Sàhara, la cosa va empitjorar molt. El tombeau (‘tomba’ en francés) era un castic que consistia en que l’intern havia de cavar la seua pròpia tomba de metro i mig llargària, i havia de romandre allà dins com mig soterrat amb la ració encara més reduïda i, en molts casos, l’obligació d’anar a treballar als treballs forçats.
Els exiliats hòmens solien estan a soles en el desert. El pare d’Uka Egea va aconseguir que el deixaren tindre prop la dona i els dos xiquets perquè el feren cap d’estació. Ella recorda així l’ambient:
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Vicent Garcia Devís: "La major part dels que arribaren el 39, republicans exiliats espanyols..."
La família d’Alicia González Beltrán va estar quasi deu anys fent teatre en castellà, enrolats en la Troupe Pineda. Però el pare, Nazario, amb l’art no podia mantindre la família, i solia dedicar-se també a altres ocupacions, com fer sabó a casa mentres els xiquets dormien. Alicia recorda que a la casa acollien els exiliats que arribaven a soles, i fins i tot cuidaven els malalts: “Recuerdo que hicimos un pequeño espacio para que durmiera un tal Agulló, que se pasaba las noches tosiendo... Allí fumaban unos cigarrillos especiales contra el asma, que se utilizaban para que pudiera dormir... Teníamos un patio de vecinos con un retrete para todo el patio y un grifo… Así vivimos lo que se puede decir que fueron los mejores años.”
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Uka Egea: "Siempre mi madre nos decía que no hay que quejarse de nada..."
No mostrar el patiment i no fer patir els que quedaven a Espanya; els exiliats intentaven no mostrar les seues debacles anímiques. Eliane Ortega conta com intentaven mantindre la compostura per a disfressar el dolor:
Las fotografías se hacían, costaban dinero. No tenían dinero. Entonces, cuando se hacían una fotografía, habían dos puntos: uno, para mandársela a la familia, y para que no se preocuparan se ponían elegantes, se lavaban, se prestaban los trajes de uno a otro para mandar a la familia, y otra cosa es que tenían que dejar buena impresión porque había censura, las fotos de denuncia de los campos son escondidas, los carretes los escondían… Esos eran los dos puntos: uno, no preocupar a la familia, y otro, que podían pasar la censura.
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Rosa Brines: "Les generacions posteriors que no hem conegut ni la guerra ni la dictadura..."
Rosa Brines cita la família Mataix, i va convertir lla seua història en el documental “L’últim tren de Bouarfa”. Vicent Mataix fou un dels passatgers de l’Stanbrook. Va deixar a Banyeres de Mariola dos fills: una xiqueta de tres anys, Maria, i a Vicent, de mesos. La generació dels nets va aconseguir portar les restes del iaio Vicent dècades després. Maria, la filla, va ara camí del noranta anys, i ens rep a sa casa d’Alfafara.
María Mataix ,amb el retrat de son pare, Vicent i acompanyada dels seus fills Josep i Toni Vañó / Sergio Formoso
Josep i Toni Vañó són els fills de Maria Mataix:
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Vicent Mataix fou el passatger 416 de l Stanbrook / Coleccions familia Mataix i Eliane Ortega
Va morir als 31 anys al camp de treballs forçats de Bouarfa, al Marroc / Coleccions familia Mataix i Eliane Ortega
Les recerques apunten a que estes fotografies pertanyen al seu funeral / Coleccions familia Mataix i Eliane Ortega
Les recerques apunten a que estes fotografies pertanyen al seu funeral / Coleccions familia Mataix i Eliane Ortega
Les recerques apunten a que estes fotografies pertanyen al seu funeral / Coleccions familia Mataix i Eliane Ortega
Ves a 1Ves a 2Ves a 3Ves a 4Ves a 5
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La historia dels Mataix té un altre detall molt emotiu. Un altre dels nets, Glòria, filla de Vicent, neta de Vicent, viatja també amb els seus cosins a Bouarfa. Per a ella fou especialment difícil; son pare estava molt malalt ja, i va morir només uns dies després de la repatriació d’eixe pare que no va poder conéixer:
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Un altre dels punts de l’exili republicà al nord d’Àfrica va ser Tunísia. El 7 de març de 1939, en una operació que intentava salvar els barcos de la República, després de no poder atracar a Alger, uns 4.000 republicans espanyols arribaren a Bizerta, a Tunísia. L’Institut Cervantes de Tunísia ha dedicat iniciatives a recuperar aquest episodi desconegut.
Tomba d' Elodia Zaragozá Turki, al cementeri de Jallaz, a la capital de Tunísia / Foto facilitada per Ridha Tlili
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A Tunísia encara queden descendents d’aquells refugiats, que en alguns casos es convertiren en figures rellevants en el país, com és el cas d’Elodia Zaragoza.
Per a molts exiliats, l’idealisme i l’esperança els va portar a una nova guerra. Molts s’allistaren i participaren en l’alliberament de París.
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Rosa Brines: "L’exili al nord d’Àfrica es un tema apassionant..."
¿Cómo y por qué muchos republicanos en Argelia como en Marruecos como Túnez se alistaron a las fuerzas libres? —plantea Eliane Ortega—. Partimos de que eran republicanos, demócratas que estaban contra el fascismo que había en Europa, franquismo y nazismo, y Mussolini entonces era lo que se movía en ese momento en Europa. Ellos estaban llenos de ese sentimiento antifascista, que lo que hizo fue el empuje y energía para luchar contra el fascismo, y con la idea de que los países demócratas, entre comillas, ayudarían a echar a Franco. Esa era la línea de pensamiento de los republicanos.
Recuperar la memòria i retre homenatge a qui el pas del temps ha convertit en un dels herois d’aquest període històric. Així reivindiquen els supervivents de l’Stanbrook la figura del capità Archibald Dickson:
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Bust en memòria del capitá Archibald Dickson al port d’Alacant / Sergio Formoso
Al port d’Alacant un bust recorda l’heroic capità gal·lés. Molt prop, Casa Mediterráneo s’ha vinculat amb el treball de recuperació històrica. Hui l’Stanbrook està baix de les aigües del port d’Anvers, i el director de Casa Mediterráneo, Andrés Perelló, explica el projecte que preparen:
Àudio
Andrés Perelló: "Desde Casa Mediterráneo estamos trabajando dentro del área de memoria democrática..."
El 19 de novembre de 1939, set mesos després de portar els exiliats espanyols a Algèria, l’Stanbrook fou torpedejat per un submarí alemany al mar del Nord. Així va morir el mític capità Archibald Dickson junt amb la seua tripulació.
Als camps de concentració on sobrevivien els exiliats espanyols a Algèria es guardà un minut de silenci.
Això és la versió web del capítol 5 d’“#El mur: memòria i exili”, titulat “Infern colonial i idealisme: el viatge de guerra en guerra dels exiliats al nord d’Àfrica”. És un pòdcast multimèdia amb accés per les ones de ràdio, web i xarxes.
En aquest reportatge han treballat: Carlos López Olano en la direcció, la redacció i la presentació; Lola Bañón i Vicent Garcia Devís en la redacció i locució; en la imatge, el disseny visual i el web, Sergio Formoso; Carmen Amoraga, en la gestió de continguts per a xarxes socials; en l’edició i la realització sonora, Xavier Martínez, d’Arkana Media.
Producció executiva À Punt Mèdia: Inés Mengual; continguts À Punt Mèdia: Xelo Ribera; correcció lingüística: Ofèlia Sanmartín.
La sintonia del pòdcast és una versió del “Bella ciao” gravada expressament per Andreu Valor i el Cor de l’Eliana, amb el seu director Nelo Juste, i amb la col·laboració dels músics Blai A. Vañó i Hèctor Tirado.
El projecte és una coproducció de la Universitat de València, ACICOM i À Punt, amb el finançament de la Delegació de Memòria Democràtica de la Diputació de València.