divendres, 7 d’agost del 2026

Hallan cinco víctimas de la represión franquista en una fosa cerca de Miajadas: "Queremos que nuestros familiares puedan descansar con dignidad"

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Los trabajos de exhumación, promovidos por la Diputación de Cáceres, son parte de una investigación que busca recuperar los restos de 25 vecinos represaliados en 1936

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Cáceres

En apenas 19 días se cumplirán 90 años del día en que las vidas de muchas familias de Miajadas y Almoharín quedaron marcadas para siempre. Aquel 27 de agosto de 1936, un grupo de 25 vecinos subió por última vez a un camión que acabaría convirtiéndose en el último viaje de sus vidas.

Fueron víctimas de la represión franquista y, desde entonces, sus familiares luchan por encontrar los restos de cada uno de ellos y poder darles una sepultura digna.

Una espera de casi nueve décadas

Así lo relata Vicente Llanos, cuyo abuelo, con el que comparte nombre, fue uno de los que se marchó en ese camión para no volver nunca. Explica que en aquel grupo viajaban varias personas detenidas y recuerda que dos de ellas consiguieron escapar del vehículo antes de llegar al lugar del fusilamiento.

Uno de los supervivientes logró lanzarse del camión, huyó siguiendo el cauce del río Búrdalo y consiguió alcanzar la zona republicana, desde donde relató posteriormente todo lo sucedido. El otro, un maestro, tomó un camino diferente, pero terminó siendo localizado y asesinado poco después.

Para Llanos, la recuperación de los restos no responde a un deseo de reabrir heridas, sino a "una necesidad profundamente humana". Después de casi 90 años, asegura que las familias únicamente buscan "recuperar a sus seres queridos para poder enterrarlos con dignidad".

Hoy, casi nueve décadas después, esa búsqueda comienza a abrir una puerta a la esperanza. Los trabajos de exhumación que desarrolla la empresa Fotex en las proximidades de la ermita de San Bartolomé, conocida popularmente como El Santo, situada junto a la carretera EX-206 entre Almoharín y Miajadas, han permitido localizar una primera fosa común en la que ya han aparecido cinco cuerpos.

La búsqueda de una verdad pendiente

Este hallazgo supone el primer resultado de una investigación impulsada por la Diputación Provincial de Cáceres con financiación del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y responde a una reivindicación mantenida durante generaciones por numerosas familias de ambas localidades.

Este miércoles, el presidente de la Diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales, visitó la excavación acompañado por la alcaldesa de Almoharín, Antonia Molina, el alcalde de Miajadas, Antonio Díaz Alías, y parte del equipo técnico encargado de la intervención, encabezado por las codirectoras del proyecto.

Durante la visita, Morales calificó la jornada como "un momento especialmente significativo" dentro de un contexto marcado por el dolor. Morales consideró que el hallazgo representa un paso importante para esclarecer unos hechos que continúan abiertos para muchas familias y defendió la "necesidad de recuperar la verdad histórica" de quienes fueron asesinados durante la represión franquista.

El presidente destacó que la institución provincial mantendrá su compromiso con este tipo de intervenciones y anunció que la Diputación buscará fórmulas para continuar los trabajos incluso cuando finalice la financiación estatal, con el objetivo de completar la excavación e intentar localizar a todas las personas que pudieran permanecer enterradas en la zona.

También subrayó que estas actuaciones tienen un valor que trasciende la propia exhumación, ya que permiten construir un relato histórico fundamentado en investigaciones rigurosas y ofrecer a las generaciones más jóvenes una explicación documentada de unos acontecimientos que, a su juicio, "nunca deberían repetirse".

Miguel Ángel Morales: "Continuaremos con las investigaciones respetando la memoria de las personas enterradas"

La segunda fase de las excavaciones en el cementerio municipal de Villamesías permanece, por el momento, a la espera de resolver una dificultad surgida durante el proceso. Así lo explicó el presidente de la Diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales, quien señaló que parte de la fosa común se encuentra bajo varios nichos construidos con posterioridad, una circunstancia que obliga a actuar con especial cautela.

Morales indicó que la institución provincial ya trabaja para mantener conversaciones con las familias de esas sepulturas con el objetivo de buscar una solución consensuada que permita continuar las investigaciones "respetando tanto la legalidad como la memoria de las personas allí enterradas". El presidente insistió en que se trata de una situación más compleja que la existente en la fosa situada junto a la ermita de El Santo, donde no existen impedimentos de este tipo para proseguir los trabajos.

En este sentido, explicó que la Diputación pretende agilizar al máximo la continuidad de las excavaciones en Miajadas mediante la firma de un convenio con la empresa Fotex, responsable de los trabajos arqueológicos. La intención, añadió, es "evitar que la investigación quede paralizada" y aprovechar las condiciones meteorológicas favorables antes de la llegada de las lluvias, siempre dentro del marco jurídico y administrativo que garantice el correcto desarrollo del proyecto.

Una investigación guiada por la memoria

Por su parte, la codirectora de la excavación, Ana María Rabazo, explicó que la actuación nació inicialmente para localizar a las víctimas de Almoharín, aunque la investigación histórica y los numerosos testimonios recopilados durante los últimos meses apuntaban de forma insistente hacia este enclave situado en término municipal de Miajadas.

Según detalló, la decisión de intervenir junto a la ermita no fue fruto del azar. El equipo analizó documentación histórica, fotografías aéreas antiguas, la evolución del trazado de la carretera y numerosos testimonios de vecinos antes de decidir el lugar exacto donde comenzar los sondeos.

La investigación terminó centrándose en una zona próxima a un antiguo muro de tapial que coincidía con las descripciones aportadas por quienes durante décadas habían conservado el recuerdo de aquellos fusilamientos. Ese trabajo permitió localizar una primera fosa donde, por el momento, se han recuperado los restos de cinco personas.

La investigación continuará con la identificación de las víctimas

Rabazo indicó que los cuerpos todavía no han podido ser identificados y que será necesario realizar estudios antropológicos, tafonómicos y posteriores análisis de ADN para conocer la identidad, el sexo y la edad de las víctimas. No obstante, el equipo considera que "la excavación no ha concluido" y que bajo los primeros restos podrían existir nuevas capas de enterramiento.

Los arqueólogos han observado además indicios compatibles con episodios de violencia, apreciables en determinadas fracturas óseas, aunque insisten en que será el estudio científico el que permita determinar con precisión las circunstancias de la muerte.

Asimismo, la responsable del proyecto hizo un llamamiento a familiares y vecinos para que continúen aportando documentación y testimonios que ayuden tanto a identificar a las víctimas como a reconstruir con el mayor rigor posible lo sucedido durante aquellos días de agosto de 1936.

Los testimonios que nunca desaparecieron

La memoria oral ha resultado determinante para localizar la fosa. Uno de esos testimonios lo aportó Antonio Cano, vecino de Almoharín y exalcalde del municipio, quien recuerda cómo durante su primera etapa al frente del consistorio numerosos vecinos mayores compartían con él los recuerdos que conservaban sobre la represión sufrida en la localidad.

Entre todos ellos hubo uno que nunca consiguió olvidar. Cano relata que, durante aquellos años, recibió la llamada de un anciano que aseguraba haber formado parte del pelotón encargado del fusilamiento. Aquel hombre, ya muy mayor, sintió la necesidad de contar lo ocurrido décadas atrás y describió con especial emoción la actitud de las dos mujeres que viajaban entre los detenidos.

Según ese relato, ambas afrontaron sus últimos momentos con una entereza que impresionó incluso a quienes participaron en la ejecución. Mientras muchos hombres rompían a llorar, fueron ellas quienes intentaban transmitirles ánimo antes de morir. Cano recuerda además que en el pueblo siempre existió la creencia de que una de aquellas mujeres podría encontrarse embarazada, un dato que ahora podría ayudar a los especialistas durante la identificación antropológica de los restos.

Una excavación que continúa abierta

Los trabajos desarrollados por Fotex apenas han comenzado. El equipo arqueológico considera muy probable que la fosa continúe más allá del espacio ya excavado e incluso que existan distintos niveles de enterramiento, ya que los cuerpos fueron depositados unos sobre otros con el objetivo de aprovechar al máximo el espacio excavado.

Los especialistas continuarán retirando cuidadosamente los primeros restos para poder acceder a las capas inferiores, mientras avanzan paralelamente las investigaciones documentales y la recopilación de muestras de ADN de posibles familiares.

La intención es no solo identificar a las víctimas, sino también reconstruir con el mayor rigor posible los acontecimientos ocurridos durante aquellos días de agosto de 1936, integrando la información arqueológica con los testimonios orales y la documentación histórica.

Recuperar nombres para cerrar una historia

Este hallazgo supone el primer resultado de una investigación impulsada por la Diputación Provincial de Cáceres con financiación del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y responde a una reivindicación mantenida durante generaciones por numerosas familias de ambas localidades.

A escasos días de cumplirse 90 años de aquellos fusilamientos, la tierra empieza a devolver parte de una historia que permaneció oculta durante décadas. Cinco cuerpos ya han aparecido, pero la investigación apunta a que podrían ser muchos más.

Para las familias, cada centímetro excavado acerca la posibilidad de recuperar un nombre, una identidad y un lugar donde poder recordar a quienes desaparecieron sin despedida. Para los arqueólogos, supone reconstruir un episodio histórico con el rigor que exige la ciencia. Y para las instituciones implicadas, representa un compromiso con la memoria democrática y con el derecho de las familias a conocer qué ocurrió con sus seres queridos.