dimarts, 21 de maig de 2019

El franquismo en España (VII): así convirtió Franco la dictadura en su mina de oro particular



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El patrimonio de Francisco Franco que heredó la familia se tasó en cerca de 500 millones. Pero ¿cuál es el origen de la fortuna del dictador?
Nacho del Río
  Madrid | 19/05/2019



Francisco Franco
Francisco Franco | EFE
El autodenominado Caudillo de España no solo estableció un régimen dictatorial que duró 36 años. También, se encargó de expoliarlo de arriba abajo; de sacar hasta el último céntimo a un país lleno de ruina y miseria tras la Guerra Civil, que luchaba a duras penas por salir adelante entre cartillas de racionamiento y mercados negros. Mientras, Franco se hacía cada vez más rico, y con él, todos los familiares y amigos que no perdieron la oportunidad de enriquecerse a costa de las salvajes políticas y movimientos financieros efectuados por el régimen. Y de eso, casi de forma irónica, ya advertía el propio Franco en un discurso proclamado en Vigo en 1942: "Nuestra cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos".
Pasa en todas las contiendas. Los victoriosos celebran la victoria sobre los caídos. Pero no se queda ahí. ¿De qué sirve una guerra si no puedes lucrarte durante y después de la misma? Eso debió pensar Franco cuando, tras la muerte de Mola en un accidente de avión, decidió liderar en solitario la lucha contra la República. Así lo demuestran las cuentas del dictador: en 1936, Franco tomaba el control del Ejército de África con poco más de 2.000 pesetas en su cuenta. Tras su muerte, el patrimonio del dictador que heredó su familia se tasó en aproximadamente 500 millones. ¿Cómo consiguió tal cantidad?
Amigos y corrupción en una España devastada
Al término de la Guerra Civil, España se había convertido en un mar de ruinas: muertos encima y bajo tierra, pueblos enteros bombardeados, carreteras y redes ferroviarias destruidas y servicios de atención básica inoperantes. Y todo lo que ello conlleva: pobreza, hambre y desempleo. El país necesitaba ser reconstruido, y Franco vio en la miseria de su guerra el primer filón para su beneficio y el de los suyos. El dictador ya venía con los bolsillos cargados frente al desolador panorama. Si en 1938 ya cobraba unas 30.000 pesetas anuales como Capitán General del Ejército, se estima que cuando acabó la guerra tenía en su poder 34 millones de pesetas. Él, que se hacía ver como un salvador de la patria en lo político y un trabajador más en lo económico, lo negó en reiteradas ocasiones.
Quiso dejarlo claro en una entrevista que concedió al diario 'Informaciones': ganaba, en sus propias palabras, "1.500-1600 pesetas, más bien menos que más. Total, unos 4.000 duros al año". No era cierto. Durante la guerra, ya guardaba en sus arcas privadas parte de las donaciones que hacían los empresarios que se unieron a la causa fascista; entre ellas, las de Juan March, el empresario que pagó el alquiler del 'Dragon Rapide' con el que Franco voló a Marruecos para comenzar la sublevación y principal financiador del golpe. No era esta la única vía de financiación del dictador.
Más allá de los donativos y suscripciones que se realizaron para mantener el esfuerzo de guerra del bando franquista, las subvenciones que se debían destinar para ayudas a huérfanos y a soldados indígenas, o para la reconstrucción del alcázar y las obras públicas, también fueron a parar a su cuenta. ¿Por qué? Por la mismísima voluntad de Franco. Él, que había librado a España del germen rojo de los comunistas y conducía al país a un glorioso futuro, entendió que debía recompensarse a sí mismo por el éxito de su "cruzada", y esto pasaba por poner a su disposición y gestionar los fondos del tesoro público como le placiera. Y los del tesoro privado también.
Franco supo premiar a todas las figuras de relevancia que le prestaron su apoyo durante la guerra; siempre y cuando, claro, aquella negociación le repercutiera beneficios directos. Con la reestructuración de una España caída en desgracia, el Palacio del Pardo se había convertido en el centro neurálgico del enriquecimiento de los ricos. Allí se acercaban toda clase de empresarios y banqueros para mostrar su apoyo incondicional al régimen y, por supuesto, su servicio. El ‘modus operandi’ era similar en todas las reuniones llevadas a cabo allí: Franco adjudicaba a dedo los planes de reconstrucción de casas, pantanos y otras obras a las empresas. A cambio, estas ofrecían regalos y donativos privados, a la vez que integraban en sus consejos de administración a familiares y allegados del dictador, que llegó a tener influencia en hasta 150 grandes empresas. Así, todos se hacían de oro. Uno de los mejores ejemplos de este entramado es el Valle de los Caídos. El mayor homenaje al fascismo en España se retrasó en su construcción más de lo que el dictador estaba dispuesto a permitir, y por ello envió a trabajar a miles de presos, la mayoría políticos, engañados por el Sistema de Redención de Penas. Las empresas a las que se les adjudicó la edificación del Valle pedían a la administración franquista un número casi ilimitado de reclusos. Se embolsaban grandes cantidades por el servicio de obra que se traducían en sueldos de miseria que abonaban, a través de la misma administración, a estos reclusos: cobraban dos pesetas, de las que 1,5 se usaban para cubrir su manutención. Los 50 céntimos restantes les eran entregados en mano.
Construcciones Huarte, que pasaría a ser conocida en el futuro como Obrascón Huarte Lain (OHL), una de las principales compañías del Ibex35, fue una de las empresas que se lucró con el trabajo de los esclavos en el Valle de los Caídos. Construcciones Huarte no fue la única que se lucró de la ‘generosidad’ del franquismo. Según el escritor e historiador Mariano Sánchez, Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), imperio de los Koplowitz, donde se colocó al yerno de Franco, o la Banca March, vinculada directamente con Juan March, dobló todo su patrimonio al término de la Guerra Civil. Estas fueron algunas de las otras empresas que conocemos a día de hoy que recibieron el don de gracia económico del régimen, y que ahora, cuatro décadas después del final de la dictadura, amasan algunas de las fortunas más importantes del país.
Los regalos a Franco
Franco no solo recibió regalos de las adjudicaciones y donativos, como el que consta por parte de la Compañía Telefónica Mensual en una nota que expone "las cantidades a disposición de su excelencia el jefe del estado en agosto de 1940": 10.000 pesetas mensuales; también, fue obsequiado con palacios y monumentos y, a través de múltiples sociedades, con el dinero que iba expoliando y el cobro de numerosas mordidas, se realizaron inversiones que se extienden a lo largo y ancho de toda la geografía nacional e internacional. En total, se conocen más de una veintena de propiedades inmobiliarias divididas en Madrid, Guadalajara, Córdoba o A Coruña, e incluso en lugares como Miami o Filipinas, de las que hay constancia a través de diversos documentos, pero que nunca se han podido cuantificar a razón de la Ley de Secretos Oficiales. En conjunto, forman un patrimonio superior a los 300 millones.
Pero, sin duda, los regalos más famosos y polémicos que obtuvo Franco tras vencer a los republicanos son el Canto del Pico y el Pazo de Meirás. El primero, propiedad de José María del Palacio y Abárzuza, conde de las Almenas, es un enorme palacio de 2.000 metros cuadrados ubicado en la Sierra de Madrid, en lo alto de las montañas, rodeado de más de 100 hectáreas de finca. Llegó a ser bastión militar temporal de los republicanos, pues está en un punto al que nadie podía acceder sin ser visto, pero tras el fin de la Guerra Civil, el conde de las Almenas dejó las escrituras a Franco como herencia. Actualmente, esta fortaleza se encuentra en ruinas. La familia Franco la vendió en 1988 a un empresario español por 320 millones de pesetas, que equivaldrían a día de hoy a 29 millones de euros. El comprador quiso hacer del palacio un hotel, pero debido a que el Canto del Pico estaba construido en terreno protegido, acabó por desechar el proyecto.
El Pazo de Meirás, por su parte, fue regalado a la fuerza. Literalmente. Si bien el NODO anunció que "Galicia, su tierra natal, ha ofrecido a Franco" el edificio, lo cierto es que el dictador se hizo con él a través de una donación promovida por varios empresarios. Esto es, con dinero detraído a los funcionarios de A Coruña y con una suscripción popular, que en realidad era un 'puerta a puerta' de la gente de la Falange a los vecinos. Quién iba a decir que no. Así, en diciembre de 1938, Franco recogió el regalo por parte de Pedro Barrié de la Maza, representante legal del dictador en dicha transacción por la que luego obtendría en reconocimiento el condado de Fenosa. El Pazo de Meirás está actualmente en venta por ocho millones de euros. La familia de Franco siempre ha intentado deshacerse de todo el patrimonio tras su muerte por los grandes costes que supone su mantenimiento.
El Pazo de Meirás y el Canto del Pico | Agencias
No menos importantes, aunque sí más desconocidas, son las escrituras de la finca de Valdefuentes en Arroyomolinos en el año 51 que ocupa diez millones de metros cuadrado. El dictador se gastó 13 millones de pesetas en su compra. En aquella época, Franco ya había pasado a cobrar como jefe de Estado 600.000 pesetas al año. Las cuentas no fallan: hubiera necesitado 22 años para pagar la finca de Valdefuentes. Entonces, ¿de dónde sacó el dinero? En la actualidad, sigue en manos de los herederos de Franco, si bien tercio de la finca se recalificó años después. Allí se construyeron 3.000 casas, tres polígonos y hasta un centro comercial. La familia mantiene aún dos grandes mansiones de 500 metros cuadrados dentro de ese perímetro.
El tesoro de Calviño y la 'operación Café'
Se podría decir que el tesoro de Calviño fue uno de los episodios más oscuros en la ambición de Franco por ampliar su patrimonio de forma ilimitada. José Calviño fue funcionario de Hacienda y agente para la compra de armas y munición desde París durante la Guerra Civil durante los gobiernos republicanos de Largo Caballero y Negrín. Ayudó además a proteger y evacuar a los refugiados españoles. Tras el fin de la guerra, era conocido por la administración franquista que Calviño gestionaba una gran suma de activos y mucha información sobre el exilio de notorias figuras de la República: su tesoro, que se convirtió en el objetivo de Franco.
El dictador franquista acordó con el gobierno francés en obligar a Calviño a que se 'deshiciera' de ese material, pero lo cierto es que el dinero y la información pudieron acabar también en las cuentas personales de Franco. Así lo expone un informe de Pedro Urraca, recaudador de Franco, que se reunión con Calviño en la capital francesa "a fin de arreglar la reintegración a España de los valores que el citado Calviño detentaba aún en su poder". En dicho documento, Urraca aseguraba que se podía recuperar el dinero líquido que poseía Calviño: 19.000 dólares y 15 millones de francos depositados en la aduana de Marsella. De dicho informe se desprenden además dos cifras que llamaban especialmente la atención: un montante que se "podría recuperar fácilmente" y que "podría ascender a un millón de dólares", y el resto, "a unos 100 millones de francos".
Pero una de las mayores operaciones de Franco que desenmascaró su falso desapego por el dinero fue la llamada ‘operación Café’. El escritor e historiador Ángel Viñas desveló en ‘La otra cara del caudillo’ que, acabada la Guerra Civil, el dictador brasileño Getúlio Vargas regaló a España 600 toneladas de café. Este era uno de los productos que más escaseaban en los años de posguerra, por lo que su demanda creció notablemente en los mercados de estraperlo. Franco lo sabía, y se aprovechó: vendió ese café a precio tasado por la propia administración e ingresó en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas, que en la actualidad equivaldrían a más de 85 millones de euros.
Las cuentas ocultas de Franco
¿Había interés en ocultar los movimientos bancarios del dictador? En el Archivo Histórico de Salamanca hay localizadas al menos cuatro cuentas pertenecientes a Franco en los años 1940, 1950, 1956 y 1959. Se desconoce el paradero del resto y no consta en ningún registro público, salvo la del segundo trimestre de 1961; documentos a los que pudo acceder el programa Equipo de Investigación tras realizar una solicitud a la Fundación Francisco Franco. En las 12 hojas recibidas se expone que, entre dinero en metálico y en valores, Franco tenía unos 23 millones de pesetas. En el año 40, Franco contaba con cuatro millones.
El hecho de que ese registro del año 61 no fuera público certificaría que existen más documentos que no han visto la luz. Pero ¿cómo es posible que no se tengan datos de las otras cuentas? Entre el año 2000 y 2001, 25 años después de la muerte de Franco, sus papeles pasan a ser públicos. El Ministerio de Cultura del Gobierno de Aznar otorgó 150.000 euros a la Fundación para "la informatización del fondo y la realización de una copia de seguridad del mismo (microfilmada y digital)" que tenía en su poder. No fue una subvención común: rayaba el tope de las más altas, según reconoció en su momento José Manuel González, técnico del Ministerio de Cultura que se encargó de controlar cómo se invirtió el dinero que recibió la fundación.
Él mismo afirmó que es "imposible" conocer si en el fondo de Franco se hallaban todos los documentos "íntegros": "Podría haber documentos guardados en un cajón o que se hayan eliminado, pero es muy difícil saberlo". La Fundación Francisco Franco destinó parte del dinero a la contratación de una empresa para microfilmar el archivo del dictador, trabajo que se realizó en la propia sede de la institución de forma "muy controlada", si bien, como confesó Millán Villalvilla, responsable de dicha labor, no había un encargado de velar que todos los documentos que había en el archivo de la Fundación fueran microfilmados. Esto da a entender que es posible que el patrimonio que manejó Franco durante los últimos años de su régimen y que pasó a gestionar la familia tras su muerte fuese mucho mayor de lo que se ha calculado tras las investigaciones realizadas y los papeles disponibles.

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diumenge, 12 de maig de 2019

El mejor homenaje a Peset Aleixandre

https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20190512/462150341853/marco-merenciano-falangista-peset-aleixandre-lliria-memoria-historica.html




El mejor homenaje a Peset Aleixandre
Retirada de la placa en homenaje al médico falangista Francisco Marco Merenciano en Llíria (LVD)
El médico falangista Francisco Marco Merenciano, natural de Llíria, fue uno de los tres que denunció en 1939 con falsas acusaciones al doctorexrector de la Universitat de ValènciaJoan Batista Peset Aleixandre, de Godella. Le condenaron a muerte en un juicio irregular -como era habitual- por haber sido diputado del Frente Popular, pero consiguió el indulto a cambio de 30 años de prisión. Los médicos fascistas no cesaron en su empeño de verlo muerto y presentaron una segunda denuncia. Esta vez, el tribunal militar lo condenó a muerte sin posibilidad de pedir el indulto. Después de estar encerrado en el campo de concentración de Portaceli, fue fusilado en el cementerio de Paterna el 24 de mayo de 1941.
Los valencianos pensarán que, en parte, se ha hecho justicia con el doctor, que hoy da nombre a un conocido hospital del barrio de Patraix en València. Igualmente está presente en una de las grandes avenidas de la capital. Sin embargo, un reconocimiento o un homenaje nunca es pleno ni justo cuando también se le concede a su verdugo, a un fascista sin escrúpulos.
Volvamos a él. El falangista Marco Merenciano era fiel partidario del pensamiento psiquiátrico propugnado por la Alemania nazi y por el pensamiento católico integrista. Además, fue uno de los introductores en España de las técnicas de electro-shock como medio de tratamiento.
Consideraba que el marxismo era una enfermedad y los republicanos españoles eran unos “enfermos mentales”. Por tanto, defendía que la psicología española tenía como misión curarlos con la medicina para “aproximarlos a Dios”.
Fuentes conocedoras de su figura le recuerdan como un médico que pensaba que esos “enfermos mentales” (los republicanos) eran unos “fracasados de la vida porque eran inferiores y cobardes” y habían desarrollado un “resentimiento” y una “sed de venganza” que “engendraba mentes amargadas y antisociales”.
¿A qué viene ahora resucitar la memoria de Marco Merenciano? A que no estaba, precisamente, en el olvido. Aunque parezca sorprendente, la plaza del Calvario de Llíria homenajeaba la figura del médico falangista con una enorme placa conmemorativa hasta el pasado miércoles 8 de mayo. Hasta hace solo unas horas, parecía que era digno de reconocimiento en una plaza pública de su ciudad natal.
Placa en homenaje al médico falangista Francisco Marco Merenciano en Llíria
Placa en homenaje al médico falangista Francisco Marco Merenciano en Llíria (LVD)
La primera corporación democrática del Ayuntamiento de Llíria, comandada por el Partido Comunista, ya actualizó el nomenclátor de la ciudad, pero esta placa ubicada en la fachada de un bloque de viviendas, al parecer pasó desapercibida. Los gobiernos socialistas tampoco quisieron pelear por su retirada hasta el año 2003, cuando entró el PP. Entonces los ‘populares’ quisieron evitar el conflicto alegando que todavía quedaban familiares vivos de Merenciano en Llíria.
Esta legislatura, la constitución del Comisionado de Memoria Histórica formado por expertos elaboró un informe con recomendaciones para cumplir con la Ley de Memoria Histórica en Llíria: desde retirar la Cruz de los Caídos hasta levantar un monolito en el cementerio en recuerdo de los republicanos fusilados. Incluyeron, también, la esquiva placa de Merenciano.
Ahora, 44 años después del fin de la dictadura franquista, se hace justicia; no con Marco Merenciano, sino con Peset Aleixandre. Lo asesinaron acusado de ser “responsable de asesinatos”, pero según un informe del Aula de Historia y Memoria Democrática de la Universitat de València, no solo no mató a nadie, sino que durante la guerra salvó a diferentes personas -que testificaron a su favor en el juicio, en vano-, protegió a personas religiosas y dio auxilio incluso a falangistas. Puso, por tanto, su labor profesional por encima de su ideología. No como quienes lo acusaron y lo ordenaron fusilar.

Aguiluchos que aún sobrevuelan València

Por todo el estado aún queda simbología franquista en las calles que homenajean el periodo más oscuro de la historia reciente de España. En València, por ejemplo, el Ayuntamiento ha hecho todo lo que estaba en su mano para cumplir con la Ley de Memoria Histórica, y de paso, con el deber moral en recuerdo a las víctimas del franquismo: han retirado las calles más conflictivas (una de ellas, por cierto, tenía el nombre de Marco Merenciano).
Sin embargo, aún quedan muchos rastros. El Altar Mayor de la Iglesia del Carmen sigue exhibiendo esa pintura con el dictador, centenares de placas con el yugo y las flechas siguen recibiendo a los habitantes de muchas viviendas construidas durante el franquismo, y las casernas de la Guardia Civil de Patraix y de Benimaclet siguen contando con un escandalosamente grande emblema del águila.
Desde la Concejalía de Cultura dicen ya han exigido su retirada al Ministerio de Interior, durante la época de Rajoy, pero también durante el mandato de Pedro Sánchez. ¿Lo que se ha escuchado? El silencio.
Escudo franquista en la fachada de la caserna de la Guardia Civil de Benimaclet
Escudo franquista en la fachada de la caserna de la Guardia Civil de Benimaclet (Google Maps)

Las fosas comunes de la Guerra Civil guardan los huesos de los fusilados, pero, además, un incontable y variado número de objetos que permiten a los investigadores obtener pistas sobre la identidad de la víctima y, en ocasiones, conocer detalles sobre las aficiones y las historias de vida de los ejecutados.

https://www.publico.es/politica/gafas-abundio-pendiente-maria-dado-eugenio-fosas-cuentan-victimas-franquismo.html

Las fosas comunes de la Guerra Civil guardan los huesos de los fusilados, pero, además, un incontable y variado número de objetos que permiten a los investigadores obtener pistas sobre la identidad de la víctima y, en ocasiones, conocer detalles sobre las aficiones y las historias de vida de los ejecutados. 

Las gafas de Abundio Andaluz, fusilado por falangistas en agosto de 1936 en Calatañazor (Soria).- ASOCIACIÓN RECUERDO Y DIGNIDAD

Abundio Andaluz fue fusilado el 18 de agosto de 1936 por cuatro falangistas que se hacían acompañar de un sacerdote. Era abogado, militante de Izquierda Republicana y vicepresidente de la Diputación de Soria tras las elecciones de febrero del '36. Los tiros, sin embargo, no acabaron con su vida de manera instantánea. El libro La represión en Soria durante la Guerra Civil, de Gregorio Herrero, relata cómo Abundio, antes de morir, se arrastró más de un kilómetro en dirección sureste. Los testimonios orales, la lucha de su nieta Ana Andaluz y de la Asociación Recuerdo y Dignidad sirvieron para localizar, más de 80 años después, el emplazamiento de Abundio. Los forenses se pusieron a sacar tierra del suelo y rápidamente aparecieron los restos de Andaluz. Pero no solo. También aparecieron sus gafas redondas. Las mismas que llevaba aquel fatídico 18 de agosto. Las lentes de abundio daban testimonio de la barbarie franquista en Soria. 
El caso de Abundio es similar al que este miércoles contaba en El País el periodista Nuño Domínguez. En este caso, se trataba del caso de Catalina Muñoz, una mujer que fue fusilada en septiembre de 1936 y enterrada con un sonajero de su hijo de nueve meses, quien conoció la historia completa de su madre 83 años después. El juguete, encontrado en una fosa común en 2011, había servido como pista para reconstruir el pasado de una familia destrozada por la represión franquista. Y es que cuando una fosa común se abre no sólo aparecen huesos. 
"Cuando hablamos de exhumaciones en fosas comunes se nos viene a la mente la imagen de unos huesos, que es la prueba más evidente del asesinato. Pero los objetos que acompañan a esos huesos son igual de importante o más. Son los objetos los que nos dan una explicación sobre cómo era esa persona. Los objetos nos definen como personas. Los humanos somos los animales que se caracterizan por hacer y usar objetos, por lo que estos instrumentos, que encontramos en las fosas, son clave para devolver esa humanidad, para conocer algo más que el nombre de la persona que fue fusilada", explica a Público el arqueólogo del Incipit-CSIC Alfredo González-Ruibal.
Así, González Ruibal recuerda el caso de una fosa que exhumó en el cementerio de Castuera (Badajoz). Uno de los cuerpos, cuyo nombre se desconoce, guardaba en uno de sus bolsillos un buen número de anillos de cobre y monedas. El arqueólogo explica que este hombre, seguramente, convertía las viejas monedas de cobre en anillos y que estos serían usados en el campo de concentración como moneda de cambio por alimentos. Sus verdugos lo sacaron del campo de concentración de Castuera, por donde pasaron miles de personas, y lo fusilaron. Los restos de este hombre se encontraban junto a los de otros 200 fusilados en una fosa. 
Objetos encontrados tras la exhumación de una fosa en Castuera.- Cedida por Alfredo González-Ruibal
"El hecho de que llevara tantos objetos encima cuando fue fusilado nos hace pensar que no sabía que iba a ser ejecutado en ese momento. Seguramente se trata de un hombre que trabajó como orfebre. También tenía una prótesis dental y boquillas de fumar, por lo que creemos que el asesinado tenía un estatus social elevado", prosigue González-Ruibal. 
Los objetos que le acompañaron han permitido conocer un poco de la historia de vida de este hombre cuya identidad, aún hoy, es desconocida. Pero los casos en los que se encuentran este tipo de materiales son más que habituales en las más de 800 fosas que se han exhumado durante los últimos años en España. Un ejemplo paradigmático fue el del dado de Eugenio. 
En mayo de 2017, durante la exhumación de la sepultura número 10 de la parte civil del cementerio de Guadalajara, los arqueólogos de la ARMH encontraron un dado junto a los restos de Eugenio Molina Morato, que había sido fusilado en noviembre de 1939. Cuenta Willy Veletaen este reportaje de CTXT, que realmente el dado lo encontró el poeta y Premio Nacional de Poesía en 2002 Juan Carlos Mestre. "Jamás un golpe de dados abolirá el azar", recitó el poeta. 
El dado de Eugenio.- ÓSCAR RODRÍGUEZ
Ese pequeño dado, tallado en madera, con sus seis caras correspondientes, constituía, prácticamente, la herencia que dejaba Molina y una pista de lo que pudieron ser sus últimos días en prisión. "Observábamos incrédulos ese trocito de madera tallado con números. Intenté imaginar a qué jugarían estos represaliados del franquismo durante su cautiverio en la cárcel de Guadalajara. ¿A quién se le ocurrió la idea de fabricar un dado? ¿Habría otro dado? Eran carne de pelotón de fusilamiento, estaban famélicos, apenas podían ver a sus familiares, pero todavía tenían ganas de jugar con el azar", reflexionaba en el texto su autor, el periodista de CTXT Veleta. 
Uno de los arqueólogos que trabajó en la exhumación de Eugenio, y en la de cientos de víctimas del franquismo, es René Pacheco, que atiende a Público desde México. El arqueólogo explica que, en muchas ocasiones, los objetos que aparecen en las fosas comunes muchas veces dan más información al investigador que los propios huesos. "Hay un caso en el que conseguimos determinar que las víctimas eran ferroviarios, e incluso la compañía en la que trabajaban, gracias a que aparecieron los botones del uniforme", cuenta Pacheco, que señala que en su trayectoria ha encontrado desde relojes a monedas pasando por carteras. Una de ellas, incluso, llena de dinero. "Llegamos a calcular el dinero y parecía el salario del trabajador. Que cobró y directamente lo apresaron y lo mandaron fusilar", prosigue. 
Quizá el ejemplo más conmovedor que traslada Pacheco es el del pendiente de María Alonso Ruiz, una mujer que fue fusilada con 32 años en 1936 y enterrada en una fosa común en Izagre (León). Los expertos de la ARMH encontraron un pendiente y buscaron y rebuscaron hasta encontrar el otro. Sin embargo, Josefina, la hermana de María, alertó a los arqueólogos. "No sigan buscando. María salió de casa ese día con un solo pendiente. Tenía una infección en la otra oreja y el pendiente se quedó en casa. Ahora, el pendiente encontrado es un colgante en el cuello de Josefina. 
"Para los trabajadores, los que estamos a pie de fosa, creo que los objetos nos transmiten mucho más que los huesos. Nos ayundan a convertir en persona esos huesos, te hacen consciente de que esos restos tenían una vida. Los objetos te trasladan otro punto de vista mucho más humano", explica Pacheco, que recuerda el día que encontró una granada que en el bolsillo del cuerpo de Perfecto de Dios, en una fosa en Chaherrero (Ávila), o la cantimplora que apareció en una fosa que exhumó en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real).
Iniciales bordadas en la camisa de Miguel Galán. DANIEL GALÁN.
Los objetos que aparecen en las fosas son, en muchas ocasiones, las únicas pistas de los investigadores para conocer la identidad del fusilado mientras llegan las pruebas de ADN. Objetos como unas gafas o una pipa de fumar permiten a las familias intuir quién es su ser querido a falta de la confirmación necesaria del ADN. Este fue el caso de Miguel Ángel Torres y su bisabueloMiguel Galán, que estaba enterrado en la fosa 128 de Paterna (València). En este lugar apareció una camisa que se había conservado relativamente bien. Tenía unas iniciales escritas: "M.G.". Son las únicas iniciales que coinciden con el nombre de una de las víctimas allí enterradas: Miguel Galán.
Su nieto, Miguel Ángel Torres, está prácticamente convencido que aquella camisa pertenecía a su abuelo. "Fue muy fuerte para nosotros ver la camisa acribillada a balazos". Uno de los profesionales que trabajaron en aquella exhumación es Àlex Calpe, miembro del colectivo Arqueoantro. Calpe explica a Público que en Paterna han encontrado multitud de objetos durante la exhumación de 552 víctimas de las más de 2.238 que el franquismo ejecutó en este lugar. "Lo más habitual ha sido la ropa, pero también objetos personales como mecheros, lápices, anillas, gafas...", señala Calpe. 
No obstante, de todos estos objetos, hay uno que se le quedó guardado. Una víctima llevaba encima una pelota del deporte tradicional valenciano conocido como pilota valenciana. '"Me impresionó mucho porque es muy típico de aquí. Puede ser un recuerdo que quiso llevarse a la cárcel o una manera de distraerse durante el tiempo que estuvo en prisión", explica Calpe. 
No obstante, en este caso, el objeto no sirvió para identificar al fusilado. Varias familias señalaron que su ser querido asesinado era aficionado a este deporte. Pero sí que constituía una pista y, en cualquier caso, recuperaba una de las aficiones de esta víctima de la represión franquista.
Objetos personales de los represaliados fusilados que han aparecido en las fosas de Paterna.- ARQUEANTRO
En otro caso, el equipo en el que trabaja Calpe encontró una carta en el bolsillo de un pantalón. Había sido escrita durante la estancia en prisión. La carta era prácticamente ilegible, pero sí se podía ver con claridad el nombre del remitente. Y coincidía con el de una de las más de 2.000 víctimas que fueron enterradas en Paterna. Las pruebas de ADN confirmarán o no la auténtica identidad de la víctima, pero la carta dirigida al hermano del fusilado, es una pista única
Calpe también relata que en dos de las fosas mejor conservadas también era habitual encontrar las cuerdas con las que los republicanos eran enviados, maniatados, frente al pelotón de fusilamiento. "En algunas de estas cuerdas se aprecia hasta la forma, que se ajustaba a las muñecas de las víctimas", prosigue. 
Este caso, el de las cuerdas, es más que habitual en las exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil y los primeros años de franquismo. Aparecieron también, por ejemplo, en la exhumación de la fosa de Chillón en Ciudad Real, realizada por la ARMH en el año 2011. En aquella ocasión, no obstante, eran cables eléctricos que habían sido usado para atar a los enviados al pelotón de fusilamiento. En aquella fosa aparecieron los restos Marcelino Agudelo Serrano (44 años), Alfonso Capilla Casado (39 años), Isidoro Castillo Mosqueda (30 años), Bernardino Gallego Franco (17 años), Manuel León Rodríguez (29 años), Pablo Madrid Amaro (22 años), Patricio Mata Gómez (33 años) y Manuel Puebla Perianes (33 años).
Cable usado para atar a los paseados de Chillón.- ARMH
El blog A pie de fosa también recoge varios ejemplos de objetos que han sido encontrados en fosas comunes que han servido para dar a los arqueólogos y forenses pistas sobre la vida e identidad de la persona fusilada. Es especialmente curioso un caso ocurrido en San Sebastián. Durante unas obras en la zona conocida como 'El puente de hierro' los trabajadores encontraron evidencias de que podrían estar trabajando sobre una fosa común de la época de la Guerra Civil. La sociedad Aranzadi acudió al lugar y exhumó las dos fosas localizadas. En una de ellas apareció un botón que pertenece al uniforme de la Policía Municipal de San Sebastián durante la II República.
O el caso de la fosa común de Teba, en la provincia de Málaga, que era en realidad una zanja de 25 metros de largo por dos de ancho emplazada en el propio cementerio de la localidad. Allí apareció un reloj de bolsillo parado, exactamente, alas 4 y 15 en el bolsillo del fusilado 124. Junto a él monedas, un mechero de gasolina y una boquilla para fumar. El reloj de esta víctima del franquismo se paró a esa hora. No sabemos si su fusilamiento se produjo antes o después. Lo que hoy sí se conoce es que los autores del genocidio fundacional del franquismo intentaron parar el reloj de todo el país durante 39 años de dictadura. 
'Reloj del individuo 124.- Exposición en el Archivo Histórico Provincial de Málaga