dissabte, 11 d’agost de 2018

CÁDIZ. LOS CRÍMENES DEL FRENTE POPULAR EN SAN FERNANDO, POR MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ MORENO.

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Fosa en San Fernando (Cádiz)

LA VOZ DEL SUR | MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ MORENO | 6-8-2018
Finalizada la Guerra Civil española, las autoridades victoriosas inician una recopilación minuciosa de los “hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja”. Pero no sólo investigaron las acciones delictivas —que las hubo, muchas y gravísimas, y las castigaron con creces—, sino que investigaron las actuaciones acometidas por las autoridades republicanas de izquierda, en el ejercicio de sus funciones, desde la instauración de la II República, en abril de 1931, hasta el comienzo del Glorioso Movimiento Nacional, el 18 de julio de 1936.
Esta aberración jurídica criminalizaba a posteriori lo que en su momento eran actos administrativos conformes a la ley. Sin embargo, este enorme proceso, que se conoce como Causa General, no se inicia con el Decreto de 26 de abril de 1940 del Ministerio de Justicia, existieron procesos provinciales iniciados en Zonas Liberadas durante el transcurso de la guerra… es el caso de San Fernando y la provincia de Cádiz.
La búsqueda de responsabilidades con las que justificar los asesinatos que ya se habían cometido en la ciudad se inicia en el verano de 1938. En ese momento los vecinos de San Fernando asesinados por militares sublevados y por fascistas se acercaban a los 200. Ese 2 de agosto de 1938 el alcalde de San Fernando, Antonio Rodríguez, recibe un telegrama-circular del Delegado Provincial de Trabajo en el que le ordena lo siguiente:
“Para cumplimentar servicio urgente encomendado por la Superioridad ruego vs. envíe brevedad posible documento expresivo cual fuese actuación y desarrollo distintos sindicatos esa ciudad. Huelgas o actos de sabotage (sic) tuvieran lugar. Repartos y asentamientos obreros agrícolas y huelgas de inquilinos fincas urbanas planteadas periodo comprendido desde 16 febrero 936 a iniciación Glorioso Movimiento Nacional. Salúdole. Arriba España”.
Es decir, quería saber qué había pasado en la ciudad durante el gobierno municipal del Frente Popular. La respuesta sale seis días después.
“En el tiempo comprendido entre el 16 de febrero de 1936 hasta la iniciación de nuestro Glorioso Movimiento Nacional, sólo existió en esta ciudad como Asociación Obrera el Sindicato Único de Trabajadores, afecto a la CNT, en donde se encontraban inscritos todos los obreros de los diversos ramos del trabajo. La actuación y desarrollo del mismo, iba encausada [sic] al planteamiento constante de huelgas, a los fines de destruir el capital y la industria. Constantemente organizaba mítines, en donde se inculcaba a los obreros la rebeldía contra los poderes constituidos y se amenazaba a las autoridades, acuciando a los obreros contra la misma [sic]. En 6 de mayo de 1936 plantearon una huelga general, por solidaridad con los obreros de la capital, que fue solucionada en 8 de igual mes…”.
Continúa el alcalde de San Fernando concretando que “…no hubo en esta ciudad desgracia personal alguna”. Y explica los dos únicos actos de sabotaje ocurridos durante el gobierno del Frente Popular:
“…solo puede detallarse el intento de incendio de la Iglesia Mayor Parroquial, hecho ocurrido en 9 de marzo de 1936, así como en 23 de igual mes y año, varios jóvenes que vendían el periódico Mundo Obrero, apedrearon y destruyeron una imagen que había colocada en hornacina existente en la Avenida General Varela, esquina a la Santísima Trinidad…”.
No explicó el señor alcalde a la superioridad, que los que intentaron quemar la Iglesia Mayor fueron detenidos por las autoridades del Frente Popular ese mismo día. Que, por orden del juez de instrucción Marcelino Rancaño, fueron encarcelados en la prisión de San Fernando. Que fueron encausados en el sumario 32/1936 por incendio y en el 164/1936 por sedición. Que se llamaban José Mateo Callealta, Fernando Oliva Iglesias, José Fraga Cruz, Pedro Montero Cabezas, José Gavilán Mendoza y Diego Marín Fernández. Los primeros, de Cádiz. El último, de San Fernando.
Tampoco explicó el señor alcalde que, por orden del juez de instrucción, todos ellos acabaron encarcelados en el Penal del Puerto de Santa María el 21 de marzo de 1936… y que allí, en tan peligroso lugar, les alcanzó el Glorioso Movimiento Nacional. Luego, cuando ya no mandaban las hordas marxistas del Frente Popular, sino las nuevas autoridades emanadas de la fuerza bruta de las armas, a Diego Marín lo sacaron del penal el 23 de agosto y lo fusilaron. Su viuda fue la que logró que inscribieran su muerte en 1944. Del resto de los incendiarios, por el momento, no sabemos nada. Pero duda servidor que unos rojos que intentaron quemar la Iglesia Mayor sobrevivieran al Penal del Puerto de Santa María en manos de las nuevas autoridades. Tampoco sabemos nada de los jóvenes que apedrearon la imagen de la hornacina. El informe de la guardia municipal dice que los sujetos huyeron a Cádiz y ahí perdemos la pista…
Unos días más tarde, el 24 de agosto de 1938, siguiendo con la recopilación de datos iniciada, el gobernador civil de la provincia, Daniel Araujo, le dice al alcalde:
“Para dar cumplimiento a órdenes recibidas de la Superioridad ordenará preparar y remitirá en el más breve plazo posible un estado comprensivo de los extremos que siguen en relación con la actuación marxista en España…”.
Se está refiriendo a la actuación del Frente Popular, febrero-julio de 1936. Y, siguiendo el formulario que le propone el gobernador, el alcalde de San Fernando responde lo siguiente:
Número de casas y edificios públicos destruidos: NINGUNO.
Número de fábricas y comercios destruidos: NINGUNO.
Número de bancos destruidos y sus pérdidas: NINGUNO.
Número y valor de museos y obras de arte destruidas: NINGUNO.
Iglesias, conventos y capillas destruidos: NINGUNO.
Calles, puentes, ferrocarriles, puertos, estaciones destruidas, número y daños materiales: NINGUNO.
Número de asesinatos cometidos en esta localidad: NINGUNO.
En este último apartado, se ve que para introducir algún hecho destacable —aunque ocurrido tres años antes de la llegada del Frente Popular—, aprovecha el alcalde para explicar el atentado perpetrado en el Teatro de las Cortes el 12 de noviembre de 1933. Ese día, durante la celebración de un mitin organizado por Acción Ciudadana de San Fernando, en el que intervendrían José María Pemán, Ramón de Carranza, José A. Primo de Rivera y otros, unos pistoleros dispararon desde uno de los palcos provocando un muerto y tres heridos. Pero no fue un crimen impune. En agosto de 1938, cuando se emite este informe, los cuatro implicados habían sido detenidos y pagado sus culpas.
Es decir, cuando las autoridades franquistas inician la búsqueda de información, tanto los responsables del atentado del Teatro de las Cortes en 1933 como los que intentaron incendiar la Iglesia Mayor en 1936, estaban encarcelados, muertos o desaparecidos. Entonces… ¿De qué eran culpables los casi 200 vecinos de San Fernando asesinados por los franquistas para merecer la muerte? ¿Qué actos habían cometido?
Habían hecho una huelga de dos días en solidaridad con los trabajadores de Cádiz y habían celebrado múltiples reuniones en las que «”..se inculcaba a los obreros la rebeldía contra los poderes constituidos…”. Es lo que había dado de sí el periodo de dominación marxista en la ciudad.
No. La represión desplegada en San Fernando no fue consecuencia de insoportables agitaciones sociales, desmanes o crímenes cometidos en ese periodo, porque, según las propias autoridades franquistas, no los hubo en la ciudad. La violencia posterior al golpe de Estado (asesinatos, desapariciones forzadas, depuraciones de funcionarios, maestros y guardias; encarcelamientos arbitrarios, etc.), obedeció a una meditada planificación —en la que intervinieron la cúpula militar del Departamento Marítimo de Cádiz y la Falange de San Fernando— que consiguió descabezar cualquier intento de oposición. Es lo que indicaban las directrices del urdidor del golpe, el general Emilio Mola Vidal:
“Hay que sembrar el terror… hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.
“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.
Pero la represión en esta ciudad no se limitó al asesinato (el general Mola lo llamaba castigo ejemplar) del alcalde y concejales del Frente Popular que, como representantes de la legalidad republicana, su sola presencia física denunciaba el crimen que cometían los sublevados. El asesinato, con la liturgia de fusilamientos judiciales, alcanzó —sin entrar a valorar lo ocurrido en el ámbito militar— a los dirigentes de partidos políticos de izquierda, masones, sindicalistas y a los obreros que se habían significado en el proceso de empoderamiento popular que ocurrió en los últimos meses de la Segunda República. Por otro lado, el proceso represivo expulsó de las administraciones a todos los trabajadores sospechosos de haber colaborado abiertamente con las políticas emanadas de la República. El gobernador civil de Cádiz se lo recordaba al alcalde de San Fernando en agosto de 1936:
“…en virtud de las atribuciones delegadas por el Excmo. Sr. General Comandante Militar de la Plaza [general López Pinto], que en cada ayuntamiento se verifique una escrupulosa depuración del personal de todas las clases y categorías dependientes de ellos para que fulminantemente queden separados definitivamente de sus cargos todos aquellos que hubiesen tenido relación con el llamado Frente Popular y se dedicaron a actuar políticamente contribuyendo con ello a la ruina que para la Patria ha significado el mencionado Frente Popular”.
Y lo hicieron magistralmente. Lo hicieron hasta dejar una gestión municipal sumisa y adicta al nuevo Régimen. A comienzos del año 1937, los militares y falangistas que mandaban en San Fernando habían conseguido una ciudad descabezada de todo liderazgo político y sindical, una sociedad sumisa, un pueblo aterrorizado…
… y, en consecuencia, dejaron las fosas comunes de la ciudad repletas de cadáveres anónimos. Habían triunfado.

CARMEN DÍAZ RAMOS, hermana del Secretario general del PCE José Díaz, ASESINADA y DESAPARECIDA por elementos franquistas en 1936

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Carmen Díaz Ramos word pressCarmen Díaz Ramos nació el 31 de marzo de 1891 en Sevilla en la antigua calle Huerto nº 1 del distrito de la Macarena. Era hija de José Díaz Alvarado, de 32 años y profesión panadero, y de Francisca Ramos Ángel, de 30 años y profesión cigarrera. Tuvo tres hermanos: José, que llegó a ser Secretario General del PCE, Juan y Concha.
Carmen empezó a trabajar muy joven como cigarrera en la Fábrica de Tabacos de su ciudad natal, hasta que se casó con Francisco Vela Ortega, nacido en 1888 en Torre Alhaquime (Cádiz), y que trabajaba en Sevilla como camarero. Vivían en la calle Adelantado nº 4 junto con sus padres y hermanos y tuvieron 5 hijos: Francisca (1916), Pepe (1918), Juan (1921), Manolo (1924) y Antonio (1927). En 1928 su marido Francisco falleció en un accidente de coche en el arroyo del Molinillo (Sanlúcar la Mayor). Cuenta su nieta Carmen León Vela, que Carmen, y su hija Francisca que tuvo que dejar el colegio, se dedicaron a vender el pan que su hermano Pepe, panadero, les hacía fuera de su jornada laboral.
Cuando las obligaciones políticas de su hermano le hicieron dedicarse exclusivamente al partido y abandonar la panadería, su hija Francisca entró a trabajar como pintora de loza en la fábrica de cristales Álvarez, trabajo que le permitiría mantener a la familia hasta su exilio. Tras el golpe militar del 18 de julio de 1936, ante el recrudecimiento de la represión, y siguiendo las recomendaciones de camaradas y amigos decidió abandonar la ciudad con 4 de sus 5 hijos, pues Pepe se encontraba en Madrid con su tío. Su hermana Concha, ya casada con otro militante comunista, Jesús González Lora, conocido por «Bulnes», también la acompañaría con sus hijos Jesús, de 4 años, y Currita, de uno.
Se escondieron en casa de una mujer, pero la policía la localizó amenazando de matar allí mismo en la calle a un niño que jugaba si no se presentaban. Detuvieron a Carmen, a su hija Francisca y a su hermana Concha, a la que se llevaron con su hija, a la que aún amamantaba, y las encerraron en el depósito de presos del cine Jáuregui, contiguo a la comisaría, al estar los calabozos llenos. Después de duros interrogatorios pusieron en libertad a su hija Francisca, que volvió a su casa de la calle Adelantado para cuidar de sus hermanos y de su primo Jesús. Carmen y Concha pasaron a la Prisión Provincial y el 4 de noviembre a la delegación de Orden Público.
Durante varios días Francisca estuvo llevándo diariamente comida a su madre y a su tía, hasta el día 8, cuando le dijeron que ya no hacía falta que la llevara pues a su madre la habían fusilado esa madrugada y su tía había sido trasladada con la niña a la comisaría de la calle Jesús. Uno de los guardias comentó: a ver si con esto tu tío se calla de una puta vez, refiriéndose al discurso que Pepe Díaz había dado 2 días antes en la Plaza de Toros de Madrid.
La tía de Francisca le narró las circunstancias de la muerte de su madre. La policía les había dicho que una de las 2 caería esa noche, así que a elegir y rápido. Discutieron entre ambas hermanas sobre quién debería morir. Finalmente Carmen, 10 años mayor que Concha, le dijo a ésta que cuidara de sus hijos y se adelantó aprovechando que la niña pequeña se puso a llorar.
Carmen Díaz Ramos se dirigió a los guardias diciéndoles que le dispararan pronto y que no le vendaran los ojos, que mi hermano se merece que muera con la cabeza muy alta. La llevaron junto a un numeroso grupo a las tapias del cementerio de Sevilla, donde un piquete de regulares acabó con su vida. Carmen Díaz Ramos fue asesinada exclusivamente por ser hermana del secretario general del Partido Comunista de España
Casi cuarenta años después del fallecimiento del dictador, transcurridos otros muchos desde la instauración del “régimen del 78”, y con la aprobación de la más que alicorta Ley de Memoria Histórica, nadie sabe dónde están enterrados los restos de Carmen Díaz Ramos. El sentimiento de sus descendientes ante esta ignominia se intuye en la emotiva nota biográfica de su nieta Carmen León Vela.

Documentos: Crónica Popular (Félix Población). Ateneo Tarsis (Carmen León Vela)

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En Azazeta (Álava), 16 REPUBLICANOS fueron FUSILADOS por los franquistas en 1937

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Matanza de Azazeta word pressTras el alzamiento militar fascista contra la República, la mayor parte de Álava quedó bajo el control de los golpistas. Pocos fueron los puntos de la geografía alavesa que se libraron de la invasión fascista. Sin embargo, la respuesta política y social que consiguió organizarse en muchos otros lugares evitó que la conspiración derechista triunfara en un primer momento.
Ese escenario provocó una guerra que duraría oficialmente hasta 1939. La estrategia del terror franquista que comenzó en esa primera fase de retaguardia continuó durante décadas de dictadura. Con el objetivo de aniquilar cualquier atisbo de oposición al nuevo régimen se llenaron las prisiones y las cunetas con miles de víctimas: ejecuciones, desapariciones forzosas, cárcel, tortura, exilio. Álava no escapó de la represión. Cargos electos, maestros, sindicalistas, militantes políticos…Entre 1936 y 1945 hubo más de 300 asesinados en Álava. A día de hoy, muchos de ellos continúan desaparecidos.
El 31 de marzo de 1937, el ejército franquista comenzó el ataque contra el frente norte bombardeando Durango y causando centenares de víctimas. Esa misma noche, en la retaguardia, un escuadrón de la muerte compuesto por requetés, falangistas y guardias civiles se presentó en la prisión vitoriana de la calle La Paz. Sacaron a 16 presos de sus celdas y los llevaron maniatados a 2 camiones que les esperan en la puerta para ser trasladados al puerto de Azazeta.
Aquellas ejecuciones sumarias fueron ordenadas por el general Mola, decidió que era funcional a sus propósitos crear un terror lacerante, un miedo atroz, paralizante; se decidió fusilar a 16 hombres de bien que se hallaban encarcelados desde que produjo la sublevación. Fue el asesinato con mayor carga y significación política producida entre 1936 y 1939 en toda Euskadi.
Algunos de ellos eran cargos electos o significados militantes republicanos, socialistas, abertzales o anarquistas. Otros eran obreros que habían sido encarcelados por simpatizar con esas ideologías que el terror de Estado franquista quería aniquilar. Los asesinos estaban dirigidos por Bruno Ruiz de Apodaca, uno de los mayores asesinos franquistas de Vitoria que fue quien organizó la masacre.
Las dudas se disiparon cuando contactaron con el cura que los fascistas se habían llevado a Azazeta para acompañar a los presos antes de ser ejecutados. Maniatados de 2 en 2, habían sido llevados desde la camioneta al bosque. Fueron asesinados y enterrados en varias fosas comunes. Los 16 de Azazeta eran:
Teodoro González de Zarate, alcalde y natural de Vitoria, afiliado a Izquierda Republicana.
Francisco Díaz de Arcaya, concejal socialista en el ayuntamiento republicano de Vitoria.
José Luis Abaitua Pérez, burukide del ABB, EAJ-PNV.
Víctor Alejandre, de Valdegovía, militante del Partido Republicano Radical Socialista.
Eduardo Covo González, empleado de Telégrafos, de Vitoria.
Jaime Conca Amorós, jornalero, de Vitoria.
José Domingo Elorza San Vicente, pintor, de Vitoria, afiliado al PSOE.
Constantino González Santamaría, barbero, de Vitoria.
Francisco Garrido Sáez de Ugarte, ajustador, de Apellaniz, afiliado a CNT.
Prisco Hermua Arrízola, jornalero, de Vitoria, afiliado a CNT.
Antonio García Bengoetxea, mecánico, de Vitoria.
Jesús Estrada Ábalos, mecánico, de Vitoria, afiliado al PCE.
Daniel García de Albéniz Azazeta, labrador, de Maeztu, afiliado CNT.
Manuel José Collel Aguilá, ferroviario de Vitoria, afiliado a Unión Republicana.
Manuel Hernández Ibañez de Garaio, ferroviario, de Vitoria.
Casimiro Cerrajería Zarranz, pirotécnico, de Vitoria, afiliado a UGT.
Al día siguiente, en la cárcel situada en la calle La Paz, comunicaron a los familiares que los presos habían sido puestos en libertad. No les dieron más explicaciones. Ni un dato; las autoridades no les revelaron ningún dato sobre el paradero de éstos.
A los 2 años se recuperaron los restos de 3 de los 16 asesinados. Eran el último alcalde republicano Teodoro González de Zarate, el burukide del ABB Jose Luis Abaitua, y el militante de Unión Republicana Manuel José Collel. Los 3 cadáveres fueron enterrados en el cementerio de Santa Isabel de Vitora, el barrio de Zaramaga. Las otras 13 víctimas de la masacre de Azazeta permanecieron en el monte 41 años más, hasta que en verano de 1978 fueron exhumados y trasladados al cementerio de El Salvador de Otazu, en Vitoria.

Originales, Halabedi. El País (Javier Ugarte)

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En el monte de A Caeira (Pontevedra), los franquistas FUSILARON a 10 REPUBLICANOS en 1936


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pontevedreses fusilados en A CaeirA word press
Placa en memoria de los hombres y mujeres que murieron por defender la democracia, la libertad y los derechos de Galicia. Sin odio, sin resentimiento, pero con el recuerdo vivo
Aquel fatídico 12 de noviembre de 1936, diez pontevedreses fueron asesinados por ser fieles a sus ideas, a los valores democráticos, y por defender la legalidad Republicana. Aquellos 10 hombres eran:
Amancio Caamaño Cimadevila, médico y veterinario, 42 años, natural de Negreira (A Coruña) y vecino de Pontevedra. Titular-propietario de una relevante clínica de la ciudad. Director del Hospital Provincial. Presidente del Centro Republicano de Pontevedra. Fundó y dirigió el diario Clarín de Pontevedra. Colaborador del Socorro Rojo Internacional. En julio de 1936, fue detenido por los sublevados, en consejo de guerra condenado a muerte y finalmente fusilado.
Telmo Bernárdez Santomé, nació en 1885 en Redondela (Pontevedra). Fue médico municipal en 1923 y vicepresidente del Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra. Promotor del agrarismo, contra la opresión y a favor del campesinado. Editor de “Nueva Gente” y “La Opinión”. Alcalde de Redondela en 1923. Detenido el 5 de septiembre de 1936 y encarcelado, sentenciado a muerte y fusilado en la carretera de Campañó. Su familia y su círculo social fueron fuertemente represaliados.
Luis Poza Pastrana nació en Pontevedra en 1909. Era hijo del conocido médico Celestino Poza Cobas. Ejerció en el Hospital Provincial. Miembro del Centro Republicano, militó en el Partido Socialista Radical y luego en el Partido Gallego. Miembro del Comité de Cooperación Intelectual de Pontevedra. En las elecciones de febrero de 1936 fue orador del Frente Popular. Tras el 18 de julio, fue despedido de su consultorio médico el 18 de agosto, arrestado, juzgado y condenado a muerte, recibió un disparo en la carretera de Campañó.
Paulo Novás Souto nació en 1900 São Paulo (Brasil), regresó con su familia a Galicia y se convirtió en maestro en el Plan de Estudios de 1914. Fue maestro en la escuela mixta de Sacks, Cotobade (1925-1927), luego en Cobres, Vilaboa, y finalmente en el Instituto de Pontevedra creado en 1931. Pertenecía al comité organizador de la “Casa del Maestro” en Pontevedra. Militante de Izquierda Republicana. Tras el golpe del 18 de julio de 1936 fue arrestado, juzgado y sentenciado a muerte. Asesinado en la carretera de Campañó.
Germán Adrio Mañá, nacido en 1880 en Arealonga, Vilagarcía de Arousa. Profesor, director y propietario de Colegio, afiliado a la UGT y miembro del PSOE, concejal en Vilagarcía de Arousa. Arrestado tras el golpe fascista, fue sometido al consejo de guerra por rebelión militar, sentenciado a muerte, y asesinado en el kilómetro 1 de la carretera de Campañó.
Benigno Rey Pavón nació en 1909 en Pontevedra. Hijo del relojero y republicano Arturo Rey Juncal, fue maestro nacional. Fue un destacado deportista y líder de la Sociedad de Gimnasia de Pontevedra. Fue profesor interino en Lantaño (Portas) en 1933. En 1936 profesor en Penzol (Asturias). Durante la rebelión fascista de 1936, estaba de vacaciones en Pontevedra. Fue arrestado, encarcelado. Sentenciado a muerte por traición, fue fusilado en la carretera de Campañó.
Ramiro Paz Carbajal, natural de Pontevedra (1891). Periodista. Aprendió tipografía en Vigo con 13 años, viajó a Argentina y regresó en 1917. Presidente del Grupo Socialista de Pontevedra, concejal de Pontevedra, dirigió la Federación de Trabajadores. Desde 1920 al 22 volvió a Buenos Aires. Al regreso estableció la prensa “El Popular”. Fue presidente de la AS de Pontevedra “La Internacional”, dirigió “La Hora”. En 1934 fue arrestado y su imprenta “La Popular” fue destruida. En 1936 fue miembro de la Diputación Provincial, presidente Provincial del Frente Popular, de la Asociación Tipográfica y de la Federación Provincial Socialista de Pontevedra. Arrestado el 20 de julio del 36, juzgado en Pontevedra, sentenciado y tiroteado a muerte en la carretera de Campañó.
José Adrio Barreiro nació en Pontevedra en 1910. Abogado, gobernador de Orense en 1933. Casado con Aurora Poza Pastrana, hermana del también asesinado Luis Poza Pastrana. Tras el triunfo del Frente Popular en 1936 fue nombrado presidente de la Diputación de Pontevedra el 19 de marzo. En abril de 1936 fue compromisario para la elección del presidente de la República. Líder de Unión Republicana, con el golpe de estado del 36, fue arrestado, juzgado, sentenciado y fusilado.
Victor Casas Rey nació en 1900 en La Coruña. Pperiodista y político gallego, en 1916 dejó su trabajo de vendedor ambulante de zapatos, en 1918 participó en la Primera Asamblea Nacional de Lugo, de la cual surgió el “Manifiesto Nazonalista”, base común de todos los programas de nacionalismo gallego. Luchó contra el dictadura de Primo de Rivera. Viajó por el país para traer el mensaje del nacionalismo gallego. Participó en la fundación de la Fiesta de Galicia en 1931, de la que fue presidente en la provincia de Pontevedra y A Coruña. Tras el golpe fascista fue arrestado, sentenciado en un consejo de guerra y fusilado por tropas franquistas en el Monte Caeira.
Juan Rico González, nacido en Ferrol en 1895. Capitán de la Guardia de Asalto. El 16 de julio de 1936 propuso al gobernador civil Gonzalo Acosta Pan la detención de los líderes militares y civiles que conspiraban para el golpe de estado. El gobernador lo ignoró sus advertencias y lo envió a Vigo. Rico regresó a Pontevedra el día 18, se puso en contacto con el Frente Popular. En una reunión de la Juventud Socialista Unificada y los partidos de izquierda Rico proporcionó armas de la guardia municipal y del cuartel de Asalto, pero fue incapacitado por el Gobernador. Tras el golpe del 1936, fue arrestado, juzgado, sentenciado, y muerto por un disparo en la carretera de Campañó.
En cada aniversario los pontevedreses recuerdan esa fecha funesta y simbolizan en estos ejemplos llenos de luz y dignidad las miles de víctimas de la violencia fascista reuniéndose en torno al monumento que les recuerda su memoria. Recordar es un deber ético y político, el silencio y el olvido son como la última derrota, la muerte definitiva para las víctimas de la represión.

Fuentes: Nomes e VocesGalipediaLa voz de Galicia (Elena Larriba)

Viva la República, FIRMAD por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE

MEMORIA / BLAS INFANTE JOSÉ HORMIGO . Francisco Pimentel.


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(Publicado en Ronda Semanal el Sábado 11.08.2018) 

Tengo ante mí dos escritos sobre dos personas que están en mi corazón. Son Blas Infante y José Hormigo. Los escritos son de Raúl Solís y Juan Miguel Batalloso. Cuatro andaluces como tantos miles entregados a la causa de la libertad, la igualdad y la fraternidad de Andalucía. 

Blas Infante, andaluz de Casares, murió por fusilamiento en un acto especial de Queipo de Llano “el criminal que según el historiador Francisco Espinosa firmaba cada día entre 40 y 50 ejecuciones de muerte, y quiso celebrar a lo grande el cuarto aniversario de La Sanjurjada, el primer intento de golpe de Estado contra la II República el 10 de agosto de 1932 liderado por el General Sanjurjo. 

Esa noche, en la madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936, Blas Infante hace el último paseo de su vida. Lo acompañan cuatro hombres más, todos de especial simbolismo para celebrar por todo lo alto el aniversario de La Sanjurjada. En la camioneta, como si fueran reses de ganado, en la oscuridad absoluta de la muerte, montan a Blas Infante, Emilio Barbero concejal de Izquierda Republicana y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Sevilla; Fermín de Zayas funcionario municipal del consistorio hispalense y secretario de la masonería en Andalucía; Manuel Barrios militante del PSOE y elegido diputado a Cortes en las elecciones generales de 1936; José González Fernández de la Bandera médico y alcalde de Sevilla entre 1931 y 1933. Todos son ejecutados en el kilómetro 4 de la Carretera de Sevilla a Carmona. Blas Infante gritó dos veces: Viva Andalucía Libre justo antes de que la bala lo silenciara para siempre; a él, no a su grito. El cuerpo sin vida de Blas Infante es tirado en una fosa común del Cementerio de San Fernando de Sevilla. Allí sigue.” 

José Hormigo, andaluz de El Saucejo, ha muerto en estos días “en los que una vez más descubro con tristeza, nostalgia y melancolía que la vida, ese misterioso fuego interior que me hace existir y me impulsa a escribir se me va, se nos va irremediablemente. Mis amigos, mis camaradas, mis compañeros de militancia y lucha por la más amplia de las democracias se van en silencio como si nada hubiesen significado para este presente histórico que aunque repleto de contradicciones, no es de ningún modo comparable con aquel atroz régimen que los reprimió, encarceló y torturó. Es tanto lo que nos queda por hacer y por mejorar, que a veces olvidamos de donde venimos y el caudal de dolor tan espeluznante que tantas y tantas personas tuvieron que soportar para conseguir esto que tenemos y que algunas mentes olvidadizas se atreven a despreciar y vituperar a toro pasado como si ellas hubiesen estado allí recibiendo los golpes de aquella feroz dictadura… 

En mi memoria del corazón, que es por cierto la única y más auténtica de las Memorias que un ser humano pueda tener, se agolpan numerosas personas que fueron mis referentes en un tiempo en el que descubrí que una vida sin ideales apasionados y encarnados de justicia, libertad y fraternidad no tenía sentido para mí. José Hormigo era un obrero que escribió artículos, trabajos y libros, al mismo tiempo que fue fundador e impulsor de la Asociación Memoria, Libertad y Cultura Democrática. Su vida está repleta de acontecimientos de dolor, sufrimiento y sacrificio. Desde muy niño sufrió con su familia los zarpazos de la dictadura, sufrimiento que lo acompañó hasta prácticamente la llegada de la democracia con numerosas detenciones, encarcelamientos y torturas. Y aun así siempre sacó fuerzas para seguir y seguir sin descanso por la senda de la democracia y el socialismo.” 

Francisco Pimentel 
Memoria Histórica de Ronda 
memoriaronda@gmail.com