dissabte, 25 de maig de 2019

Andalucía exhuma una de sus mayores fosas franquistas con autorización pero sin dinero de la Junta


https://www.eldiario.es/andalucia/huelva/exhumacion-franquista-Andalucia-arranca-Junta-memoria-Nerva_0_902210020.html



221 personas. Asesinadas. Y tiradas a una fosa común del cementerio de Nerva (Huelva). Es la mayor fosa común documentada en zona rural de Andalucía. La tierra, como testigo de la represión en la cuenca minera, acoge los huesos de quienes fueron asesinados a tiros por el franquismo. Los trabajos arqueológicos para recuperar los restos óseos ya han comenzado.
El proceso de excavación cuenta con el apoyo económico de la Diputación onubense (15.000 euros) y el soporte logístico del Ayuntamiento nervense. La Junta de Andalucía, mientras, mira de perfil. El Gobierno regional despacha el permiso para realizar los trabajos (trámite obligatorio según la Ley de Memoria Histórica andaluza) y se ofrece "para un futuro acuerdo de colaboración" a tres bandas, según las fuentes de la administración autonómica consultadas por eldiario.es Andalucía.
El camposanto de Nerva ya vivió un primer proceso de localización y delimitación de la fosa que culminó en 2018. La tarea sirvió para constatar la existencia de los cuerpos con evidencias de muerte violenta. Los huesos aparecen a escasos 30 centímetros de la superficie.
Existen "un mínimo de cuatro fosas", apunta el arqueólogo director del proyecto, Andrés Fernández. La primera fase ataca una sepultura colectiva con unas dimensiones de  "entre 15 y 20 metros de largo". Todas tienen una anchura de dos metros. La "fosa 1" puede albergar "en torno a 30 cuerpos".

¿La segunda mayor fosa excavada en Andalucía?

De confirmarse las cifras, Nerva será la segunda mayor fosa abierta en Andalucía en zona rural. "Teba (Málaga) quedó en 151 víctimas y Puerto Real (Cádiz) no llegó a 200", cita Fernández. La tumba colectiva más grande exhumada en España y Europa occidental fue la de Málaga, con 2.840 cuerpos.
"Actuamos en una superficie de unos 40 metros cuadrados". Eso para empezar. "Ahora veremos el perímetro real de esa fosa número 1", dice el arqueólogo. Y el número de víctimas exacto que yace en la tierra rojiza.
Las catas arqueológicas descubren huesos a escasos centímetros de la superficie. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Las catas arqueológicas descubrieron huesos a escasos centímetros de la superficie. | JUAN MIGUEL BAQUERO
"Pueden estar un mínimo de 30 cuerpos, depende de los niveles que tengamos", afirma. "Con nombre y apellidos tenemos 221 víctimas documentadas, según la investigación previa", precisa Andrés Fernández. Son una parte de los ejecutados en la zona. "1.500 es el número del que se habla de la represión en la Cuenca Minera", cita.
Una de las "grandes dificultades" es el propio terreno. La evaluación previa señala que es posible llevar a cabo "una exhumación individual y ordenada de los cuerpos", según el propio director del proyecto. Y que el estado de conservación de los restos óseos detectados hace posible el estudio antropológico y la futura identificación genética. "La experiencia en fosas similares como Zalamea o El Madroño nos dice que el deterioro de los huesos puede ser considerable, por el PH del terreno", explica.

Dos lecturas institucionales enfrentadas

La exhumación de los restos hallados en las fosas comunes del municipio onubense ha arrancado el lunes 20 de mayo. El presidente de la Diputación de Huelva, Ignacio Caraballo (PSOE), ha visitado la zona, acompañado por los diputados territoriales de la Sierra y Cuenca Minera, Ezequiel Ruiz y Mercedes López, y por el alcalde de Nerva, José Antonio Ayala.
El ente provincial "se comprometió a llevar a cabo esta actuación al no haber sacado aún la Junta de Andalucía una nueva licitación de los trabajos ante la petición de los familiares de las víctimas de la dictadura franquista de este municipio que fueron trasladados, fusilados y enterrados en el cementerio de Nerva", según informa la Diputación en una nota.
La Junta no aporta una misma lectura del caso. "Cuando Diputación de Huelva y Ayuntamiento de Nerva pidan un acuerdo, la Junta de Andalucía lo firmará y participará, en las mismas condiciones que en otros procesos como el de Pico Reja en Sevilla, por ejemplo", explican a este periódico fuentes del Gobierno andaluz.
Varias cruces señalan desde hace años la fosa común de Nerva. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Varias cruces señalan desde hace años la fosa común de Nerva. | JUAN MIGUEL BAQUERO
"La Diputación ha pedido permiso para iniciar los trabajos con sus recursos y la Junta lo autoriza", continúa. El Ejecutivo regional reconoce un "protocolo general de colaboración" suscrito entre las dos administraciones "que viene de la anterior etapa", con la ya extinta Dirección General de Memoria Democrática.
Pero es un plan "para toda la provincia" y "las actuaciones específicas requieren de un convenio específico", subrayan. Además, "hace un año se sacó a concurso el trabajo en la fosa de Nerva y quedó desierto". Por lo que, ahora, Diputación pide permiso y la Junta autoriza la tarea. "Ese es el caso", dicen las fuentes regionales.
"Desde la Diputación siempre se ha apoyado económicamente trabajos de exhumaciones de fosas", ratifica el presidente de la institución provincial. La "sensibilidad" y "profundo respeto" hacia "las personas que fueron represaliadas durante la guerra" es parte del "conocimiento de los hechos acaecidos" como elemento reparador "y, a la vez evitar que estos hechos se repitan en el futuro", subraya Caraballo.

200 metros cuadrados de fosa común

La fosa común ocupa casi la misma extensión que la fachada principal del muro del cementerio municipal de Nerva. De extremo a extremo, con más de 200 metros cuadrados, a excepción de la puerta de entrada que divide a la fosa. Los trabajos previos indican que hay enterradas "al menos 221 víctimas del franquismo".
La tumba ilegal confirma la tesis de que el conjunto de la Cuenca Minera pudo contar con "unas 1.500 víctimas de la represión franquista". Reanudar los trabajos es un hito “histórico”, según el alcalde nervense, José Antonio Ayala. “Después de sortear innumerables obstáculos, empieza el final de una de las etapas más negras de la historia de Nerva".
“Nos encontramos ante la fosa común en zona rural con más números de cuerpos en Andalucía y, gracias al esfuerzo del Ayuntamiento y la Diputación, se podrá dar la dignidad que merecen todas las personas aquí enterradas", explica Ayala.

"Que los familiares se reencuentren con sus víctimas"

"Estamos muy contentos con que arranque la intervención y convencidos de que lo vamos a terminar", dice Juan Barba, de la Coordinadora Cuenca Minera de Riotinto para la Recuperación de la Memoria. "Que los familiares puedan por fin reencontrarse con los restos de sus víctimas", subraya.
"Llevamos con este proceso, con la parte teórica, desde el año 2014", sostiene. Un camino "lleno" de dificultades. "Hubo problemas al principio con las licitaciones que hizo la Junta, con un proceso de contratación generalizada que no funcionó, y poco antes de las elecciones también se echó atrás el proyecto individualizado por defecto de forma, por un problema de tipo administrativo", explica.
Ahora, "gracias al empuje del Ayuntamiento y la Diputación se ha conseguido que se puedan empezar los trabajos", apunta. Ha comenzado una primera parte, "pero eso no quita que después de las elecciones veremos cómo continuar con todas las fases", indica Barba. "Y esperemos que continúe con la ayuda también de las instituciones nacionales" y del nuevo Gobierno de España encabezado por Pedro Sánchez.
"Porque previsiblemente la Junta no va a asumir… aunque está por ver, porque la consejera de Cultura no ha dicho que no a esto", manifiesta. Ahí, en esa dicotomía, navega el mundo memorialista.

¿Darán dinero PP y Cs para la Memoria?

Andalucía sigue abriendo fosas comunes del franquismo. Pero a paso lento. En la región de España más castigada por el genocidio fundacionalde la dictadura de Francisco Franco, la de Nerva es la única fosa abierta, amén del trabajo continuado en San Fernando (Cádiz).
Un ralentí en las tareas exhumatorias que mantiene en vilo a los familiares de víctimas del terror golpista. Las asociaciones de derechos humanos también reclaman que el Ejecutivo de PP y Ciudadanos liderado por Juan Manuel Moreno Bonilla cumpla con el Plan Andaluz de Memoria Democrática. Sobre la mesa, un presupuesto de 5 millones de euros en el periodo 2019-2022.
Se trata de la apuesta más ambiciosa para abrir fosas y cunetas a nivel estatal. Está por ver si la Junta de Andalucía, con la presión de Vox que pide la derogación de la ley memorialista, cumple el proyecto aprobado en el Parlamento andaluz. Hasta ahora dice que sí, según palabras de la propia consejera de Cultura, Patricia del Pozo, que "la ley hay que cumplirla". El detalle de los próximos presupuestos dirá si, en efecto, hay dinero para la Memoria.

dijous, 23 de maig de 2019

"Ilsa la de la Telefónica": un testimonio desde el corazón de la Guerra Civil


https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/05/22/telefonica_ilsa_barea_kulcsar_95190_1026.html



  • La periodista y política Ilsa Barea-Kulcsar narra en Teléfónica el día a día del edificio de comunicación y censura durante el sitio de Madrid en 1936
  • La novela, escrita en el exilio por la que fuera pareja de Arturo Barea, se publicó por entregas en 1949 y aparece ahora por primera vez en español

Publicada el 22/05/2019 a las 06:00Actualizada el 21/05/2019 a las 19:37
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Carnet del Frente Popular de Ilsa Barea-Kulcsar, enero de 1937.
Carnet del Frente Popular de Ilsa Barea-Kulcsar, enero de 1937. 
HOJA DE LATA
Cuando Ilsa Barea-Kulcsar (Viena, 1902-1973) pensaba en la Guerra Civil española, ya en la relativa protección del exilio inglés, veía sobre todo luz. La luz del mediodía, dibujando sombras afiladas en "los feos edificios de Madrid", la luz del atardecer, que los transforma en "bloques fantásticos delante de los montes del ocaso", la luz sobre la fachada de la Telefónica, entonces el rascacielos más alto de España, alzado en plena Gran Vía. La Telefónica, cuenta, era "la atalaya y símbolo de Madrid en aquellos primeros meses de sitio" en los que ella llegó a la capital. Entonces parecía que la República no llegaría a finales de 1936, acechada por la primera ofensiva del ejército fascista. Por eso aquel edificio tocado por la metralla y en permanente ataque parecía un símbolo de resistencia.

La Telefónica, centro de prensa e inteligencia, se convertiría en el hogar de la política austriaca, que llegó a la ciudad como periodista y pasó pronto a trabajar para la censura republicana. No era la única: el rascacielos de la estadounidense IT&T, tomado por el Gobierno republicano, era un hervidero de corresponsales extranjeros e intrigas políticas. Pero también era un espacio, como todos, en el que se luchaba por sobrevivir. "Este destino común de la vida y la muerte al que nadie podía sustraerse", escribiría, "creó una cálida unión en el interior de los elevados muros de hormigón de la Telefónica, porque los que trabajaban y vivían allí se sentían como la avanzadilla de la muerte". La periodista retrataría ese ambiente en Telefónica, su única novela, escrita entre 1938 y 1939, publicada por entregas en un periódico austriaco una década después y editado ahora, por primera vez en castellano, por la editorial Hoja de Lata.

   "Nadie sabía de la existencia de este texto, se había olvidado", dice Georg Pichler, profesor de Filología Moderna en la Universidad de Alcalá y responsable de la edición. Ilsa Barea-Kulcsar jamás logró publicarlo en vida, aunque trató de hacerlo en varias ocasiones, y las 70 entregas publicadas en el periódico socialista austriaco Arbeiter-Zeitung entre marzo y junio de 1949 fueron amarilleando en los archivos sin que nadie les prestara atención. Él, de hecho, llegó al texto de casualidad, gracias a la mención un tanto oscura de la escritora estadounidense de no ficción Amanda Vaill, que le guió hasta el original. "No era conocida como escritora, aunque sí como traductora", explica Pichler. Tampoco le sirvió su carrera política, siempre en la sombra, entre el trabajo de inteligencia y la formación de las bases. Ni el nombre de Arturo Barea, su segundo marido, autor de la mítica La forja de un rebelde pero "poco conocido en el entorno de lengua alemana".

Barea y Kulcsar —este era el apellido de su primer marido, y con él aparecería en los documentos oficiales de la época— se conocieron precisamente en la Telefónica el 16 de noviembre del 36. "Llegué como periodista con periodistas, no muy bien recibida por el censor al cargo", recuerda en un texto titulado Madrid, Otoño de 1936. Ese censor sería Arturo Barea, que se convertiría tres días después en su superior en el servicio de censura, y más tarde en su pareja. John dos Passos hablaría luego de "los censores de prensa, un español cadavérico y una mujercita austriaca rolliza y de voz agradable". Estas breves memorias que relatan su estancia en Madrid las escribió Ilsa Kulcsar ya en 1965, por invitación del escritor alemán Hans-Christian Kirsch, que las incorporó parcialmente a la antología La Guerra Civil española según testigos oculares, publicada dos años más tarde. La versión completa, según el manuscrito original de 18 páginas, se publica en la edición de Hoja de Lata por primera vez.

Como tantos corresponsales, Ilsa Barea-Kulcsar se había desplazado a España siguiendo una vocación tan militante como periodística. No es extraño que al poco de llegar acabara incorporándose a la censura de prensa operada por la República. Primero, su conocimiento de al menos cuatro lenguas: además de su alemán natal, dominaba el inglés, francés y, con menos soltura, el italiano, al que terminaría sumando el español. Pero la reportera observaba, además, que "los censores españoles (...) estaban en pie de guerra con la prensa", en parte por su desconocimiento del inglés y en parte por su férreo control, que provocaba que los corresponsales extranjeros acabaran enviando artículos a escondidas, en ocasiones erróneos, en otras, peligrosos, y en el peor de los casos muy nocivos para la imagen de la República. En Madrid, Otoño de 1936, la autora da algunas lecciones de propaganda y comunicación de crisis, como su estrategia para dar a conocer las Brigadas Internacionales, sus visitas guiadas al frente o sus constantes disputas con sus superiores, particularmente con los mandos soviéticos.

En Telefónica, la novelista se sirve de estos conocimientos —la protagonista es un evidente alter ego, una corresponsal extranjera recién llegada a Madrid—, así como de su experiencia previa en la militancia antifascista en Austria, a caballo entre el Partido Obreso Socialdemócrata (SDAP) y el Partido Comunista (KPÖ), lo que le otorgaba una mirada lúcida sobre las abundantes intrigas políticas del frente madrileño. Pero la escritora relata también el día a día de los trabajadores y habitantes del edificio, desde las obreras a las clases dirigentes republicanas, que nunca le pasó desapercibido. "Cuando las mujeres de la limpieza empezaron a ofrecerme comida sin que yo la hubiese pedido o a darme toquecitos en el hombro", escribía en su texto autobiográfico, "supe que iba a obtener la ciudadanía dentro de la Telefónica". Así, el volumen se convierte en testimonio de la vida cotidiana de una ciudad que seguía viva bajo los bombardeos y la cercanía de las tropas sublevadas. No solo como organización popular de la retaguardia, a lo que Barea-Kulcsar dedica parte de su atención, sino como un enjambre que se empeña en continuar con sus tareas cotidianas, incluso bajo la amenaza de la muerte.

"Este es un texto que no busca ser literario, sino que cuenta una hazaña a los lectores para animarles a seguir el ejemplo. Como tantos otros de la época, es un texto de formación política", apunta Pichler. Por eso la autora termina con una nota de esperanza, confiando aún como lo hacía en que la democracia, frente al horror fascista, fuera un estadio que diera lugar más tarde a la utopía socialista. No es de extrañar que finalizada la II Guerra Mundial aquel relato de resistencia popular no resultara de interés: "Trata la Guerra Civil desde el punto de vista republicano, durante la Guerra Fría, y eso no era algo que se quisiera publicar". No obstante, Barea-Kulcsar indica que "los corresponsales extranjeros (...) en su mayoría no eran tan favorables a Franco como hostiles al frente social y revolucionario de la Guerra Civil". Aquello no cambiaría tanto.

Barea y Kulcsar se instalarían definitivamente en Reino Unido, cerca de Oxford, asediados por las deudas —la familia dependía del empleo como intérprete de Ilsa—, con una carga de trabajo insoportable, arrastrando ambos una mala salud, debido en parte a su carácter de fumadores compulsivos, y en el caso de ella también a su paso por prisión. Él moriría en 1957, por un infarto causado por un cáncer no diagnosticado. Ella lo haríaen 1973, dejando inacabado su proyecto de publicar en forma de libro aquella novela nacida de la luz y de las sombras que proyectaba con el atardecer el edificio de la Telefónica. 

dimarts, 21 de maig de 2019

El franquismo en España (VII): así convirtió Franco la dictadura en su mina de oro particular



https://www.lasexta.com/noticias/nacional/franquismo-espana-vii-asi-convirtio-franco-dictadura-mina-oro-particular_201905195ce11fe00cf2a7a51fcb6e4b.html?fbclid=IwAR3-QVySLD8vE3yvInYJfrvneN9gubFqSX4lZ41sQMIQwrhaosiqm8dcdSI


El patrimonio de Francisco Franco que heredó la familia se tasó en cerca de 500 millones. Pero ¿cuál es el origen de la fortuna del dictador?
Nacho del Río
  Madrid | 19/05/2019



Francisco Franco
Francisco Franco | EFE
El autodenominado Caudillo de España no solo estableció un régimen dictatorial que duró 36 años. También, se encargó de expoliarlo de arriba abajo; de sacar hasta el último céntimo a un país lleno de ruina y miseria tras la Guerra Civil, que luchaba a duras penas por salir adelante entre cartillas de racionamiento y mercados negros. Mientras, Franco se hacía cada vez más rico, y con él, todos los familiares y amigos que no perdieron la oportunidad de enriquecerse a costa de las salvajes políticas y movimientos financieros efectuados por el régimen. Y de eso, casi de forma irónica, ya advertía el propio Franco en un discurso proclamado en Vigo en 1942: "Nuestra cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos".
Pasa en todas las contiendas. Los victoriosos celebran la victoria sobre los caídos. Pero no se queda ahí. ¿De qué sirve una guerra si no puedes lucrarte durante y después de la misma? Eso debió pensar Franco cuando, tras la muerte de Mola en un accidente de avión, decidió liderar en solitario la lucha contra la República. Así lo demuestran las cuentas del dictador: en 1936, Franco tomaba el control del Ejército de África con poco más de 2.000 pesetas en su cuenta. Tras su muerte, el patrimonio del dictador que heredó su familia se tasó en aproximadamente 500 millones. ¿Cómo consiguió tal cantidad?
Amigos y corrupción en una España devastada
Al término de la Guerra Civil, España se había convertido en un mar de ruinas: muertos encima y bajo tierra, pueblos enteros bombardeados, carreteras y redes ferroviarias destruidas y servicios de atención básica inoperantes. Y todo lo que ello conlleva: pobreza, hambre y desempleo. El país necesitaba ser reconstruido, y Franco vio en la miseria de su guerra el primer filón para su beneficio y el de los suyos. El dictador ya venía con los bolsillos cargados frente al desolador panorama. Si en 1938 ya cobraba unas 30.000 pesetas anuales como Capitán General del Ejército, se estima que cuando acabó la guerra tenía en su poder 34 millones de pesetas. Él, que se hacía ver como un salvador de la patria en lo político y un trabajador más en lo económico, lo negó en reiteradas ocasiones.
Quiso dejarlo claro en una entrevista que concedió al diario 'Informaciones': ganaba, en sus propias palabras, "1.500-1600 pesetas, más bien menos que más. Total, unos 4.000 duros al año". No era cierto. Durante la guerra, ya guardaba en sus arcas privadas parte de las donaciones que hacían los empresarios que se unieron a la causa fascista; entre ellas, las de Juan March, el empresario que pagó el alquiler del 'Dragon Rapide' con el que Franco voló a Marruecos para comenzar la sublevación y principal financiador del golpe. No era esta la única vía de financiación del dictador.
Más allá de los donativos y suscripciones que se realizaron para mantener el esfuerzo de guerra del bando franquista, las subvenciones que se debían destinar para ayudas a huérfanos y a soldados indígenas, o para la reconstrucción del alcázar y las obras públicas, también fueron a parar a su cuenta. ¿Por qué? Por la mismísima voluntad de Franco. Él, que había librado a España del germen rojo de los comunistas y conducía al país a un glorioso futuro, entendió que debía recompensarse a sí mismo por el éxito de su "cruzada", y esto pasaba por poner a su disposición y gestionar los fondos del tesoro público como le placiera. Y los del tesoro privado también.
Franco supo premiar a todas las figuras de relevancia que le prestaron su apoyo durante la guerra; siempre y cuando, claro, aquella negociación le repercutiera beneficios directos. Con la reestructuración de una España caída en desgracia, el Palacio del Pardo se había convertido en el centro neurálgico del enriquecimiento de los ricos. Allí se acercaban toda clase de empresarios y banqueros para mostrar su apoyo incondicional al régimen y, por supuesto, su servicio. El ‘modus operandi’ era similar en todas las reuniones llevadas a cabo allí: Franco adjudicaba a dedo los planes de reconstrucción de casas, pantanos y otras obras a las empresas. A cambio, estas ofrecían regalos y donativos privados, a la vez que integraban en sus consejos de administración a familiares y allegados del dictador, que llegó a tener influencia en hasta 150 grandes empresas. Así, todos se hacían de oro. Uno de los mejores ejemplos de este entramado es el Valle de los Caídos. El mayor homenaje al fascismo en España se retrasó en su construcción más de lo que el dictador estaba dispuesto a permitir, y por ello envió a trabajar a miles de presos, la mayoría políticos, engañados por el Sistema de Redención de Penas. Las empresas a las que se les adjudicó la edificación del Valle pedían a la administración franquista un número casi ilimitado de reclusos. Se embolsaban grandes cantidades por el servicio de obra que se traducían en sueldos de miseria que abonaban, a través de la misma administración, a estos reclusos: cobraban dos pesetas, de las que 1,5 se usaban para cubrir su manutención. Los 50 céntimos restantes les eran entregados en mano.
Construcciones Huarte, que pasaría a ser conocida en el futuro como Obrascón Huarte Lain (OHL), una de las principales compañías del Ibex35, fue una de las empresas que se lucró con el trabajo de los esclavos en el Valle de los Caídos. Construcciones Huarte no fue la única que se lucró de la ‘generosidad’ del franquismo. Según el escritor e historiador Mariano Sánchez, Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), imperio de los Koplowitz, donde se colocó al yerno de Franco, o la Banca March, vinculada directamente con Juan March, dobló todo su patrimonio al término de la Guerra Civil. Estas fueron algunas de las otras empresas que conocemos a día de hoy que recibieron el don de gracia económico del régimen, y que ahora, cuatro décadas después del final de la dictadura, amasan algunas de las fortunas más importantes del país.
Los regalos a Franco
Franco no solo recibió regalos de las adjudicaciones y donativos, como el que consta por parte de la Compañía Telefónica Mensual en una nota que expone "las cantidades a disposición de su excelencia el jefe del estado en agosto de 1940": 10.000 pesetas mensuales; también, fue obsequiado con palacios y monumentos y, a través de múltiples sociedades, con el dinero que iba expoliando y el cobro de numerosas mordidas, se realizaron inversiones que se extienden a lo largo y ancho de toda la geografía nacional e internacional. En total, se conocen más de una veintena de propiedades inmobiliarias divididas en Madrid, Guadalajara, Córdoba o A Coruña, e incluso en lugares como Miami o Filipinas, de las que hay constancia a través de diversos documentos, pero que nunca se han podido cuantificar a razón de la Ley de Secretos Oficiales. En conjunto, forman un patrimonio superior a los 300 millones.
Pero, sin duda, los regalos más famosos y polémicos que obtuvo Franco tras vencer a los republicanos son el Canto del Pico y el Pazo de Meirás. El primero, propiedad de José María del Palacio y Abárzuza, conde de las Almenas, es un enorme palacio de 2.000 metros cuadrados ubicado en la Sierra de Madrid, en lo alto de las montañas, rodeado de más de 100 hectáreas de finca. Llegó a ser bastión militar temporal de los republicanos, pues está en un punto al que nadie podía acceder sin ser visto, pero tras el fin de la Guerra Civil, el conde de las Almenas dejó las escrituras a Franco como herencia. Actualmente, esta fortaleza se encuentra en ruinas. La familia Franco la vendió en 1988 a un empresario español por 320 millones de pesetas, que equivaldrían a día de hoy a 29 millones de euros. El comprador quiso hacer del palacio un hotel, pero debido a que el Canto del Pico estaba construido en terreno protegido, acabó por desechar el proyecto.
El Pazo de Meirás, por su parte, fue regalado a la fuerza. Literalmente. Si bien el NODO anunció que "Galicia, su tierra natal, ha ofrecido a Franco" el edificio, lo cierto es que el dictador se hizo con él a través de una donación promovida por varios empresarios. Esto es, con dinero detraído a los funcionarios de A Coruña y con una suscripción popular, que en realidad era un 'puerta a puerta' de la gente de la Falange a los vecinos. Quién iba a decir que no. Así, en diciembre de 1938, Franco recogió el regalo por parte de Pedro Barrié de la Maza, representante legal del dictador en dicha transacción por la que luego obtendría en reconocimiento el condado de Fenosa. El Pazo de Meirás está actualmente en venta por ocho millones de euros. La familia de Franco siempre ha intentado deshacerse de todo el patrimonio tras su muerte por los grandes costes que supone su mantenimiento.
El Pazo de Meirás y el Canto del Pico | Agencias
No menos importantes, aunque sí más desconocidas, son las escrituras de la finca de Valdefuentes en Arroyomolinos en el año 51 que ocupa diez millones de metros cuadrado. El dictador se gastó 13 millones de pesetas en su compra. En aquella época, Franco ya había pasado a cobrar como jefe de Estado 600.000 pesetas al año. Las cuentas no fallan: hubiera necesitado 22 años para pagar la finca de Valdefuentes. Entonces, ¿de dónde sacó el dinero? En la actualidad, sigue en manos de los herederos de Franco, si bien tercio de la finca se recalificó años después. Allí se construyeron 3.000 casas, tres polígonos y hasta un centro comercial. La familia mantiene aún dos grandes mansiones de 500 metros cuadrados dentro de ese perímetro.
El tesoro de Calviño y la 'operación Café'
Se podría decir que el tesoro de Calviño fue uno de los episodios más oscuros en la ambición de Franco por ampliar su patrimonio de forma ilimitada. José Calviño fue funcionario de Hacienda y agente para la compra de armas y munición desde París durante la Guerra Civil durante los gobiernos republicanos de Largo Caballero y Negrín. Ayudó además a proteger y evacuar a los refugiados españoles. Tras el fin de la guerra, era conocido por la administración franquista que Calviño gestionaba una gran suma de activos y mucha información sobre el exilio de notorias figuras de la República: su tesoro, que se convirtió en el objetivo de Franco.
El dictador franquista acordó con el gobierno francés en obligar a Calviño a que se 'deshiciera' de ese material, pero lo cierto es que el dinero y la información pudieron acabar también en las cuentas personales de Franco. Así lo expone un informe de Pedro Urraca, recaudador de Franco, que se reunión con Calviño en la capital francesa "a fin de arreglar la reintegración a España de los valores que el citado Calviño detentaba aún en su poder". En dicho documento, Urraca aseguraba que se podía recuperar el dinero líquido que poseía Calviño: 19.000 dólares y 15 millones de francos depositados en la aduana de Marsella. De dicho informe se desprenden además dos cifras que llamaban especialmente la atención: un montante que se "podría recuperar fácilmente" y que "podría ascender a un millón de dólares", y el resto, "a unos 100 millones de francos".
Pero una de las mayores operaciones de Franco que desenmascaró su falso desapego por el dinero fue la llamada ‘operación Café’. El escritor e historiador Ángel Viñas desveló en ‘La otra cara del caudillo’ que, acabada la Guerra Civil, el dictador brasileño Getúlio Vargas regaló a España 600 toneladas de café. Este era uno de los productos que más escaseaban en los años de posguerra, por lo que su demanda creció notablemente en los mercados de estraperlo. Franco lo sabía, y se aprovechó: vendió ese café a precio tasado por la propia administración e ingresó en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas, que en la actualidad equivaldrían a más de 85 millones de euros.
Las cuentas ocultas de Franco
¿Había interés en ocultar los movimientos bancarios del dictador? En el Archivo Histórico de Salamanca hay localizadas al menos cuatro cuentas pertenecientes a Franco en los años 1940, 1950, 1956 y 1959. Se desconoce el paradero del resto y no consta en ningún registro público, salvo la del segundo trimestre de 1961; documentos a los que pudo acceder el programa Equipo de Investigación tras realizar una solicitud a la Fundación Francisco Franco. En las 12 hojas recibidas se expone que, entre dinero en metálico y en valores, Franco tenía unos 23 millones de pesetas. En el año 40, Franco contaba con cuatro millones.
El hecho de que ese registro del año 61 no fuera público certificaría que existen más documentos que no han visto la luz. Pero ¿cómo es posible que no se tengan datos de las otras cuentas? Entre el año 2000 y 2001, 25 años después de la muerte de Franco, sus papeles pasan a ser públicos. El Ministerio de Cultura del Gobierno de Aznar otorgó 150.000 euros a la Fundación para "la informatización del fondo y la realización de una copia de seguridad del mismo (microfilmada y digital)" que tenía en su poder. No fue una subvención común: rayaba el tope de las más altas, según reconoció en su momento José Manuel González, técnico del Ministerio de Cultura que se encargó de controlar cómo se invirtió el dinero que recibió la fundación.
Él mismo afirmó que es "imposible" conocer si en el fondo de Franco se hallaban todos los documentos "íntegros": "Podría haber documentos guardados en un cajón o que se hayan eliminado, pero es muy difícil saberlo". La Fundación Francisco Franco destinó parte del dinero a la contratación de una empresa para microfilmar el archivo del dictador, trabajo que se realizó en la propia sede de la institución de forma "muy controlada", si bien, como confesó Millán Villalvilla, responsable de dicha labor, no había un encargado de velar que todos los documentos que había en el archivo de la Fundación fueran microfilmados. Esto da a entender que es posible que el patrimonio que manejó Franco durante los últimos años de su régimen y que pasó a gestionar la familia tras su muerte fuese mucho mayor de lo que se ha calculado tras las investigaciones realizadas y los papeles disponibles.

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