dilluns, 19 d’agost de 2019

El éxodo de los enfermos republicanos en Francia: entre barcos y campos de concentración.


https://www.eldiario.es/sociedad/enfermos-republicanos-Francia-barcos-concentracion_0_933006758.html


Entre enero y febrero de 1939 cruzaron los Pirineos orientales cerca de medio millón de refugiados españoles, huyendo del avance de las tropas franquistas en Cataluña. Se trata de La Retirada, el éxodo español más importante –y posiblemente europeo– del siglo XX, como consecuencia de la Guerra Civil (1931-1939).
La principal característica de La Retirada fue la recepción en el país galo de un gran número de refugiados en un corto periodo de tiempo, apenas dos semanas. La situación superó todo tipo de expectativas y cualquier indicio de organización por parte del Gobierno de la III República Francesa (1870-1940).

Blessé, blessé?

Entre los colectivos exiliados encontramos más de 13 000 heridos y enfermos. La mayoría llegó por tren, y la estación internacional de Cerbère fue una de las más importantes receptoras. Los trenes tenían que ser desalojados a medida que llegaban, debido al cambio de ancho de vía, y los heridos debían esperar a ser evacuados en ferrocarriles hacia hospitales del interior de Francia. Esta situación hizo que se llegaran a hacinar cerca de 3 000 heridos en esa estación.
Puesto sanitario de la estación internacional de Cerbère. Visita del ministro del Interior. 2 de febrero de 1939. Archives Nationales, 11AR 848
Puesto sanitario de la estación internacional de Cerbère. Visita del ministro del Interior. 2 de febrero de 1939. Archives Nationales, 11AR 848
Mientras la mayoría de los refugiados avanzaban hacia el interior de Francia entre los gritos de “Allez, allez!”, los heridos eran movilizados hacia improvisadas enfermerías bajo la pregunta: “Blessé, blessé?”.
Cualquier lugar era válido para llevar a cabo la cura de una herida o intentar bajar la fiebre de los enfermos que presentaban algún tipo de infección. Las enfermeras de la Cruz Roja Francesa estuvieron presentes en la frontera desde los inicios del éxodo, adelantándose a las decisiones gubernamentales. A ellas se sumaron sanitarios franceses, así como los profesionales exiliados. Las provisiones eran prácticamente inexistentes.

Los barcos-hospitales

En apenas unos días se acondicionaron cuatro buques en el puerto de Marsella para que cumplieran funciones hospitalarias. Los barcos Maréchal-Lyautey y Asni fueron enviados a Port-Vendres, municipio situado a escasos 15 km. de la frontera española, y los barcos Patria y Providence permanecieron en el puerto de Marsella.
Los cuatro barcos llegaron a cubrir más de 4 000 camas hospitalarias en su conjunto. La asistencia en estos nuevos espacios fue frenética durante las primeras semanas. Los barcos de Port-Vendres apenas contaron con 70 enfermeras de la Cruz Roja Francesa para 1 800 heridos. Estas enfermeras llegaron a practicar hasta 500 curas diarias, colocaron hasta 800 yesos y en el medio atendían quirófanos y prestaban cuidados las 24 horas.
Los refugiados vivían en estos barcos-hospitales en condiciones penitenciarias. No podían salir de los buques, no se les permitía ningún tipo de contacto con el exterior y se les practicaban registros rutinarios diarios. Una vez curados, los refugiados eran repatriados o enviados hacia los campos de concentración del sur de Francia. Pero el elevado coste de la asistencia a bordo hizo que se decidiera cerrar los barcos y derivar los heridos a los hospitales de tierra.
Barco-hospital Maréchal-Lyautey en el muelle de Port-Vendres. Febrero de 1939. Archives Départémentales des Pyrénées-Orientales, Fondo Chauvin, 27Fi 177
Barco-hospital Maréchal-Lyautey en el muelle de Port-Vendres. Febrero de 1939. Archives Départémentales des Pyrénées-Orientales, Fondo Chauvin, 27Fi 177

Epidemias recurrentes

Los hospitales civiles franceses no tenían suficientes camas y los barcos-hospitales suponían un alto coste. Se tuvo que habilitar viejos edificios y convertirlos en hospitales. Aunque la dirección y gestión de estos centros fue en su mayoría francesa, entre el 75 y el 90% de los sanitarios eran exiliados españoles, los cuales no recibían remuneración alguna.
Una vez se les abrió la frontera a los militares, el 5 y 6 de febrero de 1939, se fueron inaugurando de forma escalonada los campos de concentración de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Le Barcarès. Arena y espino era todo el cobijo que les esperaba a los refugiados en Francia, un medio muy hostil desde el punto de vista higiénico-sanitario.
Durante los primeros meses de funcionamiento de los campos, las defunciones y epidemias fueron recurrentes. Tuvieron que pasar unos meses para que comenzaran a regularse los nuevos espacios asistenciales, tanto dentro como fuera de los campos. Poco a poco se fueron destinando barracones a las funciones de enfermería y los sanitarios españoles asumieron el grueso de la asistencia sanitaria.
Con el inicio de la II Guerra Mundial (1939-1945), el destino de los enfermos crónicos y los refugiados con algún tipo de discapacidad se recrudeció, ya que no eran útiles para la economía francesa. En otras palabras, estos refugiados pasaron a denominarse “ineptos” e “incurables”.

El destino de los “incurables” y los “ineptos”

En 1941 se abrieron los campos-hospitales de Noé y Récébédou, al sur de Toulouse. A estos centros se enviaron, desde otros campos de concentración, los refugiados ancianos con algún tipo de enfermedad crónica o discapacitante. La idea era dar tratamiento a 2 000 refugiados. Lamentablemente, este proyecto fracasó ante una dirección corrupta que dificultaba la entrada de organizaciones de ayuda humanitaria. El campo de Noé cerró en mayo de 1946.
Sin lugar a dudas, los refugiados españoles heridos y enfermos fueron uno de los colectivos más vulnerables de La Retirada. Aquellos que no lograron una cura o que presentaron alguna enfermedad crónica estuvieron vagando por la geografía francesa hasta el final de la II Guerra Mundial.
A día de hoy, encontramos algunos estudios que dan continuidad al destino de los enfermos una vez terminada la II Guerra Mundial, como es el caso del Hospital Varsovia de Toulouse, pero todavía quedan muchas lagunas por cubrir al respecto.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.

diumenge, 18 d’agost de 2019

ENTREVISTA | Martín Arnal "Merecemos saber cómo se ejecutó a los represaliados de la Guerra Civil y que se condene a los responsables aun después de muertos"

https://www.eldiario.es/aragon/Merecemos-represaliados-Guerra-Civil-responsables_0_932306969.html


A los 97 años, Martín Arnal Mur todavía reside en su localidad natal, Angüés, donde 31 vecinos fueron detenidos en las primeras horas de la Guerra Civil y ejecutados durante los meses posteriores. Entre ellos, sus hermanos Román y José. Se comunica con su pareja, Ángela, en francés. La lengua que tuvo que aprender y emplear durante su exilio hasta después de la muerte de Franco. Este histórico del anarcosindicalismo aragonés, uno de los últimos testimonios vivos de aquel tiempo, no pide revancha sino reparación. Y mantiene clavadas en el fondo del alma aquellas palabras de Ramón Serrano Súñer: "No hay españoles fuera de España".
Con salud, una cabeza lúcida, una mente privilegiada y un discurso muy articulado -cumplirá 98 en noviembre, y subiendo-, Martín Arnal ha visto en las últimas semanas cumplido una parte de su objetivo vital. La apertura de una fosa común en el cementerio de Las Mártires de Huesca permitió el hallazgo de los restos de cinco de aquellos angüesinos; también los de su hermano Román, asesinado el 4 de enero de 1937. Los análisis científicos corroboraron que se trataba de él. Martín asistió a aquellas jornadas de trabajo en el camposanto, que seguirán hasta que se complete el objetivo de devolver los nombres y apellidos a 23 de aquellos jóvenes víctimas de la represión.
"Ahora esperamos que llegue septiembre porque continuaremos abriendo otras fosas. Hay mucha gente de Angüés que desapareció en las mismas condiciones que mi hermano en los primeros días de 1937. Por eso pensamos que se queden allí los cuerpos que han permanecido 82 años juntos, pero con un entierro más digno del que tuvieron", anuncia Martín, que permaneció al lado de los equipos de trabajo con calor seco y frío helador, durante largas horas y sin descomponer el gesto.
Angüés era entonces un foco de militancia anarquista, con una notable presencia de la CNT y la FAI. Con el comienzo de la guerra, los destacamentos de la Guardia Civil de la zona se tuvieron que replegar ante el empuje de las milicias procedentes de Barbastro. En su huida se llevaron consigo detenidos a varios de los habitantes tachados de "rojos" y "con la aquiescencia de la burguesía de Angüés". Martín se convirtió en testigo directo de unos días marcados por la incertidumbre. "No hubo tribunales ni nada para juzgar a la gente con la guerra en pleno apogeo. Esa gente no tenía nada que ver con el conflicto pero se siguió matando como si nada hasta después de terminada la guerra, durante toda la dictadura", lamenta.
Arnal pide hoy "que se haga justicia y se les devuelva la dignidad. Queremos conocer en qué condiciones murieron en medio de una matanza tan terrible". Con el miedo y la urgencia instalados en el alma, sería movilizado por el ejército republicano para incorporarse al frente de Huesca en 1938 después de participar en la colectivización de la economía y medios de subsistencia del pueblo. "No sabíamos qué iba a suceder con todos ellos, ni tuvimos noticias salvo de algún evadido que nos decía que en esa zona no se respetaba nada y se estaba matando. Tuve que esperar al final de la guerra para conocer, más o menos, lo que había sucedido"; se llevaron a José y a Román presos a Jaca, les reclamaron "los caciques del pueblo y pidieron para ellos la pena de muerte. En una semana mataron a todos".
Era "un secreto" que comenzó a revelarse con la muerte del dictador. Antes, "los asesinados no existían y no teníamos derecho a acceder a los archivos". Martín Arnal y otras familias de los represaliados en Aragón han emprendido desde entonces la concreción de un puzzle de muchas piezas. "Una señora me dijo con esperanza que a su marido, según pudo saber, lo habían ‘liberado’ de la cárcel de Huesca. Pero esto solo era una forma de que su director se lavase las manos. Les ‘liberaba’ y en la puerta les estaba esperando la camioneta de la Falange y los requetés para llevárselos y ajusticiarlos en las tapias del cementerio y por las calles. Después se los llevaban en ambulancias y los echaban en las fosas comunes", rememora.
Martín tomó parte en la construcción de fortificaciones y trincheras en Monflorite y vivió su primer exilio en Francia con el avance imparable de las tropas franquistas. Retornó por Cataluña a comienzos de 1939 para unirse a los últimos coletazos de la Guerra Civil. De nuevo en el país vecino, sus avatares describen la historia europea: estuvo interno en campos de concentración franceses, trabajó en la construcción de la Línea Maginot, huyó de los nazis y reorganizó de forma clandestina la CNT. Formó parte del maquis, responsable de vigilar la frontera y reconocer el terreno para el paso de guerrilleros por la zona de Sobrarbe. "Los aviones alemanes e italianos, que llevaban la iniciativa en la guerra, nos chafaban y no podíamos resistir. Me marché de Huesca a Francia por Benasque con la manta al cuello porque era la única manera de sobrevivir. No era llegar a Francia y ponerse a trabajar. Suponía llegar a un país sin ninguna manera de encontrar trabajo. Fue un exilio terrible. Nos salvó la vida pero no de las miserias de los campos de concentración del Mediterráneo", rememora.
Esos campos se levantaron con un eufemismo: "Para ellos era un campo de retención. Sin la pena de muerte, como en Alemania, pero nos faltaban la comida y el aseo. Se trataba, en mi caso, de un terreno con una alambrada alrededor en una playa casi virgen. Nuestro techo era el cielo y la arena, nuestro colchón. La comida llegaba cada semana en pésimas condiciones. Los primeros tiempos fueron muy malos". Martín Arnal vivió exiliado en Francia más de 60 años y a partir de 1975 ‘recuperó’ la nacionalidad española. "Serrano Súñer dijo que no éramos españoles porque habíamos renunciado a España. Mintió. Nosotros mantuvimos el amor a España y por eso a la muerte de Franco quisimos regresar para vivir en las mismas condiciones que el resto de españoles", subraya.
Ahora, asiste con alivio a un cambio de paradigma en la relación del país con su pasado más reciente, que ha pasado en su opinión del olvido a una más que necesaria memoria histórica y sentimental: "Tendríamos que seguir el camino de una verdadera democracia en la que se pudiera juzgar y condenar a los responsables, nos merecemos saber qué hicieron, y conocer las causas de tantas desapariciones. Eso queremos las familias diezmadas por este golpe de estado cruel del fascismo. Ellos son los que empezaron a matar. No digo que no hubiese actos de venganza por parte de los republicanos, pero era un tiempo de guerra y ellos siguieron matando desde el 1 de abril de 1939 hasta 1975. Lo que emprendió Franco fue un genocidio".

Éstos fueron los captores y asesinos de García Lorca.


https://www.publico.es/culturas/captores-asesinos-garcia-lorca.html


En este primer reportaje sobre el asesinato del poeta, Público recuerda los personajes que participaron en la trama de su asesinato: desde su llegada al Gobierno Civil hasta su traslado a la antesala de la muerte en Vízna

Federico García Lorca.

MADRID.- En el 80 aniversario de la tragedia, que rodea la muerte de Federico García Lorca, no falta una compleja trama de quiénes fueron sus ejecutores. Miguel Caballero, autor de la investigación “las 13 últimas horas en la vida de García Lorca”, recuerda a Público que “el asesinato del poeta tuvo su origen en rencillas privadas, lejanas a posicionamientos políticos y a otras causas más impersonales y más frías, macerada en la cuba de los odios y las venganzas familiares”. Aunque el poeta tampoco pudo librarse, en medio de tales circunstancias, de su fusilamiento, por aplicación de bando de guerra, en la madrugada del 18 al 19 de agosto de 1936. La actuación de cada uno de los implicados comienza el 16 de agosto, día de la detención. Aquella Granada, sumida en el terror, llevaba tomada casi tres semanas cuando Federico es detenido en la casa de los Rosales.

Los ordenantes de la detención: Velasco Simarro y Valdés Guzmán

Velasco Simarro.
Nicolás Velasco Simarro estaba retirado al inicio de la sublevación. Con el alzamiento militar en Granada, es nombrado por el nuevo gobernador, Valdés Guzmán, secretario particular. Caballero apunta, en su investigación, que su mano de hierro permitió que “fuera de facto gobernador civil durante muchos días en el período que va desde el 21 de julio de 1936 a noviembre de ese mismo año, meses en que la represión, los fusilamientos y las desapariciones alcanzaron su punto álgido”. Se caracterizaba por su extrema dureza, teniendo una importante cercanía con la familia Roldan, primos rivales de los Lorca.

Simarro fue “dueño del destino del poeta en el tiempo que medió entre su detención y su traslado a Víznar” tal y como apunta el investigador, permitiendo además la participación de miembros de las Escuadras Negras falangistas en el momento de su asesinato con la participación de un personaje tan relevante como fue Trescastro.

La figura del gobernador civil Valdés Guzmán sembró de dolor y muerte la ciudad de Granada. Tal y como demuestra el registro en el cementerio municipal entre el 20 de julio del 36 y marzo del 37, ordenaría el fusilamiento casi 4.000 personas.

Históricamente se ha sostenido que fue Valdés quien dio la orden de ejecución del poeta, sobre la base de una denuncia del político Ramón Ruiz Alonso. Otras versiones, tal y como apunta Caballero, descargan a Valdés de responsabilidades. “Se puede pensar que no tuvo participación en la detención del poeta, lo que no quiere decir que no tuviera conocimiento días antes, ya que se había reunido con la familia Roldán (rivales históricos de Lorca) y había decidido molestar y amedrentar al poeta” en la Huerta de San Vicente, lo que provocó que se refugiara definitivamente en la casa de los Rosales el 9 de agosto.
Valdés Guzmán.

Los que efectúan la detención: Ruiz Alonso, Martín Lagos y Trescastro

Ramón Ruiz Alonso pertenecía al partido de Acción Popular, liderado por el derechista Gil Robles. Caballero recuerda que “permaneció en Granada preparando lo que ya sabía que sería la sublevación militar”. En 1956 reconocería al primer investigador lorquiano, Agustín Penón, que “la orden de detención del poeta se la da Velasco Simarro en ausencia del gobernador Valdés”.

Ruiz Alonso no estaba al tanto de las viejas rencillas familiares que mantenía la familia Lorca. Uno de sus acompañantes en el momento de la detención, el falangista Trescastro, sí era consciente de toda la trama, lo que hace pensar que Ruiz Alonso fue, según señala Caballero “manipulado, aunque la detención de un personaje público como Lorca le motivara por puro afán de protagonismo”.
Ruiz Alonso.
La documentación encontrada señala que Ruiz Alonso redactaría previamente en el Gobierno Civil una denuncia con el paradero del poeta, lo que dejó luz verde a Simarro para ordenar la detención y posterior fusilamiento de Lorca.

Alonso se personaría, a primera hora de la tarde del 16 de agosto en la calle Ángulo número 1, domicilio de los Rosales. Llevaría personalmente, en un coche Oakland al poeta desvalido a Velasco al Gobierno civil. No se conoce a día de hoy que lo llevó a tal acción en contra del poeta, aunque sus rencillas con Fernando de los Ríos pudo ser determinante por su importante unión con Lorca. El investigador Gibson, apunta que en aquella supuesta denuncia diría de Federico: "Había hecho más daño con la pluma que otros con la pistola".

Trescastro, fue otro de los protagonistas de la histórica detención, junto al falangista Martín Lagos. Caballero apunta que “es de dominio público que se vanaglorió de haber asesinado a Lorca”.

Su entorno cercano a la familia Roldan lo hacen una figura no poco relevante en la muerte del poeta. Además era miembro de las conocidas “escuadras negras” falangistas en el momento de la ejecución. “Actúo de forma autónoma y responsable sabiendo la repercusión posterior de sus acciones”, señala Caballero. La participación de Trescastro, según los testimonios recogidos, fue más allá, participando en el fusilamiento de Lorca. Un testigo aseguró una frase que aún resuena en el terrible cerco de muerte del poeta. “Yo mismo le he metido dos tiros por el culo”.

La “vinculación” de los hermanos Rosales

La familia Rosales estaba compuesta por cuatro hermanos, José, Luis, Miguel y Gerardo Rosales. José fue el falangista más significado de todos los hermanos. El mismo Primo de Rivera le nombró jefe provincial de Falange. Caballero apunta que “no solo participó en la sublevación, sino que con anterioridad fue el enlace directo del jefe de Falange Primo de Rivera con los sublevados granadinos, principalmente con Valdés Guzmán, con el que mantenía una buena relación de amistad y camaradería”.
Luis Rosales.
El hermano más cercano a Lorca fue Luis Rosales, también poeta, que ingresaría en Falange el mismo día de la sublevación. En declaraciones al periodista Molina Fajardo en 1969, éste relataría todo lo relacionado con la detención de Lorca. Caballero recoge que “en el día de su detención, 16 de agosto, él se encontraba en Motril. Esa noche fue al Gobierno Civil para interesarse por su amigo el poeta, en unión a sus hermanos José y Miguel. Mantuvieron una discusión con Velasco Simarro y realizaron una declaración sobre la permanencia del poeta en su casa”. Aquel desencuentro tuvo un alto precio para Luis, ya que estuvo a punto de costarle la vida. La investigación relata que “el propio jefe de Falange le pediría que se quitara la camisa azul, paso previo a la detención”.

Caballero afirma que “la figura de Luis Rosales ha sido tratada injustamente en relación al asesinato de Lorca, ya que puso en peligro su vida por atender a un amigo, con el traslado a su domicilio, sin ninguna dilación”. 

Los que se encontraban en el Gobierno Civil: Romero Funes, José Mingorance y los Jiménez Parga

En el Gobierno Civil de Granada, mucho de los funcionarios y militares “trataron de dar legalidad a la ilegalidad de la situación” que se estaba viviendo.

La orden de traslado de García Lorca a Víznar la realiza Julio Romero Funes, considerado por muchos, autor material del asesinato de Lorca. Funes enviaría hasta este paraje al poeta para ser fusilado. Seguramente, en aquellos instantes, Federico conocía las terribles circunstancias en las que se encontraba.

El otro policía que fue destinado al Gobierno Civil fue José Mingorance. Valdés lo consideraba “un hombre de extrema derecha” en sus informes. No se conoce con exactitud su participación en la detención del poeta, lo que sí alega Caballero es que “fue un testigo excepcional de la detención del poeta y quizás el que iniciara el informe que se remitió a la Dirección General de Política Interior años después relatando todo lo sucedido”.

Los Jiménez Parga integran el último grupo que se encontraban aquella noche en el Gobierno Civil. Los hermanos Manuel, José y Antonio Jiménez Parga participarían en la “camarilla del Gobierno Civil”, integrada por “individuos responsables de las detenciones y ejecuciones de las personas que llevaban a Víznar”. En octubre de 1936, Manuel Jiménez Parga fue nombrado delegado de las JONS en la provincia de Granada. Otro de sus hermanos, Antonio redactaría con Romero Funes, las “listas de detenidos” de aquellos días.

Sin saber a ciencia cierta los últimos movimientos, previos a su traslado, Federico llegaría a la zona de fusilamiento, el barranco de Víznar la noche del 16, casi ya de madrugada. En la conocida carretera de la muerte, a pocos kilómetros de la capital granadina, continuaría la planificación para el asesinato del poeta.

LA FOSA COMÚN DE BENACAZÓN SACA A LA LUZ LOS PRIMEROS RESTOS ÓSEOS.


https://aricomemoriaaragonesa.wordpress.com/2019/08/17/la-fosa-comun-de-benacazon-saca-a-la-luz-los-primeros-restos-oseos/



Posted by MEMORIA ARAGONESA en 17/08/2019
LA FOSA COMÚN DE BENACAZÓN SACA A LA LUZ LOS PRIMEROS RESTOS ÓSEOS
LOS TRABAJOS VAN DANDO SU FRUTO, AUNQUE HASTA LA SEMANA QUE VIENE NO SE PODRÁ SEGUIR EXCAVANDO EN PROFUNDIDAD, SIEMPRE CON HERRAMIENTAS MANUALES
Está costando, porque todo se hace con herramientas manuales y bajo un intenso calor, pero los trabajos de apertura de la fosa común del cementerio de Benacazón han encontrado los primeros restos óseos, aunque por el momento son “restos dispersos”, con lo que se sigue trabajando para localizar los cuerpos de las personas enterradas en la zona.
Los primeros restos hallados ya han sido guardados para cotejarlos con los que se sigan encontrando, aunque los trabajos ya continuarán el próximo lunes. Y es que todo es una labor “artesanal”, ya que se tiene que trabajar con herramientas de mano, debido a que el lugar del cementerio donde se encuentra la fosa no es accesible a maquinaria pesada, lo que se une a que el intenso calor hace que sea muy complicado trabajar.
Se trata de una fosa en la que está documentado que hay enterrados varios vecinos del municipio fusilados en 1936, entre ellos el exalcalde del municipio José Ortiz Garrido.
Trabajo de investigación
Los trabajos se iniciaron tras un trabajo de investigación en el que se han analizado documentos que certifican la existencia de enterramientos de represaliados en el camposanto del municipio, una investigación previa en la que se ha llevado a cabo un análisis de las actas y expedientes del Archivo Histórico Municipal por el equipo técnico encargado de la apertura de la fosa, a cargo de la doctora en Arqueología María Concepción González.
El estudio tenía por objetivo la recopilación de información procedente de estos archivos, que incluyen censos, actas de defunción, resoluciones judiciales, testamentos, contratos, dotes o inventarios de bienes de la Guerra Civil y la posguerra, que pudieran arrojar luz sobre las personas represaliadas y ubicadas en la fosa común.
Se trata de un paso previo a las actuaciones que se llevan a cabo en el cementerio municipal, que se centran en la indagación, localización, delimitación, exhumación, estudio antropológico y, si procediera, evaluación balística e identificación genética de los restos óseos.
Datos exactos
El concejal de Memoria Democrática, Francisco Bernal, ha explicado que se sabe con exactitud que Ortiz Garrido fue fusilado el 10 de agosto de 1936, y se está a la espera de que se abra la fosa para concretar cuántas personas se encuentran inhumadas en el mismo enterramiento.
El paleoantropólogo Juan Manuel Guijo y el arqueólogo Jesús Román, siguen muy de cerca los trabajos, en una actuación que fue publicada en la Orden del 19 de septiembre de 2018 (BOJA Nº 185 de 24/09/2018), por la que la Consejería de la Presidencia, Administración Local y Memoria Democrática de la Junta de Andalucía acordó actuaciones específicas en memoria histórica.
La alcaldesa, Juana María, Carmona, ha recordado que Benacazón es “un pueblo pacífico que sufrió como tantos otros el genocidio de la represión franquista”. Concretamente, 18 vecinos fueron sacados de sus casas, obligados a abandonar a sus familias, “asesinados de manera cobarde y arrojados en un agujero en el suelo, sin sepultura digna”.
En el momento de ser hallados los primeros restos, se encontraban en el cementerio la alcaldesa, el concejal de Memoria Democrática y José Manuel Morales, descendiente del alcalde fusilado.
Las investigaciones previas determinan que son cinco las personas que se encuentran en la fosa del cementerio. No obstante no sólo se trata de vecinos del pueblo, ya que el tonelero Mariano Atalaya Rodríguez, natural de Espartinas también fue asesinado en la localidad y, al parecer, enterrado en la misma fosa.