divendres, 14 d’abril de 2017

Madrid conmemora a La Nueve, la compañía olvidada de la II Guerra Mundial

http://www.publico.es/sociedad/madrid-conmemora-nueve-compania-olvidada.html




El próximo jueves, las alcaldesas de París y Madrid, Anne Hidalgo y Manuela Carmena, respectivamente, inaugurarán un monolito en el recién nombrado "Jardín de los Combatientes de La Nueve".


La 9ª Compañía de la División Leclerc, más conocida como La Nueve
Existe en los anales clásicos de la Segunda Guerra Mundial un sonoro silencio en torno al papel español, un olvido tácito hacia un país periférico en la contienda del que, no obstante, salieron héroes como los soldados de La Nueve, la primera compañía que, el 24 de agosto de 1944, entró en el París ocupado para liberar la capital gala.
La reticencia francesa a ceder protagonismo patrio en un episodio tan simbólico y el rechazo franquista a un escuadrón formado por exiliados republicanos condenaron a La Nueve a un ostracismo que ha durado décadas y no ha comenzado a desaparecer hasta el siglo XXI.
El próximo jueves, las alcaldesas de París y Madrid, Anne Hidalgo y Manuela Carmena, respectivamente, inaugurarán un monolito en el recién nombrado "Jardín de los Combatientes de La Nueve", que constituirá el primer homenaje oficial de la capital española a esta compañía.
Es un primer paso para poner en valor una historia "realmente increíble" que habría dado para hacer "diez o quince películas" si "hubieran sido americanos", asegura a Efe la escritora Evelyn Mesquida, autora del libro "La Nueve, los españoles que liberaron París" (Ediciones B).
Las raíces de La Nueve hay que buscarlas en el final de la Guerra Civil, al que siguió una interminable ola de exiliados, muchos de los cuales acabaron en campos de concentración distribuidos por el suroeste francés, Túnez, Argelia y Marruecos.
"Les ofrecían volver a España o alistarse a la Legión Extranjera francesa", explica Mesquida, y muchos de ellos fueron a parar a la compañía denominada La Nueve, en la que 146 de los 160 soldados eran españoles y que en 1943 se integró en la recién creada 2º División Blindada del general Leclerc, bajo el mando de la Francia Libre de Charles de Gaulle.
Aunque hubo "más de treinta nacionalidades" combatiendo en el bando galo, La Nueve fue el único escuadrón con "oficiales de alto rango" de nacionalidad española, y sus tanquetas tenían nombres como "Ebro", "Guernica", "Don Quijote" o "España cañí".
El "odio a los alemanes" y la experiencia militar adquirida en la Guerra Civil hicieron de La Nueve un grupo temible, que "siempre iba en primera línea" y "nunca daba un paso atrás", por lo que no tardó en hacerse famosa.
Tras llegar a Normandía semanas después del desembarco estadounidense, la División Leclerc llegó a las inmediaciones de París y envió a La Nueve como avanzadilla de reconocimiento, de tal modo que, el 24 de octubre, la tanqueta "Guadalajara" fue la primera del ejército aliado en pisar suelo parisino.
Sin embargo, lo que se "escribió" en la Historia, lamenta Mesquida, fue el discurso pronunciado por De Gaulle dos días más tarde, cuando se forjó la versión oficialista de que Francia "había sido liberada por los franceses" el día 25.
Tampoco quedó constancia del "verdadero héroe" de La Nueve, el protagonista de la "única foto" que se tomó del escuadrón en París, un teniente de Burriana (Castellón) llamado Amado Granel que por su "valor extraordinario" fue condecorado hasta la saciedad.
A Granel le ofrecieron, incluso, ascender a general en el ejército galo, pero renunció por no querer aceptar la única condición que le impusieron: nacionalizarse francés.
A los combatientes de La Nueve el final de la Segunda Guerra Mundial les pilló en Berchtesgaden (Alemania), y es que también fueron los primeros en llegar al refugio de montaña que allí tenía Adolf Hitler, el conocido como "Nido del águila".
"Pero su guerra no había terminado", apunta Mesquida, ya que para los exiliados, que "no habían luchado por Francia, sino por España, para poder volver", el combate no podía acabar mientras el franquismo siguiera en pie.
No les quedó más remedio: tras nueve años de campaña militar prácticamente ininterrumpida (desde el inicio de la Guerra Civil en 1936 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945), los integrantes de La Nueve colgaron el fusil y se quedaron "en soledad" al otro lado de los Pirineos.
Por lo general, lograron "salir adelante" gracias a que, por su experiencia militar, eran "magníficos mecánicos" y, en muchos casos, encontraron acomodo en Renault, Citroën u otros gigantes del sector automovilístico.
Sin embargo, nunca consiguieron desprenderse de la sombra de la "desmemoria", y sólo uno de los 146 soldados, el almeriense Rafael Gómez, vive hoy para ver cómo la capital de su país natal rinde tributo a su compañía.
Gómez, de 97 años y residente en Estrasburgo, fue uno de tantos jóvenes arrojados a las trincheras con la mayoría de edad por cumplir, uno de tantos exiliados humillados en los campos de concentración que encontraron en La Nueve un instrumento para mantener viva su lucha por la libertad.
La inauguración del "Jardín de los Combatientes de La Nueve", ubicado en la confluencia de las calles de los Hermanos García Noblejas y Gabriel Montero, supondrá el primer homenaje de Madrid a unos soldados que fueron partícipes de un momento clave de la historia contemporánea.
Además, el distrito de Ciudad Lineal ha organizado el programa de actividades en torno a la historia del escuadrón de La Nueve que se desarrollarán del 18 al 22 de abril, en el Centro Cultural Príncipe de Asturias, con entrada libre hasta completar el aforo.

LA CONSPIRACIÓN MONÁRQUICA CONTRA LA REPÚBLICA comenzó en cuanto esta se proclamó. Ángel Viñas, Alejandro Torrús.

https://documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com/2017/01/30/la-conspiracion-monarquica-contra-la-republica-comenzo-en-cuanto-esta-se-proclamo-angel-vinas/




La fascistización de las derechas, conspiracion-monarquica-word-pressen particular las monárquicas, condujo a complots entre militares, monárquicos y carlistas con Mussolini para destruir las reformas republicanas mediante una guerra civil. Las actuaciones de pistoleros falangistas pagados por los monárquicos generaron la sensación de un “estado de necesidad” agudo que justificase la insurrección. El diputado de Renovación Española Pedro Sainz Rodríguez firmó con Mussolini el 1 de julio de 1936 en Roma los contratos de compra de más de 40 aviones, miles de bombas, gasolina etilada, ametralladoras y proyectiles por valor de 39 millones de liras, unos 339 millones de euros. Los monárquicos españoles estaban preparando la Guerra Civil. Hay indicios de que Alfonso XIII y su hijo Juan de Borbón no ignoraban estos tratos.
Actualmente, están cerrados los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores, haciendo el ridículo frente a historiadores internacionales. Los archivos de otros Estados europeos dan cuenta de que la transición y el franquismo eran incompatibles, Juan Carlos tuvo que entrar en la senda de la reforma. Los europeos definieron los objetivos, entre ellos, la legalización de TODOS los partidos políticos. Si España no se homologaba democráticamente con Europa, habría tenido efectos muy negativos sobre la aceptación de la Monarquía por los españoles. Si Juan Carlos no se hubiera opuesto al golpe de Tejero la desafección popular hubiera sido inmensa, se habrían cerrado las negociaciones con la Comunidad Europea, y la implantación de un régimen incluso más aislado que el de los coroneles griegos habría causado el oprobio de todo el mundo civilizado. El exrey no hizo sino saldar una deuda histórica con la sociedad española y cumplir con su deber, impelido a ello por falta de alternativas en un país en el que, históricamente, la Monarquía no siempre se ha comportado como debía.


VIVA LA REPÚBLICA. FIRMA en https://goo.gl/20NNrE por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE EN https://goo.gl/20NNrE

La Comisión de la Verdad, la última esperanza de las víctimas de Franco

http://ctxt.es/es/20170412/Politica/12106/cronica-parlamentaria-amnistia-ley-victimas-esteban-ordo%C3%B1ez.htm


La Ley de Amnistía de 1977 ha propiciado un tapón utilísimo para quienes se niegan a investigar el pasado. Los jueces se ven obligados a rechazar y archivar las peticiones de justicia y reparación de las víctimas

<p>Representación de las víctimas del franquismo en la Puerta del Sol. 2013</p>

Representación de las víctimas del franquismo en la Puerta del Sol. 2013
XANTI FAKIR
MADRID | 12 DE ABRIL DE 2017
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Una Comisión de la Verdad es lo mínimo que merecen las víctimas de la Guerra Civil y del régimen franquista; lo mínimo que merecen los ciudadanos de una democracia. No obstante, se trata de una reivindicación resignada, una vía que supone asumir que nunca se hará justicia efectiva (porque no implica consecuencias penales) y conformarse con conocer cómo se las compuso una dictadura fascista para convertir España en el segundo país del mundo con más desaparecidos después de Camboya. Aun así, nada garantiza que esta alternativa vaya a ponerse en práctica. Partidos que se autodenominan demócratas zancadillean cada paso adelante y desoyen las llamadas al orden de los organismos internacionales. Han pasado cuarenta años y los crímenes de Franco continúan blindados.
Hay movimientos positivos. El PSOE registró una proposición no de ley en febrero para resucitar la Ley de Memoria Histórica que murió de inanición cuando el PP entró al Gobierno y decidió no dedicarle un solo euro: el pasado hay que olvidarlo (a no ser que se trate de repatriar los restos de la División Azul o de mantener bien vigoroso el Valle de los Caídos). Entre las exigencias de la iniciativa socialista figura la creación de una Comisión de la Verdad que respete las recomendaciones de la ONU. El senador socialista Francesc Antich ha propuesto (en mayo de 2015 y en marzo de 2017) conformar este órgano de investigación en la Cámara Baja y el PP ha arrollado la petición con su mayoría absoluta. En Andalucía, Podemos puso como condición para sumarse a la Ley de Memoria Histórica y Democrática andaluza la conformación de una Comisión de la Verdad. El proyecto prosperó sorteando la resistencia de PP y Ciudadanos, que se suma al europeísmo selectivo de la vieja derecha. Fue un avance importante que, sin embargo, podría haberse emprendido en cualquier año de las últimas tres décadas en que el PSOE ha acaparado el poder de la Junta.
Para resarcir de forma sustancial la deuda histórica no sería suficiente con la acción autonómica, debe constituirse a nivel estatal. Según Jorge Rodríguez Rodríguez, experto en derecho de transición y autor del libro El derecho a la verdad en la justicia de transición española,“debe ser el Estado el que la impulse porque es imprescindible que los funcionarios se impliquen en los trabajos sobre todo para acceder a los archivos públicos: sería impensable una Comisión sin acceso total a documentos con el fin de saber cuál fue la actuación del Ejército o de la Iglesia católica”. Rodríguez explica por qué las víctimas, hoy día, deben resignarse a este tipo de instrumento meramente informativo: “Los jueces no pueden condenar penalmente a los implicados, la Ley de Amnistía lo impide”.
ANTE LA VIGENCIA DE LA LEY DE AMNISTÍA DE 1977, LOS JUECES SE VEN OBLIGADOS A RECHAZAR Y ARCHIVAR LAS PETICIONES DE JUSTICIA Y REPARACIÓN DE LAS VÍCTIMAS
En consecuencia, se toma un atajo: un  juicio se divide en dos partes, instrucción y fase oral, en la segunda se dictan condenas, por lo tanto, la solución es “adulterar” el proceso penal y ejecutar sólo la instrucción. “Investigamos, llamamos a los presuntos perpetradores, les tomamos declaración como si fueran testigos e interrogamos también a las víctimas. Es la única manera de que cuenten lo sucedido, y eso ya es una reparación”, señala Rodríguez. El resultado sería un relato fiel del sistema de torturas, persecución y asesinato del fascismo español.
Ante la vigencia de la Ley de Amnistía de 1977, los jueces se ven obligados a rechazar y archivar las peticiones de justicia y reparación de las víctimas. A partir de esta ley se ha construido un tapón utilísimo para quienes se niegan a investigar el pasado. La Ley de Amnistía ofrece un emblema de sonoridad democrática, un monumento intocable bajo el que muchos políticos pueden esconder fácilmente la permisividad (o el apoyo) moral hacia la dictadura. El diputado de Unidos Podemos Eduardo Santos defendió una proposición no de ley en la Comisión de Justicia para desarmar este Alcázar jurídico. Se posicionó con pragmatismo y rehuyó la confrontación simbólica: “No hay que luchar contra un elemento mítico”, dijo. En vez de plantear una derogación, abogó por modificar el texto para “remover los obstáculos” que impiden aplicar los derechos humanos en su plenitud. Se añadía una excepción a la norma: los delitos de “torturas, desapariciones forzadas, crímenes de genocidio o lesa humanidad” quedaban excluidos del perdón. PP, Ciudadanos y PSOE rechazaron la iniciativa.
Cuesta comprender el funambulismo de los socialistas en este terreno. Han abierto camino en muchos casos, como con la ley de 2007, pero siempre con una determinación desinflada. En la exposición de motivos de la PNL de febrero para reactivar la Ley de Memoria Histórica, pretenden apropiarse, a través de una lectura partidista, del proceso histórico de ‘revisión’ del franquismo. Dice el texto: “… no fue hasta 2007 que nuestro Estado democrático alcanzó la madurez suficiente para aprobar” la ley de memoria histórica. “Es falso que la sociedad no estuviera madura. El PSOE no es nadie para decirle a la sociedad española y a las víctimas del franquismo cuándo pueden reclamar sus derechos; lo que hace es lavarse las manos por cómo gestionaron ellos y el PCE la transición”, critica Jorge Rodríguez, y añade que ya tras la muerte de Franco “una de las principales reivindicaciones no eran los juicios penales, sino que se reconociera desde el poder público vigente lo que sucedió”.
EN LATINOAMÉRICA SE HAN DESARROLLADO MÁS DE UNA DECENA DE COMISIONES DE LA VERDAD, PERO TAMBIÉN CANADÁ HIZO LO PROPIO, AL IGUAL QUE SUDÁFRICA O TÚNEZ TRAS LA REVOLUCIÓN DE LOS JAZMINES
Jaime Ruiz Reig, presidente de la Plataforma por la Comisión de la Verdad, recuerda que “para este tipo de delitos de lesa humanidad no es posible aplicar amnistías”. “Fue una ley preconstitucional”, sigue, “favoreció las elecciones y que se firmara la Constitución, pero luego no ha debido condicionar el desarrollo del marco democrático”. Desde la ONU el relator especial Pablo de Greiff criticó en su informe de 2014 los vacíos en materia de verdad y justicia de nuestro país: “… no existe información oficial ni mecanismos de esclarecimiento de la verdad”, anotaba.
La plataforma liderada por Ruiz Reig aglutina a decenas de agrupaciones en defensa de la memoria histórica. Se constituyó para esquivar el bloqueo de la opción penal contra los verdugos: “Entendimos que, al no ser una vía jurídica, la Comisión no tendría cortapisas, que no habría ningún elemento que pudiera objetar su aplicación más allá de la voluntad política”. Pero era precisamente la falta de voluntad lo que se ocultaba tras el argumento legalista. Cuando en 2015 se propuso la creación de este organismo en el Senado, el senador del PP Alejandro Muñoz Alonso se escudó en argumentos inconsistentes: “La verdad es cosa de los historiadores, no de los parlamentarios ni de los políticos”. Indicó, como motivo para rechazar la proposición, que se trataba de un tipo de órgano que ha existido en América, pero no en Europa. Con esa posición de superioridad moral intentaba reducir el derecho a la verdad a una mera ocurrencia exótica. En Latinoamérica se han desarrollado más de una decena de comisiones de la verdad, pero también Canadá hizo lo propio, al igual que Sudáfrica o Túnez tras la Revolución de los Jazmines.
La negativa a su creación se enraíza también, cuenta Ruiz Reig, en que “se han visto estas herramientas como elementos para sociedades que acaban de salir de un conflicto”. En parte, es cierto. Un ejemplo es la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Perú, que analizó los veinte años de terrorismo de Sendero Luminoso, sin obviar los excesos represivos de las fuerzas del Estado contra los civiles. La violencia finalizó en 2000. En 2003 ya estaba listo el informe final. En España, han transcurrido 40 años. La postergación de la reparación de las víctimas maquillada con el argumento de la reconciliación y de la estabilidad fue alimentando, bajo manga, el siguiente motivo para negarse a investigar: han pasado cuatro décadas, ya no tiene sentido. Una pinza discursiva autoenvolvente que mantiene la impunidad del Franquismo.
ES BÁSICO QUE LAS NUEVAS GENERACIONES TENGAN UNA FORMACIÓN ADECUADA A LO QUE SUCEDIÓ PARA QUE SE EDUQUEN EN LA CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA Y EN LA DEFENSA DE LAS LIBERTADES
Sin embargo, la Comisión es hoy más posible que nunca por la actual correlación de fuerzas, por el juego de pesos y contrapesos, sobre todo, en la margen progresista del hemiciclo, donde se compite cada día por la hegemonía política y espiritual de la izquierda. Desde la plataforma abogan por seguir las recomendaciones de la ONU cuando llegue el momento de constituir el órgano. “Hace falta independencia y reconocimiento constitucional. Debe componerse de forma que participen personalidades relevantes en el campo del derecho, la medicina forense, la arqueología, la historia; todo lo que aporte conocimiento sobre los hechos, los autores…”, enumera Ruiz Reig. Al final, se emitirían unas recomendaciones destinadas al poder judicial, al legislativo, al sistema sanitario, al sistema educativo... “Es básico que las nuevas generaciones tengan una formación adecuada a lo que sucedió para que se eduquen en la convivencia democrática y en la defensa de las libertades”, concluye.
El Estado tendrá que reconocer de manera exhaustiva las violaciones de los derechos humanos. Eso es lo último, lo irrenunciable. En estos días, con motivo del desarme de ETA, se afirma que la democracia no habrá ganado del todo la batalla si no se aclaran los asesinatos y se determinan los autores materiales. Se defiende la verdad como condición para la dignidad de las víctimas. Se exige también que ETA pida perdón, es decir, que acepte la narrativa del Estado que se resume en que ‘ETA’ (de 829 a 858 asesinatos) y ‘derechos humanos’ son conceptos excluyentes. Con esa claridad de criterio, no se entendería que se rechazaran las demandas de las víctimas o que las esquivaran. En cambio, durante la Transición, como recuerda Jorge Rodríguez, se hablaba de ceder en lo accesorio para acordar en lo fundamental: “Por accesorio entendieron las reivindicaciones de las víctimas”. Si se tomara una decisión así con respecto a las víctimas del terrorismo, el escándalo haría tambalearse al país. Sin embargo, la distancia entre Franquismo (de 100.000 a 350.000 asesinatos) y derechos humanos siempre se ha tratado de dulcificar y relativizar. Nunca hubo una ruptura: la represión franquista sigue afectándonos en forma de relato falseado. 

AUTOR

Cartas desde prisión: el canto a la libertad de las cárceles franquistas.

http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/Cartas-prision-libertad-carceles-franquistas_0_630987191.html



La historia silente, "la memoria carcelaria en la guerra civil y el franquismo", rescatadas en el libro Cartas presas, de Verónica Sierra
Con una selección de 1.500 misivas, la obra retrata el rastro de la represión y el de la resistencia en "una España convertida toda en una cárcel"
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La autora de 'Cartas presas', Verónica Sierra Blas. | JUAN MIGUEL BAQUERO
La autora de 'Cartas presas', Verónica Sierra Blas. | JUAN MIGUEL BAQUERO
El sostén represor del régimen franquista tuvo un claro exponente en sus cárceles. Las rejas como perfecta mordaza. Un viaje del miedo al silencio que dejó huellas de resistencia. Es la historia cautiva que rescata el libro Cartas presas, sobre ‘la memoria carcelaria en la guerra civil y el franquismo’ (editorial Marcial Pons), de Verónica Sierra Blas, doctora en Historia y profesora en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).
En "una España convertida toda en una cárcel", dice la autora, "las cartas de los presos cuentan esa otra historia del franquismo". Es la queja contenida, y la memoria silente, acabando libres. La palabra "como testimonio, registro y narración".
Cartas presas ha sido "cocinado a fuego lento". Siete años de trabajo sobre una selección de 1.500 cartas en registros públicos y privados. Del Archivo Histórico Nacional o el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca a misivas guardadas en los ficheros de la Fundación Nacional Francisco Franco o del Partido Comunista de España. Y "lo que había en las casas", la memoria particular, "que son una fuente clave".
El drama de la represión definido en "tres tipologías" de mensajes. Los más "significativos del ámbito carcelario", cuenta. Familiares, "por supuesto". Administrativas, "con súplicas, peticiones, instancias… que eran una forma más de sumisión". O las "cartas en capilla" como paradigma de la resistencia humana: "sirven de preparación para la muerte, para consolar a los que quedan y para reivindicar ideas".
'Cartas presas', la memoria carcelaria en la guerra civil y el franquismo.
Queridísimo hermanillo:
Recibe muchos besos de tu hermana, que en estos momentos pierde la vida, pero no te preocupes, yo tengo tranquilidad. Tú tienes diez años y te queda mucho por vivir y ver, por esto sé que no debéis sufrir (ninguno de la familia) y tú menos. Me vengarás algún día, cuando tú te enteres por qué muere tu hermana.
Carta de Dionisia Manzanero a su hermano. Prisión de Ventas (Madrid), 5 de agosto de 1939.

Memoria viva en una carta enmarcada

Desde el golpe de Estado de 1936 al final de la dictadura en 1975, "miles de españoles de todo género, clase social e ideología fueron privados de su libertad en una represión tan sistemática como indiscriminada". En mitad de la "desposesión más absoluta y el sometimiento más cruel", la escritura de cartas se convirtió para los prisioneros "en el remedio principal para combatir la soledad, el aislamiento o el terror".
La "terapia más eficaz" para superar "las extremas y complejas situaciones de la vida en cautividad". Y un instrumento "para salvaguardar la identidad". Como el drama, que saltaba los muros para azotar a las familias de los presos, lo hacían los mensajes convertidos en un "arma de resistencia".
Presentación de 'Cartas presas' en la librería Quilombo, Sevilla. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Presentación de 'Cartas presas' en la librería Quilombo, Sevilla. | J.M.B.
"No en pocas ocasiones he visto cómo las familias tienen las cartas enmarcadas en el salón. Son memoria viva. Una cuestión de supervivencia!, relata Verónica Sierra. Con la palabra, continúa, trazan la memoria personal y la colectiva. La historia "social, familiar, individual… es como quitar capas a una cebolla y las cartas dan todo eso", dibuja. "Son memorias que se superponen" para acabar contando "las historias de la prisión más intimistas, las que la versión oficial nunca puede contar".

La "otra historia" del franquismo

Cartas presas rescata la correspondencia carcelaria "con el afán de contar la historia de esa época desde el interior de los centros de reclusión". Panóptico, construcción con diseño que permite observar toda la superficie interior desde un único punto, explica el diccionario. "La prisión es un panóptico gráfico también", dice Verónica Sierra. "Vigilantes y vigilados necesitan y están obligados a escribir y a veces a escribirse, a contar sobre sí mismos".
Verónica Sierra, con 'Cartas presas'. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Verónica Sierra, con sus 'Cartas presas'. | J.M.B.
Y en ese panóptico convive un universo de escrituras. "Diarios y memorias de prisión, en los que aparece el ‘yo’ del recluso, para que la memoria llegue a generaciones venideras y se recuerde". O "las memorias impuestas, cuando ante la saturación de las prisiones las autoridades piden a los encarcelados que escriban su propia vida de prisionero". Trazos sobre papel "que son a veces el único púlpito para poder gritar". La resistencia anónima "de los que pocas veces ocupan páginas en los libros".
El cantautor Francisco Javier Menchón rasga su guitarra en la presentación de Cartas presas en Sevilla. Malos tiempos para la lírica, apunta alguno. La librería Quilombo, en la plaza del Pelícano, rompe el pesimista boceto: está a rebosar.
"Para mí este libro es un canto a la libertad". Recuerda Verónica Sierra a Miguel Hernández. "Para la libertad, sangro, lucho, pervivo". La voz y las cuerdas citan la copla Soy viento de libertad: "Tu sangre sembró el camino / de flores de libertad… / yo quiero ser jardinero / de tu frondoso rosal”. Y rematan con Al alba, de Aute: "Presiento que tras la noche… / Miles de buitres callados / van extendiendo sus alas / no te destroza amor mío, / esta silenciosa danza, / maldito baile de muertos / pólvora de la mañana".