dissabte, 29 d’abril del 2023

Antoni, encarcelado por ser homosexual: "Un gris metió un preso en mi celda y le dijo 'haz lo que quieras', fue mi primera violación".

https://www.lasexta.com/programas/sexta-columna/antoni-encarcelado-ser-homosexual-gris-metio-preso-celda-dijo-haz-que-quieras-fue-primera-violacion_20230428644c2d132e790c00019f54f4.html 


Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Expresos Sociales, recuerda en este vídeo los campos de concentración franquistas para homosexuales, como el de Tefía, y recuerda cómo él mismo sufrió la represión con Franco ya muerto.

 

Bajo la 'ley de vagos y maleantes', la justicia franquista perseguía a los homosexuales, a los que incluso encerró en campos de concentración como el de Tefía, en Fuerteventura: "No había muros, no les hacía falta porque es un desierto y cualquiera se escapaba de allí", afirma Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Expresos Sociales, que conoció a algunos de los presos que pasaron por ese campo de concentración, que funcionó hasta 1966. Uno de ellos era Octavio García, que explicaba que "hombres que llegaban allí con 80 kilos se quedaban con 45 o 50, las palizas que yo vi allí".

La represión no paró ni siquiera cuando el dictador murió. En 1976, Antoni pasó tres meses en cárceles como la que vuelve a visitar junto a laSexta Columna en el vídeo sobre estas líneas. Su delito fue ser homosexual: "Yo conté que era homosexual a mi madre, a los diecisiete años. En un momento determinado ella se lo cuenta una hermana y ella se lo contó a una monja, que me denunció a la Brigada Criminal de Valencia", explica.

El Censo de la Memoria Democrática informa sobre 7.567 víctimas de la represión franquista hasta 1956. El Mapa de fosas del País Valenciano localiza 529 enterramientos colectivos en la guerra y la dictadura

 https://rebelion.org/el-mapa-de-fosas-del-pais-valenciano-localiza-529-enterramientos-colectivos-en-la-guerra-y-la-dictadura/




Fuentes: Rebelión [Imagen: Generalitat Valenciana]

7.567 víctimas mortales entre abril de 1938 (caída de las comarcas del norte del País Valenciano) y noviembre de 1956: asesinato del último guerrillero antifranquista en el paredón de El Terrer, en el municipio de Paterna (2.409 víctimas corresponden al año 1939 y 2.390 tenían entre 30 y 39 años).

Son las cifras incluidas en la primera fase del Cens de Víctimes de la guerra, el franquisme y la transició al País Valencià, promovido por la Coordinadora d’Associacions per la Memòria Democràtica del País Valencià (CAMDE-PV) y presentado en febrero en el Teatre Micalet de Valencia.

Patrocinado por la Conselleria de Participación, en el registro figuran víctimas como Juan Abad Blanes, jornalero que residía en el municipio de Alcoi y fue ejecutado cuando tenía 20 años -el 23 de marzo de 1939- en Zaragoza; militaba en la UGT; otro jornalero y sindicalista de CNT, de 26 años, Pascual Ñiguez Navarro, residía en Catral (Alicante); murió ejecutado el 21 de abril de 1939 en Alicante y enterrado en una fosa de esta ciudad; también mujeres como Inés Agustín Concepción, fallecida por un coma diabético a los 42 años en la Prisión de Mujeres de Valencia.

En el censo pueden localizarse, asimismo, los datos de 666 víctimas en los campos de concentración nazis; es el caso del saguntino Juan Barberá Solá, fallecido en noviembre de 1941 a los 31 años: permaneció durante 15 meses en el campo de Gusen (Austria), donde murió; la ficha detalla la unidad militar de la que formó parte, durante la Segunda Guerra Mundial: “soldado de segunda clase, regimiento de voluntarios”.

El historiador Vicent Gabarda cifró en 4.714 las personas ejecutadas en el País Valenciano entre 1938 y 1956 (la mayoría en la provincia de Valencia -2.980-, seguido por la de Castellón -1.014- y la de Alicante, con 720).

“El cómputo más elevado de ejecuciones se produjo en 1939, el Año de la Victoria, inicio de la regularización de la represión en todo el País Valenciano, como en todo el estado español, acentuado por la euforia propia de la victoria, con la profusión de denuncias, recelos y las consiguientes venganzas”, explica Gabarda en su libro Els afusellaments al País Valencià. 1938-1956 (Ed. Alfons el Magnànim, 1993).

El investigador subraya, asimismo, que fueron “comités municipales, miembros de colectividades agrarias (muy importantes en el País Valenciano por su economía principalmente agrícola), trabajadores de la industria socializada o colectivizada, personalidades del ámbito de las leyes, militares, comerciantes –entre otras- fueron pasadas por las armas, acusados de republicanos o defensores de la República”.

Els afusellaments aporta detalles que pueden apreciarse en municipios como Forcall (comarca de Els Ports, Castellón): 12 ejecutados –más del 7% de la población- entre junio de 1938 y el mismo mes de 1941; desempeñaban las profesiones de labrador, carpintero, jornalero o espardenyer (trabajo con el calzado de esparto), y eran miembros de CNT, UGT o Izquierda Republicana (IR).

Una fuente de interés es la página Web de la Memoria Democrática del País Valenciano, presentada el pasado 31 de enero por la consellera de Participación Rosa Pérez Garijo (Unides Podem); el portal cuenta con un Mapa de Fosas, que permite localizar y acceder a información sobre 529 enterramientos colectivos por categorías: municipio, represión franquista durante la Guerra Civil y la dictadura; bombardeos o “combatientes” en la guerra de 1936, entre otras.

Por ejemplo Albatera I, en el sur de la provincia de Alicante; la fosa del cementerio municipal –“no intervenida”- corresponde a la represión franquista durante la dictadura; de hecho, las personas inhumadas podrían ser prisioneros del campo de concentración  de Albatera, establecido -en abril de 1939- en el actual término municipal de San Isidro.

En cuanto a los restos de los enterrados, la ficha de Albatera I identifica a ocho fusilados entre julio y octubre de 1939, con edades comprendidas entre los 23 y los 35 años; asimismo se detallan las profesiones: agricultor, jornalero, carpintero o chófer.

Entre las fosas derivadas de la represión (franquista) durante la guerra, el Mapa señala Serra I (fosa “intervenida”), emplazada en el camposanto de este municipio de la provincia de Valencia. “Parece que se inhumaron hasta 125 víctimas fallecidas en el Campo de Concentración y posterior Prisión sanatorio de Portaceli”, en Serra, detalla el plano digital.

Las muertes se produjeron entre mayo de 1939 y noviembre de 1942; la ficha de Serra incluye asimismo los oficios: labrador, jornalero, albañil, aserrador, zapatero, decorador, hornero, electricista y pescador, entre otros. Además se recuerda el caso de otros municipios valencianos, como Paterna, donde según Vicent Gabarda fueron asesinadas 2.237 personas entre 1939 y 1956.

En cuanto a la provincia de Castellón, el buscador permite el acceso a siete fosas emplazadas en la capital; la inhumación colectiva denominada Castelló de la Plana I es uno de los ejemplos de fosa de combatientes, en la que podrían hallarse los restos de 780 militares y soldados; otros casos son los de Vistabella del Maestrat (siete fosas); Atzeneta del Maestrat (cuatro) o los numerosos enterramientos localizados en Bejís.

Las estadísticas se hallan en actualización permanente. Según la Conselleria de Participación, 328 fosas han sido “intervenidas/dignificadas” (sobre un total de 541); en cuanto a las víctimas “exhumadas e identificadas” en el Mapa de Fosas, la Generalitat informa de 2.166 restos (prácticamente todos por la represión durante la dictadura) y 225 identificaciones (datos hasta diciembre de 2022).

 El portal de la Memoria Democrática contiene también información sobre el Catálogo de Vestigios de la guerra civil y la dictadura, y los elementos “que deben ser retirados o eliminados” (placas con el yugo y las flechas en calles y viviendas de protección oficial; o inscripciones franquistas grabadas en piedra en las fachadas de las iglesias); el Catálogo de Lugares e Itinerarios de la Memoria Democrática así como la “Geografía del Terror”: Cementerio y paredón de El Terrer, en Paterna; y el Campo de Concentración de Albatera.    

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La normativa para el banco canario de ADN de niños robados estará en 2024

 


Domínguez García

El genetista forma parte de la Comisión Técnica de Memoria Histórica del Gobierno de Canarias que aprobó, el pasado 12 de marzo, la estrategia regional "que garantiza el reconocimiento y la reparación de las víctimas canarias de la guerra civil y la dictadura franquista".

El colectivo Sin Identidad, que lucha por la identificación de los niños robados, ha denunciado que aún no se han aplicado los puntos establecidos por la ley autonómica de menores robados aprobada hace cuatro años, entre los que está la creación de una base de ADN.

 

José Pestano entiende "la prisa", pero asegura que procesos como la creación de un banco de ADN llevan su tiempo y "deben hacerse bien", además de recalcar que "de nada sirve hacer los cotejos ya, si tampoco tenemos un número sustancial de muestras recogidas".

El camino a seguir por la comisión pasa por un desarrollo normativo que incluye cómo se va a acceder, cómo se van a tomar las muestras, qué perfiles genéticos se sacarán, cuando se enviarán y recibirán perfiles genéticos a nivel nacional y quién tendrá acceso a ellos.

También se necesitará situar la base de datos en un punto físico y Pestano asegura que aún se desconoce cuál será, si el Instituto de Medicina Legal de Las Palmas o en el de Santa Cruz de Tenerife.

"A nivel nacional, el Instituto Nacional de Toxicología ha tomado la iniciativa de crear el banco de ADN para niños robados", al igual que ocurre con los desaparecidos de la Guerra Civil, en donde Pestano forma parte de la comisión técnica nacional, "que ya elabora el proceso administrativo".

Hasta ahora, el trabajo de José Pestano en laboratorio ha sido "particular y voluntario", lo que significa que los resultados no están en manos de nadie sino de él mismo, pero asegura que la Administración incluirá sus resultados desde que se habilite el banco de ADN.

La labor del genetista ha estado dividida entre los represaliados del franquismo, de los que José Pestano tiene los perfiles genéticos de todos los cuerpos encontrados en Canarias; y los niños robados, "cuyas muestras no llegan a diez personas".

Entre el escaso volumen de pruebas en el estudio de bebés robados y la falta de familiares para contrastar con los represaliados encontrados, Pestano concluye que "ha habido falta de publicidad e información sobre la existencia de estos procesos particulares".

El director del Laboratorio de Genética del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas reconoce que las asociaciones de Memoria Histórica saben de su existencia, pero es consciente de que "hay mucha gente fuera de ellas” que no tiene información.

Es un hecho para el investigador que este tipo de estudios "se mueven a otro nivel diferente al universitario", dado que surgen de intenciones particulares y, a pesar de "ver en la Consejería de Justicia buenas intenciones", hasta ahora, no ha sido un proceso institucional.

José Pestano defiende que "es necesario hacer llamamientos desde ya", con el objetivo de informar a los ciudadanos "de la inminente" creación de esta base de datos institucional y, una vez se avise, se hagan la prueba.

El proceso de recolección de perfiles genéticos consiste en la toma de una muestra bucal, conservada a temperatura ambiente, y envuelta en unos sobres especiales que, afirma el genetista, "la protegen durante 20 o 30 años".

Uno de los avances en este procedimiento es "el abaratamiento" de las técnicas, además de la eficacia conseguida con ellas. José Pestano celebra haber "dejado atrás el uso de congeladores, que con un corte de luz, ocasiona daños en muchas muestras".

En el caso de los niños robados, el genetista ve clave "la donación de muestras" de madres o de hijos robados, al tiempo que no cree factible un cribado poblacional por el coste que supondría.

El proceso de análisis no ha sido "tan sencillo" en el caso de los represaliados del franquismo, en donde los huesos están, pero muchos familiares han muerto.

Pestano aclara que, a pesar de los avances en ADN nuclear, que supone ampliar el estudio genético más allá del linaje materno que proporciona el ADN mitocondrial, "sigue siendo difícil un estudio genético con saltos generacionales muy grandes", como la comparación del ADN de un sobrino frente a su tío represaliado.

Sin embargo, el genetista anuncia que, próximamente, su laboratorio contará con técnicas de secuenciación masiva, unas herramientas que servirán para analizar individuos de una misma familia, de forma más amplia, para establecer la identificación deseada. EFE

Las víctimas olvidadas por la memoria histórica del Franquismo.

https://www.resumenlatinoamericano.org/2023/04/26/feminismos-las-victimas-olvidadas-por-la-memoria-historica-del-franquismo/ 



Por Sergio Campos, Resumen Latinoamericano, 26 de abril de 2023.

Repasando unas notas de una entrevista que realicé hace un par de años a una travesti visible durante el franquismo me encontré con una frase que debe hacer reflexionar. Afirmaba —no sin su necesaria dosis de teatralidad— que si en el bolso en vez de un pintalabios hubiera llevado un arma, eso no habría cambiado mucho la represión que sufrió, pero probablemente hoy tendría más reconocimiento social y unos últimos años de su vida con menos estrecheces materiales.

Más allá de su literalidad, esta afirmación pone de manifiesto el tratamiento tan asimétrico que las políticas de memoria han dispensado a la represión política y sindical frente a la “social”, es decir, la que el régimen franquista realizó fundamentalmente a través de la Ley de Vagos y Maleantes y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. No hay ganancia alguna en señalar el agravio comparativo entre unas y otras, ni en argumentar algo sabido, como es que todas las víctimas de vulneraciones de derechos merecen verdad, justicia y reparación. Pero sí es imprescindible identificar qué se puede hacer para solventar la deuda pendiente que tenemos tantas décadas después con estas víctimas que, aún hoy, siguen siendo de segunda.

Aunque en este artículo realizo una argumentación más de tipo sociopolítica para justificar la necesidad de reconocer a estas víctimas, también caben otras diferentes. En todo caso, coinciden con ese mismo objetivo. Y ahí es donde está la finalidad de escribir estas líneas: su inclusión explícita, efectiva y completa en las políticas de memoria.

Desde mi punto de vista, la primera cuestión que debemos plantearnos tiene que ver con repensar la diferenciación entre unas víctimas y otras, entre las políticas y las sociales, porque estas últimas, aunque diferentes, también tienen un componente político. Como veremos más adelante, en aquella época la homofobia (hoy, LGTBIfobia), el antigitanismo y la aporofobia (rechazo y desprecio por las personas en situación de pobreza) no eran exclusivas del franquismo y estaban extendidas en todo Europa. Sin embargo, el elemento diferencial del régimen se encuentra en la intensidad, extensión y continuidad en el tiempo con el que las represalió.

Como muestra de ello durante las cuatro largas décadas que duró la dictadura estuvo en vigor legislación para perseguirlas. Así, por ejemplo, en julio 1954, coincidiendo con el aniversario del golpe militar, se publicaba en el Boletín Oficial una reforma de la Ley de Vagos y Maleantes con el fin de endurecer el castigo a la homosexualidad, que pasó a ser incluida expresamente como supuesto perseguible y no por escándalo público como ocurría hasta ese momento. Del mismo modo, en 1970 está ley fue sustituida por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que profundizó y amplió su contenido. Pero también hay que citar el Reglamento de la Guardia Civil que jugó un papel clave contra la población gitana.

Es importante destacar —tal y como señala Andrea Momoitio— que la ideología nacionalcatólica y el Estado totalitario encontraron en esta legislación un arma poderosa para disciplinar a la sociedad e imponer su proyecto político. Así, estamos ante víctimas de un régimen que las definía como enemigas de la patria y un peligro para la sociedad.

En este sentido, es importante señalar que esta legislación no castigaba delitos, es decir, actos, sino simplemente el hecho de ser. Estas leyes persiguieron a colectivos de personas a los que se presumía peligrosidad criminal por algunas de sus características sexuales, étnicas —en el caso del Pueblo Gitano— o económicas. Además, eran reprimidas con gran dureza, consistiendo las penas bien en la privación de libertad —ya fuera en prisiones o en campos de trabajos forzados—, en el destierro de su lugar de origen o de residencia o bien en su vigilancia a manos de miembros de Falange o de los delegados del Gobierno.

En el caso de las lesbianas hubo importantes particularidades. Más allá del debate de si su supuesta invisibilidad a ojos del régimen las evitó ser represaliadas con este tipo de legislación —aunque hay algunos casos documentados— parece que la persecución que realizó el franquismo —tal y como apunta Lucas R. Platero o Estefanía Sanz Romero en Silenciadas— se realizó desde instancias como la psiquiatría y las órdenes religiosas. Esta realidad específica sumaba la discriminación de ser mujeres a la de su deseo sexual y como apunta María Giralt (fundadora del Col·lectiu de Lesbianes dentro del FAGC) devino para muchas de ellas en la vivencia del terror a ser descubiertas.

A pesar del escasísimo trabajo de investigación que se ha realizado en España y en Euskadi sobre estas vulneraciones de derechos, es posible identificar tres grandes vectores de persecución a través de esta legislación: la homofobia, el antigitanismo y la aporofobia. Se trata de vectores complejos, pues no solo emplean conceptos actuales con los que identificar la motivación de una persecución que en aquel momento histórico se expresaba en otros términos, sino que la represión se llevaba a cabo a través de unos supuestos que en muchos casos eran intercambiables entre sí. No era infrecuente que un “invertido” fuese castigado por el supuesto de prostitución o escándalo público en vez del de homosexualidad, o que personas gitanas lo fueran sistemáticamente por “vagos habituales” —el más frecuente según la asociación de mujeres gitanas ROMI y el investigador Xavier Rothea—, “mendicidad”, carecer de domicilio fijo o su “inclinación al delito”. Por si fuera poco, además, el Reglamento de la Guardia Civil (artículos 4, 5 y 6) hacían referencia directa a la vigilancia escrupulosa de las personas gitanas, el cuestionamiento de sus desplazamientos, sus actividades y modo de vida, o a su detención en caso de no tener documentación.

A la hora de abordar el vector aporofóbico de esta represión es relevante destacar que el mero hecho de carecer de medios y mendigar era un supuesto de persecución, así como no poder justificar el origen de un bien, pero sobre todo que se hacía a partir del concepto de “pobrezas desviadas”. Los investigadores Aarón Suarez y Javier Márquez lo proponen para explicar cómo el franquismo no perseguía toda pobreza, sino que diferenciaría entre una que sería legítima y tolerada de otra pobreza desviada que contravenía los valores del nacionalcatolicismo. Para el primer tipo de pobreza, la dictadura ofrecía algunos escasos recursos benéfico-asistenciales. Para el segundo reservó un duro disciplinamiento con el que trataba de invisibilizar y ocultar a estas vidas perturbadoras para la retórica del régimen.

Llegados a este punto es importante hacer una aproximación desde la interseccionalidad a estas realidades, puesto que existía un importante sesgo de clase social en esta represión. Toni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Srociales, y también Arturo Arnalte —autor de Redada de violetas—, explican cómo había un claro trato de favor cuando se trataba de personas homosexuales vinculadas al régimen o con alto poder adquisitivo. También cómo la propia sanción de la ley implicaba la pérdida del empleo, abocando en muchos casos a la prostitución y a la pobreza. Por su parte, en el caso del Pueblo Gitano, la sobrerrepresentación de las mujeres en las cárceles tenía implicaciones de represión de género muy específicas.

Para dar cuenta de la intensidad y extensión de la represión que representó este derecho del enemigo, la obra El látigo y la pluma, de Fernando Olmeda, es una gran referencia. A nivel cuantitativo las fuentes son escasas, pero ofrecen cifras significativas. Por ejemplo, los autores de la obra Verdugos impunes señalan que solo con la ley de peligrosidad social, entre 1974 y 1975, se instruyeron en toda España 58.000 expedientes con 21.000 condenas asociadas. Por su parte, la Asociación de Ex Presos Sociales cifró en 5.000 los homosexuales represaliados con estas leyes a lo largo de todo el franquismo y en 1.000 los encarcelados. En el caso del Pueblo Gitano, el historiador Javier Gómez Calvo señala su altísima presencia en las 5.661 fichas que ha estudiado de personas reclusas que cumplieron pena en establecimientos penitenciarios únicamente de Araba entre 1958 y 1970. La labor de la historia, el derecho o la criminología está llamada a ser clave para identificar a estas víctimas dentro de ese enorme volumen de expedientes en base a criterios claros y justos.

Si las cifras citadas dan una idea aproximada de la enorme magnitud de la represión social durante el franquismo, al ponerlas en relación con las políticas de memoria implementadas para atender esta realidad hallamos una contradicción grave y una enorme deuda pendiente con estas víctimas. Y ello a pesar de la reivindicación que de esta causa realizaron, sobre todo durante los primeros años de la democracia, colectivos sociales como EHGAM en Euskadi, CNT, COPEL o el impulso para derogar esta legislación realizado por parte del diputado gitano Juan de Dios Ramírez Heredia.

En el año 2007 la Ley de Memoria Histórica (artículo 2.2) reconoció como víctimas de la represión a las personas LGTBI junto a otros colectivos —no así al Pueblo Gitano— y abrió la puerta a que se creara la Comisión de indemnizaciones a expresos sociales. Sin embargo, la realidad es que —posiblemente por la inadecuación del procedimiento a las características de estas victimaciones— hasta el año 2012, en que la comisión fue derogada por el Partido Popular, solamente recibió 183 solicitudes de las que tan solo 116 fueron resueltas positivamente. La Ley de Memoria democrática aprobada el año pasado ha habilitado nuevamente esta comisión. Queda por ver con qué resultados.

En Euskadi a diferencia del trabajo realizado con las personas represaliadas durante el franquismo por diferentes causas (personal de las administraciones vascas de la época republicana, personal docente en ikastolas, las colectividades y centros vascos, privación de libertad por supuestos políticos o sindicales, batallones de trabajadores, abusos policiales…), nunca se ha atendido a las represaliadas con las leyes de vagos y maleantes o de peligrosidad social, como tampoco lo hizo en su día la Ley de Amnistía de 1977. Desde el punto de vista del reconocimiento solo consta una actuación en Euskadi: un homenaje el 3 de febrero de 2008 a los homosexuales que pasaron por Nanclares de la Oca.

Por todo lo expuesto es imprescindible y urgente adoptar una serie de medidas desde el ámbito institucional que traten de saldar la enorme deuda que tiene la sociedad vasca con estas víctimas del franquismo. Empezando por el reconocimiento expreso y explícito de todas estas víctimas (LGTBIfobia, antigitanismo y aporofobia), su carácter particular y la deuda existente con ellas aún hoy; siguiendo por garantizar que accedan de forma efectiva a las medidas de reparación económica que les corresponde como víctimas del franquismo, adoptando las instituciones un enfoque proactivo y adaptado al importante estigma que aún pesa sobre estos colectivos y circunstancias; y terminando con el impulso prioritario de estudios e investigaciones que aporten verdad y justicia sobre este conjunto de vulneraciones de derechos. La próxima Ley Vasca de Memoria Histórica y Democrática es una oportunidad inmejorable para todo ello.

Fuente: Pikara Magazine

Tefía, infierno para homosexuales en el franquismo: "Le bajaron del camión, le obligaron a desnudarse y ponerse a cuatro patas"

 https://www.lasexta.com/noticias/nacional/tefia-infierno-homosexuales-franquismo-bajaron-camion-obligaron-desnudarse-ponerse-cuatro-patas_20230428644bdf502a35640001e908e6.html


Entre mediados de los años 50 y 60 existió en este municipio de Fuerteventura una suerte de campo de concentración en el que quedaron recluidos una veintena de homosexuales. Allí, fueron agredidos, vejados y sancionados por su orientación sexual.
Juan Curbelo: "Que este daño lo conozca el mundo; yo soy maricón, invertido, pero no vago ni maleante"Octavio García: "Las palizas que yo vi allí... Como te equivocaras de paso, te daban con una fusta"

Fachada de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía (Canarias) | Gobierno de Canarias

"Por Dios, por la virgen del Pino, haz algo para que este daño lo conozca el mundo, porque yo soy maricón, invertido, pero no vago ni maleante". Como sucedió con otros miles, Juan Curbelo (1934, Las Palmas), autor de la cita, y Octavio García (1931, Las Palmas) quedaron marcados para siempre por su identidad y orientación sexual. Según datos oficiales, unos 5.000 homosexuales fueron encarcelados durante la dictadura, cuando no apaleados o asesinados directamente por la policía del franquismo o los simpatizantes del régimen. Aquellas escenas dantescas no tardaron en normalizarse en muchos sectores, y no era de extrañar: ser LGTBIQ+ llegó a tipificarse como delito.

Frente a los pilares que sustentaban el terreur blanche de Franco (el fascismo y el nacionalcatolicismo), el colectivo fue señalado desde el primer momento, si bien su persecución fue silenciada a otro nivel. "El franquismo se trabajó muy bien el olvido a través del miedo. Pero, en este caso, el olvido era doble, porque tanto en la derecha como en la izquierda había un prejuicio enorme hacia la homosexualidad. Eran marginados por ambos lados, había desprecio". Quien firma estas palabras es Miguel Ángel Sosa Machín, autor de uno de los primeros trabajos que registraron la existencia de una suerte de campo de concentración en Tefía, municipio en la isla de Fuerteventura (Gran Canaria) a donde fueron trasladados multitud de gays.

En 'Viaje al centro de la infamia' (2006, Anroart), Sosa Machín retrató a través de expedientes penitenciarios y testimonios valiosísimos para la memoria democrática el funcionamiento de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, centro activo entre mediados de los años 50 y 60 que sirvió para la reclusión y 'reeducación' de presos comunes y políticos, pero también de homosexuales varones, a partir de hambre y palos. Una crueldad amparada por la famosa Ley de Vagos y Maleantes que modificó Franco para acabar de un plumazo con la diversidad sexual. Así quedó registrado en una publicación del Boletín Oficial del Estado el 15 de julio de 1954.

"Los homosexuales [...] deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás; prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio; sumisión a la vigilancia de los delegados", rezaba el texto de aquel BOE. "Los marcaron para siempre. Vieron humillación, odio, maltrato, miseria. Una condena totalmente injusta", denuncia Sosa Machín en su conversación con laSexta. Tal fue el horror vivido allí que Juan y Octavio no decidieron hasta varias décadas después dar a conocer lo ocurrido en Tefía. Y fue el autor que quiso narrar la represión franquista contra los homosexuales quien recogió sus testimonios.

La rebelión de Juan Curbelo

Primero lo hizo con Curbelo, durante la tarde de un lunes cualquiera, en casa de este: "Él quería demostrar que eso fue real, que él estuvo allí, que lo maltrataron y humillaron, y lo padeció. Fue un luchador nato. También era muy desconfiado porque había recibido muchos palos". Arturo Arnalte, periodista y autor de 'Redada de violetas: la represión de los homosexuales durante el franquismo', añade en esta investigación paralela a la de Sosa Machín que la estancia de Juan en Tefía "era una sucesión de palizas, y su condena se alargó hasta apurar el máximo en aquella cárcel cuartel. Tres años estuvo siguiendo la misma rutina". Una rutina consistente casi de forma exclusiva en duros trabajos forzados, así como en agresiones y otras sanciones graves ante cualquier 'infracción' cometida allí.

Así consta en otro estudio sobre Tefía, el de Víctor M. Ramírez, autor de 'Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición'. En su investigación se estima que de los 300 presos que pudo haber llegado a albergar la colonia canaria, al menos una veintena fueron encarcelados por su condición homosexual. "Pero Juan se rebeló desde el principio. A él le costaba expresar su dolor. Tenía dificultad para expresar todo ese miedo, esa humillación, porque no tenía el arma de la formación mínima para expresarse. Pero Juan se pegó tres años allí porque se rebelaba. Y los presos dependían de los partes de conducta trimestrales que sacaban en la colonia", apunta Sosa Machín.

Antes de su ingreso en Tefía, Juan Curbelo ya "goza de mala conducta moral por ser invertido y tiene los ademanes propios de mujer"

El escritor señala que la insumisión por querer ser libre le dejó inevitables secuelas que perduraron en el tiempo: "Cuando yo le nombro al director del centro, él empezó a gritar: '¡Verdad que es verdad, que yo no mentí!'. El hombre se emocionó". En la obra de Arnalte se describe de esta manera al máximo responsable del campo de Tefía en aquel momento (su identidad no está del todo clara): "El director no era un capo nazi con monóculo, fusta y botas de montar, sino un sacerdote castrense de Vitoria que dictaba cuántos palos, a quién se habían de dar y por qué agravio, del que él era el único árbitro. Un sacerdote que escondía las cartas de los familiares y determinaba, con sus informes a los juzgados, si los condenados debían permanecer en Tefía el año mínimo o el máximo de margen las ambiguas condenas a vagos y maleantes".

Las palizas no eran el único problema. Todo aquel drama se desarrollaba en un escenario de marginalización, pues los homosexuales estaban separados de otros presos en espacios y salas bien delimitadas, pero también de hambruna y escasez de recursos que marcaban aún más la vulnerabilidad de los presos: llegaban a buscar en las basuras y a prostituirse con otros presos y funcionarios a cambio de comida. Así lo relató Curbelo cuando comenzó a hablar. Para entonces, ya habían pasado muchos años desde su estancia en aquel centro penitenciario de Fuerteventura, una de sus muchas paradas en su viaje a la infamia.

Aspecto de la Colonia de Tefía durante la celebración de una misa

Juan fue detenido muy joven, antes de llegar a la veintena, por homosexual. Sucedió en el intermedio de una película. El motivo: hablar con otro joven. Según un escrito de la Comandancia de la Guardia Civil al que Sosa Machín tiene acceso, antes de este arresto Juan ya "goza de mala conducta moral por ser invertido y tiene los ademanes propios de mujer". En el trabajo de Arnalte se añade que "era detenido con frecuencia en las redadas que efectuaba la policía y su madre se pasaba la vida yendo y viniendo de casa a sacarlo de la comisaría de la Plaza de la Feria o a la cárcel de Barranco Seco". Tan solo un mes y medio después de la intervención policial, Juan ingresó en la colonia. Allí permaneció tres años.

La Liberación de Octavio García

La detención de Octavio García fue similar. Así lo pudo saber Sosa Machín, quien, precisamente durante su charla con Curbelo, tuvo la 'suerte' de presenciar una llamada telefónica del otro preso en Tefía. "Llamó en un momento determinado y él (Curbelo) me dijo: ‘Es Octavio. Sabía que tú ibas a venir y llama para ver cómo ha ido, y yo le acabo de decir que tú estás aquí todavía'. A mí Octavio no me respondía por el miedo... hasta que me respondió". Cuenta el escritor que no fue una conversación nada fácil para ambos. García llegó a sufrir problemas físicos a la hora de relatar su testimonio, pero insistió en la necesidad de contar lo que vivió.

La tragedia de Octavio por ser homosexual queda resumida así en 'Viaje al centro de la infamia': "Fue así como supe que había sido denunciado por la madre de un invertido ricachón; supe también de su padecer en la prisión de Las Palmas de su posterior viaje al centro de la infamia, y del último golpe que recibió en Tefía: la madrugada en que salía de libertad, con el pretexto de saber si llevaba escondida alguna carta, lo hicieron bajar del camión en que se iba, lo obligaron a desnudarse y a ponerse a cuatro patas". Antes del último gesto de humillación en Tefía, vivió y sufrió todo lo demás. Lo expresó él mismo en una entrevista concedida a Víctor M. Ramírez y el equipo de memoria histórica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria:

 

"Estuve 16 meses preso. Te transforma, te quita la mente, te la estropea, porque allí no había más que cargar piedras y agua. Había hombres que llegaban con 80 kilos y se quedaron pesando 45 o 50. Las palizas que yo vi allí... Como te equivocaras de paso, te daban con una fusta". En esa misma intervención dejó también constancia del pesar que aún arrastraba: "¿Cuántos momentos por la noche me pongo a pensar y se me saltan las lágrimas? Me pongo a rezar y digo 'Dios mío, quítame estos pensamientos de la mente'". García no tuvo dudas, según cuenta Sosa Machín a laSexta, de que lo que vivió en Tefía se parecía más a un campo de concentración que a lo que llamaban colonia penitenciaria agrícola: "Octavio hablaba de que solo faltaban los hornos crematorios. Era un hombre leído, y sabía lo que había sucedido en la II Guerra Mundial".

Embarazos gemelares, “presas fáciles” para el tráfico de menores en Canarias

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Domínguez García - EFE

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Isidoro Jiménez Pérez piensa que sus padres “eran una presa fácil” para el sistema de tráfico de menores en Canarias y explica que escuchó por primera vez testimonios de niños robados en España a través de la radio, cuando se relataba la historia de un bebé robado que guardaba similitudes con la supuesta muerte de su hermano gemelo.

En ese momento comenzó la búsqueda documental de su otra mitad. “Durante la dictadura robaban a niños de las madres republicanas, dejaban que estuvieran con ellas dos años en la cárcel y luego se los quitaban”, relata a EFE Isidoro Jiménez, “una vez acabada la dictadura ese chollo tenía que continuar, así que, ¿cuál era la mejor opción?; Los partos gemelares de familias humildes”.

Nacido en 1963 en la Clínica Santa Catalina de Las Palmas de Gran Canaria y criado en el municipio de Arucas, su familia se dedicaba a la agricultura; eran de origen humilde y tenían el seguro de la Unión Previsora, lo cual les condujo al ginecólogo responsable del parto.

“El le dijo a mi madre que, cuando fuera a dar a luz, lo llamase a él y que, probablemente, tuviese uno de los dos niños muertos. Eso era imposible”, afirma.

Isidoro visitó todas las instituciones que pudiesen facilitarle la documentación necesaria sobre su partida de nacimiento, pero al acudir a los organismos correspondientes le respondieron que “no existía nada”.

Al cabo de un tiempo descubrió una asociación sobre niños robados y encontró que una compañera vivió la misma experiencia. “Me contó que su madre había entrado en el hospital con una almohada en el vientre y al salir tenía a la niña en brazos; el médico de ese parto también el mismo”, explica la víctima.

Esa compañera le recomendó trasladarse a su lugar de nacimiento y crianza para consultar el registro e intentar averiguar si había algún papel; entonces, Isidoro fue a Arucas y en los documentos encontrados ponía “que el ginecólogo era otro del pueblo, ya fallecido”. En ese punto se atascaron sus investigaciones y no consiguió continuar.

Tras el parto, la familia de Isidoro no recibió el cadáver del menor, tampoco saben donde se encuentra enterrado. “La gente me comenta que mi caso es el típico de robo de gemelos. Como éramos dos pues no importaba que nos quitasen uno porque mis padres eran gente humilde y no iban a rebuscar”, opina.

Él cree que sus padres “eran una presa fácil” para el sistema de tráfico de menores perpetuado en las islas, porque “los humildes no cuestionan la voluntad de los médicos”.

Reconoce que durante un tiempo se rindió con la búsqueda porque era “demasiado complicado y es más sencillo que él (su hermano) nos intente encontrar”, y cuenta el martirio de su madre hasta su muerte, siempre pensando que era su culpa haber perdido uno de los bebés.

“A lo mejor un día que se me cayó una gallina encima de mí y le hice daño”, recuerda que se lamentaba su madre. Sin embargo, nunca cuestionó lo ocurrido porque “era una mujer muy religiosa”.

Asegura Isidoro que siempre sintió “la llamada de su hermano” y que le queda la pena de pensar que a lo mejor tiene “un gemelo por ahí” y no sabe que su familia real existe.