dimecres, 16 d’agost de 2017

La descendiente de dos fusilados pide a la ONU su exhumación del Valle de los Caídos

https://politica.elpais.com/politica/2017/06/01/actualidad/1496314080_140366.html?id_externo_rsoc=whatsapp


María Purificación Lapeña Garrido ha presentado una denuncia contra España por la vulneración reiterada al derecho judicial reconocido desde hace un año


Manuel Lapeña, primero por la izquierda, muestra una fotografía de su padre fusilado, acompañado de su familia en su casa de Zaragoza el pasado 12 de mayo.
Manuel Lapeña, primero por la izquierda, muestra una fotografía de su padre fusilado, acompañado de su familia en su casa de Zaragoza el pasado 12 de mayo. BERNARDO PÉREZ
La batalla legal de María Purificación Lapeña Garrido no termina, ni siquiera después de lograr la victoria en los tribunales. Esta aragonesa ha presentado una denuncia ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) contra España por no cumplir la sentencia que reconoce el derecho a la exhumación de su abuelo y su tío abuelo del Valle de los Caídos, donde fueron enterrados tras ser fusilados por el régimen franquista.
El pasado 30 de marzo de 2016 el juez de apoyo de San Lorenzo de El Escorial José Manuel Delgado emitió un auto por el que reconocía “el derecho a la digna sepultura" de los Lapeña. En julio Patrimonio Nacional afirmó que cumpliría las resoluciones judiciales "escrupulosamente", pero una vez que las recibió, pidió dos informes más. El resultado es que un año después, los cuerpos de los hermanos represaliados siguen enterrados en el mausoleo franquista.
"Hemos acudido a Naciones Unidas buscando un fallo humanitario que haga cumplir al Gobierno español la sentencia que reconoce el derecho a exhumar a los hermanos Lapeña, fusilados como tantos otros por ser demócratas", señala el abogado de la familia, Eduardo Ranz, en un comunicado.
“No se debate el derecho a la reparación de las víctimas, sino la vulneración de la tutela judicial efectiva de la demandante”, indica Ranz, quien recuerda que la sentencia es firme y que “ningún ente público, administrativo o judicial ha procedido a su cumplimiento”.
Por ello denuncia al Estado español por incumplir los pactos civiles y políticos, y pide que se dicte un fallo por el que María Purificación Lapeña recupere los restos de su abuelo y de su tío abuelo, Manuel y Antonio Ramiro Lapeña Altabás.
Una de los documentos en los que se basa la denuncia, según detalla Ranz, es un reciente informe fotográfico publicado por la Cadena SER con imágenes del interior de la cripta del Valle de los Caídos que permiten apreciar que la exhumación es “viable” y que no hay ningún obstáculo que la impida, lo que demuestra la “falta de sensibilidad del Gobierno español con las víctimas”.
Ranz ha explicado a EL PAÍS que a partir de ahora el Gobierno tiene la posibilidad de presentar alegaciones y que el proceso se resolverá en unos seis meses. Añade que el resultado podría dar lugar a una resolución ejecutiva e incluso desembocar en una sanción para España.
El letrado recuerda que en el último lustro el caso de los Lapeña ha sido visto por un Juzgado de Instrucción de San Lorenzo de El Escorial, la Audiencia Provincial de Madrid, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Juzgado de Primera Instancia número 2 de San Lorenzo de El Escorial y el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.

MÁS INFORMACIÓN

El último escondite de Ramó Ruiz Alonso, el hombre que detuvo a Lorca el 16/08/1036..


http://www.larazon.es/cultura/el-ultimo-escondite-del-hombre-que-detuvo-a-lorca-AK15796420




  • El que fuera diputado de la CEDA Ramón Ruiz Alonso, que tal día como hoy delató y apresó al poeta granadino, 

  • se escondió en una casa de Las Vegas en la recta final de su vida

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En la ciudad del pecado. El 3576 de Clear Lake CT., en Las Vegas, el lugar en el que pasó oculto sus últimos años.
La primera parte del drama empezó tal día como hoy de 1936, hacia las cinco de la tarde, cuando un grupo de hombres armados se personó en el número 1 de la calle Angulo de Granada. El objetivo era apresar a un enemigo, a un muy peligroso enemigo que, según el cabecilla del grupo, «ha hecho más daño con la pluma que otros con su pistola». Ese hombre se llamaba Ramón Ruiz Alonso y ha pasado tristemente a la historia como el responsable de la denuncia y la detención que desembocó en el asesinato de Federico García Lorca, hace hoy 81 años.

En 1975, tras la muerte de Franco, Ruiz Alonso se dio cuenta que ya no tendría el encubrimiento del que había disfrutado durante la dictadura. Esa protección se le acabó, hecho que provocó que el que fuera diputado de la CEDA se viera obligado a huir de España escondiéndose en la otra punta del mundo, allí donde pensaba que no nadie le hallaría. Ese sitio fue una pequeña casa situada en un barrio en las afueras de Las Vegas, Nevada. La dirección era 3576 Clear Lake Ct. Aquel apartamento está hoy en día en venta gracias a una inmobiliaria llamada Zillow. Se puede alquilar por unos 515 dólares al mes o se puede comprar por casi 140.000. La casa fue vendida en 1997 por 61.000 dólares. De esta manera podemos saber que el último hogar de Ruiz Alonso, una vivienda con un exiguo jardín, contaba con tres dormitorios y un cuarto de baño, además de un aparcamiento.

El lugar en el que se escondió perseguido por el fantasma de Lorca fue construido en 1971, es aparentemente pequeño y está muy alejado del centro de la meca del juego. Desde luego el hombre que detuvo al poeta no debió pasar inadvertido a sus vecinos. Viejo y orondo, con una apariencia cansada y sin saber inglés, ya no contaba con la ayuda del franquismo. Poco se sabe de esos últimos días, ni siquiera su familia lo quiso aclarar cuando murió el personaje. En ese tiempo fue su hija María Julia Ruiz Penella, casada con Ward Messing, un actor estadounidense de nombre extraño, quien estuvo a su lado. Al periodista granadino Eduardo Molina Fajardo, poco antes de la muerte de Franco, Ruiz Alonso le confesó que estaba escribiendo unas memorias con su versión de los hechos. Incluso le dijo el título: «Así se escribe la Historia». Nada se ha sabido de ese texto si es que el hombre que detuvo a Lorca realmente lo llegó a concluir. No parece descartado pensar que aprovecharía ese tiempo en Las Vegas para retocar un manuscrito que quería dar a imprenta en vida o, como le dijo a Molina, «cuando Dios me haya llevado».

No tenemos la fecha exacta, pero parece que Ruiz Alonso falleció en 1978. Sin embargo, su familia no quiso traer las cenizas a España hasta 1982. Fue concretamente el 17 de octubre del citado año cuando fueron depositados los restos en un panteón de la Sacramental de San Justo en Madrid. En la tumba se lee «Familia Ruiz Penella» y en ella solamente se ha inscrito el nombre de Magdalena Penella Silva, la esposa de Ramón Ruiz Alonso, que había fallecido en Madrid el 23 de julio de 1974. Años después, Emma Penella, una de sus cuatro hijas, le dijo al periodista Gabriel Pozo que no habían querido inscribir el nombre de su padre en la tumba para evitar que ésta fuera agredida. El 20 de diciembre de 2009, este diario reveló por primera vez dónde fueron a parar los restos del hombre que denunció y detuvo a Lorca.

Ironías del destino
Hay una ironía final en la última morada del delator. Su tumba está a no muy pocos metros del panteón que posee la familia García Lorca en la Sacramental de San Justo. Vicenta Lorca Romero, madre del poeta, y Concha e Isabel García Lorca, hermanas del autor de «Bodas de sangre», están a poca distancia del hombre que significó una parte importante en la maquinaria que desembocó en el asesinato de Federico García Lorca, en algún lugar entre las localidades de Víznar y Alfacar.

La dictadura franquista se cuidó de hacer lo posible para no molestar a Ruiz Alonso y que éste no hablara. En el tiempo en el que vivió en Madrid, en su domicilio de Maestro Chapí, número 7, apenas fue molestado, concediendo únicamente tres entrevistas sobre el caso. Los investigadores Agustín Penón, Ian Gibson y el citado Eduardo Molina Fajardo pudieron conversar con él sobre la detención del caso. Ruiz Alonso elaboró un relato muy parecido a los tres, negando siempre que la calle Angulo de Granada la tomaran unos hombres armados, que aquello fuera una detención, que supiera que se trataba de la casa de la familia Rosales... Pero mentía porque él fue en todo momento consciente y pensaba que estaba ganándose el reconocimiento de los suyos al atrapar a quien era considerado como un enemigo peligrosísimo.

Un día antes de la detención, en Víznar, Ramón Ruiz Alonso había acudido a los actos por la festividad de la Asunción de la Virgen. Allí se encontró con algunos de los actores principales de la represión que se estaba realizando en la ciudad de la Alhambra. Entre ellos estaba el que fuera tesorero de Falange, Antonio Rosales Camacho, también conocido como «el Albino» que estaba especialmente molesto por un «invitado» que se alojaba desde hacía casi una semana en casa de sus padres. A Antonio, al igual que a su hermano Miguel, no les hacía gracia que un enemigo estuviera en el hogar familiar de la calle Angulo. Además el enemigo, muy amigo de su hermano Luis, era homosexual. El colmo. Antonio no dudó en exponerle el problema al camarada Ruiz Alonso.

El dirigente y ex diputado de la CEDA pasó parte de la tarde del 15 de agosto de 1936 en la redacción del diario «Ideal» escribiendo a máquina la denuncia con la que poder detener al «invitado» de los Rosales, un tal Federico García Lorca. Orgulloso de su labor consiguió el visto bueno del gobernador civil José Valdés para poder llevar a cabo la operación de detención. Había que darse prisa porque se estaba estudiando la posibilidad de cambiar al poeta de escondite probablemente la noche del 16 al 17 de agosto para llevarle hasta la residencia de Emilia Llanos, una de sus mejores amigas. Ruiz Alonso llegó acompañado de un matón llamado Juan Luis Trescastro y un ingeniero derechista de nombre Luis García-Alix. No había ningún hombre en la casa y fue la madre de los Rosales quien tuvo que enfrentarse al grupo armado. Llamaron a la puerta a las cinco de la tarde y Lorca escuchó desde su habitación todo cuanto ocurría en el patio de la casa. Ruiz Alonso permitió que el poeta se cambiara de ropa y que se presentara uno de los hermanos Rosales, concretamente Miguel, para acompañarlo hasta el Gobierno Civil. El resto es historia, una historia que tuvo en Ramón Ruiz Alonso a uno de sus más orscuros protagonistas.


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dimarts, 15 d’agost de 2017

Nafarroa: 22 nuevas fosas se incorporan al mapa de enterramientos franquistas.


http://www.eldiario.es/norte/navarra/ultima_hora/nuevas-fosas-incorporan-enterramientos-franquistas_0_675783038.html


Un total de 76 actuaciones llevadas a cabo en año y medio tienen ya su reflejo en el conocido como Mapa de Fosas de Navarra, una herramienta informática que refleja la ubicación y la información relativa a los enterramientos de víctimas franquistas en la Comunidad foral. Concretamente, esta herramienta acaba de incorporar la información relacionada con 22 nuevas fosas de muertos durante el franquismo, ha actualizado la información disponible sobre otros 38 enterramientos, ofrece también datos sobre 21 nuevas identidades de fallecidos cuya filiación se ha acreditado, y proporciona datos aproximados del lugar de enterramiento en el que pueden encontrarse cerca de 40 víctimas del régimen franquista.
La creación del Mapa de Fosas viene recogida en la ley de Memoria Histórica y en la ley de reconocimiento y reparación moral de los navarros asesinados tras el golpe militar del 36. Es una herramienta informática en la que se va recogiendo toda la información de que disponen las instituciones y las asociaciones especializadas en la recuperación de la memoria histórica. Aunque fundamentalmente ofrece información geolocalizada sobre las víctimas del franquismo, sobre las fosas en que fueron enterrados sus restos y sobre otros lugares significativos en esa etapa, también se ha convertido en un instrumento muy útil para el acceso a una documentación histórica.
Hasta 2015, la actualización del mapa de fosas se llevó a cabo, básicamente, gracias a las aportaciones de información que ofrecían asociaciones memorialistas, estudiosos, investigadores e informadores particulares. Esta colaboración de personas dedicadas a la reparación de la memoria de las víctimas del franquismo sigue siendo hoy imprescindible, pero la actualización del Mapa de Fosas recoge además mucha información relativa a las actuaciones que el Gobierno ha venido realizando a través de varios convenios con asociaciones como Aranzadi.
El Mapa de Fosas es un instrumento que se coordina entre la sociedad pública Tracasa y la dirección general de Palz, Convivencia y Derechos Humanos, de forma que todas las actuaciones de documentación, prospección y exhumación impulsadas desde el Gobierno tienen también reflejo inmediato en esta herramienta.
Concretamente, se ha incorporado información sobre los 54 cuerpos recuperados en el programa de exhumaciones, las 14 identificaciones de víctimas logradas a partir de la creación del banco de ADN y detalles sobre todas las prospecciones realizadas.

La destrucción de la plaza de toros de Badajoz. Francisco Espinosa Maestre.

http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/destruccion-plaza-toros-Badajoz_0_674732944.html


                                                              El primer deber de la democracia es la memoria                                                                            Pierre Vidal-Naquet, historiador
Han pasado ya casi dos décadas desde que tuvo lugar el gravísimo atentado arquitectónico e histórico contra la plaza de toros de Badajoz. Arquitectónico por tratarse de una plaza enclavada en el sistema defensivo de la ciudad e histórico por haber sido escenario de un hecho clave y simbólico a las pocas semanas de producirse el golpe militar de 18 de julio de 1936.
Tal despropósito se justificó en su momento en que prácticamente ya no había nada dentro, solo ruina. Pero basta revisar viejos documentales accesibles por Internet para saber que dicha afirmación es falsa.
Aquel lugar, uno de los símbolos más reconocidos, dentro y fuera de nuestro país, de la resistencia democrática y del terror fascista fue sustituido por un palacio de congresos de esos que abundan en España con o sin sentido (solo en Extremadura hay cinco).
Podría haber sido construido en cualquier otro lugar de la ciudad pero alguien decidió que debía estar precisamente ahí. El presupuesto oficial fue de mil quinientos millones de pesetas, generosamente proporcionados por los fondos europeos, pero en realidad debió costar costó bastante más.
Plaza
La Plaza, con la puerta de entrada
El responsable de tal hecho fue Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Esta decisión personal tiene relación sin duda, como luego veremos, con su visión de la “guerra civil”. El entonces presidente de la Junta de Extremadura Rodríguez Ibarra no contempló en ningún momento la permanencia de aquel monumento.
El supuesto mal estado de conservación era una excusa. Se trataba de un edificio catalogado y con protección estructural del que el mismo Luis Pla, que llegó a hacer una propuesta sobre su conservación y uso, reconocía que había sufrido durante años intervenciones diversas no solo desafortunadas sino ilegales. Nadie sabía qué hacer con él. Ni el PSOE en los doce años en que controló tanto la alcaldía de la ciudad como la presidencia de la Junta (1983-1995) ni, por supuesto, el PP, que aún mantiene la alcaldía desde entonces.
O sea que la responsabilidad del estado en que llegó la plaza a 1998, cuando Rodríguez Ibarra decidió su final, fue consecuencia tanto del abandono en que estuvo desde que se dejó a su suerte en plena dictadura al construirse otra en 1967 como de la actitud del PSOE en esos años en que pudo hacer algo. ¿Imaginan lo que debió pasar por la cabeza del alcalde Celdrán cuando Rodríguez Ibarra le comunicó su idea? Lo que la derecha pacense no se había atrevido a hacer en décadas ahora venía de la mano del primer dirigente regional del PSOE, el partido más afectado por las matanzas fascistas. Cabe preguntarse si existe relación alguna entre el PSOE de entonces y el de ahora aparte de la coincidencia de siglas.
Todo parece indicar que la plaza fue destruida por una cuestión ideológica: se trataba simplemente de un símbolo que había que arrasar, de un elemento negativo que convenía que desapareciera de la ciudad, llevándose de paso consigo los recuerdos que concitaba. Al presidente Ibarra no le gustaba ver aquello allí y, teniendo por base su idea de lo que era la superación del pasado y la reconciliación, y sintiéndose el intérprete de todos los extremeños y de todos los españoles, decidió su destrucción.
La plaza de toros era un lugar de memoria de similar importancia a la de otros que se conservan en Europa y que por supuesto nadie osaría destruir. Sin embargo, frente a la frase de Vidal-Naquet que encabeza el texto, la cúpula del PSOE decidió que el primer deber de la democracia era el olvido, lo cual encontró su mejor exposición en Felipe González cuando dijo aquello de “Nosotros decidimos no mirar atrás”. A Rodríguez Ibarra le estorbaba la plaza de toros porque probablemente le estorbaba el pasado. Hacían falta todo tipo de votos y el compromiso con el pasado podía restar muchos.
No hablamos de una decisión de los primeros años ochenta, cuando aún resonaba la intentona de febrero de 1981, sino de 1998, tras dos décadas de democracia y cuando ya se ha producido el turno político del PSOE al PP. ¿Tuvo relación la decisión de Rodríguez Ibarra con la salida del poder del PSOE en 1996 tras una legislatura desastrosa? ¿Quiso con ello tranquilizar y agradar a las derechas pacenses tomando una decisión que aquellas sin duda verían con agrado?
Plaza de Toros, puerta de acceso con el interior al fondo. Documental britanico de 1981
Plaza de Toros, puerta de acceso con el interior al fondo. Documental británico de 1981
Pese a la gravedad de la decisión tomada por Rodríguez Ibarra nadie dijo nada. El silencio fue casi absoluto. Hasta donde yo sé solo hubo tres voces críticas. La de IU recogiendo firmas para frenar aquel despropósito; un cartel con el que amaneció la ciudad el 14 de agosto de 2002, y la introducción que hice para mi libro La columna de la muerte en 2003. Cuando se tuvo noticia de lo que iban a hacer con la plaza, IU, que solía colocar allí flores todos los 14 de agosto, decidió recoger firmas para salvarla.
Asimismo mostraron imágenes del estado en que estaban las zonas interiores de la plaza de toros cuando decidieron tirarla, de las bóvedas de cañón y de los toriles. También se apreciaban impactos de disparos. Lo que la plaza sufría eran treinta años de abandono y  saqueo. Los herrajes de forja de los palcos superiores, algunos de los cuales pasaron a manos privadas, se encontraban en almacenes municipales. El monumento se pudo haber restaurado pero simplemente no se quiso.
Una vez construido el palacio, ante las críticas y por iniciativa del propio arquitecto del proyecto José Selgas, se intentó corregir el hecho de que no se aludiera en modo alguno a lo que allí hubo con una plaquita y con eso que hay fuera, obra de Blanca Muñoz, y cuyo significado verán todos los que estén allí a las dos de la tarde de los días 14 al 17 de agosto de cada año. Una hora y una fecha ideal en Badajoz para asistir al milagro astronómico de la galaxia espiral. El nombre de la obra es por lo visto “Eclíptica II” y constituye sin duda un broche final adecuado al plan de Rodríguez Ibarra.  
El cartel, con formato taurino, constituía una dura crítica a la destrucción de la plaza de toros. Ninguna imprenta de Badajoz quiso hacerlo, razón por la que hubo que llevarlo a la vecina Elvas (Portugal). Podemos imaginar dos razones para tal negativa: por la ideología del responsable de la imprenta o por temer las consecuencias.
Además se intentó que nadie lo viera, para lo cual madrugadoras manos arrancaron los carteles desde que se tuvo noticia de su existencia, aunque no obstante quedaron algunos que despertaron la curiosidad de los vecinos. El cartel, firmado por Mercenarios de la Idea, pretendía traer a la memoria de la gente los nombres de los protagonistas y consentidores de la matanza: nacionales, locales, militares, civiles y eclesiásticos, y lo hacía en el formato que mejor le iba al asunto: en el de un cartel de toros.
Por otra parte, mi introducción a La columna de la muerte sentó fatal, máxime cuando la Junta decidió poco antes adquirir un importante número de ejemplares (una quinta parte de la edición) por tratarse de la primera investigación en la que salían a la luz los nombres de miles de personas represaliadas y una relación detallada de lo ocurrido entre el triunfo del golpe en Sevilla y la llegada de las columnas facciosas a Mérida y Badajoz.
Cuando la editorial les envió la copia yo aún no había concluido la introducción. Y sentó mal porque en dicha introducción se hacia una crítica fundamentada de la destrucción de un símbolo tan importante como ese y de la absurda decisión de colocar en su lugar un palacio de congresos. Había que proteger la decisión de Rodríguez Ibarra y evitar toda crítica y, como es lógico, aquello tuvo sus consecuencias. De entrada, anularon la presentación en la que intervenían Justo Vila, Francisco Muñoz y Francisco Fuentes y ni siquiera asistieron al acto celebrado en la feria del libro. Y todo ello porque en un libro de más de quinientas páginas había cinco en las que se criticaba una decisión del líder. Lo que no pudieron evitar es que el libro haya tenido seis ediciones en trece años, la última hace unos meses.
La matanza de Badajoz en un periódico francés
La matanza de Badajoz en un periódico francés
Se aludió antes a la visión de la “guerra civil” de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Lo primero que hay que decir es que nunca le gustó eso de la “memoria histórica”, prueba de ello es el control que en todo momento ejerció la Junta sobre la asociación de memoria histórica. Memoria sí, decían, pero “hasta su justo límite”. Ibarra decía que quería comprender “a muchos que estuvieron en el bando ganador”, pensaba que en “ambos bandos” hubo buenos y malos y que la guerra la perdieron todos.
Para Ibarra “el soldado español” merece respecto estuviera donde estuviera. Una de las ideas que más ha repetido es esa que dice que muchos soldados al servicio de Franco fueron sufridores de la guerra que ganaron. Sé lo que quiere decir pero yo, por mi parte, procedente de una de esas familias, me pregunto qué hubieran pensado de esto los republicanos sufridores de la guerra que perdieron.
En fin, qué duro debió ser ganar. Naturalmente a una persona que piense así le sobra lo que recuerde que todo empezó por un salvaje golpe militar, que los golpistas no fueron bien recibidos en ninguna localidad del suroeste y que Badajoz cayó tras una lucha feroz y fue sometida a un durísimo castigo cuya máxima expresión fue lo ocurrido en la plaza de toros.
Tendido de la plaza, con los arcos de forja y las gradas
Tendido de la plaza, con los arcos de forja y las gradas
Ibarra, además de respetar a los que lucharon en ambos bandos, ha insistido en el desprecio hacia los asesinos de retaguardia. Parece ignorar la debilidad de la línea que en una guerra separa al soldado del asesino. Y no digamos ya si se trata del enfrentamiento surgido a consecuencia de un golpe militar... ¿Cómo considerará Ibarra a los soldados que en Sancha Brava estuvieron durante años, noche a noche y por riguroso sorteo, asesinando a cientos de personas, incluyendo a sus propios vecinos? ¿Y a los que subieron con las columnas hacia Madrid sin dejar con vida a ningún prisionero de los que iban haciendo en el recorrido? ¿Y a los que perpetraron matanzas sobre la población civil en los pueblos cercanos a Madrid en los días previos al gran desastre del 7 de noviembre? Todos cumplían órdenes… asesinas. Se olvida a aquellos soldados que no pudiendo soportar aquella vida se pasaron a zona republicana.
Las palabras de Ibarra están llenas de relativismo moral sobre lo que él denominalos dos bandos. Claro que hubo asesinos en ambas zonas, pero de lo que se trata es de dejar claro es que el bando franquista era en sí una facción criminal. Y claro que ahí hubo gente simplemente porque les tocó, pero esto no les exime de su responsabilidad por más que en un juicio no hubieran sido ellos los que pasasen por el banquillo.
Se mire como se mire, nunca será lo mismo luchar al servicio de una banda asesina que al del gobierno legal que se defiende de un brutal golpe militar. Aunque la versión que se impuso fue la de los vencedores, sus protagonistas callaron y, salvo excepción, nunca hablaron de aquellos hechos. Rodríguez Ibarra olvida que ese pacto de sangre inicial constituyó la argamasa sobre la que se edificó la dictadura y fue su más firme aliado; también la causa de que la dictadura durase tanto y de que antes de la Constitución se aprobase la Ley de Amnistía, que borraba los crímenes de los franquistas; la izquierda ya había dispuesto de cuarenta años para penar por los suyos. Se trataba simplemente de una pionera ley de impunidad.
Enrique Santos, en 1983
El periodista Enrique Santos, en 1983
¿Qué consecuencias tuvo la decisión de Rodríguez Ibarra sobre la plaza? La imposición por la fuerza del plan de Ibarra acarreó el silencio de muchos sobre este asunto. El PSOE quedó tocado, como se vería más tarde. No me cabe duda de que en dicho partido hubo quienes no estuvieron de acuerdo con la destrucción de la plaza de toros, pero optaron por callar. Estando aún Rodríguez Ibarra en el poder no resultaba aconsejable poner en duda sus decisiones. En política ya se sabe que todo pende de un fino hilo. Este silencio se mantuvo y aún no se ha roto.
En 2009 el Ayuntamiento de Badajoz decidió levantar un gran muro tapando todo un lateral del cementerio de San Juan. Los tiempos ya eran otros. El palacio de congresos se inauguró por fin en 2006, el PSOE de Rodríguez Zapatero se había comprometido a poner en marcha una ley de memoria y Rodríguez Ibarra dejó finalmente la presidencia de la Junta de Extremadura en 2007, tras veinticuatro años en el poder.
La excusa que dio el PP para ocultar el muro inmortalizado por la cámara de René Brut fue el mismo que se dio en 1998 con la plaza: su mal estado de conservación. Pero la realidad era otra: proyectos inmobiliarios aconsejaban levantar un enorme muro que ocultara el cementerio y, ya de paso, que tapara el lienzo de pared que evocaba las perturbadoras imágenes de los militares leales asesinados tras la ocupación de la ciudad.
Por iniciativa de la ARMHEX numerosas personas se pronunciaron en contra de lo que se quería hacer en el cementerio. Las relacionadas con el PSOE lo tuvieron complicado, ya que después de la decisión de 1998 no podían decir nada.
El PP incluso se permitió, en medio de un bochornoso espectáculo, eliminar del callejero la calle dedicada en los años ochenta a la diputada socialista por Badajoz Margarita Nelken. Incluso lo intentaron con el último alcalde republicano Sinforiano Madroñero y tuvieron  el cinismo de proponer que dicha avenida pasase a denominarse Juan Carlos Rodríguez Ibarra, a lo que este, con buen sentido, se negó.
La destrucción de la plaza de toros silenció al PSOE y envalentonó al PP, que pudo gritar a los cuatros vientos que se trató de una decisión de Rodríguez Ibarra. Por otra parte el PSOE no recuerda o parece tener borroso las iniciativas contrarias que hubo en contra de la destrucción de la plaza. Sin embargo, tiene que llegar el momento en que muchos socialistas de base recuerden e incluso manifiesten que aquello estuvo mal y que la plaza debió respetarse.
Bien pensado, el palacio se podía haber hecho en otro lugar. La plaza de toros debió restaurarse parcialmente, dedicando espacios a la historia y la memoria y dejando el resto para fines culturales. Incluso un espacio al aire libre, como planteaba el proyecto de Luis Pla.
Ahí podía haber ido el gran archivo nacional sobre el golpe militar, la represión y la guerra civil, cuya creación fue una de las reivindicaciones del movimiento pro memoria y que la investigación histórica tanto hubiese agradecido. Una base de datos hubiera facilitado la búsqueda de personas dándose posibilidad a los visitantes de aportar información así como documentos, memorias y objetos de todo tipo. La educación y el respeto a los derechos humanos estarían en la base de todo el proyecto y al servicio de la memoria democrática. Desde luego hubiera costado mucho menos tiempo y dinero. El monumento resultante no tendría menos uso que el actual y se habría respetado el patrimonio y la historia de la ciudad. Y, sobre todo, se habría hecho un homenaje perpetuo a todas las personas allí asesinadas y se hubiera conservado un lugar de memoria relevante a nivel europeo.
No sabemos aún cómo pasará a la historia la etapa de Juan Carlos Rodríguez Ibarra al frente de la Junta de Extremadura. Lo único que me atrevería a decir es que desde luego en su haber no estará jamás la decisión de destruir la plaza de toros de Badajoz, cuyo recuerdo desaparecerá totalmente en poco tiempo.
Cartel, del 14/08/2002
Cartel que apareció en las calles de Badajoz del 14/08/2002