diumenge, 23 d’abril de 2017

“PARÍS SE CUADRA ANTE BOIX”

http://amical-mauthausen.org/paris-se-cuadra-ante-boix/



21 de abr. 2017
Artcile d’Icíar Ochoa de Olano sobre l’homenatge i el trasllat de les restes mortals de Francesc Boix, previstos pel 16 de juny a París.

 Documents adjunts:

EL HOMBRE
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Prisionero, reportero y único español testigo en Nüremberg Arriba, dos fichas de identificación de Francesc Boix del año 1941 como prisionero número 5.185 de Mauthausen. A la izquierda, tras la
liberación del campo, con su cámara al cuello y el brazalete de reportero. Sobre estas líneas, durante su decla- ración en Nüremberg. Fue el único español que testificó en los juicios contra la cúpula del Tercer Reich
Que Ernst Kalten- brunner, jefe de la Gestapo y de la ofi- cina central de Se- guridad del Tercer Reich, íntimo cola- borador del ideólogo del Holocaus- to Heinrich Himmler, fuera juzga- do, declarado culpable y ejecutado; que el mundo conociera la apoteo- sis del horror y la barbarie que se escondía tras los muros de los cam- pos de concentración nazis; que de- cenas de deportados españoles lo- graran salir con un hilo de vida de esa macabra red de exterminio. Todo eso se debe a Francesc Boix, un veinteañero barcelonés, fotó- grafo de oficio, que murió en París de forma precoz a causa de las se- cuelas de su paso por el infierno de Mauthausen, hace casi 66 años. El próximo 16 de junio, cuando falten apenas tres semanas para esa efe- méride, sus restos serán exhuma- dos del humilde cementerio de Thiais en el que reposa, en los arra- bales de la megalópolis francesa, para descansar junto a los grandes en el emblemático camposanto Père-Lachaise. No hay mayor ho- nor que la ciudad de la Torre Eiffel pueda conceder a un difunto.
«Es muy positivo que su tumba
se dignifique y que su memoria se difunda como se merece. La suya y también la de los más de 9.000 de- portados republicanos, un colecti- vo que ha pasado desapercibido por las circunstancias y las contradic- ciones con las que se han abordado los temas de memoria en nuestro país», reivindica a este periódico Juan Manuel Calvo, historiador y miembro de la junta de Amical de Mauthausen. Esta asociación, fun- dada en 1962 en Barcelona, en la clandestinidad, por víctimas espa- ñolas del nazismo para defender sus derechos morales y materiales, ha colaborado con su homóloga en Francia desde hace un año para trasladar a las autoridades galas la necesidad de procurar a Boix un re- conocimiento de Estado y un se- pulcro entre las celebridades de la capital francesa. La propia alcaldesa de París, Anne Hildago, ha confir- mado su asistencia al homenaje.
«Paco merece eso y más. Desde su posición de cierto privilegio en el campo, ayudaba a cuantos com- pañeros podía. Entre ellos, mi pa- dre, al que logró colocar en la coci- na, alejándolo del trabajo pavoroso de la cantera. Eso, sin duda, le per- mitió escapar de la muerte», relata desde sus 95 años Ramiro Santiste-
EL REPORTERO
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Pruebas incriminatorias
Esta fotografía de Boix, que recoge una visita de Ernst Kaltenbrunner (izquierda) a Mauthausen junto a Himmler (centro), sirvió como prueba incriminatoria en el Juicio de Nüremberg contra Kalten- brunner y otros jefes nazis.
Los ojos de la tortura
y de los supervivientes
El reportero barcelonés re- trató los cuerpos desnudos y desnutridos de los prisione- ros, el trabajo despiadado en la cantera y, también, a los supervivientes tras su libera- ción, el 5 de mayo de 1945.
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ban, un cántabro de Laredo que so- brevivió a Mauthausen. Allí se co- nocieron.

2.000 imágenes robadas
Boix era un joven alto, delgado, pá- lido, de pelo castaño y ojos claros, extrovertido y desenvuelto. Hijo de un sastre de izquierdas, se dejó contagiar pronto por la afición pa- terna a la fotografía. Con solo 17 años, se marchó de casa para poner su cámara al servicio de las Juven- tudes Socialistas Unificadas (JSU). En algún momento del gran éxodo del 39, a causa del fin de la Guerra Civil, emigró a Francia junto a los vencidos. Allí, como muchos otros, acabaría uniéndose a la Resistencia gala frente al delirio imperialista de Hitler. Capturado por los alema- nes, en mayo de 1940 iniciaría su viaje al horror como deportado a Mauthausen. Lo haría junto a otros 9.000 españoles exiliados en Fran- cia y entregados después por Fran- co a los verdugos germanos.
Su manejo de la cámara y su ru- dimentario chapurreo del idioma del Fürher le hicieron útil en aquel tétrico lugar; primero, como intér- prete a las órdenes de los nazis, y después, como fotógrafo en el ser- vicio de identificación y documen-
tación del campo, junto a otros dos compatriotas. Los tres se dedicaron a retratar a los prisioneros y a los SS; a fotografíar muertos y suici- dios; a recoger las visitas de la élite nazi –algo que resultaría esencial para la acusación en los juicios de Nüremberg– y también a docu- mentar el brutal aniquilamiento de los reos mediante el trabajo obligatorio llevado al límite de la resistencia humana. Ellos fueron quienes construyeron la carretera general y parte de su propia pri- sión. Muchos, a costa de transpor- tar piedras de más de cuarenta ki- los sobre sus espaldas. Dos de cada tres españoles dejaron su vida allí.
Boix nunca se acostumbró a su obediente ocupación como notario del espanto, pero aquella actividad le permitió una relación cercana con los SS que usó para recomen-
«Su memoria merece difundirse y también la de los 9.000 deportados republicanos»
dar un mejor trato a sus compañe- ros y aliviar así sus penosas condi- ciones de vida. El 22 de junio de 1941, con el alba, los alemanes con- centraron en un patio a los prisio- neros. Desnudos. Permanecieron así, sin comer ni beber, hasta bien entrada la noche. En aquellas in- dignas condiciones, los españoles alumbraron el Partido Comunista en la resistencia. El objetivo, salvar al mayor número de camaradas. Hasta ellos acudió Boix para propo- nerles la operación secreta que lle- vaba tiempo tramando: esconder clichés para denunciar el genocidio en caso de que consiguieran esqui- var los hornos crematorios.
Él mismo se ocupó de perpetrar los robos. Cogía tiras de negativos del archivo y las dejaba caer en algún punto del
campo para que alguien las recogiera y llevara a la lavandería de desinfección, un área menos controlada por los ale-
manes. Otro preso se hacía cargo de ellas y las escondía en la carpintería, donde permanecían hasta que un grupo de ado-
lescentes, hijos de republicanos a los que los na
zis dejaban salir a trabajar en la pe- drera de un pueblo cercano al no considerarlos políticamente peli- grosos, ponía el delicado material a salvo. Una vecina de la zona se en- cargaba finalmente de ocultarlo tras la piedra de un murete del jar- dín de su casa.
Liberado Mauthausen el 5 de mayo de 1945, Boix recuperó los clichés de 2.000 espeluznantes imágenes y logró que algunas salie- ran a la luz. Un año después, las au- toridades francesas le reclamaron como testigo para declarar contra la cúpula dirigente del Tercer Reich. En Nüremberg se presenta- ron sus fotografías como pruebas determinantes para sostener las acusaciones. Boix afianzó su pres-
tigio y trabajó para varias revistas y diarios, y viajó a Praga, Algeria, Budapest o Grecia hasta que, el 4 de julio de 1951, con sólo 30 años, una patología renal secuela de Mauthausen le llevó a un modesto cam- posanto de los suburbios de París. Sería su penúlti- mo viaje. Casi 66 años des- pués, Francia se cuadra ante el heroico reportero español. 

Las milicianas que no fotografió Capa.

http://www.lamarea.com/2017/04/13/las-milicianas-no-fotografio-capa/



Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, limpiadoras, maestras… Ninguna empuñó un fusil, pero todas contribuyeron al funcionamiento del Quinto Regimiento.
 El historiador José María García Márquez elabora una muestra con las mujeres que formaron parte del cuerpo militar de voluntarios de la II República.
13 Abril 2017
10:47
Las milicianas que no fotografió Capa
Antolina Mata Díaz mira a un punto perdido. Tiene los labios finos, apretados. El cabello peinado hacia atrás. Su rostro surcado de arrugas. Es lavandera. Tiene 65 años. Francisca Gómez Cobo y Pilar González Andrés son sastras de 14. Matilde Landa, 32 años, es responsable de personal sanitario. También hay limpiadoras. Y cocineras y enfermeras y sirvientas y mecanógrafas y jornaleras y peluqueras y administrativas y matronas, intérpretes… Jóvenes, mayores, solteras, casadas, viudas, trabajadoras fuera del hogar y dentro de las casas. Ninguna de ellas empuñó un fusil, pero todas fueron milicianas. “Ellas no fueron fotografiadas por Gerda Taro ni Robert Capa, sino por el fotógrafo delQuinto Regimiento sentadas en una silla en el patio. No solo había jóvenes sonrientes y valientes que empuñaban un arma como mostraban las fotografías que se publicaban”, explica el historiador José María García Márquez, que ha elaborado una muestra de las mujeres de este cuerpo militar de voluntarios de la II República creado tras la sublevación.
De las 26.736 fichas recogidas en el archivo, 513 corresponden a mujeres (1,92%). La mayoría procedía de Madrid y, sobre todo, de sus barrios más humildes. Los ingresos se produjeron desde el mismo 18 de julio. “El primero que hemos encontrado es el de la madrileña Emilia Cabello Pascual, de la que no poseemos fotografía ni los datos completos de su ficha y que, posiblemente, pueda tratarse de un error en su fecha”, sostiene García Márquez. El domingo 19 de julio y el lunes 20, otro pequeño grupo de seis mujeres se incorporaron al cuartel del antiguo convento salesiano, entre ellas la modista María Morales García, de 24 años, o la “fregachina” (como reza en su ficha) Victoria Quijorna, de 44.
“Contar con numerosas mujeres para el desempeño de múltiples tareas de organización e intendencia permitió a los mandos dotarse de una infraestructura muy superior a la que tuvieron otras unidades del Ejército Popular. Los trabajos de limpieza y lavado de ropa, la cocina, la costura y reparación de uniformes, el ropero del regimiento, etc. fueron siempre menos valorados y, sin embargo, muy importantes para la milicia. Limpiando cocinas y comedores, letrinas y oficinas, dejaron patente sugenerosa contribución a la lucha contra la sublevación. Y no solían ser sus rostros precisamente los que recogían las fotografías que se llevaban a la prensa”, insiste el historiador.
Áurea Carmona Nanclares era la única maestra nacional que consta. Ingresó en el batallón Thaelmann y fue destinada como enfermera al hospital de sangre de Rascafría. Murió en prisión en 1939 después de ser detenida y denunciada al finalizar la guerra. “En algunos casos -añade el historiador- la cualificación profesional de varias de ellas supuso una aportación decisiva a las necesidades de todo tipo que tuvo el Quinto Regimiento desde el primer momento. Por ejemplo, las taquimecanógrafas y mecanógrafas jugaron papeles muy valiosos como auxiliares y secretarias de los mandos, tanto en la comandancia general como en la organización administrativa de varios servicios”. Este fue el caso de Margarita de la Fuente, Pilar Muñoz Falcón, Carmen Capafons Gómez, Julia Díaz Caballero, Esperanza Gil Lozano y Luisa González Fernández.
En los servicios médicos y sanitarios también fue fundamental la participación de las mujeres, que, además de organizar, formaron a muchas auxiliares en un contexto en el que no cesaban de llegar heridos del frente: “Estas mujeres, a su vez, desempeñaron un reconocido papel en botiquines, pabellones y quirófanos, a veces en las inmediaciones de las líneas del frente con un riesgo indiscutible”, añade García Márquez. Destaca los nombres de seis jóvenes del Socorro Rojo Internacional: Agustina García Caamaño, María Luisa Gómez Redondas, Ana Lera Lillo, María Luisa López García, Margarita Martín Jiménez y Carmen Ortega Sampedro. Mercedes Gómez Otero, que también ayudaba en la enfermería, fue detenida en julio de 1939. Recorrió las cárceles del régimen en diferentes periodos durante 21 años hasta que obtuvo la libertad en 1961. “Posiblemente haya sido una de las mujeres que más tiempo haya estado en prisión durante la dictadura”, expone el historiador.
Sobre su afiliación política, García Márquez detalla los 146 casos en los que se especifica su militancia (un 28,46% frente al 66,75% de los hombres, como recoge el profesor Juan Andrés Blanco Rodríguezen El Quinto Regimiento en la política militar del PCE en la Guerra Civil (UNED, 1993). La mayoría de ellas -90- pertenecían a UGT. El resto militaban de forma repartida en el Partido Comunista, Juventudes Socialistas Unificadas, CNT, Mujeres Antifascistas, Partido Socialista, Izquierda Republicana y Federación Universitaria Escolar. “La milicia en el Quinto Regimiento llevó a muchas mujeres a consolidar su militancia e ideología y después de terminar la guerra siguieron luchando de forma ejemplar”, añade el historiador.
Un ejemplo: Encarnación Juárez Ortiz era modista y tenía 35 años cuando se integró en el batallón Garcés en Córdoba. Luego marchó a Jaén, donde vivía y donde fue detenida al terminar la guerra. Logró ocultar su paso por las milicias republicanas aunque no su destacada militancia en el PCE de Jaén desde enero de 1938. En el sumarísimo que se le instruyó -detalla García Márquez- fue considerada por la Secretaría de Orden Público como “peligrosísima” para la Causa Nacional y la sociedad y condenada a 20 años de prisión. Consiguió salir en libertad condicional en julio de 1943, pero tres años más tarde, por sus actividades clandestinas, fue detenida de nuevo y sometida a terribles interrogatorios que le provocaron un intento de suicidio. No salió de prisión hasta 1951.
Pilar Bueno Ibáñez, modista madrileña, ingresó en agosto en las filas del Quinto Regimiento con 26 años. Cuando terminó la guerra, pasó a formar parte del clandestino comité provincial del PCE en Madrid. Fue detenida y fusilada junto a otras doce jóvenes el 5 de agosto de 1939. Era la mayor de lasTrece Rosas. “Es de justicia recuperar sus nombres y así poder testimoniar un pequeño pero necesario homenaje a su trabajo. Las milicianas son ellas también, no se olvide. Lo dejaron todo para luchar en el puesto que le encomendasen y en el destino que fuese, y hay que reconocerles esa valiente actitud”, concluye el historiador.

MEMORIA / RETORNO. F Pimentel.



MEMORIA / RETORNO

(Publicado en Ronda Semanal el Sábado 22.04.2017)

José Rosillo y Ana Esquina eran unos jóvenes rondeños que andaban sobre los veintitantos años y ya tenían dos hijos cuando Franco y Queipo extendieron el terror matando a los hombres y violando a las mujeres. 

Desde el 18 de Julio hasta el 15 de Septiembre del 1936 los hombres y mujeres de Ronda y Serranía resistieron heroicamente pero la desigualdad de medios impidió que los que tenían la razón de su parte pudieran contener a las negras tropas del fascismo nazi-franquista.

José y Ana, al igual que tantos cientos de familias, cogieron a sus hijos Francisco y Salvador y los cuatro huyeron de la muerte. Aunque hay que decir que eran cinco porque Ana iba embarazada de José que inició la huía en el vientre de su madre. Tuvieron la suerte de que los evacuaran en un camión que salió por la carretera de El Burgo hasta Málaga.

Allí hicieron lo mismo que todos los miles de refugiados que llegaron a Málaga: José se dispuso a defender la capital y Ana a poner a salvo a los niños cogiendo la carretera hacia Almería. Se dividieron y nunca más se volverían a ver. José y otros familiares fueron asesinados por fusilamiento y Ana sobrevivió cogiendo lo que podía de las huertas de Murcia para dar de comer a sus hijos llegando hasta Orihuela donde nació José en Junio del 1937.

Y del pueblo de Miguel Hernández siguieron huyendo hasta llegar a Francia donde no acabaron sus penalidades hasta la liberación de Europa. Hicieron allí su vida pero siempre mantenían Ronda en el corazón, especialmente Salvador que ha muerto con 82 años y pidió que sus cenizas fueran traídas a su/nuestra ciudad.

Este es el periplo de la dura vida que los criminales/ladrones les han hecho hacer a las familias trabajadoras, mientras ellos se repartían el botín, nos trataban como esclavos, y se concedían todos los honores unos a otros, mientras nos imponían la paz de los cementerios, de las cunetas, de las fosas comunes y el exilio.

Europa de liberó del fascismo, pero España pasó por culpa de Franco del vasallaje a los nazis al vasallaje a los yanquis y así los franquistas en vez de haber desaparecido en 1945 pudieron fustigarnos hasta 1977 y más allá.

Ahora, después de 40 años de aniquilamiento físico y otros 40 de destrucción económica, todavía pretenden lavarse la cara y las manos y aparentar haber sido y ser más demócratas que aquellos a los que mataron y obligaron a huir.

Andan por ahí, de sitio en sitio, de despacho en despacho, pidiendo firmas para nombrar hijos predilectos o adoptivos de Ronda a quienes de alguna forma intervinieron y ayudaron a Franco a dar el golpe militar del 17/18 de Julio trasladándolo de Canarias a Ceuta en un avión inglés y han vivido plácidamente de la mano de la dictadura amparados por los más altos conspiradores y gerifaltes del fascismo nazi-franquista.

Y mientras tanto nuestra gente sigue en las cunetas o en las fosas como José Rosillo o vuelve del exilio en una ánfora como su hijo Salvador Rosillo por lo que nuestro corazón sufre y nuestra mente no deja de exigir verdad, justicia y reparación.

Francisco Pimentel 
Facebook: Memoria Histórica de Ronda 

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10208727656856148&set=pcb.1673033012724116&type=3&theater

dissabte, 22 d’abril de 2017

EL GOBIERNO DESTINA DINERO PÚBLICO EN UNA OPERACIÓN SECRETA PARA TRASLADAR LOS RESTOS DEL GOLPISTA GENERAL SANJURJO A MELILLA Y ENTERRARLO CON HONORES EN PRESENCIA DE ALTOS CARGOS MILITARES Y POLÍTICOS.

http://jerezrecuerda.blogspot.com.es/2017/04/el-gobierno-destina-dinero-publico-en.html


SÁBADO, 22 DE ABRIL DE 2017




Izquierda: Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, General Francisco Javier Varela Salas. Derecha: Comandante General de Melilla, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu.

EL GOBIERNO DESTINA DINERO PÚBLICO EN UNA OPERACIÓN SECRETA PARA TRASLADAR LOS RESTOS DEL GOLPISTA GENERAL SANJURJO A MELILLA Y ENTERRARLO CON HONORES EN PRESENCIA DE ALTOS CARGOS MILITARES Y POLÍTICOS


LA NOTICIA SUPONE UN AGRAVIO COMPARATIVO POR LOS CERO EUROS DE LOS PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO DESTINADOS A LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA QUE IMPIDEN EXHUMAR MÁS DE 2.050 FOSAS COMUNES DE VICTIMAS DEL GENOCIDIO GOLPISTA.


Una de las primeras medidas de Mariano Rajoy al llegar a la Moncloa fue eliminar la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. En 2012 redujo la dotación presupuestaria para Memoria Histórica de los 6,2 millones el anterior gobierno a 2,5 millones. En 2013, el Gobierno del PP directamente eliminó la partida presupuestaria y cumplió una legislatura completa sin dar un euro a las víctimas del franquismo, que se costean las exhumaciones con la ayuda de voluntarios. Su nuevo ciclo político incide en la decisión y la partida -que se llamó Comisión Interministerial y estaba dentro del Ministerio de Presidencia- sigue desaparecida de los Presupuestos Generales del Estado 2017.

El General Sanjurjo junto al todavía Comandante Franco, en la posición de Ras-Medún (Melilla) en noviembre de 1921
Ahora nos viene la noticia de que este viernes pasado el Ejército español acaba de admitir que altos cargos acudieron al entierro del general golpista Sanjurjo en Melilla, tras la exhumación de sus restos en noviembre pasado en aplicación de la Ley de Memoria Histórica de Navarra, y que las autoridades llegaron a conseguir evitar que se difundiera esta noticia durante semanas.

Dicha inhumación fue realizada el pasado 23 de marzo en el Pabellón de Héroes Regulares del Cementerio de Melilla, en secreto y con representación de altos mandos militares y políticos. Según fuentes presenciales, la ceremonia se llevó a cabo respetando su rango (teniente general) y fue presidida por las autoridades militares y civiles de la ciudad autónoma, incluido el presidente y senador por dicha circunscripción, Juan José Imbroda, así como el Comandante General de Melilla, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu.

El Ejército español ha admitido, no obstante, y a través del Departamento de Comunicación del Gabinte del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (Gabinete JEME),  que aquel día se celebró "una sencilla ceremonia, íntima y privada", pero niega que se realizara con "Honores Militares""No formó ninguna unidad ni piquete ni guion ni cornetín. Asistió el actual Comandante General de Melilla acompañado de una pequeña comisión", aseguran los militares.

La Cripta de Los Caídos en Pamplona, con las tumbas de Mola y Sanjurjo antes de la exhumación
Sanjurjo, general dos veces golpista, había sido exhumado del Mausoleo franquista de Los Caídos de Pamplona el 16 de noviembre en virtud a la Ley de Memoria Histórica, junto a otro de los “cerebros” del golpe de estado de julio de 1936, el general Emilio Mola. La iniciativa, recurrida por la familia de Sanjurjo, partió del pleno del Ayuntamiento de Pamplona, contando con respaldo judicial y el beneplácito del arzobispo de la ciudad. 

Después de meses de negociaciones con la familia, la noticia de su inhumación en Melilla apareció por primera vez en “Siempre P’alante”, un boletín carlista, y ahora ha sido confirmada por el investigador y bloguero local Enrique Delgado. “Fui al cementerio y corroboré los datos con varios trabajadores. Diversas personas me dijeron después que no se ha hecho oficial porque era una ceremonia secreta. Un traslado así requiere unos recursos, y un despliegue, además de los permisos administrativos del Ministerio de Defensa”, asegura Delgado.


Fuentes del Ejército de Tierra aseguraron que fue la familia quién solicitó que fuese enterrado en un panteón militar. "Atendiendo a que fue Comandante General de Melilla, estuvo al mando de las fuerzas Regulares y estaba en posesión de dos cruces Laureadas de San Fernando (1914 y 1926) se autorizó que el entierro se celebrase en el cementerio municipal de Melilla, en el panteón de Regulares número 2, que se sigue utilizando para la inhumación de los fallecidos de Regulares que lo requieran". Las mismas fuentes describieron el acto como "sencillo, íntimo y privado" y concretaron posteriormente que el traslado se realizó en helicóptero, en uno de los traslados regulares a la ciudad autónoma.

A Sanjurjo se le consideró durante décadas “el salvador de Melilla”por haber desembarcado en la ciudad tras los sucesos de Annual, al frente de un ejército en el que Francisco Franco era un oficial más. El investigador Delgado recuerda que el general tiene un barrio a su nombre en la ciudad y que su hazaña bélica en Melilla es anterior al golpe de estado de julio de 1936, por lo que resulta ideal para “blanquear” su memoria.

Imagen del pabellón militar donde reposan los restos del general Sanjurjo, que han recibido sepultura en Melilla, tras ser exhumados en Pamplona en aplicación de la Ley de Memoria Histórica de Navarra
“Lo que más me extraña de este tema es cómo aparece en Melilla. A Mola, por ejemplo, se lo llevaron los familiares. Al resto de enterrados en Pamplona, también. Pero con Sanjurjo se ha llegado a un acuerdo para que se quede en un pabellón militar en Melilla, y se ha hecho todo en secreto para que no se genere debate, dice.

La inhumación del general se llevó a cabo con secretismo y se cursaron invitaciones limitadas a algunas personalidades de Melilla. Su nombre no aparece en el registro oficial y no hay acceso sin autorización al interior del Pabellón, que sólo se puede ver desde la verja.

Monárquico, golpista y sifilítico 


El 20 de julio de 1936 el "héroe" de la aviación española Juan Antonio Ansaldo aterriza en Estoril. El país está en llamas desde que dos días antes, el 18 de julio, una parte del ejército ha protagonizado un golpe de Estado contra el gobierno de la II República y Ansaldo tiene una misión esencial en la estrategia de los golpistas. Tiene que transportar en su avioneta Puss Mouth al general José Sanjurjo a Burgos, donde, según los planes del llamado Director del complot, el general Emilio Mola, debe ponerse al frente de la sublevación.

Última imagen con vida de Sanjurjo momentos antes de subir en la avioneta que se estrellaría en Estoril el 20 de julio de 1936.
Pero la avioneta se estrella nada más despegar envuelta en llamas contra una valla de piedra en la rua de Santa Cruz de la pedanía de Areia Cascais. Ansaldo sufre heridas leves y atribuirá después el accidente al exceso de equipaje del coronel, especialmente a su pesada colección de medallas. Sanjurjo muere dejando la vía expedita al ascenso de otro general, más tarde generalísimo: Francisco Franco.

No era la primera vez que Sanjurjo, el más celebre militar español africanista, se ejercitaba en la práctica del golpe de Estado. Suya fue la primera tentativa de insurrección el 10 de agosto de 1932 contra una república recién nacida, la ‘Sanjurjada’, una maniobra confusa y torpe que pretendía liquidar la "dictadura anticlerical de Azaña" y que fracasó estrepitosamente. Tras el pronunciamiento, el general fue expulsado del ejército y condenado a muerte, aunque la pena se conmutó después por una cadena perpetua que empezó a cumplir en el penal del Dueso, Santoña, hasta que el posterior gobierno de Lerroux le indultó en 1934.

Sanjurjo se convirtió así en el "héroe" moral y principal referencia para todos aquellos que soñaban con tumbar la república, un héroe por cierto, y según descubría una biografía reciente de su sobrino nieto Enrique Sacanell Ruiz de Apodaca, que vivió una vida tan recta en lo militar como disoluta en lo afectivo, protagonizada por sus constantes líos de faldas que le llevarían a enfermar de sífilis. En 1936, con la oposición de Goded y la reticencia de Franco, el general Sanjurjo fue nombrado jefe de la Junta y estaba previsto que se erigiera en el jefe de gobierno de los golpistas en caso de triunfo. Un plan cortocircuitado el 20 de julio de 1936 cuando se estrelló la avioneta del piloto Ansaldo.



Fuentes:











El día en que un ministro de Franco planteó matar a Serrano Suñer

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/21/actualidad/1492804310_983775.html


Una carta secreta del embajador británico hallada en un archivo británico revela la voluntad del titular de Comercio, Demetrio Carceller, de “liquidar” en 1941 al cuñado del dictador


Serrano Suñer jura su cargo de ministro de Exteriores junto a otros compañeros de Gabinete. A la derecha, cabizbajo, está Demetrio Carceller.
Serrano Suñer jura su cargo de ministro de Exteriores junto a otros compañeros de Gabinete. A la derecha, cabizbajo, está Demetrio Carceller. VIDAL. (EFE)
El Madrid de principios de los años cuarenta era un sitio peligroso. También para los vencedores de la Guerra Civil, que se movían dentro de una complejísima madeja de intereses cruzados en la que nadie podía estar del todo seguro de qué pie cojeaba el vecino. Había generales sobornados por los británicos para asegurar la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial, pactos secretos con la Alemania nazi, complots falangistas o monárquicos para ganar poder e, incluso, para quitar de en medio al dictador... El pulso soterrado entre unos y otros emergía, de cuando en cuando, con picos de tensión que amenazaban con hacer saltar todo por los aires. Uno de ellos se vivió en el verano de 1941, tras la entrada de Rusia en la guerra, cuando la presión alemana para que España hiciera lo mismo del lado del Eje tenía a su mejor aliado, al menos aparentemente, en el ministro de Exteriores y cuñado del dictador, Ramón Serrano Suñer.
Aquel 9 de julio, el embajador británico en Madrid, Samuel Hoare, envió una carta al secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Anthony Eden, para explicarle que no podía ausentarse de España porque aquello era una olla a presión. Y le ponía como ejemplo una “sorprendente conversación” que acababa de tener David Eccles, agregado económico británico en Lisboa de paso por Madrid, con el ministro español de Industria y Comercio, Demetrio Carceller, y el principal asesor de este. “Los dos declararon que Suñer es tan insoportable que debe ser liquidado, y con esa horrible expresión obviamente quieren decir asesinado”. Añadía que Carceller, sin embargo, veía dos objeciones: “La primera, el efecto sobre las tropas alemanas en la frontera [con Francia, permanente amenaza de una invasión nazi de la península] y la segunda, el resentimiento que provocaría un asesinato en la familia de Franco”. En todo caso, añade Hoare en la carta, “esta es en sí misma una sorprendente declaración procediendo de uno de los principales ministros y su segundo”.


Esta carta, que el Gobierno británico desclasificó junto a centenares de papeles de la Segunda Guerra Mundial en 2013, es parte de los documentos digitalizados que se pueden consultar a través de Internet en los Archivos Nacionales Británicos. En este caso, bajo el sugerente título de ‘Planes para liquidar a Suñer’.
El historiador Ángel Viñas ha sido el primer especialista que la ha recogido; lo hizo en su libro Sobornospublicado en la editorial Crítica el año pasado, en el que hace una minuciosa descripción y analiza las consecuencias de la estrategia británica para mantener a España fuera de la contienda comprando las voluntades de generales franquistas como Nicolás Franco, el hermano del dictador, Kindelán, Orgaz o Aranda. Para Viñas, lo que hace Carceller en esta carta es expresar un mero deseo. “Este fue un episodio más, muy significativo porque demuestra hasta qué punto el cuñadísimo exasperaba a los propios franquistas. Ni que decir tiene que Churchillnunca dio luz verde a la eliminación de Serrano”.
Pero la carta de Hoare, además, hace referencia a un plan concreto, presuntamente urdido por distintos generales, para asesinar a Serrano Suñer, una amenaza a la que ya se había referido, quizá de forma más ambigua, en otras comunicaciones con Londres apenas un mes antes. En este caso, Hoare dice que una fuente, “al menos de la misma importancia”, asegura que el asesinato era inminente y que, para aplacar las iras alemanas, preveían “la firma inmediata de la Triple Alianza con el Eje”.
“De lo que la diplomacia británica se hace eco es únicamente de rumores sobre un golpe dirigido contra Serrano Suñer y su política de alineamiento incondicional respecto del Tercer Reich”, opina Carlos Collado Seidel, profesor de la Universidad de Marburg (Alemania) y experto en la materia. Además, pone precauciones tanto a las palabras del embajador como a las del ministro de Comercio. “Carceller perseguía intenciones determinadas y particulares en todo lo que les decía a los ingleses y Hoare también pretendía rehabilitarse dentro del partido conservador británico”, explica.

Una hambruna gigantesca

La postura de Carceller, empresario, falangista cercano a José Antonio y al propio Serrano (al que acompañó durante su visita al Berlín nazi en 1940), podría parecer realmente pasmosa. Sin embargo, Viñas dibuja un contexto en el que el ministro tenía que llevarse bien con los británicos porque de su bloqueo naval dependía la llegada de suministros a un país que estaba “sufriendo una hambruna como nadie puede imaginarse hoy”. Además, Carceller “hizo durante aquellos años una inmensa fortuna” como responsable de todos los permisos sobre los productos que entraban o salían del país, añade.
“Tal vez el vanidoso e incompetente Hoare estaba sondeando a Eden sobre su parecer en caso de ‘liquidar’ a Serrano. Que los militares desearan su muerte es una cosa; que la planearan, en pleno favor del caudillo, otra muy distinta”, aporta el escritor Ignacio Merino, autor de Serrano Suñer. Valido a su pesar (La Esfera, 2013). Y añade: “Don Ramón hizo algún vago comentario sobre el tema, pero yo no lo tomé en serio y creo que él tampoco, al menos jamás lo consideró un complot auténtico. O no se enteró”.
Sea como fuere, el propio Hoare también se pregunta en la carta de julio de 1941 si el cuñado del caudillo sería consciente de su delicadísima situación. La duda le surge porque solo un día antes Serrano Suñer se había mostrado, “por primera vez” en todos sus encuentros con él, “educado”. “Escuchó mejor que de costumbre mis reiteradas quejas”, añade, e incluso “se disculpó” por no haberle podido recibir una semana antes.
El hecho es que Serrano Suñer no sufrió ningún sospechoso accidente aquel verano, pero sí fue perdiendo poco a poco el favor de Franco hasta ser definitivamente defenestrado un año después, entre fuertes luchas internas de las distintas facciones del régimen. Terminada la Guerra Mundial, el cuñado mantuvo hasta su muerte en 2003 que ni su cercanía a la Alemania nazi fue tanta, ni fue tal su interés por que España entrara a toda costa en la contienda. Sin embargo, Viñas está convencido de que solo fue un intento de “reescribir su historia”. “Franco y Serrano iban a por el Imperio”, zanja el historiador.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/22/actualidad/1492879910_020178.html

Un gesto de diplomacia económica

La pretensión del ministro franquista Demetrio Carceller de matar al cuñado del dictador la guiaba una estrategia comercial


Que un ministro español dijera a un representante de otro país que quería ver asesinado a un compañero del mismo Gobierno no deja de ser una bomba. Y esto es lo que sugirió en julio de 1941 Demetrio Carceller, ministro de Industria y Comercio, respecto del todopoderoso ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Para el gran público será una revelación sensacional la carta del embajador británico sir Samuel Hoare a su ministro de Asuntos Exteriores, Anthony Eden, en la cual cuenta la conversación de Carceller con David Eccles, representante del británico Ministerio de Guerra Económica. De hecho, los especialistas ya habrán visto el análisis pertinente que hizo Ángel Viñas en su magnífico libro reciente Sobornos. El exabrupto del ministro español quizás no era tan espontáneo como parecía. Por supuesto que, al decir que Serrano era tan intolerable que había que liquidarle, Carceller reflejaba una corriente importante dentro de la coalición franquista. Serrano Suñer era un admirador de la Italia fascista. En los círculos militares españoles y entre la comunidad diplomática de Madrid se suponía que sentía la misma devoción por la Alemania nazi. A muchos generales anglófilos les habría gustado que Serrano fuese, como mínimo, destituido, porque sabían que la entrada de España en la guerra al lado del Eje sería desastrosa. Sin embargo, explicó a Eccles que un proyecto de matar a Serrano tendría consecuencias peligrosas ya que la Alemania nazi disponía de poderosas unidades militares en la frontera francoespañola. Además, difícilmente se podría prever el impacto dentro de la política española del asesinato del cuñado del Caudillo.
Dada la imposibilidad de implementar su probablemente sincero deseo, el significado de la declaración de Carceller era seguramente un gesto dentro de la diplomacia económica. Como demostró hace tiempo Denis Smyth, el gran experto en las relaciones hispanobritánicas durante la II Guerra Mundial, Carceller era consciente de la necesidad de mantener los lazos comerciales con el bloque anglosajón en un momento en que parecía que la política pro-Eje de Franco y Serrano Suñer podría impedir las necesitadas entregas de trigo y petróleo que dependían del beneplácito de Londres y Washington. Que este fuera el caso se revelaba menos de un mes después en una conversación con el consejero económico de la embajada estadounidense, Willard Beaulac. Sin abundar en sus inclinaciones homicidas, le dijo que Serrano era “un hombre malo de ambición sin límite” y le pidió encarecidamente que el comercio con EE UU se reanudara. Dos meses después, Carceller le explicaba a Emiil Karl Josef Wiehl, director de política económica en el Ministerio de Exteriores alemán, que la inmediata supervivencia económica del régimen franquista necesitaba un acercamiento al bloque angloamericano. En cada una de estas conversaciones, Carceller se presentaba como entusiasta del país de su interlocutor. Este es el contexto en el que interpretar su intercambio con Eccles.
Paul Preston es historiador británico, autor, entre otros, de Franco, caudillo de España.

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