dissabte, 8 d’abril de 2017

El día que Angelina Gatell no acudió a Colliure.

http://www.poetica2puntocero.com/dia-angelina-gatell-no-acudio-colliure/




    Haz tu copa y no te importe si no puedes hacer barro 
    ANTONIO MACHADO

MAR GÓMIZ DE SERRANOS

Colliure se quedó el pasado 22 de febrero esperando la visita de Angelina Gatell. Esta gran poeta viajaba cada año a la localidad francesa para visitar la tumba de Antonio Machado.
Precisamente, la primera vez que vi a Angelina Gatell fue durante el homenaje al autor sevillano con motivo del 75 aniversario de su muerte, un día de febrero en el Ateneo de Madrid.
Cartel del acto por los 75 años del fallecimiento de Antonio Machado celebrado en 2014 en el Ateneo de Madrid.
Cartel del acto por los 75 años del fallecimiento de Antonio Machado celebrado en 2014 en el Ateneo de Madrid.

Otros poetas recordaron sus versos pero ella eligió ese soneto suyo que tantas veces había leído en la tumba de Machado, un soneto que empezó a escribir en Soria en 1974, junto al olmo seco retratado por el poeta, tras visitar a su hijo preso.
Al día siguiente se levantaría a las seis de la mañana para viajar hacia Colliure como cada año.
 
Desde ese momento la admiré profundamente y quedé prendada de la energía de esta mujer activa, valiente y generosa con la que tuve la suerte de conversar en varias ocasiones. La primera de ellas en Valencia, también en el Ateneo, pero en esta ocasión en la cafetería donde acudió junto a su hermana. Las dos pasaron su infancia y juventud en Valencia, ciudad a la que regresaba Angelina de vez en cuando de visita.
Y allí empezó a hablarme de aquellos tiempos en los que las dos debutaron en el teatro. Valencia tenía mucho ambiente teatral. Los primeros escenarios que pisó fueron los valencianos y en su primera obra también estuvo presente Machado: La Lola se va a los puertos. Años después abandonaría Valencia para vivir en Madrid, donde desarrollaría una larga carrera en el mundo del doblaje adaptando cientos de películas y series como la famosa Heidi. Me encantó saber que a Niebla, el perro del abuelo, lo bautizó así como homenaje al perro de Neruda.
Angelina Gatell en 1957.
Angelina Gatell en 1957.

Uno de sus primeros poemarios ‘Poema del soldado’ obtuvo el Premio de Valencia Alfons el Magnànim en 1954. La editorial Bartleby lo reeditó hace un par de años al cumplirse el 60 aniversario de su publicación.
Pero después estuvo 32 años sin publicar libros en señal de protesta, igual que José Hierro. Durante ese tiempo además trabajó mucho y crió a sus tres hijos. «Escribir, seguí escribiendo, pero no tenía el tiempo, ni el sosiego, ni la lucidez suficiente para ponerte a escribir libros».
Un joven José Hierro.
Un joven José Hierro.

A José Hierro lo conoció en una librería de viejo. Era una joven autodidacta que devoraba libros de todo tipo. Le encantaban los de «argumentos de películas», como me dice, y James Stewart le tenía «robado el corazón». Así que él le sugirió algunas lecturas y se metió de lleno en la gran literatura.
Seguimos en el Ateneo. Le pregunto por qué hoy en día con grandes mujeres en el mundo de la poesía y además muchas —a diferencia de épocas anteriores— no suena la definición de poetisa. «Ahora se lleva más lo de poeta porque parece que poetisa sea menos», asegura.
Sobre la facilidad con la que muchos se llaman poeta me responde con energía: «De escribir versos a ser poeta hay mucho camino. Eso lo decide el lector».

También hablamos de su faceta reivindicativa.
 Angelina Gatell fue una mujer valiente que no se calló nunca y eso hizo que tuviera que abandonar su ciudad y su trabajo. «Yo soy la mujer más echada de España», me dijo entre risas. Y ciertamente tuvo que dejar primero Valencia y, años después, RTVE.
Adolfo Suárez.
Adolfo Suárez.

Gatell había creado el guión de la biografía de Marie Curie y, cuando TVE estrenó aquel programa, en los créditos apareció el nombre de otro guionista. Enfadada fue a ver al entonces director Adolfo Suarez para decirle que pensaba acudir a la Justicia. «Usted tendrá a Tierno Galván como abogado —le dijo Suárez— pero yo tengo esto (señalando al televisor) para desacreditarla en todos los hogares españoles». Angelina, «joven y muy impetuosa», le respondió: «Bueno, pero para que usted me desacreditara tendría que estar acreditado y le aseguro que no está usted acreditado, señor Suárez».
Tiempo después coincidirían en un acto oficial. Tras quedarse mirándola un rato Suarez le preguntó: «¿Nos conocemos?», a lo que ella respondió «Sí, nos presentó Marie Curie».
Todo esto me lo contaba la segunda vez que hablamos. Fue un día de septiembre en su casa de Madrid. La invitamos a participar en nuestra app de poesía española contemporánea y me recibió en una casa llena de libros, fotografías, cuadros, retratos… La misma en la que se había instalado tantos años atrás con su familia y en la que me recitó este poema.
 
En aquellas paredes y estantes estaban entre otros Miguel Hernández, Machado, Lorca, Buero Vallejo, Genovés, Vento González, un Zamorano que le hizo para su cumpleaños, algunos cuadros de su nieta, una foto dedicada de Neruda… y su querida María de Gracia Ifach, biógrafa de Hernández, a quien Angelina ayudó con todo el legado que le pasó Josefina Manresa, la viuda del poeta.
«No te puedes imaginar la emoción que es ver un poema de Miguel Hernández escrito en un papel de chocolate, oliendo todavía al chocolate que se había comido Miguel en la cárcel». Entre las dos pasaron muchos de esos poemas a máquina.
María Beneyto.
María Beneyto.

Por supuesto que hablamos de sus buenos amigos Juan Gil Albert y Maria Beneyto, esta última su gran compañera de juventud. Las dos pasaban tardes enteras hablando en el banco debajo de la gran magnolia de la Glorieta de Valencia. «La mejor poeta sin duda», me dijo de ella.
Y también hablamos de Vicente Aleixandre
Aunque Angelina Gatell fue una mujer valiente y con mucho genio, en el fondo era tímida. No se atrevía a llamar a Vicente Aleixandre como normalmente hacían los poetas de la época pero un día, después de una de sus funciones, recibió una llamada del Premio Nobel diciéndole «Ya que la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña».
Medardo Fraile, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, José Hierro, Vicente Aleixandre y Concha Lagos en el jardín de Velintonia.
Medardo Fraile, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, José Hierro, Vicente Aleixandre y Concha Lagos en el jardín de Velintonia.

La primera vez que entró en Velintonia 3, el hogar de Aleixandre, fue en el año 59, poco después de conocer al premio Nobel en el Ritz durante una entrega de premios. Allí solían sentarse en el jardín, debajo del cedro, o en el diván, donde recibía a sus amigos.
«Por esta puerta ha entrado la poesía del mundo —le dijo él—, por esta puerta entró Miguel Hernández… Por esta puerta entró Pablo Neruda». Ella, viendo que era una puertecilla pequeña, respondió: «Pues no podría pasar porque era muy grande».
Guardaba como un tesoro las más de treinta cartas de Vicente Aleixandre que ahora ya habrán pasado a las manos de su hijo.
En La oscura voz del cisne publicado recientemente por la editorial Bartleby le dedica un poema.
Imagen del Café Gijón de Madrid en la década de los 40.
Imagen del Café Gijón de Madrid en la década de los 40.

El Café Gijón era su segunda casa.
En uno de los correos que recibí de Angelina me invitaba a comer en el Gijón, diciéndome que era como su segunda casa. En ese café se reunían en largas tertulias los intelectuales de la época. Gerardo Diego solía decirle a lo lejos cuando la veía entrar: «Ahí viene la mediterránea», porque siempre llegaba escondida tras una bufanda.
Angelina Gatell y Antonio Buero Vallejo.
Angelina Gatell y Antonio Buero Vallejo.

Allí también fue donde conoció a Buero Vallejo. «¡Ay Angelina qué enfadada debes estar conmigo porque te dije que eras bajita!» le soltó la primera vez que la vio. En sus inicios ella había estrenado en Valencia una obra de Buero y él, que había visto alguna fotografía, le comentó que no debería haberse puesto esos zapatos de tacón. A lo largo de todos aquellos años de tertulias trabaron una gran amistad y respecto al teatro, que se le resistía, él le decía: «¡Déjalo, no es para ti!». Aclara Angelina que no lo afirmaba en sentido peyorativo, sino porque ella era «incapaz de adoptar esas actitudes, de trabajarse las cosas».
'Memorias y desmemorias', la autobiografía de Angelina Gatell.
‘Memorias y desmemorias’, la autobiografía de Angelina Gatell.

Al final de su libro de memorias publicado por Aisge se puede leer muchas de las cosas que también me contó y ya casi al final se queja por no haber sabido exteriorizar sus sentimientos y deja este pequeño poema para sus seres queridos:
Cuando yo ya no esté
mirad de vez en cuando
el lugar donde estuve.
Es muy posible
que en un momento dado, diluida
en el amor que allí dejé
y no supe expresar, veáis
-a la luz huidiza de un relámpago-,
a la criatura
que fui y nunca conocisteis.
Otro poema de despedida, dedicado por Angelina Gatell a José Lamadrid.
Otro poema de despedida, dedicado por Angelina Gatell a José Lamadrid.

A Angelina Gatell le habría gustado ser una gran actriz de teatro pero Antígona y Lisístrata se le resistieron. No pudo ser. A pesar de ello sí se convirtió en una gran poeta, con más de quince libros publicados, fue la primera biógrafa en español de Pablo Neruda, tradujo en torno a un centenar de libros y adaptó, dobló y dirigió cientos de películas y series. Ahora sus hijos y nietos siguen su senda en el mundo de la poesía y encima de los escenarios. Hasta siempre Angelina.

Declaración por una Comisión de la Verdad sobre los Crímenes del Franquismo.

https://comisionverdadfranquismo.com/2017/04/07/declaracion-por-una-comision-de-la-verdad-sobre-los-crimenes-del-franquismo-2/?blogsub=confirming#subscribe-blog




La Plataforma por la Comisión de la Verdad y las organizaciones abajo firmantes nos dirigimos a las instituciones, entidades sociales y ciudadanos partidarios de que se reconozca el derecho de las víctimas del franquismo a la Verdad, a la Justicia y a la Reparación, y se establezcan, por los poderes públicos, las garantías de no repetición en nuestro país. Cuarenta  años de brutal dictadura no pueden ser ignorados y nuestra sociedad necesita construir su futuro en libertad, aprendiendo y condenando las múltiples y graves violaciones de los derechos humanos cometidos en España por el régimen franquista entre 1936, fecha de la sublevación militar, hasta 1977, año de las primeras elecciones. Por ello, creemos que ha llegado el momento de aplicar las recomendaciones de las Naciones Unidas y, en concreto, la constitución de una Comisión de la Verdad sobre los Crímenes del Franquismo por el Congreso de los Diputados. Petición que viene, además, avalada por más de 108.000 firmas, más de 100 entidades sociales y diversos representantes de organizaciones y grupos políticos autonómicos y estatales.

Las víctimas, los familiares y la sociedad en su conjunto no pueden sostener el silencio, el olvido o la ignorancia como justificantes de nuestro sistema político. La  recuperación de los restos reclamados por sus familias, la apertura de fosas, el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos o la investigación de los secuestros de bebés exigen el establecimiento de políticas públicas de memoria democrática, aplicando la Ley de Memoria y superando sus limitaciones, la implementación sin reservas de las recomendaciones de Naciones Unidas y, muy especialmente, el establecimiento de una Comisión de la Verdad.

El Consejo de Europa, las Naciones Unidas y otros organismos internacionales han emitido informes en ese sentido en los últimos años. Las violaciones de derechos humanos no son un asunto interno sino que afectan a la humanidad en su conjunto. El Gobierno, las Cortes y el resto de instituciones deben favorecer el conocimiento de la historia y nuestra memoria colectiva como vacuna contra la repetición de los errores del pasado, además de atender a la formación ética y ciudadana de las jóvenes generaciones. En 40 países se han constituido al efecto comisiones de la verdad.

El derecho a conocer la verdad sobre lo sucedido en nuestro país es un derecho absoluto y una obligación que el Estado español debe satisfacer de acuerdo con el derecho internacional, que lo establece como derecho individual y colectivo, es decir, de todos y todas.

Las múltiples iniciativas de ayuntamientos, comunidades autónomas y particulares reclaman la acción del Gobierno y de las Cortes, no pueden suplirla. Pedimos a todas las fuerzas políticas y sociales de nuestro país, que ésta sea la legislatura en la que el reconocimiento a las víctimas se lleve a cabo desde todos los ámbitos.

Los abajo firmantes entendemos que es imprescindible que el Congreso de los Diputados apruebe la creación de una Comisión de la Verdad, para establecer los hechos y garantizar los derechos de las víctimas del franquismo a la verdad, justicia, reparación y medidas de no repetición, permitiendo así la convivencia libre y democrática de los ciudadanos de nuestro país.

Marzo de  2017
Jaime Ruiz Reig (Presidente de la Plataforma), Cristina Almeida, Teresa Aranguren, Amparo Climent, Luis García Montero, Benjamín Forcano, Baltasar Garzón, Almudena Grandes, Carlos Jiménez Villarejo, José Antonio Martín Pallín, Federico Mayor Zaragoza, Reye Mate, Mirta Núñez Díaz-Balart, Manuel Rico, Manuel de la Rocha Rubí, Marina Subirats, Juan José Tamayo…
Si deseas adherirte, pincha aquí:. https://goo.gl/forms/oR57bGM2YvzdSdZs1

En el 40 aniversario de la legalización del PCE. El PCE (fue) mucho más que un partido.

http://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/pce-fue-mucho-mas-partido/20170406191203138535.html


José Luis Ibáñez Salas

“En la Semana Santa de 1977, los comunistas fueron incorporados a la legalidad por parte de Adolfo Suárez y con la anuencia y el apoyo del entonces joven rey Juan Carlos I. La repercusión fue enorme, la alegría mayor. Sin los comunistas, nada podía seguir adelante. Había sido el Partido, el gran partido de la oposición antifranquista, y por tanto su presencia era imprescindible y sus militantes un activo de gente abnegada, preparada, dispuesta a concertar, a convenir.”
Justo Serna, Epílogo a La Transición, de José Luis Ibáñez Salas

1975
En el mes de octubre del año 75, el día 30, el mismo día en el que por segunda vez Juan Carlos de Borbón asume interinamente la jefatura del Estado debido a la extrema gravedad del dictador, se crea un comité de enlace entre la Junta Democrática de España, encabezada por el Partido Comunista de España (PCE), y la Plataforma de Convergencia Democrática.
Las opciones presentes en el momento crucial de los últimos días del año en que murió el franquismo eran las siguientes. Una, aquella por la que aparentemente había optado el nuevo régimen −fuera este nuevo régimen el que fuera, pero en definitiva, por la monarquía personificada en Juan Carlos de Borbón−, al menos si uno echaba un vistazo a su primer Gobierno, es decir, por una continuidad en la que los cambios (invisibles, además) no parecían conectar con lo que la sociedad estaba solicitando de alguna manera en sus manifestaciones culturales y en sus mensurables estados de opinión, una opción esta que parecía esconderse tras la vitola del reformismo sin ser reformista (si acaso promotora de una reforma limitada, no en vano suele ser calificado por los especialistas de pseudoreformismo o reformismo continuista) y que era partidaria tan sólo de una democracia protegida, de una democracia limitada, o sea, de una democracia que nunca lo sería por cuanto no pretendía reconocer sino un pluralismo ideológico restringido (“una democracia a la española”, en feliz catalogación, como ya vimos, de Santos Juliá); una opción, en definitiva y tal y como explicitase el historiador español Juan Carlos Jiménez, en la que el papel de aglutinador de la “coalición de poder” –de alguna forma deslegitimada por una “crisis de desempeño” (el régimen se había querido legitimar en el crecimiento económico pero este crecimiento se hallaba en una situación de estancamiento a raíz de la incipiente crisis económica) y rota definitivamente desde el asesinato de Carrero Blanco en 1973− había ido a parar a Arias Navarro, carente del reconocimiento mínimo y sin fuerza real para reestructurar la dictadura”.
Opción dosla reforma parcial de las instituciones. Y, tres, la ruptura total. Si la primera parecía a todas luces un sinsentido a contracorriente de la realidad social que el propio franquismo había creado sin pretenderlo, la segunda se antojaba insuficiente para buena parte de los españoles, sobre todo para quienes veían en el pasado irresuelto tras la cesura gravísima de la Guerra Civil el objeto de sus demandas, y la tercera era considerada por la mayoría silenciosa de los ciudadanos una vía peligrosa, un sendero que recordaba la memoria todavía viva de aquella sangrienta confrontación de los años 30. La ruptura total estuvo canalizada desde el 26 de marzo de 1976 por Coordinación Democrática, que desde ese día unió la Junta Democrática de España, encabezada desde el año 74 por el Partido Comunista de España (PCE) y partidaria de la llamada ruptura democrática, con la Plataforma de Convergencia Democrática, liderada por el PSOE y defensora de lo que se dio en llamar ruptura pactada, que sería finalmente asumida por el nuevo organismo opositor, al cual se le acabó por conocer como Platajunta, más pragmática en sus reivindicaciones y constitutiva de una ampliación del frente contrario a las políticas gubernamentales donde tenían cabida posicionamientos de centro e incluso de centro-derecha. Esa idea de ruptura tuvo como modelos de actuación dos tipos de gobiernos provisionales, de un lado los surgidos de la caída de los regímenes totalitarios anticomunistas tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial y, de otro, el español que después de las elecciones municipales del 12 de abril del año 31 se autoproclamó Gobierno Provisional y recogió el poder abandonado por la monarquía de Alfonso XIII que se supo desdeñada.
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1976
El proceso reformista de Suárez, que parece estar dentro de la opción dos que acabamos de enunciar, de reforma parcial, arranca en el mismo momento de su llegada al poder en el verano del 76, tras ser nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos I.
Torcuato Fernández-Miranda, presidente de las Cortes (todavía posfranquistas, no lo olvidemos) le había presentado a Suárez un primer borrador del proyecto de Ley para la Reforma Política el 23 de agosto de 1976.
Al día siguiente, el presidente acercaba el texto a su Consejo de Ministros, y poco después hacía conocedor del mismo al joven líder del PSOE, Felipe González, y a otro socialista, este histórico, el profesor Enrique Tierno Galván, ya en septiembre, mes este en el que el día 8 rizaba el rizo de su papel de prestidigitador político y mostraba, siguiendo instrucciones del rey Juan Carlos, las bondades de su principal herramienta para desmontar el engranaje mortecino del régimen dictatorial nada más y nada menos que a la cúpula militar; esto es, a los ministros militares, al jefe del Estado Mayor Central, al almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada y al jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, y a un total de cinco almirantes y treinta tenientes generales, de entre ellos los nueve que ejercían las nueve capitanías generales y los dos que actuaban como capitanes generales en Baleares y Canarias. Para hacernos una idea del auditorio al que decidió exponer su programa Suárez, todos ellos habían apoyado la rebelión contra la Segunda República que causó la Guerra Civil; por no hablar del hecho de que casi todos los tenientes generales asistentes habían sido alumnos del mismísimo Franco en la Academia General Militar. Constituían aquel primer grupo de miembros de las Fuerzas Armadas de que ya he hablado, al que pertenecía como ejemplo señero Gutiérrez Mellado. Ante el estamento castrense, una fibra de delicadas relaciones, que acepta de mala gana el proyecto (que, como recoge Muñoz Bolaños, “prometía respetar la Corona, la unidad de España y la bandera bicolor”), sólo encontró un pero el proyecto legislativo reformistapero vaya pero¿Y el PCE? El PCE no cumple los requisitos para entrar en el nuevo juego político, dijo a los militares, que le dan su beneplácito al proyecto reformista que les expone. No lo cumplía… todavía, pues faltaba que el partido liderado por Carrillo aceptara, como hará, la bandera rojigualda y de paso la propia monarquía. Conviene decir que se mantiene a menudo que Suárez prometió taxativamente en esa reunión no legalizar a los comunistas, si bien él y Gutiérrez Mellado mantendrían siempre que se previno que no se les legalizaría de permanecer en su idea republicana. En cualquier caso, salvo él y su ministro, cuantos salieron de aquella reunión lo hicieron en el convencimiento de que Suárez no legalizaría al PCE.
1977
Gracias al decreto del 8 de febrero de 1977 −el del hábil retoque del Estatuto de Asociaciones Políticas que facilitaba la inscripción en el preceptivo registro−, los partidos de la oposición comenzaron a abandonar la peculiar clandestinidad en la que se hallaban. Si el 17 de febrero se legaliza al PSOE, el día 9 del mes de abril, el famoso Sábado Santo de 1977, es un día histórico porque se produce un hecho impensable apenas unos meses antes… la legalización del Partido Comunista de España (PCE) −ganada a pulso más aún tras la magnífica respuesta de sus seguidores luego de enero y la matanza de Atocha−, que provocaría como veremos la dimisión del almirante Pita da Veiga como ministro de Marina y pondría de manifiesto el malestar existente entre las Fuerzas Armadas en todo lo relativo al perdón y a la reconciliación nacional tras una Guerra Civil que muchos seguían considerando el motor de sus planteamientos vitales y por supuesto políticos, unas Fuerzas Armadas que seguían teniendo como némesis diabólico al comunismo incluso casi cuarenta años después del conflicto.
El peregrinaje de la solicitud comunista de ingreso en el Registro de Asociaciones Políticas había comenzado el día 11 de febrero, cuando el PCE presentaba la documentación pertinente, sus estatutos, en el Ministerio de Gobernación. De allí, el rechazo once días después del Registro ante la duda ministerial de la licitud penal de los principios exhibidos, llevó la solicitud al Tribunal Supremo, que habría de dictaminar antes de los treinta días siguientes. Pero esa corte devolvió la patata caliente al Gobierno por entender que era incompetente ante una cuestión que entendía enteramente política. Sobrevolaba la sensación de que no había nada ilegal en la propuesta comunista. Suárez comunica el 4 de abril a algunos de sus ministros, los dos vicepresidentes entre ellos (Gutiérrez Mellado y Osorio, ambos por cierto contrarios a la decisión del jefe del Gobierno), que está decidido a legalizar al PCE, aun así solicita dos días después a la Fiscalía del Estado un informe que acaba por dictaminar el 9 de abril la inexistencia de ilícito penal alguno en los estatutos. Ese mismo día, el Ministerio de Gobernación concedía la inscripción registral del PCE. Es Sábado Santo, una jornada en la que casi todo el país se encuentra de vacaciones. La sorpresa será mayúscula a partir del momento en que, siguiendo instrucciones del ministro de Información y Turismo, Andrés Reguera, Radio Nacional de España comunique a las seis de la tarde la noticia.
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A raíz de este acontecimiento vital en el proceso, en la historia de la Transición, la credibilidad que le podía faltar a la reforma promovida por el Gobierno hacía indiscutible acto de presencia, incluso ante quienes menos estaban dispuestos a admitirla: la voluntad democrática del ejecutivo de Suárez estaba ya fuera de toda duda. Se trataba de la demostración evidente de que el proyecto reformista gubernamental buscaba establecer una democracia plena, sin la tutela de las Fuerzas Armadas.
Sí, porque, si recordamos aquella reunión de septiembre del año 76 entre los más altos mandos militares y Adolfo Suárez, y cómo según muchos aquéllos salieron de dicho cónclave convencidos de que el presidente del Gobierno no legalizaría al PCE ni consentiría su legalización, se hará fácil entender que a partir de ese instante, como recoge entre otros Muñoz Bolaños, las Fuerzas Armadas, o buena parte de sus miembros, “dejaron de confiar en el Ejecutivo, y algunos sectores de las mismas decidieron poner en marcha operaciones golpistas puras”, ya que los intentos de determinar el alcance del proceso de transición a la democracia, tutelando la acción gubernamental desde los cuarteles, habían fracasado, ya fuera bajo la fórmula de influencia (segundo Gobierno de Arias Navarro, desde finales del 75 a julio del 76) o de extorsión (manifestado durante los primeros nueve meses de Suárez como presidente del gabinete). Comenzaba así lo que el tantas veces citado historiador Roberto Muñoz Bolaños identifica como periodo de desplazamiento y sustitución o suplantación, del que ya hablaré más profundamente llegado el momento y que consistiría en “acciones de carácter golpista”. Y, para empezar, la citada dimisión del almirante Pita da Veiga al frente del Ministerio de la Marina tan pronto como el 11 de abril, dos días después de la legalización de los comunistas. Una dimisión presentada de forma irrevocable aduciendo que no había sido informado de tal hecho, como no lo habían sido ninguno de los otros dos ministros militares, Franco Iribarnegaray (del Aire) y Álvarez-Arenas (del Ejército). Sustituir a Pita da Veiga le costó sangre, sudor y lágrimas al Gobierno debido a que la Armada hizo causa común con el dimitido. Sólo cuando el almirante en la reserva Pascual Pery Junquera, enemistado con Pita (y de quien por Muñoz Bolaños podemos saber que había sido cesado en el cargo de subsecretario de Marina Mercante por el ministro dimitido), acepte el día 13 de aquel mes de abril ocupar el cargo, luego de que ningún otro en activo quiera hacerlo, podrá respirar tranquilo el ejecutivo de Suárez. Una desconfianza triple había nacido a raíz de la legalización del partido de Carrillo: por un lado, la de muchos de los miembros de las Fuerzas Armadas hacia Suárez y Gutiérrez Mellado, que se transmutaría en rencor cuando no en odio; de un segundo lado, la de buena parte de la oficialidad castrense, y aquí sigo una vez más a Muñoz Bolaños, “hacia sus mandos naturales que, salvo excepciones, se mostraban sumisos ante las decisiones del Gobierno”; y, para finalizar, la de un reducido número de jefes y oficiales hacia la figura del mismísimo rey Juan Carlos I, en tanto que “valedor de Suárez”, lo que llevaría incluso al surgimiento de operaciones golpistas.
Otra marejada producida por la legalización del PCE, de menor calado y menos peligrosa que la casi total repulsa militar, llegará el día 23 de mayo, cuando el rey acepte la dimisión de Fernández-Miranda, que habían solicitado por distintos motivos Alianza Popular (AP, a la cual ya conocemos pero no obstante presento un poco más adelante), el PSOE y el PCE y se haría efectiva tras los primeros comicios legislativos.
El PCE −que había reunido a su Comité Central por vez primera en España tras la Guerra Civil los días 14 y 15 del mes de abril (seis días después de su histórica legalización) para entre otras cosas asumir la unidad del Estado, la bandera rojigualda y la monarquía como forma de gobierno− arrastraba desde el comienzo de la mismísima Transición una profunda crisis producida por el nuevo escenario que obligaba al partido a reconvertirse desde la resistencia antifranquista hasta la normalización democrática a la que el proceso en el que él mismo participaba parecía a todas luces abocar. Ese trance dejaba en un lado de la principal organización comunista española a los partidarios de seguir enarbolando los principios leninistas y en otro a los que lo que pretendían era lograr la renovación auténtica, la del eurocomunismo que anunciara a bombo y platillo Carrillo en marzo de aquel año 77 y que defendía el modelo de las democracias occidentales pluripartidistas. Una crisis que además se complicaba hasta convertirse en un verdadero galimatías debido a que la dirección del PCE en realidad lo que usaba eran desde hacía décadas los modos autoritarios que se contradecían con la práctica del consenso que promovía y beneficiaba fuera de las paredes del partido, en la realidad social y política que estaba siendo ya el proceso desde la dictadura hasta la democracia.
Sobre la figura de Carrillo durante la Transición no puedo por menos que recurrir a Javier Cercas, quien explica cómo el líder comunista se convirtió en un “héroe de la retirada”:
“Carrillo –y con él toda la vieja guardia del PCE– también renunció a ajustar cuentas con un pasado oprobioso de guerra, represión y exilio, como si considerase una forma de añadir oprobio al oprobio intentar ajustarles las cuentas a quienes habían cometido el error de ajustar las cuentas durante cuarenta años, o como si hubiera leído a Max Weber y sintiese como él que no hay nada más abyecto que practicar una ética que sólo busca tener razón y que, en vez de dedicarse a construir un futuro justo y libre, obliga a ocuparse en discutir los errores de un pasado injusto y esclavo con el fin de sacar ventajas morales y materiales de la confesión de culpa ajena.
[…] Carrillo renunció a los ideales de toda una vida y eligió la concordia y la libertad frente a la justicia y la revolución”.
[En las elecciones de aquel año 77, el PCE, junto al Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) alcanzó 1.709.890 sufragios (9,33%), lo que le permitió llegar… tan sólo a los 19 diputados (de ellos, 8 del PSUC).]
Todos estos textos pertenecen al libro del autor titulado La Transición, publicado por Sílex ediciones.

Acte d’Homenatge 2017 a les víctimes de la repressió franquista a Tarragona.



La presidenta de l’Associació de víctimes de la repressió franquista a Tarragona (AVRFT), Sra. Montserrat Giné Giné es complau a convidar-vos a l’Acte d’Homenatge 2017 a les víctimes de la repressió franquista a Tarragona L’Acte tindrà lloc al costat del Grup Escultòric “DIGNITAT” a la fossa comuna del cementiri de Tarragona. Hi haurà parlaments, una actuació musical i l’ofrena floral. eL Diumenge 9 d’abril de 2017, a les 12:00h Carretera del Cementiri, s/n. Cementiri de Tarragona Associació de Víctimes de la Repressió Franquista Tarragona - AVRFT. C/ General Contreras, 27, 2n 1a. 43004 Tarragona. e-mail: avrftarragona@gmail.com . Tel.: 696 00 78 11

Gritos en un Pleno de “¡Arriba España! ¡Viva Franco!” y complicidad del PP.

https://radiorecuperandomemoria.com/2017/04/07/gritos-en-un-pleno-de-arriba-espana-viva-franco-y-complicidad-del-pp/


Con la voz desgarrada por la emoción del momento y al grito de !Arriba España! ¡Viva Franco! un vecino de Santander ha interrumpido el Pleno de este Ayuntamiento mientras el concejal de Santander Si Puede, Antonio Mantecón, presentaba una moción para que Santander ponga una querella en el Juzgado de Instrucción para investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen franquista.
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No era para menos. El Pleno del ayuntamiento estaba hasta la bandera de asistentes afines al PP, concejales, simpatizantes y vecinos, al mando del cual estaba la actual alcaldesa Gema Igual, que al oír esa frase que le era de algún modo familiar aunque no exacta, es ¡ Viva Franco! ¡ Arriba España!, ha interpelado con un “¡muy bien!, hay que mantener el orden en la sala” lo que le ha valido la protesta del concejal del PSOE Javier Antolín, al que no le ha gustado el tono del “muy bien”, y ha solicitado la expulsión del vecino mientras que Mantecón y el concejal de IU, Miguel Saro, ponían cara de asombro y desprecio.
La alcaldesa ante los reproches por su complicidad con el “muy bien” lo ha justificado como una simple expresión para continuar el desarrollo normal de la intervención del concejal Antonio Mantecón.
Señora Alcaldesa:
“He tenido acceso al audio de ese momento preciso (vosotros tenéis el enlace al final del artículo) y le puedo asegurar que el tono con el que lo ha dicho es un ¡muy bien!, exclamativo y admirativo, ya sabemos con quién y de quién estamos hablando.
Sinceramente, me parece una falta de respeto a los familiares de los fusilados y represaliados, víctimas del franquismo, de su comunidad y del resto de comunidades.
Últimamente estamos asistiendo a algo que para algunos se percibe como que el régimen del 78 ha dejado de disimular, lo cual es cierto, y la respuesta está en esa impunidad que les han otorgado las Instituciones capitaneadas por los abuelos, hijos y nietos del franquismo, y que dura 81 años.
A esto tengo que añadir que tienen miedo, miedo a que un día, nosotros, hijos y nietos de esos a los que un día les segaron las ideas, los sueños, la libertad e incluso sus vidas les hagamos frente pero no como ustedes esperan, con otra guerra, sino con la fuerza que nos da la razón y la justicia, lo cual  temen mucho más quizás.
Nos da igual que sigan insultando, menospreciando, infravalorando a nuestros familiares, que aparezcan adalides de tiempos pasados con gritos vacíos, sin razón y sin justicia. Su argumentario siempre ha sido  pobre. Lo único que les hace fuertes es el insulto, el menosprecio, y la falta de valentía personal, escudándose en la fuerza que otorga la represión a sangre y fuego.
Señora Alcaldesa, siento vergüenza ajena, la vergüenza que me pueden dar personas como usted que han perdido toda clase de valores. Usted representa a una Institución que no merece, sufragada con el dinero de todos.
Por último, Señora Alcaldesa, recordarle que nosotros seguiremos aquí. No nos van a asustar ni sus desprecios, ni sus insultos, ni sus proclamas trasnochadas.
Ellos plantaron semillas y nosotros somos sus frutos”.
Autora: Nanny García Gómez
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