dissabte, 21 de novembre de 2015

‘Me obligaron a fusilar a republicanos’, conoce la increíble historia de Román Mourín.

https://news.vice.com/es/article/me-obligaron-fusilar-republicanos-conoce-increible-historia-roman-mourin


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"Teníamos que tirar tres tiros a la espalda y dos a la cabeza. Empezaba la corneta: ti ti tipara que preparáramos. Cuando volvía a hacer ti, tirábamos del gatillo. Todos caían hacia atrás. Se quedaban allí un poco, sangrando. Luego los cargaban en un camión basculante, no sé dónde los enterraban".
Es la desgarradora declaración a VICE News de Román Mourín, soldado del bando franquista durante la guerra de 1936 quien con 22 años fue obligado a participar en medio centenar de fusilamientos.
Román nació en una aldea cercana a Sarria (Lugo), donde todavía vive, a sus 97 años. Era hijo de una ama de cría de los hijos de un ministro del rey Alfonso XIII. El médico del pueblo la seleccionó entre las mejores madres lactantes de la localidad para viajar a Madrid y Román fue criado por su padre gracias a la leche de una burra.
Tras el alzamiento militar, Román se libró por no dar la talla, pero al endurecerse la guerra fue reclutado. En Asturias trabajó picando piedra que después era utilizada como explosivo de aviación y también ejerció de escolta en un campo de aviación donde un millar presos trabajaban forzosamente para reconstruirlo. "Pasábamos hambre todos", explica Román, "pero nosotros podíamos ir a robar maíz al campo", recuerda.
"En la guerra trataba de no matar a nadie pero muchas veces tenía que hacerlo porque si no te mataban a ti". Semanas después, Román, que entonces tenía 20 años, fue movilizado a primera línea de frente donde avanzó con las tropas golpistas y participó en las batallas más duras.
"Los republicanos eran muy buenos combatientes. Creo que si no hubiese sido por los alemanes y los italianos no hubiésemos ganado la guerra. Un día salimos 110 soldados por la mañana y a la hora de la cena quedábamos 23". Román salvó su vida refugiándose entre dos muertos que lo protegieron de las balas.
"Nuestro capitán era un demonio. En Teruel nos mandó enterrar a cuatro soldados, dos de los cuales estaban graves, pero no muertos", prosigue. "Le dio igual. Decía que le estorbaban y los camilleros no llegaban para llevárselos. Así que les echamos algo de tierra por encima. Uno de ellos quedó gritando y pidiendo por favor que no lo dejáramos allí".
Durante todo su relato, Mourín acusa a la Iglesia católica de ser una de las aliadas de Franco que, junto a la gran burguesía, compró a los militares a golpe de talonario. "Cuando nos encontrábamos alejados del frente, el cura celebraba misa. Predicaba que debíamos matar a todos los republicanos porque eran personas que querían acabar con la religión y con la Iglesia. Y entre nosotros había de todo, muchos no estábamos de acuerdo pero nos resignábamos y muchos estaban de acuerdo con lo que el cura predicaba".
Según Alejandro Rodríguez, historiador de la Universidad de de Santiago de Compostela e investigador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), la Iglesia ejerció un papel fundamental en la ejecución de miles de asesinatos. "Si bien también a veces se dio el caso contrario, son numerosos los casos de curas que ordenaron qué personas debían ser asesinadas en sus pueblos, emitiendo informes a los tribunales militares", detalla a VICE News.
'Los fusilamientos eran ordenados por personas del clero y el ayuntamiento y se ejecutaban al amanecer'. 
En verano de 1938, el capitán de Román quiso destinarlo al cruce del Ebro. Entonces, Román desertó. Pero no volvió a casa, sino que permaneció oculto entre las diferentes quintas movilizadas en León y Oviedo. Antes de la ofensiva final, en la primavera de 1939, Román decidió entregarse a su compañía. Su capitán no pudo acusarle de nada, pero lo castigó destinándolo a la primera línea de frente en la toma de Ciudad Real.
Los sublevados entraron a la ciudad sin apenas resistencia. "Nos pusieron a detener a todo el mundo, a la gente que huía por las carreteras", sostiene Román. "Las cárceles se desbordaron de prisioneros, así que nos mandaron rodear el campo de fútbol con una alambrada, que también llenamos de republicanos".
"Esa gente no tenía nada. Por un trozo de pan nos daban el anillo, la pulsera, todo cuanto tuviesen. Las mujeres empezaron a prostituirse con los soldados. Se levantaban la falda y te decían: 'Mira que buena la tengo… A ver si puede darme algo, tengo marido e hijos y se mueren de hambre…'Aquello era horrible. Yo muchas veces lloré."
"Román Mourín formó parte durante más de año y medio del cuerpo de guardia de la cárcel de Ciudad Real y participó en varias ocasiones como piquete de ejecución", explica a VICE News José Antonio Millán, abogado y presidente de la Asociación Memoria de Ciudad Real.
A sus 97 años de edad, Román Mourín nunca antes había explicado su historia a un medio de comunicación. (Imagen por Aitor Fernández)
Según Román, los fusilamientos comenzaron por la necesidad de reducir la cantidad de prisioneros y de eliminar inmediatamente a todo aquel implicado en la defensa de la Segunda República. Eran ordenados "por personas del clero y el ayuntamiento" y se ejecutaban al amanecer. "Nos despertaban a las seis de la mañana. Debíamos ir cinco soldados por cada preso".
Setenta y seis años después, el anciano todavía recuerda lo que le gritaban los que estaban a punto de morir:"'Tirad bien, soldaditos, tirad bien, no nos dejéis sufriendo…', 'Soy padre de familia y me matan sin tener porqué', 'Matáis a los pobres para que los ricos vivan bien'".
El historiador Alejandro Rodríguez sostiene que, aún hoy, es muy difícil cuantificar el alcance de la represión franquista. Asegura que los datos más fiables provienen de especialistas y colectivos que han realizado investigaciones por iniciativa propia, pero que todavía hay miles de ciudadanos enterrados en lugares sin identificar.
"El dato más contrastado es la recopilación de investigaciones llevada a cabo por el juez Garzón en la que cuantificó, en base a denuncias de colectivos y familiares, una cifra de 114.226 personas desaparecidas en todo el Estado". 
"En la provincia de Ciudad Real el alcance de la represión es inexacto, pero calculamos que puede llegar a 10.000 desaparecidos", precisa José Antonio Millán.
El macabro relato de Román prosigue: "Una vez disparamos a catorce, pero uno quedó vivo, de pie. Empezó a gritarnos: '¡Matadme! ¡Todavía no me matasteis! ¡Si Dios existiera, mataría a quien manda matar!' Tras disparar de nuevo, fueron advertidos: 'El que se haya negado a disparar será fusilado con el que quedó'".
Asegura que antes del fusilamiento, un cura acudía a confesar a los condenados. "Existe un cielo y hay que arrepentirse", les decía el sacerdote.
"Una vez uno le dijo que sí, que se quería confesar. Pero cuando el cura se acercó, se tiró encima de él y empezó a pegarle una paliza... Le decíamos que lo dejara, hacíamos como que le apartábamos, pero en el fondo le permitimos pegarle un rato. Le metió los dedos en los ojos y al final se lo llevaron en camilla. A partir de entonces no se confesó a nadie más".
Como guardia de la cárcel, el joven soldado grabó en su mente la escena del último adiós de la familia del alcalde de Ciudad Real, Calixto Pintor, poco antes de su fusilamiento: el llanto de toda la familia, el desmayo de su mujer y el grito con promesas de venganza de uno de sus hijos al despedirse.
"Ese hijo murió joven, la mayoría murieron jóvenes", explica José Antonio Millán. "Calixto Pintor, que fue alcalde socialista de la ciudad entre 1937 y 1939, tuvo dos consejos de guerra. Del primero se libró gracias a los avales de personas influyentes, pero fue nuevamente denunciado y fusilado, el 24 de julio de 1940. Actualmente sólo vive una hija del alcalde, en una residencia de ancianos. Todas fueron educadas en familias franquistas".
Román recuerda las torturas que cada día se cometían allí: "En el patio central había una soga donde ahorcaban a un prisionero hasta la asfixia. Luego lo soltaban y le dejaban respirar un poco. Así todo el día hasta que terminaban matándolo".
Esta es la primera vez que Román cuenta su historia a un medio de comunicación, y no porque no haya querido hacerlo antes. "A veces he contado mi historia, pero a la gente no le interesa", recuerda. "Yo creo que hay quien no se cree que estas cosas sucedieron. Con la República empezábamos a despertar, pero tras la guerra aquella gente que nos abría los ojos desapareció. Lo peor de todo sería que esto volviera a pasar".
"Su historia es la misma de la de muchos otros, muchos más de los que pensamos", sostiene Millán, "hombres de izquierdas atrapados por el franquismo y obligados a asesinar a otras personas".
"La Transición fue primordial en el olvido de las víctimas", explica Alejandro Rodríguez. "Un olvido cimentado en la Ley de Amnistía y administraciones que nunca han amparado los esfuerzos de una gran parte de la sociedad con una clara voluntad de conocer el pasado, de hacer justicia y educar en cómo se implantó la dictadura".
El testimonio de Román es uno de los pocos testimonios de los verdugos del bando nacional registrados hoy en día. Cuenta su historia de una manera natural, con la distancia necesaria que le ha permitido seguir viviendo. A lo largo de ella recuerda el hambre que pasó y que fue criado con la leche de una burra. "Por eso no fui listo en la vida", sentencia con humor.
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divendres, 20 de novembre de 2015

España. 1975.

http://anatomiadelahistoria.com/2015/11/espana-1975/



20 nov, 2015 por 



el-franquismo-“Y el pueblo, los españoles de a pie, la gente del común, ¿qué tenían que decir en aquellos años en que todo indicaba que asistían a los estertores del régimen [franquista]?” Sigamos para encontrar la respuesta al politólogo español Mariano Torcal Loriente.
Al final del franquismo, nos dice Torcal Loriente, “los españoles no manifestaban mucho apoyo al mismo, pero tampoco eran demócratas comprometidos. Se trataba más bien de una ‘mayoría grande y silenciosa’ cuyos valores prioritarios eran la paz, la justicia y el orden, y para quienes la democracia era mucho menos importante. […] Éste fue el mayor logro de socialización de la propaganda franquista. El discurso legitimador y los nuevos símbolos políticos de la segunda fase del franquismo afectaron a todos los españoles porque cambiaron su opinión sobre los fundamentos legitimadores del régimen, si bien no consiguieron legitimarlo”.
El Estatuto de Asociaciones Políticas era todo cuánto el régimen ofrecía al régimen. Y el régimen eran también los reformistas. Y los reformistas miraron para otro lado cuando todo lo que el régimen ofrecía era el Estatuto de Asociaciones Políticas. Por ahí, se resquebrajaba el franquismo. Porque está claro que Arias Navarro no tendía precisamente una mano a la oposición democrática, cada vez más unida pero sin ser capaz de enlazar los organismos liderados respectivamente por el PSOE y por el PCE. Ni se la ofrecía a la oposición antifranquista ni al sector decidido a reformar al régimen desde dentro.
Y entre tanto… Solo una asociación política, Reforma Social Española, de las muy pocas que se crearían a la sombra del Estatuto, pertenecería al sector reformista, si bien estaba encabezada por un reconocido falangista, el periodista Manuel Cantarero del Castillo. Por si sirve de pista de por dónde iban no los tiros sino los aires de aquel fracasado aperturismo, no podemos evitar traer aquí a una de ellas, Unión del Pueblo Español, formada por hombres del régimen en el más puro continuismo, entre cuyos líderes principales se hallaban el ministro de Educación y Ciencia, Cruz Martínez Esteruelas, o el vicesecretario general del Movimiento…Adolfo Suárez.

Crisis económica, huelgas por doquier

Una situación en la que la conflictividad laboral y social, no solo protagonizada por obreros conscientes sino también por los vecinos de los grandes centros urbanos convenientemente asociados, tendrá un decisivo papel en la crisis final del franquismo. La coyuntura no ayudaba a la estructura. Pavimentado desde los años del desarrollismo sesentero, por si fuera poco, o mejor aún, como resultado y causa a la vez de todo ello, en 1975 existía un enorme abismo entre la cultura de la España oficial promovida por los restos del régimen y la cultura del país de verdad, la España real.6a00d8341bfb1653ef01a511550f72970c
El franquismo se movía sobre una superficie tan inestable que cambiar el Gobierno parecía una salida razonable, aun antes de asumir el fracaso del Estatuto de Asociaciones. Y eso hizo Arias Navarro en marzo de aquel 1975, cuando sustituyó a cinco de los miembros de su gabinete. El más importante de los cambios fue el de Licinio de la Fuente, quien había terminado por provocar la crisis gubernamental al presentar su dimisión a finales de febrero ante los obstáculos a su propuesta para reconocer el derecho de huelga. A De la Fuente le sucedió en la tercera vicepresidencia y en el Ministerio de Trabajo el jurista Fernando Suárez González, hasta entonces director general del Instituto Nacional de Emigración. Utrera Molina y Ruiz-Jarabo también resultaban defenestrados en la crisis gubernamental, aun siendo como eran piezas esenciales del búnker continuista. Y esa remodelación supuso, además, de rebote el retorno de Solís Ruiz cuando tres meses más tarde fallecía el nuevo ministro secretario general del Movimiento, Fernando Herrero Tejedor, el valedor de… Adolfo Suárez.

Un nuevo, y último Gobierno franquista

En mayo, el nuevo Gobierno, salido de la última crisis de gabinete del franquismo, pretendía domeñar a la oleada impenitente de huelgas mediante una medida de claro corte aperturista, es decir, insuficiente: elDecreto-ley sobre Regulación de los conflictos colectivos de trabajo, que “legaliza el recurso a la huelga”, claro es que de forma restringida, lejos de los proyectos reformistas del dimitido ministro De la Fuente.
A la conflictividad obrera, sellada por la victoria de las candidaturas de Comisiones, USO y otras papeletas democráticas en las elecciones sindicales de junio del 75, se le unía la mayor contestación posible al régimen, la cada vez más insistente violencia terrorista del FRAP y sobre todo de ETA, lo que provocaría que se decretara de nuevo el estado de excepción por tres meses en las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya. La consabida dinámica de la acción-reacción, con el búnker cada vez más decidido a hacer pagar con sangre a cualquiera que fuera partidario no ya de la independencia de los vascos sino de la reivindicación del mismo uso de su lengua, un sector inmovilista cada vez más franquista que Franco, más decidido a vender cara la piel de un régimen que se desmayaba a cada paso.
¿Y cómo respondió a esta coyuntura el Gobierno de Arias Navarro? Sencillo: con una represión endurecida. A finales del mes de agosto promulga el Decreto-ley sobre Prevención del terrorismo, donde la pena para quienes participen en una situación de violencia de la que resulte el fallecimiento de algún servidor público será la de muerte. Se trataba nada más y nada menos que de una auténtica involución que devolvía a la jurisdicción militar la primacía sobre la civil para muchos delitos políticos, para la mayoría. De inmediato, a los pocos días son condenados a la pena capital dos activistas de ETA, y a las semanas son ya once quienes reciben semejante sentencia, tres etarras y ocho miembros del FRAP.
La presión de la comunidad internacional sobre el Gobierno de Arias Navarro fue muy intensa. Más si cabe que la llevada a cabo cinco años antes. El propio papa Pablo VI pero asimismo otros máximos dignatarios de otros estados, la reina británica incluida, solicitaron clemencia al gabinete español y al mismísimo dictador, a quien veían como el auténtico responsable y por tanto máximo decisor a la hora de desandar lo adoptado. Pocas representaciones exteriores españolas quedaron exentas de sufrir las recriminaciones de quienes consideraban al país todo una afrenta ignominiosa a la sociedad internacional. Ni que decir tiene que en el interior del País Vasco, donde el régimen había perdido hacía ya tiempo la batalla de la legitimidad, las movilizaciones se generalizaron hasta el punto de no dejar apenas resquicio para pasar desapercibida a ninguna actividad pública. Hasta la Conferencia Episcopal española y el padre del príncipe Juan Carlos solicitaron la condonación de las penas.
1975-sept-franco-juancarlosLlegamos al día 27 del mes de septiembre de aquel año 1975, cuando se produce la ejecución de cinco de aquellos penados, dos militantes de ETA, Ángel Otaegui y Juan Paredes; y tres del FRAP, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena. Aunque ha habido seis conmutaciones de la pena de muerte, adoptadas un día antes por el Consejo de Ministros, el régimen parece para unos querer morir matando y para muchos otros no hace sino mostrar su origen y su razón de ser, tal vez incluso el extremado peso del búnker en las decisiones de un anciano acorralado y superado completamente por los acontecimientos. Los ajusticiamientos incrementan poderosamente la repulsa internacional y los actos condenatorios dentro de las provincias vascas, especialmente como de costumbre de las de Guipúzcoa y Vizcaya, donde la huelga general convocada al efecto moviliza una cifra sobrecogedora: 200.000 obreros. A los asaltos de embajadas españolas en varias ciudades y a la llamada de quince embajadores por parte de sus respectivos gobiernos se añade nada más y nada menos que la petición mexicana de que España sea expulsada de la ONU. A comienzos de octubre, ETA y el GRAPO asesinan en sendos atentados a seis miembros de las fuerzas del orden. La tensión en el país es insoportable, y… el régimen −por ser más preciso, el inmovilismo recalcitrante de la ultraderecha enrocada en el búnker− se da los consabidos golpes de pecho convocando una nueva manifestación a favor de Franco en la madrileña plaza de Oriente que transcurriría, cómo no, durante el simbólico día 1 de octubre, en medio de lo que Tusell consideró que proyecta “de nuevo un cierto aire patético”. El Caudillo tiene así su última ocasión de arengar desde el habitual y destacado balcón del madrileño Palacio Real, paranoicamente, por qué no decirlo, a buena parte de lo poco que queda de las muchedumbres guerreras que le encumbraron a costa de la otra mitad del país hace… casi cuarenta años.
Para Franco y para los franquistas, que a estas alturas no eran más que los inmovilistas, no había más que, y estas son palabras dichas por el dictador en aquella su última soflama, “una conspiración masónico-izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión terrorista-comunista en lo social”.

La agonía del dragón

Pero pocas semanas después, Francisco Franco sufrirá un infarto en la madrugada del 14 al 15 de octubre de aquel año 1975. Tiene tiempo aun de tratar el día 16 la peliaguda cuestión del Sahara Español, amenazado por la llamada Marcha Verde que prepara el rey marroquí Hasan II. Un día más tarde aun preside el Consejo de Ministros, bien que conectado a un monitor que vigila los que se tienen por sus últimos latidos. No en vano Fusi llega a escribir que “toda la escena era un símbolo de la determinación que siempre había demostrado de permanecer en aquel puesto hasta el final”. Un nuevo infarto el 19 de octubre le debe de esclarecer al dictador la necesidad de hacer lo que hace al día siguiente, reunirse con Juan Carlos de Borbón, Arias Navarro y el presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, para analizar la cuestión de la transmisión de poderes aunque fuera a título de cesión temporal como ocurriera el año anterior. Otro infarto y un empeoramiento general le convencen finalmente el día 30 de ceder por segunda vez los poderes de la jefatura del Estado al nieto de Alfonso XIII.
El primer día del mes de noviembre, en su inaugural actividad como jefe del Estado in pectore, Juan Carlos de Borbón acude a la ciudad de El Aaiún, la capital del Sahara (aún) Español, para dar la impresión de que todo está bajo control ante la inminente marcha casi sagrada de los marroquíes sobre aquellos territorios africanos bajo soberanía hispana. Da igual, en un giro inesperado fruto de la absoluta debacle de un régimen desvencijado, luego de que el día 6 cruzara la Marcha Verde la frontera, el 14 firman los gobiernos de Marruecos, Mauritania y España en Madrid el pacto de entrega española del territorio que será ya conocido como Sahara Occidental para su reparto administrativo entre Marruecos y Mauritania, países que, no obstante, se comprometían a contar con la opinión de la población autóctona.
Cuando el 5 de noviembre Franco es trasladado al madrileño Hospital de la Paz, a la que estaba siendo ya una larga agonía le quedaban aun 15 días de prolongación, en medio del desbaratamiento más evidente de lo que quedaba del régimen personificado en el general ferrolano aceptado continuamente por la coalición vencedora en la guerra civil de los años 30. Treinta y cinco minutos antes de las 6 de la mañana del día 20 de noviembre del año 1975 falleció en medio de un cuadro clínico sobrecogedor que incluía infarto de miocardio, peritonitis, fracaso renal agudo…
“Cuando Franco murió, el dilema no era ya, como en 1969, o inmovilismo o aperturismo. El dilema era reforma o ruptura. Ese iba a ser el gran problema que tendría que resolver de inmediato la Monarquía de don Juan Carlos de Borbón”.
Las cursivas son mías, las palabras son de los historiadores Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox.
Otro experto en la dictadura franquista, el historiador español Abdón Mateos, nos proporciona las palabras necesarias para cerrar el círculo al traernos a la oposición antifranquista al escenario sobre el que empieza a descender el telón:
“Aunque la oposición política y los movimientos sociales no pudieron derribar al régimen franquista, su creciente implantación avivó la división de la clase política del mismo, restando posibilidades a los proyectos de reforma que no tuvieran como horizonte la restauración de la democracia. Por todo ello, el peso de la oposición en el final del régimen radicaba sobre todo en la conformación de una cultura democrática en la sociedad, en la preparación de la representación de ésta y en el legado que la histórica conservaba en el plano de la legitimidad”.

Y lo que llegó después…

franquismo (1)La Transición española a la democracia, la Transición, sin más, vino a demostrar que el franquismo no fue otra cosa que el régimen personalista del general Francisco Franco, un régimen político hecho para mantener la situación de privilegio de una casta que no quiso nunca permitir que ninguna práctica política limitara su capacidad de decidir cómo habría de vivirse en el país donde sus antepasados habían conseguido medrar, atemorizada por la muy seria posibilidad de que el movimiento obrero organizado acabara con aquel mundo. Y Franco supo cómo aprovechar esa coyuntura para cumplir con su pacata manera de entender el pasado, el presente y el futuro, así como perpetuarse en un poder aprehendido por las armas al tiempo que mantenía la tranquilidad de los poderosos costara lo que costara.

[Este artículo es una adaptación de buena parte del final del libro del autor titulado El franquismo, publicado por Sílex ediciones y, en digital, por Punto de Vista Editores]

Rajoy completa una legislatura de olvido económico a las víctimas del Franquismo.


http://memoriahistorica.org.es/s1-news/c3-destacado/rajoy-completa-una-legislatura-de-olvido-economico-a-las-victimas-del-franquismo-2/





Publicado por ARMH
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Rajoy completa una legislatura de olvido económico a las víctimas del Franquismo


Desde 2012, año en el que el Ministerio de Presidencia dejó de financiar las exhumaciones, las asociaciones las financian gracias a premios y donaciones humanitarias internacionales. Un sindicato noruego de electricistas aportó 6.000 euros en 2014 y la Fundación Abraham Lincoln de Nueva York entregó 100.000.
eldiario.es / Diego Barcalá / 20-11-2015
Algunos se acordaron de su abuelo cuando había dinero”, declaraba en noviembre de 2013 el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando. La opinión, comentada en plena tertulia de 13tv, fue criticada por su desdén a las víctimas del franquismo que incluso le denunciaron por injurias.
El Gobierno de Zapatero aprobó unas subvenciones para las víctimas del franquismo que se mantuvieron durante 5 años
Pero representan con certeza la política que el Gobierno de Mariano Rajoy ha seguido al respecto de las ayudas públicas a para las asociaciones de derechos humanos relacionadas con la memoria histórica. Los últimos Presupuestos Generales del Estado, los de 2016, confirman que el Ejecutivo del PP va a completar una legislatura de parón en las ayudas a aquellos que buscan a los miles de desaparecidos en las cunetas españolas.
“Eliminaría todos aquellos artículos que hablan de dar dinero público para recuperar el pasado. Yo no daría ni un solo euro del erario público a esos efectos”, adelantó en 2008 Mariano Rajoy en 20Minutos.
La crítica de Hernando escoció especialmente en la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica(ARMH). Este colectivo formado por familiares de republicanos fusilados en la Guerra Civil y la represión franquista encontró y exhumó en el año 2000 por primera vez a una víctima del franquismo con métodos científicos. Desde entonces, durante 6 años trabajaron sin descanso y sin dinero público para ayudar a miles de familiares.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, nieto de un republicano fusilado en León, aprobó unas subvenciones que se mantuvieron durante 5 años para pagar actividades de reconocimiento moral de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Apenas un 35% de ese dinero fue dedicado a exhumaciones, el resto pagaba exposiciones, documentales y congresos, algunas actividades incluso organizados por universidades y sindicatos.
Las víctimas, que siempre reclamaron una política pública de búsqueda de restos –como también ha pedido la ONU– acabaron en la Audiencia Nacional con la frustrante pelea del juez Baltasar Garzón.

Exhumaciones sin ayuda estatal

“Entre los años 2000 y 2007 hicimos decenas de exhumaciones sin ninguna ayuda estatal, con la aportación de los socios y socias y la ayuda de arqueólogos, forenses, psicólogos y otros voluntarios y profesionales que han dedicado su tiempo, su conocimiento y sus recursos a ayudar a los familiares”, recuerda Emilio Silva, nieto de la primera víctima recuperada por la ARMH y presidente de la asociación.
La web creada por el Ministerio de Presidencia está congelada desde 2011. La memoria histórica es cosa del pasado, como le gusta decir a Rajoy: “Miremos al futuro”, ha declarado obviando las recomendaciones de la ONU.Naciones Unidas advierte cada año a España de que el Gobierno incumple el tratado de derechos humanos al mantener activa la Ley de Amnistía de 1977 y pretender que se olviden cientos de miles de muertes.
La visión internacional de la historia de España en el siglo XX ha mantenido vivas las actividades de la ARMH. Un sindicato noruego de electricistas, Elogit, decidió en 2014 financiar con 6.000 euros las exhumaciones. “Antes de hacer una visita internacional, se entrevistaron con colectivos sociales. Les interesó nuestro proyecto y decidieron ayudar”, recuerda Silva. En septiembre tienen prevista otra visita a España con más apoyo financiero.
Amigos de represaliados llegan a la exhumación de Chaherrero. Crédito: Óscar Rodríguez
Un delegado de Elogit fue invitado el pasado junio por la ARMH a acudir a la entrega de unos restos recuperados. Eran los del guerrillero Perfecto de Dios, entregados 81 años después de su muerte, a su hermano Camilo. “No queremos saber quién lo mató, quiénes fueron los culpables, solo darle un entierro digno para la familia”, reaccionó Camilo en el acto. “Es un acto de dignidad”, resumió Hening Solhaut, del sindicato Elogit, junto a la botas recuperadas junto a los huesos.
Los fondos solo llegan para pagar las pruebas de ADN y el transporte
La ARMH tan solo cuenta con tres empleados que cobran el salario mínimo. Trabajadores que recorren la península de punta a punta coordinando el trabajo no remunerado de arquéologos y forenses. Las pruebas de ADN con un coste aproximado de 600 euros y el transporte es para lo que llegan los fondos.
Durante la primera semana de agosto, la expedición de la ARMH se desplaza a un pueblo de Cádiz a una nueva expedición. Desde Ponferrada (León), donde tiene la sede la asociación, hasta Alcalá del Valle: 850 kilómetros con la furgoneta. “El Gobierno reconoció el pasado diciembre que el Ministerio de Defensa ha participado en la localización y exhumación de los restos de los combatientes de la División Azul”, contrasta Emilio Silva.

Dinero desde Estados Unidos

La siguiente vía de supervivencia de la ARMH llegó procedente de EEUU. La Fundación Puffin de la ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives) que custodia la memoria de los 40.000 combatientes antifascistas que viajaron a España en la Guerra Civil, otorgó su premio de derechos humanos 2015, valorado en 100.000 dólares, a la ARMH por su labor. Se trata del quinto premio que este colectivo entrega.
En 15 años de trabajo, la ARMH ha conseguido recuperar los restos de 1.300 fusilados
El primer galardonado en 2011 fue Baltasar Garzón al que siguieron los investigadores Kate Doyle y Fredy Peccerelli por su trabajo en esclarecer las violaciones de derechos humanos en las guerras de Latinoamérica, la ONG United We Dream que trabaja por los derechos de los inmigrantes sin papeles en EEUU y el abogado Bryan Stevenson que dirige la organización Equal Justice Initiative dedicada a la atención jurídica a colectivos pobres y discriminados.
Este premio salvó a la ARMH que estaba al borde del cierre después de 15 años de trabajo donde han conseguido recuperar los restos de 1.300 fusilados que los franquistas quisieron hacer desaparecer para siempre con enterramientos en fosas abiertas en cunetas, bordes de cementerios y campos ocultos.
El propio franquismo hizo una labor inmensa durante los años 40 para recuperar los restos de sus víctimas. Todos los gobernadores civiles de cada provincia fueron movilizados por orden de Franco para recuperar los restos y llevarlos para la honra eterna al Valle de los Caídos.
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