dissabte, 18 d’agost del 2018

La Prisión del Monasterio de Uclés

https://www.ecorepublicano.es/2013/02/la-prision-del-monasterio-de-ucles.html


"Y no halle cosa en que poner mis ojos, 
que no fuese recuerdo de la muerte" 
(Francisco de Quevedo)

La bella imagen que presenta el Monasterio de Uclés, un recinto amurallado de un kilómetro cuadrado en la cima del cerro de El Portillo, se yergue colosal en las soledades del oeste de Cuenca, y contrasta dolorosamente con la que guarda la tierra a los pies de sus muros, donde yacen cerca de 500 cuerpos de republicanos españoles víctimas de la Guerra y de la brutal represión franquista. 

Declarado monumento nacional en 1931, en este convento de la orden de Santiago estuvo preso y 
desterrado Quevedo en 1621 por sus relaciones con el duque de Osuna, y su antigua iglesia fue 
sepultura de Doña Urraca y Jorge Manrique.


En la entrada del recinto donde se encuentran las fosas comunes y que fue cerrado por la Iglesia en 1986 hasta el año 2005, los religiosos del Monasterio colocaron una placa en la que se lee: 

“En julio de 1936 el monasterio de Uclés fue saqueado y 11 religiosos agustinos fueron asesinados. Hasta 1942 el edificio estuvo destinado a hospital militar y a prisión. Durante esos años fallecieron más de quinientos hombres de distintos pueblos. Unos víctimas de la violencia revolucionaria. La mayoría 373 a causa de enfermedades y heridas de guerra. Los otros por acción penal. Unos 400 yacen en este cementerio restaurado en 1986. Orad a dios por todos” 

El Monasterio de Uclés siempre formó parte del escenario de la Guerra Civil en Cuenca. En 1936 se convirtió en hospital del VIII Cuerpo Médico del Ejército Popular de la República. Hasta final de la contienda estuvo recibiendo heridos, sobre todo de los frentes de Madrid y Teruel. Es entonces cuando se crea el cementerio del hospital. Lo primero que se enterró allí fueron los miembros amputados de los soldados heridos en el frente así como los soldados y civiles que fallecían durante su estancia en el hospital. 

Con la entrada de las tropas franquistas en marzo de 1939 se convierte de inmediato en campo de concentración y en enero de 1940 en terrorífica prisión hasta diciembre de 1943, en la que se hacinaban más de cinco mil prisioneros en su mayoría hombres, muchos de ellos condenados a muerte en Consejos de Guerra que ya se habían celebrado en las localidades de Tarancón, Huete, Belmonte y San Clemente. 

Andrés Iniesta López, en sus memorias “El niño de la prisión” cuenta que los prisioneros eran formados en el patio nada más acceder a la cárcel. Desolados, ateridos de frio, allí aguantaban hasta escuchar la arenga del comandante militar de Tarancón desde uno de los balcones del Monasterio. De lo primero que les informaba era que más del sesenta por ciento de los detenidos tendrían que enfrentarse a los pelotones de ejecución. Después continuaba: “Hijos de puta, hijos de Rusia, asesinos cabrones, de aquí ninguno saldréis con vida, a todos os vamos a machacar, tenemos que hacer buena escarda para que la mala hierba no salga jamás. Los enemigos de la patria no levantarán la cabeza porque sus cuerpos serán agujereados por las balas y porque después, la cal que les echemos se comerá rápidamente sus malas carnes.” 

Igual de degradante era el trato que recibían las presas por parte del capellán de la prisión, Niceto Lángara, obligadas a escuchar misa en el coro vallado: “Vosotras, zorras, putas, ladronas, estáis ahí por pecadoras y lo vais a pagar, lo vais a pagar con lo más preciado, con vuestra vida. Todas lo vais a pagar, aquí no se escapa nadie, dios premia a los buenos y castiga a las zorras, putas y ladronas como vosotras.” 

El odio del capellán salvador de la patria hacia los reclusos era intenso. Defensor acérrimo de la idea franquista de recuperar a los vencidos según los valores del Nuevo Estado, intentó captar a Andrés Iniesta para enseñar religión a los reclusos. Ante la negativa del reo, le aseguró que a partir de entonces estaba condenado a una muerte segura. 

Otro de los personajes siniestros de la prisión al que llamaban “La zorra” era un capitán del Cuerpo Jurídico Militar que pertenecía a la Auditoría de Guerra de Aranjuez, desde donde llegaban las órdenes de fusilamiento. Cuando estas se producían se situaba en el balcón central del patio, mientras los presos que se encontraban paseando eran informados con su sola presencia que en la madrugada siguiente habría ejecuciones. Encoje el corazón pensar como se sentirían los condenados a muerte ante semejante adelanto. 

No se conformaban con la privación de libertad, con el sometimiento de los vencidos, con las penurias materiales a las que se vieron obligados muchos, la mayoría. Además había que doblegar a los presos, aniquilando su identidad utilizando para ello toda la miseria integral de la que eran capaz el sistema penitenciario franquista para después, decidir sobre sus vidas. 

Cientos murieron por palizas, inanición, torturas, frío, falta de asistencia médica y por los disparos de los centinelas a los que se premiaba con veinte duros y un mes de permiso por hacer blanco con los presos que se acercaban a las ventanas, aunque según los informes oficiales fallecían de “miocarditis aguda” o “avitaminosis”; Otros murieron delante de un pelotón de fusilamiento. Se fusilaba todos los sábados. Ese era el día que los reclusos escuchaban “La internacional” de las bocas de los compañeros que estaban a punto de morir. 

Durante casi los tres años que estuvo en funcionamiento la prisión del Monasterio, la represión y violencia franquista dejó una lista de 533 defunciones (hombres, mujeres y niños de edades comprendidas entre 3 y 72 años). Correspondiente al periodo de la guerra, de 1936 a 1939, hay doscientas personas documentadas, en su mayoría soldados republicanos. 

Todos ellos fueron enterrados en la mayor fosa común de la provincia de Cuenca, “La Tahona”, que se halla a los pies del Monasterio, sobre una superficie de 1200 metros y en la que durante los últimos años se han removido miles de metros cúbicos de tierra para proceder a la exhumación de los cadáveres que se encuentran repartidos en distintos espacios. En uno de ellos se hallan los fusilados y en otros los fallecidos por muerte inducida. También se han encontrado, junto con los restos humanos, restos de cerdos y un potro. Parece ser que una epidemia mató a varios componentes de la piara del monasterio y los verdugos, carentes del más mínimo respeto hacia las víctimas, los enterraron junto a éstas. 

Exactamente el mismo respeto que demostró hace varios años el obispo de Cuenca cuando se le solicitó permiso para colocar una placa en recuerdo a los enterrados en la fosa de Uclés y su respuesta fue: “Los perros no necesitan de tanto recuerdo”. 

Encomiable la caridad cristiana. 

En recuerdo del abuelo de Pilar y Ana, encontrado en “La Tahona”. 

En recuerdo de todos y de tantas víctimas de la represión y el silencio.

Escrito por: María Torres
















La Prisión del Monasterio de Uclés
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  • Date : 26.2.13
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Las guerrilleras silenciadas. María Torres.


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Familia de Consuelo Rodríguez López, ‘Chelo’, en O Barco de Valdeorras
Por María Torres
“Para mí fue un orgullo participar en aquella lucha. Fui varios años enlace y después pase a la guerrilla del monte, con armas y luchando con ellos. No queríamos el fascismo, luchábamos por la libertad, contra Franco. Los fascistas nunca nos pondrán en el lugar que nos corresponde, siempre nos rebajarán. Las guerrilleras éramos como todas las mujeres y nada teníamos que ver con la imagen que tenían de nosotras. Sabíamos cuál era nuestra lucha. Éramos dueñas de nuestros actos y no teníamos que dar explicaciones a nadie”
(Consuelo Rodríguez López, “Chelo”)
Hace un tiempo no tan lejano existieron unas valientes mujeres, que como tantas otras silenció la Historia. Ejecutaron una tarea imprescindible, pues eran las colaboradoras en la clandestinidad de los maquis que habitaban los montes de Galicia. Ellas fueron la columna vertebral de la guerrilla antifranquista, y se las denominaba “enlaces da chaira” y “enlaces do monte”. Muchas de ellas no solo realizaron tareas de apoyo, también combatieron y atravesaron la puerta de la clandestinidad.
Eran mujeres de pueblo que tenían algún vínculo familiar o afectivo con los guerrilleros, hija, madre, hermana o novia. Lo que hacían era proporcionar alimentos, trasladar cartas, armas, avisar de los movimientos de la Guardia Civil y acondicionar casas de apoyo,  pero además de todo ello la mayoría tenía una militancia política. Las hubo que sufrieron la represión por ser la mujer de, las que eran enlaces y las que se echaron al monte y cogieron las armas. La actividad de la guerrilla se centraba en la frontera de Valdeorras y el Bierzo Leonés, concretamente en la zona de Casaio, en la escarpada Serra do Eixe, al abrigo de los montes y chozas. A pesar de que la incultura popular aún piensa que los maquis eran bandoleros, o criminales fugados de la Justicia, en su defensa cabe decir que si bien es cierto que huían de la represión, también luchaban contra ella, resistiendo hasta que finalizó la Segunda Guerra Mundial.

Familias enteras estaban implicadas en La Guerrilla, tejiendo una extensa red de apoyos, guaridas clandestinas, ochozos, en los lugares más insospechados. Uno de ellos era la mina de wolframio de Casaio. Esta mina estaba al servicio de los  alemanes, y de allí sacaban el mineral  que necesitaban para el revestimiento de sus obuses. Sirvió de forzoso lugar de encuentro entre los presos comunistas obligados a trabajar en el yacimiento.
Se tienen datos de cerca de doscientas mujeres entre las que pasaron a la clandestinidad y apoyaron el movimiento guerrillero. Todas ellas fueron duramente represaliadas con la cárcel, la tortura, el exilio y la muerte. Pasaron por las cárceles más duras del régimen franquista que las encarceló durante años en prisiones alejadas de Galicia.
A partir de las investigaciones de la filóloga Aurora Marco, recogidas en un libro, su hijo Pablo Ces dió voz a seis de estas mujeres en un documental cuyo título es “As Silenciadas” (Las Silenciadas).
 Consuelo Rodríguez López, “Chelo”, perdió a varios de sus familiares en el monte. Sus padres fueron fusilados al finalizar la guerra, una mañana de octubre de 1939. Su hermano Sebastián fue encarcelado y condenado a muerte y el que era su pareja murió en sus brazos tras un tiroteo en el monte. Fue integrante del primer grupo organizado de guerrilleros que surgió en la España de la época: la Federación de Guerrillas León-Galicia. Cuando fue identificada por la guardia civil se escondió en los montes de Lugo y más tarde, en 1949, logró exiliarse en Francia, donde vivió oculta hasta que murió el pequeño dictador.
Clarisa Rodríguez fue enlace de la zona de Meira. Cuando se la llevaron para interrogarla estaba embarazada. Más tarde su cadáver apareció en una cuneta con signos de haber sido violada.
Carmen Jerez murió también embarazada. Los falangistas la sacaron de su casa  en 1944. La violaron durante meses, y después le dieron muerte a tiros. Los carteles que sus asesinos colgaron con la imagen de su cadáver en los escaparates de Ponferrada daban a entender que había caído a manos de la guerrilla antifranquista a la que protegía.
Carmen Rodríguez Nogueira nunca fue enlace, pero cuando fusilaron a su marido por ser republicano, los amigos de éste acudían a su casa para que los escondiera. Al final sufrió torturas y cárcel.
Esta solo es una pequeña muestra de las valientes mujeres que vivieron en la clandestinidad y apoyaron al movimiento guerrillero de la postguerra en Galicia. Ojalá que en un tiempo cercano todas sus historias salgan a la luz de la memoria.


Exhumadas en Artaiz (Unciti) dos víctimas del golpe militar de 1936

http://www.navarra.es/home_es/Actualidad/Sala+de+prensa/Noticias/2018/08/18/exhumadas+victimas+36+artaiz.htm



sábado, 18 de agosto de 2018


La consejera Ana Ollo ha asistido al desenterramiento con los voluntarios que consolidan el Cementerio de las Botellas del monte Ezcaba

La consejera Ollo excucha las explicaciones del antropólogo Francisco Etxeberria, de Aranzadi. ( ampliar imagen 
La consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, ha acudido a Artaiz (Unciti) donde hoy han sido exhumados los restos de dos personas asesinadas en agosto de 1936. Junto a la consejera han visitado la fosa común los jóvenes que estos dí
as est án participando en el campo de voluntariado que está consolidando el Cementerio de las Botellas, en el monte Ezkaba. Se trata de un grupo de jóvenes, con presencia internacional, que ha sido testigo de la exhumación como parte de las actividades memorialistas que se están llevando a cabo en el esfuerzo de transmisión intergeneracional de la memoria.
La intervención se enmarca en el Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra desarrollado a través de la de la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, uno de los compromisos prioritarios en las polí
ticas p úblicas de memoria y derechos humanos. El Programa, que se ejecuta por medio de un Convenio con la Sociedad de Ciencias Aranzadi, ha permitido, hasta la fecha, la recuperación de 74 cuerpos. Además, 21 personas han sido identificadas y devueltas a sus familiares en actos de reparació n institucional, privados o p ú blicos, seg ún ha sido el deseo de las familias. 
Los restos podrían ser los de dos jóvenes jornaleros. ( ampliar imagen 
Aunque se desconoce la identidad de los cuerpos recuperados en Artaiz, un documento conservado en el ayuntamiento de Unciti y elaborado inmediatamente después de los asesinatos y del enterramiento señalaba que, por su apariencia, podía tratarse de jornaleros de la Ribera, uno de ellos muy joven, de unos 18 añ
os. Los restos serán analizados y  documentados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, y una muestra se remitirá al Banco de ADN creado por Gobierno de Navarra y que gestiona la empresa pública NASERTIC.
La localización del lugar exacto de la fosa ha sido posible, como en otras ocasiones, gracias a la colaboración entre las instituciones y las asociaciones memorialistas. En este caso, la recuperación de los restos se ha llevado a cabo con la colaboración del concejo de Artaiz, del ayuntamiento de Unciti, del propietario del terreno y de los vecinos, así
como de la asociación de familiares de personas asesinadas en Navarra tras el golpe militar, AFFNA36.
Por otro lado, el pasado jueves 16 de agosto se llevó a cabo una prospección en Cabredo a partir de testimonios de vecinos recabados por el ayuntamiento. Aunque no pudieron localizarse los restos, afectados por intervenciones posteriores en el lugar, hay que poner de relieve una vez más la importancia de la colaboración local, cada vez más frecuente, en la localización de las fosas que todavía quedan en Navarra.

Nota de prensa:

Si desea descargarse en formato PDF esta información completa pinche aquí .

Avión bombardea Igueldo, San Marcos y San Marcial (1936).

https://donostiando.blogspot.com/2018/08/avion-bombardea-igueldo-san-marcos-y.html



Avión sublevado sobrevuela San Sebastián. Kutxateka.


Hoy recuperamos este artículo del diario "Frente Popular", que nos narra los pormenores de un raid aéreo realizado por un avión sublevado, cuyo objetivo fue bombardear Igueldo, San Marcos y San Marcial.


INCURSIONES DE FRACASO

El avión faccioso que voló sobre nuestra provincia sin lograr un solo objetivo

Arrojó pequeñas bombas sobre Igueldo, San Marcos y San Marcial, sin causar el menor daño.—Alguna alarma entre bañistas y transeúntes.


Uno de los escasos aviones con que cuentan los adversarios del pueblo y de la República, realizó ayer una breve e ineficaz incursión por nuestro territorio. Al filo de la una de la tarde,a apareció el aparatotipo sexquiplano, de los antiguos artefactos de la aviación military después de describir un círculo sobre Igueldo, dejó caer tres pildorazos, cuya finalidad consistía, según parece, en estropear las torretas que sustentan la antena emisora de Unión Radio San Sebastián, "al servicio de la República".

La intención es comprensible. Ellos, los facciosos, a fin de cuentas, se están cansando de repetir por ahí esa estúpida especie según la cual nuestra ciudad está en poder de los rebeldes. Es claro; como resulta que en realidad, sigue funcionando normalmente Unión Radio San Sebastián, "al servicio de la República", hay que hacer algo para que calle, y los ingénuos radioyentes que aún no han terminado de cerrar sus oídos a las mendaces estupideces de Queipo "and company", se crean que es cierto eso de la toma de San Sebastián.

En resumen, que el sexquiplano de Mola dejó sobre Igueldo tres chupinacitos. El avión iba a considerable alturaacaso a más de mil quinientos metrosy el bombardero tuvo mala puntería. Acaso exceso de nervios. El resultado fué de absoluta ineficacia. No se abatió al objetivo. La más próxima de las bombas cayó a distancia suficiente para que no existiera el menor peligro. Y Unión Radio San Sebastián, "al servicio de la República", siguió funcionando. Con que... Queipo de Llano tendrá que desistir de su desesperado propósito de que la gente ingénua siga creyendo que en Donostia se lucha a brazo partido.

Ya que estaba por estos "pagos", el sexquiplano del exgeneral Mola quiso aprovechar el viaje, y para volver a Navarra empleó la ruta del Norte. Voló sobre el fuerte de San Marcos, y aquí si hay que reconocer que tuvo mejor puntería. Uno de los convites cayó en una de las plazas del fuerte. No causó daño alguno. Las bombas eran de escasa potencia. El enemigo debe andar tan mal de municiones eficaces como de gasolina.

Por último, para rematar su alegre viajecito, dejó caer otros dos pildoras sobre San marcial, en Irún. Aquí tuvo tan mala fortuna como en San Sebastián. Una de las bombas no hizo explosión y la otra cayó a buena distancia de la construcción fortificada, sin que causara el menor daño.

El buen piloto, decepcionado por la mala puntería de su compañero, o atemorizado por la presencia de algunos cañones antiaéreos, tomó la mejor decisión que podía tomar: marcharse. Volverá pocas veces o no volverá. En primer lugar, porque la gasolina es cara en estos tiempos, sobre todo para los rebeldes. En segundo, porque pudiera ser que los aires de estos montes le sentasen mal.

Habrá que decir que, como es natural, el pacífico elemento civil que se bañaba en ambas playas y los que no menos pacíficamente paseaban por la Concha, Alderdi-Eder, etc., al ver el sexquiplano y sentir la explosión de Igueldo, fueron sobrecogidos de cierta alarma. Acaso este efecto moral es el que buscan los facciosos, sin darse cuenta que las mujeres, los niños y los ancianos, como es natural, pueden sentir miedo de estos pájaros bélicos, pero el otro elemento civil, el pueblo en pie de guerra, está ya acostumbrado a estas peripecias de la lucha y las concede escasa importancia. Sobre todo, cuando sabe que de hoy en adelante les va a resultar un poco peligroso, a los escasísimos pilotos de Mola hacer incursiones por territorio guipuzcoano.



FUENTE: Frente popular: diario de la República. Jueves 6 de Agosto de 1936. Pág. 2.