dissabte, 26 de setembre de 2015

El último verano de Franco. Lorenzo Silva.


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/29/actualidad/1440871036_718809.html?id_externo_promo=ser-ob&prm=ser-ob


El autor, que escribió junto con Antonio Onetti el guion de la película para televisión ‘20-N, los últimos días de Franco’, rememora en este texto el final agónico del dictador

SCIAMMARELLA (EL PAÍS)
Hace ahora cuarenta años justos, Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo de los ejércitos y Caudillo de España por la gracia de Dios (o de Hitler, que le prestó en 1936 los Ju-52 que trasladaron a sus legionarios y regulares desde África y le dieron el poder de facto para encabezar la rebelión militar contra la República), pasaba el que iba a ser su último verano en este valle de lágrimas y al frente del Estado. No diremos que nada hacía augurar el fatal desenlace. El año anterior había tenido una tromboflebitis, un percance serio, y padecía un párkinson avanzado que se evidenciaba en el temblor de sus manos. Sus energías se agotaban de modo perceptible, convirtiéndolo en un anciano que a sus 82 años no podía presumir precisamente de ser el más rumboso de su quinta.
Bien atendido por un excelente médico, Vicente Pozuelo, que además dejó un valioso y leal testimonio en forma de libro de los 476 días que pasó al pie del cañón de la salud de Franco (la mejor referencia para seguir los últimos días del dictador), su rutina comprendía ejercicios tan pintorescos como caminar por el pasillo al ritmo de las marchas militares que le ponía en un radiocasete Juanito, su fiel ayudante desde los tiempos de la Guerra Civil, para estimular la coordinación y la circulación de sus piernas. Pozuelo estaba encima de todos los aspectos de la vida diaria de Franco, incluida la alimentación, en la que el omnímodo gobernante no solía por sí solo observar la moderación pertinente a la índole y gravedad de sus dolencias.
Pese a todo, Franco seguía siendo Franco, y quizá lo era de un modo que impresiona más que cuando estaba en la plenitud de sus fuerzas. A quien esto escribe le fue dado apreciarlo hace algún tiempo, mientras preparaba junto a Antonio Onetti el guion de lo que terminaría siendo 20-M, los últimos días de Franco, la película para televisión producida por Antena 3 en la que el inolvidable Manuel Aleixandre daba vida al dictador y que sería distinguida como la mejor de 2008 por la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión. Por cierto que nuestro título era otro, La agonía, que se refería tanto al hombre como al régimen que encarnaba y que contenía un guiño notorio a El hundimiento, la magnífica crónica cinematográfica de Oliver Hirschbiegel sobre los últimos días de Hitler y del Tercer Reich en el búnker de la Cancillería de la Vosstrasse de Berlín.
Hasta el final de su mandato firmó sin pestañear sentencias de muerte
Confieso sin dificultad que jamás simpaticé con Franco. Lo vi solo una vez en vida, en la Castellana, presidiendo, ya muy mayor, un desfile de la Victoria, pero tenía referencias de él que no me predisponían precisamente a tenerle estima a su persona; tanto de mi abuelo Lorenzo, que lo conoció en África (donde pasaba por ser un jefe sin entrañas ni consideración alguna hacia la tropa que mandaba) como de mi amigo Jaime Spottorno (que siendo jefe de gabinete del Ministerio de Obras Públicas despachó una vez con él y refería la frialdad y la astucia zorruna con que desarmaba a su interlocutor, aun sin saber nada del asunto que se trataba, valiéndose de la ventaja del poder).
No diré que esa prevención se trocara en simpatía en la preparación del guion, en la que consultamos, aparte de la obra de Pozuelo, otros libros de personas que lo trataron con mayor o menor profundidad y toda la prensa de la época (que nos sorprendió por la profusión de detalles que daba, en tiempo real, de la agonía del dictador). Pero sí que hallamos en la personalidad de ese hombre que se moría, y que hasta el final de su mandato firmó sin pestañear sentencias de muerte, rasgos de carácter que nos impactaron y aun nos sobrecogieron.
El último consejo de ministros lo hizo monitorizado por si infartaba
Son incontables los momentos pasmosos que registran esos dos meses de calvario que comenzaron con un infarto al poco de que el Papa condenara los últimos fusilamientos del régimen (algo que a Franco, como ferviente católico que era, le afectó profundamente). Desde ese último consejo de ministros monitorizado por los cardiólogos en la habitación contigua (por si infartaba en plena sesión y había que desfibrilarlo de urgencia), hasta la operación a vida o muerte en el mísero dispensario del palacio de El Pardo, con corte de luz incluido, que hizo observar a uno de los cirujanos que, si el paciente sobrevivía a aquella chapuza, debería hacerlos fusilar. Pero también la tranquilidad con que se levantó después de una noche terrible (todas las últimas lo fueron) a redactar su testamento, o ya en el colmo, y tras sufrir una angina de pecho y un vómito de sangre que obligó a cambiarle toda la lencería de la cama, cómo a la mañana siguiente, como si tal cosa, pidió mapas del Sáhara para decidir dónde debían disponerse las minas contra la Marcha Verde. Fue por cierto esa noche de perros cuando dijo la que erróneamente muchos registran, citándola mal, como su última frase: “Qué duro es morirse”. En realidad dijo, tras serle extraído de la garganta un coágulo de sangre del tamaño de una naranja: “Qué duro es esto”. Aún faltaban unos días para su fallecimiento en la UCI del hospital de La Paz, a donde pese a su resistencia se le acabó trasladando a raíz de aquella calamitosa intervención en El Pardo a la que sobrevivió de milagro, después de que el personal del palacio localizara y sacara de la cama al electricista que finalmente restableció la corriente para poder culminarla.
Resulta apasionante, y eso procuramos en la película, recorrer en paralelo la historia de las últimas maniobras del régimen para perpetuarse tras la inminente muerte de su figura emblemática, las gestiones del entonces príncipe Juan Carlos para, con apoyo exterior (de EE UU y Francia, sobre todo), tener las manos libres para su reforma, y los esfuerzos de los médicos no solo para contener el desmoronamiento físico de Franco, sino también para que se supiera en todo momento lo que pasaba y quedase claro que el dictador no tenía esperanza y que a ellos no podía imputárseles la menor negligencia en su cuidado.
Por cierto, que las verdaderas últimas palabras de Franco son mucho más sabrosas (y, si se mira bien, más humanas) que las que registra el relato apócrifo. Se las dijo a Pozuelo, su médico de confianza, apretándole la mano, antes de que lo metieran en la UCI de La Paz y, sedándolo, apagaran su conciencia para siempre. Fueron, simplemente, estas tres: “No me deje”.

40 años de los últimos fusilamientos de Franco. Paco Azanza Telletxiki


http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203757



A la memoria de Txiki, Otaegi, Sánchez Bravo, García Sanz y Baena Alonso

El 27 de septiembre de 1975 no fue un día cualquiera. En la mañana del citado día Franco consumó sus últimos fusilamientos; las balas asesinas acabaron con la vida de cinco militantes antifranquistas. Cuando cuarenta años después y de diferentes maneras el sangriento dictador sigue vivo en la “democracia española”, bien vale la pena recordar aquel fatídico día.

Francisco Franco intervino en público por última vez el 1 de octubre de 1975, durante el aniversario de su proclamación como Jefe del Estado. Y largó su retórica fascista desde el balcón principal del Palacio Real, sito en la madrileña Plaza de Oriente. Siempre se dijo que aquel acto se celebró ante un millón de seguidores, pero lo cierto es que en aquella plaza difícilmente pudieron caber más de cien mil personas. No podía faltar a su lado el Juan Carlos de Borbón. Entonces príncipe y desde seis años atrás heredero de Franco a título de rey, ultimaba su siniestro aprendizaje. Solo cuatro días antes habían sido fusiladas las cinco últimas victimas del franquismo con Franco: Juan Paredes Manot —Txiki—, Ángel Otaegi, José Luís Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena Alonso; los dos primeros militantes de Euskadi ta Askatasuna —ETA— y los otros tres del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota —FRAP.

Los cinco revolucionarios fueron condenados a muerte tras juicios farsas. El 20 de noviembre de 1973, ETA hizo volar literalmente a Luís Carrero Blanco, y, de regreso a tierra, el Presidente del gobierno franquista ya era cadáver. Entre aquel año y el verano de 1975, la actividad de la organización vasca golpeó con bastante intensidad a las Fuerzas de Orden Público —FOP—. Por su parte, el FRAP, que existía desde mediados de los años sesenta, aunque su actividad armada la inició en el verano de 1975, combatía a la dictadura con atentados contra policías y guardias civiles.

A Franco le urgía, pues, poner freno al movimiento armado contra el fascismo que él representaba. Así que, el 22 de agosto de 1975, el Consejo de Ministros presidido por el sangriento dictador aprobó el Decreto Ley Antiterrorista. La ley fue aprobada única y exclusivamente para aplicársela a los militantes de ETA y del FRAP. Aquella Ley Antiterrorista contemplaba la posibilidad de celebrar juicios sumarísimos contra civiles en menos de veinticuatro horas. También permitía prorrogar el plazo de detención en dependencias policiales, pasando de tres a cinco días —obsérvese cómo en la actual “democracia española” la ley en ese aspecto no difiere gran cosa—, y con autorización judicial hasta diecinueve.

Al amparo de la citada ley, entre el 28 de agosto y el 19 de septiembre se celebraron cuatro juicios sumarísimos. El fin de los mismo no era otro que el de condenar a muerte a los supuestos responsables de varios atentados producidos contra las FOP. Concretamente, se juzgaron la muerte del Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, en Azpeitia, el 3 de abril de 1974; la del policía muerto en el transcurso del atraco a una sucursal bancaria en Barcelona, el 30 de julio de 1975 —estas dos acciones fueron atribuidas a ETA—; la muerte del teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez en el madrileño barrio de Carabanchel, el 16 de agosto de 1975, y el atentado contra el policía Lucio Rodríguez, igualmente en Madrid, el 14 de julio del mismo año —la autoría de éstos dos últimos atentados se le atribuyó al FRAP.

Se debe recordar que las únicas pruebas presentadas por la acusación, para condenar a los militantes revolucionarios, fueron las declaraciones que aquellos mismos habían hecho ante la policía y la Guardia Civil bajo salvajes torturas.

En un principio fueron once los condenados a la pena capital, pero el Consejo de Ministros del 26 de septiembre conmutó la pena de muerte a seis de los condenados por la de 30 años de cárcel. Ese mismo día, a las ocho de la tarde, León Herrera y Esteban, ministro de Información y Turismo por aquel entonces, anunció que sería al amanecer del día siguiente, el 27 de septiembre de 1975, cuando se ejecutarían las cinco penas de muerte.

Masivas movilizaciones se sucedieron en todo el Estado español para protestar por las injustas condenas y exigir su abolición. También en Europa el rechazo de las mismas fue muy importante. En Lisboa asaltaron la embajada española; en Estocolmo se celebraron numerosas concentraciones con Olof Palme, primer ministro sueco, a la cabeza; en Oslo, al frente de las manifestaciones se puso el presidente noruego, Uro Kekonen… Incluso el papa Pablo VI solicitó clemencia para los condenados.
Sin embargo, de nada sirvieron las movilizaciones; el corazón del dictador no podía ablandarse. A Juan Paredes Manot “Txiki”, preso en la prisión Modelo de Barcelona, lo fusilaron junto al cementerio de Collserolla, en las afueras de la ciudad. Nacido en Extremadura y crecido en la gipuzkoana localidad de Zarautz, tan sólo contaba con 21 años. Ángel Otaegi, de 33 años y natural de Nuarbe, Gipuzkoa, fue fusilado a las nueve menos veinte de la mañana, en la prisión de Burgos. Los tres militantes del FRAP fueron fusilados en Hoyo de Manzanares, Madrid. José Luís Sánchez Bravo contaba con 22 años y murió a las nueve y media; Ramón García Sanz, con 27, a las nueve y diez, y José Humberto Baena Alonso, de 24, a las diez y cinco.

Francisco Franco murió cincuenta y cuatro días después, pero previamente ya había dejado todo atado y bien atado, Así lo anunció públicamente en 1969: “Cuando, por ley natural, mi Capitanía llegue a faltar, que inexorablemente tiene que faltar algún día, es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá, en gran manera, a que todo quede atado y bien atado para el futuro”.

A día de hoy, el Jefe del Estado ya no es Juan Carlos de Borbón, el sucesor formado e impuesto por el mismo Franco. Ahora, con el único mérito de ser su hijo y sin que la ciudadanía tampoco lo haya elegido, es Felipe VI. No le defraudó al sanguinario dictador en todos estos años su obediente alumno. El ahora rey emérito, ya dejó bien claras sus intenciones desde el principio: “No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia”. Y la clase política más influyente de éste país siempre le facilitó su trabajo.

No cabe la menor duda, cuarenta años después de sus últimos fusilamientos, Franco sigue vivo. Satisfecho de su alumno y de su obra, ahora reside en la “democracia española”.

Blog del autor: http://baragua.wordpress.com

España: “Cuando mañana me maten…”


http://www.proceso.com.mx/?p=416468


Conmemoran el fin del régimen de Franco en España. Foto: AP / Andrés Kudacki
Conmemoran el fin del régimen de Franco en España.
Foto: AP / Andrés Kudacki
MADRID (apro).- El domingo 27 se cumplen 40 años de los últimos fusilamientos a manos de la dictadura de Francisco Franco, que tuvieron lugar en 1975, dos meses antes de la muerte del dictador.
Ninguno de los cinco sentenciados a muerte tuvo la más mínima garantía jurídica. Se enfrentaron a consejos de guerra sumarísimos cuyas sentencias fueron fulminantes, apenas 16 horas en pronunciarse y ejecutarse.
Un año antes, en 1974, la dictadura ejecutó a garrote vil al antifascista catalán Salvador Puig Antich, miembro del Movimiento Ibérico de Liberación, a quien acusó de la muerte del policía Francisco Anguas Barragán, miembro de la Brigada Político Social (BPS), el brazo represor del franquismo.
En el otro caso, los respectivos consejos de guerra condenaron a muerte y el 27 de septiembre de 1975 pusieron frente al pelotón de fusilamiento a Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez-Bravo, Ramón García, Ángel Otegui y Juan Paredes Manot, Txiki, de apenas 21 años.
Los tres primeros, Baena, Sánchez Bravo y García, eran miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), y Manot y Otegui eran integrantes de la rama político-militar de la banda ETA. Fueron ultimados a tiros en Madrid, Burgos y Barcelona.
La edad media de los cinco condenados era de 25 años.
Nueve jóvenes más también fueron sentenciados a muerte aunque después sus condenas fueron conmutadas por largas penas de prisión, pero libraron la muerte, como consecuencia del fallecimiento del dictador, y la puesta en aplicación de la Ley de Amnistía que, contradictoriamente, también amnistió a los represores.
Dos de esos jóvenes que libraron la muerte, Manuel Blanco Chivite y Pablo Mayoral, ahora forman parte de la asociación de presos del franquismo La Comuna. Blanco Chivite dice que uno de los principales objetivos de su asociación es que si el franquismo los juzgó con “leyes terroristas”, ellos quieren juzgar a sus torturadores con “la ley de la democracia”.
Por esa razón, La Comuna y sus miembros se sumaron a otras víctimas del franquismo para presentar las múltiples denuncias que forman la llamada causa argentina, que es el proceso judicial abierto en Buenos Aires luego que el Tribunal Supremo español cerrara la vía para la investigación de esos crímenes de lesa humanidad en España.
La juez argentina María Servini emitió un fallo en 2014 en el que pidió la extradición a 18 funcionarios del franquismo –casi todos vivos aún—, pero el gobierno de España se niega a proceder a su detención y extradición, pese a que un programa de investigación de la televisora La Sexta, ha dado al menos con uno de los más famosos: José Antonio González Pacheco, Billy el Niño, un miembro de la BPS a quien muchos de las víctimas y familiares de víctimas identifican como uno de los más feroces torturadores.
También pidió la extradición del exministro Rodolfo Martín Villa, presunto responsable de una matanza de trabajadores en Vitoria; y de José Utrera Molina –suegro del exministro de Justicia de Mariano Rajoy, Alberto Ruiz Gallardón— que con su firma convalidó la muerte a garrote vil de Salvador Puig Antich.
Los dos sobrevivientes, Manuel Blanco Chivite y Pablo Mayoral, así como Juan Aguirre, abogado defensor de dos procesos de guerra de los últimos ejecutados, señalan que una de las exigencias de La Comuna es que las últimas ejecuciones del franquismo y sus propias sentencias sean anuladas.
“Queremos que se anulen todas las sentencias judiciales de los tribunales franquistas”, dice Blanco Chivite durante un encuentro con corresponsales extranjeros, donde se anunciaron actos en memoria de los caídos por las últimas sentencias franquistas.
“Porque –añade— las bandas terroristas del franquismo eran la Policía Armada, la Brigada Político Social y la Guardia Civil, no la FRAP”.
Y reivindica la actuación de cientos de jóvenes en contra del régimen fascista: “Nosotros, que pertenecíamos a un juventud no dispuesta a vivir en el aire irrespirable de una dictadura, fuimos juzgados con sus leyes terroristas y nosotros queremos hoy que sean ellos juzgados con las leyes democráticas”,  Blanco Chibite es muy crítico con la Ley de Amnistía que le puso en la calle. “Yo no necesito que me amnistíen alguien que, con mis compañeros y yo mismo, cumplimos con nuestro deber de resistir a un régimen tiránico. La ley nos puso en la calle pero también igualaba a las víctimas con los criminales. Y la pregunta es: si los funcionarios del Estado nunca fueron juzgados, ¿de qué se les amnistía?”.
La ley de Amnistía, dice, incluía dos artículos, uno de los cuales amnistiaba a quienes hubieran podido cometer acciones punibles de las fuerzas del régimen. “Es decir, que se amnistió también a quienes no habían sido nunca detenidos ni procesados ni juzgados”.
“Al alba”
A su vez, Pablo Mayoral sostiene que “durante estos 40 años se ha cubierto con una losa de silencio la última etapa de la dictadura, en la que precisamente se recrudeció la represión a medida que avanzaba la lucha y el régimen expiraba”.
Iñaki Alonso representa la Plataforma Al Alba de apoyo y seguimiento a las víctimas del franquismo. El nombre de la plataforma lo tomaron de la canción del mismo nombre del cantautor Luis Eduardo Aute, quien en la letra de esa obra reivindica a esos cinco jóvenes, los últimos ejecutados por la dictadura franquista; sin embargo, para pasar la censura la hizo pasar como una canción de amor.
En el encuentro con corresponsales, Iñaki Alonso sostiene que “nuestra consigna es juzgar los crímenes ¡ya!, y una de las reivindicaciones es que se declare el 27 de septiembre como día de la resistencia contra el franquismo”.
El abogado Juan Aguirre recordó que en los procesos sumarísimos que terminaron con el fusilamiento de los cinco jóvenes en 1975, había falta de pruebas materiales en su contra y de garantías.
“Desde el hecho de disponer tan sólo de 16 horas para preparar la defensa de los condenados a muerte, hasta la expulsión mía y de otros letrados de la sala a punta de pistola, la falta de un acta de acusación e, incluso, la ausencia completa del enunciado del cargo de asesinato entre la fundamentación de las condenas, sustituidas por la de insulto a las Fuerzas Armadas”, dice.
O bien, los llevaban a sitios apartados donde no podían tener transporte y, con ello, obstaculizar la presentación de una defensa en los juicios que duraron apenas 16 horas. “Quien no recuerda su historia está condenado a repetirla”, opina.
El jurista y los dos sobrevivientes recuerdan que durante 1975, aparte de los cinco jóvenes fusilados, 28 civiles, dos de ellos de nacionalidad alemana, fueron ametrallados hasta morir en España a manos de las fuerzas de la dictadura. Uno de esos casos fue una concentración de amas de casa que demandaba agua en la localidad sevillana de Carmona, azotada por la sequía. Otros, explican, fue por el reparto de panfletos de obreros inconformes afuera de las fábricas.
Blanco Chivite y Mayoral sostienen que en esos últimos años del franquismo se recrudeció la represión contra los jóvenes y los trabajadores porque había una nueva generación que estaba sumándose a movimientos de resistencia a la dictadura fascista, al grado que, explica el abogado Aguirre, el Tribunal militar tuvo que añadir un juzgado adicional para sentenciar el alto número de detenidos, por protestar en un estado de excepción en el que había una total supresión de garantías.
La carta del adiós
“Me ejecutarán mañana de mañana”. Así inicia la carta que Xosé Humberto Baena escribió la víspera de su muerte, para despedirse de sus padres.
Quiero daros ánimos. Pensad que yo muero pero que la vida sigue.
Recuerdo que en tu última visita, papá, me habías dicho que fuese valiente, como un buen gallego. Lo he sido, te lo aseguro. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos, para ver la muerte de frente.
Siento tener que dejaros. Lo siento por vosotros que sois viejos y sé que me queréis mucho, como yo os quiero. No por mí. Pero tenéis que consolaros pensando que tenéis muchos hijos, que todo el pueblo es vuestro hijo…
… Cuánto siento morir sin poder daros ni siquiera mi último abrazo… Una semana más y cumpliría 25 años. Muero joven pero estoy contento y convencido.
Nada más. Un abrazo muy fuerte, el último.
Adiós papá, adiós mamá.
La carta tiene fecha del 26 de septiembre de 1975 y a las ocho de la mañana del día siguiente –sólo 12 horas después— Baena fue pasado por las armas.
El periodista y escritor Carlos Fonseca rescata la carta en su más reciente libro Mañana cuando me maten (esfera de los libros. 2015), en el que relata los últimos fusilamientos, las circunstancias familiares y la lucha de estos jóvenes contra la dictadura.
Don Fernando, el padre de Xosé, viajó a Madrid desde Galicia para poder hablar todavía media hora con su hijo y abrazarse, relata.
Como respuesta a los fusilamientos, 12 Estados retiraron aquel septiembre de 1975 a sus embajadores y una serie de protestas se congregaron afuera de las embajadas españolas en distintos países del mundo.
El papa Paulo VI pidió clemencia para los reos, pero Franco –cuyo lema era “Caudillo de España por la Gracia de Dios”— desatendió ese llamado.
El gobierno del presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, pidió la expulsión de España de las Naciones Unidas. Sin embargo, su exigencia no tuvo eco por el respaldo que la dictadura franquista siempre tuvo de Estados Unidos.
Cuatro días después del fusilamiento, el régimen organizó un acto multitudinario en la Plaza de Oriente como un acto desesperado para reivindicar a la dictadura. A Franco le acompañaba los entonces príncipes de España, Juan Carlos y Sofía.
Ese sería la última aparición pública de un Francisco Franco enfermo y deteriorado, en la que el jefe de Estado español acusó que detrás de las múltiples protestas internacionales había un contubernio judío-masónico y el comunismo internacional.
Sin duda, como dicen Blanco Chivite y Mayoral, estas cinco ejecuciones sumarísimas significaron el “inicio del fin del dictador Francisco Franco” y, como tal, a ellos se debe el periodo de transición.

La Guerra Civil Española en las calles de Buenos Aires


http://www.larazon.com.ar/interesa/Guerra-Civil-Espanola-Buenos-Aires_0_716700227.html


18 SEP 2015 | 20:08
Por Humberto Acciarressi -


La Buenos Aires de la década del 30 del siglo XX ya no era la gran aldea sobre la que había escrito Lucio V. López medio siglo antes, pero aún mantenía algunas características barriales que se confundían con los grandes palacios y las avenidas multitudinarias. Se vivían los coletazos de la crisis financiera internacional, los tangos de Discépolo hablaban del Cambalache social, Roberto Arlt convertía sus tristes crónicas periodísticas en magnífica literatura, y los porteños le esquivaban el bulto a las tristezas yendo al cine para ver "Los muchachos de antes no usaban gomina", "Las nuevas aventuras del Gordo y el Flaco" y "La estrellita del Faro", con Shirley Temple, o en los balnearios ribereños aún sin contaminar. Las publicidades de entonces recomendaban "Locao Brilhante", un menjunge contra la calvicie, las canas y la caspa que se vendía en la Franco-Inglesa de Sarmiento y Florida; "Herculina" para "los débiles y faltos de vigor"; "Jarabe de manzanas Gloria", para el buen funcionamiento del intestino de los niños; o "Polvo dentífrico rosado", indicado para eliminar "esas manchas verdes que se forman en la base de los dientes”.
 
Por aquellos días, la colectividad española era la más numerosa entre las extranjeras, y los escritores ibéricos y franceses eran más conocidos en la Argentina que en sus propias patrias, gracias a que Buenos Aires albergaba lo mejor de la intelectualidad del mundo. Pero algo cambió el sábado 18 de julio de 1936. Los diarios anunciaron que, en el norte de Africa, una guarnición del ejército español se había levantado contra la República. "En Melilla, Marruecos, se produjo un movimiento sedicioso de carácter militar", tituló el diario La Prensa. También se informaba que durante la noche anterior, en el Teatro Colón se había estrenado "La ciudad roja", un drama lírico sobre el bloqueo francés a la Buenos Aires de 1840. También, una chata y una lancha habían chocado frente al Puerto, y la policía había reprimido a los obreros huelguistas de una fábrica de tejidos. La gran liquidación de las tiendas Harrod´s de la calle Florida, y el gran sorteo anual de los cigarrillos "Fantasía" en el Luna Park, dos hechos del día sábado, se llevaron a cabo entre comentarios de lo que pasaba en España.
 
A partir de entonces y durante tres años, nombres como Teruel, Ebro, Jarama, Guadalajara, Toledo, Madrid, resonarían entre las paredes de los bares porteños, no denotando lugares geográficos sino batallas. Puede decirse que no hubo, en la historia nacional, un acontecimiento internacional que haya concitado más pasión que el fratricidio español. Nuestros intelectuales, actores, artistas plásticos, políticos, cantantes, etc, tomaron bando entre los fascistas comandados por Francisco Franco o los batallones de la República. Miles de argentinos, especialmente los que formaban el núcleo del anarquismo, aquellos que con sus hermanos españoles, polacos, rusos e italianos habían eludido las redadas de la policía de la dictadura de Uriburu, y en el caso de los extranjeros la Ley de Residencia, sacaron sus pasajes sin retorno. Allá, entre el humo de los combates, se consumó el canto del cisne del anarquismo argentino e internacional.
 
Mientras, en Buenos Aires, los que estaban con los republicanos corrían todas las mañanas y se quedaban largo tiempo frente a las carteleras de los diarios "Crítica", "La Razón o "La Prensa", mientras que los que simpatizaban con Franco se concentraban frente a "La Nación". Al día siguiente del fatídico 18 de julio, los hinchas de San Lorenzo se ilusionaron con el torneo anual de fútbol al conseguir la Copa de Honor derrotando 3 a 2 a Atlanta. Sin embargo, al definirse el campeón del año, el equipo de Boedo cayó derrotado por el ganador de la Copa Campeonato, River Plate, por 4 goles a 2. Los tantos del "millonario" fueron marcados por Adolfo Pedernera y por Renato Cesarini, que llegaba de Chacarita y a quien “la Banda” había incorporado un día antes del inicio de la Guerra Civil Española. En esas jornadas en las que los argentinos comenzaban a sufrir el drama peninsular, nuestro país obtenía el primero de sus Nobel de la Paz, en la persona de Carlos Saavedra Lamas. Paradójicamente, en España comenzaba la masacre que se llevó la vida de un millón de personas y que fue el preámbulo de la otra guerra, la Segunda, para la que Hitler ya se estaba preparando desde tiempo atrás.

El PSPV de Sagunto pedirá la retirada de la simbología franquista en el cementerio


http://www.eleconomico.es/ciudad/item/116761-el-pspv-de-sagunto-pedira-la-retirada-de-la-simbologia-franquista-en-el-cementerio


Los socialistas informan de que en la entrada del camposanto se encuentra una cruz con un escudo de la época de la dictadura


Detalle del escudo franquista a los pies de la cruz
Detalle del escudo franquista a los pies de la cruz
Viernes, 25 Septiembre 2015
El grupo municipal del PSPV-PSOE en el Ayuntamiento de Sagunto presentará el próximo martes, 29 de septiembre, una moción al plenario del consistorio saguntino por la que solicitará que se cumpla con la Ley de Memoria Histórica y que se retire la simbología franquista que se puede observar en la entrada del cementerio del núcleo histórico.
Como informan los socialistas de la localidad, en el camposanto de Sagunto se puede observar una cruz que, a sus pies, lleva un escudo de la época de la dictadura de Francisco Franco. Es por este motivo por el cual, solicitarán al pleno que se elimine «de forma inmediata el carácter franquista y anticonstitucional» del Memorial existente a la entrada del Cementerio Municipal de este núcleo de población, retirando del mismo cualquier elemento que vulnere la ley  y, en todo caso, el escudo franquista cuya presencia quebranta la Ley 52/2007, más conocida como la Ley de la Memoria Histórica, una norma que pretende evitar toda exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura.
«Por razones que desconocemos, en el cementerio ubicado en el núcleo de Sagunto, subsiste un gran Memorial de piedra ocupando un lugar prominente a la entrada y en el que se puede observar la típica Cruz de los Caídos sobre un monolito donde figura, de forma preferente, un escudo franquista. En su base cuenta con una cripta abierta al público con los nombres y fotografías de víctimas sólo pertenecientes al bando franquista y nacionalcatólico, según denotan las inscripciones en dicha cripta. Este conjunto confiere a todo el lugar una imagen de veneración al franquismo impropio de una sociedad democrática y que entra en manifiesta contradicción con una Ley vigente como es la llamada Ley de la Memoria Histórica», afirman desde el PSPV-PSOE.
Asimismo, los socialistas, también informan de que a pocos metros de dicho monumento existe «otra situación de injusticia y agravio comparativo» pues se encuentra una lápida que abarca dos nichos donde fueron trasladados en 1970, los restos que se encontraban en una fosa común, en la que fueron enterrados los saguntinos y vecinos de poblaciones cercanas, fusilados tras la Guerra Civil, el 5 de mayo de 1939. «En esta lápida podemos observar como la inscripción, incluso de forma vergonzante, no contiene, por prohibición de las autoridades municipales de la época, ni sus nombres, ni la causa por la que están allí, es decir, víctimas de fusilamiento», aseguran.
Es por este motivo por el cual, los socialistas también pedirán al ayuntamiento, «por estricta justicia, por la igualdad en el recuerdo, y por la recuperación de la dignidad de las victimas allí enterrados y la de sus familiares, otorgándoles el protagonismo que se merecen», que, de acuerdo con las familias, modifique la lápida de los fusilados en nuestra ciudad tras la Guerra Civil, de forma que contenga sus nombres, fecha, y mencione explícitamente el motivo por el que están allí.
Finalmente, desde el PSPV-PSOE de Sagunto también se solicitará la creación de una comisión que identifique a los fusilados, contacte con sus familias, en la medida de lo posible, y establezca el contenido de la inscripción de dicha lápida; así como, las posibles actuaciones de reconocimiento que se consideren oportunas.

40 años de los últimos fusilamientos franquistas: "Quedan heridas abiertas"


http://eldia.es/agencias/8320498-MEMORIA-HIST-RICA-Cronica-anos-ultimos-fusilamientos-franquistas-Quedan-heridas-abiertas


MEMORIA HISTÓRICA26/09/2015 11:22


Alberto Ortiz, Madrid, EFE "Cómo olvidarse de aquello...", Vicky Sánchez Bravo no puede olvidar el día que el plomo desgajó el cuerpo de su hermano José Luis, junto a los otros cuatro muertos en los últimos fusilamientos de la dictadura de Franco. Hoy, los familiares de aquellas víctimas siguen pidiendo justicia para los responsables.
José Luis tenía 21 años cuando fue fusilado por el régimen el 27 de septiembre de 1975. Su hermana narra que las semanas previas al fusilamiento estuvo meando sangre a causa de las torturas en los calabozos. Había sido condenado a muerte por militar en el Partido Comunista y en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota).
Manuel Chivite también luchó en aquellos años contra el franquismo y fue condenado a muerte, pero en su caso tal sentencia no se cumplió y ahora es miembro de la asociación de expresidiarios
"Una pintada te podía costar un tiro en la nuca, lo de correr delante de los grises no era un juego", comenta. Asumió la condena a muerte antes de que se produjera. El miedo, dice, era el peaje que había que pagar por intentar tumbar la dictadura.
Luego llegó el levantamiento de la pena. Un observador internacional calificó aquellos Consejos de Guerra como un auténtico fraude y la presión internacional hizo recular a un Franco convaleciente, tal y como relata el autor del libro 'Mañana cuando me maten', Carlos Fonseca, sobre aquellos fusilamientos.
"En el régimen se había instalado el convencimiento de que el fin del dictador no estaba muy lejano y conviven dos tendencias, una aperturista y otra que quiere un franquismo sin Franco", expone el escritor, que explica que de los once condenados en una primera instancia sólo ejecutaron a seis. "Los levantamientos de las penas fueron aleatorios", destaca.
Para Chivite, esta no es una lucha emocional, visceral... es una lucha de la razón y de la justicia: "Queremos que juzguen a los criminales, a nosotros ya nos juzgaron". Lo que quieren saber es quién organizó los fusilamientos, quién cobró por los disparos, quiénes estaban detrás de todo aquel proceso.
Se le oye vivo a través del teléfono. "¿Remover las heridas? Quedan heridas abiertas porque la Transición no las cerró", lamenta el que fuera activista contra el régimen de Franco. Opina que en España se pretenden cerrar los problemas por podredumbre, y al final, dice, "acaban engrasándose".
Coincide con él Pablo Mayoral. También se libró de la pena aquel día tras la gracia concedida por el dictador. "Me detuvieron en julio de 1975, me acusaron de la muerte de un policía y estuve sometido a brutales torturas durante cuarenta días en la cárcel de Carabanchel. Pena de muerte", apunta.
"Debe hacerse justicia, que la historia ponga en su sitio a aquellos con cuya sangre comenzó la dictadura", reclama, al tiempo que alerta de que siguen vivos en la sociedad algunos resquicios del franquismo.
Los hechos forman parte en estos momentos de la querella Argentina que instruye la jueza María Servini, quien ya ha ordenado declarar a ocho ministros franquistas, que no serán extraditados y que prestarán declaración en la Audiencia Nacional.
El escritor Carlos Fonseca se queja de las contradicciones legales que existen: por un lado está Ley de Memoria Histórica, que garantiza el acceso al material de esos años, pero por otro, la Ley de Patrimonio veta esos contenidos.
"No conozco a nadie que quiera recuperar la memoria para hacer revancha, sólo quieren justicia", añade, al tiempo que explica que recuperar la memoria es la única manera de que las heridas abiertas puedan cicatrizar.
"La memoria no es para mirar al pasado, sino para aprender de él y mejorar nuestro futuro", completa Chivite.
Mayoral todavía ve una quimera que se haga justicia tras tantos años de lucha. Vicky, la hermana de José Luis Sánchez Bravo, sostiene que el proceso es lo único que le queda: "Ya no me pueden devolver a mi hermano, pero sí se puede hacer justicia. Murieron luchando por la libertad".

Hija de españoles exiliados en Francia, Lydie Salvayre ganó el último Premio Goncourt con 'No llorar', que narra la historia de su madre en una mezcla de castellano y francés


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/18/babelia/1442575115_909461.html


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Lydie Salvayre, esta semana en Barcelona. / TONI ALBIR/EFE
La voz narradora de No llorar, que tiene como telón de fondo la guerra civil española, desgrana al principio un discurso de una sencillez casi esquemática. Esa sencillez tiene como justificación que la narradora, Lydie Salvayre, habla en realidad por boca de su madre, actualmente una anciana de 90 años que está empezando a perder una memoria que su hija quiere rescatar. Para insertar los recuerdos autobiográficos maternos en el marco del conflicto civil español, Lydie Salvayre dedica largos excursos a exponer la situación que existía durante el advenimiento de la II República y los accidentados años que precedieron al Alzamiento Nacional. Y es ahí donde más se nota el mencionado esquematismo simplificador porque, al menos para el lector español, es un episodio de sobras conocido y, bien se ve, no del todo superado. O sea, todavía objeto de discusión.
En cambio, cuando la narración se centra de verdad en la historia de la madre y esta interviene cada vez más con un lenguaje que parece una estupenda simbiosis del francés con el español (y que en la versión castellana resalta menos), la historia cobra una vivacidad y un cromatismo muy de agradecer. Libres del marco histórico y sociológico, es decir, cuando los personajes hablan, actúan y buscan por sí mismos una salida a la diabólica situación que les tocó vivir, aparecen aspectos inesperados y casi inéditos en la ya variopinta bibliografía sobre la guerra civil española. Y lo explico:
Montse, la actual anciana evanescente, tenía apenas 15 años cuando se precipitaron los acontecimientos y el país entero entró en una locura colectiva que se resolvió con una atroz y sangrienta Guerra Civil. Sin embargo, para Montse fue el momento cumbre de su vida, su primavera personal, el faro que iba a iluminar toda su vida posterior porque fue entonces cuando cambió el pueblo por la ciudad y en el curso de unos cuantos meses tuvo ocasión de disfrutar del anonimato de la vida urbana, conocer el estilo de vida de las clases privilegiadas (el agua caliente y fría, la bañera, los armarios llenos de vestidos inimaginables, el confort de una casa abandonada por unos ricos refugiados en la zona nacional); también la vida en la calle, el cine y las charlas hasta las tantas en las terrazas de los cafés, la corriente de libertad y esperanza que por unos meses presidió la vida en las ciudades leales a la República y, por fin, el amor en brazos de un joven poeta francés venido a luchar en el frente de Aragón y que tras una noche de pasión desaparecerá para siempre dejando atrás dos regalos inestimables: uno, la hija que nacerá como fruto de aquella noche inolvidable. Y dos, el recuerdo en efecto inolvidable que la madre transmitirá a sus hijas, tan familiarizadas desde niñas con aquel joven amante que incluso le pondrán por su cuenta rostro y nombre: André Malraux.
Otra prueba de la extraordinaria viveza que cobra el relato cuando queda en manos de la verdadera protagonista es toda la parte dedicada al regreso al pueblo de la joven embarazada y su lucha por la supervivencia en un ambiente hostil y poco propenso a aceptarla. Personajes como sus padres y hermano, o los componentes de la familia de su futuro marido, que en la primera parte han aparecido como caricaturas del rico de pueblo, su frígida esposa y la insoportable hermana solterona, vistos desde la distancia por la anciana se humanizan y cobran unas dimensiones y una profundidad muy ventajosas.
Parece buena idea por tanto pasar como si nada todo el arranque de la novela y entrar casi con voracidad en la verdadera historia de la joven pueblerina capaz de sobreponerse al infortunio y rehacer su vida como exilada cuando lo tenía todo en contra.
No llorar. Lydie Salvayre. Traducción de Javier Albiñana. Anagrama. Barcelona, 2015. 220 páginas. 16,90 euros.

“Huesca bajo el terror”, exposición en el Centro de la Guerra Civil en Robres


http://www.radiohuesca.com/noticia/549225/Huesca-bajo-el-terror-exposicion-en-el-Centro-de-la-Guerra-Civil-en-Robres


FUENTE: RADIO SARIÑENA 18/09/2015


El presidente del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, Carlos Escartín, acompañado por la alcaldesa de Robres, Olga Brosed, y por el consejero comarcal de Turismo de la Comarca de Los Monegros, Carmelo Rozas, inaugurarán este viernes a las 19 horas, la exposición “Huesca bajo el terror. Prisión y muerte (1936-1945)” en el Centro de Interpretación de la Guerra Civil ubicado en Robres. Tras el acto inaugural, el socio del Círculo Republicano, Antonio Moliner, realizará una visita guiada a la exposición. La entrada es libre.
Entre el 19 julio de 1936 y el 24 de enero de 1945, en la ciudad de Huesca asesinaron a 545 personas, de las cuales 30 eran de Los Monegros. Un trágico balance de un periodo oscuro, que comprende la Guerra civil española y parte de la represión franquista durante la Posguerra, al que el Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca ha querido aportar luz y transparencia, mediante una rigurosa investigación. Fruto de este trabajo, que ha llevado a cabo Antonio Moliner, surge la exposición titulada “Huesca bajo el terror. Prisión y muerte (1936-1945)”.
La muestra reúne 70 fotografías y 300 documentos procedentes de los numerosos archivos consultados. También se recogen documentos inéditos gracias a aportaciones particulares. Es el caso de cartas originales personales que los presos escribían a sus familias antes de ser fusilados. “Son documentos con una gran carga emotiva. Se trata de una exposición viva que se va enriqueciendo con las aportaciones de familias y archivos. De hecho, muchos de los documentos que se expondrán en Robres son inéditos ya que no se incluían en las dos anteriores ocasiones en que la muestra se expuso en Huesca”, informa Antonio Moliner.
En concreto, “Huesca bajo el terror” se expuso en diciembre de 2014 en la Diputación Provincial de Huesca, coincidiendo con la inauguración del Parque “Mártires de la libertad”, y también en una versión didáctica dirigida a alumnado de secundaria, en el IES Ramón y Cajal de la capital oscense. Aunque la muestra que se podrá ver en Robres cuenta con elementos comunes, introduce una sala dedicada a los monegrinos fusilados en Huesca y documentación inédita aportada en ocasiones directamente por las familias y, en otros casos, procedentes del archivo personal de Ramón Hernando.
La exposición permanecerá abierta hasta el 29 de noviembre en el Centro de Interpretación de la Guerra Civil ubicado en Robres, con el siguiente horario: sábados de 11 a 14 horas y de 16.30 a 18.30 horas y los domingos de 11 a 14 horas.
Imagen de la exposición que se puede ver en Robres
Imagen de la exposición que se puede

Especial Carne Cruda: últimas víctimas de Franco desde el Parlamento Europeo


http://www.lacomunapresxsdelfranquismo.org/2015/09/23/especial-carne-cruda-ultimas-victimas-de-franco-desde-el-parlamento-europeo/


Carne Cuda Parlamento Euopeo 2015 septiembre
Programa especial de Carne Cruda sobre las últimas víctimas del franquismo dentro de las jornadas contra la impunidad que se celebran en el Parlamento Europeo cuando se cumplen 40 años de los últimos fusilamientos de la dictadura. Hablamos con uno de los últimos condenados a muerte Manuel Blanco Chivite, con Merçona Puig Antich, con protagonistas de la Querella Argentina y Juan Diego Botto interpreta un fragmento de su propia historia.
El abogado de la acusación Carlos Slepoy y José María Galante, ‘Chato’, torturado por el inspector Antonio González Pacheco, “Billy El Niño”.
Manuel Blanco Chivite, histórico luchador antifranquista condenado a muerte en uno de los últimos consejos de guerra de la dictadura.
Merçona Puig Antich, hermana del último ejecutado a garrote vil en España, Salvador Puig Antich.
Juan Diego Botto interpretará el monólogo de “Un trozo invisible de este mundo” y nos hablará de su propia historia como hijo exiliado de un desaparecido por la dictadura argentina.
Y Manuel Gerena, el flamenco antifranquista más vetado de la historia nos contará y cantará sus recuerdos.