dimecres, 20 de setembre de 2017

LA DESBANDÁ, nazis, fascistas y franquistas, asesinaron a miles de civiles inocentes e indefensos que huían por la carretera de Málaga a Almería


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desbandá2 word pressLa desbandá fue uno de los mas cruentos episodios de la Guerra Civil. Las milicias obreras sofocaron el golpe del 36 en Málaga y gran parte de su provincia, quedando bajo control republicano, pero quedó aislada del resto del territorio de la República excepto por la carretera de Almería, que era vulnerable al bombardeo marítimo y dificultaba el envío de soldados y provisiones a la provincia.
Queipo de Llano lanzó una gran ofensiva sobre Málaga gracias a la llegada de miles de soldados italianos, 2 regimientos de 3 batallones fuertemente artillados con ametralladoras, morteros y piezas de campaña, unidades completas mandadas por oficiales italianos, y otros miles de legionarios y moros llegados de África. En total 5 regimientos de infantería, 4 compañías de tanques, autoblindados, motoametralladoras, un grupo de artillería de 14,90, 7 baterías, y el apoyo aéreo de escuadrillas de aviones alemanes e italianos de bombardeo, caza y reconocimiento desde la base de Tablada (Sevilla). El avance se hallaba apoyado desde el mar por cruceros fascistas armados con cañones de 203 y 120 mm. Las fuerzas republicanas eran muy inferiores en número, armamento y equipo, vestidos con ropas ligeras y calzados con alpargatas. Los soldados republicanos lucharon con tenaz encarnizamiento, pero no pudieron contener el ataque. El 5 de febrero los fascistas alcanzaron Málaga, el 6 la ciudad fue bombardeada desde el aire y el mar, el 8 Málaga fue ocupada, el 10 llegaron a Motril.
De barrio en barrio, calle en calle, casa en casa la misma frase: ‘Que vienen los moros’. Los temidos regulares de Marruecos arrastraban una fama funesta; llevaban meses cometiendo todo tipo de actos violentos, violaciones, asesinatos, mutilaciones, con sus cuchillos afilados se preparaban a entrar a degüello. Los legionarios del Tercio, sedientos de sangre allanaban las casas y los edificios en busca de la “canalla roja”. La gente gritaba y corría como almas que lleva el diablo. Las palabras de Queipo de Llano retumbaban en su cerebro: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres, sus mujeres por fin han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”. Con la entrada en la capital cundió el pánico. Málaga ya no era una ciudad, era una carnicería, mujeres saltando por la ventana, olor a carne quemada, fascistas tiroteando por las calles indiscriminadamente a gente indefensa, la gente empezó a correr, muchos civiles optaron por huir por la carretera de Almería.
El resultado fue el caos, ‘La desbandá’. Decenas de miles intentaron huir por un camino en pésimas condiciones. André Malraux escribió “el mundo entero fluía, en este momento, en un único sentido”. Gamel Woolsey, esposa de Gerald Brenan, lo describió así: “Un siniestro rumor, ¡El tercio, que viene el tercio! como si hubieran dicho: Se ha abierto el infierno, Lucifer y su legión están sobre nosotros como una ola fría de horror. Desde la carretera la llamarada roja de Málaga dejaba escuchar a lo lejos los pasos del enemigo que se acercaba”. El alcalde de Málaga Eugenio Entreambasaguas de Unión Republicana, un hombre honesto y justo, valientemente se mantuvo en su despacho. De inmediato fue detenido y fusilado por decisión del “carnicerito” Arias Navarro.
El suceso muestra una estrategia deliberada por dañar a la población civil, y escarmentar a Málaga la Roja. En Guernica las bombas fascistas cayeron sobre 5.000 vascos, pero en la Desbandá más de 150.000 malagueños, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que huir de la ciudad a pie. Los pilotos alemanes, y los italianos entrenados en Etiopía en matar mujeres y niños, ametrallaron y bombardearon a la población civil que huía hacia Almería a lo largo de la carretera que bordea la costa, desde donde los buques fascistas persiguieron en paralelo y cañonearon a la población. La masa de personas que desembocaban de los pueblos de la montaña incrementaba sin cesar la de los que huían por la carretera de la costa hasta llegar a casi 250.000 desplazados. La escuadrilla aérea España, fiel a la República, trató de defender a los huidos con poco éxito. La mayoría de pueblos en el camino hacia Almería no ayudaron a los fugitivos ante el miedo a las represalias posteriores por parte de los sublevados. Los fascistas asesinaron a cerca de 6.000 civiles.

LOS TESTIMONIOS

“Eran militares profesionales, de la Marina o la Aviación sabían que disparaban contra civiles, ancianos, niños, mujeres. Los cruceros Cervera, Baleares y Canarias, y otros de la marina franquista e italiana disparan sus baterías a discreción, caían los proyectiles entre la multitud y contra las rocas de la montaña que la carretera bordeaba, desprendiendo enormes peñascos, las piedras estallaban, caían, aplastaban a hombres mujeres y niños inocentes dejando sus cuerpos despedazados”…“Para ellos era el juego del tiro al plato contra gente que no podía defenderse. No había escapatoria atrapados entre las paredes de roca y los acantilados marinos. El olor a sangre era penetrante, nauseabundo, las nubes de moscas amortajaban los cadáveres, la muchedumbre corría despavorida para guarecerse y esquivar las bombas”…“Era un desperdicio de munición contra objetivos no militares, pero Hitler había dado crédito ilimitado a los franquistas”…”Cada vez que daban en el blanco la oficialidad y marinería celebraban sus hazañas en sus cubiertas. Los veíamos, ellos nos veían perfectamente, estaban tan cerca, sabían que éramos civiles indefensos”.
“Aquello era un terrible infierno, tanta muerte, tanta sangre, tanto desprecio por la vida humana”…“Viejos apoyados en bastones, ciegos con sus lazarillos, paralíticos en silla de ruedas, niños tiernos, bebes en el regazo de sus madres, moríamos de hambre, sed, agotamiento”…”Muchos refugiados andaban descalzos. Los zapatos se deshicieron durante el camino”… ”Cuando pasaban los aviones ametrallando niños, viejos, enfermos, embarazadas, nos levantábamos para correr, atrás quedaban los cuerpos, a veces sus familias no podían parar a atenderles, tenían que seguir corriendo”…“El padre y la abuela cayeron al agua al cruzar el río Chíllar, como iban de los últimos al incorporarse se encontraron rodeados de muertos”…”Entonces se ensañaron con salvajismo los aviones, nos ametrallaban entre los árboles y las malezas, familias enteras sin defensa ninguna vendaban las heridas con pedazos de sus propias ropas”…”Hombres, mujeres, niños, corrían desesperados, maldiciendo al mar, la tierra, al cielo, a la guerra, al fascismo, a todo lo que era causa de su desgracia, a los responsables de sus sufrimientos, al dios que reinaba sobre esa tierra y ese cielo mortíferos”…”Madres obligadas a abandonar a sus hijos o familiares, ya cadáveres, en la cuneta de la carretera, heridos y enfermos que no podían seguir la marcha, llorando y pidiendo una ayuda que nadie puede prestarles, llamando a sus familiares perdidos en ese caminar”.
“Se presentaron bombardeando hasta 5 aviones, me dijeron que me quedara al aire libre tumbado en las zanjas de las huertas, porque si la metralla arrasa, te pasa por encima”…“En un tramo de la carretera apareció la aviación. Cada uno salió para un lado para esconderse, yo me tiré en una hondonada del terreno. A pocos metros un carabinero fue lanzado por una de las bombas, murió en el acto. Un trozo de metralla que dio en mi taleguilla lo he guardado hasta hace poco”…”Era una camioneta cargada de criaturas, apiñadas, llegaron varios aviones, mi madre dijo que todos debajo de un olivo, empezaron a bombardear a los olivos porque sabían que estaban las criaturas allí. Sentí los chillidos y los lamentos. Lo que había allí, aquella sangre, no quería verlo”…”Andábamos sobre todo de día, de noche nos tumbábamos en las cunetas y cuando venían los aviones nos tirábamos al suelo, descalzos, sin alpargatas, nos atábamos trapos en los pies”…”Los pequeños se adentran en los cultivos o comían los restos que dejan otros, andando y comiendo caña de azúcar y lo que cogíamos por el camino”
“Sentí llorar a un niño, una criaturita, con la madre muerta al lado, no se me olvida que llevaba una chaqueta azulina”…”Una niña lloraba sin parar mientras su madre, callada, impertérrita, la tenía agarrada en brazos. Se acercaron, vieron que la madre, con el bebé en brazos, estaba muerta”…”Nunca he olvidado a aquella mujer que, herida por un obús, en medio de un charco de sangre amamantaba y abrazaba a su hijo de 2 meses, mi madre me dijo que me tranquilizara porque de esas cosas íbamos a ver muchas por el camino”…”En el centro de la carretera encontramos muchos bultos y, encima había una niña de no más de 3 años llorando, alrededor su familia, todos muertos”…”Un trozo de metralla le arrancó la cabeza a una niña que llevaba su madre en hombros, la mujer chillando se negaba a soltar el cuerpecito decapitado de su hijita sumergido en un charco de sangre”…”Vi a una mujer muerta al lado de la carretera, en un terraplencito, y un niño de pecho mamándole”…”Angelita llevaba en brazos al bebé de Concha y era incapaz de proseguir. Nos dijo que nos salváramos mi hermano y yo, ella se quedó, seguí andando, cambié de idea y quise volver a recoger a mi hermana, pero ya estaban allí los italianos”…”El llanto de los niños no cesaba, ¡mamá! ¡papá! Los alaridos de las madres que perdían a sus hijos: ¡Ay Juanito! ¡Ay Joselito! ¡Ay Pepita! No hay caso, muy a su pesar debían continuar la marcha pues los fascistas les pisaban los talones”… ”Mi hermano me dijo: Ahí hay una mujer tendida con una cesta de tomates, vamos a cogerlos, ella no los quiere paná, que ya está matá’, pero al acercanos se nos quitaron las ganas, tenía una niña recién nacida mamando en el pecho”.
“Los Junkers alemanes bombardearon un autobús lleno de mujeres y críos y lo hicieron polvo. Otra familia se había metido en una vaguada, todos muertos, una mujer sujetando su estómago, sus ojos abiertos, aterrorizados”…”De entre la multitud surgió una mujer enloquecida que se tiró desde un acantilado para ahogarse en el mar, un hombre disparó su pistola y mató a su familia para luego pegarse un tiro en la sien, nadie tenía piedad de ellos, nadie oía sus suplicas, solo eran unos pobres campesinos, jornaleros, obreros, que levantaban los brazos al cielo implorando clemencia y la única respuesta eran más bombardeos y ametrallamientos”…”Los aviones alemanes e italianos iban y venían en constantes oleadas decididos, lanzaban su lluvia de fuego inmisericorde”…”Cuerpos esparcidos, retorcidos por el dolor de la metralla, la carretera destrozada por el efecto de las bombas, el olor putrefacto que emanaba de los cadáveres mutilados y las vísceras en descomposición era insoportable, el olor que perfumaba la carretera de la muerte”…”La procesión era incesante, un interminable gentío de huérfanos, viudas, niños que berreaban, perros que ladraban, los más viejos no aguantaban más las fatigas, agonizaban abrazados a sus seres queridos”…“La carretera era como una serpiente, la gente se caía, gritos, llantos, lamentos. El que quedaba herido, se desangraba, no había nadie que pudiera acudir”…”Perdí a mis padres, no volví a verles hasta que terminó la guerra”..
“Había multitud de niños pequeños extraviados buscando a sus madres”…“Niños llevando solamente su pantalón, las niñas su vestido ancho, niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados, niños sin zapatos, con los pies hinchados, niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio”…”Los 80 niños del orfanato esperábamos en la acera, apareció un avión, ametrallaba a baja altura, arrojó bombas incendiarias, del grupo de niños quedamos 10”…”Yo iba en un serón que colgaba del animal, me asomaba del capazo y contaba los cadáveres, mi madre me decía que era gente durmiendo”…”Una madre lloraba sobre el cadáver de su hijo, unos niños aterrados no soltaban la mano de la madre muerta, llenos de terrible desesperación, mujeres muertas y sus hijos llorando al pie de las mismas, cogidos a sus vestidos”…”A una mujer se le cayó el niño al río, quería cogerlo, pero el agua se llevó al angelito, tenía 2 o 3 dos o tres años”…“El maestro hacía recuento y con mucha pena decía: ‘Hoy faltan 3; hoy faltan 2’, no podía asistir a tantos, había tanta gente”…”Había un matrimonio con un niño de pecho que se estaba muriendo, luego lo enterraron en un hoyo en la carretera”…”Mi madre preguntaba por mi hermano tocando a los niños que estaban dormidos o muertos, llegó a recoger a 4 niños que lloraban”…”El hermanito preguntaba por la madre y pedía pecho, y mi hermana le decía: ‘Detrás de aquel monte, allí está mamá’. Y llegábamos y mamá no estaba. Y llorar, llorar, el angelito tenía mucha hambre, mi hermana le machacaba cañadú y se lo ponía para que chupara el caldito”.
”Y yo venga a menear al hombre que había allí, pero estaba muerto, porque íbamos destapando a los muertos en las cunetas pensando que quizás sería mi padre”…”Corríamos entre la gente, mi madre conmigo en brazos me apartaba la cara constantemente de la cuneta para que no viera a los muertos”…“Tuvimos que dormir metidas en una calera mientras seguían cayendo las bombas”…”Cada ataque de los aviones o los barcos dispersaba el grupo en busca de refugio. Al regresar a la carretera muchas familias habían perdido a alguno”…”Había personas agotadas que se abandonan a su suerte en las cunetas del camino, en su mayoría ancianos o embarazadas, la abuela decía: Ay, dejadme aquí, que ya no puedo más”…”Una madre lloraba porque se le había perdido su hija pequeña, salió su padre a buscarla, después, su hermano, luego otro hermano, un proyectil los alcanzó y los desintegró, en pocos minutos, desaparecieron todos”…”Cuando salí al puentecito a lo alto de la carretera de La Herradura vimos el panorama más grande de la Tierra, todo lleno de muertos, no se puede describir más que viéndolo, de muertos, de heridos”…”Las caravanas cruzaron Torre del Mar, Vélez-Málaga, Nerja, Almuñécar, Motril, Adra, llevaban 5 o 6 días de viaje, una semana para los más lentos, todos empujados por esa ola gigantesca de seres humanos, de animales, burros, mulas, caballos, cabras, carretas, coches que transitaban por la carretera de gravilla que molía la suela de los zapatos, de las alpargatas, de las sandalias de esparto, descalzos, con los pies hinchados cubiertos de llagas y ampollas”
“El día lo pasábamos escondidos en el monte, escuchando los cañonazos de los barcos y de noche avanzábamos entre sangre y cadáveres”…”Una corriente silenciosa de gentes, andando de noche, yo agarrada a mi mamá que se lamentaba diciendo “¡Ay, que ya he pisado uno!”, andaba otro trocito, ¡Ay, he pisado otro! y así era todo el camino, sembrado de muertos al andar de noche”…”Un proyectil los interceptó. La sangre y los trozos de carne de aquellas personas quedaron esparcidas por todos lados y hubo que taparlos como se pudo, con mantas con trapos, con ropa”…“No teníamos otra defensa que tirarnos al suelo. Si había una mata, nos arrimábamos. No se podía andar, todo el mundo corriendo, tropezando con los muertos. Pero tú lo que querías era correr más y quitarte de la carretera”…”Allí sólo había cachos de criaturas, cachos de bestias, era un cementerio, más de lo que vosotros os podéis imaginar”…“El puente del río Guadalfeo fue volado, el caudal iba muy crecido, los refugiados se adentraron en sus aguas para cruzarlo, algunos incluso de noche, con sus familiares en brazos, muchos murieron ahogados”…”Sentimos como un terremoto, un ruido ensordecedor, terrible, miedo, gritos aterradores de niños, mujeres. En la noche habían abierto las compuertas de la presa, bajaba una riada enorme que se llevó a cientos de personas, se ahogaron, enterradas entre el barro y los cascotes, murieron miserablemente, sus huesos cubren el trayecto, allí siguen bajo el asfalto de la nueva autovía”
Cuando los refugiados llegaron a Almería se cobijaron en las aceras, el puerto, fábricas, almacenes. La aviación franquista bombardeó la ciudad provocando decenas de muertos. “Como si no fuera bastante haber bombardeado y cañoneado a esa procesión de campesinos a lo largo de su caminata interminable, cuando el pequeño puerto de Almería estaba atestado de gente refugiada, los aeroplanos fascistas desataron sobre la población un nutrido bombardeo. Cuando se habían alejado los aviones, levanté del suelo los cadáveres de tres niños. La calle parecía una verdadera carnicería” (Norman Bethune).
Balbino Santos Oliveira, obispo de Málaga, pronunció un emocionante tedeum solemne de agradecimiento al glorioso ejército nacional por haber liberado Málaga del “ateísmo dictatorial ” Se hicieron presentes en la catedral las autoridades civiles y militares que de rodillas comulgaron demostrando así su inmenso amor por Dios. El obispo con un hisopo asperjó con agua bendita la tierra mancillada por la “canalla roja”.

WikipediaVimeo: Pantalones a la lunaEldiario.es (1 y 2. Néstor Cenizo), Público (David Bollero), Diario Sur (1 y 2. Elena De Miguel), El Confidencial (Agustín Rivera), Rebelión (Carlos de Urabá), El Español (Pablo Gambero), López Cuenca

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