diumenge, 17 de setembre de 2017

La guerra civil, posguerra, franquismo y transición fueron los espacios en los que se llevó a cabo el negocio de los bebés robados en el Estado español.


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El llanto de los nadies

La guerra civil, posguerra, franquismo y transición fueron los espacios en los que se llevó a cabo el negocio de los bebés robados en el Estado español. Actualmente, muchas de las personas afectadas han recurrido a la justicia argentina ante el masivo archivo de denuncias presentadas.

 | 15 septiembre, 2017 07.09

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)
Desde el primer día que tuvo constancia de ella, Josefina Musulén comenzó la búsqueda incansable de su tía paterna. No contaba con una descripción física, ni un paradero, ni siquiera con un nombre. Solo el conocimiento del sexo: una mujer. Su único resorte pendía del resarcimiento del “dolor infinito” de un niño que a la edad de cinco años asesinaron a sus padres y que, posteriormente, a los 48 se enteró de que también le habían arrebatado a su hermana. El 13 de agosto de 1936,  su abuelo – perteneciente a la CNT-  y su abuela, por entonces estaba embarazada de nueve meses, fueron detenidos por falangistas en Zaragoza. En el cuartel de falange comunicaron a los familiares que “con el tiro de gracia le habían reventado la tripa”. El matrimonio tenía un niño de cinco años de edad, padre de Josefina.
En 1978, Josefina decidió consultar los archivos de la sede de CNT. Fue allí, donde le informaron de que su tía fue ingresada en el Hospital Provincial Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, donde permaneció en la misma habitación que una familia vinculada también a la CNT. “Dio a luz a una niña. Ahí hubo un rato en el que a mi abuela no la sacaron del paritorio, porque directamente se la llevaron al paredón y, a ella en seguida le quitaron el bebé”, cuenta Musulén.
Ese mismo año se presentó en el Hospital Provincial con motivo de consultar los libros de registro. Pero en estos faltaban diversas hojas pertenecientes al período de agosto y septiembre de 1936. “Te vas haciendo idea de que la familia que se ha quedado a la niña y seguramente la ha inscrito a su nombre. Seguramente ella no se quedó en esta ciudad y seguramente la criaría una familia del régimen y jamás pensó que no era hija de sus padres”, cuenta Josefina. Su búsqueda la llevó a testificar en el juicio a Baltasar Garzón el 2 de febrero de 2012 en la Audiencia Nacional.
Las aberraciones cometidas contra las presas y sus hijos e hijas durante el período de la Guerra Civil y posguerra tuvieron un carácter sistemático que pronto fue amparado legalmente. El auto instruido por el juez Baltasar Garzón en 2008, señala que la sustracción de hijos e hijas a las madres republicanas en el Franquismo podría haber afectado hasta a 30.000 niños– aunque según las asociaciones, las cifras podrían ser incalculables-. Este tipo de terrorismo de Estado, basado en la crueldad de los que se sintieron adalides de la verdad para discernir cuál iba a ser el lugar óptimo para la descendencia de los vencidos, tuvo continuidad hasta bien entrada la democracia. A partir de 1950, el entramado mafioso del robo de bebés implicó a monjas, sacerdotes, ginecólogos, comadronas, funcionarios…
“No hay casualidades, sino sincronías en el tiempo”
La mañana del 3 de junio de 1957, Francisca Coria ingresó en el Hospital General “Residencia Sanitaria General Sanjurjo” de Valencia –actualmente conocido Hospital Universitari Doctor Peset y por entonces regentado por las monjas de la congregación religiosa de las Hermanas de la Caridad – para dar a luz a su primer hijo. Pronto, le comunicaron que “el bebé había nacido con una vuelta y media y sin vida”. Francisca no pudo ver a su hijo, ni Antonio. Oír, callar y asumir. El equipo médico transmitió a estos padres primerizos que el Hospital se haría cargo de todo.  Los siguientes tres hijos de la familia nacieron sanos en casa.
El psicólogo Carl Jung se refirió al término “sincronicidad” para referirse a la simultaneidad de sucesos vinculados por el sentido, pero no de manera casual. Iniesta y su padre acudieron al hospital en busca de documentación ante las diversas similitudes de su caso en 2011. Pero no existía ningún historial clínico, puesto que se destruyó en un incendio el 17 de enero de 1984 – según informó el diario Las Provincias, en el incendio ardieron 70.000 expedientes clínicos-. El único documento hallado es la ficha de ingreso y alta de Francisca Coria, en la cual el motivo de ingreso se atribuye a una enfermedad –en realidad, se trataba de un parto- . En cuanto al alta, figura “Distocia Social”. En ambas aparecen los apellidos de dos médicos: Oliver y Ruiz/Roig.
En el Registro Civil de València no se encuentran los legajos de aborto anteriores a 1973. En el caso de su madre, existe un registro de inhumación de un feto a su nombre, pero este consta en tres secciones diferentes del cementerio incluyendo la reutilización de la tumba en 1972.
En julio de 2013, la Fiscalía de València archiva las denuncias presentadas por las víctimas. Una de las alegaciones de la Fiscal de València sobre este caso concreto alude a que “habiendo desaparecido la historia clínica, no ha sido posible tomar declaración a ningún médico o comadrona al no haber podido ser identificados”.
Sobre verdades inconclusas
En la búsqueda llevada a cabo por Teresa de su hermana, lo único que tiene seguro es que su madre dio a luz el día 7 de junio de 1961 en el zaragozano hospital de San Juan de Dios. También cuenta como a los pocos minutos del parto le mostraron el bebé a su madre para decirle “despídete de la niña, porque se va a morir”. Según relata Teresa, su abuela permaneció a la espera en el Hospital. Fue a ella a quien le mostraron el cadáver del bebé quince minutos después del fallecimiento. Describieron el cuerpo como de gran tamaño, de aspecto morado y frío. Desde el hospital, no se les permitió hacerse cargo del entierro. Ocho años después, cuando la familia procedente de un pueblo de Zaragoza, regresó a la ciudad se percató de que la tumba del bebé ya había sido exhumada.
“A día de hoy no sabemos nada, solo sospechamos de una verdad inconclusa”, cuenta Teresa. En su caso, no dispone de documentación clínica ni fe de bautismo. Actualmente, Teresa forma parte de la Asociación Bebés Robados Aragón.
A diferencia de otros Estados como Argentina, el español no ha tipificado de forma efectiva todos los secuestros de menores dados en adopción como crímenes contra la humanidad- el número de niños y niñas desaparecidos en el Estado español podría haber sido hasta diez veces mayor que en Argentina, como apuntó José Luis Gordillo en “¿Por qué nadie busca a los bebés robados en España?”-.
“Mi hermano mellizo y yo nacimos el 25 de enero de 1965 en la maternidad de O’ Donnell. A Francisco lo llevaron a la incubadora porque había nacido con menos peso. A los 5 días, mi madre y yo nos fuimos para casa, pero Francisco se quedó en la incubadora entre 15 y 18 días”, cuenta Soledad Luque, melliza de Francisco Luque, 52 años después. “La monja siempre les decía que Francisco iba recuperando peso hasta que un día les comunicaron que ya estaba bien. Cuando fue mi padre al día siguiente, imaginando que se lo podría llevar a casa, la monja le dijo que esperase e inmediatamente el médico les dijo que había fallecido”- cuenta Soledad Luque-. “Mi padre y mi hermano mayor no daban crédito. Al día siguiente, cuando fueron a buscar el cuerpecito para enterrarlo, el médico dijo que lo habían incinerado y, posteriormente, les anunciaron que habían perdido las cenizas. Mis padres en ningún momento dieron permiso para incinerarlo. Ante su enfado, los médicos amenazaron con llamar a la Guardia Civil”.
En marzo de 2011, los hermanos presentan una denuncia en la Fiscalía de Madrid. Ese mismo mes,  entró a participar en la querella argentina por lo que viajó a Buenos Aires para declarar ante la jueza María Servini de Cubría. ”Es tremendo que miles de personas víctimas de los crímenes del franquismo se tengan que marchar a kilómetros de su patria para que les escuche una jueza. Supone el coraje y el motor que te lleva a viajar 12 horas en una avión a kilómetros de tu país y luego la tristeza infinita”.
Se podría hablar de miles de ciudadanos del Estado español que fueron dados en adopción de forma completamente irregular. Hoy en día, la mayoría de estas personas desconocen su verdadera identidad e incluso no habrán sospechado nunca que podrían haber sido arrebatados de sus verdaderas madres y padres. Guerra, posguerra, franquismo y transición fueron los espacios temporales en los que se acometieron estos robos y, a la vez, negocios. El abogado Enrique Vila, presidente de SOS Bebés Robados España, especifica en “¿Por qué nadie busca a los bebés robados en España?” que estas adopciones fueron realizadas mediante un contrato privado, hasta que en 1987 la Ley de Adopciones exigió la intervención del Estado en las mismas. Francisco González de Tena en el artículo “Amnesia Injustificable” comenta que la proliferación de las adopciones internacionales en el Estado español impulsó la promulgación de la Ley 19620 del Ministerio de Justicia del 26 de julio de 1999 – publicada en el BOE el 5 de agosto de 1999-, la cual reconoció los derechos básicos del niño explícitamente.

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Actualmente, y según denuncia el periodista José Luis Gordillo en su libro ‘Los hombres del saco’, esta trama paralela, y que a su juicio cuenta con la colaboración de los laboratorios, tanto públicos como privados, a través de la manipulación genética, se ha reorganizado para impedir el reencuentro entre las personas que todavía se encuentran vivas –únicamente se han producido un 20% de reencuentros- y que tienen, sin saberlo, una identidad falsa y que desconocen que fueron secuestradas y vendidas al nacer

 | 25 junio, 2017 07.06

Foto: Alvaro Minguito |Diagonal
“No son tantos como dice la televisión. Quitábamos de media un niño al mes en cada hospital. Procurábamos que fuese a familias distintas, aunque a veces la necesidad del negocio era tal que teníamos que quitarle varios a una misma familia, pero nunca más de dos. Llevábamos listas de a quién se le quitaba y a quién se entregaba.” Este es uno de los testimonios anónimos extraído del informe especial ‘¿Por qué nadie busca a los bebés robados en España?’, publicado en ‘Periodismohumano.com’ en septiembre de 2014 y realizado por el periodista y escritor José Luis Gordillo.
Dicho testimonio fue realizado por una persona supuestamente implicada en la trama de secuestro y venta de recién nacidos en el Estado español, y lo hizo llegar a una de las asociaciones de personas afectadas para intentar ayudarles en su búsqueda.
“Hasta ahora -prosigue el informe-, nadie más que sus familiares buscan a estos niños y niñas robados, hoy ya adultos. Ni la Justicia, ni el Gobierno, ni las Comunidades Autónomas, ni el Defensor del Pueblo, ni la Unión Europea, ni la ONU… Ninguna institución los busca, salvo sus allegados, con los escasos medios a su alcance ¿Por qué sucede esto? A muchos de los afectados les parece que tal vez no los quieren encontrar. En ese caso, seguro que la inacción tiene un motivo poco confesable”.
Tal y como reconoce José Luis Gordillo, las estimaciones al alza hablan de 300.000 bebés robados en el Estado español desde 1940, cuando el régimen franquista comienza una limpieza ideológica, y se prolonga hasta bien entrada la década de los 90.
“Con la base de las investigaciones de limpieza ideológica realizadas por Vallejo Nájera con la Gestapo. Se retiraban los menores a presas políticas republicanas –hasta la fecha no se ha constatado un robo de bebés a una familia del bando franquista-, pasaban a ser tutelados por el Estado y dados en adopción a familias adeptas al régimen. Querían erradicar así lo que denominaban ‘biopsiquismo marxista’. Hacia 1950 estos niños, también retirados a familias de maquis o sospechosas, empiezan a escasear, así que, para alimentar el mercado de adopciones creado, empezaron a raptar menores engañando a sus padres, diciendo que habían muerto en el parto”, explica Gordillo en una entrevista concedida a Silvia Melero Abascal en el blog ‘SanPablo.es’.
José Luis Gordillo, periodista e investigador, escribió el libro ‘Los hombres del saco’ –libro que forma parte del sumario en el caso de los crímenes cometidos por el franquismo y que es investigado por la jueza argentina, María Servini de Cubría-, una amplia y valiente investigación sobre la trama de los bebés robados desde el franquismo hasta bien entrada la democracia. Un libro publicado en noviembre de 2015 que levantó ampollas entre los poderes del Estado, pues hasta ahora nadie se había atrevido a tratar este asunto desde una perspectiva tan crítica y con unos datos que reflejan la crudeza del mismo. Cabe señalar que un año después de la publicación de ‘Los hombres del saco’, José Luis Gordillo falleció sin que trascendieran las causas de su muerte.
Bebés robados en Aragón

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)
Por otro lado, y volviendo a un tema tan delicado como es el de los bebés robados, una de estas asociaciones que integra a víctimas de sustracción de menores y de adopciones irregulares que existen en numerosos territorios del Estado español, es la Asociación Bebés Robados Aragón. Una plataforma que surge de la necesidad de un grupo, cada vez mayor, de personas adoptadas y de familiares aragonesas de hacer oír su voz “frente a las mentiras de los organismos oficiales”.
Esta asociación se concentra el primer domingo de cada mes en la plaza del Pilar de Zaragoza para reivindicar que se cumplan las leyes vigentes y se les dé acceso a sus datos, tal y como reconoce la legislación. Asimismo, solicitan que se investiguen activamente por parte de los organismos públicos aquellos casos en los que existen irregularidades. Y por último, exigen a la Iglesia que cumpla con la legislación vigente y haga entrega de los datos que esta institución posee y que, repetidamente, se ha negado a entregar.
Una de estas personas que forman parte de esta asociación es Noemí. Su madre (María del Amor) fue un bebé robado y se enteró el año pasado. Nos cuentan las dificultades con las que se encuentran todas aquellas personas que intentan conocer la verdad sobre su pasado, bien sea porque las instituciones, por norma general las eclesiásticas pero también las hospitalarias, se niegan a facilitar cualquier tipo de información al respecto.
“Muchas de las personas –implicadas- vienen de órdenes religiosas y no quieren entregar estos documentos”, explica Noemí. Documentos, tales como libros de registro de nacimientos y defunciones, que en muchos casos destaparían la verdad sobre las ‘adopciones’, y que pondrían encima de la mesa una serie de circunstancias irregulares hasta ahora desconocidas sobre la trama de bebés robados en el Estado español a lo largo de medio siglo.
Tal y como reconoce Noemí, la mayoría de los casos que llegan a los juzgados son archivados por prescripción o por falta de pruebas. “Mi madre se enteró el año pasado que era una bebé robada, ¿cómo va a poner en marcha un proceso –judicial- si realmente ella no lo sabe?”, apunta. Un argumento, el de la prescripción, del todo absurdo.
Cabe recordar en este sentido que en el año 2012 el Tribunal Supremo hace suya una controvertida doctrina, la de la prescripción de los delitos de secuestro a los veinte años de su presunta comisión, y la convierte en jurisprudencia, según han interpretado la mayor parte de jueces.
“Antes se consideraba que el delito de detención ilegal no comenzaba a contar su periodo de prescripción hasta que la víctima aparecía o era consciente de su secuestro, y de hecho así lo dice una circular de la Fiscalía del Estado de 2013. Pero de muy poco sirve una circular frente a jurisprudencia del Supremo, más allá de un pequeño lavado de cara”, recuerda el periodista José Luis Gordillo en una entrevista concedida al ‘Foro por la Memoria’ en julio de 2016. 
De hecho, y según datos de la Asociación Estatal de Personas Afectadas por Adopciones Irregulares, hasta el año 2016 en el Estado español se habían presentado más de 3.000 denuncias por casos de bebés robados, de ellas, tan solo tres han salido adelante.
“Yo me enteré que mi madre era adoptada con 22 años y que había sido una adopción legal, porque realmente mis abuelos adoptivos hicieron una adopción legal a través de Diputación y con toda la documentación que les pidieron”, asegura Noemí. “Sí que es verdad que yo siempre me había planteado que mi abuela era muy mayor para haber tenido a mi madre con 43 años, algo que en aquellos tiempos no era lo normal”, subraya.
Hasta ahí todo correcto. “Lo que ocurre es que mi madre ahora, por temas médicos, ha empezado a buscar y a pedir papeles y se ha encontrado con que su vida ha sido un engaño. Han manejado su vida como han querido”, lamenta Noemí. “Afortunadamente –asegura su madre- yo he encontrado todos los papeles. Me fui un día sin decirles nada a mis hijos, les dije que iba a Uesca a ver a una tía, y me fui al Archivo Histórico”.
“Allí sí que hay documentación –añade Noemí-, pero muchos de los papeles que tenían que ir, por ejemplo de la Clínica Provincial, que allí estaba Maternidad dirigida por las monjas de Santa Ana, se dice que se quemaron”. Pero por suerte, o “gracias a un milagro”, tal y como reconocen esta madre y su hija, pudo encontrar el único documento en el que realmente se reconoce quién era su verdadera madre. “Yo nací el 11 de mayo de 1955, y a mi madre biológica la ‘despacharon’ de Maternidad el 12 de mayo de 1956, diciéndoles que me había caído por las escaleras y me había matado”, explica.
A su abuela adoptiva le dijeron desde Diputación que su madre biológica había fallecido porque era una mujer de mala vida. “Simplemente por ser madre soltera, y fue realmente lo que mis abuelos adoptivos creyeron”, matiza Noemí.
“Y por otro lado, hemos conocido a la familia biológica y la versión de ellos es, que la madre biológica se fue a servir a Uesca a casa de un alto cargo del Ejército, que en realidad es nuestra mayor sospecha porque no tiene sentido que la ingresaran en Maternidad embarazada de dos meses para ocultar el embarazo. Un año allí dando el pecho y al año le quitaron a la criatura. Cuando en realidad conocemos la versión de la familia y nos dicen que en su casa no faltaba de nada”, aclara, por lo que “no había motivo para que esta mujer no sacara adelante a su hijo”.


Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)
Noemí y su madre piensan que había un interés por parte del padre en que no se conociera nunca la existencia de ese bebé. “Si no, no tiene sentido que se oculte el embarazo”, matiza. De hecho, los primos hermanos que la madre de Noemí encontró, “con mucha suerte”, tienen su propia versión: “Mi tía siempre decía que no creía que su hija estuviese muerta, que se la habían quitado”, repetía una y otra vez la madre biológica.
Por otra parte, uno de los grandes problemas con los que se encuentran todas estas personas es la falta de ayuda de las propias instituciones del Estado. Nos cuentan como hace unos días concertaron una reunión en el Senado español para explicar las trabas que les impiden buscar a sus familiares. Un hecho que no dudan en calificar como “decepcionante”. “Yo me fui de allí muy defraudada”, señala Noemí.
“Esperábamos que estuvieran los senadores para escuchar lo que les teníamos que contar, que nosotros ya nos lo sabemos. Se hicieron la foto de rigor y luego durante el acto fueron desapareciendo. Cuando llegó nuestro turno de intervenir los senadores ya no estaban allí. El presidente abrió el acto y se marchó. Entonces yo me pregunté, ¿qué hacemos aquí si los que nos tienen que escuchar no nos escuchan porque no están?”, reconoce.
“Había gente de Canarias, de Andalucía, de Valencia, nosotras de Aragón (…), toda una sala llena de personas. Y que además te gastas un dinero para ir hasta Madrid… que no te importa si te van a escuchar, pero claro… yo me fui muy desengañada”, insiste Noemí.
Otro de los problemas llega a la hora de denunciar, ya que las personas que pudieron cometer estos hechos condenables y juzgables, ya han fallecido. Pero la madre de Noemí lo tiene muy claro. Presentarán una denuncia contra las personas o instituciones pertinentes. “Voy a por todas (…), que lo paguen”, reconoce con firmeza. “Los daños ya no se pueden reparar –añade Noemí-, por mucho dinero que te den esto sólo lo pasa el que lo vive. Es muy difícil aceptar que toda tu vida ha sido una mentira y que han hecho contigo lo que han querido”, recalca.
“Con los papeles que tenemos vamos a ir para adelante porque está claro quien era la madre. Hemos encontrado a la familia, hay primos hermanos que han vivido ya con 12 y 20 años la pérdida de su tía –de la madre biológica de María del Amor-. Y por la parte de mis abuelos adoptivos también hay familia que puede testificar como que mis abuelos realmente lo que creían, o lo que se les dijo, es que la madre había fallecido, por eso tramitaron legalmente la adopción. No sé qué pruebas más se necesitan”, asevera.
También nos cuenta Noemí que el día que conocieron la identidad de la madre biológica de María del Amor llamaron al Ayuntamiento de la localidad en cuestión para conocer si esta persona seguía viva y allí les confirmaron que esta persona había fallecido hacía ya tiempo. El siguiente paso fue ir al cementerio de la localidad para buscar si realmente estaba la lápida y con suerte, constara el nombre y los apellidos y la posibilidad que hubiera una foto. Y así fue.
“Empezamos a buscar con mi padre y mi madre cada uno por un sitio, y cuando la encontré y vi la foto dije: venir que está aquí. Era clavada a mi madre. No había nada más que buscar. Por lo que al estar el cuerpo allí se puede hacer una exhumación y demostrar que realmente es su madre”, afirma.
“Las familias son las que realmente estamos haciendo el trabajo de investigación, cuando quien lo tendría que hacer es el Estado. Facilitarnos la labor, que es algo que no hacen”, apostilla Noemí.
Casos como el de María del Amor existen cientos de miles en el Estado español. Un negocio, la venta de bebés robados, que ha continuado hasta bien entrada la democracia, convirtiéndose sin ningún género de duda en crímenes de Estado durante medio siglo.
Actualmente, y según denuncia el periodista José Luis Gordillo en su libro ‘Los hombres del saco’, esta trama paralela, y que a su juicio cuenta con la colaboración de los laboratorios -públicos y privados- a través de la manipulación genética, se ha reorganizado para impedir el reencuentro entre las personas que todavía se encuentran vivas –únicamente se han producido un 20% de reencuentros- y que tienen, sin saberlo, una identidad falsa y que desconocen que fueron secuestradas y vendidas al nacer.

25 junio, 2017

AUTOR/AUTORA

Miembro del Consello d'AraInfo. @mr_belbedere