divendres, 2 de març de 2018

Un estudio recopila los nombres de 1.905 víctimas del franquismo y 106 de la Guerra Civil en la Marina Alta

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La revista Aguaits advierte de que los listados aún están incompletos y pide la ayuda a la ciudadanía
  • La represión franquista: Dénia tuvo que instalar el campo de concentración España en la actual plaza del Oeste ante la gran cantidad de presos que ya no cabían en las cárceles. También muchas víctimas de los vencedores pasaron por Pego
  • La represión republicana: Asesinatos colectivos a manos de elementos incontrolados en XàbiaOndara o Benissa durante 1936. Dos casos concretos: el notario de Pedreguer Augusto Villalonga, luego investigado en el franquismo por masón, y el primer director de los Maristas de Dénia, el Hermano Millán

  • En la convicción de que «una sociedad plural y democrática no puede mirar hacia otro lado», tal y como señaló su directora, la jefa del Arxiu Municipal de Dénia, Rosa Seser, la revista Aguaits emprende en su último número una tarea gigantesca: la recopilación de todos los nombres que fueron víctimas de la represión durante la Guerra Civil y la posguerra en la Marina Alta tras una ardua investigación que ha bebido de múltiples archivos y fuentes orales.
El gran valor de esta edición del Instituto d’Estudis Comarcals de la Marina Alta (IECMA) es que habla de cifras con un rigor inédito hasta ahora. Pero sobre todo habla de nombres, de los nombres de todas las víctimas y de cuál fue su destino «ante una historia de violencia, venganza y silencio que 80 años después nos sigue golpeando», añadió Seser. Efectivamente, no se puede mirar hacia otro lado.

Trescientas páginas de víctimas

Sobre todo si se comprueba el inmenso listado de las víctimas del franquismo en la comarca una vez concluida la guerra y que ha sido compuesto por Francisco Moreno: páginas y más páginas –casi 300– en las que se narra paso a paso la trayectoria de todas aquellas personas camino de la cárcel y en ocasiones la muerte. Se ha mantenido el lenguaje en castellano, para plasmar el tono de las autoridades franquistas a la hora de ejercer las acusaciones contra personas que en muchas ocasiones no habían hecho otra cosa que ejercer actividades perfectamente legales, como militar (o votar) en organizaciones de izquierda.
En total, sufrieron en su piel esta implacable represión 1.905 seres humanos, 84 mujeres y 1.821 hombres: condenados en consejos de guerra, depurados en sus trabajos, encarcelados, exiliados o sometidos a pena de muerte y fusilados. Moreno insistió en que todas las acusaciones de esas fichas biográficas han de tomarse con suma cautela, ya que proceden del franquismo y de su Causa General.
Pese al gran número de personas incluidas en la lista «sabemos que la misma es incompleta, por lo que pedimos ayuda a la ciudadanía para mejorarla, completarla y corregir errores», especificó Seser. Esta fe de erratas para seguir reparando tanto olvido se incluirá en el próximo número de Aguaits.
La mayor parte de los detenidos fueron a parar en primer lugar a prisiones de Dénia y Pego, municipios donde en 1939 se celebraron varios consejos de guerra, antes de una diáspora por cárceles y campos de la Comunitat. En la investigación se hace referencia a un campo de concentración en Dénia, el denominado Campo España, en la actual plaza del Oeste, donde según Seser llegaron a estar internados dos mil personas en lo más duro de la represión, posiblemente hasta diciembre de 1939.
Las otras prisiones de la ciudad también estaban llenas: era el caso del colegio Maristas –donde internaban a los que acabarían fusilados–, el Depósito Municipal o los almacenes Morand.
Asesinados por los republicanos e investigados después por los franquistas por masones
Se persiguió con especial saña a las mujeres, en especial a las maestras, ya que según Moreno «no se les perdonó que hubieran intentado ser ciudadanas en vez de seguir siendo súbditas». Y también a los masones.
En este sentido, se llegó al paroxismo: dos asesinados por elementos republicanos incontrolados en 1936 como el propietario de Dénia Luis de Diego Arguimbau y el notario de Pedreguer Augusto Villalonga –cuyo caso veremos después– fueron investigados por la Causa General acabada la guerra y cuando ya llevaban años muertos debido a su pertenencia a logias masónicas. Sus expedientes no fueron archivados hasta 1948.

La represión durante la Guerra Civil

La profesora Teresa Ballester es la autora de los capítulos dedicados a los represaliados durante el conflicto bélico en la Marina Alta, que a lo largo de toda la guerra fue controlado por el bando republicano. En total, hubo 106 muertos. «A mí no me gusta hablar de números, pero es evidente que esta cifra contrasta con las casi 2.000 víctimas del franquismo».
Ballester, que lleva desde la década de los noventa trabajando en el tema, explicó que hay que diferenciar dos tipos de represión republicana. Primero, la incontrolada, con el sistema de los paseos del coche denominado La Pepa y el objetivo de asesinatos colectivos. Como norma, los arrestados eran conducidos fuera de su municipio y los cadáveres aparecían en carreteras o caminos.
Así, muchas víctimas que eran cargadas en Dénia aparecían en Xàbia, Gata o Pedreguer. En ocasiones, los cuerpos recuperados eran trasladados a los cementerios de sus poblaciones de origen, si bien los monolitos que se hicieron para recordarlos no se alzaron hasta acabada la guerra. Alguno que se proyectó, como el de los caídos en Xàbia, no llegó a construirse nunca.
Entre esas matanzas en grupo, destaca la de la Nit de l’Avenc en la que 15 personas procedentes de Dénia fueron arrojada a una sima de la Plana de Xàbia el 2 de noviembre de 1936. Aquel mismo año, el 17 de septiembre los cadáveres de 8 vecinos de Pego aparecieron en Gandia; y el 4 de octubre, los cuerpos de otras 6 personas de Ondara fueron descubiertos en Benissa.
Para tener una idea de la dimensión de esta violencia, en la provincia de Alicante fueron ejecutadas 840 personas y la Marina Alta aparece como la tercera comarca con más número de víctimas, esas 106.
Ballester describe un segundo tipo de sistema punitivo, el de la vía legal, en que religiosos o personas de organizaciones derechistas –en especial de la Derecha Regional Agraria– fueron trasladados al tribunal popular de Alicante «y juzgadas con garantías legales tal y como se observa en la prensa de la época, que publicaba detalles de esos juicios», celebrados en su mayoría en la primera parte de 1937.
La historiadora asegura que este método ya reglado permitió a muchos de los detenidos librarse del «terror revolucionario» y salvar la vida, toda vez que no se emitió ni una sola sentencia a muerte aunque sí se produjeron algunos otros episodios sangrientos: cuatro vecinos de Pego que debían ser juzgados en Alicante fueron asesinados en El Campello.

Un notario de Pedreguer y un religioso de Dénia

También Ballester es autora del capítulo dedicado a Augusto Villalonga, a quien la Pepa fue a buscar cuando se encontraba de vacaciones en Moraira el 30 de agosto de 1936. Se trata de un caso controvertido, toda vez que este notario era persona de ideas avanzadas muy en sintonía con el ideario regeneracionista de la Generación del 98. Como quedó dicho, perteneció a la Logia Masónica de Dénia y era republicano aunque de ideas conservadoras, lo que pudo desencadenar su asesinato.
Villalonga llegó a Pedreguer en 1901 y poco después, cuando en 1904 tuvo lugar la gran crisis de la filoxera que acabaría con la pansa, trabajó para forzar el cambio de los cultivos de secano a los de regadío. En 1934 él y su mujer, María López Godet, fueron nombrados hijos predilectos de Pedreguer tras la donación de un lavadero público para que las mujeres que acudían a lavar la ropa tuvieran mejores condiciones higiénicas y agua suficiente.
Tras la victoria del Frente Popular en 1936, el derrotero conservador de Villalonga provocó que una lápida con su nombre y retrato que servía para rotular una calle del municipio apareciera embarrado.
Descubierto en el tren Dénia-Carcaixent
Vicent Martí esboza el caso del Hermano Millán, primer director del colegio Maristas de Dénia fundado en 1927 a partir del legado que dejaron dos ricos terratenientes sin descendencia, los hermanos Gavilà Ferrer, y de la aportación económica de Cándida Carbonell.
Martí recoge el testimonio de uno de sus alumnos, Pepe Carrasco, quien después de alabar las dotes educativas del Hermano Millán concluye señalando que «con su sonrisa de siempre nos dijo que debíamos recoger nuestras cosas y marchar a casa hasta nueva orden. De nada nos debíamos preocupar, ya sabríamos de él. El colegio cerró sus puertas».
Esto último es importante. El colegio cerró sus puertas no una vez sino dos: la primera en 1932, tras el veto de la II República a los centros gestionados por religiosos y la segunda en abril de 1936. Sin embargo en ambas ocasiones, los maristas siguieron impartiendo «clases clandestinas» a sus alumnos en diversas fincas de Dénia: en el 32 en la actual Venta de la Posa y en el 36 en Torrecremada.
Tras estallar la guerra, el Hermano Millán obtuvo un salvoconducto para viajar en tren hasta Barcelona pero en el trayecto Dénia-Carcaixent fue reconocido en Tavernes por el padre de un antiguo alumno y encarcelado y asesinado en Alzira.