dilluns, 3 d’abril de 2017

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (1, 2 y 3)

http://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com.es/2017/02/el-campo-de-concentracion-de-meheri.html


lunes, 20 de febrero de 2017

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (1)



El 7 de marzo de 1939, hacia las 8h de la mañana, 4.093 marinos, civiles, guardias de asalto y algunos carabineros llegaron a bordo de la flota republicana ante el puerto de Bizerta.

A partir del 12 de marzo, desembarcaron por tandas a los refugiados. Desde los muelles hasta el tren que debía llevarlos hasta Maknassy, un cordón de soldados senegaleses, gendarmes y pelotones de la Garde Republicaine Mobile los controlaban. En la estación de Ferryville fueron encerrados en vagones para el transporte de animales. Así pasaban un día con su noche, sin agua, sin mantas, teniendo que hacer sus necesidades en los mismos vagones ya que no había paradas. Los mandaron a 400 kms de Bizerta, al pueblo de Maknassy desde donde tuvieron que recorrer a pie los ocho últimos kilómetros hasta su destino final: Meheri Zebbeus.


El campo de concentración de Meheri Zebbeus era un conjunto de construcciones de mampostería rodeado de alambradas, vigilado por policía rural tunecina y unos 120 guardias móviles. Había sido una especie de poblado construido en torno a una antigua mina de fosfato de cal a orillas del desierto. A un lado había casas rodeadas por unos cuantos eucaliptos pequeños y polvorientos. En medio de una explanada, una iglesia que hará las funciones de enfermería. Una vaguada cruzaba el campamento y, al otro lado, sobre un repecho, hileras de casitas, más modestas, que habían sido el alojamiento de los mineros. Las salidas y entradas por la única puerta abierta en la alambrada estaban muy controladas, aunque en realidad no había a dónde ir en medio de un erial. Fuera del campo montaban guardia armada los spahis y los guardias móviles  día y noche.

Meheri Zebbeus actualmente.(https://www.facebook.com/Mahari-Jabbas-530960197033308/)

Según las autoridades francesas las instalaciones gozaban de agua y electricidad. En realidad, las instalaciones de agua estaban cerradas e inutilizadas. No había luz eléctrica, no había y letrinas para 4000 personas.  Fueron “alojados en casas que están a punto de caerse, sin puertas ni ventanas”. Dentro, no había nada, ni un solo mueble. Para dormir, unas pacas de paja que cambiaban una vez al mes. Se amontonaban de 12 a 20 hombres por cuarto.

Los propios marinos tuvieron que arreglar la instalación eléctrica, cavar zanjas para las letrinas, reparar los motores y bombas de un pozo que había a unos cuantos kilómetros del campo para obtener un poco de agua para beber. Para lavarse, de momento, nada.
Según les dijeron las autoridades francesas, cada marino tenía derecho a la ración de un militar francés, pero no era cierto. Sabemos, por los archivos, que les fueron asignados 4 francos por hombre y día, lo cual era insuficiente para hombres que estaban haciendo trabajos pesados de reparación, acondicionamiento, carpintería, etc. En realidad,  según los recuerdos de los marinos, la comida era escasísima y mala: fundamentalmente agua caliente con habichuelas o garbanzos negros, incomestibles, y algún hueso de camello. El pan tenía yeso y plomo para que pesara más. Esto ocasionaba problemas de salud y los médicos españoles denunciaron formalmente esta situación. Se pasaba hambre.

No se les proporcionó nada, ni mantas, ni platos, ni cubiertos, ni jabón, ni cuchillas de afeitar. Nada. Como no todos habían traído cuchara y plato del barco, al principio, tenían que esperar a que unos comieran para que les pasasen los artilugios.
Desde la primera noche aparecieron los piojos que ya no los abandonaron hasta la liberación. Las moscas eran una plaga. Jamás habían visto tantas, ni tan tenaces. Con el tiempo, los marinos aprendieron a cazar camaleones y a tenerlos de animales de compañía y cazamoscas. Además, el campo estaba infestado de tarántulas, escorpiones y culebras. Más de uno fue llevado a la enfermería para inyectarle un antídoto contra el veneno. También tuvieron que convivir «con una compañía de ratas» que, al parecer, alguno consiguió amaestrar.

El marinero mallorquín Antonio Pont Cladera tenía 20 años y  escribió a sus tíos en Argentina contándoles lo que vivía: «todo para mí se ha vuelto un mar de tormentos y agudos martirios, es tal el hambre que paso, calor, mal dormir, preocupaciones, que hay momentos que no sé lo que me digo. Tío,  (…)  nunca creí llegar al extremo este, estoy convencido que ya no existe humanidad, nosotros que hemos luchado por una causa justa y noble y después de millones de traiciones por las naciones que dicen llamarse demócratas nos llevaron al caos de perder la guerra, y no conformes con esto (…) nos mandan a un campo de concentración a que terminemos de morirnos de asco y desprecio».



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187.
Testimonios de los marinos Daniel Díaz Roldán, Alfredo Martí Vallès,  Felipe Noguerol Otero, Manuel Pedreiro Pita, Antonio Pont Cladera.
BibliografíaALEYA SGHAIER,  Amira-, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94 y ss; GAFSI, Abdelhakîm, «De Cartagena a Bizerta. Prolongaciones tunecinas de la Guerra Civil española (1936-1939)» in Anales de Historia Contemporánea nº 2, Murcia, 1983, pp. 251-261; SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008.





martes, 14 de marzo de 2017

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (2)

Meheri Zebbeus. Foto hecha por José González López, maestro zapatero del Libertad.


En el campo de concentración de Meheri Zebbeus los marinos se organizaron en 19 compañías. El jefe francés del campo se llamaba Girard.

Hubo intentos de fugas pero los fugitivos eran rápidamente alcanzados: eran los únicos europeos en varios kilómetros a la redonda y ofrecían una recompensa para quienes los señalasen a las autoridades. Al ser devueltos al campo, eran encerrados en los calabozos –una casa habilitada al efecto– atados con cadenas, condenados a pan y agua, sin paja ni manta durante 30 días o más. 

A finales de marzo, el almirante franquista Salvador Moreno llegó a Bizerta al frente de varios barcos para recoger los buques de la Escuadra que las autoridades francesas se apresuraron a devolver a la España franquista tras las gestiones del mariscal Pétain, embajador de Francia en Madrid. Con este motivo, en el campo de Meheri Zebbeus, anunciaron la llegada de un telegrama concediendo una amplia amnistía.  Se dio lectura pública en todas las compañías del llamamiento para que volvieran a España, donde no tenían nada que temer los que no tuvieran “las manos manchadas de sangre”. Esto revolucionó el campo. Igual que muchos quedaron en Cartagena porque no consideraban haber cometido ningún delito, en el campo de concentración muchos pensaron lo mismo. Hay discusiones y se hacen cábalas.  Dos mil dos cientos ochenta y cinco marinos decidieron regresar. La cifra parece importante pero, en realidad, si se compara con las cifras de repatriaciones del Ejército de Tierra que pasa a Francia en febrero de 1939, proporcionalmente los marinos que vuelven es incluso un poco inferior. Cierto es que su situación en Túnez estaba llena de incertidumbres y probablemente tenían ganas de creer en esa clemencia que les prometían. El auxiliar alumno de electricidad, Francisco Díaz Bueno describió la situación en que se encontraban : “Éramos una especie de prisioneros de Francia, perdidos en un páramo, mal comidos, mal dormidos, sin brújula ni nadie que nos hablase ni poco ni mucho de nuestro porvenir en su aspecto más humano”.

La mayoría de los que volvieron tuvieron que sufrir el engaño, ensañamiento y revanchismo propios de la postguerra del régimen franquista (ver, por ejemplo, el caso de Guillermo Campoy Zapata). 

En el campo quedaron 1850 hombres. El jefe francés del campo, Girard, es sustituido por un capitán de la Guardia Republicana, François Loison. Mandó quitar las ametralladoras e instalar duchas. Una mejora, sin duda.

El 5 de abril distribuyeron jabón por primera vez. Un día, repartieron medio kilo de pan blanco a cada uno. Una fiesta. Era, al parecer, un regalo de los ex combatientes franceses de Sfax. Mientras que las autoridades coloniales francesas mantuvieron una actitud desconfiada ante la llegada de los marinos republicanos,  éstos fueron recibidos, en cambio, con entusiasmo por una parte de la población que se solidarizó con ellos y con la causa republicana. Se constituyó un Comité de Tunisie du Rassemblement Populaire que les recibió con entusiasmo en Ferryville y a lo largo de la ruta hacia Meheri Zebbeus. Los marinos recordaban “el magnífico y cariñoso comportamiento de la población civil, que a nuestro paso (…) nos lanzaban comida, bebidas, ropas y otros objetos de utilidad por las ventanillas, y echándonos besos con las manos gritaban “Viva los marinos de la República española”. Varias organizaciones como el Comité International de Coordination et d’Information  pour l’Aide à l’Espagne Républicaine, el Secours Populaire de Tunisie, el sindicato comunista CGT, la SFIO (Partido Socialista Unificado), elParti Communiste Tunisien mandaron víveres y medicamentos para aliviar en lo posible la situación de los refugiados percibida como denigrante. La CGT lamentaba en un comunicado que los poderes públicos persistieran en considerar a los “camaradas republicanos como condenados de derecho común”. Una declaración de organizaciones democráticas tunecinas en las que participaron, entre otros, la Liga de los Derechos del Hombre y del Ciudadano o la Federación de los Combatientes Republicanos, denunciaba haber constatado “con estupor y tristeza el régimen inhumano al que son sometidos los refugiados españoles (…) que con 40º grados de temperatura media viven (…) en condiciones lamentables. Desprovistos de zapatos, van con los pies desnudos por la arena abrasadora y (…) el agua les es distribuida parcamente sólo cuatro horas al día”. 



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la Résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187.
Testimonios: marinos Daniel Díaz Roldán, Manuel Pedreiro Pita, José Fernández Navarro, Francisco Díaz Bueno.
Bibliografía: ALEYA SGHAIER,  Amira, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94 y ss;; SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008.



domingo, 2 de abril de 2017

Cierran el campo de concentración de Meheri Zebbeus (y 3)

Guardianes en Meheri Zebbeus. Archivo familiar Ramón Casas Guitart, marinero de  2ª en el Jaime I.


El mes de abril de 1939 se estira en el campo de Meheri Zebbeus, sin perspectivas ni salidas a la situación de los marinos. Tratan de pasar el tiempo: dan clases de francés, de electricidad y de mecánica; organizan batallas de escorpiones; hacen un llamamiento en el  campamento para reunir todos los libros traídos de los buques y montar una biblioteca.

Poco a poco reciben noticias de España desde Oran o Gibraltar. Hablan de fusilamientos y represalias. Empiezan también a recibir carta de las familias. La mujer de uno de ellos le dice: “No mandes más muñecas para las nenas porque todas han llegado rotas”. No tienen hijas, ni su marido ha mandado muñecas, por supuesto. Es un aviso: las muñecas rotas son los marinos ejecutados. Efectivamente, en Cartagena se desató  una represión brutal y sistemática en la Marina.

En mayo se abre una posibilidad de salir del campo de concentración de Meheri Zebbeus, haciendo de hortelanos. Se trata de montar una granja agrícola en terreno baldío, cerca de la ciudad de Kasserine, a unos 300 km de Túnez capital, hacia el interior del país. Deberán trabajar sin contrato ni sueldo hasta “ver lo que cada uno da de sí”. Allí marcharán en torno a 200 marinos.

En septiembre Francia entra en guerra y necesita mano de obra urgente. Como en Francia, en el Protectorado de Túnez formaron Compañías de Trabajadores con los españoles. En  el campo de concentración de Meheri Zebbeus todos son enrolados, a la fuerza y bajo escolta, al servicio del Estado francés.  Unos 50 especialistas son mandados al arsenal de Ferryville. Otros deben marchar al monte Chambi, cerca de Kasserine, para hacer de leñadores, durante un invierno frio y nevado.  Otro grupo de 120 aproximadamente es mandado a Ghardimaou para ensanchar y arreglar una carretera, la “route nº6”, a pico y pala durante 10 horas de trabajo diario. Unos cuantos son mandados a trabajar como mineros en las minas de lignito en Cap Bon, al extremo este del país. Son enviados a cualquier sitio donde necesiten mano de obra gratuita: para limpiar cuadras llenas de chinches, para desenterrar una antigua presa a pico y pala, de peones para construir casas, de braceros en casas de colonos franceses.
Todos trabajan en condiciones muy duras: están alojados en tiendas de campaña del Ejército francés de África, los marabouts, por grupos de 10 ó 12 cuando estaban pensadas para seis soldados. Por colchones tienen el suelo que cubren con ramas, haga frio o calor. Trabajan “por un plato de sopa con grasa y algunos huesos de camellos”. Muchos van descalzos.

Pero, con todo, los que peor lo pasaron fueron los del “grupo de Gabès”. En septiembre de 1939, en el campo de Meheri Zebbeus las autoridades seleccionaron unos 270 ó 290  marinos. Son los “indeseables” o sea los rebeldes, los protestones, los indomables, los comunistas, los anarquistas. Este grupo forma la 7.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros, anexionada al 1er Batallón de Infantería Ligera, conocido por ser un batallón disciplinario compuesto por personas que han cometido delitos o faltas graves en la vida civil o en el Ejército. Son los temidos batallones africanos de castigo.

“[Nos llevaron] al sur de Túnez, al desierto de Gabès en tren como borregos, custodiados por senegaleses que no nos dejaban ni asomarnos al exterior, hasta la ciudad de Gabès, y de allí, como no había más vías de ferrocarril, nos embarcaron en camiones hasta el desierto de Gabès […] lo pasamos muy mal. Aquello era un verdadero infierno”.


Prácticamente en diciembre de 1939 no queda nadie en Meheri Zebbeus y el campo cierra. Ya todos los marinos están “colocados”. Para coordinar y servir de enlace entre los “obreros” y las autoridades francesas en Túnez se abre en la capital un “Service Central des Travailleurs Espagnols”, que los españoles llaman la Casa de España. Al frente se encuentra el capitán de fragata Julián Sánchez de Erostarbe, ex-jefe del Estado Mayor Central de la Armada, que ha venido desde Francia donde había marchado al exilio.

El capitán de corbeta, Julián Sánchez Erostarbe

En junio de 1940, la firma del armisticio entre Francia y Alemania constituye un nuevo giro en la situación de los refugiados españoles. Otros campos, otros avatares esperan aún a los marinos republicanos.



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187. Testimonios: marinos Manuel Pedreiro Pita, Juan Ponte Paseiro, Rafael Dasí Navarro,  Felipe Noguerol Otero, José Fernández Navarro. Bibliografía: ALEYA SGHAIER,  Amira, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; Alpert, Michael, La guerra civil española en el mar, Madrid, Siglo XXI, 1987; EGEA BRUNO, Pedro María, La represión franquista en Cartagena (1939-1945), Cartagena: P.M. Egea, Novograf, 1987; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94;  SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008