dimarts, 17 de gener de 2017

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (I-X).


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En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (I)

8 NOVIEMBRE, 2016 AT 8:30 AM
Angel Viñas
El poderoso ministro de Gobernación y luego de Asuntos Exteriores plasmó su gestión en memorias que han atravesado por diversas versiones, directas o indirectas. Entre unas y otras existen numerosos cambios. A veces. un tanto minúsculos. Otras, de tono grueso. Casi siempre sorprendentes. Quien tergiversa de un momento a otro no inspira confianza. Sobre todo cuando están en juego intereses significativos (deseo de pasar a la Historia con una cierta imagen, necesidad de  autoexculpación, etc.).  Nunca se subrayará lo suficiente que en lo que al franquismo se refiere hay que andar con pies de plomo al abordar los recuerdos y testimonios de sus protagonistas. Es preciso pasarlos por un cendal crítico y mucho más en este caso. Algo que, bien o mal, intento hacer en este blog.
leibstspandelberlin1940Muchos de los mitos propalados por Serrano perduran, quizá porque es imposible contrastar algunas de sus afirmaciones. Ningún memorialista fiable estuvo en las reuniones que tuvo en  Berlín. Tampoco en Hendaya ni en Berchtesgaden. De entre sus acompañantes Tovar no escribió nada. El barón de las Torres mintió en lo que se refiere al famoso encuentro de los dictadores. Es incluso difícil saber si en sus presuntos últimos recuerdos Serrano continuó fabulando o lo hizo su entrevistador.  En la duda, hay que utilizar críticamente la evidencia primaria relevante de época.
Cuando esto se hace Serrano aparece como un auténtico precursor de la versión que sigue todavía propagándose en España sobre la “hábil prudencia“ de Franco. El exministro no se encerró en una actitud negacionista, como la dictadura, sino que supo soltar balasto para defender lo esencial. En ello, y poniendo en juego toda su autoridad como actor y memorialista, fue uno de los máximos adelantados en suministrar una, aparentemente, sólida base a la versión que constituye en la actualidad la ortodoxia neo y para-franquista.
A la hora de “deconstruir” su narrativa, lo primero a tener en cuenta es que desde muy temprano Serrano mostró un desmedido interés por labrarse una imagen adecuada. Se dedicó a ello, inteligentemente, desde los meses que siguieron al final de la segunda guerra mundial. Continuó en la primera versión de sus memorias cuando en 1947 se preocupó de subrayar que, “con la pura verdad –verdad limpia y sin jactancias, depurada de leyendas mixtificadoras-“, lo que se proponía era justificar sus actos de gobierno tal y como fueron.
Treinta años más tarde argumentó que en aquella ocasión no pudo decir toda la verdad. Tenía razón. La publicación de las cartas que Franco le escribió a Berlin (y que dio a conocer en 1977) no habría dejado al dictador bajo la mejor luz y así, desde su primera salida pública, Serrano terminó confesando cosas que no cabía ignorar ya que era previsible que en algún momento verían la luz los documentos alemanes de que se incautaron los aliados[1].
Para precisar los orígenes y la congruencia de la estrategia que Serrano puso en marcha es necesario acudir ante todo a  la evidencia que llegó a los británicos inmediatamente después del segundo conflicto mundial. Que sepamos, ninguno de sus hagiógrafos o panegiristas lo ha hecho. Tampoco el último por ahora de ellos, Ignacio Merino [2].
Siempre reconoció el exministro que no podían defenderse todos y cada uno de los mitos creados en torno a la “no beligerancia” española por la propaganda de la dictaduraSu estrategia estribó en dar migajas de evidencia a cuenta gotas y que llevaran a los historiadores del futuro a la conclusión con la que quería que su imagen quedase fijada. Lo más importante era defender el núcleo fundamental: fue preciso ser amigos de Alemania porque, de lo contrario, los nazis habrían invadido España. Este núcleo inspiró antes y continúa inspirando hoy las distorsiones neo y para-franquistas.
Obviamente Serrano no previó que en los archivos militares españoles pudieran hallarse documentos que permitiesen arrojar dudas sobre sus versiones, particularmente en lo que se refiere al año crítico que fue 1940. Es probable que tampoco le inquietara que, tarde o temprano, documentos españoles pudieran compararse de forma sistemática con los que figuran en los archivos británicos, alemanes e italianos. En 1977 se sorprendió de que uno de los papeles cruciales hubiera desaparecido de los fondos del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Quizá se tratase de una sorpresa fingida porque lo cierto es que no solo desapareció el documento por el cual España se adhirió al Pacto de Acero y prometió adherirse al Tripartito sino que también desaparecieron los papeles de casi todos los niveles importantes del Ministerio generados durante su gestión. En los años de la Transición y posteriores Antonio Marquina denunció este escandaloso hecho en múltiples ocasiones. Es algo que no he constatado en ningún otro caso en los archivos de política exterior de la dictadura y que no tiene paralelos, que conozca, en ningún otro país europeo occidental. Spain is different.
Bajo la apariencia de memorialista escrupuloso Serrano se construyó toda una leyenda. Franco no se opuso, pero es inevitable que se examinara antes en El Pardo con sumo cuidado [3]. Como muy tarde, debió de ser entonces cuando Franco apreció los “recuerdos” de su cuñado (sumamente ortodoxos en relación con los mitos franquistas sobre la República y la guerra civil hasta el punto que hoy causan vergüenza). Posiblemente pensaron ambos que serían un arma de contrapropaganda  muy útil en el período del “cerco”. Algo después apareció en francés la versión para el extranjero de sus memorias [4].
Era una época en la que a la dictadura se la contemplaba en el exterior como un último residuo del fascismo pero con respecto a la cual en el seno de los Gobiernos británico y norteamericano se habían producido –y continuaban- tensiones internas y bilaterales respecto a cómo tratarla. De cara al exterior todas las dificultades se  encubrieron con la declaración de los “Tres Grandes”  (US, URSS y Reino Unido) del 2 de agosto de 1945 por la que ninguno de ellos abogó a favor de la entrada de España en las recientemente establecidas Naciones Unidas.
Durante un cierto período ulterior británicos y norteamericanos mostraron acercamientos y discrepancias en torno a cómo lidiar con Franco, cuya posición internacional siguió sin ser demasiado agradable, aunque tampoco fue tan desesperada como se ha pretendido. No es un tema que toque abordar aquí. Cualquier vistazo, por somero que sea, a las múltiples declaraciones públicas de Franco muestra el agónico deseo de presentar su comportamiento en la guerra recién acabada como “modelo” (sic) de neutralidad, algo que “no es un regalo que suele hacerse (…) sino un respeto que el propio país se gana con su prudencia, su firmeza y el peso de su propio poder” [5].
Y a vivir que son dos días.
(Continuará)

[1] En el apéndice de sus memorias de 1977 facilitó detalles que no tenían nada que ver con su gestión como ministro. Habría ayudado a sus lectores de haber reproducido la traducción de los documentos alemanes más relevantes que ya se habían publicado en inglés y en el original.
[2] Se afirma en la contraportada de su último libro que es licenciado en Filología y diplomado en Psicología. No hay porqué dudarlo. Sí cabe dudar de que fuese “jefe de prensa” de la embajada en Londres (1986-1988). No existía tal cargo. Lo que existen son consejeros y agregados de Información. Merino debió de coincidir con el consejero Miguel de Santiago  (ABC, del 19 de diciembre de 1992).  Hechas las oportunas averiguaciones se me ha dicho que fue un mero auxiliar de la oficina de Prensa. Por razones de las que he sido informado, pero que no estoy autorizado a revelar, no parece que se conservara de él un buen recuerdo, incluso teniendo en cuenta la modestia de su puesto. Sus conocimientos de la vida británica dejan bastante que desear. En dos ocasiones se refiere a lord Thomas (el famoso historiador) llamándole sir Thomas,  fallo imperdonable. Según datos de la red es en la actualidad vicepresidente de la Fundación Serrano Suñer.
[3] El director de la editorial que las publicó era Alfredo Sánchez Bella, franquista de pro, ulterior embajador chisgarabís y ministro de (Des)Información y Turismo en el ocaso de la dictadura.
[4] La editorial en que se divulgaron estaba especializada en memorias de autores de la derecha extrema, fascistas y/o colaboracionistas (Georges Bonnet, Bertrand de Jouvenel, Alfred Fabre-Luce, Pierre Laval, Dino Alfieri, François Piétri, etc.).
[5] En la inauguración de la segunda legislatura de las Cortes, 14 de mayo de 1946.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (II)

15 NOVIEMBRE, 2016 AT 8:30 AM
Angel Viñas
En el post anterior denuncié -siguiendo la pista abierta por Antonio Marquina y continuada por otros autores- el clamoroso escándalo que implica que en el Ministerio de Asuntos Exteriores no se halle prácticamente ningún documento que aclare la gestión de la política seguida de 1940 a 1942. En cambio sí contamos con numerosas apreciaciones personales de su protagonista. Realmente, todo un éxito que es imprescindible matizar.
franco-mussolini-y-serrano-sun%cc%83erSerrano comenzó a tomar posiciones para labrarse un papel en la historia en el momento mismo en que el régimen franquista aparecía poco menos que como un paria a la mayor parte de la opinión pública occidental. Sus opiniones, privadas y  públicas, no pudieron llegar en mejor momento. Es más, se situaron en paralelo a la orwelliana doctrina sentada por el Mando. Basta con rememorar la línea directriz que guió la fundamental obra de Agustín del Río Cisneros, aparecida en 1946[1],  un año antes de las memorias serranistas:
España cumplió su misiónabsteniéndose en una guerra que no le competía, con la mayor corrección internacional. España defendió (sic) su territorio de la expansión germánica porque así lo exigía el imperativo de la independencia nacional, pero no violó ningún compromiso ni quebró ninguna alianza, ya que España no estaba atada por ningún convenio que le obligara a participar en la contienda[2].
Del Río no tuvo el menor empacho en copiar casi literalmente a Franco. Así iba seguro. En cuanto a Serrano se olvidó de las implicaciones del tratado de amistad hispano-germano de 1939, del Pacto de Acero y de lo que realmente había ocurrido. Se explica que suscribiera el mismo neolenguaje para referirse al pasado.
Pero ya antes de publicar la primera versión de sus memorias, Serrano se preocupó de poner en conocimiento de los británicos su interpretación de lo que había sucedido. Es un hecho curioso que ningún historiador español o extranjero ha explicado debidamente. ¿Por qué dirigirse a los enemigos de hacía tan solo tres años? ¿Por qué hacerlo subrepticiamente? Algunas explicaciones pueden darse. Serrano, cuando llegó a Exteriores en octubre de 1940, tenía ideas muy primitivas sobre la realidad internacional y ninguna cualificación especial para que Franco le destinara al Palacio de Santa Cruz. Sus escarceos con diplomáticos extranjeros habían sido lamentables, como algunos de ellos plasmaron en sus propias memorias o en sus informes a las capitales. Ante la sometida opinión pública española, Arriba (por él controlado) y el resto de la sumisa prensa ofrecían, naturalmente, una imagen muy diferente. Pero Serrano era, a pesar de todo, un hombre lo suficientemente inteligente para avanzar peones por los oscuros pasadizos de los contactos privados y personales.
Es lo que hizo nada más terminada la segunda guerra mundial, con una serie de declaraciones confidenciales a los británicos. No estuvieron pensadas para conseguir un impacto público sino, quizá, para influir en Londres por vía reservada. Es notable que se dirigiera a representantes del país que en 1947 consideró de forma pública y un tanto agresiva como uno de los enemigos seculares de España. Léase a título de ejemplo:
El grupo anglo-francés dominante durante nuestras peores etapas políticas había sentenciado a España a ser un pueblo de tercer orden, un mero satélite, un mercado, una fuente de contadas materias primas (…) Por donde quiera que se extendieran los anhelos de prosperidad de España aparecían los países dominantes: si por la propia Península, era Inglaterra (Gibraltar, la alianza peninsular y tantos otros intereses españoles eran objeto del veto inglés); si por Marruecos, Francia reinaba allí quia nominor leo…[3]
Para presentar las declaraciones de Serrano no públicas, conviene reproducir el despacho de remisión con que el entonces embajador británico en Madrid sir Victor Mallet las acompañó el 8 de octubre de 1945.
Tengo el honor de incluir un interesante relato de Mr. Malley, agregado de prensa adjunto[4], sobre una conversación que ha tenido recientemente con el señor Serrano Suñer. Mr. Malley, que solía servir de intérprete para mi predecesor en sus entrevistas cuando el señor Suñer era ministro de Asuntos Exteriores, se encontró con él en dos o tres ocasiones en 1944 en la Universidad y otros lugares. Hace unas cuantas semanas el señor Serrano Suñer dijo a Mr. Malley que había estado buscando una ocasión para hablar con él porque estaba muy preocupado por la seguridad de sus seis hijos, el mayor de los cuales solo tiene 13 años de edad. El señor Serrano Suñer también dijo que sabía muy bien que su propia vida y la de su mujer estaban en peligro pero que su preocupación principal era la seguridad de sus hijos en el caso de que pudiera producirse repentinamente una algarada en el país[5]. La conversación derivó después hacia la historia pasada y al final invitó a Mr. Malley a cenar en privado con él a fin de continuar la charla. No había motivo alguno para que Mr. Malley no aprovechara tal ocasión y la conversación que figura en el memorándum adjunto es, en mi opinión, de interés histórico. Arroja luz sobre la mentalidad de Serrano Suñer y sobre el papel que desempeñó en la primera parte de la guerra.
El señor Serrano Suñer no intenta en modo alguno negar su política de pleno apoyo al Eje por cuanto que estaba convencido de la victoria alemana y de que “los intereses vitales de su país no podían defenderse mejor de otra manera en aquel tiempo”. Esta confesión de la política pro-alemana del Gobierno español está, por supuesto, en total contradicción con las afirmaciones recientemente repetidas por parte de Franco de que España fue realmente neutral durante la guerra. Quizá en el futuro pueda presentarse la ocasión de llamar la atención del Generalísimo sobre el hecho de que su propio ministro de Asuntos Exteriores no comparte las opiniones que él ha manifestado en relación con la neutralidad española durante los importantísimos años entre 1940 y 1942[6].
Obsérvese que el nuevo embajador (llevaba tan solo unos pocos meses en Madrid[7] tras haber pasado por la embajada en Suecia, otro país neutral) no quiso meterse en berenjenales. Destacó el extremo más importante en 1945: la rapidísima vuelta a la tuerca de la propaganda que llevaba meses declinando el mismo tema. Los rasgos esenciales eran los previsibles: la neutralidad conseguida por el Generalísimo con el aplauso y consentimiento de todos los españoles, el haberse zafado de la gravísima amenaza que representaban los ejércitos beligerantes en las fronteras españolas, el valor de la conducta frente al hegemónico poder alemán, la no aceptación de cualquier compromiso internacional salvo con Portugal, etc[8].
Esta presentación sirvió también para apoyar la tesis de que en la España de la postguerra sobre la dictadura nazi y Alemania cayó rapidísimamente un espeso velo de silencio. La propaganda oficial ya había sentado las bases para reinterpretar y reescribir la postura ante el conflicto mundial. De la misma manera que la dictadura “plastilinizó” el pasado en la República y la guerra civil también aplicó los mismos mecanismos para  “plastilinizar” -a manera de historia instantánea- los años más recientes. Un pasado que del Río Cisneros presentó para el consumo de una población sojuzgada, hambrienta e idiotizada a fuerza de racionamiento y propaganda:
Desencadenada la guerra universal, España mantuvo una posición neutral y pacífica, esforzándose en localizar la guerra, evitando, con su hábil política exterior, que los países del Eje, totalmente victoriosos en los primeros años de la guerra, rebasasen sus fronteras, con daño para las naciones aliadas[9].
Hacía falta tener “papo”.
(Continuará)
[1] Viraje político español durante la II Guerra Mundial, 1942-1945, y réplica al cerco internacional, 1945-1946, Madrid, Ediciones Europa, 2ª edición, 1977.
[2] El autor (1909-1992) fue un conocido periodista, glosador de las insondables profundidades del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera y del no menos inmarcesible de Franco. Fue director de ediciones del Movimiento y jefe de su Gabinete de Estudios de Prensa. Algunas de sus numerosas obras están disponibles en la red, alojadas en portales de editoriales de sensibilidad, digamos, pro-nazi. Como corresponde.
[3] La traducción castiza sería “porque sí”. En el buscador de Google es fácil encontrar su origen.
[4] Malley había vivido la mayor parte de su vida adulta como profesor de inglés en España. Cuando estalló la guerra civil daba clases en un colegio en El Escorial. Se refugió en la embajada británica. Su conocimiento de la escena española le llevó a servir a las órdenes de sir Robert Hodgson, el primer agente británico en la zona franquista. Más tarde pasó a la embajada al establecerse las relaciones diplomáticas plenas en 1939. Era un católico ferviente. Se mezclaba bien con el pueblo llano e informaba de ámbitos adonde no llegaban habitualmente los diplomáticos. En 1951, ya era consejero. Fue ascendiendo poco a poco en el escalón de condecoraciones (el 1 de enero de 1942 y 1952 en la orden del Imperio Británico y en junio de 1962 en la de Saint Michael and Saint George como comendador –CMG o, en el argot, “call me God”. Escribió numerosos informes. Comparando los anuarios diplomáticos británicos uno se pregunta si había algo más detrás de Malley. Una vez nombrado consejero, siquiera fuese con rango local, pasó a ministro y luego descendió a primer secretario. No conozco la mecánica interna del escalafón del personal contratado en las embajadas británicas pero tales vaivenes parecen un tanto sorprendentes. Se jubiló a principios de los años sesenta.
[5] Naturalmente me es imposible saber si ese fue el motivo que llevó a Serrano a tomar contacto.  Si lo fue, es que consideraba muy crítica la situación interna española, lo cual no deja de ser significativo. No obstante, si preparaba el terreno para una eventual petición de, digamos, asilo el procedimiento parece, aunque no raro, sí un tanto extraño. No cabe descartar que se tratase de una excusa.
[6] Las itálicas son mías.
[7] Presentó credenciales a Franco el 27 de julio de 1945 y no dejó de contarle algunas verdades del barquero: en Inglaterra existía un sentimiento generalizado de desconfianza hacia el régimen, asociado con su amistad con las potencias fascistas, y no se olvidaba que había expresado su esperanza de una victoria alemana. Franco le interrumpió diciéndole que todo eso se había exagerado y que nunca había tenido la intención de aliarse con los enemigos del Reino Unido, ni siquiera en 1940. Lo de la División Azul no había sido sino una mera gota de agua. España no quería vivir aislada de sus vecinos y amigos. Mallet replicó que ya estaba bastante aislada y que lo estaría todavía más.
[8] La lectura de las páginas del semanario El Español de aquella época es sumamente instructiva.
[9] Serrano abundó en sus memorias de 1947, p 203: “España (…) sin romper sus relaciones con los aliados, poco, poquísimo, podía dañar los intereses de estos”.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (III)

22 NOVIEMBRE, 2016 AT 8:30 AM
Angel Viñas
Como he señalado en los posts anteriores la mejor forma de empezar a ver cómo el poderoso cuñado de Franco empezó a poner los ladrillos para fabricarse una leyenda a su medida ante la opinión exterior (en este caso británica) y ello como paso previa a la destinada al consumo interno (y luego externo por la vía de la traducción francesa de la primera versión de sus memorias) estribó en poner en conocimiento de su interlocutor, Bernard M. Malley, agregado de prensa adjunto en Madrid lo que habían sido sus propósitos y sus cuitasNaturalmente es imposible tomar sus manifestaciones al pie de la letra. En primer lugar, porque fueron transmitidas por Malley que, imagino, no tomaría notas en la entrevista. Pudo hacerlo, desde luego, pero lo más normal es que pusiera sobre papel su memorización tan pronto como se encerrara en su oficina. Es una técnica que he utilizado millares de veces, al igual que innumerables colegas y amigos. En segundo lugar, porque al hacerlo probablemente se le deslizaron errores. Así que en la transcripción de la conversación señalaré en notas a pié de página mis observaciones más importantes. El memorándum que Malley sometió a su embajador y que este transmitió a Londres decía lo siguiente (que reproduciré en varios posts con el fin de no alargar cada uno).
CITA
“La línea principal del largo parlamento de Serrano Suñer fue su política a favor de Alemania durante los tres años en que fue ministro (1939-1942). Dejó absolutamente en claro que fue amigo de Alemania e Italia y que dirigió la política exterior de España con una orientación favorable a la causa del Eje. Fue pro-Eje porque estaba convencido, mientras fue ministro, de que Alemania iba a ganar la guerra[1]. En ningún momento su juicio estuvo oscurecido por los prejuicios de la guerra civil[2]. Sabía perfectamente que no había ningún general español que no estuviera seguro de que Alemania ganaría[3]. Mucho antes de llegar al Ministerio de Asuntos Exteriores el 17 de octubre de 1940, la gran mayoría de todos los sectores sociales en España creía que el Imperio británico estaba condenado[4]. El fue pro-alemán y estaba orgulloso de haberlo sido porque los intereses vitales del país no podían defenderse mejor de otra manera en aquel tiempo. Si en la perspectiva de un triunfo alemán España hubiese permanecido estrictamente neutral hubiera tenido escasas esperanzas de que se le escuchara favorablemente en relación con sus aspiraciones sobre Marruecos a expensas de Francia y el deseado retorno de Gibraltar no se habría convertido en realidad[5].
[No pude por menos de pensar que esta descripción inicial de la política pro-alemana de S. S. es la negación completa de la “perfecta” neutralidad española que Franco tuvo la arrogancia de exponer en su carta a Mr. Churchill[6] y que posteriormente sus ministros, su máquina de propaganda y sus apoyos eclesiásticos tanto se han esforzado en difundir. El rechazo de esta “neutralidad” española lo ha caracterizado recientemente el obispo de Orense como “una injusticia odiosa”. Sin embargo Serrano Suñer, cuyas funciones como ministro de la Gobernación y de Asuntos Exteriores fueron en gran medida equivalentes a las de un jefe de Gobierno, reconoce la política nada neutral que se siguió durante tres años y, de hecho, mantiene y trata seriamente de justificarla como algo indispensable para defender los intereses de España en el período anterior a los desembarcos aliados en el Norte de África][7].
Serrano Suñer continuó afirmando con rotundidad que fue la amistad, y solo la amistad, lo que impidió que Hitler pasara por España hacia Gibraltar[8], que España nunca fue neutral mientras él fue ministro. España no podía serlo porque habría sido una locura. Una política pro-alemana era esencial. Alemania tenía que estar contenta en todos los aspectos salvo el que implicaba la participación militar activa en la guerra[9]. Aparte del hecho de que Franco no estaba entusiasmado con la idea de tener a un gran ejército extranjero dentro de las fronteras españolas, la situación de España tras la guerra civil era difícil. Los consejos de guerra funcionaban diariamente[10]. Las cárceles estaban llenas de prisioneros políticos y los problemas de alimentación y transporte eran muy agudos. En tales circunstancias el país tenía que gobernarlo una Administración improvisada que se enfrentaba a inmensos problemas económicos y sociales y muchos  otros, complicados por la situación bélica europea[11].”
FIN DE LA CITA
Interrumpo aquí el memorándum de Malley sobre su conversación con Serrano. Ya en esta parte se observan dos notas típicas del exministro: egocentrismo y desprecio absoluto por las condiciones materiales en que se encontraba la sociedad española, en un período que fue de auténtica hambruna. Algo que, por lo demás, los británicos conocían perfectamente.
(Continuará)
[1] Esto, como es sabido, fue uno de los temas esenciales de sus ulteriores memorias.
[2] Tal afirmación desapareció en los escritos dirigidos al público y es rotundamente falsa.
[3] Falso. Quizá Serrano buscase la comprensión de sus interlocutores británicos. En sus memorias de 1977, p. 288, mencionó a Muñoz Grandes, Yagüe, Juan Vigón, que sí lo estuvieron. De Aranda dijo que lo fue solo al principio. No mencionó a los que no lo fueron. Esta es la única frase de Serrano que una historiadora británica, Jill Edwards, utilizó  en su libro al referirse a la entrevista.
[4] Falso. Los británicos, que habían hecho sus propios análisis durante la guerra, es difícil que creyeran tal exageración.
[5] Tal afirmación podría considerarse como representativa de la más cruda Realpolitik serranista. Pero en sus memorias (1947, pp. 151s)  escribió algo muy diferente: “Si no nos sumábamos al vencedor, ¿cómo librarnos de ser ocupados? (…) La neutralidad químicamente pura, una neutralidad sin palabras, sin actitudes, sin gestos de amistad, habría sido nuestra catástrofe”. Otro tipo de “Realpolitik”, esta vez de tendero.
[6] Enviada a través del duque de Alba con fecha 10 de octubre de 1944. Franco no le autorizó a que la entregara hasta el 21 de noviembre.  Alertaba del peligro comunista y proponía una especie de pacto europeo occidental en contra. Alabó al Reino Unido. La misiva generó un debate en el interior del Gobierno en el que, al final, se impuso la voluntad contemporizadora de Churchill con respecto al dictador. La respuesta tardó un mes, tras largas discusiones. Es un episodio bien conocido y analizado.
[7] Lo que va entre corchetes es, obviamente, un comentario de Malley. No es el tipo de técnica que yo seguiría.
[8] No es cierto, aunque es posible que Serrano lo pensara así. Lo que realmente ocurrió se ha descrito en la historiografía.
[9] Este fue el núcleo de la leyenda franquista y que Serrano utilizó para alzarse como el redentor de la “no beligerancia” española.
[10] En sus memorias (1947, p. 127) Serrano utilizó, sin embargo, otro de los motivos caros a la propaganda franquista:  el mayor problema, impedido por la guerra exterior, habría sido “el de la generosa y total asimilación de la masa vencida, el problema de la liquidación de la guerra civil”. La comparación con la caracterización en itálicas (mías) deja traslucir una notable falta de pudor.
[11] Correcto, pero nada de ello fue absolutamente dirimente. Tampoco apareció en sus memorias dos años después.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (IV)

29 NOVIEMBRE, 2016 AT 11:18 AM
Angel Viñas
Continúo con la transcripción de la conversación entre el señor Serrano Súñer, abogado del Estado y número uno de su promoción, con el agregado de prensa adjunto de la Embajada británica en Madrid. En esta parte el cuñado de Franco aborda su primer viaje a Berlín en calidad de ministro de la Gobernación y algo de la famosísima e hipermitificada conferencia entre Hitler y Franco en Hendaya. Los lectores observarán que no se entretuvo demasiado en ella. Esto es muy significativo porque, como veremos en un post ulterior, llamó poderosamente la atención de quienes en Londres analizaron el memo de Malley.
CITA
“Serrano Suñer fue a Berlín a mitad de septiembre de 1940 (entonces era ministro de la Gobernación) como emisario personal de Franco en respuesta a una petición urgente de Hitler[1]. Se trató de la misión más difícil que hasta entonces le había tocado desempeñar[2]. Hitler dijo a Serrano Suñer que había decidido que  había llegado el momento de cerrar el Estrecho[3]. Llamó a sus generales para que mostraran a Serrano Suñer los planes previstos para distribuir las tropas alemanas en la península, propuestas para bases aéreas y de submarinos y para el asalto final a Gibraltar[4]Serrano Suñer no pretende arrogarse todo el mérito de haber convencido a Hitler que no debía entrar en España pero sí piensa que contribuyó a ello[5]. Hizo todo lo que pudo por explicar que España ya ayudaba a Alemania en todos los aspectos que podía. Incluso hasta el extremo de sacrificar a su propio pueblo al enviar a Alemania alimentos que necesitaba una población semi-desabastecida[6]; que su industria, a pesar de estar medio desvencijada, funcionaba también a favor de la causa alemana; que los servicios de Prensa y Propaganda estaban en su totalidad a la completa disposición de Alemania y que Falange, la única fuerza política española, era totalmente pro-alemana[7].
serrano-sun%cc%83er-hitler-lqsomosSi Hitler invadía España –el “paso” sería en realidad una invasión- (también la invasión napoleónica había tenido el lugar bajo el pretexto de “cruzar” hacia Portugal)- Alemania perdería a su mejor amigo en Europa y el único centro conveniente para realizar operaciones “diplomáticas”[8] contra la Gran Bretaña. El prestigio de Franco en su propio país se vería disminuído al entrar en guerra y al aceptar la llegada de un ejército extranjero, la población en general se dividiría y en ocasiones hubiera habido que acudir a la fuerza[9].
Nada de esto resiste al análisis crítico[10]. Serrano Suñer argumentó que la amistad española era algo que merecía la pena conservar y, después de todo, ¿por qué una potencia amiga tendría que forzar a España a entrar en una guerra cuando todavía sufría amargamente bajo el shock de su propia guerra civil? Y, además, cuando la victoria de aquella potencia amiga sobre sus enemigos era absolutamente segura[11].
Fue el 17 de septiembre de 1940 cuando Serrano Suñer tuvo su primera entrevista con Hitler[12]. Duró dos horas. En aquel tiempo Inglaterra sufría durísimos bombardeos y el propio Mr. Churchill decía a los británicos que estuviesen preparados porque los planes de invasión por parte alemana ya estaban a punto. Al día siguiente Ribbentrop fue a Roma a informar de las conversaciones y el 19 tuvo una larga entrevista con Mussolini. El resultado fue que se envió a Ciano a Berlín donde el 27 comunicó a Serrano Suñer la opinión del Duce. Al día siguiente Ciano, Ribbentrop y Serrano Suñer tuvieron otra larga conversación después de la cual él partió para Roma  y Mussolini le concedió una audiencia de hora y media. Según Serrano Suñer el Duce le apoyó en sus esfuerzos para mantener a España fuera de la participación militar en la guerra en aquellos momentos pero sugirió que podría entrar en ella en una fecha ulterior de tal suerte que hubiera la voz de dos naciones latinas en la conferencia de paz que pudiera servir de contrapeso a la “influencia germánica” en el Mediterráneo (sic).
Tres días más tarde Hitler y Mussolini se encontraron en el Brennero. Ciano, Ribbentrop y el general Keitel –el hombre que estaría a la cabeza del ejército expedicionario en España- estuvieron presentes en las conversaciones[13]. El resultado de todo ello, continuó diciendo Serrano Suñer, fue un pacto por el cual España se convirtió en un aliado no militar del Eje y se comprometió a ayudar a Alemania e Italia en los planos económico y político por todos los medios a su disposición[14].
La dirección de los temas exteriores quedaría en manos de Serrano Suñer (asumió la titularidad del Ministerio a su regreso a España tras haber dado cuenta de todas sus negociaciones a Franco). Serrano Suñer tiene la seguridad que fue la falta de aprobación por parte de Mussolini de la invasión de España la que salvó la situación[15].
El histórico encuentro de Hitler y Franco en Hendaya el 23 de octubre, en el que estuvieron presentes Serrano Suñer y Ribbentrop, fue la confirmación de los acuerdos a que se había llegado en Berlín[16]. No fue en Hendaya, como se afirma habitualmente, cuando Franco “resistió a las demandas de Hitler”[17]. A Serrano Suñer le había nombrado Franco ministro de Asuntos Exteriores seis días antes (sic) y Hitler comprendió que los intereses de Alemania en España se encontraban en buenas manos. Cuando Serrano Suñer fue a Berlín encontró un cierto sentimiento de hostilidad por parte de Hitler. Este tenía enormes prevenciones contra la presencia de Beigbeder en el Ministerio de quien dijo que era anglófilo y que se había vendido a sir Samuel Hoare[18].
Las relaciones con España, afirmó el Führer, correrían peligro a no ser que Beigbeder saliera del Gobierno de Franco. El propio Serrano Suñer cree que, de haber continuado Beigbeder, Hitler habría podido llevar a cabo sus planes de entrar en España[19]. Con sir Samuel Hoare en Madrid el Führer no podía tolerar a un ministro de Asuntos Exteriores que no hiciera suya la causa del Eje.
[Serrano Suñer se sintió satisfecho de que en el Ministerio había hecho lo mejor que pudo a favor de su país. En realidad, hizo todo lo que Hitler quería[20]. La  maquinaria de propaganda estaba en sus manos[21]. Además de ser ministro de Exteriores era vicepresidente (sic) de la Junta Política (en la práctica presidente del Gobierno) y Delegado Nacional de Propaganda. También controlaba el Ministerio de la Gobernación. Durante diez meses mantuvo sin cubrir el puesto colocando al frente del mismo a un fiel servidor: José Lorente. Había trabajado con Serrano Suñer como subsecretario y siguió en tal Ministerio. El conde de Mayalde, otro fiel amigo, un sinvergüenza de la peor especie[22], se convirtió en director general de Seguridad e hizo todo el trabajo sucio de Serrano en el Ministerio hasta que su jefe lo envió a Berlín de embajador diez meses después].”
FIN DE LA CITA       
Lo que va entre corchetes es de la cosecha de Malley, evidentemente. A los madrileños, como servidor, su referencia al conde de Mayalde les sabrá a poco. No estará de más indicar que son muchos los historiadores, incluido quien esto escribe, que han echado de menos sus despachos de Berlín. No había rastros de ellos en el archivo de Exteriores. Un auténtico milagro que no ha excitado la atención de quienes continúan, dale que te pego, levantando panegíricos a la política de Franco y de su cuñado.
(Continuará)
[1] Falso. En ADAP, D, X, 3, doc. nº 87, se reproduce un telegrama de von Stohrer de 2 de julio de 1940. En él se mencionó que ya el 26 de junio precedente Serrano le había expresado su deseo de ir a Berlín, eventualmente de incógnito, para explorar la situación. Parece obvio que esto tuvo que ver con las gestiones de Vigón y la nota verbal de Magaz en la que se expresaban los deseos territoriales españoles junto con el de entrar en guerra.
[2] Supongo que esto lo dijo Serrano. Era cierto, porque hasta entonces solo había salido como ministro una vez al extranjero, a Italia, en un viaje que no tuvo resultados operativos pero que levantó muchos comentarios.
[3] En sus memorias (1947, p. 181) lo presentó de otra manera: “Nada tuvo todavía en su conversación un tono conminatorio o apremiante”. Lo que dijo a Malley, si lo dijo así, no es cierto.
[4] En sus primeras memorias la escena cambió. Hitler no le invitó a ver nada. El mapa (de África) se encontraba en casa de von Ribbentrop. Serrano afirmó que recordaba perfectamente la escena. Algo no cuadra.  Por lo que sabemos, los alemanes no querían todavía bases de submarinos pero sí una aérea en Canarias. De la distribución de tropas no hay la menor constancia. Serrano probablemente exageró ante Malley con el fin de proyectar una imagen de peligro inmediato por el lado nazi.
[5] Importante matización, que se eliminaría en las memorias. A Malley no le dijo nada de su entrevista previa con von Ribbentrop, cuidadosamente preparada, al igual que la que tuvo con Hitler, ya que él y von Stohrer habían estado en estrecho contacto previo. El lector curioso puede comprobarlo en ADAP, D, XI, 1, doc. nº 30.
[6] Esto desapareció en sus memorias en las que los temas económicos brillan por su ausencia. Como los británicos conocían perfectamente las dificultades de aprovisionamiento por las que España había atravesado, lo más verosímil es que Serrano aludiera a ellos para exagerar el coste de la “no beligerancia”.
[7] Todas estas afirmaciones son ciertas. Serrano podía hacerlas porque, en puridad, eran accesorias para justificar su objetivo principal: la defensa de la “hábil prudencia” propia –y del Caudillo.
[8] Las comillas son del original. Malley probablemente deseó indicar que las operaciones habían sido de una naturaleza muy diferente y más cortante.
[9] Una forma sutil de expresarse. ¿Se habría revuelto la población? ¿O quizá un sector del Ejército? ¿En quién pensaba Serrano como posibles “rebeldes” si el país se encontraba en estado de guerra permanente?
[10] Afirmación de Malley.
[11] Nada de ello figura en las minutas alemanas, pero Serrano hizo bien en dar coba. Franco y él la recibían a raudales. Lo mejor era dársela también a Hitler.
[12] El contenido de la misma no lo comunicó Serrano a Malley pero los documentos diplomáticos capturados lo revelan claramente. Las referencias a España que von Ribbentrop hizo a los italianos aparecen con toda nitidez (ADAP, D, XI, 1, docs. nº. 73, 79 y 87).
[13] La minuta de la reunión (ADAP, D, XI, 1, doc. nº 149) no menciona la presencia de Keitel que, además, no era la persona que llevaría a cargo la operación. Estaba al frente del Oberkommando der Wehrmacht y hubiese sido el colmo que Hitler aceptara desprenderse de él. El encargado era un militar supernazi, el mariscal Walther von Reichenau.
[14] Sería un pacto no escrito, porque el único que España suscribió (después de Hendaya) fue el de Acero.  Serrano quiso desorientar a los británicos como después continuó desorientando a sus lectores.
[15] En modo alguno planteó Hitler seriamente invadir España. Sí es cierto que Mussolini afirmó que las peticiones norteafricanas de España eran irreconciliables con los intereses franceses por lo que aconsejó esperar a ver qué pasaba.
[16] Correcto.
[17]  Significado oscuro. ¿Lo hizo Serrano antes en Berlín? ¿O fue después de Hendaya y Berchtesgaden?
[18] Esta última afirmación responde a la realidad. En el Brennero, Mussolini se lo dijo a Hitler. La hostilidad no está documentada.
[19] Hipótesis completamente inverificable.  Nada de ello aparece en las memorias de 1977. Parece obvio que Serrano quiso hacer la cama a su predecesor.
[20] Esto debió escribirlo Malley en plan interpretativo.
[21] En sus memorias (1947, p. 163) afirmó exactamente lo contrario. En la versión de 1977 ofreció más detalles en este mismo sentido. Todo falso.
[22] Caracterización de Malley.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (V)

6 DICIEMBRE, 2016 AT 9:44 AM
Angel Viñas
Con este post finalizo el relato que Serrano Suñer hizo al agregado de prensa adjunto de la Embajada británica en Madrid. En el relato del exministro destacan tres orientaciones: la primera, y más importante, la “justificación” en términos ligeramente racionales de su política; la segunda, sus omisiones -ni fue sincero ni pudo serlo en aquellos momentos de espera a lo que podría ocurrir en la escena internacional; la tercera, su odio malayo a los franco-falangistas que le habían dejado caer como una vulgar colilla. Lo significativo, sin embargo, de este pequeño episodio no es el relato de Serrano sino su acogida en Londres. Lo veremos en los próximos posts.
CITA
“Serrano no tardó en darse cuenta de que en Falange había señales “no oficiales” de actividades alemanas. No formaban parte de los acuerdos adoptados en Berlín[1]. La duplicidad de algunos de sus “amigos” falangistas y sus intrigas personales con la embajada alemana fueron uno de los recuerdos más amargos de aquel período para él. “Yo”, afirmó, “fui un amigo del Eje pero nunca un servidor suyo. Manuel Valdés, subsecretario del partido, fue un caso de escándalo”[2]. Mientras Serrano Suñer decía esto, yo pensaba en otros “casos de escándalo” de los que él sabía como ministro de Exteriores y a los que prestó todo su apoyo y aliento. Sin embargo, no había ido a entrar en controversias con él sino a escucharle y obtener toda la información que pudiera.
8117228250_e2e0b68487_o[No albergué la menor duda de que en junio de 1941, cuando Serrano Suñer estaba plenamente convencido de la victoria alemana, divisó una gran ocasión para cumplir su promesa a Mussolini y tomar alguna parte en el aspecto militar de la guerra. El ataque alemán contra Rusia lo explotó al máximo la máquina de propaganda y pronto se alentó un ambiente de odio. Mostró que España todavía se encontraba, moralmente hablando, en un estado de guerra civil. El resultado fue la creación de la “División Azul”. Por fin, España daba un apoyo militar a Alemania. Quizá fuese insignificante cuantitativamente pero era un “gesto”. Tenía el apoyo de todo el partido, el Ejército lo aceptó y recibió las bendiciones de todos los reaccionarios del país, clérigos y no, cuya única preocupación era salvaguardar sus bienes y personas][3]. Franco esperaba que ello le proporcionase alguna influencia al final y, por consiguiente, una participación en el botín. La idea consistía en entrar abiertamente en guerra tan pronto como la Gran Bretaña se doblegara. Los Estados Unidos, naturalmente, todavía no habían entrado en liza[4].
Hacia el verano de 1942 Serrano Suñer dijo que empezó a sentirse preocupado por la creciente potencia de la aviación británica y la determinación norteamericana de utilizar al máximo sus inmensos recursos. Al mismo tiempo las intrigas de Falange comenzaban a amenazar su posición como vice-presidente  de la Junta Política. Arrese, una mediocre criatura hecha por Serrano Suñer, se convirtió en gobernador civil de Málaga después de que se le condenara a muerte por traición[5] y pretendía ponerse en primera fila. Su ambición no tardó en verse cumplida cuando entró en el Gobierno como secretario general del partido.
Al acercarse la conmemoración de la fecha del “Glorioso Movimiento” (18 de julio), Serrano Suñer –quien dijo que durante meses no había estado en El Pardo excepto cuando se le llamaba por cosas de rutina- pensó que mejor sería visitar a Franco. Fue a verle y le preguntó por el discurso que el Caudillo iba a dar, como en años anteriores, el 18 ante el Consejo Nacional. Le respondió simplemente, y con un gesto infantil, que no necesitaba su ayuda. No le enseñó el borrador y cuando escuchó las alusiones a la guerra en él contenidas se quedó helado[6].
[Recuerdo que este fue el discurso en el que Franco afirmó que Mr. Churchill había vendido el Imperio británico por 50 destructores y dijo a los EEUU que los aliados habían perdido la guerra][7]. Desde aquel día, señaló Serrano Suñer, la ruptura salió a la superficie. Por lo que dijo parece ser que entonces él mismo se dedicó a todo tipo de intrigas, incluso las más bajas, en el partido y desafió a sus enemigos al jugar a su mismo juego. El resultado fue el atentado con bombas hecho el 15 de agosto contra el ministro de la Guerra, general Varela, y cuyo capítulo final fue la ejecución de Juan José Domínguez, esbirro de Serrano Suñer.
En este punto se me ocurrió pensar en que los apologistas de Franco acentúan, a favor de su “neutralidad”, el despido de su ministro de Asuntos Exteriores y el nombramiento de nuevo del anglófilo Jordana. Esto no es así. Sabemos que a Serrano Suñer le echaron las intrigas del partido[8] que se aprovecharon del desprestigio que le provocó su asociación con personajes como Domínguez, el autor material del atentado, y José Luna, el instigador y organizador. Las relaciones de Serrano Suñer con sus compañeros de Gobierno, Varela (Guerra), Galarza (Gobernación) y con varios prominentes generales eran ya muy tensas[9]. El general Espinosa de los Monteros, embajador español en Berlín, dimitió como consecuencia de una discusión con Serrano Suñer[10]. La versión del militar era que el ministro había negociado con Hitler sin consultar con él, un procedimiento irregular que solo podía llevar a su dimisión.
De la noticia sobre la formación de la “División Azul” se enteró el embajador en una recepción cuando Ribbentrop le invitó a levantar su vaso en honor de “la fuerza expedicionaria española” a Rusia. Era la primera vez que Espinosa lo oía[11]. Serrano Suñer afirma que Espinosa regresó a España con la idea fija en hacerle caer. Se puso en contacto con sus enemigos dentro del partido y en Burgos –el mando estratégico más importante en aquellos momentos- se dirigió a los oficiales y jefes de la guarnición y a las autoridades civiles el mismo día de su llegada y le atacó violentamente[12]. Esto significaba el cese del general o la dimisión del propio Serrano. Franco no estaba todavía dispuesto a prescindir de su cuñado. El mando de Espinosa terminó súbitamente y quedó arrestado durante algún tiempo[13]. Más tarde, en situación de disponible, tuvo tiempo suficiente para continuar su vendetta. Por último socavó la posición de su enemigo con rumores de que Serrano Suñer estaba intrigando para echar a Franco y ponerse en su lugar. “Esto” –añadió- “puede parecer absurdo pero a mi cuñada (la mujer de Franco) y a mi sobrina, la Srta. Franco, se les dijo algo así para envenenar su corazón contra mí cuando en realidad yo había dado al Jefe del Estado los mejores años de mi vida”.
En el curso de esta larga conversación –en realidad se trató casi de un discurso- tuve que rogarle en repetidas ocasiones que cerrrase las ventanas de la habitación porque hablaba demasiado alto. Serrano no dijo una sola palabra contra el carácter de su cuñado como persona,  pero era fácil advertir el intenso odio que sentía hacia la casta militar en todas sus alusiones a los generales[14]. Estaba convencido de que habían terminado para siempre los días de los “pronunciamientos”. “Franco” –dijo- “es el último de los generalitos”[15] (una expresión sudamericana). En relación con el Partido el volumen de ropa sucia que sacó Serrano Suñer solo puede caracterizarse de repugnante. No mencionó en ningún momento la guerra civil o a los “rojos”. No pude por menos de recordar las entrevistas con él que presencié. Siempre despotricaba contra los “rojos” y sus atrocidades. Ahora le tocaba el turno al Partido.
(Firmado) B. Malley”.
FIN DE LA CITA
Los lectores podrían pensar. ¿Y esto es todo? La respuesta es no. Serrano estaba en Babia y no era un buen conocedor de la escena internacional. No sospechaba lo que pudieran conocer los británicos de su política y la de su cuñado. Menos comprensible es que no se cuestionara acerca de lo que de ella pudieran contener los documentos alemanes capturados por los aliados. Se los pasó por el arco de triunfo en las memorias de 1947 y, lo que ya es el colmo, en las de 1977. Un “genio” de política exterior.
Abreviaturas: DDI: Documenti Diplomatici Italiani (Documentos diplomáticos italianos)
(Continuará)
[1] No hay la menor referencia a tales acuerdos en la documentación sobre su visita. Sí es cierto que los nazis emprendieron algunas actividades potencialmente subversivas para acelerar la entrada de España en guerra. Las estudió Hans-Jörg Rühl en su tesis doctoral, que se publicó en España en los años de la transición. Fueron, todo hay que decirlo, un tanto amateur.
[2] Correcto. Camisa “viejísima”, también destacó por su perruna lealtad a Franco.
[3] De la cosecha del agregado de prensa adjunto. Esta mezcla entre relato de una conversación y comentarios propios demuestra que Malley no era un profesional.
[4] Este párrafo también  constituye una interpretación de Malley y no una reproducción de lo dicho por Serrano. Las itálicas son mías.
[5] Ignoro si esta afirmación es atribuible a Malley o a Serrano. Si fuera a éste hubo que esperar a sus memorias de 1977 para que explicara lo sucedido. En ellas, pp. 190-194, Arrese, a quien criticó duramente, no aparece como condenado a la pena capital en relación con los sucesos de Salamanca que acompañaron la creación del partido único en 1937. Entre líneas puede leerse que Franco, después, no le tuvo mucho aprecio y que Serrano le salvó de que pasara un mal cuarto de hora con Queipo. Sorbre Arrese, un “pelota”  consumado, Paul Preston ha hecho comentarios muy apropiados en su biografía de Franco.
[6] Fue un discurso muy famoso en el que afirmó que Inglaterra, aliada con Rusia, había perdido la guerra.
[7] Confusión  total de Malley que se equivocó totalmente. En un post ulterior veremos cómo el Foreign Office rectificó el despiste.
[8] Esto es, más o menos, correcto pero el relato de Malley sobre lo que le habría dicho Serrano resulta  deshilachado y poco esclarecedor. En las memorias de 1977, pp. 364-372, Serrano reconstruyó con gran detalle su versión del episodio al que atribuye su cese. No se produjo, afirma, por razones de política exterior, lo que creo que es correcto. Destaca en ella su profundo disgusto con muchos de sus antiguos camaradas, en proceso acelerado de conversión en lacayos de Franco.
[9] Obviamente Serrano no hizo mención a nada de ello en sus memorias. Tanto el ministro de la Gobernación (Galarza) como del Ejército (Varela) recibían sobornos vía Juan March. El primero culpó del atentado a “agentes al servicio de una potencia extranjera” (obviamente falangistas hipergermanófilos) que habían tratado de asesinar al segundo.
[10] Serrano obró para provocar su dimisión con el fin de colocar en su lugar al conde de Mayalde, a fin de fortalecer su propia posición en Berlín. En un escrito de quejas a Franco,  Espinosa de los Monteros contó un par de casos curiosos. Dos secretarios de la embajada no custodiaron debidamente las claves y solicitó su relevo. Serrano se negó y trasladó de Berlín a otro secretario nombrado a petición del embajador.  En una segunda ocasión von Ribbentrop  convocó a Espinosa y le pidió que se desplazara a Madrid para comunicar a Franco lo que le había dicho. Escarmentado, Espinosa redactó por si acaso una nota de queja. Ignoro si vio a Franco pero parece que la entregó ya que se conserva en la FNFF.
[11] Evidentemente esta versión se trata de un añadido-comentario de Malley.
[12] Si esto es lo que efectivamente afirmó Serrano, no entró en detalles. El embajador italiano, Francesco Lequio, consideró a Espinosa como una persona ponderada y de sentido común. Informó a Roma que el general había acusado a Serrano de “traición y de deslealtad”. DDI,  IX, vol. 8, doc. nº 481. Un episodio más de los muchos que relató sobre los choques entre el ministro y los militares. Serrano contraatacaba con declaraciones a periodistas extranjeros y haciendo publicar artículos en la prensa que le era adicta.
[13] El mando de la VI Región Militar no lo tomó Espinosa hasta enero del año siguiente y lo mantuvo solo durante unos meses. En sus memorias de 1947, p. 258,  Serrano lanzó contra el general un dardo afilado. En sus conversaciones con Saña, p. 205, se ensañó y le atribuyó dar coba a los alemanes para que le protegieran y para que Serrano no le quitara de su puesto.
[14]  De manera diluída también lo expuso en sus memorias.
[15] Franco Salgado-Araujo, primo hermano de Franco, en sus con frecuencia poco fiables memorias subraya en repetidas ocasiones la actitud de Serrano ante los uniformados. Dos ejemplos: “Sentía cierta superioridad respecto a los militares profesionales…. su formación intelectual, el ambiente universitario de la época … y el desconocimiento de la técnica militar y de los planes de estudios de las academias del Ejército … contribuyeron a que tuviera de la oficialidad profesional un concepto no muy bueno en cuanto a cultura y estudios”; “nos consideraba como personal de ligera cultura; opinaba que no hablábamos más que de asuntos profesionales y que no sabíamos nada de ´derecho romano y humanidades´”, pp. 220 y 302 respectivamente.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (VI)

13 DICIEMBRE, 2016 AT 8:30 AM
Angel Viñas
El memorándum de la conversación que Serrano Suñer tuvo con el agregado de prensa adjunto de la embajada británica en Madrid y que he reproducido en los posts precedentes contiene, ya se ha señalado, una buena dosis de confusión y también notables inexactitudes en algunos aspectos. Lo que pretendió Serrano al “soltar” su versión a un diplomático inglés no lo sabemos, pero es seguro que no lo hizo por amor al arte. Es, pues, importante registrar cuáles fueron las reacciones de los funcionarios, altos y bajos, del Foreign Office que lo leyeron a su llegada a Londres. Como era costumbre en la época, la camisa que contiene el memorándum dejó espacio para que los lectores dejaran constancia de sus comentarios. Es una costumbre típicamente británica que permite, hasta cierto punto, seguir el pensamiento de los diplomáticos que tenían que recomendar alguna actuación sobre el tema en cuestión. El flujo de comentarios era doble, de abajo a arriba y de arriba abajo. Gracias a todos ellos se adoptaba una u otra decisión. Reproducimos las reacciones.

CITA
  1. “ Esta es una narración franca y reveladora de las actividades españolas a favor del Eje entre 1940 y 1942. Los motivos explicativos del arrebato del señor Suñer parecen ser la envidia personal y el ánimo de venganza. ¿Para imprimir?[1] (17 de octubre de 1945)
  2. Se trata de evidencia muy interesante que puede ser valiosa más adelante. Las afirmaciones de Suñer ciertamente desmienten las protestas del general Franco acerca de su neutralidad. También indican cuán difícil en aquellos días debió de ser la situación de nuestro embajador. De todas maneras es difícil sustraerse a la impresión de que si Alemania hubiese ganado, Suñer hubiera conseguido puntos para España y muchas ventajas para ella con un coste material reducido. Creo que merece la pena imprimir (17 de octubre).
  3. Muy interesante (21 de octubre)
  4. Tengo mis dudas respecto a imprimirlo. Me parece que es, al menos,  un tanto mendaz. En primer lugar pienso que habría que cotejarlo con los documentos alemanes capturados que muestran, me parece, que Franco propuso entrar en guerra al lado del Eje (y esto debió de ser en el tiempo de Suñer) pero cometió el error de pedir demasiado por lo que Hitler perdió el interés. Quizá pudo tratarse de una astucia de Suñer pero lo dudo mucho…(Alexander Cadogan, 22 de octubre).
  5. Estas afirmaciones del señor Serrano Suñer iluminan mucho aunque estoy de acuerdo en que deben tomarse cum grano salis. Hay un pequeño extremo en el que a Mr Malley le falla la memoria. El discurso de Franco en el que atacó furiosamente al Imperio británico y a los EEUU, mofándose de los cincuenta destructores, tuvo lugar el 18 de julio de 1941 y no de 1942. En aquel tiempo Franco estaba dispuesto a abandonar la no beligerancia (21 de octubre)
  6. serrano_hitlerComentarios sobre la versión de los acontecimientos según el señor Serrano Suñer:La mayor parte de este relato coincide con otra evidencia que tenemos en relación con los contactos hispano-alemanes en 1940-1941. Dista mucho, sin embargo, de ser completa y en una serie de aspectos probablemente está viciada por animosidad personal. Añade poco a las acusaciones contra el general Franco. Persiste la conclusión de que Franco, cualquiera que fuese el grado de hostilidad que sintiera hacia la Gran Bretaña y las democracias, nunca estuvo realmente deseoso de meter a España en guerra al lado del Eje y, a medida que transcurría el tiempo, fue mostrando una resistencia creciente a seguir por tal camino.La admisión por parte de Serrano Suñer de sus sentimientos tan pro-Eje y la fuerte posición de que gozaba en España como amigo de Alemania es solo parcialmente relevante. La prueba crucial para la política española tuvo lugar en septiembre de 1940 cuando, probablemente en respuesta a una gestión previa por parte de Franco, se llamó a Suñer desde Berlín. Según nuestras fuentes alemanas, Suñer confirmó la oferta española de entrar en guerra si Alemania se declaraba dispuesta  a:
    • Resolver las dificultades económicas suministrando 400.000 toneladas de trigo y 56.000 toneladas de gasolina mensuales.
    • Suministrar artillería pesada para Tarifa y el Campo de Gibraltar.
    • Ceder a España la totalidad del Marruecos francés y el Oranesado.
    Este último aspecto, a saber, la reivindicación española de territorios en el Norte de África, fue uno de los que Franco suscitó a Hitler desde el primer momento. Fue también el que, para contentar a España, los alemanes encontraron más difícil. (En su conversación con Mr. Malley, Suñer omitió cualquier referencia a este aspecto de las discusiones en Berlín y se explayó por el contrario en los argumentos que afirma utilizó para mantener a Hitler fuera de España).
    Tal y como indica sir A. Cadogan es bastante dudoso que las peticiones españolas a Alemania e Italia en tales discusiones fueran tan elevadas como para disuadir a Hitler de presionar a los españoles para entrar en guerra, pero el pacto por el cual, según Suñer, España “se convirtió en un aliado no militar del Eje y se comprometió a ayudar a Alemania e Italia económica y políticamente por todos los medios a su alcance” constituyó una clara ruptura de la neutralidad. Por otro lado, con independencia de que la influencia de Mussolini en los planes alemanes fuera o no decisiva o que el nombramiento de Suñer como ministro de Asuntos Exteriores cumpliera con las exigencias alemanas, la evidencia disponible indica que Franco no aceptó la entrada de España en guerra y quizá incluso desalentó, en lugar de alentar,  a los alemanes en sus planes de atacar Gibraltar atravesando España[3] (1º de noviembre).
  7. Me parece que es totalmente evidente, a tenor de la versión alemana de las conversaciones de Serrano Suñer en Berlín, que su relato a Mr. Malley constituye una distorsión de los hechos y que cuando fue a Berlín su objetivo era más bien insistir en ciertas compensaciones para España, perfectamente definidas, antes de entrar en guerra. Si el Gobierno alemán hubiera aceptado el precio (véase el punto 2) no tengo absolutamente la menor duda de que España habría entrado en guerra. Pero los alemanes lo encontraron demasiado elevado  (véase el resumen de Creswell de los documentos alemanes capturados[2]) y además, incidentalmente, perjudicaron sus deseos al pedir la cesión de una de las islas canarias. En vista de los comentarios de sir A. Cadogan que no se imprima.
  8. Evidentemente no debemos imprimir el despacho de Madrid. Pienso que podríamos dar a conocer a sir I. Mallet lo que ocurrió realmente (4 de noviembre).
  9. Sí (5 de noviembre)”.
FIN DE LA CITA

He reproducido los comentarios, con impresiones diferentes, tal y como se produjeron por orden cronológico, dejando de lado los nombres de los autores que no son, en general, conocidos sino de los especialistas. Una excepción es Sir Alexander Cadogan, subsecretario permanente de Estado y punto clave en el desarrollo de los sobornos a militares y políticos españoles, aunque no dejó traslucir nada al respecto ni en sus comentarios ni en su propio diario.
En resumen, entre los especialistas del Foreign Office la reacción fue mayoritariamente negativa en lo que se refería a los aspectos históricos. Este rechazo fue incluso mayor desde el punto de vista de la leyenda que Franco y su aparato de propaganda estaban creando a toda velocidad en aquellos momentos. Naturalmente, los comentarios se centraron en los aspectos internacionales y no en la vertiente de la política interior española. Dan color y sitúan el informe de Malley en el marco apropiado. Si Serrano Suñer pretendía conseguir que en el Londres de la victoria se aceptaran sus puntos de vista, sus propósitos no tuvieron el efecto deseado.
Pero los diplomáticos británicos fueron más allá. El memorándum de Malley sirvió de chispazo para una investigación más en profundidad de lo que era ya historia. Este es el tema de los dos posts siguientes.
(Continuará)


[1] Se imprimían los despachos que se consideraban más importantes, lo que les aseguraba una atención mayor así como una circulación más amplia.
[2] Lo exponemos más adelante. Las itálicas son nuestras.
[3].Nunca se consideró seriamente penetrar en España sin la  previa aceptación de Franco. En su entrevista con Mussolini en el Brennero, el 4 de octubre, Hitler declaró que la única ventaja estratégica que ofrecía la entrada en guerra española era la toma de Gibraltar.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (VII)

20 DICIEMBRE, 2016 AT 2:16 PM
Ángel Viñas
Del post anterior los amables lectores recordarán que el subsecretario permanente del Foreign Office había sugerido que convendría echar un vistazo a los documentos alemanes capturados para ver qué imagen se desprendía de los mismos. Esto es lo que mucho después, cuando se publicaron, han venido haciendo numerosos historiadores. Serrano nunca hizo la menor referencia a los mismos, salvo en un caso, el de lo que se ha llamado, presuntuosamente, el “protocolo de Ayete”, tras la conferencia de Hendaya. El exministro intentó confundir a todo el mundo.
serrano_sunerEn cualquier caso la sugerencia de Cadogan era viable y necesaria porque en la España de Franco la tendencia a escribir una seudohistoria se afianzaba a la velocidad del relámpago. El escribidor del Río Cisneros, por ejemplo, que trasladaba la línea super-oficial en bobadas sobre la política internacional de España para el Boletín de Información editado por la Dirección General de América del Ministerio de Asuntos Exteriores, llevó la desvergüenza a su extremo en consonancia con las necesidades del momento y no le dio apuro alguno en señalar que
…La conducta de España rebasa moralmente los límites de la simple neutralidad, para alcanzar los de la hidalguía y la buena vecindad en el caso de Francia. La nación que prácticamente ha podido comprobar lo que es una conducta caballerosa es Francia, en su frontera del Pirineo y en la de Marruecos (…) Francia recibió de España el trato más respetuoso y considerado. No atacó militar ni políticamente a Francia, no solo por cumplimiento de un principio de neutralidad sino por hidalguía y amistad, ofreciendo un ejemplo de magnífica vecindad[1]
En realidad, del Río no hizo sino seguir glosando o copiando a Franco ya que incluso reprodujo sin comillas afirmaciones del mismo. Algo que, por supuesto, podía entenderse como lealtad acrisolada. A Franco no se le ocurrió presentar su política de “no beligerancia” como Realpolitik. Para entonces había aprendido bien las lecciones que en materia de propaganda había podido colegir de su homólogo nazi y del ministro de Ilustración Pública y Propaganda, el maestro Goebbels. Una mentira mil veces repetida termina convirtiéndose en verdad. Por ello, en unas famosísimas declaraciones a la United Press, Franco  no había tenido el menor empacho en mentir como un bellaco:
En septiembre de 1939 España declaró y practicó la neutralidad; pero más, mucho más aun, cuando en junio de 1940 los ejércitos alemanes llegaron a la frontera española ocupando Francia y este país quedó totalmente desarmado. España en lugar de aprovecharse de estas circunstancias y atacarla por la espalda, lo que no está en sus tradiciones por ser incompatible con su hidalguía, tuvo para con el país vecinos gestos amistosos (…) España mantuvo entonces, honradamente, su completa neutralidad; no aprovechó la debilidad pasajera de nadie y afirmó públicamente, con actos, los principios de su independencia y orden moral (sic) internacional de su política exterior[2].
Probablemente los marroquíes, franceses y portugueses habrían tenido otras impresiones, de haberse llevado a la práctica los planes que para ellos habían albergado el desmemoriado Franco y su no menos desmemoriado cuñado.
Una parte de la conversación del exministro con Malley, que hemos reproducido en los posts anteriores, no se envió con el despacho al Foreign Office. Pero Malley también consignó por escrito lo que Serrano le dijo sobre sus relaciones con la embajada. No tienen demasiado interés salvo que le dio los nombres de los organizadores de las famosas manifestaciones contra el Reino Unido delante del edificio. Fueron Manuel Valdés Larrañaga y David Jato. Añadió Serrano que eran servidores, a sueldo, de la representación alemana. Esto es nuevo en la literatura pero, obviamente, no tenemos sino la palabra del cuñado, transmitida por Malley. También dijo  que cuando Franco le nombró ministro le preguntó, en presencia del general Vigón, si iba a guardar a Pan de Soraluce como subsecretario de Exteriores porque era un anglófilo y un masón de alto grado.¡Caramba! Esto también es nuevo. El odio de Franco a los masones está más que documentado. Sin embargo,  Serrano respondió que él no era de ninguna de las dos cuerdas y que no divisaba en Pan peligro alguno. El subsecretario se hizo valer por sus cualidades profesionales y Serrano lo guardó[3].
No sé, desde luego, lo que Serrano pensara acerca del impacto que pudiese tener en Londres el largo parlamento que expuso a Malley. Quizá lo utilizó como piedra de toque. Si es así, todavía ignoraba que los británicos se habían apresurado a completar sus conocimientos sobre la política franquista hacia el Eje (seguida al milímetro durante los años de la guerra) con un análisis detalladísimo de los documentos alemanes capturados.
Ahora es cuando estamos en condiciones de abordar los primeros resultados de este análisis en la medida en que ha quedado mínimamente reflejado en un expediente hasta hoy ignorado. Con independencia de que la investigación ulterior haya rellenado y completado muchos detalles, en particular gracias a la documentación italiana y sobre todo la española que no ha desaparecido “misteriosamente”, el perfil que se desprende del manejo de la lupa británica es bastante rotundo.
Merece la pena señalar que España no estuvo ausente en la explosión de problemas con los que el Foreign Office tuvo que lidiar al terminar la guerra en Europa. El 19 de julio de 1945, poco antes de que comenzara la conferencia de Potsdam, se disponía ya de un resumen somero de la documentación referida el año crucial en el que estuvo en juego la no beligerancia española. Su autor fue un diplomático llamado Michael Creswell que había estado destinado en España.
Por muy superficial que fuese el análisis realizado (posteriormente se amplió y profundizó) muestra líneas de continuidad que, con frecuencia, se pierden en los trabajos monográficos. Añadiré, en corchetes, las referencias a los documentos publicados de tal suerte que cualquier lector que quiera consultarlos pueda contrastar con toda facilidad las afirmaciones británicas.
Los detalles esenciales, en la perspectiva de aquel año de 1945, fueron los siguientes:
CITA
Primer acto
“17 de junio: Nota verbal de la embajada española en Berlín sobre la cesión del Marruecos francés y la ayuda alemana para tomar Gibraltar. Esta gestión constituye la iniciativa española que pone el tema de la entrada en guerra sobre la mesa [ADAP, D, IX, nº doc. 488][4].
Visita de Serrano Suñer [en lo sucesivo, SS] a Berlín
16-17 de septiembre: Conversaciones con von Ribbentrop coincidiendo con el comienzo de la primera ofensiva italiana en el desierto occidental. SS confirma la oferta española de entrada en guerra si Alemania
  1. Resuelve las dificultades económicas españolas suministrando 400.000 toneladas de trigo y 56.000 toneladas de combustible mensualmente.
  2. Suministra artillería pesada (diez piezas de 38 cm) para Tarifa y Campo de Gibraltar.
  3. Cede a España la totalidad del Marruecos francés y el Oranesado.
Von Ribbentrop se muestra de acuerdo con las peticiones territoriales en el marco de un reparto general en África entre Alemania, Italia y España. Afirma que,  no obstante, Hitler desearía como base una de las Islas Canarias, la retención de bases navales y enclaves en Agadir y Mogador en el Marruecos francés y la cesión por parte de España de Guinea y Fernando Poo a cambio del mismo. La entrada en guerra se produciría tan pronto como se completara la instalación de artillería pesada en el Campo y diera comienzo el asalto a Gibraltar. SS deja de lado las Islas Canarias y los temas de Guinea y sugiere que los alemanes ocupen en cambio Madeira y Senegal [ADAP, D, XI, I, doc. nº 63].
17 de septiembre: Entrevista entre Hitler y SS
SS menciona el temor español a un desembarco británico en la costa norte y la gran capacidad defensiva de Gibraltar. Hitler replica que el primer peligro puede contrarrestarse mediante el empleo de formaciones de Stukas y que el bombardeo aéreo, que sería más efectivo que la artillería, podría acabar con Gibraltar. Las piezas de 38 cm no llegarían a tiempo pero cabría suministrar otros tipos de artillería. La visita del almirante Canaris con expertos militares había aclarado que una fuerza de asalto, con el apoyo de especialistas, tras un bombardeo desde el aire, tendría éxito. Gibraltar no planteaba dificultades dada la experiencia alemana con los eficaces bombardeos aéreos de la Línea Maginot y del Fuerte Ebenmael [ADAP, D, XI, I, doc. nº 66].
18 de septiembre: La carta de Hitler a Franco destaca:
  1. El impacto en España del bloqueo británico.
  2. Este se quebraría tras la toma de Gibraltar.
  3. La costa norte española sería protegida por Stukas.
  4. Las Palmas podrían usarla los alemanes como base aeronaval.
  5. La captura italiana de Suez significaría el fin del control británico del Mediterráneo y de cualquier amenaza procedente del Norte de África [ADAP, D, XI, I, doc. nº 70].
22 de septiembre: respuesta de Franco
Acepta la sugerencia principal pero no la retención por Alemania de los enclaves en torno a Agadir y Mogador. Subraya de nuevo las dificultades económicas españolas. Afirma que debido a las dificultades atmosféricas y a la reducida calidad del terreno para instalar aeródromos la protección aérea de la costa norte no sería suficiente. Se necesitaría artillería móvil de 20 cm. Está de acuerdo en que la solución del tema mediterráneo depende de que los italianos lleguen a Suez [ADAP, D, XI, I, doc. nº 88]”.
FIN DE LA CITA
Nota: ADAP: Akten zur deutschen auswärtigen Politik (Documentos de política exterior alemana, también disponibles en traducción al inglés como Documents on German Foreign Policy)
Pues bien, cuando Serrano Suñer se decidió a escribir la segunda edición de sus memorias, que se publicaron en 1977, es literalmente imposible que no se hubiera enterado de la publicación de los documentos alemanes en inglés. Salvo que pensara que su adquisición le arruinaría, lo más verosímil es que los hubiera comprado. Su relato se habría, pues, atemperado a lo que antecede, solo que para disminuir sus reales intenciones. Es algo en que los numerosos panegiristas de Serrano todavía no han reparado.
(Continuará)

[1] Esta basurilla se publicó en enero de 1946.
[2]  La cantinela la repetió, incansablemente, desde 1945. Las itálicas son mías.
[3] Las afirmaciones complementarias se encuentran en los papeles del exembajador Hoare bajo el título Spain´s Pro-German Policy (1940-1942) according to its chief instrument under General Franco (Ramon Serrano Suñer). Si esta parte no se envió a Londres, probablemente Malley se quedó con ella y se la dio después a su anterior jefe.
[4] Es evidente. Los británicos, sin embargo, no podían conocer lo que se había cocido previamente entre las bambalinas españolas.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (VIII)

27 DICIEMBRE, 2016 AT 8:30 AM
Ángel Viñas
Dejé el post anterior a medio camino de la reflexión de un diplomático en el Foreign Office, Michael Cresswell, encargado de examinar los puntos más importes de lo que cabía extraer de los capturados documentos diplomáticos nazis acerca de las relaciones entre la España de Franco y el Tercer Reich, ya hundido en los escombros del pasado, en el entorno de Hendaya. De aquella somera reflexión se desprendió inequívocamente que los ingleses no estaban dispuestos a comprar la barata mercancía que les vendía Serrano Suñer por medio de su entrevista con Bernard Malley. En este la continuaré hasta principios de 1941.
CITA
“24 de septiembre: conversación SS-von Ribbentrop
Tras el regreso a Berlín de von Ribbentrop de Roma (coincidiendo con el ataque británico contra Dakar) SS menciona el temor español respecto a las intenciones de De Gaulle en África del Norte y pasa a referirse a la “decepción” española ante
  1. Las demandas alemanas de Agadir y Mogador
  2. La escasa empatía con las necesidades económicas
bundesarchiv_bild_183-h04810_joachim_von_ribbentropVon Ribbentrop, como respuesta, ofrece un pacto de diez años entre Alemania, España e Italia que entraría en vigor el día en que diera comienzo el asalto contra Gibraltar. Esto se produciría tan pronto como se terminasen los preparativos necesarios. La actitud italiana ante las peticiones territoriales españolas en África todavía no era clara pero piensa que Mussolini podría aceptarlas.
SS afirma entonces que España rechazó
  1. La cesión de una isla canaria
  2. La cesión de Guinea española y Fernando Poo.
Queda abierta la cuestión de Agadir y Mogador (von Stohrer opina que esto podría resolverse). Cabría llegar a un acuerdo sobre las peticiones económicas alemanas con respecto a Marruecos y la aceptación del control alemán del capital de las empresas británicas y francesas en España [ADAP, D, XI, I, doc. nº 97][1].
27 de septiembre:
Entrevista final entre SS y Hitler en la cual este se refiere al ataque a Dakar y repite la necesidad alemana de bases en Canarias y en la costa atlántica de Marruecos para la defensa hemisférica contra Estados Unidos [ADAP, D, XI, I, doc. nº 117].
Segundo acto
10 de octubre
Carta de SS a von Ribbentrop:  indica que es importante para España que los arreglos discutidos en Berlín no prejuzguen las negociaciones españolas con la Gran Bretaña sobre suministros de trigo de Canadá y Argentina y de combustible. Se habían enviado fuerzas para defender Canarias. Franco teme las intenciones que pueda tener de Gaulle de cara a Orán [ADAP, D, XI, I, doc. nº 172].
23 de octubre
Conversación Hitler-Franco: Franco expresa la gratitud española hacia Alemania. Lucharía con gusto a su lado pero se interponen grandes dificultades. Depende de Estados Unidos y Argentina que siguen órdenes de Londres. Mala cosecha. Hitler responde que está contento de encontrarse por primera vez con Franco. Ambos han tenido que luchar duramente. Resume la situación general de la guerra. Un peligro es que los aliados ocupen las islas delante de las costas africanas. Está aguardando el momento propicio para atacar a Inglaterra. Dificultades con quitar sus colonias a Francia. Inmediatamente declararían la independencia. Está dispuesto a utilizar la ayuda francesa para terminar rápidamente la guerra y debe dar a Francia algo a cambio [ADAP, D, XI, I, doc. nº 220].
(Texto incompleto)[2]
Conversación SS-von Ribbentrop: SS admite que Franco no ha comprendido del todo las conversaciones. Está claro, sin embargo, que los alemanes han cambiado de posición con respecto a Marruecos. No aceptan ya la cesión completa de la totalidad de la zona francesa sino que ahora hablan de tener que dar a Francia compensaciones en otro sitio con el fin de mantener alineado a Pétain contra Inglaterra. (No se mencionan objeciones italianas). Por consiguiente no conviene publicar un pacto entre las tres potencias (por temor a las acciones británicas contra Portugal). Intercambio de cartas secreto. Nueva redacción del pacto firmada cinco días más tarde otorga a España “Gibraltar más territorios en el Norte de África iguales en extensión a los dados a Francia en otros lugares”. La actitud española de mantener secreto el pacto se debe a la necesidad de recibir 100.000 toneladas de maiz y 150.000 toneladas de carne prometidas por Canadá. [ADAP, D, XI, I, docs. nº 221 y 224].
25 de octubre
Informe al embajador alemán en Roma sobre las negociaciones de Hendaya. España espera mucho y no se da cuenta de que las peticiones solo pueden coordinarse tras victoria alemana. Ello no obstante, se ha llegado a un acuerdo[3] [ADAP, D, XI, I, doc. nº 228][4].
Tercer acto
19 de noviembre: Conversaciones en Berchtesgaden entre SS y von Ribbentrop, después de la entrevista con Hitler
Impaciencia alemana por seguir adelante con los preparativos para que España entre en guerra. Telegrama que enviará el embajador alemán en Madrid tan pronto como Franco confirme que España acepta entrar en ella una vez que Alemania haya hecho los preparativos correspondientes, p. ej., en el invierno 1940/1941. Suministros de trigo empezarán inmediatamente nada más recibirse el telegrama. SS propone suministros de 100.000 toneladas de trigo detenidas en Portugal por cuenta suiza y que los alemanes compensen directamente a los suizos. Que dicho suministro no impida la continuación de los envíos británicos. Simultáneamente que 5.000 toneladas de trigo lleguen de Francia. Von Ribbentrop habla de la posibilidad de incluir a Rusia en un frente anti-británico (conversaciones con Molotov) y se entretiene dando ánimos [ADAP, D, XI, 2, doc. nº 352].
Cuarto acto
6 de febrero de 1941:  Carta de Hitler a Franco
Menciona las fatales consecuencias para Franco si Alemania es derrotada. En Hendaya se llegó a un acuerdo para que España no tardase en entrar en guerra. España no recibirá ayuda económica real de Inglaterra pero Alemania está dispuesta a concedérsela realmente, incluyendo 100.000 toneladas de trigo tan pronto como se fije la fecha de entrada. Esta se preveía para el 30 de enero, una vez que las tropas alemanas hubiesen pasado a España el 10 de enero. Así hubiera ayudado a Italia en sus dificultades. Hitler, evidentemente, está exasperado por las evasivas españolas y especialmente por tres temas suscitados poco antes:
  1. Argumentos sobre dificultades económicas planteados al almirante Canaris.
  2. Argumentos de que las Canarias ya tenían suficiente defensa pero que no podrían enfrentarse a un bloqueo.
  3. Argumentos sobre dificultades climatológicas.
Dice que las peticiones españolas con respecto a África se aceptarían en tanto en cuanto puedan reconciliarse con los nuevos arreglos generales en relación con el continente africano que se proponen hacer los alemanes [ADAP, XII, I, doc. nº 22].
26 de febrero de 1941: Respuesta de Franco
Nunca tuvo la intención de entrar tan pronto en guerra. La situación económica española imposibilita sostener una guerra larga y por consiguiente debe tener la seguridad de que con la captura de Suez y no solo de Gibraltar la crisis en el Mediterráneo se resuelva rápidamente. La situación había cambiado desde la firma del acuerdo de Hendaya y este ya no se corresponde con la situación por lo que debe considerarse superado por los acontecimientos [ADAP, XII, I, doc. nº 95.]
FIN DE LA CITA
Hasta aquí el resumen inicial de Creswell. Es obvio que se trataba de una reflexión rápida, como la evolución ulterior se encargó de demostrar. Ya apuntaba, sin embargo, a las líneas esenciales de lo que se deducía de un examen incluso superficial de la documentación alemana. Para los británicos debió de representar un alivio la carta de Franco a Hitler de finales de febrero de 1941. Pero, como no nunca jugaron con la seguridad nacional, no estará de más indicar que no habían, en modo alguno, bajado la guardia. Antes al contrario.

(Continuará)

[1] Como en el post anterior identifico los documentos diplomáticos en los que puede seguirse la argumentación británica.
[2] Este el resumen, abreviadísimo, de la parte de la minuta alemana que se conserva. Obsérvese que en ella Hitler no enmascaró las dificultades que tenía con Francia, algo que ciertos historiadores siguen pasándose por el arco de triunfo.
[3]  Las itálicas son mías.
[4]  Por motivos de los que no he encontrado constancia, Michael Cresswell omitió la glosa de otros documentos que arrojan más luz sobre el episodio.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (IX)

3 ENERO, 2017 AT 8:30 AM
Ángel Viñas
En los posts anteriores he reproducido un análisis de urgencia hecho a los documentos alemanes capturados por uno de los diplomáticos del Foreign Office, anteriormente destinado en España y cuyo nombre no ha pasado a la historia. Sobre esta base previa, la evolución de la “cuestión española”, las declaraciones de Serrano Suñer, la nutrida contrapropaganda procedente de Madrid y la diversidad de opiniones en Londres y Washington se combinaron y obligaron a afinar algunos aspectos. 
El 4 de diciembre de 1945 un memorándum del mismo Creswell resumió los altos y bajos de la no beligerancia y las razones que los explicaban.
Junio de 1940 fue el momento en que (coincidiendo con la derrota francesa) Franco pasó a la acción con su oferta de entrar en guerra. El motivo por el cual no se llevó a cabo fue porque, en aquel momento, los alemanes se concentraban en la invasión de Inglaterra. Solo cuando estos planes fracasaron, Berlín se inclinó a favor de una estrategia mediterránea lo cual implicaba la toma de Gibraltar[1].
Septiembre de 1940 (tras el fracaso de dichos planes, algo que conocían los alemanes pero no tanto los españoles): conversaciones de Serrano Suñer en Berlín e intercambio de cartas entre Franco y Hitler. El resultado fue que los españoles rechazaron las condiciones marcadas por los alemanes. Los temas esenciales fueron la petición de que se les cediera territorio español y la insistencia alemana en los enclaves en torno a Agadir y Mogador.
Octubre de 1940los españoles tomaron la iniciativa[2] y suscitaron la cuestión de que sus negociaciones en materia de suministros británicos de trigo no deberían verse perjudicadas. Era verosímil que para entonces se dieran cuenta de que los planes alemanes para la invasión de Inglaterra ya habían fracasado.
historia-francisco_franco-personajes_historicos-adolf_hitler-alemania-racismo-politica-nazismo-actualidad_78002350_154111_1706x1280Hendaya: los alemanes cambiaron de enfoque y retiraron las promesas sobre Marruecos y el Oranesado (a causa de la importancia que Hitler atribuyó a la necesidad de mantener a Francia dentro del bloque antibritánico). A pesar de ello, los alemanes parece que creyeron  que España no tardaría en entrar en guerra.
Diciembre de 1940: coincidiendo con el inicio de la  primera contraofensiva de Wawell en la batalla por Egipto, Franco confirmó a Canaris el rechazo a entrar en guerra el 10 de enero de 1941. Dio una serie de pretextos. El motivo real fue evidentemente que se asustó ante la posibilidad de verse involucrado en una guerra larga. Desde ese momento repitió su rechazo hasta que finalmente indicó en su carta del 26 de febrero que no podía entrar en guerra hasta que cayera Suez. Este aspecto fue sumamente importante.
Después de febrero de 1941 ya no había tropas alemanas para utilizarlas en España. Todos los efectivos disponibles tuvieron que enviarse primero a los Balcanes para lidiar con las complicaciones resultantes de la invasión de Grecia por los italianos (28 de octubre de 1940) y, en segundo lugar, para los movimientos preparatorios de cara al ataque contra Rusia. La decisión a este respecto probablemente se tomó a finales de noviembre de 1940[3].
El estudio subsiguiente de la estrategia alemana ulterior demostró, por otra parte, que los planes alemanes para operar en España en diciembre de 1942 y enero de 1943 fueron puramente defensivos para prevenir la situación que pudiera surgir si tropas británicas y norteamericanas desembarcaban en España y Portugal
No paró aquí la cosa. El 14 de diciembre de 1945 Creswell expuso nuevos resultados. En primer lugar señaló que el Gobierno español siguió una política coherenteFranco quiso entrar en guerra en 1940 cuando pensó que los alemanes habían zurrado a los británicos pero no tardó en tener dudas tan pronto como vio que existían grandes posibilidades de que España pudiera verse envuelta en una guerra de larga duración. La resistencia británica, que aseguró el canal de Suez, aun cuando pudiera producirse el cierre del Mediterráneo en Gibraltar, garantizaba que la Royal Navy seguiría en condiciones de actuar en el Mare Nostrum.
Creswell se negó a aceptar que el exministro tomase espontáneamente una postura firme en sus conversaciones en Berlín en 1940. Arguyó que Serrano quiso llegar hasta el punto máximo posible que contentase  a los alemanes. Ahora bien, fue a Alemania en calidad de emisario personal de Franco y estaba obligado a respetar las instrucciones que este le había dado. Esta explicación es totalmente plausible. Serrano carecía de experiencia política internacional. Sus panegiristas han abultado la significación de sus contactos en Italia en el período de entreguerras y él hizo demasiado hincapié en su gran amistad con Ciano.
En realidad, y en la perspectiva de 1940,  Serrano era un parvenu completo en la escena internacional, como insinuó von Stohrer. Estaba, ciertamente, muy pagado de sí mismo pero no lo suficiente como para tomar decisiones por su cuenta que pudiese repudiar Franco. De aquí su carteo constante con él y su cuidado en no dar a conocer las misivas que envió a Madrid. Solo las respuestas. De aquí también su tensión y sus arrebatos ciclotímicos en Berlín, de los que dejaron constancia algunos de sus acompañantes.
Para Creswell la carta de Serrano a von Ribbentrop del 10 de octubre reflejaba que los españoles no se sentían demasiado tentados a sacrificar la ayuda económica que estaban negociando con Londres hasta que no tuvieran una seguridad total, al cien por cien, de la victoria alemana.  
Cabía dudar, siguió afirmando Creswell, de si en la época de Hendaya y Montoire el mayor temor de Hitler era perder el Norte de África. Probablemente, añadió, pensaba entonces bastante poco en una estrategia mediterránea. Su interés político fundamental se centraba en mantener a Francia dentro del sistema continental anti-británico que quería forjar. Esto, se sabe hoy que es cierto aunque no excluye que, militarmente, Hitler ya pensara en arreglar cuentas con las URSS. En cualquier caso el dato de que la conferencia de Hendaya se produjese entre dos reuniones con los franceses no debía subestimarse[4]. Fueron los españoles a quienes les entró la preocupación con los asuntos norteafricanos, como se evidenció en las observaciones de Serrano Suñer el día después del ataque franco-británico, fracasado, a Dakar.
En lo que se refería al asalto a Gibraltar, la petición española de que se realizara por tropas propias y no alemanas probablemente se hizo antes de febrero de 1941, afirmó Creswell. Era cierto. Este tema siempre fue importante desde el punto de vista del prestigio militar. Quizá, señaló, lo planteó Franco a Canaris en diciembre de 1940 pero, en todo caso, lo suscitaron los generales opuestos a los planes de Serrano en aquel tiempo.
En definitiva, los intentos serranistas, a través de Malley, de “vender” a Londres su interpretación de los hechos no tuvieron demasiado éxito.
NOTA: Los lectores, y detractores, interesados en contrastar las afirmaciones relacionadas con los documentos reproducidos o contextualizados mínimamente pueden acudir al legajo FO371/49663, que se encuentra en los Archivos Nacionales británicos de Kew. Y, en el caso de la ampliación del informe de Malley, a los papeles de Lord Templewood en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge (BUC).
Servidor aplica la máxima de que toda afirmación en historia que abra brecha debe ir respaldada por la evidencia necesaria, contextualizada críticamente. Sin manipulación ni tergiversación.
(Continuará)

[1] Todas las itálicas del texto son mías. Creer esto era plausible en aquel momento, sobre todo desde el punto de vista británico. Sin embargo, hoy se sabe que, en realidad, la atención de Hitler, en una situación de vacilación en el plano estratégico, estaba ya orientada totalmente hacia la Unión Soviética y que no veía ninguna alternativa. La planeada operación contra Gibraltar respondió a una serie de medidas destinadas a tapar, con un coste asumible, el temporal hueco estratégico global.
[2] El análisis británico respondía a a realidad.
[3] En realidad, en julio. Luego vino la preparación estratégica.
[4] El 22 con Laval y el 24 de octubre con Pétain, ambas en Montoire. Laval era entonces el presidente del Consejo de Ministros de Vichy.

En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (X)

10 ENERO, 2017 AT 1:02 PM
Ángel Viñas
A lo largo de los anteriores posts hemos visto que las declaraciones serranistas y los análisis a que dieron lugar en el Foreign Office contraponen dos formas de ver el pasado: la de un protagonista atento a dejar  huella en la historia, favorable a su imagen, y la de unos observadores que habían vivido aquellos años desde posiciones e intereses completamente opuestos a los del primero. En ambos casos se partió de un enfoque “a toro pasado”, es decir, conociendo lo que ya había ocurrido, a saber, la derrota del Eje y la no entrada en guerra de España. Para el historiador el problema es explicarlo.
 Es evidente que unos años antes ni Serrano ni los diplomáticos británicos sabían cómo iba a evolucionar lo que para todos era futuro. En esta perspectiva, sin embargo, y conocido el pasado como pasado, las dos preguntas inexcusables son: ¿cómo interpretarlo lo más correctamente posible? y ¿cómo desbaratar el uso espurio de tal pasado de cara a influir sobre lo todavía por venir?  En este sentido nos queda por abordar, siquiera someramente, un contexto nuevo.
Desde hacía tiempo la dictadura había iniciado una campaña para “despegar” a los norteamericanos de los británicos y buscar, por la vía del aprovechamiento de la situación geoestratégica española y el revitalizado anticomunismo, un pequeño lugar bajo el sol[1].  Para los analistas británicos la propaganda que a espuertas se producía en España con el fin de endulzar el pecado de haber querido ir de la mano del Eje, y singularmente del Tercer Reich, representó en sus comienzos un esfuerzo desdeñable. En unos cuantos meses, después de haber capturado los documentos diplomáticos alemanes (por no hablar de los militares), el Foreign Office detectó con bastante precisión los límites del período de la “gran tentación”, los altos y bajos de una política española bastante consistente, los enjeux por los que apostó y las razones por las cuales se vio obligada a no dar el paso al frente[2].
De todo lo que antecede no se extrajeron consecuencias operativas. En algún momento flotó la idea de comprimir y mejorar los análisis de Creswell con vistas a la preparación de un Cabinet paper, es decir, un documento que pudiera circularse a los ministros. Si se hizo, no lo he localizado. El resultado, no obstante, sirvió para afianzar la idea de que Franco no era un personaje fiable. Demostró con claridad que, en contra de los altos principios morales proclamados por la dictadura como guía de su acción internacional, lo que Franco había practicado había sido una política oportunista, cautelosa y sin otras miras que arriesgarse lo menos posible. Nunca con la idea de ayudar a los aliados.
Así, pues, de “hidalguía” franquista, nada; de respeto a los principios del derecho internacional, nada; de compromiso con Naciones Unidas, nada. Sí, por el contrario, demostración palmaria de la eficacia de la política del palo y de la zanahoria británica primero y anglo-norteamericana después. Y si Creswell no mencionó los sobornos es porque todavía se trataba de una acción cuyo conocimiento seguía estando reservado a tan solo unos cuantos altos funcionarios del Foreign Office y a sus ayudantes más próximos.
53176008Franco iba por las suyas. En el discurso que pronunció al inaugurar la segunda legislatura de las Cortes, el 14 de mayo de 1946, se distanció de los regímenes vencidos y no se amilanó ante las “arremetidas” exteriores:
Otros intentan presentarnos ante el mundo como nazifascistas y antidemócratas. Si un día pudo no importarnos la confusión por el prestigio (sic) de que gozaban las naciones de esta clase de régimen en el mundo, hoy cuando se han arrojado sobre los vencidos tantos baldones de crueldad y de ignominia es de justicia destacar las muy distintas características de nuestro Estado[3].
Con todo lo que antecede no extrañará que con su estrategia Serrano, y esto es algo que no se ha subrayado lo suficiente, hiciera un favor adicional a Franco a la vez que a sí mismo. En la perspectiva de hoy, es quizá el rasgo que más debe destacarse. La publicación de la primera versión de sus memorias fue el hito mayor. Serrano era consciente, naturalmente, de que en la opinión pública española y extranjera su nombre iba ligado de forma irremisible al proceso de fascistización de la dictadura. Así que entre los polvos de los que quiso desprenderse figura en lugar prominente su rechazo al mismo.
Para ello argumentó que España había experimentado con la República, “como nadie ignora, un desastre completo y vergonzoso”. Era obvio que no se la podía rescatar. Sin embargo, el eminente abogado del Estado se hizo momentáneamente defensor del diablo y reconoció:
Un hecho era fatal, sin embargo: que la democracia había pasado por España. Y de estas cosas no es posible volver del todo atrás. Cualquier régimen necesitaba ya absolutamente la asistencia de la opinión y la organización de las masas.
Esto le llevó a una conclusión, tras descartar las posibilidades alternativas de una “Monarquía autoritaria tradicional”, una “Monarquía liberal”[4] y la Dictadura (suponemos que un remedo de la primorriverista). Por consiguiente,
el único modelo de Estado moderno (sic) que en tales circunstancias parecía posible, el único que podía permitir una educación y una organización del pueblo español para la vida política era ese que se ha dado en llamar autoritario (sic).
Surge así en la prosa serranista el término mágico que, para muchos autores neo-franquistas ya no abandonará la identificación del régimen hasta nuestros días. Serrano lo circunscribió como sigue:
Sus características externas podrán ser semejantes a las de otros pueblos, pero cabalmente lo que varía en él de un pueblo a otro es precisamente el contenido dogmático, el pensamiento a cuyo servicio se pone. Este contenido dogmático podía ser en algún pueblo totalitario una completa aberración (Rusia), en otros podía ofrecer aspectos inmorales o erróneos (Alemania). Con tales aspectos nosotros nada teníamos que ver y nuestra dogmática nos venía dada por la tradición española y nuestra confesión religiosa.
¡Aleluya! ¡Aleluya! Es obvia, pues, la voluntad de distanciamiento  respecto a los regímenes nazi y soviético (calificados como los correspondientes a pueblos totalitarios, fueran estos lo que fuesen). El régimen de Franco estaba fundamentado en la tradición española y en la religión católica. Esto fue “plastilinización” del pasado en acción.  También algo que los plumillas a sueldo (amén de algunos prominentes intelectuales bien remunerados) llevaban algunos años pregonando incesantemente. Había que evitar que se viera al régimen como subproducto del nazismo[5].
Serrano no ocultó del todo sus pretensiones, pero sí dio una de cal y otra de arena:
Muchos tienen prisa por quitarse el sambenito de totalitarismo que al régimen presente le ha caído encima. Pues bien, para lograr eficazmente ese resultado nada es tan útil como hablar seriamente. Podemos asegurar que el régimen nunca se decidió a ser eso, aunque se mostrara revestido con sus más superficiales apariencias. A cada uno lo suyo: este régimen no ha sido totalitario como tampoco democrático o liberal. Lo que sin la guerra mundial habría sido solo Dios lo sabe. Lo que en definitiva sea aún está por ver[6].
El exministro conjugó hábilmente dos aspectos. Uno, innegable, que el régimen no era democrático ni liberal (tampoco los fascistas se consideraron como tales). Otro basado presuntamente en su experiencia como insider. Afirmó que el régimen no era totalitario como si hubiera que creérselo obligatoriamente. Juan José Linz se lo creyó de forma voluntaria. Tras él, una ristra de eminentes autores hasta nuestros días.
Recién terminada la guerra mundial los diplomáticos británicos se rieron de los patéticos esfuerzos por poner de relieve la “hábil prudencia” del Caudillo. Probablemente no solo ellos. Hay una anécdota muy ilustrativa en el diario de Cadogan en el que las referencias a España no son precisamente muy abundantes. Terminada la guerra en Europa, y cuando el Foreign Office se  preparaba para la crucial conferencia de Potsdam, el subsecretario permanente se encontró con el todavía embajador de Franco, el duque de Alba. Este era uno de aquellos representantes del “viejo orden” de quienes Serrano Suñer despotricó siempre ante sus interlocutores fascistas y nazis. Quizá porque no se fiaba de que cumplieran sus consignas con el celo suficiente o porque, como profesionales o mejor enterados que él de las realidades de la escena internacional, no veían con demasiado buenos ojos el estrechamiento de las relaciones con el Eje.
Cadogan, como buen amigo, comunicó a Alba el 13 de julio que, a pesar de lo que dijera el Reino Unido sobre la propuesta mexicana de excluir a España de las Naciones Unidas, asunto que se debatía en aquellos momentos en la conferencia de San Francisco, él no daba una perra gorda por la admisión de Franco en la nueva organización[7]. Alba se mostró encantado y dijo que inmediatamente telegrafiaría a Franco[8]. A este último probablemente no le haría gracia la noticia pero ya tenía puesta en marcha un enfoque estratégico para lidiar con los embates, poco peligrosos, que procedían del entorno. Esta es otra historia.
No he terminado con Serrano Suñer, pero sí he llegado al fin de esta pequeña serie. Espero que  los lectores no se sientan defraudados.
FIN

[1] Lo cual no quita para que el período fuese de una gran complejidad. Cuando se iniciaron los juicios de Nuremberg a finales de 1945 las contorsiones por las que había atravesado la no beligerancia española también salieron al descubierto.
[2] Ante las Cortes Franco afirmó rotundamente en mayo de 1946: “una de las mayores sorpresas aliadas ha sido el encontrar en ese expurgo de papeles y documentos que se llevó a cabo en las Cancillerías del Eje la (…) conducta entera, caballerosa y firme con que sorteó y defendió su apartamiento de la guerra en todos los momentos de la gran contienda universal”.  ¿Y cómo lo sabía “el genial e invicto Caudillo”?
[3] También afirmó que “el primer error que se comete consiste en querer presentar a nuestro Régimen como un régimen de dictadura”.
[4] Con el más que peregrino argumento de que “los partidarios de la Corona no existían en España desde hacía muchos años”.
[5] Hay muchos otros ejemplos, con frecuencia sonrojantes, que los lectores pueden encontrar en la obra de Ferran Gallego El evangelio fascista, Crítica, Barcelona.
[6] Serrano, 1947, pp. 36s y 128s. Todas estas referencias y exculpaciones desaparecieron en la versión de 1977. Probablemente creyó que ya no eran tan necesarias.
[7] Como es notorio, hubo que esperar hasta 1955.
[8] Dilks, p. 761. La expresión utilizada por Cadogan, que he traducido un tanto castizamente, fue “Spain hadn´t a dog´s chance”.