dilluns, 22 de desembre del 2014

Las voces de la historia del hospital de Gorliz


http://www.deia.com/2014/12/22/bizkaia/margen-derecha/las-voces-de-la-historia-del-hospital-de-gorliz

ESKUINALDEA-URIBE KOSTA


JUAN MANUEL GOIKOETXEA, ‘MOTORES’, PUBLICA UN LIBRO QUE REPASA LA EVOLUCIÓN DEL SANATORIO A TRAVÉS DE TESTIMONIOS
UN REPORTAJE DE MARTA HERNÁNDEZ - Lunes, 22 de Diciembre de 2014 - Actualizado a las 06:02h
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Recibimiento a los niños que fueron evacuados a Francia con motivo de la Guerra Civil.
Recibimiento a los niños que fueron evacuados a Francia con motivo de la Guerra Civil.
Vista:

  • Recibimiento a los niños que fueron evacuados a Francia con motivo de la Guerra Civil.
  • Fotos antiguas del entorno de la playa de Gorliz, donde está el hospital. Fotos: ‘El Sanatorio de Gorliz. 100 años’
  • Juan Manuel Goikoetxea posa delante del hospital.
“Con la Guerra Civil, los niños fueron evacuados a Francia y unos cuantos intentaron fugarse allí de un sanatorio” “Uno de los pequeños que estuvo ingresado en Gorliz fue el exárbitro de Primera Urizar Azpitarte” “Las monjas que atendían hacían vida en el pueblo y los niños iban siempre a las fiestas”
CADA paseo por Astondo, siguiendo la curva del mar, le llevaba a observar el hospital de Gorliz por fuera y a pensar que este edificio tenía que guardar mucha historia dentro. Decidió bucear en el interior y abrir el baúl de los recuerdos de las personas que estuvieron entre sus cuatro paredes, y así nació el libro El Sanatorio y Gorliz. 100 años. Juan Manuel Goikoetxea, conocido como Motores, ha recogido la trayectoria del hospital en más de 200 páginas y 279 fotografías a través de voces que dan calor a la vida de un hospital.
Este centro médico empezó a construirse el 29 de abril de 1911. Los tres primeros nombres propios de su historia son los del doctor Enrique Areilza, el fundador; Luis Larrinaga, el primer director, y Mario Camiña, el arquitecto. “Un gran problema en aquella época era la tuberculosis infantil. Por ello, se decidió hacer un sanatorio al lado de la playa, como existía en Europa, para combatirla mejor. Estas tres personas estuvieron en Francia, Inglaterra… para tomar ideas y después recorrieron la costa vizcaina para dar con el sitio idóneo. Al principio iban a hacer el sanatorio en Lekeitio, pero el problema era la mala comunicación. En Gorliz, en cambio, estaba el tren de Bilbao hasta Plentzia y, además, la playa de Gorliz tenía una concentración de yodo importante. Por otro lado, este espacio estaba a resguardo de los vientos del norte y también los entendidos decían que Gorliz era el lugar donde más tiempo de luz solar había. Estos factores hicieron que se decantaran por este municipio”, explica Motores.
La Diputación fue la encargada de construir el hospital, “pero todos los ayuntamientos de Bizkaia aportaron dinero”. Así, el 29 de junio de 1919, el centro fue inaugurado con la visita del rey Alfonso XIII. Uno de los capítulos más relevantes del sanatorio fue la evacuación de los niños que estaban ingresados con el estallido de la Guerra Civil española. “Se llevaron a todos los niños en varias tandas, fueron en furgonetas hasta el puerto de Santurtzi y en el barco Goizeko Izarra, de la naviera Sota, fueron enviaron a Francia. Allí estuvieron en un sanatorio. Txutxi Aurtenetxe, que murió hace tres meses, fue uno de esos niños. Me contó cómo allí varios pequeños intentaron fugarse, recogieron alimentos no perecederos y se marcharon una mañana temprano. Las monjas se dieron cuenta a la hora de desayunar de que faltaban unos cuantos niños y justo llegó el cartero del pueblo en bicicleta y dijo que les había visto. Avisaron a la gendarmería y les cogieron enseguida”, cuenta el autor de la publicación.
DISTINTAS VOCES Son varias las personas que estuvieron dentro del hospital y que han prestado su memoria a Juan Manuel para la elaboración del libro. Entre ellos, médicos como Joseba Iribar, Javier Izquierdo, Begoña Pérez, Antxon Unibaso, Ricardo Celaya… “Son los últimos doctores que estuvieron con los niños, porque a partir de los años sesenta deja de ser un sanatorio solo para niños”, indica este vecino gorliztarra. “Hubo manifestaciones en el pueblo porque no se quería ese cambio. Algunos padres se subieron al tejado del sanatorio para protestar”, asegura. Motores también ha charlado con aquellos que de pequeños tuvieron que pasar tiempo de su infancia en el hospital. Por ejemplo, el exárbitro de Primera División Urizar Azpitarte. “Me cuenta que por las inyecciones de estreptomicina que le tenían que poner por un tumor pulmonar, casi arruinan a su familia. Costaban un pastón: 500 pesetas”. El libro también recoge el testimonio del actor Saturnino García que como artista, acudía a entretener a los enfermos.
El sanatorio ha marcado el devenir de Gorliz - “siempre se ha dicho que es la fábrica más importante del pueblo. Ha dado y está dando de comer a muchas familias de aquí”, destaca Motores- y tanto los niños que estaban allí ingresados como las monjas y los médicos que les atendían dejaron huella en la localidad. “Había muchas monjas y ellas hacían mucha vida en el pueblo. Los niños venían todos juntos a las fiestas. Luego estaban mucho en la playa cuando hacía bueno, claro. Iban con su uniforme: gorrito, pantalón y camisa blanca. Además, se ponían en camillas al aire libre y así se curaban: con el aire del mar y el sol. También había una escuela, porque las estancias eran largas, podían llegar a ser de dos años”, señala Juan Manuel.
Otra de las curiosidades del centro hospitalario de Gorliz es que se creó una granja para que sumistrara alimentos a los pacientes. “Se hizo por los años 1925-26 y aún sigue existiendo. Subiendo hacia el faro, al lado del centro de recuperación de animales de la Diputación. Todo lo que cultivaban y lo que daba el ganado era para los niños del sanatorio, que llegó a haber más de 400. La familia Larrazabal era la que se encargaba de la granja”, apunta este gorliztarra que ha invertido sobre un año y medio en dar forma a este libro en el que ha contado con las declaraciones de algunos de los protagonistas, además de con fotos y documentos que le ha brindado el propio sanatorio y de la información que ha hallado en el archivo de la Diputación y en la prensa de la época.