dimecres, 20 d’abril de 2016

Cazarabet conversa con... César Rina Simón, autor de “Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular (1936-1949)” (Diputación de Badajoz).


http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/rina.htm


La Librería de El Sueño Igualitario

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Un libro, un ensayo de investigación de César Rina Simón que le ha valido el premio Arturo Barea  que otorga la Diputación De Badajoz.
En el libro se “mira muy de cerca” y se analiza la religiosidad y el franquismo o, si lo prefieren: el franquismo y la religiosidad.
Lo que nos cuenta la entidad editora, Diputación de Badajoz:
Este ensayo historiográfico pretende reconocer los mecanismos de legitimación de la dictadura franquista a partir del análisis de las tensiones y los consensos de sus diferenciadas culturas políticas en el marco festivo de la religiosidad popular. El análisis se centra en tres procesos: la recatolización del espacio público con cruces de los caídos, misas de campaña y procesiones; la militarización y fascistización de celebraciones de raigrambre popular y la purificación por parte de las instituciones católicas de prácticas heterodoxas, sensuales o báquicas. De esta forma, el franquismo se valió de un conjunto de rituales y creencias de fuerte arraigo en las comunidades locales para consolidar imaginarios que vincularon al nuevo Estado con la providencia y la tradición católica de la nación.
El primer franquismo:
Arturo Barea:
Manuel Chaves Nogales:
Un ensayo historiográfico. Así que definimos el término: Historiografía:
Estos otros conversas puede que te ayuden:


Cazarabet conversa con César Rina Simón:
Diputación-de-Badajoz.jpg-César, amigo, ¿qué ha significado para ti recibir el Premio Arturo Barea?.¿Qué ha significado para ti el trabajo, incansable y la trayectoria de este contador de historias, de este cronista?
-Ha supuesto un gran apoyo para mi trayectoria como historiador. Sin duda, por el reconocimiento profesional que ofrece el Premio, pero también por la dotación económica que me ha permitido continuar con mis investigaciones. Los científicos sociales llevamos años de emergencia provocados por la política de recortes en ciencia y en educación y por el perverso principio del utilitarismo que, aplicado al conocimiento histórico, ha acelerado los usos públicos de la historia y la pérdida de perspectiva entre el presente-pasado-futuro. Esto ya lo vaticinó Bauman en las sociedades líquidas. Dedicarse hoy en día a la historia es prácticamente imposible, pero no se trata de un problema macroeconómico. Países en situaciones financieras más difíciles, como Portugal, han mantenido partidas presupuestarias para intentar salvar su estructura científica. Se trata de voluntad política.
Y, claro, Arturo Barea es uno de los principales cronistas del siglo XX, olvidado por las narrativas franquistas y en buena medida por las transicionales. Destacó en la escritura de lo cotidiano como reverso de los grandes temas y alentó un género periodístico dotado aún de romanticismo y ansiedad por acercarse a los acontecimientos.
-Desgarradoras algunas de sus historias, tan realistas, lúgubres y tristes que casi se pueden palpar…¿cómo ha influido este cronista en este ensayo o en tu estudio..?
-La obra que más me ha influido ha sido la reeditada La forja de un rebelde, y en especial, para el tema del libro, el último tomo, La llama, el referente a la Guerra Civil. Barea supo como nadie retratar la sociedad madrileña de los primeros compases de la guerra y la complejidad ideológica de las múltiples culturas políticas que se estaban enfrentando. Su particular visión de lo popular en Lavapiés y la relación entre Iglesia, los partidos de izquierda y la religiosidad santera me ayudó bastante a comprender el fenómeno y el gran esfuerzo de las autoridades franquistas por resignificarlo.
-Retrataba, dibujaba con trazos que eran palabras esa España triste, de luto y en blanco y negro…un país áspero, hambriento e ignorante que se acercó a la Iglesia por necesidad y por ignorancia…¿Qué nos puedes comentar?
-No cabe duda de la existencia en el imaginario artístico de esta España negra, de luto, como bien representaran Regoyos y Verhaeren en 1888. Una imagen heredada por los regeneracionistas del 98 y del 14 y por los falangistas fascistas, que interpretaron esta ignorancia como sintomática de los fracasos nacionales. Había, qué duda cabe, una visión moralizadora, intelectualizada y principalmente urbanita de menosprecio a todos los referentes populares, enfrentados en clave dicotómica a los principios de la razón. Estas interpretaciones se quebraron con la irrupción de Machado, Juan Ramón y posteriormente de Lorca, Alberti, Hernández y, cómo no, Barea, Núñez de Herrera y Chaves Nogales, a los que dedico el libro. Lo popular dejó de ser una nebulosa grisácea y se convirtió en una fuente de cultura y tradición a la que había que anclarse en el proceso de construcción de la nueva España: la II República. Este giro es clave y marca la línea argumental de mi libro. Lejos de lo que podemos pensar por décadas de narrativas franquistas, incluso asumidas por la intelectualidad de izquierdas, lo popular constituyó la piedra fundacional cultural de la modernidad española.
La obra del artista Pedro G. Romero en Sevilla incide en esta idea y ejemplifica el secuestro conservador de los significados sociales que podemos tildar de espontáneos.  Hasta finales de mayo propone en la exposición Sacer un sugerente recorrido por las voces heterodoxas que han abordado el fenómeno de la religiosidad popular, voces apagadas por la complacencia de narrativas que vinculan la patria, lo sobrenatural o lo tradicional a horizontes conservadores y reaccionarios. Otro ejemplo destacable lo encontramos en la reedición de Almuzara de los artículos de Núñez de Herrera o en la Semana Santa Insólita de José María Rondón y Eva Díaz Pérez. Sin embargo, estos intentos, como el caso del libro que nos trata, tienen escaso recorrido por el potencial apisonador de los medios de comunicación y sus mecanismos incontestables de construcción de imaginarios sociales y memorias.
Roberto-Keller.jpg-Dos de las “plagas”, las necesidades sociales y la ignorancia,  que tanto quisieron  combatir la República y  paulatinamente empezó a alejar a muchas gentes de esta institución, me refiero a la Iglesia…
-Los estudios sobre la Iglesia en España tienen un valor añadido. A diferencia de otros países europeos, en los que desde hace siglos se produjo una escisión clara entre la religión y el estado, -incluso una apropiación del estado del fenómeno religioso-, en una de las interpretaciones de la historia de España, y sin duda la más generalizada –Menéndez Pelayo y los neocatólicos-, el elemento aglutinante, la fuente misma de la nacionalidad, era el catolicismo. Por lo tanto, sin catolicismo no habría España, era condiciónsine qua non. El avance del laicismo colocó a la Iglesia desde el siglo XIX en una posición defensiva ante cualquier atisbo de secularización o de escisión de roles, con excepciones que confirman la regla. De ahí la revitalización de la figura del Papa con el dogma de la infalibilidad y el reforzamiento de los dogmas marianos como mecanismo socializador y vaticino apocalíptico del fin de los tiempos. Pese a las dificultades, en 1875 las narrativas católicas salieron triunfantes. Hasta el punto que medidas del siglo XIX como las desamortizaciones hoy serían impensables. Sin embargo, en el ADN de la Iglesia pervive ese estado de alerta ante la acción política, como si su universo de creencias dependiese de un conjunto de leyes coyunturales. Sin duda, en el fondo hay intereses mucho más mundanos.
Otra cuestión es la influencia social real de la Iglesia en la sociedad española, que desde mi punto de vista viene siendo magnificada desde hace décadas. Cuando Azaña desde las Cortes dijo que España había dejado ser católica no exageraba. Según los testimonios, entrevistas e informes que enviaban los sacerdotes a sus obispos, la asistencia a misa era mínima en todos los arrabales de España y las estadísticas sólo aumentaban en los ensanches burgueses. En los años cuarenta y cincuenta, el proceso derecatolización del país se tradujo en la construcción de grandes seminarios, como el de Huelva, que antes incluso de la muerte del dictador adolecían … No hay un problema real en la sociedad entre Iglesia y Estado. Se trata sólo de una pugna dialéctica por mantener vivo un conflicto que dota de carácter electivo y equipara a dos instituciones que no son comparables.
-Vemos en la dedicatoria que también te acuerdas de otro cronista de la época que, presumiblemente ,habrá dejado mucha huella en ti Chaves Nogales ¿Qué nos puedes comentar?
-La figura de Chaves Nogales es apasionante, tanto por su vida, viajes y obras como por su reciente recuperación editorial, magistralmente llevada a cabo, y también por su deificación por una parte de la política española que lo quiere incluir en la tercera España, cuando esto es más que matizable. En este sentido, la obra Lucha de Historias del historiador Francisco Espinosa nos puede aportar bastantes claves. Vayamos por partes. En primer lugar, hay que destacarle como el gran periodista del siglo XX español, cronista, viajero y mejor narrador. Una figura que debería trabajarse con profusión en las facultades de periodismo. Pero además, contaba con un afinado ojo interpretativo y una capacidad de análisis y de anticipación ejemplar. Sus artículos sobre la Semana Santa son verdaderos manuales de las significaciones del rito además de obras de arte.
Respecto a su uso contemporáneo como medio de ataque a la República, poco tengo que decir. Chaves Nogales se mantuvo fiel a la República, a Izquierda Republicana y a Azaña hasta el final. Denunció las matanzas de ambos bandos en A sangre y fuego pero eso no significa que justificase el alzamiento militar. Los combates por la memoria han dejado un reguero de afirmaciones maniqueas… Sin duda en la guerra se cometieron actos horribles que deben ser investigados y recordados, pero esto no implica legitimar el alzamiento. La figura de Chaves Nogales tiene hoy una difícil lectura, porque nos han contado la historia de una guerra entre Franco y el comunismo. Sin embargo, Franco, los sublevados, combatían contra la democracia, las libertades, los derechos, etc.
Coronación-canónica-de-la-V.jpg-El mundo de la historiografía española de los últimos años está dando muy buenos ensayos, estudios, trabajos, pero tú que particularmente estás en ello ¿Cómo lo ves?
-Creo que la historiografía sobre la Guerra Civil y el primer franquismo se encuentra en un gran momento y la trayectoria viene de décadas. Se ha avanzado mucho en historia política, económica y social y en los últimos años se ha centrado la atención en la construcción de las memorias y los imaginarios, es decir, en los estudios culturales. En este sentido, la legitimación del franquismo no fue sólo producto del miedo y la represión. Hubo una construcción cultural, una legitimación simbólica que como demuestro en el libro se apoyó en las manifestaciones y en las creencias populares. Año cero de Zira Box puede ser un buen acercamiento a la construcción de la dictadura estudiada desde horizontes simbólicos.
También la internacionalización de la historiografía nos va a permitir establecer marcos comparativos superiores. Cuando cambiamos la lente, los procesos pueden adquirir explicaciones diferenciadas. La historia que surgió en el XIX y de la que somos herederos primó erróneamente la perspectiva nacional. El diálogo entre los estudios trasnacionales y los locales pueden abrirnos nuevas puertas de comprensión de los procesos.
En el libro me he adentrado por un camino metodológico arriesgado pero muy fructífero, espero que dé frutos en futuras publicaciones. Cuando investigaba, descubrí la atonía interpretativa entre antropólogos e historiadores. De procesos similares estábamos sacando conclusiones opuestas. Los trabajos de Isidoro Moreno y de Salvador Rodríguez Becerra me acercaron a campos interpretativos de lo popular en relación con la identidad. De la antropología aprendí que la religiosidad popular no es un fenómeno estrictamente controlado por la Iglesia, aunque ésta lo intenté, y que sus pautas celebrativas tienen dinámicas internas que escapan a cualquier explicación dogmática.
-Este libro se fundamenta, tiene lugar en el primer franquismo, ¿por qué te centras en este período? ¿Por qué te paras en 1949?
-Me centro en el primer franquismo porque es el período fundacional del régimen y el que explica la larga duración de la dictadura. En esa larga década se asentaron las narrativas legitimistas del régimen, se depuró la oposición y se concretó la construcción política de un entramado histórico-cultural que identificaba al mismo Caudillo con España y a la Guerra Civil con la Pasión, muerte y Resurrección de la Patria, propia de las narrativas palingenésicas de los fascismos europeos. Así mismo, durante este período, se perfiló la figura del régimen a partir del combate entre las diferentes culturas políticas y tradiciones ideológicas que lo conformaron: falangistas fascistas, neofalangistas, católicos, tradicionalistas, conservadores, oligarcas, militares o aristócratas. En 1949, una vez superados los peligros de una intervención internacional que reestableciese las libertades, las narrativas y los imaginarios franquistas estaban totalmente consolidados.
-Es cuando el país se autoabastecía a sí mismo, vivió un período autárquico, ¿cómo crees que esto influyó, me refiero a esta característica, en la religiosidad popular y en el “zarpazo” que le dio Franco a la religiosidad?
-No hay que olvidar que el período de autarquía enriqueció a determinados grupos frente a una mayoría que sufrió la carestía. Esto quizá es relativamente fácil de comprender por nuestras circunstancias actuales. La crisis económica ha significado una gran concentración de capitales en pocas manos. Las narrativas sobre la religiosidad popular, hasta hace poco tiempo, explicaban el fenómeno a partir de la carestía. Sin embargo, fue un período especialmente significativo en la formación de nuevas hermandades y contratación de grandes proyectos artísticos. También se construyó la basílica en Sevilla de la Macarena. Por lo tanto, había dinero y lo tenían ciertas personas. Y, más importante, el dinero se gastó con fines simbólicos en obras de arte, imágenes, bordados y orfebrería, pues había una necesidad real de legitimación de la dictadura a partir de su vinculación emocional con las creencias populares de cada localidad.
Misa-de-campaña-con-la-Virg.jpg-¿Y en la creación y mantenimiento de ese” imaginario franquista” cómo influyó, crees, la autarquía?
-Sin ánimo de restar importancia al estado físico e incluso psíquico que puede generar en la población las políticas autárquicas, me decanto por darle más peso en los imaginarios franquistas a las narrativas antiliberales que conectaban el régimen con el imperio; a la legitimación y bendición de las instituciones eclesiásticas de las autoridades golpistas; a la asimilación entre el Caudillo, España y Cristo; a la apropiación de iconos religiosos resignificados como estudio en el caso de las patronas de Cáceres, Málaga o Granada; a la representación pública del orden del nuevo estado en celebraciones colectivas... Podría seguir con un largo etcétera que redundaría en la noción de la construcción de una memoria franquista como mecanismo primero y fundamental en su perpetuación política.
-Porque, tú cuando nos hablas de imaginario franquista lo haces mirando a la recreación de cierta parte de la población del “mito” en torno a Franco y a su régimen, ¿no?. Explícanos por favor.
-Por imaginarios franquistas –es importante el plural- entiendo el conjunto de narrativas, símbolos, discursos y prácticas historicistas y teleológicas que desplegó la dictadura en aras de su legitimación política y de la socialización de la población en torno a los principios constituyentes del Nuevo Estado. Es decir, el conjunto de imágenes, historias y conmemoraciones que dotaron de significado y legitimaron la irrupción en la historia de la Dictadura. Es el mecanismo mental por el cual un individuo o una comunidad pasó a aceptar y a convivir con el bando victorioso de la Guerra Civil. Hasta hace poco se pensaba que era la represión el principal mecanismo. Hoy sabemos que no sólo fue eso. Más que miedo, la dictadura buscó convencer, totalizar. Está claro que en el proceso de construcción de un imaginario también hay un fenómeno, aún por desarrollar, que es la recepción, aceptación, adaptación o rechazo de estas memorias públicas por parte de la sociedad.
Franco ocupó la centralidad de los imaginarios. Fue presentado como un enviado de Dios, de la providencia, como el resultado de una trayectoria histórica. No puede entenderse la dictadura sin el absoluto personalismo de su figura.
-Los mitos se construyen, también, gracias a los símbolos y Franco dio un buen empuje a la construcción de Cruces de los Caídos, lápidas que recordaban a “los caídos por Dios y por España”…Con eso él y solo él y los suyos se construían y reconstruían parte de la historia…la que se acerca a los que no se hacen más preguntas…¿Qué nos puedes comentar?
-Uno de los mecanismos más visibles del proceso de articulación de memorias fue la construcción de Cruces de los Caídos: icono de la simbiosis entre prácticas militares, fascistas y religiosas. También en el cambio del nomenclátor urbano, activando una férrea legislación sobre el olvido o demonización de la etapa republicana. Este conjunto de jalones, al que habría que sumar, por ejemplo, la articulación del calendario, el significado de los días festivos, las banderas o el control y resignificación de los rituales, contribuyeron a asentar la memoria oficial –qué fue el pasado y qué es el presente- y legitimar las autoridades franquistas. Pero el proceso no es exclusivo de las dictaduras. Previamente, la II República había llevado a cabo un intenso proyecto de socialización a partir de la construcción de un imaginario público; y el sistema político que surgió de la transición lo hizo a partir de la construcción de metarrelatos justificativos, con un innegable tono autocomplaciente y de alteridad respecto a lo anterior. Los trabajos de JuanSisinio Pérez Garzón son bastante ilustrativos al respecto. Este modelo lo apuntó Rousseau en el Contrato Social. Para la aceptación colectiva de un tipo de estado contractual, y en cierta medida todos lo son, comprendió la necesidad de reforzar estos vínculos a partir de nociones religiosas laicas. Por lo tanto, el mismo estado debería tomar de la Iglesia sus modelos simbólicos de legitimación para construir una sólida religión civil. El concepto evolucionó en la contemporaneidad hasta su máxima radicalidad con los totalitarismos y la formulación de las religiones políticas, conceptualizadas, entre otros, por Emilio Gentile. Los sistemas políticos actuales no pueden entenderse sin el reforzamiento de mecanismos simbólicos que hacen a la población partícipe de su modelo. Y ahí entra la construcción de imaginarios y memorias y los usos públicos de la historia.
-Se trataba de hacer que muchos que habían como dejado de lado el catolicismo volviesen sí o sí a la senda del mismo…él les daba rebaño  la Iglesia, anclaba al país al catolicismo y a cambio la Iglesia lo alzó casi a la categoría de “príncipe”, recordemos que iba bajo palio…
-Sin duda alguna, la Iglesia Católica salió a corto plazo ampliamente reforzada de la Guerra Civil. Contraria a las políticas laicistas de la II República y amenazada ante los ataques iconoclastas –conviene no confundir estos dos elementos-, la inmensa mayoría de sus prelados no tardó en sumarse al nuevo estado y dotarlo de una legitimidad sagrada. La más ilustrativa es la carta pastoral de Pla y Deniel sobre las dos ciudades, pero este alegato de lucha legítima de la Iglesia por la preservación de sus derechos naturales en España puede leerse desde mediados del siglo XIX. Las instituciones católicas salieron reforzadas política y económicamente, participaron activamente en la articulación política del régimen y bendijeron la represión y la legitimidad del franquismo. Otro debate sería si a la larga el posicionamiento incondicional de la Iglesia le ha restado fuerza ética una vez superada la dictadura. Pero es otro debate.
Las instituciones católicas también pugnaron con Falange por espacios de poder y representatividad. Lejos de lo que podemos percibir a simple vista, las élites políticas del franquismo mantuvieron una pugna ideológica interna durante toda la dictadura y finalmente la Iglesia se impuso como nacionalcatolicismo a la religión política laica de Falange. Si bien, el estado quedó impregnado de prácticas fascitizadas.
-La religión popular, ¿cómo asumió, de entrada, y cómo fue asumiendo paulatinamente que procesiones, misas a los patrones y patronas,  subidas a ermitas, celebraciones diversas… estuviesen tan impregnadas de aire que tenía que ver con el régimen, los militares, la fascistización…?
-Ésta es una cuestión clave que en el libro trato de abordar pero por su inaprensibilidad resulta metodológicamente complicado. Por religiosidad popular entendemos más bien un conjunto de prácticas que de creencias, con una fuerte carga espiritual pero principalmente identitaria, propiciatoria, representativa e incluso báquica. Sus dinámicas históricas dejan poco rastro pues se autorregulan con un sinfín de memorias y prácticas concebidas como tradicionales. Es por esto que poco podemos saber de la opinión de los cofrades. Conocemos la apropiación, militarización, fascistización y purificación de las autoridades –los cuatro puntos que planteo en mi trabajo- pero no la aceptación social. La dictadura pasó como un rodillo sobre el carácter popular de estas celebraciones durante el primer franquismo. Después el casticismo localista fue ganando territorio a los desfiles militares.
Puedo ofrecer dos ejemplos que lo constatan. En Sevilla, en 1928, el cardenal Ilundain intentó imponer un Hermano Mayor en la popular cofradía de la Macarena para evitar lo que consideraba una acuciante “falta de religiosidad.” El barrio se movilizó y fracasó en su tentativa. Apenas diez años después, el Cardenal Segura imponía al General Bohórquez como Hermano Mayor, que no contaba ni siquiera con antigüedad en la Hermandad, sin negativa conocida. Esos diez años explican la pérdida de popularidad de las celebraciones y la creciente purificación. El otro caso que quería comentarte es el de Cáceres. El alcalde durante la República, Antonio Canales, del PSOE, había participado activamente en el culto a la patrona, la Virgen de la Montaña, incluso nombrándola  patrona simbólica de la UGT. Iniciada la guerra, y a pocos metros de la iglesia donde la Virgen bendecía al bando sublevado, el alcalde fue asesinado al grito de Viva la Virgen de la Montaña. Son unos años claves. La Guerra Civil fue el acontecimiento fundacional del régimen, donde se encuentran todas sus raíces.
El Archivo Histórico Hispalense dedica este marzo su documento del mes al imaginero represaliado Antonio Perea, cuya historia ejemplifica estos acontecimientos.
Procesión-por-la-Victoria-d.jpg-¿Crees que todos los sectores vinculados a la Iglesia entendieron esta injerencia tan aberrante de Franco?; Por qué si alguien invadió fue Franco a la Iglesia a cambio de dejar hacer, pero para tener más control y a gran parte de la sociedad “controlada” y en un ambiente coartado en donde solo se hablaba de lo mismo y en el que el abanico de posibilidades era más bien escaso, corto y muy, muy manipulado…
-Hubo un antes y un después de la Guerra. Hasta las celebraciones de la Victoria, durante la batalla, la Iglesia se mantuvo totalmente alineada a los sublevados incluso escenificó con Falange una comunión de intereses que sólo algunos prelados como el Cardenal Segura tendieron a cuestionar. Sin embargo, una vez acabada la guerra y restablecido el orden del estado católico, se inició un nuevo conflicto entre los proyectos conservadores de raíz neocatólica y las respuestas fascistas a la modernidad basadas en la construcción de un nuevo orden laico en la que la religión sería política: la patria en todas sus dimensiones. Los conflictos se dieron con profusión a partir de 1939 y en el caso de la religiosidad popular se concretaron en los debates sobre si a los pasos de las cofradías se debía o no saludarlos a la romana. De fondo, pugnaban dos modelos diferenciados por la apropiación de lo popular: uno para purificarlo y otro para fascistizarlo. En cualquier caso, ambos para resignificarlo y limarlo de espontaneidad. La batalla, como decía anteriormente, la ganó la Iglesia, que tuvo que aceptar a cambio ciertas prácticas y significados fascistizados.
-De esta forma Franco se vale de la religión católica y de su fuerza, arraigo y dominio para “como anteponerse” él y sus necesidades, prioridades y proclamas y por lo visto, yo al menos eso creo, triunfa…al menos hasta bien pasado el tiempo de autarquía, de primer franquismo… ¿Qué piensas?
Concuerdo contigo. No se puede entender la figura de Franco sin la bendición de la Iglesia, que situó su figura por encima de cualquier santo, equiparándolo al mismísimo Cristo como un segundo enviado por Dios para restablecer el orden cristiano en España, la tierra y el pueblo escogido por la providencia. El 20 de mayo de 1939, Franco celebró una misa de acción de gracias en la basílica madrileña de Santa Bárbara para las que mandó traer el Arca Santa de la catedral de Oviedo con las reliquias de Pelayo, las cadenas de Las Navas de Tolosa, elementos conmemorativos de la batalla de Lepanto, el estandarte del Cid, de Fernando II El Santo y de los Reyes Católicos y la Cruz Victoriosa de Alfonso III. En el confluía la historia patria y la gracia de Dios.
-¿Cuándo empiezan a haber algunas grietas en este plan tan bien concebido del dictador que utilizó a la Iglesia…?
Las grietas entre las diferentes familias políticas del régimen se hicieron visibles tras la Victoria. Sin embargo, como apuntábamos, la Iglesia salió reforzada y las voces críticas se cuentan con los dedos de una mano. El cambio va a llegar, según mi punto de vista, con la convocatoria del Concilio Vaticano II. En ese momento se va a producir una fuerte escisión entre una iglesia joven y cosmopolita y una iglesia nacional que había vencido en la Guerra Civil y cuyos principios se adaptaban a las necesidades del nuevo estado.
-Pero la Iglesia también sacó partido. ¿Cómo lo ves? (Creo que en todo esto también tuvieron mucha fuerza---salvo en el tema que miraban a la Monarquía con añoranza--- los Carlistas y Mola….aunque Mola estuviese ya “desaparecido en combate” y de la escena pública por su muerte en el accidente aéreo y el Carlismo, luego entró en cierto “impase” del que creo no logró salir, ya que creo Franco los detuvo en cierto laberinto y “trampa “… ¿Qué lectura puedes hacernos?
En este tema no puedo aportarte mucho más de lo publicado por solventes especialistas. Son cuestiones que continúan siendo investigadas y desarrolladas y en las que probablemente se unieron las dotes de liderazgo con el Caudillo con ciertas circunstancias azarosas. La historiografía en las últimas décadas ha cuestionado de manera contundente la escasa inteligencia del Caudillo. A diferencia del resto de dictadores europeos, se mantuvo en el poder omnímodo adaptándose a cambiantes contextos mundiales de forma camaleónica.
-Amigo, ¿cómo fue el proceso de documentación para la realización de este trabajo?; ¿y cómo lo trabajaste, cómo fue tu metodología de trabajo?
El proceso de documentación se demoró durante casi un lustro pero fue muy gratificante. Para un historiador es el trabajo más preciado, en el que te encuentras con las fuentes y la bibliografía y tratas de vislumbrar un sentido explicativo a los acontecimientos. Tuve la suerte de contar con excepcionales maestros y compañeros del oficio que me facilitaron el trabajo. También me aproveché de la paulatina digitalización de periódicos de la época. Lo mejor del proceso fue la investigación fotográfica. En los archivos municipales de Cáceres, Sevilla y Málaga encontré imágenes cuya fuerza explicativa supera con creces los argumentos que yo pueda esgrimir. También quiero destacar el trabajo de Antonieta Benítez, del servicio de publicaciones de la Diputación de Badajoz. Ella vislumbró la portada de un cartel de las fiestas de primavera de Juan Miguel Sánchez de 1929 que resume de forma excepcional las conclusiones del libro: los imaginarios franquistas se apropiaron y resignificaron unas celebraciones coloristas. Como apuntara Núñez de Herrera en su magistral Teoría y realidad de la Semana Santa: “No se trataba de Largo Caballero. Pero, ¡cuidado!, tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.”

Fotos:
1.- Coronación canónica de la Virgen de la Victoria, en febrero de 1943 (Archivo Municipal de Málaga, Área de Cultura)
2.- Misa de campaña con la Virgen de la Montaña en abril de 1937 (Archivo Histórico Municipal. Ayuntamiento de Cáceres)
3.- Procesión por la Victoria del Gran Poder el 3 de mayo de 1939 (Fototeca del Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla. Fondo Serrano)



Sin-título-1.jpg22476Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular (1936-1949). César Rina Simón
248 páginas      23 x 16 cms.
14,50 euros
Diputación de Badajoz


Este ensayo historiográfico pretende reconocer los mecanismos de
legitimación de la dictadura franquista a partir del análisis de las
tensiones y los consensos de sus diferenciadas culturas políticas en
el marco festivo de la religiosidad popular. El análisis se centra en
tres procesos: la recatolización del espacio público con cruces de
los caídos, misas de campaña y procesiones; la militarización y
fascistización de celebraciones de raigambre popular y la
purificación por parte de las instituciones católicas de prácticas
heterodoxas, sensuales o báquicas. De esta forma, el franquismo
se valió de un conjunto de rituales y creencias de fuerte arraigo en
las comunidades locales para consolidar imaginarios que vincularon
al nuevo Estado con la providencia y la tradición católica de la
nación.


Un estudio sobre el franquismo y la religiosidad gana el Premio 'Arturo Barea' de la Diputación de Badajoz

Europa Press

Un estudio sobre el franquismo y la religiosidad popular desarrollado por el cacereño César Rina ha ganado el Premio Arturo Barea de la Diputación de Badajoz, que incluye la publicación de este trabajo que abarca desde 1936 a 1949.

El presidente de la Diputación de Badajoz, Valentín Cortés, ha hecho entrega este jueves de un cheque de 8.000 euros a César Rina Simón como ganador de este premio que auspicia la institución provincial desde que naciera en 2002 para sacar a la luz hechos históricos de la región referidos a la primera mitad del siglo XX en aras de dar a conocer periodos "ocultos" durante la dictadura franquista.

El jurado del 'Arturo Barea' 2014, integrado por Emilio La Parra, Enrique Moradiellos, Miguel Ángel Melón, Francisco Muñoz, Javier Bodas y José María Lama decidió por unanimidad tras una breve deliberación otorgar el galardón a dicho texto que propone, según su autor, reconocer los "mecanismos de control" y las "tensiones" entre los imaginarios diferenciados en el franquismo, así como explicar los métodos de resistencia de los promotores y participantes en la religiosidad popular".

DEDICADO AL PROPIO ARTURO BAREA

En su intervención en este acto, Rina Simón ha explicado que este trabajo está dedicado a tres figuras, a Arturo Barea, a Antonio Núñez de Herrera y a Manuel Chavez Nogales, quienes tenían "vidas similares" y una "percepción de la II República, de la religiosidad popular similares" y que han sido "fundamentales" para el desarrollo de este estudio denominado 'Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular (1936-1949)'

Sobre el mismo, José María Lama ha ahondado en que, a partir del reconocimiento de las manifestaciones religiosas populares como "hechos totalizadores de gran carga simbólica", el autor "detalla los procedimientos del franquismo y del nacionalcatolicismo para apropiarse, durante la guerra y la posguerra, de esas manifestaciones".

RECATOLIZACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO

En opinión de Lama, este trabajo se centra en tres fenómenos que "a su vez son ejes vertebradores del texto, recatolización del espacio público, militarización y fascistización de las celebraciones y purificación de los elementos heterodoxos y festivos", a la vez que centra el análisis en Extremadura, particularmente en Cáceres, y en Andalucía, sobre todo en Sevilla, Málaga y Granada, "aunque las características del estudio permite extrapolar sus conclusiones a toda la España de entonces".

Igualmente, ha agradecido en nombre del jurado la reivindicación que se hace en este texto de un extremeño, "casi completamente olvidado", Antonio Núñez de Herrera, periodista natural de Campanario y autor de una de las obras clásicas sobre la religiosidad popular 'Teoría y realidad de la Semana Santa' publicada en Sevilla en 1934, ante lo cual ha puesto en valor que 80 años después otro extremeño se convierte en continuador de su obra.

AMPLIACIÓN DE LOS LÍMITES TEMPORALES

Por su parte, Valentín Cortés ha incidido en que, aunque este galardón haya ampliado sus límites temporales al siglo XIX y XX español, no ha perdido su "coherencia" y "sigue siendo un instrumento útil para fomentar la investigación extremeña".

Al respecto ha lamentado que la investigación ha experimentado "terribles recortes" y también la cultura, pero que la Diputación pacense mantiene su "compromiso, humilde" pero "firme" en los mismos a través de iniciativas como este galardón o el aumento de las partidas culturales en los presupuestos del próximo año de la institución.

BIOGRAFÍA DEL GANADOR

Nacido en Cáceres en 1986, César Rina Simón es licenciado en Historia con grado por la Universidad de Extremadura, donde obtuvo el premio extraordinario fin de carrera y ha sido profesor de la Universidad de Navarra. Actualmente es becario en Lisboa de la Fundación Gulbenkian.

Ha escrito el estudio histórico 'La construcción de la memoria franquista en Cáceres. Héroes, espacio y tiempo para un nuevo estado, 1936-1941' y de su labor como historiador hay también muestra en revistas especializadas, donde ha escrito acerca de los imaginarios franquistas en Cáceres, la simbología en el espacio urbano, la transición o el iberismo.

Rina, además, es poeta y autor de los libros de poemas y relatos 'Capital de Mongolia: Ulán Bator' y de 'Mediterráneas. Ensayo de poesía popular' y ha participado en el volumen colectivo de poesía 'La niña bonita'.


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