dimarts, 10 de juliol de 2018

A dos metros bajo tierra

http://guerraenlauniversidad.blogspot.com/2018/07/a-dos-metros-bajo-tierra.html


lunes, 9 de julio de 2018


Josu limpia cuidadosamente un nivel de la Guerra Civil a más de dos metros de profundidad.

Muy cerca de las ruinas del Asilo de Santa Cristina decidimos excavar un sondeo con pala excavadora para encontrar la trinchera que comunicaba el sector del Clínico con la retaguardia franquista. Como ya comentamos, no hemos sido capaces de dar con la trinchera (por ahora), pero a cambio encontramos un nivel de la Guerra Civil sepultado a gran profundidad -cerca de dos metros y medio desde la superficie actual.

Restos de pantalón. 
 
Es algo misterioso. Se trata de una capa de tierra grisácea llena de detritos relacionados con la guerra. Por ahora hemos hallado los restos de una o más ventanas hechas añicos (seguramente del asilo), dos o tres botas militares, restos de lo que parece una camisa y un pantalón militar y fragmentos de un botijo. Y todavía puede quedar bastante por descubrir. 

 El estrato misterioso, bajo una gran capa de arcillas y arenas estériles.

Todo indica que el sellado se llevó a cabo nada más terminar la guerra ¿Por qué pensamos esto? Primero, porque si el nivel de la Guerra Civil hubiera quedado en superficie lo habrían lavado las escorrentías y no se conservaría nada o prácticamente nada. Segundo, porque está cubierto por un depósito de arenas y arcillas estériles de en torno a un metro de potencia que a su vez se encuentran selladas (y esta es la clave) por escombro del asilo (ladrillos macizos y teja) entre los que aparece mezclado material de guerra, particularmente un proyectil artillero de 77 mm completo. Es evidente que esta última capa tuvo que depositarse en un momento temprano, no posterior a 1940. En las fotos aéreas tomadas al poco de acabar la guerra se puede ver ya el pabellón del asilo que estamos estudiando en proceso de demolición.

El esmero que se puso en sepultar este nivel de la Guerra Civil es intrigante, sobre todo si pensamos que a unos pocos cientos de metros, en el Cerro de los Locos o en Puerta de Hierro todo el sistema de trincheras republicano quedó a la vista. Y así sigue en la actualidad. 

Existe una explicación funcional y otra simbólica que no son incompatibles. La funcional es que la zona del Asilo de Santa Cristina era en 1939 un queso de gruyère de cráteres, túneles, minas, refugios y bombas sin explotar. Una topografía bien peligrosa y al lado del centro de Madrid que convenía sellar cuanto antes. Esta es sin duda la motivación principal para rellenar de tierra tan rápido toda la zona.

Pero es posible que las razones simbólicas no se hallaran del todo ausentes. El campo de batalla del Clínico, como decía, estaba demasiado cerca de la Ciudad. Hubo intentos de musealizarlo en 1939 que se abandonaron rápidamente por decisión de Franco, que no estaba mucho por el patrimonio experimental y la arqueología contemporánea. Se optó así pues por una escenografía monumental y selectiva, mucho más convencional, para recordar la Cruzada, que es la que domina el paisaje de Moncloa actualmente: grandes edificios, arco de triunfo, capilla de los mártires, etc. 

La victoria en la guerra se utilizó para legitimar al régimen de Franco desde el comienzo hasta el final de la dictadura. Pero la guerra que quería recordar el régimen era una totalmente sublimada: la de los arcos de triunfo y las cruces a los caídos, sin olor a cadáver. La guerra real, con sus cráteres y ruinas, alambre oxidado y fosas, nunca fue del agrado de la dictadura - comprensiblemente. Por eso solo dos pueblos más bien remotos, Belchite y Corbera, se conservaron oficialmente como ruinas de guerra (o más bien se abandonaron a su suerte).Por eso también las fosas comunes militares desaparecieron muy rápidamente del paisaje de España, sustituidas por ese lugar sublimador por antonomasia y bien apartado del frente que es el Valle de los Caídos. 

El Hospital Clínico como lugar de memoria nada más acabar la guerra. 

La memoria material del Clínico era demasiado ambigua: un lugar de resistencia heroica de legionarios y regulares, pero también un lugar de derrota, porque las tropas sublevadas nunca consiguieron tomar Madrid por las armas. Por eso, quizá, los memoriales espontáneos en la zona, que realizaron veteranos y camaradas de los caídos, desaparecieron enseguida y el lugar dejó de formar parte de la memoria oficial del régimen relativamente pronto, al menos de forma efectiva. 

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que las ruinas están muy relacionadas con la política de la presencia: es importante recordar allí donde sucedieron los hechos históricos, las tragedias y las victorias heroicas (como se puede ver en la imagen superior). La retórica de la presencia es algo muy fascista, que cultivaron tanto nazis como fascistas italianos. El régimen de Franco se apartó de este tipo de prácticas ideológicas desde 1943 y recurrió a formas mucho más tradicionales y decimonónicas de recuerdo, como monumentos, capillas y placas, por lo general sin relación directa con los lugares donde ocurrieron los hechos históricos. 

Se puede por lo tanto decir que el olvido actual de la zona del Clínico, un lugar imprescindible para entender la guerra en Madrid es un legado de las políticas de memoria del Franquismo desde mediados de los años 40. La historia permanece oculta a dos metros bajo tierra. Y nosotros nos empeñamos en sacarla a la luz.