divendres, 13 de febrer de 2015

El primer feminismo en España


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“El feminismo ha sido, como movimiento social, una de las manifestaciones históricas más significativas de la lucha emprendida por las mujeres para conseguir sus derechos. Aunque la movilización a favor del voto, es decir, el sufragismo, haya sido uno de sus ejes más importantes, no puede equipararse sufragismo y feminismo. Este último tiene una base reivindicativa muy amplia que, a veces, contempla el voto, pero que, en otras ocasiones, también exige demandas sociales como la eliminación de la discriminación civil para las mujeres casadas o el acceso a la educación, al trabajo remunerado (…)”
NASH, Mary y TAVERA, Susana
Experiencias desiguales: Conflictos sociales y respuestas colectivas (Siglo XIX)
Madrid, 1995, Ed. Síntesis
En esta ocasión la curiosa, pero detenida y paciente, mirada de Hipatia les invita a adentrarse, aunque sea a grandes rasgos, en aquel naciente feminismo que despertó en la sociedad española y, al cual, le debemos las conquistas realizadas durante el siglo XX.
Para ello, retrocedemos nuestros pasos hasta el Antiguo Régimen, donde las desigualdades jurídicas en la sociedad eran la base fundamental de misma estructura y, que permitía la supervivencia del sistema. Inscritos en una sociedad vertical, jerarquizada, la aristocracia gozaba de una multitud de privilegios como exención fiscal, monopolio de los altos cargos públicos, leyes y tribunales especiales; situación muy contraria a la vivida por la gran mayoría de la población, lo que se llamó como el tercer estado, el pueblo llano. Otra de las características del Antiguo Régimen y que garantizaba la perpetuidad del mismo eran la ausencia de derechos políticos, el voto, y libertades tan cotidianas hoy como el derecho de reunión, expresión o religión, entre otras. Estas desigualdades sociales y políticas eran mayores si hablamos de la situación de las mujeres, quienes quedaban circunscritas al ámbito de lo doméstico, a las labores de la casa, de la procreación y del cuidado de los hijos. La mujer siempre era tutelada, quedaba así subordinada a la figura masculina.
Con el estallido de la Revolución Francesa en 1789 y, las demás revoluciones liberales- burguesas se buscó la igualdad jurídica y, la conquista de derechos políticos e igualdades, pero, siempre desde el punto de vista de los hombres, por tanto, excluyendo a la otra mitad de la sociedad. Las mujeres no entraban dentro del marco legal de estas conquistas. Uno ejemplo de ello son los propios “Derechos del Hombre y del Ciudadano” que proclamaba la Revolución Francesa, donde se referían en exclusiva al hombre y, no al conjunto de los seres humanos. La mujer continuaba relegada a un segundo plano dentro de un sistema patriarcal que la excluía y la seguía considerando una menor de edad sin derecho a voz ni voto. Las diferentes revoluciones y el liberalismo, así como la sociedad industrial, tan solo abrió el camino de las mujeres hacia el trabajo, en fábricas y minas, pero en condiciones de extrema explotación y desigualdad.
 Sin embargo, fue a partir de aquel momento, tras las sucesivas revoluciones cuando en Europa Occidental se inicia un movimiento que lucha por la igualdad de la mujer y su liberación, el feminismo. Durante ese período, el principal objetivo del movimiento de las mujeres fue la consecución del derecho de voto. Nacía así el movimiento sufragista.
En España
“La mujer casada no disponía de autonomía personal o laboral, tampoco tenía independencia económica y ni tan siquiera era dueña de los ingresos que generaba su propio trabajo. Debía obedecer al marido, necesitaba su autorización para desempeñar actividades económicas y comerciales, para establecer contratos e, incluso, para realizar compras que no fueran las del consumo doméstico. La ley tampoco reconocía a las trabajadoras casadas la capacidad necesaria para controlar su propio salario y establecía que éste debía ser administrado por el marido. El poder del marido sobre la mujer casada fue reforzado, además, con medidas penales que castigaban cualquier trasgresión de su autoridad: por ejemplo, el Código Penal estableció que la desobediencia o el insulto de palabra eran suficientes para que la mujer fuera encarcelada. Asimismo, el doble estándar de moral sexual le permitía al hombre mantener relaciones sexuales extra-matrimoniales y se las prohibía de forma tan tajante a la mujer que las diferencias quedaron explícitamente manifiestas en la legislación relativa al adulterio y a los crímenes pasionales. El Código Penal establecía que si el marido asesinaba o agredía a la esposa adúltera o al amante de ésta, al ser sorprendidos, sólo sería castigado con el destierro durante un corto espacio de tiempo. En la misma situación, las penas impuestas a la mujer eran mucho más severas: al ser considerado parricidio el asesinato del marido, la sentencia era siempre prisión perpetua.”
NASH, Mary y TAVERA, Susana
Experiencias desiguales: conflictos sociales y respuestas colectivas (Siglo XIX)
Madrid, 1995
Ed. Síntesis
“Desde ‘mujer casada, la pierna quebrada’, son innumerables los refranes españoles que limitan la actividad de la mujer al círculo de los quehaceres domésticos, y, en nuestra clase media, esta idea está profundamente arraigada (…) la preparación de la mujer para algo que no sea estrictamente el matrimonio, aparece todavía, a la mayoría de las gentes como una cosa insólita y que, no sólo no debe ser tomada en consideración, sino que debe ser severamente reprobada o –lo que es peor- ridiculizada (…)”
NELKEN, Margarita
La condición social de la mujer (1919)
Madrid, 1975
“Como son los hombres para lo público, así las mujeres para el encerramiento; y como es de los hombres el hablar y el salir a la luz, así dellas el encerrarse y encubrirse”,
Fray Luis de León.

El feminismo llegó de una forma más tardía a nuestro país. El desarrollo del feminismo en España atiende a la evolución política del país, y sus características: voto censitario, adulteración de elecciones y protagonismo del ejército en los diferentes pronunciamientos, entre otros. En la agitada vida política española del siglo XIX la figura de la mujer no tenía cabida. La situación en España fue muy distinta a la vivida en otros países europeos, de ahí, que la historia del feminismo en nuestro país centrase sus primeras líneas de actuación en reivindicaciones de tipo social, como el derecho a la educación o al trabajo y la revalorización de la figura de madre y esposa, y no en demandas de igualdad política como el voto. En este incipiente feminismo influenciaron el escaso desarrollo industrial, la poca influencia de la Ilustración, el arraigo de la Iglesia Católica y la fuerte división entre la esfera pública y la privada, donde en esta última quedaba inscrita la mujer, ese perfecto ángel del hogar. Bajo este ideal de la domesticidad, el género masculino creó su propia situación de superioridad, frente a la construcción de un arquetipo femenino, edificado bajo ese modelo de ángel del hogar o dulce esposa. La invisibilidad de la mujer en la sociedad era total.
Este primer feminismo no se centró en reivindicaciones políticas, como el derecho de sufragio, sino que se basó en demandas sociales. Asimismo, la Iglesia fomentó un feminismo católico que perpetuaba los roles femeninos a través de una exaltación de sus funciones dentro de la sociedad, que evidentemente, quedaban restringidas al ámbito de lo privado, de lo doméstico.
En este primer feminismo destacarán fundamentalmente Concepción Arenal (1820‐1893) y Emilia Pardo Bazán (1851‐1921). Concepción Arenal escribió gran cantidad de obras a través de las que criticó la sociedad de aquella época y el rol que se le otorgaba a la mujer de madre y esposa con sus consiguientes dificultades para acceder a los estudios. Por otra parte, Emilia Pardo Bazán denunció y criticó la desigualdad educativa vigente entre hombres y mujeres, y el sexismo en los círculos intelectuales. Fundó y dirigió la publicación La Biblioteca de la Mujer, y aunque fue rechazada tres veces para formar parte de la Real Academia Española de la Lengua, sí logró ser la primera mujer que ocupaba una cátedra de literatura neolatina en Universidad Central de Madrid.
Tan solo fue en el terreno educativo fue donde más avanzó este primer feminismo español. Las iniciativas del Krausismo, 1850, y de la Institución Libre de Enseñanza, 1876, buscaban un avance en la educación y la enseñanza y, en este ideario se incluía la figura de la mujer, aunque siempre enfocado a un sector determinado de la sociedad, ya que era un sistema educativo bastante elitista. No obstante, el modelo varió poco y en las escuelas se siguió trasmitiendo pautas de comportamiento basadas en la función doméstica de la mujer, concebida como ángel del hogar, y cuya labor se centraba en los quehaceres domésticos y el cuidado de la familia.
A pesar de existir estas corrientes, había una gran resistencia a la generalización de la enseñanza femenina. De hecho, a lo largo de todo el siglo XIX, el analfabetismo femenino se mantuvo en tasas enormemente altas en muchas zonas a fines de la centuria. Este factor, así como la política del país, el papel de la Iglesia, y la escasa incorporación de la mujer en el mundo laboral dificultaron la irrupción del feminismo en la vida de las mujeres españolas. No será hasta principios del siglo XX cuando hablemos de un movimiento colectivo de emancipación femenina. Habría que esperar a la proclamación de la Segunda República Española para que la mujer alcanzase el derecho al voto así como otros derechos y libertades, hasta la fecha negados.
Por ello, quisiera recalcar la importancia que tiene que sigamos luchando contra la violencia de género y, la discriminación de la mujer allá donde ésta tenga lugar, porque para construir una sociedad democrática es crucial la plena igualdad de todos los sujetos que la forman.
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Por Arantxa Carceller