divendres, 11 de novembre de 2016

Los de la mulita roja. Encarnita Simoni Riba. El periplo de una familia durante la Guerra Civil española a través de sus cartas.




La Librería de El Sueño Igualitario

El periplo de una familia durante la Guerra Civil española a través de sus cartas

24706

Los de la mulita roja. Encarnita Simoni Riba
214 páginas 17 x 24 cms.
15,00 euros
Centro de Estudios Bajoaragoneses


‘Los de la mulita roja’, de Encarnita Simoni Riba, narra las vicisitudes de una familia de Cretas (Teruel) en la guerra civil

El Cesba incorpora otro título a su colección ‘Memorias bajoaragonesas’

La estampa de una familia atravesando los Puertos de Beceite con una mula de color rojo cargada con cuatro niños de corta edad y con los pocos enseres que pudieron rescatar durante la estampida humana que siguió a la caída del Frente de Aragón ha dado nombre al libro que ayer presentó en Alcañiz el Centro de Estudios bajoaragoneses (Cesba): Los de la mulita roja. El periplo de una familia durante la Guerra Civil española a través de sus cartas. Ésta es la primera obra individual de Encarnita Simoni Riba, coautora junto con su marido, Renato Simoni, de un trabajo de investigación titulado Queretes, la col.lectivització d"un poble aragonés durant la Guerra Civil (1936-1938), publicado en 1984 también por el Cesba.

Uno y otro no tienen nada que ver, aunque el segundo parte de las entrevistas que la autora realizó a parte de su familia durante aquel trabajo inicial y de las cartas que halló en la casa familiar diez años después de fallecida su madre, quien ocultó a sus hijos-sólo ella sabrá por qué razones- las epístolas que intercambió con su marido y sus hermanos durante la contienda.

Esa correspondencia que la madre de Encarnita conservó bajo llave es lo que ha servido a la autora para construir un relato que parte en los años previos a la guerra civil, cuando la familia intentaba abrirse camino viajando de un lado a otro, pasando por los periplos de la guerra y terminando con la dureza y humillaciones de la posguerra que llevaron a la mater familias a quedar recluida en su domicilio para siempre.

Las 70 cartas que intercambió la familia durante esos años son el hilo conductor de esta historia de vida de una familia común española que el Cesba ha incorporado a su colección Memorias bajoaragonesas. Es el sexto título. Algunos de los anteriores fueron dedicados a Galo Leoz (el primero), a Raimundo Suñer (cuarto) o a Angelina Bel (quinto).

Durante la presentación del libro, la autora se mostró "honrada" por "poder publicar en esta colección la historia vital de la familia" en la que "no hay batallas ni tensión, porque todos los protagonistas sobrevivieron a la guerra". Por su parte, el director del Cesba, Ignacio Micolau, consideró que esta obra "gustará, porque recoge a una escuela de historiadores a los que les interesa la memoria histórica de las personas, pero no la de grandes protagonistas, sino la de la gente común, lo que refleja perfectamente el devenir de una época histórica".

El Cesba ha hecho una tirada de 750 ejemplares de este sexto título de su colección. Además de los fragmentos de las cartas intercambiadas entre los miembros de la familia, el libro -bajo el cuidado diseño del diseñador Terès&Antolín- incorpora imágenes de la vida familiar y de aquellos lugares por los que transitaron sus protagonistas durante los años de la guerra.

Los de la mulita roja es un homenaje a aquellas personas y familias que transitaron de un lugar a otro durante el drama que marcó a miles de familias españolas. Es, según narra el autor del prólogo, Pere Muñóz Hernández, "un homenaje al papel de las mujeres en la retaguardia y una evocación de la represión de las víctimas durante la posguerra, ejemplificadas en las vicisitudes, aventuras y desventuras de la madre coraje que hay detrás de toda la familia".

A los 15 años se dio cuenta de que si no salía de su pueblo no podría cumplir el anhelo de su vida: estudiar. Su madre cedió y la dejó partir camino a Suiza, donde trabajó como niñera en casa de una mujer que con el tiempo la ayudó a matricularse en la escuela de Magisterio. Movida por una fuerte vocación por conocer la historia propia, en 1984 publicó junto con su marido el libro Cretas, la colectivización de un pueblo aragonés durante la guerra civil española. Treinta y dos años después vuelve a las andadas, esta vez en solidario, con Los de la mulita roja. El peripo de una familia durante la Guerra Civil española a través de sus cartas. La historia de su familia.

-¿Este libro tiene algo que ver con el primero?

-Este libro narra la historia de mi familia, una historia en la que no aparezco, porque nací más tarde. Es la historia de mi abuela materna y sus dos hijos adolescentes, de un tercer hijo al que la guerra cogió haciendo el servicio militar en Madrid; también la de mi madre, que ya estaba casada y tenía un niño de siete y otro de tres en aquel momento, y la familia de un hermano de mi padre con su esposa, con un bebé de ocho meses y una niña de cinco. En marzo de 1938, cuando se rompe el Frente de Aragón, las tres familias estaban recogiendo olivas en una masía de Cretas. Por miedo a las tropas de Franco salieron de allí en dirección a Cataluña con una mula roja en la que cargaron sus pertenencias, cuatro niños de 8 meses a 7 años, un hurón, un reclamo de perdiz, una cabra y así cruzaron los Puertos. De ahí el nombre del libro.

-¿Qué la empujó a escribir?

-La correspondencia que encontré tras el fallecimiento de mis padres. Eran 70 cartas que se intercambiaron mi padre y mi madre cuando él estaba en el frente. Estas cartas son la segunda parte del libro. La primera abarca los años previos y la tercera trata de la posguerra, con el regreso de mi padre al pueblo, los meses del campo de concentración para mi padre y algunas humillaciones que marcaron a mi madre para toda la vida. Es la parte del hambre.

-Su madre nunca le habló de las cartas ¿Cuándo las encontró?

-Posiblemente unos 10 años después de fallecidos los dos. Cuando hicimos el trabajo sobre la colectivización en Cretas le preguntamos, pero mi madre, aunque nos decía que se escribían, se reafirmaba en que no guardaba la correspondencia.

-¿Por que cree que lo hizo?

-No lo sé, quizá por vergüenza a que viéramos que mi padre tenía muy mala ortografía, aunque muy buena caligrafía, quizá porque no le daba importancia a las cartas, por pudor... Cuando las encontré pensé que leerlo era como profanar algo que ella no había querido darme. Pero no había nada íntimo en ellas, porque al fin y al cabo aquella correspondencia estaba destinada a ser leída en voz alta ante toda la familia. Con ello, con las entrevistas que tenía del primer trabajo y varias biografías me decidí a darles luz pensando en distribuirlo entre los parientes. Pero el Centro de Estudios Bajoaragoneses tiene una colección de memorias de gente común y he tenido la suerte de que la publiquen.

-¿Qué le ha aportado?

-Mucha emoción, sobre todo al leer cada carta de mis padres. Es un material interesante, y hemos logrado darle una estructura y dejar que los protagonistas tengan la palabra, respetando lo que habían dicho y escrito. A través de cartas, entrevistas y dos memorias se ha construido el libro y he intercalado cuadros históricos sobre los acontecimientos cercanos.

-¿En casa había fuertes convicciones políticas?

-No. Mi padre participó en la colectivización del pueblo cuando llegó a Cretas en febrero de 1937, pero no estuvo en los momentos críticos, cuando hubo fusilamientos en 1936. Incluso un amigo suyo fue fusilado. Él se incorporó a filas cuando lo llamaron. Mi madre sí quedó más marcada por la experiencia de la colectivización. Ella conservó toda su vida la idea de que aquella sociedad podría haber sido justa. Creo que dejarme emigrar a Suiza a los 15 años para darme una vida mejor fue fruto de aquella idea.

-¿Por qué tomó la decisión de marcharse del pueblo?

-Porque quería tener nuevas oportunidades.

-Fue muy valiente.

-En realidad me gustaba el pueblo, pero sabía que en casa no había dinero para que yo estudiara, porque sólo teníamos una finca en casa. Y en Suiza hice las américas. Mi madre me dio permiso para un año, y ése año se prolongó en otro. La señora con la que trabajaba le dijo a mi madre que si le daba permiso me haría estudiar Magisterio, y así fue. No podía negarse, porque ella siempre había leído, estudiado y durante toda su vida había querido saber.

¿Para qué ha de servir este libro?
-Es una página, un ejemplo de una familia humilde, común como tantas otras, que vivió el torbellino de una guerra, que sufrió mucho y vivió modestamente.

Diario de Teruel (Maribel Sancho Timoneda)



24706
Los de la mulita roja
Encarnita Simoni Riba
214
15.00
Centro de Estudios Bajoaragoneses