diumenge, 17 de juliol de 2016

Cómo las herencias de la Guerra Civil y del franquismo marcan la España actual.


http://www.latercera.com/noticia/mundo/2016/07/678-689155-9-como-las-herencias-de-la--guerra-civil-y-del-franquismo-marcan-la-espana-actual.shtml



Hace menos de 10 años se inició la remoción de estatuas de Franco y la búsqueda de fosas comunes.

Pedro Schwarze17 de julio del 2016 / 03:30 Hrs


Ninguno de los líderes de los cuatro partidos españoles más votados en las elecciones del 26 de junio había nacido para la Guerra Civil (1936-1939). Sólo uno de ellos, el primer ministro en funciones y líder del Partido Popular Mariano Rajoy, quien nació en 1955, vivió los años de la posguerra. El socialista Pedro Sánchez nació en 1972, en los años finales del régimen franquista (1939-1975). En cambio el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el de Ciudadanos, Albert Rivera, lo hicieron cuando Francisco Franco ya era historia y España construía su democracia: Iglesias nació en octubre de 1978, dos meses antes de que entrara en ejercicio la nueva Constitución del país, y Rivera, en noviembre de 1979, ocho meses después de esas primeras elecciones en democracia.
Sin embargo, todos ellos y buena parte de la escena política española se ha desarrollado, de una u otra manera, bajo los influjos de la Guerra Civil, de cuyo inicio ahora se cumplen 80 años. Tantos sus abuelos y/o sus padres vivieron esos años y sólo en el último período parece estar, de alguna manera, dejándose atrás ese pasado trágico. Mal que mal, el surgimiento de dos formaciones como Podemos y Ciudadanos y el fin del bipartidismo es un quiebre con la transición y las primeras décadas democráticas, ambas marcadas por el trauma de la guerra y la dictadura (que tuvieron en el intento de golpe de 1981, su demostración más fehaciente). Sin embargo, es difícil separar las herencias del pasado con la -hasta ahora- negativa radical de los mayores partidos (PP y Psoe) a negociar y posibilitar una gran alianza de gobierno “a la alemana”.
“Yo creo que queda mucho de Franco” en la España actual, considerando que en ese país “no se pudo hacer el contralavado de cerebro”, como sí se hizo en Alemania, Italia y Japón, por la derrota de sus respectivos fascismos por ejércitos extranjeros” donde sí “hubo un proceso de desnazificación”, explicó a La Tercera el hispanista británico Paul Preston el año pasado, autor de libros sobre la Guerra Civil, una aclamada biografía de Franco y otra del Rey Juan Carlos.
Para poder avanzar en la democracia, la transición política española -liderada por Adolfo Suárez, pero con el respaldo del Rey Juan Carlos e incluso del comunista Santiago Carrillo- decidió no centrarse sobre las cuentas pendientes del pasado, es decir, en los crímenes durante la guerra y la dictadura, para poder avanzar en la democracia. Durante los primero años de democracia se aprobaron una serie de decretos y leyes para tratar compensar las penalidades y sufrimiento de los miembros del bando republicano durante la guerra (la dictadura de Franco investigó y condenó severamente los hechos delictivos cometidos en la zona republicana) o la prisión en la época franquista. Pero nada de buscar responsables por esos crímenes.
“Era la mejor transición posible en esas circunstancias. La gente que hoy empieza a quejarse de la transición se olvida del contexto en que se hizo. Porque cuando murió Franco, España tenía unas Fuerzas Armadas cuya prioridad era defender a España no del enemigo exterior, que es su función normal, sino del supuesto enemigo interior, es decir, la izquierda, los demócratas”, destacó Preston.
Durante el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), en 2007 se aprobó la llamada Ley de Memoria Histórica, que reconoció como injustos los juicios políticos durante el franquismo, estableció ayudas para las víctimas de la represión, apostó por la búsqueda de fosas comunes de esos años, estableció el retiro de los símbolos franquistas de edificios y espacios públicos, se ordenó la despolitización del Valle de los Caídos (donde está la tumba de Franco, además de unos 30.000 combatientes de la Guerra Civil) y otorgó nacionalidad española a los brigadistas internacionalistas y a los hijos y nietos de exiliados españoles.
Con esto, y con no pocas críticas de uno y otro sector, se inició una serie de remociones de estatuas y placas de Franco y referidas a su período, y se dio comienzo a excavaciones por todo el país en la búsqueda de los restos de muertos en la Guerra Civil y durante la dictadura.
Preston discrepó con ese revisionismo histórico de sacar estatua y placas del franquismo, al punto que de considerarla como una oportunidad perdida. “Lo que yo creo que debería haberse hecho era no quitar eso como si no hubiera ocurrido, sino utilizar todo eso como instrumento de educación. Es decir, la “Calle del General Yagüe”, el responsable de la matanza de Badajoz, le habría puesto una placa debajo que dijera “El responsable de la matanza de Badajoz”, en vez de quitar el nombre y poner, por ejemplo, Nelson Mandela”, afirmó.