dimecres, 28 d’octubre del 2020

Los secretos de Albatera (Alacant), el campo de concentración franquista para 16.000 personas en el último bastión republicano

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ALICANTE


Actualizado 

Un equipo liderado por el arqueólogo Felipe Mejías empieza este lunes a identificar parte de uno de los campos de concentración más grandes de España. También se prospeccionará una zona en la que se cree puede encontrarse una de las varias fosas comunes.

Panel explicando la historia del campo que se colocó en el borde de...
Panel explicando la historia del campo que se colocó en el borde de la parcela el pasado sábado 17 de octubre durante las jornadas en torno al campo de concentración de Albatera EL MUNDO

Este lunes empezarán los trabajos para identificar el espacio donde estuvo situado el campo de concentración franquista de Albatera, situado en la provincia de Alicante y uno de los más importantes de toda España, donde acabó gran parte de la cúpula republicana y cientos de personas que trataban de escapar por barco desde Alicante en los últimos días de la Guerra Civil. Este proyecto, liderado por el arqueólogo e historiador, Felipe Mejías, tiene también como objetivo sacar a la luz una de las fosas comunes que se cree existen dentro del perímetro del recinto, recuperar los restos humanos y tratar de identificarlos.

Felipe Mejías lleva años centrando sus investigaciones en torno a este campo de concentración, que anteriormente había sido una cárcel republicana. Mejías ha sido responsable durante varios años de la identificación de fosas comunes de la Guerra Civil y la represión franquista en la provincia de Alicante y durante ese trabajo estudió las fosas de Orihuela, Monóvar o Albatera ciudad. Siempre se había planteado qué había pasado con los campos de concentración de Albatera (ubicada en los terrenos de la pedanía de San Isidro, que desde 1993 se constituyó como municipio independiente). Fue precisamente en unas jornadas celebradas en noviembre de 2018 cuando expuso por primera vez los resultados de la investigación llevada a cabo con la Cátedra Interuniversitaria Memoria Democrática de la Comunidad Valenciana.

"Hay muchos testimonios de prisioneros que dicen que allí moría gente todos los días, aunque nadie sabe dónde fueron a parar esos cuerpos". Para identificar el lugar donde cree que pueda estar la fosa, explica que ha recibido mucha ayuda y testimonios de personas de San Isidro, especialmente del que fuera alcalde en ese momento, Damián Sabater, quien facilitó los contactos con los propietarios de las parcelas. "Fue haciendo una investigación de campo con entrevistas, cuando pudimos documentar la existencia de una fosa común en una parcela concreta, que es donde todavía está en pie una especie de caseta, el único resto de lo que fue el campo de concentración franquista".

A partir de este momento, centró su trabajo en este asunto sobre el que ha impartido charlas, ha escrito artículos y es el objeto de su tesis doctoral. También envió los correspondientes informes a la Conselleria de Calidad Democrática, Transparencia y Buen Gobierno, que el pasado mes de julio sacó una serie de subvenciones para identificar y documentar lugares de la memoria. El proyecto ha recibido 17.600 euros, la subvención de mayor cantidad de las que se han otorgado en la Comunidad Valenciana para este propósito.

Antiguo horno de pan del campo de trabajo republicano, que se mantuvo durante la fase como campo de concentración franquista
Antiguo horno de pan del campo de trabajo republicano, que se mantuvo durante la fase como campo de concentración franquistaEL MUNDO

Según explica el responsable de esta investigación, en realidad los trabajos empezaron el pasado viernes con el desbroce de la parcela de tres hectáreas donde se supone que está la fosa común. "La localizamos en base al testimonio oral de un operario que en los años 60 instaló unos tubos de drenaje en todo el término de San Isidro y cuenta cómo al hacer las zanjas en esa parcela aparecieron restos de cuerpos humanos. Aquello se silenció pero durante la investigación este hombre, que no lo había contado nunca, quiso revelarlo. Además, también pudimos hablar con el dueño de la parcela, quien también nos contó cómo cuando labraba con su padre siendo un niño en los años 50, les salieron restos humanos en superficie. Esto son signos inequívocos de la existencia de la fosa", apunta.

El primer objeto de este trabajo es identificar el espacio dónde estuvo el campo de concentración y documentarlo a nivel arqueológico. El propio Mejías ya pudo recabar información a través de fotografías aéreas de los años cuarenta en las que desde el aire se ve todavía el perfil del campo, ya que aunque se derribó poco después de terminar la guerra, aún podían distinguirse los escombros. Ahora, un equipo de seis arqueólogos empezará con la prospección intensiva de toda esa parcela, que en realidad es solo parte del campo de concentración. "Vamos a estar dos semanas removiendo el suelo, recogiendo objetos y documentándolos con una serie de técnicas, también vamos a pasar detectores de metales para recabar las evidencias de los prisioneros, ya que si queda alguna serán básicamente metales: restos de insignias, cinturones, hebillas, latas de sardinas, etc..."

Posteriormente se añadirá a esta labor un equipo de la Universidad de Cádiz, que aportará una tecnología muy sofisticada, un georradar de última generación para barrer toda la parcela. Con ello se pretende localizar esa fosa de la que se tienen evidencias y conseguir información de lo que hay en el subsuelo. Ese será el momento en el que empiecen las prospecciones con una máquina excavadora.

"El factor suerte es también importante porque no sabemos en qué estado se puede encontrar. Hay que tener en cuenta que esta era una zona yerma, un saladar. Sin embargo, cuando en los años 50, cuando se urbaniza San Isidro, toda el área se abancaló y seguramente se trabajó este suelo. No obstante, suponemos que quedarán huesos". El arqueólogo avanza que con el presupuesto del que disponen no van a poder más que documentar superficialmente la fosa y a partir de ahí plantearán una segunda fase de actuación que consistirá en exhumarla. Para ello su idea es solicitar una segunda línea de subvenciones que saldrá a final de año, también de la conselleria que dirige Rosa Pérez Garijo.

IMPOSIBLE SABER LA CANTIDAD DE PERSONAS FALLECIDAS

Según explica Felipe Mejías, desde 1937 y hasta que acabó la Guerra Civil, esta zona albergó una cárcel a cielo abierto, que la República construyó como una construcción ejemplar. "Se ideó como una especie de cárcel modelo en la que estaban recluídos principalmente presos políticos, aunque también había algunos delincuentes. No obstante, la cárcel nunca llegó a tener más de 1.100 personas y las condiciones eran muy distintas. Había barracones, la higiene era normal y se alimentaba a los presos correctamente. De hecho, durante este periodo murieron cuatro personas y todas ellas por problemas cardíacos o por tuberculosis", apunta.

Cuando finalizó la contienda, el bando nacional trasladó aquí a toda la gente que intentó escapar sin éxito desde el puerto de Alicante, de donde solo salieron el Stanbrook y el Maritime. Excepto el presidente y algunos de los cargos más relevantes, la cúpula del Gobierno y de la sociedad republicana acaba en el campo de Albatera: comisarios políticos, médicos, artistas... Aunque no hay un consenso en las cifras, se cree que en este campo llegó a haber entre 15.000 y 18.000 personas. "Aquí las condiciones son muy distintas. A los pocos días ya no les dan prácticamente agua ni alimento, hay enfermedades, torturas, fusilamientos por intento de evasión... Los testimonios dicen que allí muere gente todos los días. ¿Dónde los entierran? Se sabe que hay diferentes fosas alrededor del campo. Yo he encontrado una pero hay más seguro", apunta Mejías. No obstante, insiste en que es imposible saber el número exacto de personas fallecidas, principalmente porque no hay registros ni listas de prisioneros. "Varias decenas como mínimo. Sí que es verdad que documentados en el registro civil de Albatera hay 10 muertos por fusilamiento que están enterrados en el antiguo cementerio de Albatera. No podemos decir un cálculo ni creo que nunca lo sabremos", añade.

Por el mismo motivo, será también muy dificil identificar los cuerpos que puedan extraerse. "Lo que haremos serán las pruebas de ADN, que depositaremos en el banco de ADN que parece que se va a crear. En el equipo hay una antropóloga forense y sus averiguaciones nos podrán indicar la edad aproximada, si tenían alguna marca en el esqueleto que pueda ayudarnos a identificarlos, si llevaban alguna prótesis, etc..."

Parcela en la que se van a desarrollar los trabajos durante esta primera fase.
Parcela en la que se van a desarrollar los trabajos durante esta primera fase.E.M.

El trabajo de este investigador no acabará aquí, y se complementa con un proyecto mucho más ambicioso a cuatro años cuya intención es prospectar todo el perímetro del campo y todas las parcelas alrededor para localizar el resto de fosas. "Esta primera parcela es un buen comienzo primero porque está abandonada y también porque era el acceso al campo y aún tiene esa caseta junto a los barracones, que incluso conserva el antiguo horno de pan. Es como una píldora que concentra todo lo que fue el campo de concentración".

El arqueólogo confía también en que en este Plan General de Investigación cuente con la colaboración de los propietarios de las parcelas que sí están explotadas. "Aunque la Ley ampara este tipo de actuaciones y permite la ocupación temporal, esperamos obtener los permisos sin necesidad de llegar a ello. Entendemos que pueda ser una molestia temporal e incluso que haya gente a la que no le venga bien o tenga diferentes aproximaciones a la memoria democrática. Pero lo que es una anomalía es que haya personas enterradas como perros", subraya Mejías.